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jueves, 9 de mayo de 2013

VUELVE LIBRE...PORQUE ES NECESARIA LA AUTODEFENSA FEMINISTA..

Hoy en día, volver a casa sola y tarde, se convierte en un acto revolucionario.
Transgredir todas las alarmas del "te puede pasar algo", es una reivindicación de que el miedo a la violación o la violación en si misma, no nos va a encerrar en casa.
Que somos libres de movernos en el tiempo y el espacio.


Camille Plagina, feminista norteamericana denomina la violación como un riesgo inevitable, adjunto a nuestros cuerpos leidos como mujer. Al pensar la violación así, como circunstancia política del heteropatriarcado, podemos encajarla de forma diferente en nuestro imaginario. "No sentir vergüenza por estar vivas, sino levantarnos, recuperarnos lo mejor posible; no se trata de negarlo, o de morir, se trata de vivir con"

De vivir con el hecho de que a las mujeres libres las violan por la calle, empoderémonos.

La sociedad piensa que la superioridad del violador es simplemente física, pero esto no es cierto, está avalado para cometer ese acto por esa misma sociedad.
A las mujeres no se nos prepara para defendernos, ni a golpear, ni a agredir. Se nos enseña la delicadeza, a evitar el peligro y "ser buenas chicas". Porque si eres una buena chica nunca te pasará nada malo.
Y si no lo eres, ya tienen preparado tu castigo.


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¿Por qué es necesaria la autodefensa feminista?


Escrito por Colectivo de Mujeres Autónomas (Madrid) 

"Las mujeres sufrimos diariamente la violencia en esta sociedad patriarcal y capitalista. No sólo sufrimos agresiones físicas y/o sexuales de determinados hombres, sino que el sistema nos violenta diariamente a través de la imagen que da de nosotras en los medios de comunicación, en la publicidad, a través de la educación sexista, de la religión, en el trabajo, en casa, en la calle, con los comentarios machistas que oímos diariamente, con la distribución de roles en las familias, etc. 



Existe una violencia estructural cotidiana contra las mujeres cuyas consecuencias son muy graves y en bastantes casos nos cuestan la vida (asesinatos de mujeres, suicidios...) o la salud mental y física (violaciones, humillaciones, enfermedades como la anorexia o la bulimia, depresiones...)."

LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES CUMPLE UNA FUNCIÓN MUY IMPORTANTE EN EL SISTEMA PATRIARCAL Y CAPITALISTA: PERPETUAR LA DOMINACIÓN DE LOS HOMBRES SOBRE LAS MUJERES. LA PERSISTENCIA DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES ES UN SÍNTOMA Y UNA CONSECUENCIA DE LAS DESIGUALES RELACIONES BASADAS EN LA SUPUESTA SUPERIORIDAD DE LOS HOMBRES SOBRE LAS MUJERES.

No es el producto de unas mentes enfermas, de unos pobres hombres traumatizados por haber sido maltratados de pequeños o de una pelea pasional entre iguales, como suele ser presentada en los medios de comunicación, se trata de una violencia y agresión aprendida social y culturalmente para someter a las mujeres y usa los métodos de humillación establecidos por el patriarcado. 


Su meta es degradar la autoestima de la mujer. Este método se ha usado por todo aquel sistema basado en la idea de que hay seres superiores que tienen derecho al poder sobre los otros seres que consideran inferiores.



 Se percibe con normalidad y con un cierto grado de tolerancia social.

El rol que nos han asignado a las mujeres y que ha pasado a ser parte de nuestra “identidad femenina”, perpetúa esta situación: debemos ser pasivas, delicadas, débiles, sumisas, desvalidas, sacrificadas, necesitamos que nos protejan, debemos estar a la sombra o detrás del hombre, no somos nada sin la media naranja, etc.




