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martes, 30 de abril de 2013

ABRE LA BOCA Y CIERRA LOS OJOS: Apología al sexo oral


Publicado por Josep Lapidario





     Leyendo la novela Pasos, de Jerzy Kosinski, me topé con esta descripción sencilla, poética y precisa de una felación: “Tenerlo en la boca es una sensación extraña. Es como si de pronto todo el cuerpo del hombre, todo, se hubiera encogido y reducido a esa única cosa. Y entonces crece y te llena la boca. Se convierte en algo rebosante de fuerza, pero a la vez sigue siendo frágil y vulnerable. Podría asfixiarme. O yo podría arrancarlo de un bocado. Y cuando crece, soy yo quien le da vida; mi aliento lo mantiene, y se desenrosca como una lengua enorme. Me ha gustado lo que ha salido de ti: como cera caliente, se fundía de pronto sobre mí, en mi cuello y mis pechos y mi abdomen. Me sentía como si me bautizaran: era tan blanco y puro”.


     Ahí tenemos resumida la filosofía de la fellatio: la mezcla de fuerza y vulnerabilidad extremas, la concentración sensorial en un solo punto, el cumshot bautismal. Dándole vueltas a ese párrafo y a otros similares me fueron viniendo a la cabeza muchas preguntas sobre el sexo oral: ¿Por qué hay mayor prevalencia de felaciones respecto a cunnilingus? ¿Es cierto que el esperma es nutritivo? ¿Qué diferencia hay entre fellatio e irrumatio?


     Este artículo dará respuesta a estas preguntas sin pretender ser una guía práctica, aunque si eso es lo que buscáis, la educadora sexual Violet Blue ha escrito todo lo que hay que saber sobre cómo hacer cunnilingus y felaciones. Pretendo más bien un somero repaso cultural y sociológico a la afición humana por acercar la boca a los genitales; un hobby que, como tantos otros, empieza por uno mismo.


1. El consuelo del forever alone



Si tuviera un clon de mí mismo, consideraría establecer una relación seria con él. Salir con tu propio clon no puede considerarse gay”. Jarod Kintz


     Sentado sobre un montículo en las aguas primordiales de Nu, el dios egipcio Atum, “el completo”, el Sol del Atardecer, único ser existente en el universo, se aburre. La solución que encuentra es curiosamente parecida a la mía en estos casos: masturbarse. No le basta con utilizar la mano en su sagrado miembro, así que se da placer con la boca, formando un círculo sobre sí mismo (pensad en esa perturbadora imagen la próxima vez que veáis un ourobouros, la imagen de la serpiente que se muerde la cola). Al sentir el semen en su boca, Atum no lo engulle, a pesar de sus divinas proteínas, sino que lo escupe, y de esa mezcla de esperma y saliva surgen Shu (dios del aire) y Tefnut (diosa de la humedad y el rocío).



     Este ejemplo mitológico de autarquía sexual lleva inevitablemente a pensar en las posibilidades del sexo oral autónomo. Aparentemente, menos de un 1% de hombres puede alcanzarse el propio pene, y solo un 0,2% tiene la flexibilidad suficiente para realizar una autofelación completa y tratar de engendrar dioses al escupir después su propio esperma. Me pregunto qué divinidades habrán surgido de Ron Jeremy, uno de los pocos actores porno de cuya capacidad autofeladora ha quedado constancia. Las mujeres lo tienen a priori más difícil para autosatisfacerse oralmente: tienen que avanzar unos centímetros extra. Y para cualquier género es una actividad proclive a contracturas y peligros: me viene a la cabeza el famoso diálogo de Clerks sobre el tipo que se rompió la espalda intentando llegar hasta su propio pene y logró la victoria después de muerto, como el Cid campeador.


     Otra forma de acceder al sexo oral sin partenaire ni peligro de muerte es mediante soluciones mecánicas. En el caso masculino, más allá de las muñecas hinchables a lo Wilt con lo que en catalán se llama boqueta petonera, existen aparatos parecidos a latas aterciopeladas que con muy poca fortuna (o eso dicen, ejem) tratan de imitar la sensación de una fellatio. El utensilio femenino equivalente sería el Sqweel, nombre comercial de un invento delirante formado por pequeñas lenguas giratorias. En la entrada del Sex Machine Museum de Praga hay expuesto uno bastante antiguo y de aspecto más amenazador que otra cosa. Y en webs especializadas en bricosexo puede encontrarse una sierra mecánica simuladora de cunnilingus llamada Lick-a-chick.


2. Breve historia del congreso bucal


“Clinton mintió. Un hombre puede olvidar dónde aparcó el coche o dónde vive, pero nunca olvida el sexo oral, por malo que sea”. Barbara Bush


     Pero volvamos al Antiguo Egipto, tierra de pirámides y sexo oral. Tras una pequeña diferencia de opinión, el dios Seth primero entierra vivo y más tarde descuartiza en catorce pedazos a su hermano Osiris. La viuda Isis se lanza a la búsqueda de los fragmentos y los encuentra todos menos uno, el pene, que ha sido devorado por los peces. Frustrada, Isis fabrica un falo de barro cocido (quién sabe si del mismo tamaño que el original), lo une al cadáver y lo besa, “soplando” la vida en su interior y resucitando a su marido. Thierry Leguay, autor de Histoire raisonnée de la fellation, fija en este mito la mención más antigua al sexo oral.




      No es la única. Como expliqué en el Jot Down número 3, una leyenda atribuye a Cleopatra la invención del vibrador empleando un tubo de cobre relleno de abejas. Y otra historia apócrifa la sitúa como experta feladora, probablemente por su nombre griego Merichane, que significa “la boquiabierta”, “la de boca grande” o “Julia Roberts”, pero que en un alarde de imaginación se ha traducido a veces como “la boca de los diez mil hombres”. Una improbable leyenda similar atribuye a la emperatriz china Wu Zetian un decreto por el que los embajadores de otras tierras debían rendirle pleitesía mediante un cunnilingus. Y en una lectura atenta delCantar de los Cantares de la Biblia resulta sospechoso el versículo “Tu ombligo es un cántaro en el que no falta el vino aromático”, que tiene más sentido, como defienden ciertos lingüistas, traduciendo “vulva” en lugar de “ombligo”. En el Kama Sutra, escrito alrededor del s. III a. C., existen referencias ilustradas al “congreso bucal” o auparishtaka. Y más explícitas y hasta cómicas resultan las piezas pornográficas de cerámica de la cultura moche, que floreció en Perú entre el 200 y el 700 d. C.


     Podemos seguir el rastro histórico del cunnilingus a través de expresiones populares camufladas. Por ejemplo,tipping the velvet, expresión extraída del porno victoriano y usada por Sarah Waters como título de una lésbica novela traducida aquí como El lustre de la perla. O la frase moustache ride (“cabalgada de bigote”), orgulloso eufemismo cowboy originado en Texas en el siglo XIX para describir a la mujer sentada sobre la cara del hombre. En cuanto a su representación gráfica, ya comenté que es complicado encontrar en el arte imágenes explícitas de vulvas. En los frescos eróticos conservados en Pompeya podemos ver varias escenas de cunnilingus, pero a los romanos les dedicaré una sección entera más adelante. Alguna de las representaciones pictóricas más precisas y ponedoras de cunnilingus las realizó Édouard Henri-Avril, que bajo el pseudónimo de Paul Avril pintó a finales del siglo XIX escenas eróticas de todo tipo con habilidad y elegancia.

