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jueves, 25 de diciembre de 2014

EL PLACER AL ALCANCE DE LA BOCA...


¿Dar placer? ¿Recibir placer? La vida nos da la oportunidad de gozar de diferentes placeres. ¡Pero el placer sexual! Es genial ¿A poco no? Bien lo dijo el Dr. William H. Masters “Cuando las cosas no van bien en la cama, tampoco van bien en la sala de estar”. En esta ocasión quiero hablar del placer que podemos dar y recibir con la boca y la lengua; Sexo Oral.



El estudio realizado por Kinsey deja ver que solo la tercera parte de las mujeres en el mundo experimentan o llegan al orgasmo en sus relaciones sexuales. Por esa razón me enfocare en el sexo oral a la mujer ósea el Cunnilingus. Además reforzar esta práctica con los dedos, es una experiencia inigualable.

Por aquello de que las mujeres se les dificultan tener orgasmos, aquí una técnica que comparte , el Dr. Juan Luis Álvarez-Gayou, director y fundador del Instituto Mexicano de Sexología A.C.



También quiero poner en claro para todas las mujeres que me hagan el honor de leer éstas líneas, que ustedes tienen la misma responsabilidad que su pareja, para llegar al orgasmo. Es importante que la guíen. ¡No somos adivinos! Nos pueden capitanear. No es válido creer que solo su pareja es responsable de su placer sexual. Tanto el hombre y la mujer se tienen que hacer responsables de su propio cuerpo, de su placer. Sin dejar de tomar en cuenta a su pareja. La comunicación juega un papel muy importante.


Todas las vaginas son diferentes, por eso es importante la orientación de las mujeres, no es tan fácil tener una técnica universal para llegar al orgasmo. La autoexploración juega un papel importante. La vagina tiene 8,000 terminaciones nerviosas. Estas terminaciones están distribuidas de forma distinta en cada mujer. Lo desigual de las vaginas lo plasmo en una obra el artista plástico británico, Jamie McCartney. Fueron 400 mujeres entre los 18 y 76 años que posaron para él artista. Así dio vida a su proyecto “El gran Muro de la Vagina”. Las modelos son madres e hijas, gemelas, transexuales, mujeres antes y después de dar a luz y otras antes y después de someterse a una labioplastia. El escultor busca con su obra combatir el incremento de las cirugías estéticas en los genitales femeninos. En lo personal pienso igual que McCartney, no hay vaginas feas.






También consideremos que existen ciertos mitos o tabúes. En ocasiones he escuchado en terapia que muchas mujeres no hacen o se dejan hacer sexo oral. Porque creen que eso solo lo hacen las prostitutas, es pecaminoso o inmoral. Disfrutar con el cuerpo de tu pareja y provocar su disfrute de diferentes formas es un derecho que tenemos todas las personas, y nada tiene que ver con el ejercicio de la prostitución. Además desde el concepto de ética de la sexología, no es inmoral aquello que se hace entre personas adultas, que realizan actividades sexuales de mutuo acuerdo.


Otra cosa que nos puede detener para disfrutar del sexo oral es la creencia de que es sucio y antihigiénico. Es verdad que se transmiten diferentes microorganismos, pero en ocasiones los transmitimos más en besos apasionados y profundos. Claro que el aseo personal es importante, lo mejor sería un baño antes, pero si las circunstancias o el tiempo no lo permiten una escapadita rápida, con un baño vaquero, podría dar más seguridad para practicarlo.

La alimentación influye en el sabor de los fluidos corporales. Así es: los alimentos que consumimos influyen en el gusto del semen y fluidos vaginales. Para lograr un sabor más agradable y que ambos puedan disfrutar a la hora del sexo oral, se recomienda beber mucha agua y reducir el consumo de café y alcohol; alimentarse de frutas cítricas y especialmente frutas naturalmente dulces como melón, mango y manzana; y evitar los alimentos picantes, ajo y cebolla. Aunque creo que existen gustos para todo. El sabor de la vagina puede ser exquisito.


Gracias a los estudios de Masters y Johnson conocemos que existen, 4 fases en la respuesta sexual humana:
- Excitación.
- Meseta.
- Orgasmo.
- Resolución.

En el hombre y la mujer varían de forma importante. En tiempos y duración. Ellas tardan más para llegar a la fase de excitación, especialmente al orgasmo. De unos 15 a 20 minutos en promedio. Pero con el sexo oral, ese tiempo se reduce, a veces de forma sorprendente.



El intercambio sexual o hacer el amor tiene muchos beneficios en nuestra salud. El sexo oral es solo una de sus variantes.

