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martes, 4 de febrero de 2014

[Libro] CARTAS A UNA MUJER SOBRE LA ANARQUÍA - Luigi Fabbri



Estas cartas fueron comenzadas a escribir a principios de 1902; y eran en su origen, realmente, cartas privadas escritas a una muchacha que más tarde fue y es todavía la compañera fiel de mi vida. Con estas cartas yo quería que ella aprendiera a amar conmigo, en mi persona, lo que para mí constituía entonces y constituirá hasta la muerte la parte mejor de mi alma: este ideal de la Anarquía, razón y sentimiento al mismo tiempo, en que se armoniza todo lo mejor que el pensamiento humano ha sabido concebir como aspiración de porvenir.

Era aquel un período floreciente de nuestro movimiento y de nuestra propaganda en Italia. El inolvidable Pedro Gori acababa de volver de la República Argentina y con su cálida palabra despertaba en el proletariado italiano las más radiosas esperanzas, encendía en nosotros, sus compañeros de fe, los mejores oradores del apostolado y de la lucha. Y esto mientras aún duraba y se continuaba en nosotros la influencia de otro apostolado, interrumpido por las persecuciones de 1898: el poderoso, tan denso de buen sentido, de razón y de pensamiento, de Errico Malatesta, que tanto había contribuido a volver el movimiento anárquico al sólido terreno, por breve período Internacional, de los principios y de la táctica de la primera Internacional federalista y revolucionaria que fue llamada, más o menos impropiamente, bakuninista.

Aquellas “Cartas” a la mujer amada, al principio personalísimas, fueron publicadas en L’Agitazionede Roma por consejo justamente de Pedro Gori, a quien mi novia le había mostradoalgunas. Solo que, por un sentimiento natural de reserva, en el periódico aparecieron ligeramente modificadas como cartas de una mujer a otra mujer. En esa ocasión se les suprimió todo lo que tenían de personal y, se comprende, fueron algo completadas para las necesidades de la propaganda.

Luigi Fabbri
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domingo, 2 de febrero de 2014

NO SABES LO PUTA, ZORRA Y GORDA QUE PUEDO LLEGAR A SER




Tres perras feministas, yo entre ellas, en la calle. Tres BIOmujeres socialmente consideradas SOLAS por no ir acompañadas de varón alguno que nos tutorizase, presenciamos y “sufrimos” aproximadamente cuatro microagresiones sexistas.
Primero nos llamaron la atención desde lejos- Estábamos decorando un poco el espacio urbano, cargándolo con mensajes políticos por el #14F, San Machirulo, contra el Amor Romántico. Y escuchamos: “las del 15M, vamos a llamar a la policía”. “Os estamos grabando”. “¿Qué hacéis?”. “¿Qué estáis escribiendo?”, “La de la izquierda, que se quite, que no sale en la foto”.
Así, a gritos, intentaron mantener una conversación de ligoteo machirulo buenista que, ante nuestra resistencia, acabó con un “que os den por culo”.


En segundo lugar, vinieron cuatro mini-machirulos borrachos a vacilarnos. Está claro que éramos blanco fácil para ellos, las tres sentadas en el escalón, fumando un cigarro, para la mentalidad heteropatriarcal, indefensas y pasivas. Ante, de nuevo, nuestra resistencia de seguirles el juego o hablar con ellos, la respuesta fue: “¡Gorda!”.

Al poco rato, otras tres chicas aparentemente SOLAS por no tener varón alguno que las tutorizase, le hacían la peseta y gruñían a dos cateto-machirulos añejos bastante bebidos que las habían estado persiguiendo.

Después de aquello, un tipo acompañando a otras personas extranjeras -no sé si era alguno de los de antes- pasó por nuestro lado para señalarnos diciéndoles “ugly, ugly, ugly”.

Por último, un tipo se sentó bastante cerca de nosotras. Al levantarse se puso a reir y hablarle con retintín a su amigote, mientras no nos quitaba ojo. Luego, de lejos, uno de sus amigos -eran tres- nos dijo: “Quilla, tú qué ere la Marta, ¿no?”. Estaban una mijta colocados, y, no sé si por rondarnos o por comprobar si alguna de nosotras era Marta o no, fueron bastante invasivos, y cuando digo invasivos, digo que sus miradas se centraban en nuestra conversación todo el tiempo y la distancia de seguridad y de respeto que se debe tener en la calle, de noche, con gente desconocida hablando en tono bajito cosas íntimas, no la estaban guardando.

Más tarde, volvieron, y es que se marchaban y volvían para ver si seguíamos ahí, a su plena disposición, y hablando sobre nosotras entre ellos, nos pidieron un cigarro.

¿Hubiera pasado lo mismo si en vez de tres mujeres, llegamos a ser tres hombres?

Los machirulos no atentan sin razón contra su grupo de iguales, es así el pacto de los hermanos patriarcales.


Cuando detecta una hembra, el machote heterosexual la considera un blanco de su seducción o de su ridiculización. La mujer ocupa el espacio, pero, al parecer, no le pertenece. Así, el machirulo utiliza su posición de privilegio para llamar su atención, del modo que sea. Incluso aunque no quiera cortejar a la mujer a la que agrede verbalmente, tiene la certeza de que puede acercarse a ella o a un grupo de las mismas y soltar cualquier majadería de borracho. Sencillamente, el sexista cotidiano nos cree más débiles, susceptibles, inferiores, en definitiva, sumisas. Somos las OTRAS. Al hombre, lo ve un igual, fuerte, aguerrido, contestatario y violento, en definitiva, dominante. Lo que Simone de Beauvoir llamaba Lo Uno, es decir, el neutro, el que se sobreentiende.


Esto se resume, en que los machirulos se acercan a decirte cualquier machirulada, un piropo, una salida de tono, lo más salido o absurdo que se les ocurra… porque no nos temen. A las mujeres se nos ha extirpado no sólo la autonomía, la libertad, la capacidad decisiva, sino también la capacidad de respuesta, la reacción, la violencia.

Un tío que llega a cachondearse de otro grupo de tíos o a soltar imbecilidades con sus colegas, sabe muy bien, por muy borracho que esté, que puede sufrir una agresión. Con nosotras no pasa eso, no importa que seamos más que ellos, no nos ven como un peligro en potencia, sino como sujeto dominable. No nos respetan por nuestra categoría mujeres, no nos respetan como individuas en igualdad de condiciones. No respetan a la que es para ellos la base de la construcción de su identidad macha, dicotómica y contrapuesta, a la otra, a la diferente, a la mutante. Respetan al igual, al semejante, al que puede ejercer de macho alfa si la rivalidad da paso a la violencia.
Si no accedes a sus deseos, eres gorda, eres puta, eres zorra: insultos sexuados.

Pues mira, esbirro del patriarcado: No sabes lo puta, zorra y gorda que puedo llegar a ser.



Texto extraído de: ventepakamchatka.wordpress.com