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domingo, 11 de agosto de 2013

DISIDENCIA SEXUAL, ANARQUISMO, LIBERACIÓN SEXUAL Y HOMOFOBIA




DISIDENCIA SEXUAL Y MILITANCIA POLÍTICA

“Ante el vértigo apocalíptico de la posmodernidad, la feroz incomunicación, la falta de lazos verdaderos , la creciente orfandad de los proyectos comunitarios, el exacerbado culto a si mismo, el imperio de la maquina sobre el ser , solo nos salvaremos por los afectos , puesto que tengo la convicción de que los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana”
Ernesto Sábato


Elaborar una reflexión en torno a qué rol le cabe a la disidencia sexual dentro de la practica política anarquista o libertaria es un desafío no menor. Esto porque, al igual que el resto de las tradiciones políticas de la izquierda revolucionaria, los libertarios no han estado exentos muchas veces y durante largo tiempo de posiciones bastante conservadoras y reacias a aceptar las diversas expresiones de la sexualidad, ya sea como parte tanto del movimiento político como de la clase trabajadora. No olvidemos las publicaciones de la denominada “Revista Blanca” o las investigaciones del médico anarquista Marañón , o los programas de la Ministra Federica Montseny durante la Guerra Civil Española, que si bien cambiaban el foco desde el que se analizaba la homosexualidad en aquel entonces -desde una perversión que debía ser castigada por una enfermedad que nos provocaba compasión y que era susceptible de ser curada-, dicho enfoque no evitó experimentos con homosexuales tales como trasplante de genitales o tratamientos psiquiátricos, así como el intento de implementación por parte de la CNT de “sanatorios de homosexuales”. Todo lo anterior en concordancia con el discurso oficial de la época, que esbozaba a la homosexualidad o a las sensibilidades sexuales diversas como desviaciones pequeño-burguesas, enfermedades producto de la degeneración que el capitalismo provocaba en las clases obreras y que sería extirpada una vez que los trabajadores se hicieran para sí de los medios de producción.[1]


Sin embargo, al ser también el anarquismo y las prácticas políticas libertarias una sucesión de ideas bastante dinámicas, es que también se alzaron desde estas trincheras las voces disidentes  que se atrevieron, desde su opción sexual o su apoyo abierto a las mismas, construir una política clasista y encarar la militancia política. Hago referencia por ejemplo a Lucía Sánchez Saornil, fundadora de la organización Mujeres Libres, militante de la CNT, lesbiana y activa luchadora de la guerra civil española contra el fascismo; lxs intelectuales anarquistas estadounidenses, Goldman y Berkman; o el colectivo homosexual anarquista alemán Der Eiger, entre otros. Si nuestra tradición política libertaria hoy asume casi per se estas posturas de avanzada, como parte de su proyecto político, se debe en base a estxs compañeros y compañeras.

No esbozo estas palabras para hacer una catarsis colectiva, e inmovilista, de las carencias actuales de los movimientos de liberación sexual y de la disidencia sexual solamente denunciando la intolerancia o estableciendo cánones de inserción de las afectividades sexuales diversas, basados solamente en la victimización, sino que por el contrario, pretendo orientar esta exposición delineando de manera general una apuesta de inserción política y social de estas prácticas, puesto que pese a todo, el desafío por construir una política de género libertaria sigue siendo una deuda pendiente de nuestro sector. Porque como disidentes sexuales y militantes políticos libertarios hemos decidido situar nuestra sensibilidad sexual como resultado de lucha de clases, es que salimos a la batalla. Luchamos por la liberación de nuestros cuerpos y deseos, así como de nuestras expresiones sexuales diversas. ¿Por qué además asumir dicha construcción desde una perspectiva feminista? Porque debemos hacer causa común con aquello que finalmente es el mismo enemigo, la cultura heteronormativa y patriarcal, producida por, durante y para el capitalismo, ante cuya superación, desde el frente de la lucha de género, hace imprescindible la unificación de fuerzas. ¿Por qué esta política debe ser libertaria? Porque en la apuesta de situarnos políticamente entendemos que la sociedad se encuentra estructurada en clases sociales y cuya superación solo será posible en la medida que seamos capaces de reapropiarnos de nuestro trabajo, y consecuentemente, reapropiando los espacios de expresión y participación popular en la cultura, la economía, el territorio y la sexualidad, mediante la acción directa de todas los y las oprimidos y explotados.