Un estudio realizado por el doctor Adrián Jaime en la Universidad de Harvard en LifeStyle Medicine, determinó que el sexo y el orgasmo pueden mejorar la capacidad respiratoria, beneficiar el sistema cardiovascular, contrarrestar la depresión y la ansiedad, aliviar dolores, proporcionar flexibilidad, fuerza y tono muscular; disminuir los síntomas asociados a la menstruación, la artritis y la osteoporosis y generar beneficios psíquicos. – El proceso se logra debido a que en el acto sexual son liberadas una serie de sustancias bioquímicas que favorecen las posibilidades de lograr una vida más larga y saludable- explico el especialista.
Es posible que quienes tienen sexo regularmente, prolonguen sus vidas hasta en 10 años.
El lubricante natural de la vaginal contiene escualeno, una sustancia que existe en el hígado del tiburón. Éste compuesto orgánico forma parte de nuestros tejidos. Su acción beneficiosa sobre las células lo convierte en un gran antioxidante, fortalece nuestro sistema inmune y reduce el colesterol malo.

También se ha comprobado el aumento de la creatividad, especialmente en las mujeres.

Tomemos en cuenta que debemos identificar, las partes de la vagina. Especialmente el clítoris y el misterioso punto G; con la ayuda de nuestros dedos. Éste punto G es un tejido que se encuentra en la pared frontal de la vagina, a aproximadamente cinco centímetros de su entrada. Es considerado el foco de la máxima excitación en la mujer, siendo su tamaño como el de un frijol. Aquí tienes unas imágenes que te puede aportar al respecto. Recuerda que es importante tener limpias las manos, la vagina es una parte sensible. Siempre es mejor tener las uñas cortas, para evitar dañarla y por higiene.

Existe la eyaculación femenina y también es normal no tenerla. Comento esto porque puede pasar al realizar un buen sexo oral y es importante considerarlo para que no, nos sorprenda en caso de que se suceda; esto será tema de otro texto.


Al final de éste párrafo, te encontraras un relato que realice, con la intención de que te des una idea. Recuerda que es importante la imaginación y dejar fuera toda clase de prejuicios para que ese momento sea una experiencia sin igual. Una amiga me comento – Encontrar alguien que te penetre es muy fácil, pero encontrar a alguien que te haga un buen sexo oral es un tesoro- . También toma en cuenta que “el sitio español de citas extramatrimoniales Victoria Milan, publicó una encuesta para detectar los errores sexuales masculinos que inducen a la infidelidad femenina. Arrojo que el 68 por ciento de las 4 mil encuestadas, aseguraron que son infieles debido, en gran parte, a la falta de buen sexo con su pareja”.

Empecemos…





La habitación huele a deseo. La observo, disfruto tanto verla vestida. Nuestras miradas se cruzan, el apetito de sentir nuestros labios se hace presente. Me abalanzo hacia tu cuerpo. Te tomo de la cintura y subo mis brazos lentamente, sin perder de vista el brillo de su iris. Apenas rozo por los costados tus pechos. Huelo la respiración. Mis manos llegan al cuello. La acerco hacia mí. Apenas la beso, me doy el tiempo de disfrutar los pliegues de sus labios color carmín. Patinan mis besos hacia su cuello. Se deslizan a la oreja, me detengo para decirle esas palabras hermosas que se dicen los enamorados; tan despacio que apenas logran ser audibles. Se te escapa un suspiro, es recibido levemente al pasar mis dientes por tu lóbulo. Te volteo para disfrutar de tu espalda. Junto mi cuerpo al tuyo. Mi nariz se pierde en ese cabello color azabache. Mis dientes encuentran el cuello, beso la nuca. Al tiempo que mis manos desde las caderas suben a los pechos. Tus pezones erguidos, sobresalen del brasier. Mi pulgar y mi índice apenas los tocan. Muero por arrancarte la ropa. Espero a que hagas el primer movimiento.

Te desabrochas el primer botón de la blusa. ¡La señal que tanto anhelaba! La cargo, aprisiona mi cintura con las piernas. Me envenena el oído con palabras dulces. Apenas escucho – hazme el amor -. La sangre me hierve, su saliva me paraliza. Quisiera Ipso facto rasgarte la ropa y penetrarte. Como diría Cerati – Estoy desesperado, soy tan vulnerable a su amor-. Pero debo alinearme a tu ritmo, a tu respiración. Tu espalda en la cama. Por fin desnudamos tu torso. Beso tus pechos. Siento como los pulmones se empiezan acelerar. Bajo a tu abdomen y con la punta de mi lengua, trazo una línea perfecta en tu costado. La piel se eriza. Tomas mi cabeza y la empujas hacia tu sexo. Por un momento me resisto, insistes y cedo. Me escabullo hasta tus rodillas. Las acerco a mis orejas. Resbalo mis manos bajo tu falda. Toco la orilla de tu ropa interior y la jalo casi al inicio de tus pompis, previniendo mis siguientes movimientos. De forma espontánea, alzas las caderas. Mi cara se precipita hacia tu sexo, resbalando mis dedos por tus muslos. La obscuridad de la falda apenas deja ver tu ropa interior; con mis dientes la jalo. Te las quito, el movimiento desprende tu olor. Te respiro y se enloquecen mis glándulas salivales. Esconderme bajo tu falda, nos envuelve en un toque de misterio. Beso tu entrepierna, entre abro la boca y con mis dientes apenas te rasguño. Con la punta de mi nariz rozo tus labios vaginales. Siento tu calor, respiro y te soplo despacio. Siento como contraes tu vagina. Tus manos aprietan con fuerza mi espalda. Te quitas la falda y mis manos te acarician los pechos. Nuestras miradas se cruzan.

