Estamos dando una nueva imagen al blog.

Disculpa las posibles molestias que esto pueda causarte. Danos tu opinión sobre el nuevo diseño.
Nos será de gran ayuda.
Gracias.
Mostrando entradas con la etiqueta Juguetes eróticos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juguetes eróticos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de diciembre de 2015

¡¡HAY QUE TENER BOLAS!!...




Por: Venus O’Hara

Ahí estaba en el supermercado, haciendo cola en la caja para pagar, y justo cuando por fin me tocaba a mí, el hombre que estaba detrás tuvo la audacia de pedirme si podía pasar delante, ya que solo llevaba una botella de agua. Pues sí que me importa, pensé, aunque no podía explicarle el motivo, porque en aquel momento estaba haciendo la prueba de unas bolas chinas y sentí que se me habían empezado a caer en la sección de lácteos, y por muchos ejercicios de Kegel que hice durante la compra, una vez en la caja y a punto de pagar, ya fue demasiado tarde: me sentía como una gallina a punto de poner un huevo.

En aquel momento, lo único que deseaba era salir de ahí cuanto antes para arreglar la situación. Entonces, le expliqué que tenía mucha prisa y, mientras puse mi compra en las bolsas de plástico, noté las bolas chinas que llevaba, caer todavía más: sentí paranoia de que se salieran del todo (iba a parecer que tenía un paquete dentro de mis vaqueros).


Venus O'Hara por Lourdes Ribas Imagen del libro 'Inglés para pervertidos'.

Las bolas chinas son ideales para practicar los ejercicios de Kegel, que son recomendados para evitar alteraciones comunes como la incontinencia urinaria o también para facilitar el parto (y para tonificar, en el postparto). Además, ayudan a conseguir mayor placer sexual. Son ideales para mujeres de todas las edades.


Tuve que recordar estos beneficios a la hora de introducirlas, porque la experiencia no fue nada placentera al principio (colocarlas resulta bastante más complicado que ponerse un tampón). La manera más fácil de hacerlo es tumbada, pero antes es importante lavarlas muy bien, y ponerles un poco de lubricante para facilitar el proceso.
Una vez dentro, la sensación es un poco extraña al principio, pero con la práctica, es cada vez más agradable. según mi experiencia. No vale estar sentada, hay que estar de pie para que la gravedad haga su trabajo. Recomiendo probarlas en casa antes de salir a la calle con las bolas puestas, por si pasa lo que me ocurrió en el supermercado. Gracias a las bolas chinas, tareas domesticas como barrer, pasar la aspiradora y lavar los platos, de repente se vuelven más divertidas. Pero a la hora de orinar, es importante sujetar la cuerda por si caen en el inodoro de repente...

Aquella tarde en el supermercado, no pude evitar sentirme decepcionada porque pensaba que quizás mi suelo pélvico no era tan fuerte como pensaba y después de varias pruebas de muchos tipos de bolas chinas, en cuanto a formas y pesos, personalmente tengo preferencia por las que son más pequeñas y pesadas, ya que son las más cómodas de introducir, llevar y sacar. Además si las puedo llevar fuera de casa, sin caerse, no solo es un reto sino que es el doble de satisfactorio saber que puedo aguantar el peso.
Aquí os presento las mejores que he probado recientemente:




'Ami Je Joue'.

El Ami deJeJoue ayuda de una manera eficaz a mejorar el suelo pélvico de forma progresiva, gracias al pack de tres bolas de pesos distintos.

Ami 1 es una bola grande y ligera que pesa 47gramos: ideal para empezar o si estás fuera de práctica.

Ami 2 es una doble bola de tamaño mediano que pesa 78 gramos: ideal para usar cuando la primera ya no es un reto.

Ami 3 es una pequeña doblebola que pesa 106 gramos, pensada para las mujeres que tienen mucha experiencia con las bolas chinas. Me encanta esta por su forma y tengo la sensación de que realmente estoy trabajando la zona, al pesar tanto (y es la que llevo puesto mientras escribo esto).


'Fifty Shades of Grey'.

Las Silicone Pleasure Balls son unas bolas chinas de la colección oficial de juguetes eróticos de Cincuenta sombras de Grey. Pesan 64 gramos y están recubiertas por una funda de silicona negra con esferas interiores de plástico en color plateado (incluyen una bolsita en tejido satinado). En la misma colección también están estas bolas chinas metálicas con un peso total de 190 gramos y anilla con la inscripción Fifty Shades of Grey. Son un reto incluso para las que tienen mucha experiencia con las bolas chinas.

Fun Factory

Las Smartballs de Fun Factory han sido recomendadas por matronas y médicos desde que comenzaron a venderse en farmacias europeas en los años 90. ElSmartball uno pesa 36 gramos, es ideal para mujeres que quieren empezar el entrenamiento con poco peso. Los Smartballs Duo pesan 72 gramos y son ideales para mujeres que ya han entrenado con el Smartball uno y quieren avanzar.


'Lelo Luna Noir'.

Una edición especial, con el mismo concepto de sus hermanas Lelo Luna, se presenta en exclusivo tono negro brillante. Se compone de una correa de cuerda y dos esferas de 3 centímetros, con un peso combinado de 72 gramos. Incluye una bolsa de satén para guardarlas, además de una caja discreta. Muy fácil de utilizar por su pequeño tamaño.

¿Cuál es tu experiencia con las bolas chinas?



Texto extraído de: eros

jueves, 13 de marzo de 2014

CONTRA LOS MITOS DEL SEXO ANAL....

