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viernes, 31 de enero de 2014

VAGINAS, ¿EL TAMAÑO IMPORTA?



Los diálogos de la vagina: ¿también es cuestión de tamaños?

Si la vagina hablase ―además de darnos un buen susto―, probablemente nos ayudaría a salir de las muchas dudas que nos asaltan sobre ella. Nos sabemos la anatomía del pene casi de memoria a pesar de que es un órgano ajeno a nuestro cuerpo. Nos conocemos sus distintas partes, su funcionamiento y los problemas que le afectan. Que si la disfunción eréctil, que si eyaculación precoz… Pero, ¿qué pasa con nuestra vagina?
¿Por qué nadie se ha preocupado nunca de hablarnos de sus entresijos? Nada mejor para reivindicarla que hacer de ella el eje central de una particular versión de uno de los tópicos más añejos y aburridos de nuestro pensamiento sexual: ¿el tamaño (de la vagina) importa?

Será un efecto colateral del capitalismo y el mercantilismo que llevamos inyectados en el tuétano, pero vivimos obsesionados por la cinta métrica y sus revelaciones. Como si de un particular oráculo de la satisfacción y la felicidad personal se tratase, nos pavoneamos calculadora en ristre para demostrarle al mundo que tenemos el coche más grande, la casa de Barbie, la lista de amigos de Facebook más larga y hasta el miembro viril mejor dotado. Eso sí, hasta el momento no he escuchado fardar de vagina grande a ninguna mujer. ¿Será que somos discretas y lo del fantasmeo no va con nosotras o es que todavía no hemos descubierto esta nueva dimensión que ríete tú del “bling bling”?

Superado ya el estigma del pene pequeño (cirugía y alargadores mediante), parece que ahora es nuestro turno en la ruleta de las dudas sobre los genitales. Para cualquier duda sobre este tema, nada mejor que recurrir al abecé del sexo interplanetario: el Kamasutra. Y si en él hay todo un capítulo reservado a los tipos de vaginas, señal de que algo pasa con ellas.
En función de los distintos tamaños que pueden presentar, así se clasifica en este tratado de sensualidad a las mujeres. Puede resultarnos un tanto reduccionista, sí, pero pensemos que el Ministerio de Igualdad brillaba entonces por su ausencia. Labios vaginales grandes o pequeños implicarían, pues, diferencias en el sexo y su práctica. Si para los hombres la referencia sigue siendo Rocco Siffredi, para nosotras debería serlo… ¡la elefanta!

A pesar de que el Kamasutra pueda ser toda una fuente de inspiración en muchos aspectos, tampoco no hay que tomárselo al pie de la letra. Más interesante os resultará saber que, hace tan solo unas décadas (allá por los años 60), los célebres Masters y Johnson se propusieron descubrir la verdad en torno a las dimensiones de la vagina. Para conseguirlo, optaron por una investigación de campo. Llevaron a cabo una extensa tarea de medición de los genitales de decenas de mujeres que no hubiesen estado embarazadas con anterioridad. Para nuestra sorpresa, descubrieron que el tamaño medio de la vagina está entre los 6 y los 8 centímetros. En estado de excitación, se dilataría hasta alcanzar entre los 10 y los 11,5 centímetros. Al margen de la duda sobre cómo llevaron a cabo estas últimas mediciones (¿Masters y Johnson se dedicaban al voyeurismo intervencionista?), me pregunto si estos datos nos conducen a alguna parte.


Los especialistas suelen insistir en que el tamaño de la vagina, en realidad, no es relevante desde el punto de vista sexual. Grande o pequeña, el placer que podemos alcanzar en ella es el mismo. Lo importante es, sin embargo, su grado de tonificación. No hay que olvidar que a medida que pasan los años, nuestra musculatura pélvica tiende a verse debilitada. Partos y descensos hormonales mediante, la tensión y la firmeza de esta región se pierde inevitablemente. Por eso, nunca está de más prestarle un poco de atención a nuestro desconocido suelo pélvico. Los ejercicios de Kegel, por muy ridículos que puedan parecernos, son una terapia excelente. Contraer repetidamente nuestros músculos vaginales es no sólo una forma ideal de reforzarlos, sino también de tomar conciencia de su existencia y de su importancia. Juguemos con nuestra vagina, conozcámosla en profundidad y exploremos las posibilidades que en el sexo nos ofrece.