Llego a tu sexo y con mis dedos abro tus labios. Se asoma erguido tu clítoris; mojo mi pulgar y lo toca suavemente en movimientos circulares. Saco mi lengua y la presiono sobre tu perineo; la subo hasta la entrada de la vagina. Bajo y subo, se escapan sonidos acompañados de lentos rasguños en mi espalda. Separo tus labios con la punta de la lengua. Los exploro, los hago míos. Abres más tus piernas. Mis manos disfrutan de tus pezones y me acaricia tu respiración entrecortada. Meto mi lengua en tu vagina, siento tu calor, tu sabor y tu esencia me seduce. Tu clítoris se asoma reclamando mi ausencia. Mi boca succiona tus labios, despacio zigzagueo mi lengua. Tus flujos vaginales hacen su entrada, los veo. Mi lengua se vuelve un pincel, alrededor de tu clítoris realizo un círculo, casi perfecto como el de Leonardo Da Vinci, rápido y en un solo movimiento. Aprietas tus pompis. Presiono y acaricio tus pechos firmes y redondos. Regreso al perineo y lo beso con desesperación. Alzas las caderas y acomodo la almohada debajo, para tenerte más cerca de mí. Entra y sale mi lengua de la vagina. Me tomas la mano y la llevas a tu clítoris, me resisto, lo empiezo a besar; siento su dureza en mis labios. El dedo de en medio hace el arribo a tu vagina. Alzas tu cadera y empiezas a retorcerte. Se agrega mi dedo índice a la fiesta. La fuerza de tus manos, presionan mis labios en tu clítoris; las vocales se hacen presente en la punta de mi lengua. Sonidos involuntarios escapan de tu boca. Mis dedos entran y salen a veces rápido a veces lento. Toco tu punto. Lo exploro. Saltas y cierras las piernas. Las abres, tus fluidos fluyen. La temperatura aumenta. Quito mis dedos y te penetro con mi lengua en varias ocasiones. Exploro desesperado tus labios, los muerdo y tus fluidos se mezclan con mi saliva. Tomas mi nuca y la subes a tu clítoris; mi lengua y labios juegan con él. Mis dedos regresan a tu punto. Movimientos circulares lo envuelven. Intercalo rapidez con dureza, lentitud con delicadeza. Disfruto la suavidad de tu vagina. Con mi otra mano no dejo de acariciarte los pechos.

Succiono tu clítoris y mis movimientos con los dedos aumentan, siento tu humedad. El sudor recorre tu piel. Te empiezan a temblar las piernas.



Con tus manos me presionas la cabeza, con jalones de cabello. Tu cara voltea para todos lados desesperada. La humedad, desliza mis dedos como peces en el agua. Tu clítoris fue secuestrado por mi boca. Me ves. Tus pupilas dilatadas, sorprendidas gritan mi nombre. Se escapan palabras entrecortadas. El corazón se desborda. Gemidos y gritos nos envuelven. En un instante los músculos se tensan y rasguñas el cielo. Un suspiro profundo acompaña una posible tranquilidad. Saco mis dedos. Me abrazas. Beso tus pechos sensibles. Relajas el cuerpo. Despacio regreso a tu sexo. Ahora succiono tus labios, al tiempo que regresan mis dedos a tu humedad. Sorprendida me ves con mezcla de asombro y petición. Mis labios se enfrentan a tu clítoris. Regresan las contracciones una y otra vez. ¡No puedes más! Gritas, jadeas la desesperación se apodera de ti. Saboreo tus fluidos. Me imploras que pare. Tu cuerpo se desvanece.

Me incorporo, te abrazo por la espalda. Tu respiración es tranquila y serena. Mi piel se fusiona con tu sudor. Suspiras y te beso. Descansas en mis brazos y acaricio tu cabello…



Recuerda que el sexo oral es un arte y como todo arte, la práctica hace al maestro.



Carlos Dorado

martes, 16 de diciembre de 2014

CUANDO NO ERES ESA MUJER DE LA QUE LA GENTE SE "ENAMORA"....




Me han repetido una y otra vez que el amor verdadero debería de ser mi prioridad número uno en la vida y me he visto condicionada a aceptar y creer que debo experimentar este amor, pero que todavía no estoy lista para ello. Esta es la razón por la cual tengo que cambiar constantemente, por la cual tengo que cambiar mi composición. Todo con la esperanza de que llegue alguien que me diga las palabras mágicas.
Nunca he experimentado lo que se siente cuando una persona te confiesa su amor eterno. Nunca me ha pasado que alguien haya hecho algo tan romántico por mí que haya hecho que casi me desmayara. Por mucho tiempo me causó confusión esta situación. Era una adolescente con necesidades físicas y emocionales normales.


