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jueves, 28 de noviembre de 2013

ESPAÑA SERÁ PUTA O NO SERÁ

El Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, afirmó hace un año, durante una visita oficial al Vaticano que:

"España será cristiana o no será"





El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, no da su brazo a torcer a pesar de la sentencia del Constitucional e insiste en que la unión entre personas del mismo sexo no es matrimonio. Así lo ha señalado esta mañana en declaraciones a la cadena SER. Las palabras del titular de Interior son un desafío en toda regla a la sentencia dictada por el alto tribunal: "Sigo creyendo que el matrimonio define la unión de un hombre y una mujer. No voy a cambiar porque el TC dicte una sentencia".

El ministro de Interior no oculta su profundas creencias religiosas. El pasado mes de octubre se reservó para sí ser el elegido por el Consejo de ministros para presidir la delegación española en la ceremonia de canonización de Carmen Sallés, celebrada en el Vaticano ( publicado en el BOE). Durante aquella visita a Roma, celebrada el 21 de octubre pasado, Fernández Díaz le pidó al jefe de la Iglesia Católica que rezase por España. 

Con motivo de aquella canonización el titular de Interior protagonizó una cena de gala en la embajada de España ante la Santa Sede en honor de la nueva santa española. Durante los brindis, Fernández Díaz afirmó: "España será cristiana o no será"


El ministro que encontró la fe en Las Vegas

El currículum teológico del ministro incluye un episodio tan sorprendente como que Dios salió a su encuentro ni más ni menos que en Las Vegas, en el año 1991. Así lo declaró en el semanario Albaen donde Fernández Díaz relató: "Me encontraba de viaje oficial en EE UU. Un fin de semana nos llevaron a Las Vegas. Allí, por medio de un gran amigo que sin duda fue un instrumento de la providencia de Dios, Él salió manifiestamente a mi encuentro. Lo recuerdo y pienso en San Pablo: 'Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia".



Querido Sr. Fernández Díaz, quédese en el Vaticano.


Pasado un tiempo nos encontramos con un "sorprendente" manual editado por el Arzobispado de Granada 'Cásate y sé sumisa', para aprender a ser leal al marido...

¡¿¿¿EN QUÉ MOMENTO SE NOS HA IDO ESTO DE LAS MANOS???!!!!





Si, como leen, así, a pelo....La editorial Nuevo Inicio, una iniciativa directa del Arzobispado de Granada, ha editado un libro titulado 'Cásate y sé sumisa', de la autora italiana Costanza Miriano, en el que por 16 euros se enseña la "obediencia leal y generosa, la sumisión". Esta editorial ha editado el libro no exento de polémica como parte de su responsabilidad en relación con la dignidad cultural de la fe, según detalla en su página web. La editorial está presidida por elarzobispo Javier Martínez, famoso por sus declaraciones públicas contra el aborto, y el mismo que en una homilía dijo que la mujer que aborta "mata a un niño indefenso" y, por tanto, "da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar" de su cuerpo. 

La publicación, que según adelantan algunos medios regionales Costanza entregó al Papa Francisco, inaugura una colección sobre la vida experimentada a través de los ojos de la mujer y desde la fe cristiana, según detalla el Arzobispado de Granada.


NI EL ESTADO NI LA IGLESIA TIENEN QUE DECIDIR SOBRE LOS COÑOS DE MUJERES LIBRES.




Supongo que lo que más asusta de este tema es la libertad, como en todos los temas, sobre todo si hablamos de la libertad sexual de las mujeres. 
Mujeres que autogestionan su cuerpo, dan miedo. Y dan miedo a la sociedad porque viven al margen, al margen de la moral y la ética reinantes.


¡¡SEAMOS HIJAS DE LILITH!!

En el génesis la primera pareja de Adán no fue Eva, se llamaba Lilith. Dios creó del mismo polvo a ambos:Génesis 1:27 "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó".

Cuentan las leyendas recogidas en los textos, que Lilith no satisfacía la necesidad de sometimiento que requería Adán. Era bella, espontánea y libre, y muy pronto empezaron a pelear. Cuando deseaban follar él se negaba: "Yo no yaceré debajo tuya, sólo estaré encima ya que soy el superior", a lo que Lilith respondía "Ambos hemos sido creados de la Tierra, ambos somos iguales".

Ella necesitaba salir de esa cárcel tiránica; sedujo a Yahweh, que bajo su enamoramiento, le reveló su prohibido nombre sagrado. Lilith pronunció tan divino nombre, lo que le dio el poder de levantarse del suelo y volar para abandonar aquel Estado de obediencia.
Huyó al Mar Rojo donde su menstruación era recogida por las mareas, y follaba libre con cada demonio que la tomaba como semejante, convirtiéndose así Madre de los Demonios.

Adán, viéndose solo y abandonado, lloró a Dios "Señor del universo, la mujer que me diste ha huido". Dios envió a tres ángeles (Snvi, Snsvi y Smnglof) que fueron a buscarla, amenazándola de que si no volvía, matarían a cien hijos suyos cada día hasta que decidiera retornar. 
Ella sabía que incluso esta suerte sería mejor que regresar.

Como venganza Lilith juró atacar a todo hombre, haciéndose dueña de su semen para dar nacimiento a más niños demonio que reemplazaran los ya muertos.


No es extraño que Lilith se convirtiera en un icono feminista. Es una mujer independiente, insumisa, que desea y demanda sexo, no es tierna, ni cuidadora. El patriarcado convirtió sus alas de espíritu del viendo, en alas demoníacas. 

Pero la leyenda, no acaba aquí: 

Como muestra Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, Lilith volvió al Edén en forma de serpiente para mostrarle el camino de la liberación a Eva y a todas nosotras.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

EL AMOR ROMÁNTICO COMO UTOPÍA EMOCIONAL DE LA POSMODERNIDAD



El amor en la posmodernidad es una utopía colectiva que se expresa en y sobre los cuerpos y los sentimientos de las personas, y que, lejos de ser un instrumento de liberación colectiva, sirve como anestesiante social.

