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jueves, 11 de junio de 2015

CONTRA EL ANTIFEMINISMO EN EL MOVIMIENTO OBRERO, Errico Malatesta

El presente artículo fue publicado originalmente por Errico Malatesta en el periódico anarquista de Milán, “Umanitá Nova”, alrededor de los años 20 del siglo pasado. El texto figura originalmente con el nombre “Lucha Económica y Solidaridad” y ha sido tomado del libro “Enrique Malatesta, Páginas De Lucha Cotidiana”, obra rescatada de los armarios de la utopía por @rebeldealegre (Nota de N&A).


Recibimos de Génova una carta que demuestra una vez más cómo la lucha económica si no está inspirada por un alto ideal de solidaridad humana y queda confinada a los límites de los intereses actuales e inmediatos de los trabajadores, no sólo no puede conducir a la emancipación definitiva, sino que tiende por el contrario, a crear antagonismos y luchas entre trabajadores y trabajadores a entero beneficio de la conservación del orden burgués.

Son los empleados telegráficos genoveses, quienes reclaman la exclusión de las mujeres de las oficinas de expedición. Ellos protestan contra el hecho de que “se tenga en las oficinas a tantas señoritas que trabajan solamente para comprarse perfumes, polvos, medias de seda, mientras que a tantos millares de desmovilizados, después de haber combatido por el bien y la grandeza de las carteras de sus señores, se les arrebata el puesto que les sería necesario para matar el hambre de sus hijos”. Y en su artículo dicen:
“Sí. ¡fuera las mujeres!
¿La razón? Ante todo, las mujeres en la administración no son todas obreras. Hay muchas mujeres en otras categorías de empleos (mucho más alto) que de la palabra proletariado tienen un sacro horror y que en las agitaciones fueron siempre las que traicionaron la causa o las que comprometieron seriamente el éxito final: los telefonistas y los bancarios tienen la palabra a este respecto. Considérese que las mujeres en las oficinas no representan ninguna unidad activa, sino ciertamente un elemento de continua discordia, con consideraciones distintas para uno y otro sexo. Hágase un plebiscito entre todos los que están condenados a trabajar con elemento femenino y el “Avanti!” se convencerá, como también todos los socialistas, que hay una adversión justificadísima hacia esa mano de obra que no sirve más que de competencia al hombre y de elemento facilísimo a la defección y por esto tenido para contrabalancear los movimientos que se pueden verificar en la clase proletaria.
Una empleada no podrá ser nunca una buena madre de familia: o una cosa o la otra; no se puede estar en dos puestos.
Téngase en cuenta que la mujer por sus especiales condiciones físicas no puede ser empleada en servicios pesados, nocturnos o de gran responsabilidad (telégrafo, ferrocarriles, etc.). De aquí el mal humos de la otra parte obligada a servir de tapadera a cubrir las deficiencias de este personal.
Pues, al hogar las mujeres a educar mejor a sus hijos y póngase en su puesto a toda esa juventud desocupada que diariamente es rechazada. ¿Por qué se prefiere la hermana al hermano? ¿Es propiamente caballerosidad?!! ¿Es ideal socialista? ¡No! Nosotros no lo creemos porque la mujer pulula precisamente en los grandes institutos burgueses y en las oficinas del Estado, donde es tenida como material para contraponer a nuestras sagradas reivindicaciones y no sólo por ello sino sobre todo porque tiene la sonrisa más simpática y la condescendencia más fácil que el sexo masculino.
No hablemos del rendimiento que pueden dar: ellas están enfermas las más veces por los naturales trastornos a que se ven sujetas las mujeres y especialmente cuando están en cinta ya no aparecen por seis meses”.

Dejando aparte las consideraciones de orden fisiológico y social sobre la productividad y la misión social de la mujer que nos llevarían a una discusión que no cabe en este artículo, ¿quién podría negar razón a gente que tiene hambre, que ve languidecer a sus hijitos y cuya sola esperanza de ocuparse es la de hacer echar a otro del puesto que ocupa si con envidia y rabia compara su posición desgraciada con la de trabajadores (o trabajadoras) más afortunados y procura, aunque sea también con argumentos que sirven a los patrones, hacerlos echar con el fin de sustituirlos?

