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jueves, 2 de mayo de 2013

VALORES DEL POLIAMOR





¿Podemos amar a más de una persona?

Durante un tiempo mantuve una relación afectivosexual con una chica que a su vez mantenía una relación de pareja con otra. Yo era algo así como la amante, aparte de su ex novia. Ella dramatizaba de vez en cuando: no le deseo a nadie querer a dos como quiero yo! Porque lo cierto es que su nueva novia creía mantener una relación monógama. Lo creía a medias, esto es, lo deseaba al tiempo que le iban llegando noticias de mi existencia. Fue entonces cuando le planteó a mi amante y ex novia una propuesta que a mí me pareció muy de sentido común: si quieres jugar a este juego jugamos las dos. Ella no quiso. Porque quería querernos a las dos, sí, pero que su favorita, la novia, sólo estuviera con ella. A ser posible que también yo sólo estuviera con ella. Y si alguna otra quería unirse a su harén libre era de hacerlo. Su respuesta: jurar y perjurarle a la novia que yo había desaparecido del mapa mientras conmigo todo siguió como si nada. Fue entonces, ante los embistes de la culpa, que se inició en el drama: no le deseo a nadie querer a dos como quiero yo!
Supongo que a ella la pregunta de arriba no le suscitaría la más mínima duda: sí, es posible amar a más de una persona. También supongo que son muchas las personas que calificarían su actitud y decisiones de egoístas. Seguramente lo fueron. Pero un poco más allá, sin ese egoísmo, puede situarse lo que viene llamándosepoliamor.

Quizás sea un término que no nos dice nada, de hecho, a día de hoy y por aquí cerca, las redes poliamorosas son pequeñas y escasas. Sin embargo, es el término de referencia de un movimiento social significativo en los EEUU durante las últimas décadas. Término, por otro lado, en discusión que genera no pocas discrepancias sobre su significado. Pero nos atreveremos a decir que el poliamor consiste en mantener simultáneamente más de una relación duradera, amorosa e íntima, no necesariamente sexual, con el conocimiento y consentimiento de todas las personas implicadas. Lo que según suelen señalar sus practicantes diferencia al poliamor de otros estilos de relación no monógamos es el énfasis en el amor. El propio término así lo da a entender: poli, muchos, que procede del griego y amor del latín. Muchos amores.


Cuando se trata de relaciones amorosas no sexuales suele indicársele a la poliamorosx que “ah, entonces lo que sois es buenxs amigxs”. Pero las personas que se identifican como poliamorosxs no comparten esta conclusión. Algunas de ellas establecen fronteras claras entre sus relaciones de amistad ordinarias y sus relaciones amorosas no sexuales.




 Quizás por los compromisos que se adquieren o los espacios y tiempos que se comparten. Lxs hay que por ejemplo hablan de familia de elección. Otras consideran que la diferencia no es cualitativa sino cuantitativa, cuestión de intensidad. De lo que no cabe ninguna duda es de que el poliamor desdibuja nuestras habituales fronteras entre amistad y pareja: amistades sexuales, parejas sin sexo, relaciones que se sitúan en la frontera, allá donde quizás creíamos que no debería haber nada.

En lo que al sexo esporádico y orientado al placer se refiere, los poliamorosxs adoptan posiciones diversas. Lxs hay que no sólo centran sus relaciones en el amor sino que además intentan diferenciar el poliamor de aquellas otras formas de relación no monógamas que incluyen lo que solemos llamar el sexo por el sexo como podrían ser por ejemplo los swingers (intercambio de parejas para disfrutar del sexo con otras personas) o todas aquellas otras que mantienen una diversidad de relaciones puramente sexuales. Algunxs de estxs poliamorosxs pueden llegar a pensar y presentar el poliamor en términos de bueno y ético mientras interpretan el sexo casual o a lxs swingers como, en cierto modo, erradxs. Otrxs poliamorosxs critican esta tendencia que viene observándose dentro del movimiento de dejar fuera del poliamor a lxs swingers, el sexo casual y la promiscuidad. Advierten de que responde a una estrategia orientada a la aceptación social que consiste en eliminar del poliamor las transgresiones más molestas al adoptar como propio el viejo esquema conforme al cual: relaciones amorosas = buenas y éticas mientras que relaciones sexuales = malas e indeseables.