 Es habitual que nuestras madres y padres nos digan cuando somos adolescentes que podemos salir por la noche si nos “echamos un novio” que nos acompañe a casa, enviándonos el mensaje de que solas corremos peligro, educándonos como seres dependientes y temerosos. Sería mucho más útil para formar personas adultas, libres y autónomas que potenciaran el desarrollo de la seguridad en nosotras mismas y en nuestras capacidades o que nos animaran a apuntarnos a un curso de autodefensa para no tener que dejar de hacer cosas por miedo o porque no tengamos a nuestra vera a alguien que nos proteja.

Este discurso “de dependencia” lo asimilamos las mujeres y conduce a que sintamos miedo y seamos temerosas. Desde pequeñitas nos enseñan a tener miedo, reiterando el mensaje de que no debemos hacer nada solas: si vivimos solas, debemos tener miedo, si salimos solas por la noche, debemos tener miedo, si subimos solas con un desconocido en el ascensor, debemos tener miedo, si viajamos solas, debemos tener miedo, si vamos a un bar solas, debemos tener miedo…, haciéndonos creer que solas por el mundo corremos peligro. 


En realidad, este miedo suele ser infundado. Es más fácil que nos agreda un familiar o un conocido a que lo haga alguien por la calle, pero este miedo está construido socialmente y a quien beneficia es a los hombres. Nos mantiene bajo control, pasivas, sin iniciativas, sin ocupar muchos espacios “públicos”, siempre a la vista o a la sombra de algún hombre que nos proteja y vele por nuestra seguridad. ¡¡¡ Pobrecitas!!!!. Mejor en casita tranquilas y seguras que en la calle, donde supuestamente un clima de amenaza permanente se cierne sobre nuestras cabezas. El mensaje es claro y reiterativo: Otra vez a casa, que es donde mejor estamos.

La insistente presentación de las mujeres como objetos de las agresiones actúa como instrumento de control social. La finalidad no es protegernos sino generar y mantener un sentimiento de temor. Además, socialmente nos han enseñado sólo a agradar y a servir a los demás, nos cuesta decir NO a los demás, siempre se muestra la imagen de víctima de la mujer, siempre aparece el héroe o el superman de turno a salvarnos porque solas no podemos. La imagen que el sistema muestra de las mujeres no es la de personas adultas, dueñas de su destino, de sus cuerpos, en definitiva, de sus vidas. El mito de la condición de víctimas de las mujeres las mantiene alejadas de la calle y recluidas en casa, que suele ser el lugar donde corren mayor peligro.



 Las mujeres acabamos asumiendo como propios de nuestra identidad femenina los roles que el patriarcado ha dictado. Como mujeres se nos gratifica socialmente si adoptamos papeles y roles de sumisión o víctima. Obtenemos reconocimiento social si cumplimos los patrones impuestos por el patriarcado. Así aprendemos a conseguir una falsa autoestima a través del reconocimiento de otras personas por nuestros cuidados a los demás o por cumplir el patrón de belleza imperante.

Los medios de comunicación pulen y rematan el trabajo martilleando constantemente con su visión patriarcal y capitalista de la mujer: nuestra misión debe ser deleitar, atraer, gustar, dar bienestar, cuidar, ser dependiente, indefensa, pasiva, sin iniciativas, mostrando siempre la imagen de la mujer como objeto sexual. 


Esto es lo correcto; los sueños y las metas son la manera que tiene Satán de distraerte de hacer la cena

La del hombre será la de ser deleitado, atraído, servido, obedecido y respetado.

Además, ante la sangría y violencia machista cotidiana, de la que sólo sale a la luz un porcentaje muy pequeño de casos-los más graves y escandalosos- vemos que desde las instituciones el mensaje que se lanza a las mujeres en caso de sufrir agresiones es el de: denuncia y sal corriendo a una casa de acogida, porque desde luego si tras denunciar, las mujeres permanecen en sus hogares, lo más probable es que acaben engrosando la lista de mujeres asesinadas.

Las campañas institucionales contra “la violencia de género” plantean un enfoque dependiente, paternalista y victimista que sigue mostrando una imagen indefensa y vulnerable de las mujeres, con ojos morados, desvalidas, con sentimiento de culpa, como si sólo ellas fueran las responsables de su situación. Están dirigidas siempre a atenuar las consecuencias y van dirigidas SÓLO hacia las mujeres, cuando es un problema social, del que tod@s somos responsables. 




