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viernes, 10 de enero de 2014

RAZONES PARA AMAR A UNA MUJER REVOLUCIONARIA



Para amar a una mujer LIBERTARIA se necesita gallardía y coraje y una sobre dosis de importaculismo ,porque sepan bien que a las libertarias la sociedad siempre las sataniza, las estigmatiza y les ponen todo tipo de rótulos, desde el mas popular como es el rotulo de "PUTA", pasando por rótulos como "amargada" ,"insolente", "desadaptada", "problemática" y no falta quien se escuda en su moral para roturarla de " Libertina y pecadora " así que oigan muy bien una LIBERTARIA es una mujer para amar sin prejuicios , sin juicios de valor, sin cadenas ,sin mentiras con toda ella a una libertaria la amas completa o mejor no la ames porque ella no puede con la tibieza de un amor mediocre una libertaria exigirá siempre el calor de un amor autentico 

(Mar Candela -ideologa feminismo artesanal)

Foto: Adipositivity


Una mujer revolucionaria
es capaz de sentir en lo más hondo,
cualquier injusticia
cometida contra cualquiera,
en cualquier parte del mundo.

Una mujer revolucionaria
se indigna con más frecuencia,
concibe preguntas todos los días,
grita más fuerte,
llora más alto,
desea con más ansias,
quiere más resuelta,
siente más profundo.

Una mujer revolucionaria sabe mirar mas allá
de la estética preconcebida
por las revistas de moda
y concursos de mercancías mujeriles,
porque es más femenina que las determinaciones del mercado.

Una mujer revolucionaria
sale a parir las jornadas
con sus botas de campaña,
el segundo sexo en su espalda,
la libertad en los labios,
las razones debajo de sus cabellos.

Una mujer revolucionaria
es más hermosa
que las muñecas de plástico,
más atractiva que los destellos de los fugaces reflectores,
más sensual que los caprichos tendenciales del momento.

Una mujer revolucionaria
huele a pólvora,
gases lacrimógenos,
tierra,
montaña,
río,
flores silvestres,
soles de inviernos,
ecos del jardín,
frutas del caribe.

Una mujer revolucionaria
siente más y gasta menos,
sonríe desde los huesos,
besa hasta el delirio,
se entrega sin equipajes de mano
ni reservas de divanes de cuero.

Una mujer revolucionaria
siempre está dispuesta al romance
sin importar la incitación
de los manuales de la familia
y los hogares prominentemente
seguros y a salvo.

Una mujer revolucionaria
hace el amor con el corazón
puesto al lado izquierdo de la cama
y su alma colgada sobre el dosel.

Una mujer revolucionaria
es el eslabón doblemente más alto
de la especie humana,
y no hacen falta
muchas más razones
para amarla
hasta la locura,
hasta el cosmos,
hasta la muerte,
hasta un millón de veces
más allá del infinito.


Adal Hernández



Porque éste es el lema de la Revolución: ¡Atrévete a amar!


Una revolución sin pasión es una revolución zombie.


Por ello el amor puede ser una fuente inagotable de poder. ¿Quién no mataría por dar de comer a sus hijos, por el marido injustamente preso, por el padre desahuciado, por el amante asesinado en la guerra, por el amigo explotado…? Sólo se lucha por quien sea ama y se quiere. De ahí que el sistema económico que nos alberga trate de destruir ese tipo de afectos tan poderosos que pueden ponerle en jaque. De ahí que le interese vender las relaciones superficiales y esporádicas, las relaciones basadas en la utilidad en vez de aquellas basadas en el conocimiento y el cariño. Porque el amor puede ser un arma de destrucción masiva para el capitalismo.

El capitalismo nos dice: amaos para tener placer, amaos para obtener una determinada posición, un determinado nivel de vida; pero jamás os dirá: amaos para ser vosotros mismos, incluso mejores de lo que vuestro propósito se hubiera atrevido pensar.
Los ideales sirven al amor, no al contrario.


jueves, 9 de enero de 2014

LOS HOMBRES QUE VIVEN COMO MUÑECAS DE GOMA

Foto: Channel 4
Son heterosexuales y les gusta vivir bajo una capa de plástico y látex. La televisión británica desvela sus secretos en un documental.
SALOMÉ GARCÍA

