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jueves, 10 de marzo de 2016

LA CONCEPCIÓN DEL AMOR LIBRE EN EL JOVEN MIJAÍL BAKUNIN

Con 29 años, Mijaíl Bakunin escribía desde París a su hermano Pavel, desarrollando hermosos párrafos acerca de la concepción del amor libre y certeras críticas a la posesión afectiva, «Querer, al amar, la dependencia de aquella persona a la que se ama, es amar una cosa y no un ser humano», añadía el joven ruso posterior fundador del colectivismo anarquista. En 1845 Mijaíl Bakunin aún no constituía un pensamiento anarquista plenamente desarrollado, sin embargo, sus palabras se teñían intensamente del amor a la libertad que años más tarde conformó la esencia del pensamiento del socialismo revolucionario bakuninista sobre el cual el movimiento anarquista mundial sentó las bases. Tomado del Libro «Conversaciones con Bakunin», compilación a cargo de Arthur Lehning, Editorial Anagrama. Es un fragmento de la carta original (N&A)


París, 29 de Marzo de 1845
Mijaíl Bakunin 
a su hermano Pavel


Amo, Pavel, amo apasionadamente; no sé si puedo ser amado como me gustaría serlo, pero no desespero; sé al menos que tiene mucha simpatía por mí; debo y quiero merecer el amor de la que me ama, amándola religiosamente, es decir activamente; ella está sometida a la esclavitud más terrible e infamante; y yo debo liberarla luchando contra sus opresores y encendiendo en su corazón el sentido de su propia dignidad, suscitando en ella el amor y la necesidad de la libertad, los instintos de la rebelión y la independencia, recordándole a ella misma sus sentimientos acerca de su fuerza y sus derechos.

Amor es querer la libertad, la independencia total del otro, es este el primer acto de amor verdadero; es la emancipación completa del objeto al que se ama; verdaderamente no se puede amar más que a un ser perfectamente libre, independiente no solamente de todos los demás sino incluso y sobre todo de aquel de quien es amado y a quien se ama.


Esta es mi profesión de fe política, social y religiosa, éste es el sentido íntimo no sólo de mis acciones y mis tendencias políticas, sino hasta donde puedo de mi existencia particular e individual; porque el tiempo en el que estos dos tipos de acciones podrían ir por separado está ya muy lejos; ahora el hombre quiere la libertad en todas las acepciones de esta palabra, o no la quiere.

Querer, al amar, la dependencia de aquella persona a la que se ama, es amar una cosa y no un ser humano, pues el hombre solamente se distingue de la cosa por la libertad; y si el amor también implicara la dependencia sería lo más peligroso y lo más infamante del mundo, porque reaviva entonces una fuente inagotable de esclavitud y embrutecimiento para la humanidad. Todo lo que emancipe a los hombres, todo lo que al hacerlos entrar en sí mismos suscita en ellos el principio de su vida propia, de una actividad original y verdaderamente independiente, todo lo que les da la fuerza para ser ellos mismos, todo esto es verdad; todo lo demás es falso, liberticida, absurdo.


Emancipar al hombre es la única influencia legítima y bienhechora. ¡Abajo todos los dogmas religiosos y filosóficos, no son más que engaños! La verdad no es una teoría sino un hecho, la vida misma, es la comunidad de los hombres libres e independientes: es la unidad del amor que surge de las profundidades misteriosas e infinitas de la libertad.


Mijaíl Bakunin


Texto extraído de: noticiasyanarquia

jueves, 3 de marzo de 2016

LOS HECHIZOS DE LA HISTORIA

by Cecilia y Javi 

Cuando reflexionamos sobre la mujer, su rol histórico en la sociedad y la forma en la que se ha entendido su libertad, nos encontramos con un sinfín de realidades crueles, de mucha violencia y autoritarismo sobre el género femenino, su cuerpo, su mente y su identidad. Esta vez, hablamos de las “brujas” de Salem.