Pero entonces no dejan tampoco de tener razón aquellos desventurados que por una u otra causa no consiguen jamás quitarse el hambre sino cuando hay huelga y pueden por poco tiempo hacer de crumiros.

No dejan de tener razón los obreros de un país cuando se oponen a la entrada y a la ocupación de los extranjeros.

No dejan de tener razón los obreros hábiles cuando procuran reducir a monopolio su oficio y no quieren aprendices, no quieren mujeres, no quieren compañeros que no sean de su corporación, etc.

No deja de tener razón la ama de llaves cuando maldice a los ferroviarios, si por culpa de una huelga de éstos debe pagar las patatas más caro que de costumbre.

No dejan de tener razón todos los que miran a las necesidades urgentes, a los daños y a las ventajas inmediatas y que por esto traicionan la causa general, la causa del porvenir.

Y no dejan de tener razón tampoco aquellos que, tímidos, perezosos o satisfechos, se la toman con los revolucionarios que trastornan su tranquilidad.

Y nosotros no negamos razón a ninguno de éstos.

Nosotros comprendemos a los empleados telegráficos cuando envidian las medias de seda de las señoritas, pero comprendemos también a la señorita que no quiere quedar más en casa para hacer de sirvienta al señor macho, que tal vez vuelve borracho a casa y la apalea.

Comprendemos al huelguista que golpea con santa razón al crumiro (¡pero cuanto mejor haría golpeando al patrón!), pero comprenderíamos igualmente al desagraciado que pudiese decir a los huelguistas: vosotros no os ocupábais de mí cuando me moría de hambre, vosotros no pensábais en dividir el trabajo conmigo cuando estaba desocupado; hoy yo no me cuido de ayudaros a vencer una huelga cuyo resultado será para mí un agravamiento de mi miseria.

La verdad es que en una sociedad como esta que sufrimos, fundada sobre el egoísmo individual, sobre la lucha de cada uno contra todos y de todos contra cada uno, no es cierto, en tanto nos quedemos dentro de los límites de la moral y del orden burgués, que los intereses de los trabajadores sean solidarios, no es cierto que la lucha por la vida sea naturalmente una lucha de clases.

Los intereses de los trabajadores se vuelven solidarios cuando ellos aprenden a amarse entre sí y quieren estar todos bien: la lucha de cada uno para sí se vuelve lucha de clase cuando una moral superior, un ideal de justicia y una mayor comprensión de las ventajas que la solidaridad puede procurar a cada individuo viene a fraternizar a todos aquellos que se encuentran en una posición análoga.

Naturalmente, en régimen individualista, en régimen de competencia, el bien de uno está hecho del mal de los demás. Si una categoría de trabajadores mejora de condición los precios de sus productos aumentan y todos aquellos que no pertenecen a su categoría se ven perjudicados. Si los obreros ocupados consiguen impedir que sean licenciados por los patrones y se convierten así en algo parecido a propietarios de sus puestos los desocupados ven disminuidas las probabilidades de empleo. Si por nuevas invenciones, o por el cambio de las modas, o por otras razones, un oficio decae y desaparece unos serán perjudicados y otros favorecidos; si un artículo viene del exterior y se vende a un precio inferior al que cuesta producirlo en el país los consumidores ganan, pero los que fabrican este artículo se ven en la ruina. Y en general todo nuevo descubrimiento, todo progreso en los métodos de producción, aunque en el porvenir pueda llegar a ser aprovechado por todos, comienza siempre por producir un desarreglo de intereses que se traduce siempre en sufrimientos humanos.

Ciertamente tienen razón los telegrafistas de Génova. En el trabajo y en las recompensas se debiera tener en cuenta las necesidades y ocupar con preferencia a quienes más necesitan de una ocupación; pagar más a quienes tienen más personas, hijos, ancianos padres o parientes inhabilitados que mantener; dar los trabajos más livianos a los más débiles, los más fáciles a los menos dotados, proporcionando la compensación no a la productividad sino a las necesidades de los trabajadores.

Pero esta es moral que no podrá encontrar su aplicación más que en una sociedad comunista — comunista más en el espíritu que en las formas concretas de organización.

Y es por esto que nosotros, persuadidos de que los antagonismos entre hombre y hombre no podrán superarse sino transformando completamente el sistema social y aboliendo la posibilidad de explotación del trabajo ajeno, nos interesamos mediocremente en las luchas gremiales, en las luchas económicas cuando ellas no se elevan a cuestiones de reivindicaciones de orden moral y de intereses generales.