¿Quién necesita ahora rejuvenecimientos vaginales?


                                      
Claudia Méndez, autora de Sexualidad-X
Texto extraído de: mirales.es/sexualidad
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martes, 28 de enero de 2014

EL FEMINISMO ENGANCHA

Tres feministas de generaciones diferentes conversan sobre feminismo, crisis, avances y retrocesos.

Ana Requena Aguilar - Madrid

Tres generaciones de feministas: Begoña San José, Marta Monasterio y Sua Fenoll.
FOTO: David Fernández 

"Viví la prohibición de los anticonceptivos, era terrible, te llamaban puta por pedir una receta en el ginecólogo". Begoña San José tiene 63 años y es feminista desde hace unas cuantas décadas. Estuvo presente en las primeras manifestaciones del 8 de marzo que se hicieron en España. Fue el año siguiente a que Franco muriera cuando varios cientos de mujeres se echaron por primera vez a la calle para conmemorar esa fecha que el resto de Europa llevaba ya años celebrándose. "Rescatamos la fecha que en el resto del mundo se utilizaba. Aquí habíamos hecho manifestaciones pero por cosas concretas, contra el delito de adulterio o contra la prohibición del aborto", recuerda


El aborto y los derechos sexuales y reproductivos fueron una de las primeras y más fuertes reivindicaciones del feminismo durante aquellas primeras manifestaciones del 8 de marzo.


"En lo laboral hubo cambios fortísimos, mis compañeras casadas que firmaban contratos tenían que llevarlos a casa para que el marido les diera su consentimiento. Fue emocionante cuando se reingresó en sus trabajos a las mujeres que habían despedido por excedencia forzosa por matrimonio", dice Begoña. Treinta años y enormes avances después, el derecho a decidir sobre el propio cuerpo sigue siendo, sin embargo, uno de las consignas en las manifestaciones por la igualdad.
"Ellas dieron el salto más grande durante la Transición, con unas conquistas importantísimas para las mujeres, que venían de la represión", explica Marta Monasterio, de 34 años, involucrada en el feminismo desde varios frentes. "Luego hemos vivido años de lucha y reivindicaciones en un escenario más favorable, y se ha conseguido un estado de aparente igualdad. Eso está bien pero a la vez ha ocultado otros problemas que no se han solucionado, como la violencia de género. La crisis empeora esta sensación, porque es como si estuviera todo solucionado y no lo está. Por ejemplo, el 8 de marzo vamos a defender el aborto porque la amenaza vuelve a estar ahí", señala.



A su lado, Sua Fenoll, de 27 años, integrante de Feminismos Sol. Para ella, tras la ilusión y los avances de los primeros años de democracia, el sistema "fagocitó el discurso feminista": "Es como si todo lo que se ha conseguido anulara la posibilidad de seguir quejándose y de visibilizar las desigualdades. Parece que te dicen 'si ya somos iguales, ¿de qué te quejas?¿qué más quieres?' Hay un gran cambio pero sigue habiendo una barrera invisible". Sua pone un ejemplo: en la última huelga general del 14N, varios grupos propusieron una huelga de cuidados que visibilizara el trabajo reproductivo hecho mayoritariamente por mujeres. "Enseguida llegaron los comentarios que decían que era algo que cada una debía arreglar en su casa. Entonces, tus problemas en el trabajo los arreglas tú a solas con tu patrón, ¿no?".

Las tres coinciden en que la crisis no es solo económica y está poniendo en peligro la igualdad.



"Esta crisis es la peor de todas y es la tercera que vivo. No he visto unos recortes en educación, sanidad o servicios sociales como ahora, no he tenido una sensación de peligro para la igualdad social y de género como la de ahora", asegura Begoña. "Nosotras hablamos del nuevo pacto patriarcal, de cómo se está haciendo para mantener la desigualdad dentro de estados que supuestamente promulgan leyes para la igualdad", señala Sua.
Para Marta, que participa en un grupo ecofeminista, la respuesta tiene que venir desde la alianza entre varios movimientos sociales. "El feminismo y el ecologismo no son planteamientos antagónicos, al contrario, son alternativas que tienen muchos puntos de unión. La crítica a un sistema de desarrollo patriarcal y capitalismo, depredador con el entorno pero también con las personas. Plantean utopías y escenarios parecidos", cuenta.


