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jueves, 28 de mayo de 2015

CARTA ABIERTA A LOS FABRICANTES DE BRAGAS: ¡!NOS TENÉIS HASTA EL COÑO!!





Las mujeres tenemos un problema, tenemos un problema serio con nuestra ropa interior y no estamos haciendo nada para solucionarlo. Si la gente que tiene almorranas o los niños de 12 años que todavía se mean encima ya tienen soluciones a sus penurias…

Señor al que le escuece el ojete pero lo lleva muy bien, nos sonríe, aunque me preocupa su postura y no verle las manos.

¿Por qué nosotras no vamos a poder quejarnos de una puta vez de algo que sufrimos cada día?

Las bragas están mal hechas, muy mal hechas.

Por eso me he lanzado a escribir este comunicado a los fabricantes de bragas del mundo, porque probablemente no lo hagan con maldad, puede que sea simple ignorancia. Pero esa ignorancia a nosotras nos está costando demasiados escozores a lo largo de la vida. Así que allá vamos:

1) Lo bonita que es una braga tiende a ser inversamente proporcional a lo cómoda que es


Es el mismo tipo de ejemplo que Barney Stinson ponía para relacionar lo buena y lo loca que estaba una tía, solo que ahorrándonos la parte de las conspiraciones sexistas de bar.

Ella le mira sabiendo que lo que dice es una idiotez, mientras se saca su precioso culotte de encaje del H&M del culo.

Por alguna razón que los investigadores de Código Nuevo no han conseguido averiguar, las bragas de encaje o puntilla suelen estar fabricadas con tejidos bellos y ornamentados pero cuya base es el estropajo o el esparto. Cuanto más adornada y detallada sea la tela de esa braga más cortantes serán sus filos floreados.

Por sacarle partido a este tejido tan hostil hacia nuestras partes íntimas proponemos utilizarlas a modo defensivo en caso de ser agredidas por algún maleante: un acertado lanzamiento a los ojos del agresor con unas bragas de encaje puede causarle un desprendimiento de córnea que nos permitirá huir en busca de refuerzos.

2) Cualquier tipo de braga puede transformarse y se transformará en tanga


No te gustan los tangas, no te gusta la sensación de tener algo metiéndose por el culo todo el día, por lo que presupones que no comprando tangas todo está solucionado, ¿no? Pues esta afirmación que parece tan lógica es muy errónea, cualquier tipo de braga puede y probablemente acabará siendo un tanga.
A cada paso la braga va perdiendo su identidad original y se va ‘tanguizando’, perdiéndose en el culo de su portadora.

Da igual que te comprases un culotte, una braga brasileña o una braga faja del tamaño de una lona de camión: todas las bragas acaban metiéndose por el culo. Y si solo es eso te puedes dar por contenta, porque cuando la violación de la ropa interior empieza a pasarse a la zona frontal las cosas empiezan a ponerse muy chungas.

3) Los fabricantes de bragas no saben dónde tenemos el juju


Hace años me encontré con este maravilloso post en Internet que explica a la perfección este problema. El chochero (por lo visto así lo han bautizado en las calles) es una tela superpuesta en el interior de la braga que tiene la función de asegurar y reforzar el área de recepción de ciertos fluidos, lo que debería darnos un plus de seguridad a la hora de no manchar los pantalones de flujo, etc. Lo jodido es que el chochero queda localizado en tierra de nadie, en un sinsentido. Al chochero le faltan 2 cm. por delante para llegar a cumplir el propósito por el que nació, y si no lo tenéis claro pensad en dónde os colocáis vosotras el salvaslip o mirad estafoto tan gráfica.

1 – Área de impacto de fluidos.

4) ¿Quién coño talla las bragas y por qué nos odia?


Sé que antes he dicho que pensaba que los fallos en el tema del diseño y la falta de practicidad de las bragas eran una cuestión de ignorancia y no de maldad, pero con el tema del tallaje estoy convencida de que solo puede haber una mente perversa y misógina partiendo el bacalao.

De media, si una mujer quiere adquirir una braga que se ajuste a su tamaño corporal deberá subir una o dos tallas su talla habitual de pantalón, está comprobado. Por cuestiones de higiene y para complicarnos aún más la elección de una braga que nos resulte cómoda, las bragas no se pueden ni probar ni cambiar. Si quieres minimizar el riesgo de quedarte estéril o cauterizarte el clítoris por fricción, no lo dudes, cuando compres bragas tira siempre por lo alto.

Las bragas no se pueden devolver ni cambiar, y eso lo sabe hasta la gente que no sabe escribir.


Y mientras los fabricantes de ropa interior femenina siguen ignorando las necesidades del mercado y millones de mujeres decidan seguir fieles al uso de ropa interior desligándose de revolucionarias de la frescura púbica como Aida Nizar o Paris Hilton, seguiremos desincrustándonos las bragas del culo cuando pensemos que nadie mira.



Crédito de la imagen: Instgram de Miley Cyrus

Texto extraído de: codigonuevo.com

martes, 26 de mayo de 2015

EN SERIO. ¿ESTÁIS BIEN?



Lo pregunto de verdad. A las que no vais a las manis, a las que decís que no sentís la desigualdad, a las que consideráis que no hace falta el feminismo... ¿estáis bien? Porque yo no.

Me da miedo ser un día una de esas europeas de cada tres que va a ser violada o agredida a lo largo de su vida. Me da miedo haberlo sido ya y no haberme dado cuenta. Me da miedo no dejar nunca de tener miedo.

Me asusta no saber qué hacer con la maternidad. Decidirme por ella porque me lo imponen, renunciar a ella porque creo que me la imponen. Hacerlo bien y reproducirme reproduciendo lo que me han enseñado a ser, hacerlo mal porque no sé ni ser lo que me han enseñado a ser.

Me preocupa no saber querer. Me preocupa necesitar que me quieran. Me preocupa olvidarme de todo lo que digo cuando alguien me diga que me quiere, o con tal de que me digan que me quieren.


Me da miedo obedecer. Me da miedo desobedecer.


Me asusta no llegar nunca a ser la mujer que quiero ser. Me asusta más llegar a ser la mujer que quieren que sea. Y veo a mujeres que dicen que no sienten la desigualdad y me gustaría ser como ellas. Y busco a hombres que les gusten las mujeres como yo, y no los encuentro. E intento ser una mujer como las que les gustan y no me gusto. Y me paso la vida en ese intento de querer gustar o gustarme y me veo obedeciendo y desobedeciéndome y me gusto cada vez menos.

En serio, ¿estáis bien? Os lo pregunto a las que váis a las manis, a las que decís que sentís la desigualdad, a las que consideráis que hace falta el feminismo.
¿Qué hacéis con el miedo, con la rabia, con la tristeza, con el cansancio de pelear cada día con un mundo que no está hecho para mujeres como nosotras?

Yo quiero estar bien. Pero para eso necesito un mundo que me deje ser libre. Y que no me obligue a ser valiente u obediente.
Y para eso, os necesito a todas. A las que no estáis bien y a las que creéis que sí.


 Que llenemos la calle de gritos y de risas, de desobediencias pequeñas que, juntas, se hagan grandes. Necesito que reconozcamos que no estamos bien. Necesito que entendamos -y hagamos entender- que, por encima de todo, tenemos un derecho: el derecho a estar bien.

Venga, vamos a la calle. A gritar, a reírnos, a desobeceder.



Texto extraído de: www.faktorialila.com