ESTILOS POLIAMOROSOS

Dentro de lo que se llama poliamor suelen encuadrarse distintos acuerdos y estilos de relación, entre ellos y sin ánimo de ser exhaustivx:

- Redes de relaciones conexas: cada persona mantiene varias relaciones en diversos grados de importancia con diversas personas. A veces se diferencia entre relaciones primarias, secundarias e incluso terciarias en función del grado de intimidad y compromiso que se mantenga con las distintas personas.


- Matrimonio grupal: grupos de tres o más personas que se consideran casadas las unas con las otras. Estos grupos matrimoniales pueden compartir un mismo hogar, habiendo o no hijxs, y realizando un reparto de tareas y gastos. Asimismo, pueden ser grupos sexualmente exclusivos o abiertos, esto es, el sexo puede limitarse a lxs integrantes del grupo o pueden estar abiertxs a contactos sexuales con otras personas ajenas al grupo.

- Poligamia (poliginia y poliandria): régimen familiar en el cual una persona está casada con varias otras, las cuales pueden mantener o no relaciones entre sí.

- Arreglos geométricos: se describe por el número de personas involucradas y su relación de conexión. Por ejemplo, "Trío" y "Cuadra", tanto como en geometrías “V”, “N” y “W”, donde el vértice llamado “pivote” corresponde al individuo que tiene dos conexiones.

VALORES DEL POLIAMOR


Para muchas de las personas que se identifican como poliamorosas, el poliamor consiste en una forma ética y responsable de practicar la no-monogamia. El poliamor responsable sería aquel en el que las distintas personas se expresan y muestran con honestidad al tiempo que negocian y respetan los términos en los que desean y deciden relacionarse. Suele sucedernos a los seres humanos que no siempre nos compartamos conforme a nuestros ideales éticos, a veces porque no queremos, otras porque no podemos o no sabemos, o no todavía, pero ello no resta importancia al hecho de que desde el poliamor se defiende y describe una forma ética de practicar la no-monogamia. Esta se fundamentaría en los siguientes valores: honestidad, comunicación, consenso, fidelidad (entendida como honestidad, cercanía, respeto a los acuerdos adoptados),compersion (sería lo contrario a los celos y consistiría en experimentar satisfacción ante el placer que aquellxs que amamos experimentan compartiéndose y amando a otrxs), responsabilidad.




Dicho lo ya escrito, únicamente apuntar que, al igual que sucede con la monogamia y con quienes optan por ella, también con el poliamor y con quienes optan por él sucede que cada persona y sus relaciones son un mundo.




Texto extraído de: Relacionesafectivosexuales

miércoles, 1 de mayo de 2013

LA SOLEDAD DE OCCIDENTE Y EL MITO DEL AMOR PASIONAL...¿AMAR ES UN TRABAJO?


     Occidente es hoy una tierra de solitarias y soledades en donde la relación de pareja se concibe a menudo como un oasis de compañía y, quizás también, de vida plena. Al menos así la fantasea Andrea. “Sobre todo me siento sola”. Las amigas de Andrea están en su mayoría emparejadas o absorbidas por sus trabajos y rutinas diarias. “Ya no es como cuando éramos más jóvenes”. Las compañeras de trabajo son sólo compañeras de trabajo, con la familia no tiene mucha relación. En su edificio vive otra gente, también en su barrio, pero apenas si saluda a algunas, hablar no habla con nadie. La ciudad es un escenario de libertades que, en muchos casos, sin nadie que se interese profundamente por ellas, sin nadie que inspire un interés cotidiano e intenso, se sienten solas. “Ojala conociera a alguien”, piensa Andrea al cerrar tras de sí la puerta de su casa y enfrentar el silencio de su hogar.