Ilustración: Javi
En sociedades tradicionalmente patriarcales y dominadas por hombres, las mujeres han sufrido históricamente todo tipo de violaciones a sus derechos. Los métodos de control que fueron utilizados a modo de legitimar un poder y una supuesta superioridad masculina no tenía (tienen) razón de ser. En el día de hoy nos reunimos en torno a esa palabra dura y difícil de comprender tan opuesta a la libertad: CONTROL.
Me interesa en estos renglones analizar la idea de control masculino sobre las identidades, sobre los cuerpos y las mentes de las mujeres desde un punto de vista social, entendiendo que siempre que fue necesario las sociedades establecieron maneras de justificar ciertas desigualdades y desequilibrios culturales, económicos o políticos. En el caso de las mujeres es significativo, pues mientras muchas minorías han logrado hacer valer sus derechos, hoy en día todavía se sigue manteniendo la creencia de que la mujer es el sexo débil, que se debe controlar su sexualidad y que se deben limitar las decisiones que cada una puede tomar sobre su propio cuerpo.

Uno de los fenómenos históricos que más me llaman la atención y que demuestran este irrefrenable deseo del hombre por ejercer el control sobre la mujer es el de aquellos tantisimos juicios que se llevaron a cabo en la ciudad de Salem, Massachussetts (así como también en otras ciudades de ese mismo estado) a fines del siglo XVII. Acusadas de brujería y de prácticas paganas que no coincidían con las religiones puritanas traídas desde Europa, muchas mujeres fueron expuestas a violentos juicios en los cuales hombres y mujeres supuestamente decorosos juzgaban la vestimenta de las jóvenes y decidían sobre su destino: la mayoría terminó siendo condenada a muerte por actos inmorales y de brujería. Solían ser arrestadas y condenadas el mismo día, claro está, sin posibilidad de defenderse o recurrir a ningún tipo de alegato. Varias de ellas antes de ser ejecutadas debieron pasar por histerectomías, operaciones en las cuales se les retiraba brutalmente el útero por considerárselo la fuente de todos los males.

Este caso particular nos habla de una situación excepcional que sin embargo fue la exacerbación de muchos valores que existían en menor medida en otras sociedades y que han dejado sin duda resabios hasta en las comunidades más avanzadas y modernas.
Algunos de ellos son las ideas sobre los poderes mágicos y oscuros que las mujeres pueden desarrollar en perjuicio de otros, sobre lo inmoral de su conducta, sobre lo inadecuado del comportamiento que cae por fuera de los parámetros considerados normales. La verdad es que para las comunidades puritanas como la de Salem estas mujeres representaban el descontrol, el miedo a perder capacidad de gobernarse bajo los valores éticos y religiosos, las licencias sexuales y libidinosas que llevarían a cualquier sociedad al caos absoluto. Ese miedo, esa falta de comprensión, esa necesidad de dirigir los cuerpos y las mentes femeninas justificaron semejante aberración y matanza.


Si bien hoy en día no podemos seguir hablando de una “caza de brujas” propiamente dicha, pongámonos a pensar por un momento, cuántas veces se hacen juicios sobre el comportamiento de las mujeres, sobre su forma de llevar la vestimenta o incluso su forma de relacionarse con otros.
Es común creer que una mujer decidida, que una mujer que no tiene miedo de decir lo que siente, o de disfrutar de los placeres de su cuerpo, es una mujer loca, desequilibrada, que busca llamar la atención y que debe recatarse para vivir en sociedad. Todavía muchas sociedades occidentales creen que la mujer debe guardarse al ámbito privado, por lo tanto aquella que se atreve a romper con ese mandato es una desfasada. Estudiar una carrera, tener una profesión, elegir no tener familia, seleccionar la vestimenta que más resalte su cuerpo, son todas acciones que no cualquier sociedad acepta para una mujer. Esas son también formas ocultas e invisibles de ejercer control sobre la libertad femenina, sobre las decisiones que podamos tomar sobre nuestra propia vida y destino.


Texto extraído de: Proyecto-kahlo