Tiene razón cada uno en defender su pan cotidiano y en procurar hacerlo lo menos escaso posible; tiene razón cada uno en querer comer y estar lo mejor posible desde ahora, sin esperar la revolución; pero nosotros que no representamos intereses particulares de individuos o de gremios nos ocupamos con preferencia de las agitaciones, de los movimientos que tienden a extender el sentimiento de solidaridad y a preparar la revolución.

Francamente: los empleados telegráficos que hacen antifeminismo porque el antifeminismo conviene a sus intereses no nos resultan simpáticos.

Admiramos, en cambio, a aquellos trabajadores que saben unir a la lucha por sus intereses actuales e inmediatos la lucha por intereses generales y la lucha por razones ideales.

Así los ferroviarios y los trabajadores del mar que, con riesgo propio se rehúsan a transportar hombres y elementos que sirven a fines liberticidas; así aquellos trabajadores de los campos o de las fábricas que por medio de propias oficinas de colocación y de la limitación de la jornada de trabajo intentan hacer participar a todos en el trabajo disponible; así aquellos trabajadores que, como hoy los mineros ingleses, mientras exigen e imponen a los patrones aumentos que sean tomados de la ganancia patronal y no sean descargados sobre las espaldas de los consumidores; así todos aquellos obreros que se rehúsan o se rehusaran a hacer trabajos nocivos, a fabricar casas que se desmoronan para desgracia de los pobres y sólidas prisiones y cuarteles en provecho del gobierno, a adulterar sustancias alimenticias, a imprimir mentiras contra sí mismos y sus amigos, etc., etc.

Todo esto sirve para elevar la consciencia de los trabajadores y para preparar la revolución moral y material que debe iniciar el mundo nuevo.

Las luchas, en cambio, inspiradas en mezquinos intereses y combatidas con medios mezquinos son dañosas a la preparación revolucionaria y ni siquiera sirven después, en la práctica, para resolver las cuestiones inmediatas.

Los empleados telegráficos no lograrán hacer expulsar a las mujeres, como los carreros no lograrían eliminar los camiones o los ferrocarriles. Podrían lograr, en cambio, hacer emplear a los desocupados si recurrieran, solidarizándose con todos los trabajadores rebeldes, a medios enérgicos, capaces de preocupar seriamente al gobierno.

 Errico Malatesta 
 Fuente: http://noticiasyanarquia.blogspot.com.es/2015/05/contra-el-antifeminismo-en-el.html
Texto extraído de: Portal Oaca

martes, 9 de junio de 2015

LA DIFERENCIA ENTRE QUERER, AMAR O ESTAR ENAMORADX


Recientemente le pregunté a una persona a la que no hacía mucho que conocía y con la que supuestamente había iniciado un breve proceso de conocimiento más allá del aquí y ahora, que qué era para él estar enamorado....y he de confesar que me aterró tanto la respuesta que di gracias a las fuerzas más divinas de que no se hubiera enamorado de mi. Su respuesta fue que el estar enamorado en su caso es estar pensando ¡¡TODO!! el día en la otra persona y estar bien solo cuando se está con ella y cuando no,  pues estar mal o no estar feliz ( en ese momento de la conversación ya me había bloqueado y no podría citar textualmente lo que dijo) ...Qué idea más oscura y enfermiza del amor, pensé...pero luego comprendí que el suyo no es un caso aislado y que son muchas las personas que no distinguen entre la idea de amor romántico y la de amar en libertad plena y consciente.

Desde los entornos, lecturas y actividades feministas en las que me muevo, tenemos claros, o eso parece, conceptos tales como amor romántico o patriarcal, camaradería amorosa, apegos....pero ¿qué ocurre cuando cambiamos de entorno y lo que a nosotrxs no nos hace falta ni matizar se convierte en una disonancia indefectible?   ¿Por que desde espacios tales como este blog no nos dedicamos a reflexionar, aunque sea muy de vez en cuando, desde un punto de vista menos "elaborado" del que acostumbramos las compañeras y compañeros que llevamos años recuestionándonos el patriarcado en sus múltiples facetas?. Es difícil renunciar a tomar como referentes a lxs clásicxs Emma Goldman,   Emile Armand, Evelio Boal, a nuestra querida Coral Herrera,... pero alguna vez debemos "empezar de cero" también.