     Pero la gran explosión del sexo oral, y en particular de la fellatio, en el imaginario popular llegó en 1972 con la película Deep Throat (Garganta profunda) y su lisérgico argumento: una chica descubre que su clítoris está alojado en la garganta, por lo que las felaciones profundas (y, supongo, los ataques de tos) le producen arrebatadores orgasmos. Existe constancia histórica del clítoris movedizo de Marie Bonaparte, pero todo tiene un límite.

     Reconozco la importancia de Deep Throat como icono liberador de masas, pero nunca me ha gustado la película en sí. Su actriz protagonista, Linda Lovelace, aparentemente rodaba porno bajo la amenaza constante de un marido alcohólico y maltratador. Años más tarde Linda se convertiría en ferviente activista antiporno, aunque afirmó amargamente en una ocasión que se sentía explotada por las abolicionistas. Desde mi punto de vista, erradicar la pornografía porque existan abusos en su seno es como querer eliminar las zapatillas deportivas por los talleres ilegales de Camboya. Sin embargo, cierto es que el porno necesita una renovación a fondo, y dejar de santificar Deep Throat sería un buen comienzo.
     En películas recientes se muestran felaciones y cunnilingus no simulados en un contexto no pornográfico: The Brown Bunny, con Chloë Sevigny (como ya comenté), Baise-moi, Intimacy, Shortbus, Nine songs… O el tórrido cunnilingus de James Bullard en Ken Park, que llegó al cartel de la película. Pero la apoteosis sociológica de lafellatio llegó con la no ficción: Monica Lewinsky y su “relación impropia” con el presidente Clinton. Semanas de discusiones sobre si podían o no considerarse adulterio una mamada y la inserción de un habano. Y, como colofón, una mancha en un vestido que bien podría haber exhibido Andy Warhol como pop art.


3. La sutil diferencia entre fellatio e irrumatio


Pedicabo ego vos et irrumabo”. Gayo Valerio Catulo, Carmen 16


     En el fantástico ensayo El sexo y el espanto, de Pascal Quignard, se analiza la sexualidad grecorromana desde todos los ángulos posibles. Su moral sexual no distinguía especialmente entre homosexualidad y heterosexualidad (conceptos que no utilizaban), sino entre actividad y pasividad. La sodomía activa no representaba ningún problema, pero un homosexual pasivo no podía participar en política ni tenía derechos ciudadanos. Un dominus que sodomizara a uno de sus esclavos no tendría problema, pero uno que se hiciera sodomizar por un esclavo cometería una infamia.

     Con el sexo oral ocurría algo parecido. En una fellatio la parte activa se introduce el miembro en la boca mientras que el dueño del pene “se deja hacer”. Para un ciudadano romano ese chupar espontáneamente (fellare significa “chupar”) sería incomprensible. La irrumatio la realizaban penetrando activa y repetidamente la boca del receptor pasivo: lo que en argot actual se llama face fucking. Para un romano la sodomía activa (pedicare) y la irrumación eran virtuosas; la felación y la pasividad anal, infames.
     La boca es el órgano de la oratoria y la política: silenciar a un ciudadano irrumándole, es decir, metiéndole el miembro en la boca, era un insulto, una demostración de poder. De ahí la amenaza de Catulo en Carmen 16: ante un par de amigos que le consideran impúdico o sensiblero, el poeta responde “pedicabo ego vos et irrumabo”, es decir, “os follaré el culo y la boca”, reafirmaré mi hombría (virtus).
     El cunnilingus tenía tan mala fama como la fellatio. Se le atribuía a las mujeres griegas de Lesbos (el verbolesbiázein significaba “lamer”), y según Quignard, “esta práctica, tolerable en los gineceos, en el caso del hombre libre era considerada una infamia a partir del momento en que le crecía la barba”. Y no precisamente porque los pelos fueran a resultarle rasposos en la vulva a la mujer. Sin embargo, el cunnilingus tuvo un insospechado defensor: al emperador Tiberio le apasionaba lamer la vulva de las matronas. Y es que los Princeps(emperadores) tenían poder y autoridad para realizar lo prohibido, aunque eso no les librase de una cierta chirigota popular. Cuando una dama noble llamada Malonia prefirió suicidarse antes que dejarse lamer por Tiberio, una sátira inmortalizó la frase Hircum vetulum capreis naturam ligurire (“el chivo viejo lame las partes naturales de las cabras”).


     Aunque hoy en día la centralidad de la irrumatio haya sido sustituida por la fellatio, su carga de dominio y sumisión se mantiene. Vemos un buen ejemplo en este fragmento de El animal moribundo, de Phillip Roth, donde una irrumatio provoca una cruenta batalla de sexos, sin prisioneros y a cara de perro:

     Cierta noche, cuando ella estaba tendida en la cama, pasivamente boca arriba, a la espera de que le separase las piernas y me deslizara adentro, en lugar de hacer eso le apoyé la cabeza en ángulo contra la cabecera de la cama, y con mis rodillas a uno y otro lado de su cuerpo, me incliné hacia su cara y rítmicamente, sin interrupción, la follé por la boca. (…) Con la intención de conmocionarla la mantuve allí inmóvil tomando un mechón de su cabello y rodeándome el puño con él, como una tralla, como una correa, como las riendas que se fijan al bocado de la brida. (…) Ese acto de dominio le permite pensar: ‘Esto es precisamente lo que yo imaginaba que era el sexo. Es bestial… este tío no es un bestia pero se encamina hacia la bestialidad’. Después de correrme, cuando me retiré, Consuelo no solo parecía horrorizada, sino también enfurecida. (…) Todavía me encontraba encima de ella (arrodillando y goteando sobre ella), y nos mirábamos fríamente a los ojos cuando, después de tragar con dificultad, dentelló. De improviso. Cruelmente. A mí. No lo fingía. Era instintivo. Dentelló empleando toda la fuerza de los músculos masticatorios para alzar con violencia la mandíbula inferior. Era como si me estuviera diciendo: ‘esto es lo que podría haber hecho, esto es lo que quería hacer y esto es lo que no he hecho’. Por fin la respuesta directa, incisiva y elemental de la reservada belleza clásica. (…) Ese fue el verdadero comienzo de su dominio, el dominio en el que mi dominio la había iniciado. Soy el autor de su dominio sobre mí.
     No se bromea con la vagina dentata. Aunque ya que hablamos de mordiscos: hace poco me hablaron de una escena clave de La muerte de Mikel, película de Imanol Uribe de 1984, en la que un criptohomosexual Imanol Arias pone a prueba su matrimonio mordiéndole por sorpresa la vulva a su esposa en pleno cunnilingus.


Pero busquemos un reposo momentáneo a tanta lucha de poder con un interludio gastronómico.