Sua habla de un "cambio de modelo": "La igualdad implica que dentro de nuestras diferencias tengamos las mismas posibilidades, no que las mujeres se equiparen a un modelo masculino y que para acceder a ciertos derechos o al mercado laboral tengan que adoptar ese modelo masculino". Begoña, resume, que, al final, el feminismo busca que cada persona "pueda realizarse como quiera y no tenga que responder a ningún estereotipo. "Que no haya un estereotipo ni masculino ni femenino del trabajo, de la sexualidad o de cualquier otra cosa", dice.


Y Begoña advierte: el feminismo engancha: "Tiene esta cosa de que te cambia la vida privada, te da un giro a la vida personal a la vez que ves avances en lo colectivo". También Marta habla de un feminismo "vivencial": "No hay ninguna mujer que no haya experimentado alguna vez miedo en la calle, algún tipo de acoso, el malestar en un colectivo mixto o el miedo a participar. De repente, empiezas a hablar con otras mujeres, tomas conciencia, das un cambio, y todo da un vuelco".


Texto extraído de: eldiario.es

viernes, 24 de enero de 2014

TRES LECCIONES PARA APRENDER/DESAPRENDER EL JUEGO DE TEMER A LOS HOMBRES...


por Desacato Feminista

Estándar


En mis clases de psicología, aprendí que los recuerdos de la infancia se retienen en muchas ocasiones por la emoción que acompañan los eventos, más que por la memoria analítica o el uso de la razón. Y es el juego, el principal mecanismo de aprendizaje en esta corta pero significativa etapa de nuestras vidas.

Si bien a los 8 años no se han aprendido todas las palabras, el estómago vibra, los cachetes se sonrojan y las piernas tiemblan. Y eso fue lo que sentí una mañana en mi escuela primaria, cuando uno de mis compañeros seguramente de mi edad, entrando de la hora del recreo, empezó a corretear a todas las niñas en el salón. Yo no entendía muy bien por qué ellas gritaban, hasta que vi como había bajado su bragueta sin sacar el botón de su ojal para asomar por ahí un dedo de su mano que movía y movía. Los niños se reían y las niñas corríamos y corríamos. El juego: asustar a las niñas. Si, me asusté. Esto no se lo conté a mi mamá, ni a mi hermana porque me dio pena ¿Pena? ¿Pero acaso qué hice? Primera lección: los niños cargan un peligro entre sus piernas…. pero shhhhh.


Mi escuela secundaria era una escuela femenina. Tendría entonces 14 años y para hacer corto el cuento y no extenderme sobre la precariedad en las que a veces tenemos que estudiar en los colegios públicos, me encontraba recibiendo clases en un salón improvisado, cuando un hombre en la calle asomó su pene por una rendija que daba hacia nuestro salón. Gritamos “¡Profe!” Mi profesora enfurecida, se acercó y lo insultó. Al tipo le dio risa y tranquilamente desapareció. Nuevamente esa sensación en el cuerpo: miedo. Recuerdo que mi profesora nos aconsejó, y aquí la segunda lección: “Cuando un tipo exhibicionista se pare frente a ustedes, suele ser porque él mismo tiene un complejo sobre su propio cuerpo. Ríanse de él y salgan corriendo”.


Para mi tercera lección yo ya estaba mayorcita. Tendría unos 25 años e iba por la calle camino al trabajo, cuando un niño de unos 13 años agarró con una mano mi pelvis y con la otra mis nalgas con tal fuerza que me dejó inmóvil, sonrojada y temblorosa. Él siguió caminando rápido y mirándome mientras frotaba su pene por encima de su sudadera escolar. Pasarían unos treinta eternos segundos cuando retomé el aliento y salí corriendo para perseguirlo. La gente me preguntaba si me había robado, yo les grité que si, mientras pensaba que me había robado ¡mi dignidad! No lo alcancé y por supuesto, nadie me ayudó a detenerlo.