El amor hoy es un producto cultural de consumo que calma la sed de emociones y entretiene a las audiencias. Alrededor del amor ha surgido toda una industria y un estilo de vida que fomenta lo que H.D. Lawrence llamó “egoísmo a dúo”, una forma de relación basada en la dependencia, la búsqueda de seguridad, necesidad del otro, la renuncia a la interdependencia personal, la ausencia de libertad, celos, rutina, adscripción irreflexiva a las convenciones sociales, el enclaustramiento mutuo…

Este enclaustramiento de parejas propicia el conformismo, el viraje ideológico a posiciones más conservadoras, la despolitización y el vaciamiento del espacio social, con notables consecuencias para las democracias occidentales y para la vida de las personas. Las redes de cooperación y ayuda entre los grupos se han debilitado o han desaparecido como consecuencia del individualismo y ha aumentado el número de hogares monoparentales. La gente dispone de poco tiempo de ocio para crear redes sociales en la calle, y el anonimato es el modus vivendi de la ciudad: un caldo de cultivo, pues, ideal para las uniones de dos en dos (a ser posible monogámicas y heterosexuales).

De este modo, nos atrevemos a afirmar que los modelos de relación erótica y amorosa de la cultura de masas están basadas en la ideología del “sálvese quién pueda”. Mucha gente se queja de que los amores posmodernos son superficiales, rápidos e intensos, como la vida en las grandes urbes. Es cada vez más común el enamoramiento fugaz, y pareciera que las personas, más que lograr la fusión, lo que hacen es “chocar” entre sí.

Creo, coincidiendo con Erich Fromm, que a pesar de que el anhelo de enamorarse es muy común, en realidad el amor es un fenómeno relativamente poco frecuente en nuestras sociedades actuales: “La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad actual”. Y lo es porque el amor requiere grandes dosis de apertura de uno mismo, de entrega, generosidad, sinceridad, comunicación, honestidad, capacidad de altruismo, que chocan con la realidad de las relaciones entre los hombres y las mujeres posmodernas.



Por eso creo que el amor, más que una realidad, es una utopía emocional de un mundo hambriento de emociones fuertes e intensas. En la posmodernidad existe un deseo de permanecer entretenido continuamente; probablemente la vida tediosa y mecanizada exacerba estas necesidades evasivas y escapistas. Esta utopía emocional individualizada surge además en lo que Lasch denomina la era del narcisismo; en ella las relaciones se basan en el egoísmo y el egocentrismo del individuo.

Las relaciones superficiales que establecen a menudo las personas se basan en una idealización del otro que luego se diluye como un espejismo.


En realidad, las personas a menudo no aman a la otra persona por como es, en toda su complejidad, con sus defectos y virtudes, sino más bien por cómo querría que fuese. El amor es así un fenómeno de idealización de la otra persona que conlleva una frustración; cuanto mayores son las expectativas, más grande es el desencanto.

El amor romántico se adapta al individualismo porque no incluye a terceros, ni a grupos, se contempla siempre en uniones de dos personas que se bastan y se sobran para hacerse felices el uno al otro. Esto es bueno para que la democracia y el capitalismo se perpetúen, porque de algún modo se evitan movimientos sociales amorosos de carácter masivo que podrían desestabilizar el statu quo. Por esto en los medios de comunicación de masas, en la publicidad, en la ficción y en la información nunca se habla de un “nosotros” colectivo, sino de un “tú y yo para siempre”. El amor se canaliza hacia la individualidad porque, como bien sabe el poder, es una fuerza energética muy poderosa. Jesús y Gandhi expandieron la idea del amor como modo de relacionarse con la naturaleza, con las personas y las cosas, y tuvieron que sufrir las consecuencias de la represión que el poder ejerció sobre ellos.

El amor constituye una realidad utópica porque choca con la realidad del día a día, normalmente monótona y rutinaria para la mayor parte de la Humanidad. Las industrias culturales actuales ofrecen una cantidad inmensa de realidades paralelas en forma de narraciones a un público hambriento de emociones que demanda intensidad, sueños, distracción y entretenimiento. Las idealizaciones amorosas, en forma de novela, obra de teatro, soap opera, reality show, concurso, canciones, etc. son un modo de evasión y una vía para trascender la realidad porque se sitúa como por encima de ella, o más bien porque actúa de trasfondo, distorsionando, enriqueciendo, transformando la realidad cotidiana.
Necesitamos enamorarnos del mismo modo que necesitamos rezar, leer, bailar, navegar, ver una película o jugar durante horas: porque necesitamos trascender nuestro “aquí y ahora”, y este proceso en ocasiones es adictivo. Fusionar nuestra realidad con la realidad de otra persona es un proceso fascinante o, en términos narrativos, maravilloso, porque se unen dos biografías que hasta entonces habían vivido separadas, y se desea que esa unión sitúe a los enamorados en una realidad idealizada, situada más allá de la realidad propiamente dicha, y alejada de la contingencia. Por eso el amor es para los enamorados como una isla o una burbuja, un refugio o un lugar exótico, una droga, una fiesta, una película o un paraíso: siempre se narran las historias amorosas como situadas en lugares excepcionales, en contextos especiales, como suspendidas en el espacio y el tiempo. El amor en este sentido se vive como algo extraordinario, un suceso excepcional que cambia mágicamente la relación de las personas con su entorno y consigo mismas.

Sin embargo, este choque entre el amor ideal y la realidad pura se vive, a menudo, como una tragedia. Las expectativas y la idealización de una persona o del sentimiento amoroso son fuente de un sufrimiento excepcional para el ser humano, porque la realidad frente a la mitificación genera frustración y dolor. Y, como admite Freud (1970), “jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado o su amor”.

Quizás la característica más importante de esta utopía emocional reside en que atenúa la angustia existencial, porque en la posmodernidad la libertad da miedo, el sentido se ha derrumbado, las verdades se fragmentan, y todo se relativiza. Mientras decaen los grandes sistemas religiosos y los bloques ideológicos como el anarquismo y el comunismo, el amor, en cambio, se ha erigido en una solución total al problema de la existencia, el vacío y la falta de sentido.