      El llamado amor de pareja promete compañía, plenitud, alegría, aventura, lujuria, diversión, planes de domingo, seguridad, reposo, intimidad, poder ser una misma, intensidad, sentirse viva. Hay mucho y variado: el amor traerá todo aquello que en este momento necesitemos. El paraíso en vida.

     No obstante, una vez nos emparejamos y se acaba la pasión, la vida en rosa, los estómagos repletos de punzantes mariposas, nos hacemos conscientes de que la vida en pareja no necesariamente es mejor (ni peor) que otras formas de organizar la vida, los afectos, la sexualidad. Aún así, si decidiéramos romper nuestra relación, es probable que muchas volviéramos a anhelar un paraíso de amor y pareja. Quizás porque es más sencillo soportar los reveses de la vida diaria cuando podemos soñar con un paraíso que algún día habitaremos.

     La relación de pareja es, además, para una inmensa mayoría, un estilo de vida. El estilo de vida amor-pareja-sexual.

     Estilo de vida amor-pareja-sexual = una persona entra en nuestras vidas a golpe de enamoramiento o encoñamiento. Ayer quizás ni la conocíamos, hoy ocupa la mayor parte de nuestros pensamientos. Una fuerza nos empuja hacia ella, nos atrae, deseamos su presencia. Hasta aquí nada hemos hecho para que así sea. Simplemente nos está sucediendo. Entonces nos lanzamos a desarrollar nuestro proyecto de vida amor-pareja-sexual:

     Cita tras cita vamos reorganizando nuestra vida para ofrecer a esta persona un lugar prioritario en ella. Nos esforzamos para ir compatibilizando nuestros horarios, nuestras amistades, nuestras aficiones. Hacemos de ella nuestra mejor amiga, la gran confidente, porque con ella sí puedo ser yo misma. Compartimos vacaciones (que previamente hemos hecho coincidir) y negociamos destinos. De mantener relación con padres y demás parientes, nos presentamos mutuamente a nuestras familias como el nuevo miembro de la familia y para mí el más importante. O envalentonadas por nuestro sentir nos enfrentamos a toda la parentela: decidme lesbiana, bollera, tortillera, gay, maricón, lo que queráis, pero esta es la persona que amo y nadie podrá separarme jamás de ella. Decidimos compartir piso y gastos, quizás también coche u otras posesiones. Incluso puede parecernos que ha llegado el momento de lanzarnos conjuntamente a la maternidad. Por su parte, la pasión, un día tras otro, va disminuyendo pero rogamos para que el sexo continúe siendo bueno, eternamente satisfactorio, porque sin sexo no hay orgasmo y sin orgasmo (pensamos) no será una buena compañera de ruta (¿?).

      Nos encontramos entonces viviendo como tanta otra gente. Organizando nuestros afectos y sexualidad a la manera de la mayoría. Quizás porque nos creímos que el estilo de vida amor-pareja-sexual era El Camino, el Buen Camino, el Mejor Camino. Es posible. No obstante, ¿mejor para quién? ¿Con quién? ¿En qué circunstancias y momentos de su vida? ¿Desde qué perspectivas y valores? ¿Compatible con cuales proyectos? ¿Es/era realmente el único camino o el mejor camino a nuestro alcance?

El mito del amor pasionalUna construcción de Occidente


    El mito del amor pasional es una construcción de Occidente. En Oriente y en la Grecia contemporánea de Platón el amor es concebido como placer, como simple voluptuosidad física. Y la pasión, en su sentido trágico y doloroso, no solamente es escasa, sino que además, y sobre todo, es despreciada por la moral corriente como una enfermedad frenética.El concepto de amor no existe en China. El verbo amar es empleado sólo para definir las relaciones entre la madre y los hijos. El marido no ama a la mujer, “tiene afecto por ella”. A los chinos se les casa muy jóvenes y el problema del amor no se plantea. No comparten las eternas dudas europeas: ¿es amor o no esto que siento?, ¿amo a esta mujer, a este hombre o siento sólo afecto?, ¿amo a ese ser o amo al amor? 