De nuevo un menor de edad, esta vez ¿jugando a qué? ¿jugando con el cuerpo de una desconocida? ¿llegaría a contar al colegio su heroica proeza? Me pregunto si el niño de mi escuela primaria sería igual a este otro cuando tuviera 13 o cuando fuera adulto. Me pregunto si aún a los tres les hace gracia seguir usando su cuerpo para violentar.

Desde nuestra infancia recibimos lecciones sobre los límites y los permisos que tenemos con nuestro cuerpo. Lecciones diferenciadas para niños y niñas. Jugamos a veces a inventarnos privilegios de ser niño, jugamos otras veces a repetir el deber ser de una niña. Esto es aprender sobre sexualidad, esto es aprender a relacionarnos entre nosotros y nosotras… solo que a veces nos basta con saber de memoria las partes de nuestros aparatos reproductores.

No me es suficiente como argumento para entender y explicar estas situaciones que los niños y las niñas “están explorando su cuerpo”, que “es el despertar de su sexualidad” o que “simplemente están creciendo”. No me es suficiente si a la par no se enseña la igualdad. Basta ya de repetir como mantra, que el problema de la violencia contra las mujeres y la cultura machista, radica en la falta de educación; cuando seguimos como en épocas de Freud, ciegos a la sexualidad infantil.


Podemos prestar más atención a los significados del juego infantil, podemos proponer nuevos juegos que nos enseñen a relacionarnos con nuestros propios cuerpos y con los de las y los demás, a enfrentar las inquietudes sexuales de manera más directa y no violenta, y a no esperar a que crezcan para que lo entiendan mejor. Hablar las cosas como son, quizá me hubiese dado herramientas desde niña para identificar, reaccionar y renunciar a jugar este desastroso juego de temerle a los hombres.


BURBUJA
Texto extraído de: desacatofeminista.com

miércoles, 22 de enero de 2014

¿CALIENTA POLLAS?...Pero qué me estás contando!!



El término calientapollas tiene la propiedad de aunar un gran número de las limitaciones de este sistema cultural patriarcal en el que nos movemos… ¡incluso se contempla en la RAE!

Calientapollas:
1. com. vulg. Persona que excita sexualmente a un hombre sin intención de satisfacerlo.

Con esta definición, me surgen algunas dudas: ¿De qué depende que alguien se excite?; ¿Todo el mundo se excita del mismo modo?; ¿Quién mide la satisfacción de la excitación?; ¿Qué alguien se excite por algo que yo haga, me compromete a algo?; ¿Dónde está escrito que si alguien se excita conmigo tenga que satisfacerle?; Si mi excitación acaba, ¿tengo derecho a terminar el encuentro?; ¿En que cambia la expresión “si yo excito” frente a “alguien se excita conmigo”?. En esta última pregunta se encuentra parte de la cuestión. Es decir, aquello que me excita es responsabilidad mía. Esta elusión de responsabilidad me recuerda al ejemplo del helado del artículo “Nada por aquí, nada por allí”. Recordémoslo: Imagínate que me encantan los helados. Y te veo a ti pasar con uno de tres bolas… ¡tres bolas!. Y no sólo eso, sino que te recreas en pasar lentamente frente a mi…

Si mi excitación termina, ¿tengo derecho a terminar el encuentro?

En un mundo en el que nos hubiesen enseñado (y hubiésemos aprendido) que la responsabilidad de satisfacer mis ganas de helado es del resto de la gente, podría pasar lo siguiente:


a. Me compro un helado y nos lo intercambiamos hasta que tú decides que ya es suficiente. Y yo, en vez de quedarme en lo que he disfrutado de esa parte de helado, me dedico a llamarte calientagargantas porque no me has dejado comer hasta donde yo creo que tendría que haber comido, sin percatarme que lo que sí he comido lo estaba disfrutando. ¡Pero oye! ¡No hemos llegado hasta lo que socialmente se considera el final! ¡y es tu responsabilidad el que yo me haya quedado con ganas de más!

b. Tú decides que no compartes el helado no porque no te apetezca, sino porque temes que la otra persona te llame calientagargantas o acabes indigestándote por comer más helado del que te apetecía.

c. En el caso de que tú no quieras compartir el helado conmigo, entiendo que si comes helado delante de mí es porque te gusta provocar. En realidad no comes helado porque te guste, sino porque te gusta que el resto te miremos y por eso, automáticamente, te conviertes en una calientagargantas.