Otro rasgo del amor romántico en la actualidad es que en él confluyen las dos grandes contradicciones de los urbanitas posmodernos: queremos ser libres y autónomos, pero precisamos del cariño, el afecto y la ayuda de los demás. El ser humano necesita relacionarse sexual y afectivamente con sus semejantes, pero también anhela la libertad, así que la contradicción es continua, y responde a lo que he denominado la insatisfacción permanente, un estado de inconformismo continuo por el que no valoramos lo que tenemos, y deseamos siempre lo que no tenemos, de manera que nunca estamos satisfechos. A los seres humanos nos cuesta hacernos a la idea de que no se puede tener todo a la vez, pero lo queremos todo y ya: seguridad y emoción, estabilidad y drama, euforia y rutina.


La insatisfacción permanente es un proceso que nos hace vivir la vida en el futuro, y no nos permite disfrutar del presente; en él se aúna esa contradicción entre idealización y desencanto que se da en el amor posmoderno, porque la nota común es desear a la amada o el amado inaccesible, y no poder corresponder a los que nos aman. La clave está en el deseo, que muere con su realización y se mantiene vivo con la imposibilidad.

Si la primera contradicción amorosa posmoderna reside fundamentalmente en el deseo de libertad y de exclusividad, la segunda reside en la ansiada igualdad entre mujeres y hombres. Por un lado, la revolución feminista de los 70 logró importantes avances en el ámbito político, económico y social; por otro, podemos afirmar que el patriarcado aún goza de buena salud en su dimensión simbólica y emocional.

En algunos países las leyes han logrado llevar las reivindicaciones de los feminismos a la realidad social, pese a que la crisis económica nos aleja aún más de la paridad y la igualdad de mujeres y hombres en el seno de las democracias occidentales. Además de esta ansiada igualdad legal, política y económica, tenemos que empezar a trabajar también el mundo de las emociones y los sentimientos. El patriarcado se arraiga aún con fuerza en nuestra cultura, porque los cuentos que nos cuentan son los de siempre, con ligeras variaciones. Las representaciones simbólicas siguen impregnadas de estereotipos que no liberan a las personas, sino que las constriñen; los modelos que nos ofrecen siguen siendo desiguales, diferentes y complementarios, y nos seguimos tragando el mito de la media naranja y el de la eternidad del amor romántico, que se ha convertido en una utopía emocional colectiva impregnada de mitos patriarcales.

Algunos de ellos siguen presentes en nuestras estructuras emocionales, configuran nuestras metas y anhelos, seguimos idealizando y decepcionándonos, y mientras los relatos siguen reproduciendo el mito de la princesa en su castillo (la mujer buena, la madre, la santa,) y el mito del príncipe azul (valiente a la vez que romántico, poderoso a la par que tierno).

Muchos hombres han sufrido por no poder amar a mujeres poderosas; sencillamente porque no encajan en el mito de la princesa sumisa y porque esto conlleva un miedo profundo a ser traicionados, absorbidos, dominados o abandonados.Los mitos femeninos han sido dañinos para los hombres porque al dividir a las mujeres en dos grupos (las buenas y las malas), perpetúan la desigualdad y el miedo que los hombres sienten hacia las mujeres. Este miedo aumenta su necesidad de dominarlas; el imaginario colectivo está repleto de mujeres pecadoras y desobedientes (Eva, Lilith, Pandora), mujeres poderosas y temibles (Carmen, Salomé, Lulú), perversas o demoníacas (las harpías, las amazonas, las gorgonas, las parcas, las moiras).

Paralelamente, multitud de mujeres han besado sapos con la esperanza de hallar al hombre perfecto: sano, joven, sexualmente potente, tierno, guapo, inteligente, sensible, viril, culto, y rico en recursos de todo tipo. El príncipe azul es un mito que ha aumentado la sujeción de la mujer al varón, al poner en otra persona las manos de su destino vital. Este héroe ha distorsionado la imagen masculina, engrandeciéndola, y creando innumerables frustraciones en las mujeres. El príncipe azul, cuando aparece, conlleva otro mito pernicioso: el amor verdadero junto al hombre ideal que las haga felices. Pese a estos sueños de armonía y felicidad eterna, las luchas de poder entre hombres y mujeres siguen siendo el principal escollo a la hora de relacionarse libre e igualitariamente en nuestras sociedades posmodernas; por ello es necesario seguir luchando por la igualdad, derribar estereotipos, destrozar los modelos tradicionales, subvertir los roles, inventarnos otros cuentos y aprender a querernos más allá de las etiquetas.



Por Coral Herrera Gómez 
Texto extraído de:Entretantomagazine.com

lunes, 25 de noviembre de 2013

EL ORIGEN DEL DÍA CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO


El 25 de noviembre recuerda el asesinato de la hermanas Mirabal en 1960


Por Montserrat Barba Pan

El 25 de noviembre es la fecha elegida por los organismos internacionales, gobiernos y asociaciones de mujeres para unir fuerzas y hacer visible a toda la sociedad el problema de la violencia de género. Se trata de reflexionar sobre las diferentes formas en que se manifiesta la violencia contra las mujeres en todo el mundo, la impunidad de los agresores en muchos países y la prevención desde la infancia y adolescencia. Es también una jornada para celebrar los avances legislativos y culturales que se están llevando a cabo, y, ante todo, un recuerdo y homenaje a todas las víctimas.


Minerva Mirabal, asesinada junto a sus hermanas por Trujillo.

Las Tres Mariposas

¿Por qué un 25 de noviembre? Al igual que el 8 de marzo, la elección de la fecha se remonta a una efeméride histórica. Ese día, en el año 1960, las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa) fueron asesinadas por la policía secreta del dictador Rafael Trujillo, en República Dominicana. Y la conmoción social por este suceso marcó el inicio del fin del régimen trujillista, que perdió el apoyo de la Iglesia católica.

Trujillo ocupó el poder dominicano el 23 de febrero de 1930 y durante 31 años presidió una de las dictaduras más crueles de Latinoamérica. Según los datos del Museo de la Resistencia de Santo Domingo, se exterminó al 5% de la población, un 15% fue víctima directa de torturas, secuestros, abusos sexuales, exilio forzoso, incautación de bienes y acoso; y otro 75% padeció el terror y el miedo en el que estaba inmerso toda la isla.

Tal y como recoge el historiador dominicano Franklin J. Franco en su libro 'El juicio a los asesinos de las hermanas Mirabal', entre las barbaridades cometidas por Trujillo destacan los asesinatos a opositores, como el triple asesinato del poeta y periodista Maynardi Reina, su mujer Altagracia (embarazada) y la mujer que trabajaba en su casa; o el exterminio de más de 12.000 haitianos en 1937, uno de los episodios genocidas más terribles de la historia de América Latina.