Los recursos y medios que se dedican a intentar paliar esta violencia machista se invierten en resolver el problema de manera individual, no colectivamente. No hay campañas con un mensaje a toda la sociedad denunciando la ideología patriarcal como la raíz del problema, animándonos a tod@s a no mirar hacia otro lado cuando seamos testigos de agresiones, a no permitir ni un abuso, a no aguantar ni callarnos ante un comentario o broma machista o sexista, a cambiar esa idea tan extendida socialmente de que “lo que ocurra en el ámbito doméstico, dentro de casa, son cosas privadas en las que no hay que meterse”.

Viendo que los distintos organismos e instituciones no pueden o no quieren poner los medios para que acabe este genocidio contra las mujeres, nosotras decimos: MUJER, APRENDE A DEFENDERTE.

Frente al enfoque institucional que ya hemos mencionado -paternalista, de dependencia y victimista- y viendo los resultados del mismo, desde nuestro colectivo apostamos por otro totalmente contrario: el de una mujer libre, fuerte, autónoma, que use todas sus capacidades para defenderse.




 Por eso reivindicamos la autodefensa feminista. No vamos a esperar una vez más a que vengan a salvarnos (y menos instituciones tan marcadamente machistas como la policía, la judicatura, o la guardia civil), lo vamos a hacer nosotras. Y usaremos nuestra agresividad, rabia, capacidades e inteligencia para hacerlo.


¿QUÉ ES LA AUTODEFENSA FEMINISTA?

No se trata de aprender a ser violentas de manera gratuita, ni de odiar a todos los hombres e ir repartiendo leña por las calles porque sí. HABLAMOS DE AUTODEFENSA, DE DEFENDERNOS PORQUE NOS ATACAN, DE DEFENDERNOS CONTRA LA VIOLENCIA DE LOS HOMBRES AGRESORES Y DEL SISTEMA PATRIARCAL Y CAPITALISTA. 




LA AUTODEFENSA ES LA RESPUESTA A UNA AGRESIÓN PREVIA COMO MÉTODO DE SALVAGUARDAR NUESTRA INTEGRIDAD FÍSICA Y PSÍQUICA. EL DERECHO A LA DEFENSA PROPIA FRENTE A UN DAÑO O PELIGRO ES TOTALMENTE LEGÍTIMO.

A las mujeres desde pequeñas, se nos niega la rabia, la fuerza y la agresividad, parece que es patrimonio de los hombres, pero es una reacción natural ante el peligro o la amenaza. La vulnerabilidad e indefensión aprendida de las mujeres nos deja desvalidas y nos impide ser seres autodeterminados y libres, dueñas de nuestro destino. La autodefensa es todo lo que nosotras podemos hacer para tener el control de nuestras vidas y que estas sean seguras en todos los aspectos. Es invertir el rol que el sistema nos ha asignado en situaciones en las que deberíamos representar el papel de víctimas. 





La autodefensa feminista va más allá de aprender técnicas de defensa personal. Ya hemos visto que no sólo sufrimos violencia física y sexual, también sicológica y emocional de manera cotidiana. La obediencia y sumisión en la que se nos educa a las mujeres tiene unos efectos devastadores en la autoestima, que hace que nos culpabilicemos del malestar y la frustración que sentimos en nuestras vidas. Tanto si asumimos estos roles como si intentamos salir de ellos nos sentimos culpables: ahí está la trampa. Este sentimiento provoca actitudes de pasividad-victimismo y bloquea nuestra rabia, necesaria para el cambio. 




Ante esta obediencia que anula nuestra autonomía, que nos aísla e impide defendernos, la autodefensa nos sirve de herramienta para avanzar, refuerza nuestra autoestima, nos ayuda a concienciarnos sobre los roles que el sistema nos asigna y nos enseña a reconocer las múltiples maneras en que somos agredidas cotidianamente. Tiene mucho que ver con conseguir una autoestima alta, saber querernos, respetarnos a nosotras mismas, saber poner límites a la gente y no aguantar actitudes machistas.