El término calientapollas funciona como un limitador de los encuentros eróticos, puesto que marca y acota el camino a seguir. Ridículo, ¿verdad? Pero para ser tan ridículo, en ocasiones, no dista tanto de la realidad.

Esta forma de entender la sexualidad está medida en función criterio del deseo sexual masculino, en la que el deseo sexual femenino no existe y, de existir, está supeditado al masculino. Esta creencia hace que en algunos encuentros eróticos, el papel femenino sea el que frena mientras que el papel masculino esté centrado en llegar a la meta establecida socialmente: penetración y orgasmo. Y esto lleva a una limitación del disfrute: limitador para la mujer, puesto que centra la atención del encuentro en evitar que se piense de ella cosas que no son y limitador para el hombre puesto que supedita el placer a la eyaculación y orgasmo (cuando en realidad son dos procesos diferentes). Así, si nuestra atención está centrada en frenar o acelerar, no estamos disfrutando realmente del camino sino de lo que está por llegar. Y no sólo eso, sino que dificulta el descubrimiento de los deseos propios, ya que no nos permitimos indagar en qué es aquello con lo que realmente disfrutamos, esté o no dentro de lo normal: o, lo que es lo mismo, la norma social.
Si nuestra atención está centrada en frenar o acelerar, no estamos disfrutando realmente del camino sino de lo que está por llegar. Sé que alguien estará pensando que, aún siendo esto cierto, hay personas que saben qué excita y lo explotan para conseguir sus objetivos. Efectivamente, hay personas que pueden usar la excitación de otras para conseguir aquello que desean… pero la responsabilidad de dárselo es de aquellos que se lo dan. Sin más. Aquí además nos encontramos con el mito de la mujer mala que usa argucias sexuales para conseguir favores y el hombre inocente que está cegado por la excitación.


Siempre me ha resultado curiosa esta creencia, puesto que se le da un papel casi mágico al sexo, como si fuese una entidad propia que posee a los hombres para nublarles el pensamiento lógico y excusarse en que “no pude evitarlo”. La excitación es un proceso corporal que puede alterar ligeramente la conciencia (tanto en hombres como en mujeres) al entrar en juego otro tipo de energía, pero de ahí a nublar el entendimiento hay un mundo. Es más, desde aquí es como si las mujeres tuvieran el poder y el control sobre la excitación mientras que a los hombres les posee… y no deja de ser una mentira que tras ser 100 veces repetida se convierte en realidad.

Así pues, llegamos a la conclusión de que el término calientapollas funciona como un limitador de los encuentros eróticos, puesto que marca y acota el camino a seguir.

Si tú buscas el placer en estos encuentros, juega y disfruta hasta donde tú quieras. Si la otra persona se molesta, ya es adulta para decirlo o gestionárselo como mejor le convenga, pero no es tu responsabilidad. Y recordemos que si me como un helado es para saborearlo yo; el que otra persona no sea capaz de saborear el suyo es SU problema y tendrá que aprender a gestionárselo.



Para terminar, te invito a hacerte las siguientes preguntas: ¿Qué es para ti el final de la excitación sexual? ¿Cómo te sentirás si haces algo que no te apetece? ¿Conseguirás disfrutar con alguien que está haciendo algo que no le apetece contigo?

Texto extraído de: pikaramagazine.com

domingo, 19 de enero de 2014

EL TONTO DE LOS COJONES

Son los que disfrutan sabiendo que te dan miedo. Son los que no entienden por qué te dan miedo. Son los que se burlan de tu miedo. Son los que te tienen miedo.
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Son los que creen que, por hablar más alto, te van a hacer cambiar de opinión.

Son los que te gritan por la calle lo que opinan sobre tu cuerpo, y lo que harían con él, si se atrevieran.

Son los que creen que saben lo que necesitas, lo que es mejor para ti, los que creen que eres un diamante en bruto, que ellos te van a pulir.