Tampoco sienten desesperación o dolor cuando descubren que han confundido el amor con las ganas de amar. Un psiquiatra chino consideraría síntomas de locura estas cuestiones. 
Mientras que en muchos países los matrimonios son concertados previamente, en nuestras sociedades, la base de una institución social básica, la familia, se fundamenta en el amor romántico
El ideal romántico construido culturalmente ofrece al individuo un modelo de conducta amorosa, organizado alrededor de factores sociales y psicológicos; durante nuestra larga socialización aprendemos lo que significa enamorarse, le asociamos a ese estado determinados sentimientos que debemos tener, el cómo, el cuándo, de quién y de quién no... 
Algunos elementos son prototípicos: inicio súbito (amor a primera vista), sacrificio por el otro, pruebas de amor, fusión con el otro, olvido de la propia vida, expectativas mágicas, como la de encontrar un ser absolutamente complementario (la media naranja), vivir en una simbiosis que se establece cuando los individuos se comportan como si de verdad tuviesen necesidad uno del otro para respirar y moverse, formando así, entre ambos, un todo indisoluble.Este concepto de amor aparece con especial fuerza en la educación sentimental de las mujeres. 
Para nosotras, vivir el amor ha sido un aspecto que empalidece a todos los demás. Nuestras heroínas literarias como madame Bobary, la Regenta, Julieta, Melibea, la Dama de las Camelias, Ana Karenina...viven el amor como proyecto fundamental de su vida. La escritora Lourdes Ortiz  analiza cómo en la mayoría de estas historias vemos que lo que para la protagonista es la vida entera, para el personaje masculino es sólo una parte de su existencia. 
El amor como proyecto prioritario y sustancial sigue siendo fundamental para muchas mujeres, sin el cual sienten que su existencia carece de sentido.A pesar de los cambios profundos conseguidos en el siglo XX por el movimiento feminista, las mujeres, en mayor medida que los hombres, asumen ese modelo de amor y de romanticismo que nos hace ordenar nuestra biografía y nuestra historia personal en torno a la consecución del amor. Muchas mujeres buscan aún la justificación de su existencia dando al amor un papel vertebrador de la misma, concediéndole más tiempo, más espacio imaginario y real, mientras que los hombres conceden más tiempo y espacio a ser reconocidos y considerados por la sociedad y sus iguales .Mientras que, por lo general, solemos elegir a las amistades entre aquellas que más nos gratifican, que más nos respetan y que más compensaciones emocionales y afectivas nos reportan, sin embargo, es posible que nos relacionemos a nivel de pareja con personas que no sólo no nos gratifican, sino que nos llenan de amargura, sufrimiento y daño físico y psíquico. ¿Cómo explicar la persistencia del amor o la relación en estos casos? ¿Cómo se puede amar a quien te mortifica y anula? No es una cuestión de irracionalidad, y me niego a creer que las personas, sobre todo mujeres, que viven estas situaciones son tontas, masoquistas o descerebradas. Es importante que comencemos a explicar esos amores patéticos y llenos de sufrimiento, sacrificios personales y renuncias, sobre todo cuando, en mayor o menos medida, muchas personas han vivido y soportado en sus relaciones de pareja alguna que otra humillación, falta de respeto por sus opciones u opiniones, limitaciones a la libertad, algún que otro desprecio, presiones para hacer esto o lo otro, chantajes e imposiciones



Pilar Sampedro

en El mito del amor y sus consecuencias en los vínculos de pareja

ENTONCES...¿AMAR ES UN TRABAJO?   