4. Cocinar con ingredientes naturales


Una cucharadita de semen contiene la misma cantidad de proteínas que la clara de un huevo. Sin embargo, su obtención puede ser mucho más divertida”. Miriam Stoppard


     Hace tiempo, mientras buscaba argumentos para convencer a posibles partenaires de la riqueza de proteínas, vitaminas y minerales de mi esperma, topé con un libro que recomiendo calurosamente: Cosecha natural. No solo elogia las propiedades organolépticas del semen (sabor dinámico dependiente de la dieta del proveedor, olor agradable, textura suave), sino que proporciona trucos y recetas para cocinarlo. Platos de nouvelle cuisine como “Caviar ligeramente más salado”, “Ostras artesanas”, “Batido de fresa rico en proteínas” o cócteles como el lebowskiano “Ruso casi Blanco”. En algún caso el libro recomienda añadir el ingrediente clave ante los comensales, justo antes de servir el plato, para que tenga la mayor frescura posible.




     Entiendo que pueda parecer una dieta chocante, pero tampoco es tan extraña. En varias tribus de PapÚa Nueva Guinea existen rituales de paso a la edad adulta que incluyen la ingestión de semen de personajes notables de la aldea, como forma de alcanzar la masculinidad y la madurez sexual. Pero no muy lejos de allí, en Malasia, tanto la sodomía como la felación son consideradas antinaturales y (al menos teóricamente) castigadas con penas de hasta veinte años de cárcel y un número similar de latigazos. Vivimos en un mundo extraño.
     En cualquier caso, la ingesta de semen tiene un beneficio reconocido para la salud. La preclampsia (una peligrosa complicación del embarazo) está causada por el rechazo biológico de la madre a las proteínas “externas” de feto y placenta, que contienen la carga genética ajena del padre. Así pues, la ingestión regular del esperma del padre podría aumentar la tolerancia inmunológica de la madre a esas proteínas, reduciendo a la mitad el riesgo de preclampsia… suponiendo que el esperma ingerido sea el del auténtico padre, ejem.


5. You never go ass to mouth!


Hoy en día puedes hacer lo que quieras —anal, oral, fisting— pero tienes que llevar guantes, condones, protección”. Slavoj Žižek


     Hay quien cree erróneamente que el sexo oral está completamente exento de riesgos de ETS. Pero ay, el único comportamiento con riesgo cero es, tristemente, la abstinencia. El sexo oral es comparativamente muchísimo menos peligroso que el vaginal o anal, pero no está exento de posibilidad de contagio de VIH, HPV o algún otro simpático virus, sobre todo si hay heriditas en las encías o la lengua. Lo mejor es asegurarse de la salud delpartenaire, pero en caso de dudas, se recomienda usar preservativo para las felaciones y una barrera de látex para el cunnilingus. ¿Incómodo? Pues sí, qué se le va a hacer.


      Otro factor higiénico a tener en cuenta durante una felación es qué estaba haciendo justo antes el miembro irrumador o felado. Y aquí podemos recurrir de nuevo a la sabiduría de Kevin Smith, esta vez en Clerks 2: “You never go ass to mouth!”, es decir: “¡Nunca del culo a la boca!”. Supongo que no es necesario que entre en detalles.

      Hay quien se preocupa por el riesgo de embarazo mediante sexo oral de forma indirecta. Boris Becker hizo nacer en 2001 una leyenda urbana al respecto que siempre he encontrado particularmente graciosa. Cuando una modelo rusa llamada Angela Ermakova la acusó de ser el padre de su hija recién nacida, Becker sostuvo que eso era imposible, porque solo había mantenido sexo oral con ella (je, como Clinton). Pero al resultar positiva la prueba de paternidad, los abogados de Becker sostuvieron que la concepción había sido un plan de la mafia rusa. La modelo habría retenido el esperma en la boca, congelándolo antes de diez minutos, para inseminarse y poder chantajear al tenista. Ignoro cuánto tiempo mantuvo Boris esa estupidez, pero la historia terminó cambiando a un más plausible polvo de cinco minutos en un armario de artículos de limpieza.
      Y ya que entramos en el mundo de los deportistas, me permito una advertencia. El barcelonés Dani Plaza, medalla de oro en 20 km marcha en Barcelona 92, practicó un larguísimo cunnilingus a su mujer embarazada la noche antes del control antidopaje y dio positivo en nandrolona. La relación causa-efecto entre ambos fenómenos parece tenue al primer vistazo, pero no más que el chuletón de Contador o las explicaciones de Dennis Mitchell(“di positivo en testosterona porque la noche anterior tomé cinco cervezas, follé cuatro veces y no dormí”).




6. ¿Hoy por ti, mañana por mí?


Se la he chupado a algún tío simplemente porque en ese momento me quedé sin conversación”. Anne Lamott,Crooked Little Heart


    Según ciertas encuestas, solo un 32% de mujeres y un porcentaje inferior de hombres obtienen placer proporcionando sexo oral; a ellos dedicaré las últimas frases del artículo. Pero antes, pongámonos en la situación de la desafortunada persona que no disfruta engullendo obeliscos ni hocicando vulvas pero sí obtiene placer de que otro se afane entre sus genitales. El impulso que le lleva a practicar activamente sexo oral está bien estudiado por la sociología: el altruismo recíproco. El hoy por ti, mañana por mí, el “quid pro quo, señorita Starling” de Hannibal Lecter. Y conste que, aunque lo diga el caníbal, quid pro quo no significa “una cosa a cambio de otra”, sino “confundir una cosa con otra”; más correcto sería do ut des, this for that, da y recibirás, los generosos heredarán la Tierra. Un comportamiento en el que no se pide algo explícitamente, pero cuando se otorga se espera recibir un pago similar a cambio, aunque no sea en ese mismo momento o incluso procedente de la misma persona. Los regalos de valor cuidadosamente calculado entre japoneses, los banquetes recíprocos de los indios Yanomami, los hobbits y sus mathoms (regalos inútiles pero siempre correspondidos). Para mucha gente las felaciones y cunnilingus siguen un patrón similar: algo cansado y costoso, pero que puede verse recompensado con una sesión oral equivalente u otro tipo de estimulación sexual percibida como unidireccional. Lame y serás lamido. Es un deber hacia la humanidad castigar el egoísmo: si se aísla sexualmente a los individuos “tramposos” que se niegan a corresponder, ese comportamiento irá desapareciendo evolutivamente y viviremos en un mundo mejor.


     Hay quien intenta no equiparar felación y cunnilingus empleando la leyenda negra de la vulva maloliente, que convertiría el sexo oral femenino en una tortura intrínseca y algo que practicar solo muy de vez en cuando. Tonterías. Ya dije y mantengo que un coño limpio y libre de vaginosis huele y sabe de maravilla. Ni siquiera hace falta recurrir a la Honey de El perfume del invisible de Milo Manara.


     Los motivos por los que practicar sexo oral son muchos y variados, sea como juego previo al coito o práctica sexual en sí misma. Siempre me han intrigado las metáforas de béisbol de las películas americanas de institutos, en las que el sexo oral debe ser más que “llegar a la segunda base” pero menos que un home run; en cualquier caso una actividad que permite intimidad sexual entre adolescentes sin perder la virginidad ni arriesgarse a un embarazo (excepto si eres Boris Becker).
     Pero el principal motivo por el que hacerlo es, evidentemente, porque se disfruta. Así quiero terminar este pequeño repaso a la oralidad sexual: homenajeando a ese poco más del 30% de personas que disfrutan enormemente del hecho de estar proporcionando placer; héroes y heroínas que pasan horas concentrados en un acto zen, un paréntesis plácido en el espacio-tiempo que reduce todo el universo, todo, a una boca, unos genitales y una cara. Porque el rostro de la persona que recibe la felación o el cunnilingus es en realidad el auténtico protagonista. Zor Neurobashing, de Omnia-X, tiene claro que hay que llevar la contraria al título de este artículo y mantener los ojos bien abiertos: “lo que excita son las caras, los gemiditos y los retorcimientos de la chica. Y cuanto más les gusta, mejores caras ponen y claro, el condicionamiento es muy bueno”. Como en toda artesanía, la práctica constante permite la excelencia. Así sea.