La historia de las hermanas Mirabal, asesinadas junto al conductor Rufino de la Cruz por orden directa de Trujillo, es la de tantas activistas que luchan por la libertad. Hija de un hombre de negocios, Minerva Mirabal había pertenecido desde la adolescencia a grupos como 'Juventud Democrática', cuyos miembros fueron asesinados, encarcelados o exiliados, tal y como ocurrió con la familia Mirabal.

Tanto Minerva como María Teresa sufrieron torturas y violaciones y fueron encarceladas, pero nunca cesaron en su empeño por luchar por la democracia. Su hermana mayor, Patria, les prestaba apoyo.

En 1959, Minerva lidera el 'Movimiento Revolucionario 14 de Junio' junto a su compañero Manolo Tavárez. Una organización clandestina para acabar con el régimen que logró la adhesión de 6.000 personas, entre ellas representantes de la iglesia, funcionariado público y personalidades destacadas de la sociedad dominicana. Una verdadera amenaza para Trujillo, que no dudó en acabar con ella.

En mayo de 1960, Minerva, María Teresa, sus dos maridos, el marido de Patria y la mayoría de activistas del 14J fueron juzgados por supuesto delito contra la seguridad nacional. Se les condenó a más de tres años de cárcel, pero como "gesto" ante las presiones internacionales, las dos hermanas fueron puestas en libertad el 9 de agosto. Pronto se reanudaron las actividades clandestinas y Trujillo retomó la persecución, trasladando a sus maridos a otra prisión y tendiéndoles una emboscada el 25 de noviembre de 1960.

Las tres hermanas han pasado a la historia como 'Las Mariposas', ya que su nombre el clave dentro del 'Movimiento 14 de junio' fue Mariposa 1, Mariposa 2 y Mariposa 3. Su asesinato conmocionó a la ciudadanía dominicana y fue un punto de inflexión para el derrocamiento del régimen trujillista.

Foto histórica de la boda de Patria Mirabal, con María Teresa.Imagen: Museo de la Resistencia de Santo Domingo.


1981, la propuesta

La propuesta de esta fecha por su valor simbólico se remonta a 1981, al primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe, que tuvo lugar en Bogotá. Más de 1.200 mujeres decidieron que era necesaria una efeméride para que toda la sociedad se volcase en acabar con esta pandemia, que afecta al 15% de las mujeres en Japón (el país con menor incidencia según la Organización Mundial de la Salud, OMS) y al 70% en Etiopía y Perú, donde más mujeres han afirmado haber sido víctimas de violencia sexual o física por parte de sus parejas (OMS).

En 1999, el 25 de noviembre fue declarado Día Internacional contra la Violencia hacia la Mujer por la Organización de Naciones Unidas.


Fuente: Museo de la Resistencia. Santo Domingo, República Dominicana. 'El juicio a los asesinos de las hermanas Mirabal', de Franklin J. Franco

Texto extraído de: feminismo.about.com

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domingo, 24 de noviembre de 2013

RELACIONES DE "AMOR Y ODIO"

En el inmenso prisma de las relaciones de pareja podemos encontrar muchísimos tipos y estilos. En algunos casos, la propia relación propicia el crecimiento de ambos miembros de la pareja. En otros, sin embargo, se crean dinámicas que pueden resultar bastante destructivas y dañinas. Es posible que las dinámicas sean positivas desde el principio. Pero es probable simplemente que algunos patrones de conducta se agudicen poco a poco y vaya creando dinámicas poco sanas.

El gran desafío en la relación es mantener equilibrio entre la cercanía y la independencia que sientes los miembros de la pareja. No es poco común que uno o ambos vayan cediendo y perdiendo iniciativa hasta llegar a un punto que les resulta francamente incómodo. Su sensación de libertad se va perdiendo y van sucumbiendo a la inercia de una relación dependiente −o incluso simbiótica−. Por desgracia, la percepción que tienen de lo que está ocurriendo suele ser poco clara, vaga y confusa. La mezcla de sentimientos nubla la percepción de la situación y uno −o ambos miembros de la pareja− se ve determinado más fuertemente por la emoción que por la razón.

El principal problema con este tipo de relaciones es que se van creando resentimientos. La persona siente −consciente o inconscientemente− que ha cedido demasiado, que su individualidad se ha ido perdiendo y se siente cada vez menos libre en sus movimientos. La dependencia que ha ido creando le pasa factura. Al mismo tiempo esa dependencia le impide evaluar la situación con claridad y optar por elecciones que pueden conducirle a sensaciones más agradables y a una relación más sana.

La mezcla de amor y rechazo puede causar muchísima confusión y dolor. Normalmente, hace que el devenir de la relación −para bien o para mal− sea bastante complicado. Por un lado, es posible que las personas sigan queriéndose −aunque el amor tenga tintes de egoísmo y dependencia−. Por otra parte, el resentimiento generado a causa de la sensación de pérdida de libertad produce malestar, aversión y hasta odio con respecto a la otra persona. Y así, los miembros de la pareja oscilan entre el amor y el rechazo que sienten hacia cada cual.


¿Has tenido en alguna ocasión en una relación de amor y odio? ¿Recuerdas alguna obra literaria o película que refleje este tema? ¿Conoces relaciones de este tipo?

CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN APEGO......

Lic. Verónica Figuero
Por muchos años por tradición nos inculcaron esterotipos como que "el amor es sufrimiento", "por amorse sufre", "el verdadero amor se sufre", "quien siente celos es porque ama". de esta manera se va instalando la idea del amor dependiente, posesivo, generador de miedos, relaciones insanas, insatisfacciones que dificultan la autonomía, el respeto por uno mismo y por el otro, la libertad.


La dependencia emocional es un dependencia afectiva por la que se genera una especie de "adicción" a la pareja. En la dependencia emocional, quien la padece es controlada por su necesidad de la otra persona. Su miedo por perderla y a la soledad van contaminando esa relación y la modalidad del vínculo. Se manifiesta como un vínculo ansioso, donde se siente la continua necesidad de saberse amado por su pareja, miedo a no ser querido, miedo a la pérdida del objeto de su amor, celos desproporcionados, ideas contradictorias sobre el amor, dificltad para terminar una relación aún cuando ésta se muy problemática.