(Dominique Simonnet)


Usted habla del amor como de una construcción, como de un trabajo por realizar

Dominique Simonnet: Así lo pienso: amar es un trabajo. Quiero decir una acción, una voluntad, una atención. Hay que hacer el aprendizaje del corazón en el amor, en la vida, en el tiempo. Como la de la gravedad, las leyes del amor no se pueden cambiar. Si un vaso se cae, se quiebra...
Si te enamoras, te sentirás atraído por el otro...


Pero esas fuerzas se pueden utilizar en provecho propio. Los aviones vuelan y los cohetes suben a pesar de la gravitación, que nunca cesa. Con el amor ocurre lo mismo: se puede hacer durar el amor, a pesar del deseo, que se transforma.

Hay que querer amar, en suma

Amar es también una decisión. En la vida de pareja hay crisis, depresiones, caprichos, éxitos, euforias...A cada uno corresponde trabajar para tener conciencia de esos diferentes estados, decidir si se desea que dure la relación y, si tal es el caso, actuar para superar las tempestades. Esta total libertad para amar, que nuestros antepasados no tuvieron, nos impone, justamente, la construcción de nuestro amor. Nadie lo puede hacer por nosotros. Uno de los personajes de mi libro La conversación amorosa propone esta definición: amor es eso que existe entre dos individuos capaces de vivir juntos sin matarse.

Una definición bastante minimalista

Sin matarse simbólicamente, en todo caso. Pues la vida en común no es más fácil que la soledad. En muchas parejas, la relación de fuerzas verdaderamente mata la personalidad de uno y otro y probablemente el amor. Asesinato simbólico es reducir a cero “el espacio de posibilidades” de alguien. Este respeto del otro es un trabajo. La idea incluso está integrada en la ley: los padres están obligados a ayudar a sus hijos a estudiar, a abrirse camino en la vida. La emancipación de las mujeres les ha permitido ampliar su espacio más allá del círculo privado. Al mismo tiempo, el riesgo es fortalecer el individualismo y el egoísmo. Por eso existe la necesidad de una educación no sólo sexual sino moral, que no se limite a los interdictos sino que vaya en dirección positiva, en busca del bien. Se debería enseñar a los niños a preguntarse por lo que quieren hacer con su vida y al mismo tiempo enfrentar la vida de los otros, a encontrar “el bien supremo” de que hablan los filósofos.

FIELES E INFIELES

Embriagados por nuestra libertad de amar, nos habríamos vuelto demasiado caprichosos. ¿Habría que volver a aprender el cultivo de la fidelidad?



Creo que hay que querer amar. El compañero que se tiene no siempre es el mejor que se podría tener. Conservarlo, amarlo, es arbitrario y no óptimo. Amar es, pues, también una decisión, una elección. 


Denis de Rougemont escribió en 1923: “La fidelidad se sitúa a contracorriente de los valores que hoy todos veneran, se ha convertido en el más profundo de los inconformismos.” Se desprende una fuerza extraordinaria de una vieja pareja que ha sabido hacer vivir su amor. Creo que cualquiera envidiaría eso, pero es excepcional. Hay que hacer el esfuerzo.

Usted propone una forma de voluntarismo individual al servicio del amor



La voluntad ocupa un lugar decisivo en mi visión del mundo. No la creo todopoderosa pero me parece que es, en sí, una fuerza y una alegría. Aprender a interrogarse, a delimitar el deseo, ya es hallar la vida propia. Resulta crucial en nuestra libertad de vida. Antaño las mujeres eran como objetos, se las vendía en nombre del interés patrimonial, pasaban de la autoridad del padre a la del marido. Hoy son libres, disponen de las herramientas de esa libertad (progresos médicos que aportan bienestar físico y moral; asistencia sicológica, mediaciones de todo tipo) y sólo se puede afirmar en sí mismas. De hecho, vivimos una época extraordinaria para el amor. A cada uno le corresponde inventarlo.

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Se ocultan las horas de esfuerzo necesarias para llegar allí.