Texto extraído de:Jotdown

lunes, 29 de abril de 2013

POLÍTICAS ANALES..



"El culo es el gran lugar de la injuria, del insulto. Como vemos en muchas expresiones cotidianas, la penetración anal como sujeto pasivo está en el centro del discurso social como lo horrible, lo malo, lo peor. Pero en la actualidad existen culturas que se han reapropiado de ese lugar abyecto y han sabido convertirlo en un lugar productivo y positivo.




ANALOGÍAS

(...)Su historia, sus valores, de cómo lo anal organiza los géneros y las sexualidades, y de cómo está atravesado por criterios de raza, de clase y de poder. Desde la compleja sexualidad anal en la Grecia Antigua hasta la crisis del sida, pasando por las cárceles, el bareback, Freud, las lesbianas butch, los sodomitas, Luis Aragonés, el fist fucking o los osos, este libro traza la genealogía de uno de los espacios menos explorados por la teoría, pero más transitados por la práctica: el espacio anal."


       El sexo anal es un placer que nos está prohibido a todas las personas. Es sucio, indecente, doloroso, homosexual, y poco divertido. De puertas para fuera ya nos lo sabemos, pero en la cama es otra historia:
es el tabú que se rompe con mayor facilidad (y a mayor excitación).
     Somos penetrables / no penetrables; asociando, por su puesto, las mujeres a las que son penetradas. 
Lo femenino, y en todo caso lo poco masculino, siempre es despreciable: a través del rechazo de esta práctica se perpetúa la repulsa de las mujeres y los valores machistas. Ser penetrable es ser sumiso, vulnerable, degradante y estar al servicio del penetrador, así entiendo el rechazo de los machos por abrir su agujero. 



Cuando defiendo el uso de los dildos, defiendo la empoderación de las mujeres a ser sujetos penetradores, a vivir ese papel y a quitar presiones y responsabilidades .


QUE TE DEN POR CULO


     Aunque sea una frase que se use como uno de los peores insultos del mundo, puede ser un auténtico placer si se sabe cómo hacerlo. El sexo anal es uno de los mayores tabúes en el sexo (fuera del mundo gay) y, sin embargo, cosecha grandes adeptos entre los y las heterosexuales y las lesbianas. ¿Por qué, entonces, está tan silenciado?

La idea del ano como una cavidad oscura y sucia, promulgada en gran parte por sectores conservadores de la sociedad, está sumamente extendida.

Unido al hecho de que es la parte por la que se defeca, no invita a priori a explorarlo. Es fácil ponerse en el pellejo de quien opina así, es un lugar que puede albergar suciedad, ser doloroso y nada placentero. Pero os invito, por un momento, a abrir vuestra mente y plantearos por un momento: “igual podría estar bien”.     Tanto si ya eres una experta, como si nunca jamás te lo has planteado, hay algunos consejos que es conveniente tener en cuenta a la hora de practicar sexo anal de una manera segura y placentera.
     En primer lugar, hay que querer probarlo. No os sintáis presionadas por vuestra pareja, la sociedad, o vosotras mismas. Si se está tensa y nerviosa, ten por seguro que va a doler. Es una decisión que tienes que tomar por ti misma, y después en pareja. Debe haber una buena comunicación para poder iniciarse.



A mi novia le gustaba mucho el tema del sexo anal, ya lo había practicado antes. A mi me ponía nerviosa, no quería intentarlo. Un día me convenció y lo probamos y me encantó. Creo que es importante que se haga con confianza y que la otra persona no te obligue, sino que te convenza de una forma sensual” (Alba, 39).

     En segundo lugar, ¡relájate! El ano es un músculo que con la tensión se contrae, impidiendo cualquier tipo de penetración. El músculo pubococcígeo (musculatura que rodea tanto la vagina como el ano) necesita de la relajación para expandirse. Tú misma puedes contraer y relajar ese músculo en cualquier ocasión (en casa, en el tren) para controlarlo mejor en el momento de la relación (si no sabes cuál es, cuando estés miccionando, corta la orina). Para practicar sexo anal, además, tienes que dedicarle tiempo a la relación sexual, añadir mucho juego previo, caricias, besos, etc. Tu pareja incluso puede masajearte los glúteos para una mayor relajación.


     El siguiente paso sería estimular la zona anal con el dedo o con la lengua (según los gustos de cada una) para ir relajándola.

A mi me pierde el sexo anal. Cuando una chica me gusta me encanta sentir su lengua en mi ano y viceversa. Pero aún hay gente muy cerrada con este tema y que ni siquiera quiere intentarlo” (Magdalena, 28).

     Cuando lo creamos conveniente, usaremos lubricante en el dedo y lo introduciremos lentamente (si no estás segura, sé tú la que guíe a tu pareja; recuerda, la comunicación lo es todo). Las uñas deben estar bien cortadas y limpias para una mayor seguridad; si usas un guante de látex puedes evitar el riesgo de una pequeña herida y de la suciedad. Si vemos que todo va bien, podemos continuar con otro dedo, untado también en lubricante. Si queremos seguir, podemos utilizar algún juguete de un tamaño pequeño, y podremos ir aumentando su tamaño según lo demande la persona. Finalmente, podréis llegar a usar un arnés o un juguete más grande, según lo que os guste. Es muy aconsejable usar preservativo en cualquier juguete, será mucho más fácil limpiarlo y evitaremos posibles infecciones. Y, si alguna lo prueba con un hombre, siempre preservativo. Cero tolerancia en este aspecto.
     Aunque parezca muy sencillo y rápido, no debe ser así. Puede que en la primera sesión sólo consigáis un dedo, y estará genial. Lo importante es no forzarse a nada, ni obtener dolor. El objetivo es obtener placer, no importa cuánto tiempo le tengas que invertir.

Asimismo, los consejos que nunca deberás olvidar son:




-La higiene es un don que hay que cultivarlo. Por favor, tanto para practicar sexo anal como cualquier práctica sexual, la higiene es la clave.

-El lubricante es tu amigo, no escatimes nunca con él (si comienza a secarse, echad más o empezará a doler).

-La paciencia es una virtud, 
practícala. Ve despacio en todo momento y avanza sólo si estás segura de que no te dolerá. Ante cualquier signo de dolor, para.

-Si se fuerza, se producirán microfisuras que resultan dolorosas y que pueden ser foco de infecciones.

-Nunca, jamás, en tu vida, después de introducir algo en el ano lo hagas en la vagina sin antes lavarlo correctamente. La cavidad anal contiene heces (en ocasiones podéis encontrar algún resto al sacar un juguete) y bacterias. Son extremadamente infecciosas si se meten en la vagina.