Son los que te dejan hablar, pero no te escuchan. Son los que dicen que saben escuchar, pero no te escuchan. Son los que ni te dejan hablar, ni te escuchan.


Son los que hacen bromas, cuando van en grupo, que nunca harían si estuvieran solos. Son los que te hacen bromas cuando estás sola, que nunca harían si estuvieras con otros.

Son los que creen que sin ellos estás sola.


Son los que tienen miedo de que les hables de tus sentimientos. Los que se cagan de miedo si les hablas de tus deseos. Son los que creen que sentir algo te hace menos que ellos. Son los que tienen miedo a las mujeres sin miedo.
Son los que no entienden que no queremos ser fuertes, ni valientes, queremos ser libres. Son los que no entienden que son sus privilegios los que no nos dejan serlo.

No son todos, pero son más de los que parece.

Son los que dicen que las mujeres ejercemos la violencia psicológica, porque no podemos ejercer la física. Los que creen que lo haríamos si pudiéramos.
Son los que creen que ganamos menos, porque trabajamos menos, o porque somos más tontas.
Son los que dicen que vamos de víctimas. Son los que creen que hay dos tipos de mujeres.
Son los que van a todas las manis, menos a las lilas. Son los que se solidarizan con todas las causas, menos con las tuyas.

Son los que creen que necesitas su permiso, su refrendo, su opinión, su lección, su arenga.




Son los que, en el fondo, no se creen que somos “nosotras”, se creen que somos “ellas”.
Son los que saben lo que pensamos las mujeres, aunque piensen lo contrario que ellas.
A veces, merece la pena. Explicarles, contarles, enseñarles... Otras veces, es mejor darse la vuelta.
No son todos, pero son más de los que parece.

Asi que... MANTRA DEL DÍA, CALVO AL MACHIRULO


Texto extraído de:faktorialila.com

jueves, 16 de enero de 2014

TEST, SOS UN MACHISTA DE IZQUIERDAS?


Hoy vamos a incursionar en esta columna en una leterencuesta. Incómodxs hasta las lágrimas del machismo que no da tregua, te invitamos a contestar estas múltipel choispara que sigamos repensando hacia dónde vamos y qué mundo estamos construyendo. Para vos que tal vez creíste, o quisiste creer, que ser de izquierda y machista era una contradicción lógica, sorprendete de lo poco que podemos articular clase y género, acá, en LeTercerMonde.


¡Y no hagas trampa!

1- Suponés que mujeres, varones, trans deberían estar en igualdad de condiciones pero:

A: no sabés bien el por qué de esto y si te paran por la calle no podrías brindar una argumentación certera
B: en el fondo no lo ves tan grave (“más grave es la opresión burguesa”)
C: creés que las condiciones deben ser iguales para todas las personas porque también eso implicaría construir una sociedad más justa

2- Sobre el feminismo creés que:

A: es burgués porque divide a la lucha proletaria
B: están buenas algunas cosas que plantea pero exagera un toque
C: es un movimiento que con sus diferencias y contradicciones es sumamente necesario para superar un orden excluyente y deshumanizante.

3-No estás a favor de bajar la edad de imputabilidad, no hablás de “los negros”, te parece importante pensar la política y el Estado y cuestionar el capitalismo, y al mismo tiempo:

A: hablar de aborto te resulta incómodo y preferís no hacerlo
B: creés que hablar de aborto es importante pero hablar del proletariado te sienta mejor
C: creés que una de las cosas fundamentales para hacer es dejar de criminalizar a las mujeres

4- Vas a la marcha y llevás una bandera “basta de violencia hacia la mujer”, pero:

A: en tu casa no limpiás el piso
B: si lo hacés creés que le estás haciendo el favor a alguna mujer
C: sos capaz de problematizar tanto lo macro como lo micro

5- Entendiste que los estereotipos de belleza son una imposición siniestra pero:

A: te juntás con tus compas a catalogar los culos de tus compañeras de militancia/ te medís con el resto de tus compas a ver si sos la más linda
B: creés que hay mujeres que necesitan cirugías estéticas
C: no te caben los concursos de belleza

6- Cuando se hace un comentario sobre el machismo en la izquierda o sobre lo machista que puede ser tu agrupación:

A: saltás a defenderte como si se te estuviera atacando en forma personal
B: tratás al/a la otrx de pelotudx/capitalista/caprilista/derechosx
C: te planteás las posibilidades de que algo así sucediera.