A muchas personas no les cuesta hacer cambios en su vida. Hay personas que no están bien en una relación de pareja, pero aun así, generan un apego insano con el otro y sienten una total incapacidad de renunciar a ese vínculo afectivo aunque en su interior sepan que se ha roto el amor sano. Aunque la relación limite claramente el propio desarrollo o atente contra los valores y principios más profundos, no se lo deja ir.

De esta manera se va generando un amor tóxico, donde se hace daño y se pierde la vivencia de felicidad, de sentirse a gusto con la pareja. Pero aun así, la persona que desarrolla una conducta de apego no puede terminar con esa relación. No sueltan al otro bajo ningun concepto. La persona que sufre este tipo de amor, dedica tanto tiempo al otro que se olvida de si misma, de cuidarse, de lo que le gusta, de lo que quiere, incluso se olvida de como es. Todo para el otro, para no perderle, para que no se vaya.

El perjuicio del apego afectivo es abrumante, según los expertos la mitad de las consultas psicológicas se deben a problemas ocasionados o relacionados con dependencia afectiva, y en muchos de los casos a pesar de que la relación es perjudicial, los afectados son incapaces de ponerle fin, por miedo al abandono, la soledad o la perdida afectiva.

La adicción afectiva enferma, incapacita, elimina criterios, degrada, deprime,genera estrés, asusta, cansa, desgasta y, acaba con todo residuo de humanidad posible, ya que la persona dependiente desarrolla patrones obsecivos de compartamientos, se vuelve un ser temeroso, celoso, inseguro y hace lo que sea para mantener a la persona a su lado, así sea aguantando humillación y sufrimiento en silencio, todo por no perder a la persona "amada".

Según el Psicólogo Walter Riso, el pensamiento central de la persona apegada afectivamente y con baja tolerancia al sufrimiento se expresa así:"No soy capaz de renunciar al placer, bienestar y seguridad que me brinda la persona que amo y no soporto su ausencia. No tengo tolerancia al dolor. No me importa qué tan dañina o poco recomendable sea la relación, no quiero sufrir su pérdida. Definitivamente, soy débil. No estoy preparado para el dolor".

En éste tipo de pensamiento, la ruptura se vive como imposible, se da una ilusión de permanencia típìca de la conducta de apego

"Es imposible que nos dejemos de querer. Nuestro amor es para siempre...Sólo es una cirsis, ya vamos a estar bien de nuevo...Vamos a estar juntos para siempre...para toda la vida".


Pensar de esta manera es morir en vida, es negarte la posibilidad de sentir un amor libre de ataduras, sin miedo a la pérdida y sin hacer de ti un ser humano minúsculo, incapaz de tener un verdadero y propio sentido de vida. Debemos desligarnos de amores enfermizos, y vencer el apego afectivo, así que es importante estar claros que el desapego no es desamor, sino una manera sana de relacionarse, cuyas condiciones son: independencia, no posesividad y no adicción, lo cual se consigue respetandonos, valorandonos, y que nuestro proyécto de vida no sea en base a otra persona, mas que en nosotros mismos.

Walter Riso en su libro ¿Amar o depender?, nos invita a hacer del amor una experiencia plena y saludable, libre de ataduras, presentandonos un concepto de amor real:

"Amar sin apegos es amar sin miedos. Es asumir el derecho a explorar el mundo intensamente, a hacerse cargo de uno mismo y a buscar un sentido de vida. También significa tener una actitud realista frente al amor, afianzar el autorrespeto y fortalecer el autocontrol. Es disfrutar de la dupla placer/seguridad sin volverla imprescindible. Es hacer las pases con Dios y la incertidumbre. Es tirar la certeza a la basura y dejar que el universo se haga cargo de uno. Es aprender a renunciar.

El amor está hecho a la medida del que ama. Construimos la esperiencia afectiva con lo que tenemos en nuestro interior; por eso nunca hay dos relaciones iguales. El amor es lo que somos. Si eres irresponsable, tu relación será irresponsable. Si eres deshonesto, te unirás a otra persona con mentiras. Si eres inseguro, tu vínculo afectivo será ansioso. Pero si eres libre y mentalmente sano, tu vida afectiva será plena, saludable y trascendente.


Amar sin apegos no implica insensibilizar el amor. La pasión, la fuerza y el impacto emocional del enamoramiento nunca se merman. El desapego no amortigua el sentimiento; por el contrario lo exalta, lo libera de sus lastres, lo suelta, lo amplifica y lo deja fluir sin resticciones".


viernes, 22 de noviembre de 2013

CARTA A UN MALTRATADOR



Si me dices que me quieres, ¿por qué me aíslas, por qué me controlas?, ¿por qué te enfadas si quiero ver a mi familia o amigas?, ¿por qué te tengo que dar cuentas del dinero aunque también sea mío?; si me dices que me quieres ¿por qué me amenazas, me pegas, me violas, me matas? Eso no es amor. Si hay amor no puede haber violencia.



Todo lo que me haces, no es por mi bien; es por el tuyo. Porque te crees superior. Me tratas como a una niña y debería ser tu igual. Te crees que estoy a tu disposición y a tu capricho, así nos lo enseñan: “el amor es dedicación a tu pareja, el amor es renuncia, es entrega. Yo soy tuya y puedes hacer conmigo lo que quieras”. Es falso. Yo no soy tuya, soy solo mía y la única entrega que debo hacer es entregarme a mi misma para sobrevivir a esta penosa situación, en la que no puedo controlar mi propia vida.

¿Cómo te sentirías tú si tuvieras día y noche a una persona controlando todos tus actos y dictándote órdenes para cubrir sus propios y únicos deseos? ¿Si te dijera desde qué ropa ponerte hasta cuándo debes lavarte el pelo? ¿Cuándo debes hablar o lo inútil que eres porque no trabajas fuera de casa? ¿Si te amenazara o pegara para conseguir sus objetivos? ¿Cómo te sentirías tú si estuvieras prisionero de la persona que dice amarte y que lo hace por el bien de los dos?

No sigas repitiéndome que me quieres, que no lo volverás a hacer. No me des más esperanzas. No me digas que la situación va a cambiar.