Es momento de pensar una disidencia sexual verdaderamente crítica. Ante el reconocimiento de un enemigo, reconocemos una solución, la disolución de la sociedad de clases y la abolición del Estado. Como anarquistas no logramos [F1] separar ambos puntos. Sin embargo, estas disidencias sexuales no deben ser pensadas como las eternas excluidas de la problemática capitalista [F2] y de la lucha de clases. La condena impuesta a la homo y transexualidad es producto de la inmaculada autoridad que funciona con la precisión del reloj: la ideología transforma la ciega autoridad en ciega obediencia. Luego, toda diferencia se hace una condena que lxs propixs dominadxs y oprimidxs asumen como sacrosanta. La diferencia se hace insoportable por parte de lxs mismxs oprimidxs, que al pensarse como excluidxs, más bien parecieran escribir su propia tragedia. Una militancia que intente luchar en cada lucha “microfísica” hará inabarcables las infinitas diferencias. El problema sigue siendo la dominación en que nos sumerge el trabajo enajenado y su inherente verticalidad autoritaria.




El gran éxito del capitalismo neoliberal ha sido su capacidad para complejizar de tal manera su estructura productiva que hace posible la disgregación de a la clase oprimida, generando en su seno intereses contrapuestos. La clase enfrentada a la clase cae hoy fácilmente en la confusión y en el conformismo posmoderno, cayendo en las lógicas de su irracional ideología. Al sentido común de la posmodernidad se le hace difícil, por no decir, imposible, pensar en una salida real a la maquinaria jurídica, servil a los intereses de las clases dominantes, en tanto espacio legitimado para resolver la conflictividad social, donde es posible contener todo indicio de malestar y a la vez normativizar las relaciones sociales acorde a su proyecto de clase. Y cuando llega a figurarse una salida, esta es sólo aparente y se presenta en forma de resistencia sin capacidad crítica frente al poder que la somete, o más bien su crítica llega allí donde termina el cuerpo, pero es impotente cuando comienza el fenómeno social de su producción. Esa resistencia depende del poder que la constituye para poder existir, no sabe qué lugar ocupar en la ofensiva.

Ante este nivel de dispersión es necesario centrar el campo de la acción revolucionaria y esbozar su apuesta estratégica para subvertir el orden imperante. Resulta esencial para determinar en qué medida la disidencia sexual pasa a formar parte de esta construcción. Una política de género que no se haga parte de la acción revolucionaria con un enfoque clasista no sólo carece de perspectiva para enfrentar al patriarcado, sino que también carece de estrategia para superarlo. A diferencia de lo que pregonan las teorías posmodernas, no pretendemos, al tener una política de clase, sostener que el sujeto revolucionario es un ente monolítico al cual pretendemos asimilarnos lisa y llanamente; sino que, al ser productos de un sólo poder, el sujeto debe ser abordado como un elemento complejo y diverso, pero sometido a los mismos mecanismos, y por lo tanto capaz de ser pensado concretamente. Sólo una acción revolucionaria que entienda aquella pluralidad de intereses va a ser efectiva para levantar una causa común contra el sistema capitalista y la dominación burguesa y, por tanto, capaz de revertir esta situación a favor de nuestro pueblo.