No es que nunca me haya enamorado. Es más, me he enamoré hasta la última fibra de mi ser. Pero nunca nadie se ha enamorado de mí.
Me tomó bastante tiempo darme cuenta de la razón. Y era bastante simple, casi para reírse. Nadie se ha enamorado de mí porque no soy el tipo de mujer de la que te enamoras.

Quizás sea esa mujer que respetas, o esa mujer a la que admiras. O la mujer que te gustaría encontrar en casa cuando llegues del trabajo, esa mujer que te obliga a cuestionar perspectivas con las que has estado viviendo por años. La mujer que acaba con esas nociones preconcebidas que tienes de las cosas que te gustan, la mujer a la que miras y te preguntas ‘¿Cómo? ¿Cómo hace eso?’ La mujer que buscas cuando necesitas fuerza y apoyo, la mujer que hace que te des cuenta de lo grande que puede llegar a ser el mundo. Incluso la mujer a la que acudes cuando necesitas un consejo.

Sin embargo, no soy la mujer de la que te enamoras. No soy la chica con la que quieres pasar horas simplemente mirándola. La chica a la que tratas hacer sonreír, la chica cuyas manos quieres que estén entrelazadas con las tuyas. Esa chica que es tan bella, tan delicada, que te dan ganas de pelear contra el mundo por ella.
No soy esa mujer a la que tienes que proteger de sí misma porque no soy lo suficientemente frágil como para romperme de la nada. Estoy endurecida, y tengo cicatrices de batalla que quizás se parezcan a las tuyas. No me avergüenzo de las marcas, de las manchas y de los moretones que puedes encontrar en mi cuerpo y mi mente, son mías y son parte de mi historia. No voy caminar mansamente detrás de ti, voy a caminar contigo. Voy a empujarte tanto como me empujo a mí misma.
Esto me hace una persona difícil de amar, porque no puedes simplemente tomar mi amor y empaparte de él. No, también tendrás que ceder, y eso te costará. Eventualmente, puede que te vayas simplemente porque encontraste a una chica que te hace feliz en vez de una mujer que te haga pensar.

No soy la mujer de la que te enamoras, soy esa mujer a la que aprendes a amar.


Y me siento bien al respecto simplemente porque sé que cuando alguien me diga ‘Te amo, estoy enamorado de ti’, él sabrá exactamente lo que significan esas palabras. No serán cosas que se dicen sólo en la mañana cuando todavía estás medio dormido. Serán palabras verdaderas, y brillarán a la luz del sol. Será algo que sea reciproco y que me nutra.

Será un amor por el que valga la pena luchar.




Por Candela Duato

lunes, 8 de diciembre de 2014

CLAVES PARA DESMITIFICAR EL AMOR ROMÁNTICO Y OLVIDARSE DE PRINCESAS Y PRÍNCIPES AZULES


Por Coral Herrera



Ilustración: Nan Lawson 

En los cuentos que nos cuentan desde nuestra más tierna infancia, a los varones les enseñan tres cosas sobre el amor:

-Hay cosas más importantes en la vida que el amor romántico.
-Hay una mujer destinada a ti.
-El amor es inagotable e incondicional (como el amor de mamá).

A las mujeres nos enseñan otras tres cosas:

-No hay nada en la vida más importante que el amor romántico.
-Hay un hombre destinado a ti.
-Las mujeres nacen con un don para amar inagotable e incondicionalmente (por eso su objetivo en la vida es ser esposa y mamá).

En los cuentos que nos cuentan, a unos les lanzan un mensaje, y a las otras nos lanzan otro. Para los hombres, el mensaje principal es que el amor es eso que sucede al final de la aventura, después de haber pasado por mil situaciones diferentes, después de que el héroe ha demostrado su fuerza, su valentía, su capacidad para ganar y someter a los enemigos que le van saliendo en el camino, y a los monstruos internos que a veces le paralizan de miedo. Si logra vencerlos, será digno del amor de la Princesa Que Espera, y si fracasa, se quedará solo.

El príncipe azul sabe que vencerá porque siempre se siente querido. Las dudas de amor son para las princesas con mucho tiempo libre que gustan de atormentarse. Ellos prefieren sentirse queridos, útiles, importantes y necesarios para su país o para su comunidad. Los príncipes se saben deseados por las mujeres, respetados por sus enemigos, admirados por sus amigos, venerado por sus súbditos, y mitificados por una bella muchacha que sufre lo indecible (o que se aburre infinitamente) mientras espera la llegada de su Salvador.


Otro de los mensajes que suelen lanzarnos desde las producciones culturales es que el príncipe azul lleva consigo el amor incondicional de su madre grabado en el corazón, por eso sólo podrá ofrecerle el trono del reino a una mujer que le ame como su madre: de un modo total, sin peros, sin condiciones. Así que nosotras tenemos que sustituir a su madre y convertirnos también en madres de sus hijos e hijas, y ellos, ya saben que las madres aguantan de todo y que por muy mal que te portes, nunca dejarán de quererte.