Creo que eres un hombre incapaz de hacer frente a las frustraciones y limitaciones propias. Que la única manera de resolver los problemas es con violencia hacia mí, con arrogancia, culpabilizándome de todo lo malo que te pasa, con superioridad para aplacar el miedo de saber que sin mi, no puedes crecerte.

Estoy harta de vivir con miedo, con el corazón en un puño, esperando cómo vas a volver hoy del trabajo. De querer hacerme invisible para que no notes mi presencia y pasemos un rato sin bronca. De querer agradarte para que estés contento. De esperar a ver cuándo y por qué banal razón te cambia el gesto de la cara y se avecina una tormenta imposible de evitar y sin saber cómo acabaré. Estoy harta de sentirme sola, en silencio, de intentar evitar que se enteren en el vecindario, que nos oigan los niños. Estoy asqueada de tus caprichos. Estoy defraudada porque si esto es el amor y compartir una vida, prefiero estar sola.

Tengo pena sintiéndome tan poca cosa, tan poco valorada y vapuleada a todas horas, de recibir solo desprecios y malos tratos en vez de amor, comprensión y escucha.

Quiero que me dejes vivir en paz. Mejor aún, quiero vivir en paz. Sé que no lo vas a hacer tú. Por eso tendré que dar yo el primer paso. Alguien me ayudará a salir de esta cárcel y empezar una nueva vida, en la que pueda decidir por mi misma lo que realmente quiero hacer. No va a ser fácil. Pero quiero ser yo, tener ganas de vivir y volver a sonreír.


Inma Merino 
Mugarik Gabe

Texo extraído de: nodo50.org/tortuga/

jueves, 21 de noviembre de 2013

GENERO, SEXO, CUERPO Y DISCAPACIDAD

Por Beatriz Gimeno





Soy mujer, lesbiana y discapacitada tres circunstancias que son en esta sociedad datos de discriminación. Tres conceptos, además fundamentales para la definición y autodefinición de una persona. Conceptos que remiten a género, sexualidad (orientación sexual) y cuerpo (sexo) y por eso cuando decimos “mujer, lesbiana y discapacitada”, tenemos que hacer referencia a los discursos sobre el género, sobre la sexualidad y sobre el cuerpo. Discursos que se articulan unos con otros y de los cuales ninguno es más o menos importante porque las opresiones no pueden compartirmentarse. Antes suponía que esos tres discursos de opresión y limitación se superponían de manera simple, sumándose. Pero con el tiempo he aprendido que no, que las cosas no son tan sencillas y que en determinadas situaciones, las múltiples discriminaciones pueden tener el efecto de anularse unas a otras. Creo que en lo referente a la sexualidad las mujeres lesbianas con diversidad funcional puede ver atenuada esta circunstancia debido a su lesbianismo.

Cuando se habla de discapacidad y sexualidad, a veces me da la impresión de que falta algo. No está de más recordar que la sexualidad es algo más que derechos; que la sexualidad es poner el cuerpo en discurso; que la sexualidad es más que posibilidades: que es sexo y que el sexo es sobre todo deseo. Y a desear se aprende: una cosa es la libido y otra la manera en que expresemos culturalmente esa libido. Y siendo el deseo una construcción social no se puede separar de los discursos culturales sobre el género, la sexualidad, el cuerpo, la capacidad o discapacidad. Precisamente las complejas relaciones que establecen las mujeres con sus cuerpos es una parte fundamental del discurso de género. Todas las mujeres, vivimos, inevitablemente, nuestros cuerpos de manera diferente a cómo los viven los hombres; porque las mujeres somos cuerpo en una cultura patriarcal: se nos juzga, se nos valora, se nos define en gran parte, no según sean nuestros cuerpos, sino según la mirada que los hombres (heterosexuales) proyectan sobre ellos. Los hombres y las mujeres aprendemos a mirar sexualmente y lo hacemos de manera diferente.


La mirada que los hombres (el patriarcado) proyectan sobre las mujeres es una mirada inclemente que está basada en un ideal de mujer imposible de alcanzar. El objetivo es conseguir que tengamos siempre la sensación de que nuestros cuerpos, sean como sean, son siempre defectivos. No pueden ser perfectos, siempre falta algo, siempre se puede hacer algo para mejorar. Celia Amorós dice que las mujeres han pasado de estar normativizadas por la moral y la ética ha estar normativizadas por la estética.

Si las mujeres ocupan el sitio que ocupan en esta sociedad, si están de alguna manera sujetas a determinados discursos sobre el cuerpo, entonces tenemos que preguntarnos ¿qué significa para nosotras mujeres con diversidad funcional, en estas condiciones concretas en la que una es mujer en esta sociedad concreta, tener un cuerpo que se supone que no cumple con ninguno de los cánones exigidos a los cuerpos femeninos? ¿Qué significado tiene para mujeres como nosotras tener un cuerpo completamente diferente y tener que enfrentarse a la cuestión de suscitar deseo con estos cuerpos? ¿Cómo manejamos nuestra identidad respecto a esto?


Siempre estamos hablando de invisibilidad, pero pocas veces hablamos que no hay mayor invisibilidad que ser invisible para los demás en cuanto a la posibilidad de suscitar deseo. El deseo tiene que ver con muchas cosas pero en el caso de las mujeres tiene que ver con esa mirada opresiva y por eso, para cambiar la percepción que otros/as tienen sobre mi cuerpo no hay otra manera que deconstruir los discursos opresivos y empoderarse desde el cuerpo.

Los cuerpos son los discursos que los crean, las palabras que los nombran. Pero como mujer y lesbiana no podremos dar otra visión de nosotras si no nos empoderamos. No vamos a cambiar la percepción social ni la nuestra si no cambiamos de discurso y salimos totalmente del discurso patriarcal sobre el cuerpo de las mujeres. Barbara Hillyer dice que para las lesbianas es más fácil que para las mujeres heterosexuales hacerse conscientes de la totalidad de nuestros cuerpos y pensar en nosotras mismas como un todo con nuestros cuerpos. Lo cierto es que las lesbianas no estamos sometidas a la mirada masculina. No estoy diciendo que cualquier mujer funcionalmente diversa tiene que hacerse lesbiana para ser feliz, pero sí que las lesbianas partimos no con una desventaja sino, quizá con una ventaja respecto a el ejercicio y disfrute de nuestra sexualidad. 