 Los cursos-talleres de autodefensa feminista son pequeños pasos para un posible cambio personal y toma de conciencia.

A MAYOR AUTOESTIMA, MENOR ES EL PELIGRO DE QUEDAR ATRAPADA EN EL PAPEL DE VÍCTIMAS.

Tras salir de este tipo de talleres las mujeres sienten una mayor seguridad en si mismas y en sus capacidades. Por eso, en este tipo de talleres, es fundamental la defensa emocional así como la reivindicación de la necesidad de organizarse de manera colectiva.




En definitiva, a través de estos talleres o cursos de autodefensa feminista podemos conseguir distintos objetivos:

-Aprender a protegernos nosotras mismas con técnicas de defensa personal, para las que no es necesario machacarse en el gimnasio, ni ser un armario de 4 puertas; son trucos que nos pueden salvar en una situación de peligro.

-Conocer las posibilidades de nuestro cuerpo, desarrollar los músculos, realizar actividades físicas, descubrir que somos más fuertes de lo que creemos, romper con el mito de que los hombres por una cuestión biológica son más fuertes que las mujeres y son invencibles.




- Profundizar en las causas de esta opresión y violencia contra las mujeres: la sufrimos porque somos mujeres y por los roles construidos socialmente por el patriarcado y el capitalismo. Favorecer el conocimiento de los diferentes abusos, comentándolos conjuntamente. Suministrar instrumentos de lucha contra la ignorancia y para reconocer a tiempo la manifestación de agresiones sexuales, violencia física y sicológica.

-Aprender a reaccionar de la mejor forma posible ante determinadas situaciones que nos molestan, a exigir respeto, a no tener que tolerar actitudes machistas por no saber como reaccionar, por vergüenza, por miedo,.., aprender a evaluar las situaciones y a buscar la mejor manera de resolverlas.




- Aprender una actitud que nos prevenga, nos proteja y posibilite una respuesta frente a la violencia (como andamos, que refleja nuestro cuerpo al resto según caminemos, miremos, hablemos, gritemos, etc.). Reconocer el miedo y situarlo, libera la rabia y nos prepara para pasar a la acción.

- Tomar conciencia de de cómo el miedo y la sumisión se ha instaurado en nuestras vidas, y a partir de ahí poder recobrar la confianza, la autoestima psíquica y física y la seguridad que tenemos las mujeres, a nivel personal y colectivo, frente a un sistema que ignora y somete nuestras vidas a intereses patriarcales y capitalistas. 





- Crear un espacio o punto de encuentro de mujeres, compartir experiencias, practicar el apoyo-mutuo, superar el individualismo, fomentar la solidaridad entre mujeres frente al mensaje de competitividad y rivalidad entre nosotras que el sistema nos envía.




- Lanzar el mensaje y reivindicar que no necesitamos a nadie que nos defienda, que somos fuertes, que somos autónomas, que nuestro cuerpo es nuestro, que podemos ser agresivas, que somos activas, que tomamos la iniciativa, que no nos vamos a dejar pisotear, ni humillar, que no cederemos espacios o dejaremos de hacer cosas por temores o miedos. Acabar con el victimismo.

- Reivindicar la autoorganización y la autogestión de las mujeres. 



Ante la violencia cotidiana que sufrimos las mujeres, no podemos quedarnos sentadas esperando que este sistema capitalista y patriarcal o sus representantes directos (jueces, militares, policía, polític@s...) resuelvan estos problemas, cuando es el sistema patriarcal capitalista quien los provoca y estas instituciones quienes las ejercen y la legitiman. Que nos atacan, pues nos defendemos. No podemos delegar nuestra seguridad y nuestras vidas en l@s demás. Para resolver estos problemas sociales es necesario organizarse, apoyarse en las demás, dialogar con el grupo, construir espacios colectivos. La inexistencia de un movimiento feminista fuerte y potente es una de las razones de la regresión y el retroceso actual que se está produciendo en la situación de las mujeres.