El mensaje que nos lanzan a las mujeres es que si somos elegidas, tenemos que sentirnos inmensamente afortunadas, porque somos el grandioso premio a su heroicidad, el símbolo del triunfo masculino, el descanso del guerrero, y el botín de guerra que les pertenece por haber salvado al mundo (de las hordas de orcos, de los comunistas rusos, de los terroristas islámicos, de los alienígenas, de los indios norteamericanos, de los mafiosos italianos, de los robots inteligentes y malvados).

Las princesas, nos cuentan, tienen que ser muy pacientes, porque en casi todas las historias el amado siempre tiene mucho trabajo. Y es que por encima del amor está la misión del héroe, que es mucho más grandiosa que la princesa y que él mismo. El héroe primero sirve a la patria, y después obtendrá su recompensa por su trabajo, pero tiene que ganársela: el protagonista de los cuentos de hadas y de las películas de acción ha de demostrar que es un hombre con pleno control sobre sus emociones y mucha “sangre fría” para actuar. Tiene que olvidarse de su tierno corazoncito para matar, aniquilar y destruir al enemigo. Tiene que demostrar que es duro como una piedra, que ejecuta órdenes con la fidelidad de un robot, que es capaz de aguantar el cansancio, el hambre, el dolor de las heridas, el sueño acumulado y todo lo que le echen encima. El premio a sus sacrificios es la princesa que espera en su castillo, les dicen a los niños.



A las niñas les lanzan este mensaje: para la princesa el amor sí es lo más importante, porque la liberará de su encierro o su desgracia. Ella ama el amor porque cree que su vida mejorará, y porque no le han enseñado a pensar en otra cosa que en casarse y cumplir lo que se espera de ella: ser una mujer eternamente agradecida y entregada a su Salvador con absoluta devoción.

Los príncipes han de esforzarse mucho para obtener su recompensa, las princesas sólo tienen que aguantar, esperar, y ser pacientes para que nos amen para siempre. Y esperar solas, claro, sin rivales alrededor.

No es casualidad que las princesas siempre estén solas y desprotegidas, a merced de las circunstancias, y soñando con que alguien se encargue de ella. Nunca tiene un plan propio para escapar del encierro, ni redes de solidaridad y afecto que le ayuden. Las princesas en general son vulnerables, frágiles, sensibles, dulces, heterosexuales, de piel blanca y cabellos rubios. Se aburren mucho, suspiran mucho, y piensan en su príncipe azul a todas horas, creyendo que junto a él encontrarán la felicidad eterna y nunca más estarán solas.

A los chicos les encanta pensar que existe una princesa que lo ama porque sí y sólo piensa en él. Pero además, hay otras mujeres que les desean mucho, como es natural en un macho alfa. El mensaje que les lanzan a ellos es que han de ser fuertes para evitar las tentaciones. En el camino hacia el amor, el héroe se verá seducido por maléficas figuras femeninas que lo atraen hacia el lado oscuro, pero él nunca dejará de pensar en su princesa que espera pacientemente en el castillo a ser rescatada.

El mensaje patriarcal de los cuentos para niños, adolescentes y hombres adultos es que estas maléficas mujeres son libres, potentes, atractivas, y peligrosas, así que sólo has de acercarte a ellas para satisfacer tus necesidades básicas y divertirte un rato antes de encontrarte con tu legítima amada. Sabes que serás perdonado porque son meras necesidades sexuales que “nada tienen que ver” con el sublime romanticismo que le lleva a la Princesa Que Espera.

Al final de la aventura, el hombre puede por fin rendirse ante el amor: es cuando el héroe abre su corazón gracias a la ternura de la amada. Ya ha demostrado lo fuerte y valiente que es, ya ha ganado todas las copas y trofeos, ya ha llegado el momento de asentar la cabeza y formar una familia para asegurar la perpetuación de su estirpe. En los cuentos que nos cuentan, los finales son siempre felices: el héroe rescata a la princesa, se casan y viven para siempre comiendo perdices. Él la protegerá, ella lo cuidará para siempre, ambos vivirán encerrados en su palacio de cristal.

Sin embargo, la Realidad es siempre diferente a la ficción romántica: como cualquier pareja, los enamorados se arrugan y engordan, pierden belleza y alegría, se pelean, se aburren, se hastían, se traicionan, se reconcilian, y nada es tan bonito como nos habían contado. Las princesas y los príncipes no son tan perfectos, por lo que sus historias de amor tampoco lo son.

Descubrirlo personalmente nos decepciona y nos frustra, porque nos sentimos engañados, o porque pensamos que tenemos mala suerte en el amor. Para poder sufrir menos y disfrutar más, tenemos que aprender a despatriarcalizar y a desmitificar el amor romántico, inventarnos otros cuentos con otros mensajes, y construir otras formas de querernos.