Por esto último nos vemos obligados a reclamar por una transformación social que no puede esperar el futuro prometido posterior a aquel supuesto momento apocalíptico con el que algunos se imaginan la revolución. 
La acción revolucionaria se mide por su capacidad de liberación. Las relaciones cotidianas y domésticas, en cuanto espacios de sometimiento, son esenciales en las reivindicaciones concretas que dotan de unidad y contenido a las organizaciones políticas y que permiten vislumbrar una alternativa al sistema económico y político imperante. Los revolucionarios no podemos limitarnos a visibilizar vagamente nuestro horizonte estratégico de emancipación humana solamente con un ideal abstracto si no somos capaces de en el presente, a la par que damos la lucha política, ir generando desde nuestras prácticas cotidianas una nueva forma de relación social horizontal, que nos permita ir construyendo en el presente la sociedad futura que queremos vivir.

Es acá donde debe insertarse la acción política de la disidencia sexual que genere en el presente una práctica sexual y afectiva emancipadora que nos permita reapropiarnos de nosotros mismos, de nuestros cuerpos y de nuestra relación con los otros.



 Práctica sexual y afectiva que sea la base para construir en el presente relaciones libres, cuya perspectiva sea articular tanto aquellas expresiones marginadas dentro de las clases explotadas y oprimidas, cómo insertarse tanto social, política y culturalmente en sus luchas.


La disidencia sexual libertaria, debe apostar por volver a poner en el centro la re-valorización del ser humano como un ser susceptible de ser amado y de relacionarse afectivamente de manera autoconsciente y libre de todas las imposiciones que la cultura burguesa, la banalización y fetichización mercantil del cuerpo y el patriarcado generan en nuestras vidas, combatiendo arduamente estas expresiones.

La disidencia sexual es política en cuanto es capaz de articular las diversas sensibilidades sexuales en pos de un programa de clase, de una inserción concreta en la lucha cotidiana de la clase trabajadora y oprimida, de los hombre y mujeres contra el sistema capitalista, evidenciando que una institucionalidad que consagra la desigualdad no podrá jamás consagrar derechos para una minoría sin incorporarla como parte del proyecto burgués. La acción directa que busca la reapropiación de nuestra vida no puede limitarse sólo a la satisfacción del deseo mediante la reapropiación del cuerpo, si no es, a su vez, acompañada de la acción directa contra el capital y el Estado. Pensamos con la convicción de que nada podemos ganar si no se ataca aquello que produce nuestros deseos y lo recubre con la espiritualidad de una eterna naturalidad; si no derribamos la autoridaddel trabajo enajenado.

La acción política sexual también debe criticar aquellas expresiones que, desde una supuesta marginalidad y una reapropiación supuestamente política de sus cuerpos, se estancan en la mera forma de sus discursosestéticos y nos presentan la abstracción de la lucha. Se encierran en sí mismos combatiendo un fantasmagórico e invisible poder con posturas sexuales intrépidas, mas no con una estrategia revolucionaria efectiva, pretendiendo romper toda ligazón con el mundo que nos rodea y relativizando la lucha de clases al punto de convertirse solamente en un liberalismo de avanzada, atacando la identidad de la clase trabajadora; apostando por instalar, mediante una violencia simbólica sutilmente instalada, una postura iluminista y vanguardista de lo que debe ser la sexualidad (como es el caso del llamado pornoterrorismo) y no comprometerse con una construcción colectiva de la misma.

La reapropiación de nuestros cuerpos frente a la dominación no puede asumir solamente un cariz individual, sino que debe ser un acto colectivo, una batalla moral, social y política, por revalorizar la sensibilidad humana, la creación y la sexualidad frente a una cultura de consumo y mercantilización que hace del ser humano un objeto vacío de deseo. El pueblo ya es lo que nosotros queremos que sea, y como militantes anarquistas debemos ser siempre defensores de una praxis de construcción y emancipación horizontal, no de imposiciones que buscan forzar el espíritu más allá de sí mismo con determinadas praxis autoritarias.