¡MUJER, APRENDE A DEFENDERTE!
¡ANTE LA VIOLENCIA MACHISTA, AUTODEFENSA FEMINISTA!
¡VIVA LA LUCHA FEMINISTA!

mujeresautonomas[arroba]gmail.com

Artículos publicado en Äcidas, feministas ácidas y La haine.org



sábado, 4 de mayo de 2013

NO!!!, NO QUIERO SER MADRE

SITUACIÓN 1:


Llevo varios días durmiendo mal debido a una de esas cosas del frío, un ~proceso gripal~, y por lo tanto me encuentro en el momento en que escribo esto bastante irritable y desganada. Soy un deshecho de persona que apenas funciona o piensa con claridad. No puedo evitar entonces acordarme (y compadecerme) de esas mujeres que además son MADRES. Dar de mamar a horas intempestivas, levantarse la primera a hacer desayunos, irse a la cama la última tras asegurarse de que Pablito o Anita han hecho los deberes, se han lavado los dientes y puesto el pijama (a menudo ser la que se lo pone si los hijos muestran vocación porculera).





 Lidiar con una pareja que a menudo piensa que su parte del trabajo es ser niñero o “ayudar un poco” en casa. Igualdad, libertad y fraternidad. Mantenerte cuerda para sobrellevar la propia vida. O lo que quede de ella.


SITUACIÓN 2:

Hace un tiempo tuve una etapa HORRIBLE: mi relación sentimental de hacía años se iba a la mierda de manera inexorable delante de mis ojos y la mayoría de mis amigos estaban desaparecidos, viviendo fuera de España o trabajando en trabajos de mierda con horarios de mierda (ambas cosas a la vez, a menudo). En la universidad no me quedaban amigos y tenía que pasar muchas horas allí. Al susodicho ex apenas le veía el pelo y al final del día resultaba que mis cuerdas vocales permanecían casi intactas hasta el momento de llegar a casa. Fue duro no sólo por el cambio que dio mi vida, si no también por el tedio y la soledad que llegué a sentir.

Una tarde volvía a casa en bus cuando subió una joven madre con su carrito, una chica que podría haber tenido mi edad. Se quedó muy cerca de donde estaba sentada así que tuve oportunidad de observarla a gusto y al principio me llamó la atención lo tierno de la estampa: esa adorable mamá diciendo monerías a su retoño para que se riera, pero luego me di cuenta de que usaba palabras completas en lugar de los galimatías que solemos soltar a los bebés de pocos meses. Lo vi claro: me recordaba a mí al llegar a casa y ver a mi gato (DEP).

No pude evitar montarme la película allí mismo y pensé que, como el bebé era aún muy pequeño, muy probablemente la mujer se encontrase de baja maternal (con suerte) o que tal vez hubiese dejado el trabajo por completo al quedarse embarazada. O peor aún, se había quedado en el paro a causa de su estado.

A lo mejor también vivía lejos de su familia.

A lo mejor no había madre que pudiera hacer de canguro a ratos.

Con este escenario montado en mi cabeza la única situación posible para esa o cualquier otra mujer es pasarse 24 horas al día, 7 días a la semana con un ser totalmente desvalido pero con una apretadísima agenda que consiste en comer, dormir, cagar, comer, dormir, cagar y con algún highlight del tipo “ooooh ¡el bebé ha vomitado!” (Patty Bouvier dixit). 





Aún quedan lejos los días en los que al menos sepa cantar Soy una tetera.

Yo, que en ese momento tenía un máster en soledad y aburrimiento, creí reconocer en ella a un alma afín, alguien tan desesperado por que no se le atrofiasen las cuerdas vocales que no le quedaba más remedio que hablar con su bebé (hello? Is there anybody in there?). Y aceptémoslo, eso está sólo un escalón más arriba de hablar sola.

Me fijo en estas cosas y pienso todo esto porque hace ya un tiempo que he decidido que lo de ser madre no es para mí. Es cierto que la vida es extraña y cambiante y a lo mejor un día veis a una mujer morena con gafas de pasta hablando a un gato niño sentado en su carrito mientras va por la calle y resulta QUE SOY YO pero sinceramente, lo veo poco probable. Mamás hipsters hay muchas y será imposible que me reconozcáis y además está el hecho de que NO quiero ser madre.