He aquí algunas claves para desmitificar el romanticismo patriarcal y para aprender a relacionarse amorosamente con personas de carne y hueso:

Para ellos:

Buenas noticias: no hace falta que salves a la Humanidad, ni que seas un héroe, ni que demuestres que eres fuerte, violento, agresivo o dominante para que te amen. Ya no estás obligado a responsabilizarte de todo, y no hace falta que seas el ganador y el vencedor absoluto en todas las áreas de tu vida. No tienes por qué sentirte culpable si no das la talla o no cumples con las expectativas sobre tu virilidad. Basta con que seas una buena persona capaz de construir una relación bonita.

El amor es para disfrutar, no para sufrir. El amor es para hacernos la vida más fácil y bonita los unos a los otros, no es un medio para negociar y conseguir otras cosas, ni es un sacrificio que hay que hacer para tener asegurado el cuido y el placer (olvídate de la esposa-criada complaciente que atienda todas tus necesidades como mamá, para más información, el siguiente punto).

Definitivamente, la princesa rosa ya no existe. Las mujeres ya no esperan toda la vida ni te aman incondicionalmente: si no te portas bien, si no hay buen trato, si no alimentas la relación, si pactas fidelidad y no cumples, te dejan. La mujer a la que amas no está sentada esperando a que llegues, no está siempre disponible para ti, ni es tuya, ni su amor es para siempre. Es una mujer libre que está contigo porque quiere estar contigo, sencillamente, en el presente que compartís.

No mitifiques a una sola mujer y desprecies a todas las demás. No existen las mujeres buenas y las mujeres malas, por lo que no hace falta que montes jerarquías afectivas que sitúen a una sola mujer en la cúspide del éxito, y a todas las demás las minusvalores.


Las mujeres no son “santas” o “putas”, son seres imperfectos y complejos como tú, con sus virtudes y sus defectos, sus errores y sus aciertos. Igual que tú nunca podrás ser tan maravilloso como el príncipe azul, ellas tampoco podrán cumplir con las expectativas del mito de la princesa. Las mujeres libres con autonomía no son peligrosas. No hace falta dominarlas para poder amarlas. No tengas miedo a relacionarte con una mujer de carne y hueso sin la coraza: no muerden.

El amor no supone rendirse, no es un virus que te posee y te roba la voluntad, no es el fin de tu juventud, no te convierte en prisionero de nadie, no te convierte en propietario, ni en dominador o dominado. El amor no te roba la autonomía, no es el fin de tu libertad, no te convierte en un “calzonazos”, no te rebaja la virilidad. Así pues, eres libre para relacionarte desinteresadamente con las mujeres o los hombres a los que amas, y para dejarte seducir por la magia del compañerismo romántico que nos sitúa a todos en el mismo plano horizontal. Practicar el amor sin las antiguas estructuras de dominación y sumisión, te liberará de la necesidad de ser superior o de luchar por el poder, con lo cual podrás disfrutar más del amor.

Aprende a compartir protagonismos: antes los personajes femeninos de las historias de amor ejercían un papel pasivo, ahora van en su propio caballo, matan a sus propios dragones, toman decisiones, resuelven enigmas, se emparejan y se separan, eligen a sus compañeros, se equivocan, rectifican, y reivindican su derecho a moverse con libertad, y a ser protagonistas de sus propios relatos.
Las mujeres son tus compañeras, y los hombres son tus compañeros, y se trabaja siempre mejor en equipo que en solitario. Di no a la soledad, que te hace más dependiente y más vulnerable, y júntate a la gente para dar y recibir amor, para vivir aventuras, para celebrar la vida.

El amor no culmina con un final feliz, se construye día a día. No existe la fuente de amor inagotable, no dura para siempre, y no es gratis: para ser amado hay que amar, para recibir hay que dar, para que te traten bien tienes que tratar bien. El amor puedes disfrutarlo en cualquier momento de tu vida si tienes las herramientas y los conocimientos necesarios para construir una relación bonita. No es una meta a la que llegar, es un proceso que se vive en el presente inmediato y se nutre con nuestra creatividad, nuestra generosidad, nuestra capacidad de empatía y de disfrute.

Libérate de las cargas del príncipe azul. Por mucho que lo intentes, nunca podrás estar a la altura de los mitos de la masculinidad hegemónica, ni cumplir con todas las expectativas que se despiertan en torno a la figura del héroe con superpoderes mágicos. Ningún hombre es tan guapo, bondadoso, rico, valiente, potente sexualmente, sensible, honrado, luchador, generoso, sabio, culto, divertido, ni tan perfecto como los vemos en las películas (excepto Brad Pitt, y seguro que algún defecto tiene el hombre). Con la edad irás engordando, perdiendo fuerzas y reflejos, tendrás achaques, puede que te quedes calvo, que se arruine tu negocio, que dejes de tener éxito en la vida, que te abandone la buena suerte. Sabiendo que nunca podrás ser tan maravilloso como un príncipe azul, estás liberado de la carga que supone estar siempre demostrando que eres muy hombre, o que eres el mejor: así puedes dedicar tu tiempo y energía a otras cosas más provechosas, como por ejemplo practicar la autocrítica amorosa para conocerte mejor, o trabajarte los miedos que te impiden disfrutar del amor.