-Por supuesto, si alguna de las dos personas tiene una ITS (infección de transmisión sexual), habrá que extremar las precauciones (preservativos, guantes de látex, etc.). Si tenéis alguna duda, hay muchas asociaciones que pueden solventarlas.

       Las sensaciones que produce el sexo anal son diferentes de las que proporciona la vagina o el clítoris. Si se practica bien, puede ser muy placentero para algunas personas. Recuerda relajarte y lubricar bien la zona y podrás disfrutar de una experiencia única. Si, pese a todo, no te ha convencido, hay multitud de prácticas sexuales que pueden enriquecer tu vida sexual. Simplemente, no te limites por cuestión de mitos y tabúes.

Y si te has decidido, pues ¡que te den por culo y que te guste!
Aida Castaño y  J. Sáez
Textos extraídos de:Mirales , Acidademente

domingo, 28 de abril de 2013

NO SOLO ES UN CORTE DE PELO


June Fernández habla del proceso de desmarcarse de la feminidad normativa, al hilo de su decisión de raparse el pelo


      

Oscar Acuña, el Gallo, documentó mi rapada



     Cuando decidimos escribir sobre transgresiones y empecé a pensar en qué contar, no se me ocurría otra cosa que el hecho de haberme rapado el pelo hace unas semanas. Me costaba decidirme, porque al fin y al cabo cortarse el pelo no es una gran transgresión. Pero bueno, tal vez sí lo sea, después de ver las reacciones que suscita, tanto en mí como en las personas que me rodean.

     No fui una niña masculina ni mucho menos. Me encantaban las Barbies, me daban miedo los balones, reclamaba vestidos y me encantaba probarme los tacones y pintalabios de mi abuela y mi tía (es que mi madre era más andrógina en esa época). De adolescente me uniformaba con pantalón vaquero y sudadera, pero era más por pasar desapercibida, porque siempre me he sentido cómoda con minifalda y tacones, y siempre me ha chiflado el ritual de maquillarme. Hubo épocas en las que mis ojos me parecían sosos si no me pintaba la raya, que no me sentía estilizada sin tacones y que me sentía plana si no usaba sujetador con relleno. Y cuando lo usaba, me daba apuro que el noviete de turno me lo quitase y descubriera el tamaño real de mis tetas.

     Cuando me asumí como feminista pude observar qué elementos de esa feminidad normativa eran imposiciones que me limitaban, y fui eligiendo utilizarlos sólo cuando me apetecía. Empecé a prescindir del sujetador cada vez más, a pintarme sólo cuando me apetecía el ritual, a ponerme tacones sólo para ir a bailar salsa. La idea era no depender de ningún artificio de la feminidad normativa para verme guapa y estar a gusto en mi cuerpo. Lo de cortarme cada vez más el pelo creo que no fue tan deliberado, es que es adictivo.

      También me di cuenta de cómo usaba la coquetería y el estilo de seducción femenina a la hora de relacionarme con otras personas, especialmente con los hombres hetero, pero también con algunas lesbianas. No me faltaron relaciones y ligues, pero durante mucho tiempo me pesó que con la mayoría de mis amigos, les desease o no, siempre hubiera cierta tensión sexual que enrarecía la amistad. Me jodía sentirme sexualizada en contextos masculinos, pero al mismo tiempo era yo la que proyectaba esa energía, porque buscaba verme atractiva en sus ojos. Yo me justificaba diciendo que me encanta tontear, lo cuál es verdad, pero esto es como el maquillaje y los tacones: tontear mola, si una lo hace cuando le apetece, con quien le apetece y sin necesitarlo para quererse.

     En definitiva, tanto la feminidad como la masculinidad normativas tienen mucho de pose. Vaya, tanto la barbie como el machitode gimnasio son pura pose. Con la teoría queer aprendí lo que era la performatividad de género. Al hacer de drag king experimenté que cuando era más yo no era con bigote y paquete, sino en ese momento en el que me los he quitado y todavía no me he vuelto a poner el disfraz de señorita que me ponía casi a diario (y no hablo de la ropa y los complementos, sino de la forma de sentarme, de gesticular, de sonreír…)

    En los últimos meses, coincidiendo con que me salí de la heteronorma (que decidí y sentí que sólo quería acostarme y emparejarme con mujeres, vaya), fui experimentando algunos cambios frente a todo eso de construirme desde la feminidad normativa y para la mirada masculina hetero. Son cambios prácticamente imperceptibles, que yo notaba en mi lenguaje corporal, en cómo me comunico y me relaciono, en cómo vivo la sexualidad.

     Estando en Nicaragua pensé que raparme el pelo sería como marcar un punto de inflexión simbólico, decirme y decir que paso de la feminidad normativa y del pensamiento heterosexual, que quiero dejar de preocuparme por resultar bonita. Me preguntaba una amiga si también era por ligar más con las tías. Bueno, pues esa no era la idea, aunque dejar de que me tomen por hetero es un punto a favor. Y la otra cara de la moneda es pasar del passing: si ahora los lesbófobos me toman por bollera, pues es que lo soy.

     En esas andaba cuando conocí a la feminista nica Oralia González, que recientemente se había rapado el pelo al uno y contó sus motivos en un post con el que me identifiqué mucho. Sobre todo en eso de confrontar el miedo a estar fea y que la gente te vea fea. Luego pasé unos días en los que me sentía insegura y vulnerable, así que abandoné la idea, porque no me parecía el mejor momento para poner a prueba mi autoestima. Decidí cortármelo cortito, pero sin rapar. Me fui a la peluquería, expliqué a la peluquera cómo lo quería, mostrándole fotos, pero ella se resistía. Me sentí fatal, necesitaba un cambio, aunque no fuera tan drástico que pasarme la maquinilla, y la peluquera se dedicaba a cortarme las puntas. Se lo expliqué a punto de llorar. “¡Pero es que si corto más se va a ver rara!”, me decía. “¡Pero es que esa era la idea! ¡Quería un cambio!” Agarró unas tijeras extrañas y me desplumó por detrás sin criterio, de forma que tenía la misma pinta de siempre pero parecía que me hubieran cortado el pelo a mordiscos.

     Al día siguiente me miraba al espejo y se me saltaban las lágrimas (ya digo que andaba yo revuelta), me sentía super frustrada y rabiosa, porque es evidente que si fuera un chico no le hubiera dado ningún reparo atender mi petición y cortarme el pelo como quería. Mi amigo el Gallo iba a la barbería a raparse, y me dijo que le acompañara, que le mirara y luego decidiera. Pensé que prefería arriesgarme a verme fea que quedarme con esa sensación amarga de impotencia. Al cuatro, que tampoco me sentía preparada para quedarme calva.
   

Recién salida de la barbería y pillándole el gusto./ Oscar Acuña

     Al principio me sentía como salida de un campo de concentración, pero en seguida me empecé a ver bien. Y sobre todo me sentía bien. Eso me dijo el Gallo, que más que cómo se me veía por fuera, la cosa era que se me notaba cómo me sentía por dentro.