De la misma manera que queremos mostrar al resto de los militantes de la izquierda revolucionaria que una política de clase sin una perspectiva de género carece de perspectiva, le decimos a los posmodernos, revolucionarios estéticos y liberales de avanzada, que una política de género sin perspectiva de clases carece de una estrategia para superar la actual estructura de dominación

Somos revolucionarios, disidentes y feministas, porque queremos reapropiarnos del mundo de una vez y para siempre. Nuestra acción disidente sexual es una puerta que abrimos para ser llenada de contenido y que sea el pueblo, sin imposiciones, la que en sus prácticas cotidianas pueda lograr relacionarse en reciprocidad cuando construye política revolucionaria. Si queremos como revolucionarios apostar por construir una fuerza social con capacidad de disputa, debemos entender que la creación de poder popular, sin mediación de políticas institucionalizadas o institucionalizantes, resulta fundamental en la lucha contra el capital y el estado, así como en la generación de lazos solidarios entre género y entre clase.


 JOAQUÍN ROMERO

Anarquismo, liberación sexual y homofobia.

Para tratar sobre el tema del título hemos entrevistado al autor del libro "Invertidos y rompepatrias" dónde nos da una idea de como ha ido evolucionando la percepción del anarquismo sobre un tema como la homosexualidad que a día de hoy parece, salvo alguna excepción, asumido como normal dentro del movimiento libertario pero que antaño no era tan extendida esa opinión.


Siempre nos ha gustado pensar que la izquierda en general y el anarquismo en particular han sido siempre muy abiertos de mente, en temas tanto de liberación sexual, como de igualdad de género o respeto de orientaciones e identidades sexuales, pero eso no parece sostenerse viendo algunos ejemplos históricos...¿Qué es lo que te llevo a darte cuenta de que ese trabajo de revisión histórica era necesario?

* Me di cuenta de ello principalmente por dos razones. La primera, por mi propia práctica política. He militado en buena parte del amplio arco de lo que podríamos llamar «izquierdismo»; desde en el marxismo-leninismo «ortodoxo» hasta en el trotskismo más socialdemócrata, pasando por el antifascismo y el movimiento estudiantil, hasta que terminé en un ámbito más antiautoritario y radical, en el cual me encuentro en este momento. Y en todos y cada uno de los grupos, colectivos, partidos, sindicatos o asambleas en los que he estado, siempre me he encontrado con un ambiente de opresión sexual, en el sentido, no ya de discriminación directa homofóbica (eso, salvo excepciones, ya pasó a mejor vida), sino de que hay reparo en hablar ciertos temas relativos a la sexualidad, en que imperan los comentarios de tipo 'machirulo' o heternormativos, en donde, hasta que no se demuestre claramente lo contrario, eres heterosexual, tienes un órgano genital asociado a tu rol social de género y buscas 'pareja' si es que no la tienes ya. En ese ambiente, por muy anticapitalista y liberador que políticamente diga ser, una persona que, como en mi caso, normalmente no mantiene prácticas heterosexuales, no piensa otra cosa que no sea hacer como con su familia o sus compañeros de clase: autorreprimirse y callarse sus inclinaciones sexuales. En mi caso, no comencé a hablar con naturalidad de mis gustos sexuales hasta bien entrados los 18 años, cuando ya había dejado tras de mí más de una organización «revolucionaria». Si bien admito que donde he hallado un clima más propicio donde tratar las sexualidades disientes sin tantos reparos han sido y siguen siendo los círculos libertarios.

En segundo lugar, porque, una vez ya visibilizado públicamente ante mis camaradas, amistades y familiares como 'marica', comencé a indagar sobre el pasado de la 'homosexualidad', y de ahí pasé a establecer puentes entre la liberación sexual y la liberación económica y social, y de ahí a estudiar cómo en el pasado se había tratado esto desde las organizaciones obreras. Leyendo algún libro, rebuscando por Internet y preguntando a algún 'veterano' de los que aún se mantienen al pie del cañón, comencé a pensar que el pasado de nuestras ideas no había sido tan de color de rosa como yo creía y como generalizadamente se cree, y que hacía falta un estudio que evidenciara todo esto y poder llevar a cabo una autocrítica con la retrospectiva que nos permite el paso de las décadas, pues en el Estado español, al contrario que en otros países como Rusia o Alemania, tal estudio no estaba hecho.