Los miedos no desaparecen mágicamente, hay que trabajarlos constantemente: en los cuentos los miedos se superan con pócimas, con talismanes, con conjuros o hechizos, con tótems o con magia. Muchos de ellos los has heredado de tu cultura patriarcal: el miedo a no dar la talla en la cama, el miedo a enamorarse ciega e irracionalmente, el miedo a quedarse solo, el miedo a salir de los armarios, el miedo a la infidelidad o la deslealtad de la persona amada, el miedo al “qué dirán”, el miedo al rechazo o a no ser correspondido, el miedo al compromiso, el miedo a que te dominen o te manipulen, el miedo a que se cuestione tu virilidad o tu heterosexualidad, el miedo a perder tu autonomía y tu libertad, el miedo a que te hagan daño, el miedo a fracasar, el miedo que nos da saber que no somos imprescindibles para nadie… hay que liberarse de los miedos, entonces, para poder relacionarse con la gente con libertad, con generosidad, con ternura.


Para ellas:

No te esfuerces en cumplir el mito de la princesa rosa: nunca serás tan buena, guapa, joven, sana, dulce, paciente, obediente, conformista y pasiva como esta heroína tradicional, por mucho empeño que le pongas. Además, los palacios son lugares enormes, solitarios, fríos, aburridos, y resulta muy difícil escapar de ellos cuando estás dentro. Dedica tus energías a construir tu propio personaje, y a ser la mujer que te dé la gana de ser.
No te esfuerces en buscar al príncipe azul, no existe el hombre ni la mujer perfecta. Somos más felices cuando querremos a la gente tal y como es, sin mitificarla, sin endiosarla, sin rebajarla.

El amor no es la solución a todos tus problemas. Si te pasa como a las princesas de los cuentos, que están hartas de la explotación laboral a la que están sometidas, o sencillamente te aburres y tienes ganas de transformar su vida, no esperes a la llegada del Salvador que te rescate de tu situación. Ponte manos a la obra para generar cambios que mejoren tu vida sin depositar esa responsabilidad en nadie más que en ti.

Esperar es inútil: en estos tiempos en los que las horas y los meses pasan volando, ya no podemos pararnos a esperar a nadie. Esperar es un acto pasivo que deja en manos de los demás nuestra propia felicidad. No sabemos si nos queda una semana o diez años de vida, así que mejor disfrutar del presente, que es el único tesoro que tenemos.

El amor no es sacrificio, renuncia, ni rendición: no tienes por qué olvidarte de ti misma ni de tus necesidades sólo porque tengas pareja. No tienes por qué entregarte en cuerpo y alma si la otra persona no se entrega. No tienes por qué aguantar todo lo que te echen encima “por amor”. Amar no es sufrir: es disfrutar.



Hay muchas fuentes de afecto, de placer y felicidad en nuestras vidas, por eso el amor romántico no puede ser tu único objetivo: estas rodeada de gente estupenda que te quiere, y hay mucha más gente estupenda a la que conocer. El romanticismo en pareja es una experiencia hermosa, pero también hay mucho que aprender, que vivir, que experimentar con los demás. El amor es importante en la medida en que no se limite a una sola persona, y en la medida en que nos permita crecer y evolucionar, y repartir amor a la gente que nos rodea.

Trabaja tu autonomía económica y tu independencia personal para poder construir relaciones desde la libertad, y no desde la necesidad o el interés. Déjate seducir por la magia del compañerismo romántico, y quiérete mucho, para poder dar amor a los demás. Practica la autocrítica amorosa para conocerte mejor y trabajarte lo que pueda hacerte mejorar. El amor es un arte, y cuantas más herramientas tengas para relacionarte con los demás, más podrás disfrutarlo.

Libérate de tus miedos, sal de tus armarios, y no te sientas culpable si te enamoras, o si te desenamoras. Las mujeres no nacemos con un don para amar eterna e incondicionalmente, y tenemos derecho a juntarnos o separarnos de nuestras parejas cuando lo deseemos. Y siempre estamos mejor acompañadas por otras, que solas.

Di no a la soledad: las protagonistas de las historias siempre están solas: no descuides tus redes sociales y afectivas, porque son tu mayor tesoro. Solas somos vulnerables y dependientes, rodeadas de gente a la que queremos somos más libres y tenemos más posibilidades de vivir el amor sin reducir todo a una sola persona. Expande y diversifica tu amor.


Disfruta de tu papel protagonista en la historia de tu vida: tú eres la narradora, la guionista, la directora, y la actriz principal. Tú elijes a la gente con la que quieres compartir, tú tomas las decisiones, y tú confías en ti misma a la hora de construir tu historia. Tú eres la que inventas, la que te equivocas, la que rectificas. Trata con mimo a tu propio personaje y a los que te acompañan, os merecéis el mejor trato del mundo.