Esto también lo expresa muy claramente Hillyer cuando afirma claramente que la perspectiva lesbiana para conceptualizar las narrativas de las mujeres con discapacidad es intelectualmente superior. Las lesbianas vivimos en un universo sexual y de deseo en el que no cuentan los parámetros del deseo heterosexual. A hombres y a mujeres se nos enseña a desear cosas distintas. A los hombres se les enseña a erotizar, sobre todo, la juventud y la belleza: los hombres desean mujeres jóvenes y bellas. A las mujeres se les enseña a erotizar otros factores. Por eso las mujeres a partir de los 40 se vuelven invisibles para los hombres, mientras que eso no ocurre a la inversa. Por eso las mujeres son capaces de encontrar atractivos a hombres mayores, de edades en las que las mujeres ya no cuentan sexualmente para ellos. Las lesbianas no somos mujeres especiales. No recibimos una socialización específica de lesbianas, sino simplemente de mujeres, y como tales miramos y somos miradas con deseo por otras mujeres.

En ese sentido, en realidad, en lo que se refiere a la mirada que los hombres proyectan sobre las mujeres, y en lo que se refiere al deseo, al cuerpo, creo que como lesbiana, mi discapacidad tiene un significado muy diferente del que puede tener para una mujer heterosexual. Monique Wittig afirma que las lesbianas no son mujeres. Con esto quiere decir que el término “mujer” solo tiene sentido en relación al término “hombre”, y al estar las lesbianas fuera del sistema heterosexual, es en ese sentido en el que, desde luego, no somos mujeres. Y aun se podría llevar ese discurso más allá y decir que en una sociedad patriarcal todas las mujeres somos discapacitadas en algún momento de nuestra vida: es decir invisibles, es decir poco valiosas, es decir no deseadas: mujeres mayores, mujeres “feas”, mujeres distintas…(obesas, discapacitadas, enfermas…) Todas ellas en algún momento de sus vidas viven sus cuerpos como invisibles para el deseo, como objeto de burla o de vergüenza, como poco valiosos, como no deseables. ¿Qué hace una mujer de 65 años activa sexualmente que le gusten los hombres? ¿Dónde va? Si esa mujer fuera lesbiana no tendría mayores problemas, no tendría muchos más problemas para ligar de los que podía tener de joven. ¿Y que hace una mujer avergonzada de su celulitis aparte de intentar combatirla, de desnudarse a oscuras, de no sentirse feliz con ella misma?¿Qué diferencia hay entre una mujer avergonzada de su cuerpo y una mujer con una discapacidad que se sienta no deseada? Las dos están en el mismo punto en realidad. No se trata de que al ser lesbiana desaparezcan los problemas del cuerpo, es que éstos son reflejo de la falta de autoestima, de la falta de control y de la falta de poder sobre nosotras mismas y el entorno; cuando una mujer se desheterosexualiza se empodera y cuando una mujer se empodera cambia, incluso corporalmente porque la mirada que se le dirige ya no puede ser de dominación.

Y para terminar vuelvo al principio, simplemente a repetir que todos estos discursos, género, sexualidad, capacidad, están tan conectados que estaremos equivocadas si pretendemos ocuparnos sólo de uno de ellos. 



Son distintos pero son al mismo tiempo el mismo y como tal hay que combatirlos.

Revista Andaina. Monográfico “Cuerpos de mujer”—Octubre 2007
Textos extraídos de:beatrizgimeno.es ,

martes, 19 de noviembre de 2013

¿LA ROMPEHOGARES?



¿Cómo se llama ese hombre que no tiene compromisos afectivos ni familiares, que se mete con una mujer casada para sacarla de su rutina y darle ese poco de pasión y romance que ella tanto anhela en sus mañanas de dueña de casa?

No tenemos nombre para eso, pero si lo hace una mujer, ella es una “rompehogares”, así, sin separación de las palabras, sin siquiera un guión. Así como vomitado desde lo más profundo de nuestras entrañas, indicada con el dedo: ella es la “rompehogares”.

Y yo me pregunto, ¿quién le puso una escopeta en la espalda a ese pobre hombre "comprometido" o casado para fijarse en ella? Y no sólo para fijarse, si no para desarrollar una relación afectiva o incluso meramente sexual con ella? ¡Nadie pues señora!

Y entonces la señora ofuscada, dolida, herida en su ego y su autoestima, va corriendo a agarrarse de las mechas con la "rompehogares", a enrostrarle que es una puta, una insensible, una mala persona. Que ha tenido el descaro y la crueldad de robarle a su marido, alejar a sus hijos de su padre y romper ese hogar que con tanto esfuerzo han construido juntos por años. Otra cosa es la amistad.... hay entran otros elementos en juego

Yo le digo a la señora: vaya usted a echarle los perros a su compañero antes que a la rompehogares, mire que los hogares los rompen quienes los conforman.



¿De dónde cresta sacan esa idea de que son las mujeres las nuevas manzanas prohibidas que tientan a los pobres y débiles hombres? Esa creencia pelotuda que dice que la mujer cuando quiere y el hombre cuando puede, que el hombre siempre estará dispuesto y la que decide es la mujer. ¿Dónde la vieron? Patudos no más.




La rompehogares no existe, lo que existe son hombres cobardes que se gorrean a sus mujeres y después se sacan los pillos diciendo que no fue su culpa, que la tentación fue más fuerte. 


Caballero, si va a tener sucursales, hágala bien hecha, sea sincero. Asuma.

La rompehogares no existe, pero sí existen las mujeres machistas, y pucha que son hartas. Que justifican la conducta infiel masculina como parte de su genética. Déjeme decirle señora, que el ser humano es de naturaleza polígama, y que en nuestro mar de convenciones sociales arbitrarias, hemos concebido la monogamia como una forma de controlar nuestra sociedad, pero la verdad es que usted también es propensa a mirar para el lado, pero a diferencia de su compañero, usted ha decidido frenar su pulsión natural y ha decidido ser fiel. Porque seamos serios, la fidelidad es una cuestión de decisiones, no de amor.