     Los cientos de ‘me gusta’ en el Facebook dan la medida de que no soy la única para la que ese gesto significa algo. También fue muy significativo ver que en mi familia sólo reaccionaron mal al cambio algunas mujeres. Los hombres o elogiaron el corte o se lo tomaron con humor, sin darle más vueltas. Ahí caí en la cuenta que en mi familia, como en la mayoría, son las mujeres las que han ejercido el marcaje de la feminidad. Han sido ellas las que me han dedicado comentarios dignos de enmarcar como: “deberías hacerte unas mechitas rubias para suavizar los rasgos”, “una mujer nunca debe salir a la calle sin sujetador, nunca” o “¿pero cómo no te echas maquillaje para hidratar la piel un poco?”.

     Respecto a mí, pues estoy encantada con mi nuevo pelo. Me da igual no estar glamurosa, tener pinta de ‘muchachito’ (una tía abuela dixit, aunque agregó, no sé si por ser amable, que no es que tenga nada de malo). Una amiga me dijo que por qué no me echo gomina para que tenga otro aire, más sofisticado. Es que esa es la cuestión, lo que mola de mi pelo cepillo es no preocuparme por parecer sofisticada.

     Puede parecer una chorrada, pero el corte ha reforzado ese proceso de deconstrucción del que os hablaba. Claro, hay chicas a las que, por haber vivido de otra forma la feminidad, no les cuesta nada raparse, como no les cuesta viajar solas, o superar tantas otras limitaciones de género. A menudo esas chicas no entienden la importancia del feminismo, no lo necesitan para vivir como quieren y sentirse libres. Otras son feministas, pero lo que cuento les suena a chino, a preocupaciones extrañas de femmes.

     Cuando hablo de este tipo de cosas en mi blog o en el Facebook, de mi cuerpo, del dilema de la depilación, del sujetador, de lo grave que es haber interiorizado que la vulva huele mal, siempre hay algún tío que me sale con que eso son preocupaciones frívolas de burguesa del primer mundo. Como si fueran ellos -y no nosotras, las feministas de aquí y de allá- los que se dedican a luchar por la igualdad salarial, denunciar la violencia machista, o la feminización de la pobreza, entre otros temas ‘serios’.


Las feministas hablamos de pelos, olores y flujos sin complejos, porque bien sabemos que lo personal es político y que sólo desde nuestros cuerpos liberados podremos hacer la revolución.




Publicado por June Fernández el 08/03/2013 en P
ikaramagazine

EL GATILLAZO, ¿CÓMO RECARGAR EL ARMA?...





     Estamos frente a un tema espinoso y que afecta tanto al hombre como a la mujer. Porque ellos se flagelan con la idea de que “no están dando la talla” y nosotras con el autoreproche de “¿Qué estoy haciendo mal?”. Y así, se convierte en un pescado que se muerde la cola, y se va cargando la confrontación sexual de tensiones y asociaciones negativas, y cada vez es más complicado superarlo.

¿QUE ES UN GATILLAZO?

Pero antes de ir al centro del asunto, ¿Qué se considera un gatillazo? Pues bien, estamos frente a este amiguito cuando la erección SÍ SUCEDE, pero luego desaparece y el pene se “desinfla”. Estaremos ante un gatillazo y no ante una impotencia cuando estos casos no superen más de la mitad de las veces que haya un encuentro sexual. Por esto también lo llamamos “impotencia situacional”.



      Una erección es un proceso complejo que implica cambios en la musculatura, los nervios y los vasos sanguíneos del pene. Cuando aparece un estímulo sexual, o se fantasea con el sexo, o se inicia cualquier tipo de estimulación erótica, todas estas señales viajan por los nervios que van desde la médula espinal hasta los genitales. En este proceso, la sangre se bombea al pene y los vasos sanguíneos que lo irrigan se dilatan. De este modo, la sangre llena el pene y lo agranda.

     El gatillazo o la pérdida de erección mientras se practica el sexo tiene causas físicas y psicológicas o ambas. Se considera normal cuando aparece de forma aislada y no afecta a más de la mitad de los coitos (sexo con penetración). En términos generales uno de cada tres gatillazos tiene causas físicas y en el 90% de los casos es tratable.

     Las causas físicas más comunes o factores de riesgo importantes son la edad y la bajada de la testosterona. A medida que se avanza en años, puede haber otro tipo de factores como son los circulatorios, los daños vasculares, la hipertensión, las enfermedades neurológicas, la diabetes, los factores de tipo hormonal...

     Alrededor del 40% de los hombres mayores de 40 años sufren algún tipo de disfunción eréctil. A veces, son circunstanciales y no duran mucho y suelen ser más por motivos psicológicos. Si no es así y aparecen con mucha frecuencia, puede ser una señal de disfunción eréctil por otros motivos que convendría revisar.
      
¿PORQUE SUCEDE EL GATILLAZO?



     El gatillazo es un problema muy corriente que afecta a casi todos los hombres alguna vez en su vida. El consumo de tabaco, alcohol, ciertas medicaciones, los nervios, la falta de concentración, el estrés, el cansancio, la rutina sexual e incluso el miedo a un posible embarazo de su pareja, repercuten directamente en la erección.

  El estrés es uno de los factores más importantes. Si el hombre ha estado sometido a mucha presión, o la situación es incómoda, o algo negativo le ronda la cabeza (problemas familiares, de trabajo…). Esto se solucionará obviamente sorteando el problema en cuestión que le atormente o buscando una situación propicia. Pero, ¿Y cuando el problema es físico?

      También puede ser que esté causado por que disminuya la producción de andrógenos, la hormona masculina. En cifras porcentuales, solo una tercera parte de los problemas que causan el gatillazo son físicos, y de esta, hasta un 90% tienen una solución satisfactoria.

Y ahora, para los dos,
¿Qué pasa cuando en medio del acto sexual se produce un gatillazo?


QUE NO CUNDA EL PÁNICO

     Todas las personas, hombres y mujeres, tenemos momentos en que no respondemos sexualmente.

     A nivel psicológico, el miedo al fracaso reflejado en la pérdida de erección supone una estresormás que no ayuda a salvar la situación con naturalidad. Se vive de forma tensa, con culpa o sentimientos de poca valía.

     Cuanto más exigente es el hombre o más cree que debe responder rápidamente o que su pareja demanda la erección para la culminación sexual y de su placer, más presión y más dificultad en alcanzar de nuevo la erección. A veces, la falta de información o la propia cultura y sociedad, puede hacer de un episodio sin importancia una cuestión donde se vulnera la masculinidad del hombre.

      Ante la aparición de un gatillazo, algunos hombres pueden reaccionar con tanta inseguridad que se condicionan cada vez que mantienen relaciones sexuales, entrando en un círculo vicioso del que es complicado salir. El miedo al nuevo fracaso es el que impide la erección, anticipando la dificultad y, al mismo tiempo, creándola.

     Lo que ocurre físicamente es que el cuerpo cuando se siente amenazado -no importa cuál sea la causa- segrega adrenalina (sustancia que genera la contracción vascular) y con ella la pérdida de erección. Así, lo más recomendable es relajarse y disfrutar del camino y sobre todo darle naturalidad.