Hay muchas razones de peso que me han llevado a decidirme por la opción libre-de-niños. Para empezar, me resisto a que la sociedad me vea como una incubadora con patas, que se me considere, por el hecho de tener útero, una “pre-embarazada”. ¿Creéis que exagero? Los movimientos “pro-vida” entre otros están totalmente de acuerdo con esa afirmación. ¿Y soy la única que ha oído decir aquello de que debería tomar B12 “para preparar mi cuerpo de cara al futuro embarazo” independientemente de mis planes reproductivos?

Aún recuerdo aquella clase de gimnasia de 6º de EGB en la que mi profe dijo que hacer abdominales era especialmente importante para las chicas para cuando fuéramos mamás el día de mañana. Por si se os escapa el detalle, en 6º de EGB tenía 11 años, la regla aún no me había venido y la que era prácticamente un feto era yo, que todavía era una cría.

Dejando aparte casos individuales del tipo “a mi primo siempre le dicen que…”, ¿oís que a los chicos se les dé este tipo de consejo? “Deberías reducir el consumo de alcohol y tabaco ya que puede afectar a la calidad de tu esperma ¡y luego ya verás!” Huy sí, ya verás tú… Pero bueno,boys will be boys, y aquí no pasa nada. Es muy normal encontrarte a ese hombretón que tiene muy claro que lo de ser padre no es para él (si acaso, el tío molón) y la sociedad lo mira y piensa “SOLTERO DE ORO”. Total, hoy en día puede comer huevos cualquiera, no hace falta ser padre para eso y los niños no son para todo el mundo.

No son para todo el mundo, a no ser que tengas VAGINA. Betty Friedan ya hablaba del “problema que no tiene nombre”, pero dejadme que dé una vuelta de tuerca más: los niños son aburridos y pesados. Si no lo queréis decir en voz alta no pasa nada, pero a vosotros mismos no os podéis mentir. Admitámoslo, está el nacimiento porque ¿HOLA, NUEVA VIDA?, después está cuando el bebé empieza a hablar porque abandona su estado animal y empieza a ser algo más persona, y luego cuando empieza a andar, nuestro primer acto de independencia. Para algunos, los hitos se acaban ahí, otros continuamos y hasta acabamos en twitter y cosas así.

Mientras llegamos a eso tenemos que crecer y, DE VERDAD, la infancia es un lugar sobrevalorado, lleno de tiempos muertos, pataletas, sinsentidos y olores nauseabundos. La infancia se parece mucho a un bar un sábado por la noche: de manera ocasional encuentras a alguien interesante con el que mínimo puedes tener una conversación y tal vez conectar pero lo más probable es que estés rodeada de gente borracha perdiendo la dignidad.

Mujer, ¿no te gusta? ¿Es qué estás muerta por dentro? No, no es eso. Un sábado, dos sábados, puedo decidir no salir y hacer otras cosas. Cuando te conviertes en madre ya no hay vuelta atrás. Es más, ¿lo de los bares? Olvídate. En cuanto tengas un bebé, olvídate de eso y mucho más. Olvídate de todo, sobre todo de ti misma.

A las mujeres se nos educa desde tiempos inmemorables para resignarnos y anteponer las necesidades de los demás a las de una misma. 




En última instancia mi deseo de no ser madre obedece a librarme de esa “maldición”; quiero atender mis propias necesidades, cultivar aquello que me hace feliz y así convertirme en mejor persona. La maternidad es algo serio, bonito pero duro, y un compromiso de por vida que choca con mis planes. Antes de que me llames egoísta, piensa un momento: ¿me lo llamarías igualmente si fuese un hombre?

A lo mejor sí que me lo llamarías, a lo mejor piensas que soy una niñata malcriada que necesita un par de hostias. Puede que tengas razón pero ya sabes, me criaron así.


Texto extraído de: Normajeanmagazine