7- Creés que los varones:

A: no pueden ser feministas, o está bien que lo sean los gays
B: acompañan la lucha feminista pero no es necesario que la tomen como propia ni la prioricen
C: deben ser feministas porque así como el machismo no es sólo de los varones, el feminismo no es sólo de las mujeres y una sociedad feminista es en su totalidad más justa

8- Cuando aceptaste que hay cosas que cambiar:

A: intelectualizás maquillando que tu compromiso subjetivo es nulo
B: creés que eso pasa por las instituciones (y como hay una presidenta mujer para vos ahí terminó el análisis)
C: te interpelás directamente por tu autotransformación

9- Con respecto a El segundo sexo de Simone de Beauvoir:

A: no lo leés porque es muy largo
B: creés que sólo las mujeres pueden leerlo (y también creés que hay literatura “femenina”)
C: lo leés, lo disfrutás, se te hace agua la boca


10- Tus frases típicas con respecto a la revolución son:

A: con la abolición del capitalismo se termina el problema ese del ¿cómo se dice? género
B: primero hay que hacer la revolución y después pensamos cómo resolver la cuestión de género
C: la revolución será feminista o no será puesto que de qué modo vamos a llamar emancipatorio a un proceso que desconozca a la mitad de la población también oprimida

***





Abundancia de C: “Vamos pa’ lante”. No estás meando tan afuera del tarro.
Abundancia de B: “Dejá de hacerte el/la copadx”. Tal vez creíste que ya estabas de vuelta pero nunca fuiste, estás priorizando la comodidad. Podés sostener consignas abstractas y militarla light.


Abundancia de A: “¡Alerta!”. Aunque te consideres de izquierda, sos machista, y hacenos el favor de despatriarcalizarte, porque la derecha es la derecha, y la izquierda es lo único que nos queda.



miércoles, 15 de enero de 2014

ESCOGE A UN O UNA AMANTE QUE TE MIRE COMO SI FUERAS MAGIA




"Recuerda: no hay otro.

No se puede luchar contra los anhelos, sólo se pueden observar, entender de donde surgen y canalizarlos en la mejor manera que podamos con los elementos que tengamos al alcance en el momento.
No se trata de renunciar al sexo, estoy lejos de apelar al puritanismo, pero sí de transformar nuestra relación con él.



Intentemos llevarlo más allá de ser sencillamente un acto biológico que responde a impulsos no asimilados –en ese caso definitivamente aplica el dicho “mejor sola que mal acompañada.”




El intercambio físico con el otro es un medio más para reconectar con la fuente. 
Haz el amor. 
Medita mientras conectas con el otro. 
Sacraliza cada acto. 
(Re)conócete en él y (re)conoce al Uno que todo lo engloba, las fronteras se funden y nace la Magia.

Escoge un amante que te mire como si quizás fueras magia."


Frida Kahlo

domingo, 12 de enero de 2014

ACOSTUMBRAOS A LA PELAMBRERA....8 MANERAS DE PEINARSE EL COÑO DESAFIANDO MODELOS ESTEROTIPADOS

Machos: acostumbraos a la pelambrera

Hablamos con @Lena_Prado y @luzhilda (Filósofa Frívola) sobre la iniciativa #sobaquary y #sobaquember: las fotos de sobacos peludos que están inundando Twitter. 


Por: Marta Delatte



"Ojalá viniera el típico trol que me insulta por los sobacos y le contestarais todas con avatares sin depilar". Así empezó todo. Lena Prado hizo un llamamiento a la comunidad tuitera, @luzhilda lanzó una propuesta al aire, y Twitter se puso las pilas. Luego enseñó la pelambrera.

La iniciativa surge de @luzhilda como parodia de #Movember (hombres luciendo bigote): “se me ocurrió como apoyo a la compa @lena_prado, cuyo avatar tuitero es una foto suya luciendo pelambre con orgullo. La pobre se enfrenta cada día a machirulos que le echan en cara sus pelos”.