Y señora, con el que usted debe ajustar cuentas es con su compañero, no con la "caliente" de turno. Ir a la pelea con “la otra” no va a mejorar su relación –si es que en verdad le interesa mejorarla- y la verdad sólo le hará aún peor a su autoestima; porque si hay algo peor que enterarte de que te ponen los cuernos con una mejor que tú, es enterarte de que te ponen los cuernos con una que no te alcanza. Eso señora, eso sí que es triste.


**Columna publicada en Diario Publimetro el 7 de septiembre de 2011.

lunes, 18 de noviembre de 2013

ENSEÑAR LAS VERGÜENZAS...


Me enseñaron la vergüenza...




Me enseñaron a avergonzarme de mi cuerpo, de mis actos, de mis pensamientos.
Me enseñaron que lo que pienso es absurdo, que lo que hago es ridículo, que lo que deseo es sucio.


Y aprendí a no decir lo que pensaba, por vergüenza de que alguien a mi alrededor pensara algo mejor.
Y aprendí a no hacer lo que me apetecía, por vergüenza de que alguien a mi alrededor creyera que era inoportuno.
Y aprendí a no perseguir lo que deseaba, por vergüenza de que alguien a mi alrededor opinara que era inapropiado.

No contenta con someterme a la mirada externa, me plegué también a la vergüenza ajena.

Y aprendí a preguntarle a la vergüenza cómo vestirme, no vaya a ser que alguien pensara que voy buscando gustar, destacar. Y aprendí a escuchar a la vergüenza al desnudarme, no vaya a ser que me sintiera cómoda en mi cuerpo, y me acostumbrara a enseñar(me)lo sin miedo. Y aprendí a consultar con la vergüenza antes de abrir la boca, no vaya a ser que dijera sin filtro lo que me pasa por la cabeza, y se enterara la gente.



Y dejé de bailar, de reír a carcajadas, de rascarme el culo, de preguntar lo que no entiendo, de opinar lo que pienso, de compartir lo que siento, de pedir ayuda, de ponerme faldas, de ir a la playa, de comer o llorar en la calle, de ir sin sujetador, de pintarme, de salir sin pintar, de bajar a la calle despeinada, de usar esa ropa que dicen que no me pega nada, de llamar a quien echo de menos, de tomar la iniciativa, de decir que no, de decir que sí, de quejarme, de vanagloriarme, de estar orgullosa, de admitir que estoy asustada.

Y, a base de sentirme cada día más avergonzada, entendí que mi vergüenza nunca iba a sentirse saciada. Que toda la vida iba a imponerse entre yo y mi representante impostada. Así que busqué a mi sinvergüenza interna. Y le costó salir un poco, le daba vergüenza. Pero acabó sacándome a bailar, haciéndome dúo al cantar, saliendo conmigo a la calle con la cara sin lavar, animándome a hablar, a ignorar las cosas que me deberían avergonzar...



Y ahora no tengo tiempo para sentir vergüenza. Estoy ocupada viviendo.

Texto extraído de: faktorialila.com

viernes, 15 de noviembre de 2013

FEMINISTAS Y EL SEXO

Existe la creencia popular de que las feministas somos unas mal folladas, reprimidas, que lo que necesitamos es una buena polla, etc. Es un ataque bastante común ante la idea que una feminista es una mujer fea (infollable) que odia a los hombres porque no le han dado mandaga de la buena en su vida. Esta idea es extendida también gracias a la costumbre de creer que la mujer ha de querer ser sexy, provocadora y disponible para el macho cuando el macho quiera, no cuando ella lo decida. O sea, que no es más que una pataleta de algunos que consideran a la mujer un objeto de su posesión que baila a su son.

Lamento comunicar a mis queridos detractores que esta apreciación está a años luz de la realidad. Y os voy a explicar por qué:

Las feministas somos mujeres sin complejos, que nos hemos dado cuenta que somos bellísimas tal y como somos. Por lo que en la cama somos mujeres libres que disfrutan de lo que tienen, sin preocuparse por nada más.

Las feministas nos hemos dejado de tonterías y vamos a por lo que queremos. Damos y recibimos con una igualdad placentera.
Como somos muy felices con nuestro cuerpo, nos gusta experimentar.
Como nos hemos quitado de la cabeza eso de que hemos de ser sumisas y en disposición del hombre, tomamos la iniciativa, pedimos y buscamos.
Como somos mujeres libres, escogemos a hombres y mujeres libres que dan la talla mejor que los que aún piensan que somos sus juguetes.

Las feministas somos mujeres más que bellas o atractivas físicamente. Somos mujeres que vivimos plenamente nuestra condición y eso, queridos míos, nos hace atractivas, mucho, no sabeis cuánto. Lo que hace que liguemos pero eso sí, con hombres o mujeres excepcionales. Es otra pantalla del videojuego a la que no todas y todos llegan.
Y si no hay hombre o mujer, podemos tener maravillosos orgasmos nosotras solas, porque no le vemos ni un pero a la masturbación.
Pero claro, como siempre digo, una mujer libre es peligrosa y todos los que esconden su masculinidad criticando a una feminista, en realidad sólo buscan cortar su libertad para que siga siendo su esclava. Son personas que entienden la vida por estratos: líderes y sometidos, en los que ellos, por supuesto, son los “líderes”.

Y es que queridos y queridas enemigos y enemigas de esa palabra que no comprendéis, las feministas tenemos una vida sexual más plena porque somos mujeres libres, ¿ O no?


Para amar a una mujer LIBERTARIA se necesita gallardía y coraje y una sobre dosis de importaculismo ,porque sepan bien que a las libertarias la sociedad siempre las sataniza , las estigmatiza y les ponen todo tipo de rótulos desde el mas popular como es el rotulo de "puta",pasando por rótulos como "amargada" , "insolente" "inadaptada" "problemática" y no falta quien se escuda en su moral para roturarla. Así que oigan muy bien una LIBERTARIA es una mujer para amar sin prejuicios , sin juicios de valor, sin cadenas ,SIN MENTIRAS, con toda ella, a una libertaria la amas completa o mejor no la ames porque ella no puede con la tibieza de un amor mediocre una libertaria exigirá siempre el calor de un amor autentico 

(Mar Candela -ideologa feminismo artesanal)





Texto extraído de: mujerteniasqueser