Puntos importantes a tener en cuenta:

  • El gatillazo es un hecho natural que ocurre a casi todos los hombres alguna vez en su vida.
  • La erección no es constante a lo largo del coito, incluso antes del mismo hay pérdidas de firmeza en la erección, a pesar de estar en una situación muy excitante. Este hecho es completamente natural.
  • La parte importante de la conducta sexual no es la necesidad de mantener la erección para complacer, sino la posibilidad de comunicarnos con la pareja pidiendo aquello que nos gusta, nuestras preferencias y manteniendo la complicidad suficiente y la confianza para decir que hoy no apetece (que no solo le pasa a las mujeres) y, así, el hombre se va a quitar esos estereotipos sociales donde "debe cumplir".
  • Importante la expresión y comunicación de los miedos sexuales o la expresión de las prácticas que no te gustan, sin pensar que si lo cuentas tu masculinidad se verá afectada.
  • La presión por gustar y "quedar bien" con la pareja, genera inseguridad en la práctica sexual.
  • El gatillazo es un problema frecuente y afecta a muchos hombres. Puede generar inseguridad, frustración y temor a la práctica sexual. 
  • La disfunción eréctil, es un problema más grave y probablemente requiera atención médica y sexológica.
  • El mayor estimulante es tu cerebro. Mantente en lo que estás haciendo y saborea cada caricia.


  • Práctica el sexo sin coito (sexo no exigente) hasta que te sientas seguro de nuevo y sé creativo en el placer.

     Tenemos que verlo como algo natural y no como un conflicto que provoque una tensión y la culpabilización, ni de uno, ni de otro. Si la situación se da con nuestra pareja, por parte de nosotras debe de haber comprensión, y por parte de él, saber reírse de uno mismo y no tomarlo como un pecado mortal. Si por el contrario, es con una persona desconocida, chicos, buscad una explicación que no la culpabilice a ella (a no ser que os esté dando con un teaser). Si la mujer merece la pena lo entenderá y no le dará importancia. Así que ya sabéis chicas, sobre todo, COMPRENSIÓN.




   Podeis dejar pasar un rato y volver a intentarlo, siempre que no haya presión ni nerviosismo en el ambiente. Por experiencia propia sé que se puede volver al ring y conseguir un KO perfecto. Y si por lo que sea, no es el momento, habrán más veces. Y seguramente, si se supera una anécdota como esa, serán mejores, por el nivel de confianza.




     Para los hombres, si sois jóvenes y os ocurre a menudo, quizá deberíais plantearos vuestros hábitos de vida, y ver si algo de lo que os metéis en el cuerpo puede estar influyendo. Si con dosis de paciencia y risas no se soluciona, quizá sería sopesable ir a un médico, ya que igual el problema sea físico. Sea como sea, lo más probable es que tenga solución.

No olvidéis que lo principal es disfrutar de una sexualidad SANA y NATURAL.



     Decía Woody Allen que el sexo es lo más divertido que se puede hacer sin reír. Sin embargo, hay veces que la exposición a ese momento puede acarrear más de un problema. Si hablamos de varones, podemos encontrarnos con el temido 'gatillazo'. No se trata de disfunción eréctil, sino de pérdidas de erección transitoria y esporádicas. 



Aunque no es frecuente en jóvenes, lo cierto es que este problema sigue "alborotando" la cabeza de muchos chicos cuando piensan en sexo.

     Las pérdidas de erección en adolescentes y jóvenes, explica Mónica Poblador, psicóloga especialista en sexualidad del Centro Álava Reyes Consultores en Madrid, son bastante normales. "Los estudios nos informan de que aproximadamente el 50% de los hombres ha tenido o tendrá, en algún periodo de su vida, problemas de erección, más o menos transitorios", señala.


Raúl Padilla, por su parte, del centro Psicantropía de Madrid, afirma que hay situaciones que pueden llevar relacionadas una falta de erección, como los trastornos de ansiedad.

Aunque no se puede definir un perfil de personalidad concreto para estos casos, se trata de sujetos muy perfeccionistas. Bastante perfeccionistas, con tendencia a preocuparse excesivamente, muy exigentes consigo mismos y que suelen tener ansiedad en otras facetas de su vida. Los expertos aseguran que las personas con niveles de ansiedad muy elevados suelen experimentar mayores dificultades en sus relaciones sexuales en general.

SOCIALIZACIÓN SEXUAL

     La erección es una respuesta fisiológica automática que ofrece el cuerpo masculino cuando le llegan estímulos eróticos del exterior. Simultáneamente, explica Poblador, el cerebro se activa y produce una interpretación afectivo-sexual de esa situación. A su vez, el hombre pone en marcha todo un cúmulo de expectativas y creencias sobre lo que va a ocurrir en ese momento. "Su foco de atención principal se centra en los estímulos eróticos que ha aprendido que le excitan", concreta esta experta.

     Por tanto, el problema surge cuando se detiene demasiado en pensamientos del tipo: "¿Y si cuando nos quitemos la ropa mi pene no está lo suficientemente rígido?, ¿y si se me baja y no puedo hacerlo bien?, ¿y si se lo dice a sus amigas y se ríen de mí?"... Estos y otros 'y si' no son más que factores amenazantes que unidos a su alto nivel de exigencia y a ese fatídico miedo a 'no dar la talla' hacen que el joven esté en un estado de hipervigilancia que no le deja disfrutar de lo demás.



     Las investigaciones estuvieron siempre muy enfocadas al deseo femenino y en la pretensión de encontrar una píldora para aumentarlo. Parecía que el deseo en el hombre, no existiendo causas médicas significativas, estaba siempre presente, aún en condiciones adversas. "El hombre tiene más deseo que la mujer", "el hombre está siempre preparado para el sexo", son algunos dichos populares que sustentan esta teoría.

Rompamos mitos...


     Son ideas y medios preconcebidos que vienen dados por la sociedad, lo que los expertos llaman "socialización sexual". Como apunta Poblador, es lo que han aprendido los jóvenes sobre el sexo y sobre lo que es "ser un hombre de verdad", como las situaciones que se cuentan en los chistes verdes, las escenas de sexo irreales en las películas, el cine porno, y algunos medios de difusión que siguen mostrando qué es lo que 'vende'.

     Poblador recomienda, de forma contundente, "dejar de centrarse en el cuerpo y los genitales y empezar a disfrutar de lo que está pasando fuera, sustituir el 'me presento a examen', por el 'comparto' y complemento lo que tengo con la persona que tengo delante".

     Además de las ideas que transmite la sociedad, existen otros factores que intervienen en un mayor riesgo de sufrir un gatillazo como el temor al fracaso, la autoexigencia para cumplir ese rol masculino, el estrés, la falta de sueño prolongado, los sentimientos de culpabilidad, la información sexual inadecuada y miedos específicos al embarazo. 


Especial atención merece la llamada ansiedad anticipatoria. Esto es la anticipación al fracaso por una 
mala experiencia de alguien que te han contado o de ti mismo.




sábado, 27 de abril de 2013

NO LE ECHES LA CULPA A MI MENSTRUACIÓN




Cada 28 o 30 días tengo la regla.....Me imagino que aunque no lo diga públicamente todo el mundo los sospechaba. Soy una mujer y las mujeres, durante un periodo de nuestra vida, menstruamos.


Mi menstruación supone solo una fase de mi ciclo menstrual. Menstruo porque el óvulo que se ha desprendido de mis ovarios NO ha sido fecundado.