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Texto extraído de: campusrelatoras.com

martes, 2 de diciembre de 2014

SENTIMIENTOS DESMITIFICADOS: PERDER LA TERNURA


Soy feminista, si, independiente, empoderada, mujer libre, libertaria e incluso para algunxs por ser soy hasta feminazi.. y por todo ello y alguna que otra razón que a día de hoy sigo sin conocer, se me presupone mujer que desprecia, rechaza o no necesita de caricias, besos, mimos, ternura y palabras que reconfortan y abrigan, o lo que es más sorprendente, se me imagina como mujer que ante una muestra de afecto y/o dulzura reaccionará con un "rebote de feminista", como me dijeron recientemente, tipo "si yo fuera un rancho me llamaría tierra de nadie".

Claro, voy parafraseando a Gilda a la menor oportunidad...
Uaghhhhhh!!creo que me crispé ante tanta presunción de aspereza.. ¡¡Necesito de la ternura y no por ello soy menos feminista, empoderada, libertaria...bla,bla,bla!. ¿Qué sentimientos conlleva el ser feminista?, ¿Cómo se supone que nos hemos de comportar?. ¿Ser feminista me obliga a no ser sensible o no estar receptiva a los afectos?

¿Qué ocurre con la pérdida, lenta y progresiva de la capacidad de mostrar nuestros sentimientos?.¿Es una característica de las feministas o es un problema de la sociedad en la que vivimos que nos presupone a todxs muros herméticos emocionales?

Cuando me encuentro ante una posible relación afectivo sexual, sea del tipo que sea: abierta, cerrada.... o la sorprendente posibilidad de encontrar frente a mi a alguien a quien me interesa conocer más, no se alimenta en mi esa emoción o interés por generación espontanea o a base de teorías intelectuales o filosóficas, sexo....



Requiere de un trabajo diario, una implicación por construir día a día un espacio de apoyo, risas....complicidad al fin y al cabo.

Si, yo necesito esa complicidad natural, no esconder un abrazo o una caricia porque hay gente delante (esa mal llamada discreción...ay!!) o por el simple hecho de no encontrarme en posición horizontal. Necesito fluir, expresarme, liberarme y soltar lo que siento. Necesito querer y que me quieran, mimar y que me mimen, cuidar y que me cuiden. ¿Soy por eso menos feminista?



...y si, también lo he decidido, si no me dan lo que necesito no lo voy a pedir, no....me voy por donde he venido porque las cosas se sienten o no se sienten...y yo me siento feminista y tierna.



Al caso del tema que me ocupa, recientemente leí un artículo que me hizo reflexionar:

SENTIMIENTOS DESMITIFICADOS: PERDER LA TERNURA


" El lunes una niña de clase, una niña de cinco años, estaba esperando conmigo que los niños vinieran y me puse a su altura para hacer tiempo y le dije: ¿ de qué te vas a disfrazar? Se encogió de hombros y negó con la cabeza, ¿ no lo sabes? le pregunté. Y entonces sonrió, me abrazó y me dio un besito. Luego volvió a reírse y yo me quedé de piedra. De piedra o de algodón, no lo tengo muy claro aún.

Ante tan sincera muestra de cariño, espontánea y preciosa, me quedé sin palabras. Me quedé desprotegida porque no es lo habitual. Yo también quiero ser más cariñosa con los demás, con las personas que quiero o aprecio. Una siempre camina con una pose tan estricta, tan cuidada y de repente, una cosa tan sencilla como un besito de alguien que te aprecia, que te lo quiere demostrar, basta que dejarte en albis. La verdad es que fue precioso. Aún no me he podido olvidar. Y no lo voy a olvidar.




Qué bonito sería que pudiéramos seguir teniendo de adultos esa capacidad. Poder ser tan cariñosos, ser tan buenos y espontáneos, repartir ternura por donde pasamos, a quien queremos. Pero de adultos es todo tan difícil. ¿ Será porque el sexo lo cambia todo? Ellxs no tienen dos caras: te quieren porque les cuidas, les proteges, les mimas, y ellxs se sientes queridos de una única forma que conocen, como pequeñinxs que se sienten queridxs y apreciadxs por personas que cuidan de ellxs. De mayores, un beso tiene muchas más connotaciones y connotaciones peores. Si yo le doy un beso a un chico que aprecio, quizá sea sólo amistad y un sentimiento tan plano como eso, pero puede que la otra persona piense que quiero algo más íntimo. Y ya te frenas.

O no sólo besos, puede que palabras. Nos cortamos ante halagos, palabras de cortesía, esas ganas de decirle a alguien que le aprecias. Y por mi parte soy incapaz de decirle nada a nadie si no sé que esa persona va a responder igual. Cuando el beso que me dieron fue porque sí. Por aprecio. Quizá yo podía haber respondido mal, pero eso a la niña no le importó cuando lo hizo. Y yo, por mi experiencia, no puedo plantearme sin que sepa que la otra persona va a pensar igual. Supongo que el mundo nos va quitando la capacidad de reproducir sentimientos hacia lxs demás. Por el qué dirán, por la mala interpretación, porque de adultos los sentimientos hacia las personas son más complejos que en la infancia. Porque hay personas que mienten muy bien y saben guardar mejor lo que sienten."


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Textos extraídos de: mujerteniasqueser