Nacieron hombres. Se sienten hombres. Pero les hace gracia convertirse transitoriamente en algo así como muñecas hinchables gigantes a base de prótesis, rellenos y caretas de látex. Desmesuradas, inexpresivas, plastificadas. Desde luego, chocantes. Nada que ver con las drag queens que se limitan a exhibirse con kilos de maquillaje, pestañota postiza y pelucón a la mayor gloria de Priscilla, Reina del Desierto. Ellos llevan el guiño hasta el paroxismo: convertirse literalmente en muñecas de cuerpo entero, con toda su piel enfundada en una segunda piel de goma de apariencia inanimada. Entre la parodia de la muñeca Barbie y una profecía de lo que le puede pasar a algunas cuando se les va de las manos lo de abusar del bisturí, los rellenos y el bótox a granel. Más o menos guapas, más o menos exageradas. Son rubber dolls (muñecas de goma) o maskers(enmascarados, por aquello de que llevan sí o sí una careta de látex con rasgos de mujer).


Hace unos días el documental Secrets of the Living Dolls de Channel 4 mostraba el ritual de vestuario de estos locos del travestismo. Primero, introducirse cual buzo en rellenos de piernas falsas, un tronco falso y brazos de pega. Luego, el rostro de goma que solo tiene pequeños orificios para ojos, nariz y boca. Y, finalmente, la peluca. A continuación, sus vidas. Por un lado, la anónima, generalmente anodina. Por otro, la fantasía de convertirse en una mujer de bandera sui generis. Lo llamativo es que los hombres aficionados a esta suerte de fetichismo no siguen un único patrón. No son necesariamente transexuales, ni gays. De hecho, abunda el heterosexual juguetón. Ahí estaba Robert, un septuagenario californiano recién divorciado y dispuesto a acudir este año al Rubberdoll Rendezvous de Minneapolis, una convención anual de amigos del látex, el bondage y el sadomasoquismo y toda forma de fetichismo con acabado vinilado. O Jon, más conocido como 'Jennifer': operador de grúa industrial, padre de seis hijos y director del Rubberdoll Rendezvous. O Joel, un joven bartender a punto de mudarse a vivir con su novia, quien no tiene reparos en que él se convierta en ‘Jessie’ de cuando en cuando.

Si hay que buscar un padre a esta manifestación de libertad sexual, emocional y hasta artística ese es, sin duda, el fotógrafo alemán Peter Czernich. Creador de la revista sobre fetichismo Marquis y uno de los que más ha dignificado esta forma de expresión sexual. Él mismo define de manera muy clara la apariencia de estas muñecas humanas: “Deben vestir totalmente enfundadas en látex y tener los rasgos femeninos muy exagerados. Eso incluye tetas de torpedo, cintura de avispa y caderas, muslos y trasero muy acentuados. Barra de labios brillante, pestañas superlativas y uñas extralargas. Por lo general, suele ser sumisa, lista para el disfrute de otros. O sea, un juguete sexual”. Una fantasía que mueve una inquieta industria casi artesanal dedicada a fabricar no solo las máscaras, sino prótesis de senos, caderas, nalgas y hasta falsas vaginas con un ingenioso receptáculo para acoplar los testículos y poder dar salida a la orina como una señorita.Un 'outfit' completo puede salir por más de 600 €


Robert Sherry, un jubilado de 70 años afirma en el documental que le cuesta salir con mujeres porque no son más guapas que sus disfraces de muñeca
Foto: Channel 4 

Y al igual que hace un par de décadas no se concebía un evento de postín sin la consabida drag queen simpaticona, o, más recientemente, sin una o varias chicas it con novio rockero, lo último es contar con una famosa rubber doll. En este apartado, la reina tiene nombre propio: Pandemonia. ¿Hombre o mujer? “Artista conceptual y post-pop”, responde sin pudor cuando se intenta indagar sobre la condición sexual del ser humano que anida bajo el traje y la peluca hinchables. Indefectiblemente acompañada por su perrito – también inflable– Snowy y encaramada a unos taconazos de infarto. Y se la rifan inauguraciones de galerías de arte, exposiciones y desfiles de moda, como el de la firma de zapatos brasileña Melissa en la Semana de la Moda de Sao Paulo. Es la última excentricidad de un mundo donde arte, espectáculo y exhibicionismo son un billete seguro a la fama.

Pandemonia no es una 'rubber doll', es un artista/muñeca hinchable que se pasea por los eventos de la moda.
Foto: Getty


Texto extraído de: el país