Mi regla no huele a nubes ni a rosas, tiene un olor fuerte, muy característico. No es un olor a sucio ni a rancio, es un olor de limpieza profunda.

Cuando tengo la regla se que estoy bien, que mi cuerpo funciona perfectamente.

Los días anteriores a menstruar me siento un poco más lenta, no me apetece mucho estar con gente y descanso más de lo habitual, eso lo he aprendido con los años, nadie me ha contado que es normal sentirse así y está bien pasar unos días “antisocial” para tener más tiempo para estar conmigo misma y saber cómo me encuentro.

Si estoy triste mi cuerpo lo detecta y me doy permiso para llorar lo que no he llorado en todo el mes.

Si estoy cabreada, mi cuerpo lo DETECTA y entro en contacto con mi rabia.

Si estoy bien, si no tengo “cuentas pendientes” conmigo misma, simplemente me siento cansada, me relajo, paro un poquito y disfruto de momentos de soledad.
     Pero hoy tengo ganas de reírme. Estoy a unos días de la fase premenstrual y siento como se abre paso en mí una fuerza descomunal para ser como soy sin tapujos ni consideraciones (con quien no las merece, obvio!). 

Seguro que muchas conocéis a Violencia Rivas y a su gran hit "No le eches la culpa a mi menstruación"





"me ves enojada y pensas que estoy con el mes,
escuchas que te grito y pensas que estoy con el mes
porque no pensas que estoy así por lo que vos haces

si me pone nerviosa alguna situacion 
no le eches la culpa a mi menstruación
no la uses de excusa ni te justifiques
la razón de mis nervios es tu pelotudez

yo menstruo cuatro dias al mes
no me digas que eso te hace daño
yo menstruo cuatro dias al mes
y vos sos un forro todo el año"

"Fue fuerte para época ¡claro!, lo hice porque estaba harta de que supongan que cuanto una mujer menstrua se convierte en un monstruo subhumano al que le venden tampones y todo tipo de basura, porque la convencieron de que aunque se sienta como el orto tiene que seguir estando fresca y activa bella y sonriende para seguir agradandole a resto los idiotas, que seguimos bajo el chorro del sifon de bostas que manejan los hijos de puta "

Porque una se cansa ya de que le digan que tanta bronca viene de las hormonas como si el otro (otrx) estaría libre de culpa.Cuando estamos premenstruales somos más nosotras que nunca. Nuestro cuerpo no nos permite tragar y sonreír. De hacerlo, vienen las jaquecas, el hinchazón, la afonía... Estoy por sacar un ratito y escribir una canción desde las entrañas de mi premenstrualidad. La Señora Premen es una gran compositora...
¿Alguna se anima?


                                                                       



Tema controvertido: hay chicas que cuando tenemos la regla estamos más susceptibles. ¿Cuántas veces habremos escuchado eso de “déjala, tiene la regla” o cualquier otra frase para menospreciar lo que decimos durante la menstruación? ¡Cómo cansa! 




Lo que pasa simplemente es que la regla nos está ayudando a sacar todo lo que tenemos dentro, lo que hemos estado aguantando durante el resto del mes ya no lo aguantamos más, comenzamos a poner puntos sobre las íes y queremos ser escuchadas, y eso tiene muchísima dignidad. Esto también nos pasa porque se nos impone que sigamos con el mismo ritmo que el resto del mes (ese estrés que también acentúa el dolor de regla), y es un momento que muchas vivimos como más introspectivo, en el que tenemos ganas de bajar el ritmo, pero como no nos dejan, nos ponemos irritables, y con toda la razón del mundo. 


Así que no dejes que te quiten importancia o que achaquen a tus hormonas lo que estás diciendo: lo dices tú, sale de lo más profundo de ti, y si estás cabreada es porque algo te molesta, no porque tengas la regla.



Cuando sangramos debemos descansar, cuidarnos, dormir bien, tomar buena alimentación y ser respetuosas con nuestro cuerpo y nuestro ciclo; y no por el hecho de que la menstruación duele porque eso no debía ser así, Erika Irusta habla de que el 70% de los problemas menstruales tienen que ver con un cuestión cultural: si duele es que hay algún problema. Empoderarnos con y desde nuestros cuerpos pasa por no someternos a los ritmos impuestos del patriarcado.


Algunas de las cosas horribles pasan por decir que si la mujer quiere faltar al trabajo porque tiene la regla, tiene que tener un justificante médico. 


Ya es oficial, odio a la institución médica y a todxs sus fieles. Las mujeres no somos continuas menores de edad que requieran una supervisión y un papelito que les de permiso para descansar, ya sabemos muy bien nosotras cuando hacerlo.



 Claro, pero entonces la picaresca las llevará a no ir nunca a currar [Voz de señor patriarcal]. Vale, pues entonces no demos días de baja para nadie, que la picaresca es muy mala para todos. Me asombra oír el discurso del poder en la boca del obrero.


      La regla es aquello que dicen que nos hace mujeres (y yo me pregunto qué serán las pre y postmenopáusicas entonces) y que, según algunos, nos convierte en inestables emocionalmente, irritables, e incluso violentas, y a lo largo de la historia ha servido de excusa para defender que somos incapaces de hacer casi cualquier cosa, desde batir mayonesa a estudiar en la universidad.

     Se supone que el modelo de estabilidad emocional es el masculino, porque si ellos se cabrean es por razones, y si lo hacemos nosotras es por hormonas, pero ahora resulta que han descubierto que los 6 o 7 picos de testosterona que suelen tener al día afectan a su humor, lo que probablemente hará que también empiecen a venderles hormonas para estabilizarlos.

     Además a la regla hay que mencionarla en voz baja, con una sucesión interminable de eufemismos, porque estamos “malas”, “indispuestas”, “con el mes” o “manchando”, y en lugar de roja como la mía, deben hacer los anuncios de tampones con sangre de princesa, porque siempre es azul.

Reconozco que quizá puedo permitirme escribir esto porque ni me duele ni me dura demasiado (y menos desde que uso la Mooncup), pero creo que merece un descargo de tantas cosas horribles que se le acusa. Así que me voy a permitir aquí la licencia de hablar de las cosas buenas que tiene mi menstruación.

A veces cuando tengo la regla estoy más sensible, lo que quiere decir que si algo me está molestando no me voy a callar, y que si me siento triste, puede ser que llore. Teniendo en cuenta que me paso gran parte del día trabajando con personas que tienen dificultades para reconocer sus emociones y expresarlas, no me parece especialmente malo poder hacerlo con más facilidad de vez en cuando, en lugar de andar todo el tiempo contenida en aras de la racionalidad y la estabilidad.

También es cierto que puedo tener insomnio una o dos noches antes. Pero suelen ser insomnios productivos, sobre todo para escribir o para trabajar, y si los dedico a leer, o a ver una película, como estoy “más sensible”, es probable que le saque más jugo. Además estar sensible también significa que se me agudizan el olfato, el gusto, y el tacto, y si tenemos en cuenta que en esos días también me sube bastante la libido, hacen una conjunción interesante. Y de paso disfruto más de la comida.

No negaré tampoco que a veces me duele, y que me puedo sentir más hinchada, pero si en un juego de palabras cambiamos hinchada por turgente, hay que reconocer que la regla mejora el aspecto de mi escote.