Por Tatiana Escobar Casares


Da igual cuándo y dónde se haya nacido: si usted es terrícola, seguro que alguna vez habrá oído aquello de que “el sexo anal sólo le interesa a los hombres”. O tal vez expresado en otra de sus cizañeras encarnaciones: ¿Por qué a los hombres les interesa tanto el sexo anal?

El cliché encubre en sí mismo algunos de los mitos más frecuentes que circulan, de generación en generación y de un país a otro, en torno a él. Tal como los enuncia la gurú del tema, Tristan Taormino, en The Ultimate Guide to Anal Sex for Women:


- Sólo las prostitutas, los pervertidos y los frikis practican sexo anal
- Sólo los hombres gay tienen sexo anal
- Los hombres heterosexuales a los que les gusta son en verdad gays
- A las mujeres no les gusta.

El disfrute y la práctica del sexo anal no tienen distinciones de sexo, orientación sexual, edad, profesión, clase social, edad o religión. Los guardianes de la moral se han encargado de convertirlo en un tabú, de perseguirlo criminalmente, de fomentar la desinformación o de estigmatizar moralmente a quienes lo practican.

También lo hicieron con la masturbación, con el sexo oral y con la homosexualidad, porque a los guardianes de la moral les encanta legislar en “los dormitorios de la nación”, que decía Pierre Elliot Trudeau.



Si estamos ante el último tabú de la vieja guardia, ya va siendo hora de que pasemos a las armas. Por mi parte, nunca desperdicio una oportunidad para decir alto y claro que se trata de una práctica tan común como la masturbación o el sexo oral. Y para muchas y muchos, es incluso mejor.



Volvamos a los mitos. El sexo anal no es un patrimonio exclusivo de los gays. A pesar de lo que se cree comúnmente, se estima que sólo la mitad de los hombres gays lo han probado y menos del 30 por ciento lo practican regularmente, según datos del Dr. Jack Morin, uno de los más respetados expertos en la materia -su libroAnal Pleasure & Health fue un auténtico pionero y está considerado como "la biblia de la salud anal"- y de The Kinsey Institute New Report on Sex de June Reinisch y Ruth Beasley. De hecho, no hay pruebas o evidencias que demuestren que un grupo social en particular definido por su género y orientación sexual practiquen más sexo anal que otro.


El hecho de que a un hombre heterosexual le guste el sexo anal (tanto penetrar como ser penetrado) no esconde represiones de una orientación sexual encubierta, ni deseos ocultos. A millones de hombres les encanta recibir estimulación anal, con besos, caricias, lenguas, dedos o juguetes eróticos. 

El sexo anal “bien hecho” no sólo no duele sino que se siente rico. Rico no, riquísimo. Además, desata fantasías y sensaciones maravillosas de entrega, sumisión y dominación. Pero, aunque produce unos orgasmos de órdago, no es capaz de cambiar la orientación sexual de una persona.

Este mito, alimentado por la homofobia y por las falsas creencias en torno al sexo anal, sigue impidiendo que muchos hombres heterosexuales exploren su sexualidad anal a solas o en pareja. Del mismo modo que el sexo anal “mal hecho” alimenta el mito de que debe doler y sirve de excusa a muchas personas para negarse a intentarlo.

He perdido la cuenta de las ocasiones en que he escuchado, de clientas y amigas, una historia que se repite con estas variantes: estoy esperando que aparezca la persona que lo merezca… lo haré sólo para que deje de insistirme… se lo regalaré si se casa conmigo… sé que me dolerá, pero lo haré por él: no iniciados, nerviosos y presionados por sus amantes o parejas acceden a practicar sexo anal.
El resultado es rara vez feliz y cuando te lo cuentan parece que sonara de fondo música de película de terror: la pareja se lo ha pasado en grande y a ellos les duele. Lo dicen o se callan, pero desde luego se niegan a volver a intentarlo. Y si lo intentan de nuevo, será siempre bajo la presión de la pareja de turno y con un miedo al dolor que en nada propicia la dilatación.



La aparición en sociedad de la mujer que disfruta del sexo anal –curiosa y ávida por iniciarse, atenta a descubrir nuevas técnicas y juguetes, la que lo pide abiertamente y con frecuencia, la que lo disfruta aún más que la penetración vaginal– es un fenómeno más bien reciente, que al parecer no ha sido suficientemente publicitado y cuya visibilidad merece todo nuestro esfuerzo.
Curiosamente, quienes sí van ganando visibilidad desde hace unos años son las mujeres que practican el “Date la vuelta, Paco, que me pongo yo”. En inglés, a esta práctica se le conoce recientemente como Bend Over Boyfriend o Pegging, término ganador del concurso propuesto por el consejero sexual Dan Savage para buscarle nombre al asunto.

Da gusto verles llegar en pareja a la boutique erótica: alegres, decididos y ya emocionados ante la idea de adquirir un arnés y un dildo para que ella lo use con él.


Llevo años viéndolo y todavía me alegra el día. En esta pareja ni ella se siente violentada por usar un pene de quita-y-pon, ni él se siente vulnerable o súbitamente marica por desear ser penetrado con un dildo… al fin y al cabo, al otro lado de la silicona está la mujer que desea y que es cómplice de sus deseos.


Ese intercambio de roles, que implica un traspaso de poder y una comunión de intimidad con el otro, es una auténtica bomba de excitación.


Y cuando se vive sin miedo y sin prejuicios, nos regala experiencias sexuales trascendentes. Esas que no sólo te alegran el día: esas que sencillamente nos vuelven mejores amantes.

Publicado en blog eros y extraído de:totamor.blogspot