Allá vamos...

Tardé mucho tiempo en aprender la diferencia entre estar enamorado de alguien y realmente amar a esa persona. lo confieso, yo también crecí  con cuentos de hadas e historias de amor que me enseñaron a creer que enamorarse y amar a alguien eran la misma cosa. Pero esto no podía estar más lejos de la realidad.
Estar enamorado de alguien y amar realmente a esa persona son dos cosas completamente diferentes.

Mucho se ha hablado del tema de querer, amar y estar enamorado, y suelen confundirse los términos como si se tratara de lo mismo. En primer lugar, querer, amar y enamorarse son tres cosas distintas. 

Querer es un sentimiento que nos impulsa a dirigir nuestro cariño y aprecio a una persona, a un objeto, a un lugar e inclusive a una situación. 
Amar en cambio va mucho más allá del querer, es un acto, es Ser, es principalmente aceptación pura, libre de juicio, y cuando experimentamos amor, nos elevamos, nos conduce a un elevado estado de conciencia. 
Enamorarse o estar enamorado en cambio, es una obsesión que no tiene que ver con amar y muy pocas veces con querer. Enamorarse implica apego e ilusión, una proyección en alguna situación, persona o cosa, donde se hacen coincidir artificialmente características de un modelo idealizado en la mente del que sufre la obsesión o enamoramiento y el objeto real. Es por eso que erróneamente se dice que el amor es ciego. El amor no es ciego, ciego nos hace estar enamorados porque ensoñamos en lugar de apreciar. A las relaciones de parejas es a las que más se asocia el enamoramiento, aunque también podemos enamorarnos de un objeto o de una idea, es decir, obsesionarnos con un objeto al que le atribuimos características especiales.

 A diferencia del enamoramiento, cuando amamos apreciamos las cosas, las ideas o las personas tal como son, sin idealizarlas. Es diferente al querer, porque se aceptan las ideas, cosas o personas sin intentar cambiarlas o dominarlas, se aceptan con sus virtudes y debilidades. El enamorado, dada su obsesión, proyecta su ilusión en el otro, haciéndole coincidir artificialmente con las características de alguien que sólo existe en su mente (una construcción previa). Suele exacerbar los atributos que considera positivos y, justifica, niega o ignora aquellas características que obvia y pero que luego, con el tiempo, considerará “defectos”. El enamoramiento tiende a durar poco porque el rigor del día a día va desvaneciendo la niebla de la ilusión que impide ver quien lo padece, y poco a poco, al pasar la “ceguera”, empieza a percibir aquellos aspectos que siempre estuvieron allí pero que habían sido pasados por alto, aquellos que jamás observó o tomó en cuenta. 

¿Porqué amar es más que un sentimiento? 

Porque amar va más allá del querer, es una perspectiva en la que se reconoce al otro como un individuo valioso en toda su dimensión, incluyendo la que no somos capaces de apreciar. Amar implica vernos reflejados en el otro, de verlo y reconocer sus atributos, su cualidades, sus características como potencial de lo que somos. Amar implica la aceptación más allá del juicio que califica o condena. A través del amor, observamos y disfrutamos la plenitud de Ser y es el punto de comunión que nos conecta con todos y con todo. . 
Otras de las características del amor es la confianza, la Fe, la intención, la acción, el comprender y el aprendizaje. El amor nos eleva y nos hace mejores personas. Cuando se dice que el amor es sufrimiento, debemos entender la palabra “sufrimiento” como experiencia , un acto que se vive, y no confundir el término con el significado que normalmente se da a la palabra “sufrimiento”, que significa dolor y que es producto del apego o necesidad de querer poseer o dominar lo que se piensa que se tiene. 


En una relación puede darse querer y enamoramiento. En una relación como esa, el querer busca controlar al otro y el querer, dominarlo y poseerlo. El enamoramiento es lo que impulsa el deseo desmedido por querer estar con esa persona sin respetar su espacio, ya que nuestra mente supone, erróneamente, que estando con esa persona somos felices. De esta forma, el enamoramiento termina siendo un intenso apego. 
El enamoramiento y el querer también suelen venir acompañados de celos, lo cual también es nocivo para las relaciones. El querer, en su aspecto de control, busca cambiar a la pareja, o nos entristeceremos o molestaremos si no hace lo que quermos, o si se aleja físicamente, o si reclama su espacio, en fin, es otra manifestación de apego que nos impulsa por egoísmo a buscar satisfacer nuestras necesidades

Cuando estás enamorado de alguien, quieres tener a esa persona. Cuando amas a alguien, necesitas a esta persona.