@luzhilda pensó que si conseguía que algunas chicas se pusieran un avatar similar sería divertido y gamberro. “Mostraríamos apoyo y daríamos visibilidad a una realidad poco comentada y que sigue aterrando a muchos: las mujeres que, como muchos hombres, hemos decidido no eliminar el vello sobaquil y por eso somos objeto de mofa”.

Más allá de la adolescencia, el bullying se extiende en redes sociales. Por eso las comunidades que se salen de la norma se agrupan en lo que podríamos llamar “manadas”. @luzhilda lo explica así:

“Para las que no venimos de una tradición de asambleas u organizaciones y militancia desde jóvenes, Internet se ha convertido en nuestro espacio de reunión, donde intercambiamos ideas, nos apoyamos y queremos, y nos defendemos de los ataques. Mis hermanas cibernéticas me han enseñado mucho, y quiero creer que nosotras también enseñamos mucho al mundo”.

Las precursoras del movimiento pro-pelo sobaquil saben que por ahora ésta no es una iniciativa para masas: “De momento poca participación, pero de calidad, unas axilas preciosas, como dice Dove. Aún queda mucho mes”.




Desafiando los modelos estereotipados de feminidad y combatiendo la objetivación de la mujer



Descubre los impactantes autorretratos de Rhiannon Schneiderman, una crítica de los estándares de belleza y la objetivación de la mujer


Por: José Necky,

¿No sabes cómo sorprender a tus familiares por Navidad? ¿Estás harta de pasar por la peluquería y que nadie lo note después? ¿Sientes que las mujeres deberían tener su propia versión del célebre bigotillo hipster? La artista Rhiannon Schneiderman tiene la solución.

Esta fotógrafa afincada en Daytona Beach es la autora de 'Lady Manes', una serie de autorretratos que tienen como denominador común los aparatosos peinados del vello púbico. Del afro a una trenza gigante. De la cabellera rubia a las mechas californianas. Las pelusillas y los rasurados ya son cosa del pasado: si quieres llevar lo más trendy en peinados de coño, ya puedes ir pensando en dejarte allí abajo una melena más larga que la de Rapunzel.

No es casual que ironicemos sobre esta hipotética nueva tendencia: el objetivo de la obra artística de Schneiderman es jugar con el lenguaje de la moda y las convenciones de género. Las posturas que ensaya demuestran un saber estar digno de Victoria's Secret. Del mismo modo que los peinados de coño tampoco son desagradables, ni buscan el impacto bizarro que esperamos encontrar en performances de signo postporno. Al contrario, están perfectamente peinados y enlacados, como recién salidos de un anuncio de Pantene.

Schneiderman dice que sus fotografías buscan el 'empoderamiento', y entronca sus reflexiones con el feminismo: se trataba de desafiar los modelos estereotipados de feminidad y combatir la objetivación de la mujer. En una reciente entrevista cita a Lady Gaga como una de las fuentes de inspiración que la llevó a fotografiarse así. Como la cantante, ella también quería reírse de las convenciones de género.

Lo que no sabemos es si, también como Gaga, entendía perfectamente el idilio entre transgresión y marketing: lo único cierto es que ha convertido sus peinados de coño en una noticia.






        







Este manifiesto lo encontré en facebook sin autora, si deseas agregarle mas puntos, ponlos en los comentarios, y los ire añadiendo, para hacerlo aun más completo


Manifiesto por las mujeres reales

Somos mujeres reales y nos gusta, por eso nos unimos a este manifiesto.

1. Porque no existe un único modelo de mujer. Todas somos, por suerte, diferentes.
2. Porque la belleza real tiene mil caras.
3. Porque no importa que vistamos una 38, una 40 o una 44… ¡Lo que importa es que sepamos dar la talla!
4. Porque si la arruga es bella en la ropa, ¿por qué no en la piel?
5. Porque nos valoramos por lo que somos y lo que hacemos. Y hacemos mucho como amas de casa, médicas, estudiantes o ministras.
6. Porque nos gusta la moda y lo que más se lleva es ser una misma. Queremos disfrutar y ser felices como somos.



Texto extraído de: playgroundmag.net, playgroundmag.net