Lo mismo ocurre con el amor. No se disfruta de él sin esfuerzo. Nos asedian con consejos sobre la sexualidad, pero se deja en una penumbra misteriosa el campo completo de los sentimientos. Y bien, hay que decirlo y repetirlo: el amor no es una empresa fácil. Por lo demás creo que es un error esperarlo todo de él. Me parece que una gran parte de la felicidad no viene del amor. Esto es algo que hoy se prefiere no escuchar, pero sin embargo el amor no siempre te hace feliz, también hay otras cosas (otros juegos, otras actividades, otras creaciones...) que pueden reportar felicidad.

Esta idea de “construir” el amor puede resultar peligrosa. A menudo uno se equivoca al comprometerse, se proyecta en una persona la imagen ideal que se tiene en la cabeza, se miente a uno mismo, se construye una ilusión. Y no se ama a la otra persona, sino a la idea que se tiene del amor.



Es un peligro, en efecto. Pues siempre se encuentra a un(a) desconocido(a). Hace falta años para descubrirlo...Recuerdo la frase de Thomas Mann “Ningún hombre que se conoce a sí mismo sigue siendo el que era”. Estamos cambiando de continuo, física y espiritualmente. Y no es inocuo vivir con alguien: el otro también te cambia, y tú le cambias. Es una evolución conjunta. Si su influjo es malo, si hace de ti alguien que no te gusta, esto puede ser una razón para prescindir de él. Si es bueno, se puede intentar la construcción de una vida atractiva.





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APRENDAMOS A AMAR

Hoy nos cuesta aceptar el fracaso o la ausencia. Queremos guerras sin muertos. Y amor sin heridas.


     Sí, parece que somos exigentes. Nos falta un solo objeto y ya estamos contrariados. Vivimos con la esperanza de un amor con cero defectos, de un matrimonio sin fracasos. Nuestra liberta es inmensa y también nuestro afán de felicidad. Entonces las desilusiones nos parecen insoportables. Sin embargo cada generación ha tenido que aceptar ciertos esfuerzos, ciertos sufrimientos, sus derrotas. Piense en todos esos jóvenes que tenían veinte años y murieron en las trincheras entre 1914 y 1918 en nombre de la patria, o en esas mujeres que se han sacrificado en nombre de su familia. Cada generación encuentra un diferente estado del mundo, un campo de posibilidades limitado y la forma de su vida. Los jóvenes de hoy tendrán que vivir en una sociedad de vuelta de sus revoluciones y quizás dispuesta a iniciar otras. Los niños de hoy, forjados en libertad, quizás tendrán una fuerza nueva en sí mismos.

 Esperemos que así sea. Están enfrentados, en todo caso, al desconcierto que resulta de esta nueva libertad. Al final de nuestra historia nos encontramos, entonces, tan perplejos como al comienzo. El amor, tan propio del hombre, como decía el historiador de la prehistoria Jean Courtin, continúa inasible y se nos desliza entre los dedos como un puñado de arena, Y estamos solos ante nuestras incertidumbres y nuestras audacias. Solos frente a nuestras desilusiones o nuestras pasiones.



La libertad es difícil. Hay que escoger, es decir, renunciar, hay que atreverse a no complacer, a decir no, a no conocer, a superar ese temor a los otros, temor terrible que te arrastra al conformismo.
Los lobos gritan y tú gritas. Los lobos duermen y tú duermes...Construir una persona es un trabajo constante. Decía Michel Foucault “Trabajar es mantenerse en la duda y la inquietud”. Aunque agotadora, creo que es la nueva postura mental...”Nunca se ha tomado a broma el amor”, resumía usted al comienzo de esta obra. Esta formula vale también para nuestra época. Se nos querría hacer creer que ya somos ligeros, casi indiferentes. No es cierto: el amor sigue siendo una cosa importante, seria. Pero soy menos pesimista que usted. Creo que el que ama es como un equilibrista en la cuerda floja: la empresa parece imposible pero un día llega el equilibrio. Durante toda la vida hay que aprender a vivir y a morir. Aprendamos también a amar.



Textos extraídos de : Relacionesafectivosexuales