Estar enamorado se trata de querer tener parte de la otra persona. Es creer que esta persona es tan maravillosa, que quieres que él o ella sean parte de tu vida. Parte de ti. Cuando te enamoras de alguien, sientes una necesidad intensa de consumir tiempo junto a esa persona.
Estar enamorado es creer que necesitas a alguien para ser feliz.
No quieres tenerlo, o más bien, no te basta con tenerlo. Necesitas a esa persona para vivir una vida feliz y saludable. Tu felicidad, literalmente, depende de eso.
Necesitas que esta persona sea parte de tu vida de una u otra forma, no porque quieras ser dueño de parte de este ser humano, sino porque quieres darle a él o a ella una parte de ti mismo: amar a alguien es sentir que valen tanto como para entregarles parte de ti.

No se trata de apropiación, se trata de querer lo mejor para esa persona: algo que, a veces, involucra dejarlos ir.

Cuando estás enamorado de alguien, tus emociones siempre están al 100%. Cuando amas a alguien, los sentimientos van y vienen


Te sientes como si estuvieses flotando sobre una nube. Te sientes así sólo con estar enamorado de esta persona, y es una sensación que no quieres dejar ir.
Nadie quiere dejar de sentir algo así, y ese es el problema: llega un momento en que te bajas de la nube.
Amar a alguien no es tanto sobre las emociones, tiene más que ver con los pensamientos.
Pensar en alguien, querer lo mejor para ellos, hacer lo que puedas para hacerlos felices y preocuparte de ellos tanto, o más, de lo que te preocupas de ti mismo: eso es amor. Las emociones que vienen con el proceso son beneficios adicionales.
Una vez que pasas la etapa de simplemente estar enamorado de alguien a comenzar a amarlos, tienes que aprender a dejar ir esta sensación de estar en una nube y aprender a vivir con emociones menos estridentes.


Cuando estás enamorado de alguien, crees que te importa esa persona más de lo que en realidad es. Cuando amas a alguien, te preocupas de esa persona más de lo que te das cuenta


Enamorarse es mucho más fácil que amar. Cuando estás enamorado, los químicos presentes en tu cerebro y cuerpo te hacen sentir como si esta persona fuera la mejor persona del mundo.
Crees que este ser humano es la persona más increíble con la que jamás te hayas encontrado. Lamentablemente, esta forma de pensar acaba cuando pasa el enamoramiento.
Es fácil reconocer cuándo estás enamorado porque te hace sentir una necesidad constante. Por otro lado, amar, no te da recordatorios tan constantes.Cuando realmente amas a alguien, dichos momentos de separación y pérdida te sobrepasan con la emoción. Muchas veces las personas olvidan cuánto aman a alguien, o a veces no se dan cuenta, hasta que la vida los obliga a recordar.

Cuando estás enamorado, puedes desenamorarte de esa persona. Cuando amas a alguien, nunca dejas de amarlo


Si puedes enamorarte de alguien entonces ya saber que puedes, igual de fácil, desenamorarte de esa persona.Estar enamorado, y todo lo que se relaciona con el amor romántico, es en su mayoría el resultado de lo que nuestra mente elabora. Nos permitimos enamorarnos al ver de manera romántica al individuo así como también a la relación. Cuando estás enamorado, la realidad no siempre es lo mismo que tú ves.
Amar a alguien es algo que te define: define quién eres. Quienes nunca nos dejan son las personas a quienes amamos.
Pueden irse, o salir debido a otras razones de nuestra vida, pero nunca se van de nuestra mente. Su recuerdo nos provoca emociones fuertes. Su presencia en nuestras vidas tiene una influencia tan importante en nosotros que, debido a ellos, somos personas diferentes.
Cuando amas a alguien, no puedes dejar de amar a esa persona, ya que requeriría dejar de amar a una parte de ti mismo.



Textos extraídos de aquí. de allá, de upsocl.com, de reflexionessenoixelfer