Obviando otras corrientes del socialismo de las que también trata tu estudio, el anarquismo, como filosofía política, representa un marco para el respeto a las distintas condiciones sexuales,...


* Sí, estoy de acuerdo, el anarquismo desde prácticamente sus inicios se ha preocupado por la sexualidad de una forma u otra. No obstante, el anarquismo que se vive ahora es algo totalmente diferente al de antaño, lo cual se nota bien en lo que en materia sexual se refiere. Actualmente ha evolucionado mezclándose con otras corrientes e ideas derivadas del mayo francés y la autonomía, por tanto la versión que siempre hemos conocido la inmensa mayoría de quienes actualmente pululamos por espacios ácratas ha sido la de un acogimiento sincero y práctico de las libertades sexuales, lo cual en buena parte es cierto. Y, además de eso, considero básico el rechazo al Estado propio del anarquismo, porque, pese a lo que puedan pensar las maricas, bolleras y trans más institucionales y socialdemócratas, mientras prosiga el ejercicio de autoridad estatal proseguirá la homofobia en todos sus derivados, ya que el Estado necesita machacar sexualmente (entre otras cosas) a sus súbditos para dominarlos mejor, tanto mediante la perpetuación del patriarcado y la separación de las personas en dos géneros con lo cual reprimir a uno y ensalzar al otro, como para que las propias personas interioricen estos roles y sean ellas mismas quienes ejerzan de «policías del género» y hagan la vida imposible a quien quiera escapar de ellos. Mientras exista el Estado, existirá el poder, y para que éste sea ejercido el machismo y la homofobia son necesarios.

Sin embargo, históricamente gran parte de los anarquistas se veían condicionados por las ideas de su época. ¿Se podría decir que el movimiento anarquista de los siglos XIX y principios del XX era homófobo? ¿Cuáles eran las concepciones sobre la homosexualidad más difundidas en el anarquismo?

* En varias de las presentaciones del libro que he realizado hasta ahora me han hecho esa pregunta. Y contesto lo siguiente: por una parte, 'homofobia' es un término sociológico que tiene poco más de cuarenta años de vida. Por otra, si bien la sociedad de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, si no era 'homófoba' bien por no existir tal término o por, fruto de lo mismo, no tener consciencia de ello, reproducían actitudes y roles que a día de hoy, desde nuestros planteamientos actuales, calificaríamos de homófobos, o como mínimo, sexófobos. Igualmente un caso que otro, el término es lo de menos; lo que importa es que era la época en la que se encarcelaba a 'homosexuales' (término que ya existía por entonces) por sus prácticas, y que en casos de fama internacional como el de Oscar Wilde, el Estado ejecutó la sentencia, el populacho asintió indignado ante tal aberrantes prácticas, y la intelectualidad progresista de entonces (entre ellos algunos anarquistas de renombre) protestó por mera afinidad política que pudiera tener con el escritor, mientras le decían al oído «chico, modera un poco tus perversiones». Y esto me lleva a decir también que, como se suele decir, los anarquistas critican a 'la gente' y tratan de superar su encasillamiento ideológico en busca de una sociedad mejor, pero es que los anarquistas también son 'gente'. Y 'la gente' de principios del siglo XX era educada bajo una moral sexual tan rígida y opresora que ni quienes machacamos este tema historiográficamente podemos imaginárnosla en toda su magnitud. Es por ello por lo que podemos sorprendernos de que se plantearan tan rápidamente y con tanta decisión cuestiones que aún hoy siguen siendo muy polémicas, como la contracepción, el aborto o el placer sexual no reproductivo; pero en tanto que autodenominados 'anarquistas' con todo lo que el término puede conllevar hoy y conllevaba entonces, es imperdonable que trato que dispensaron a los homosexuales de entones, cuando ya por esa época había grupos y personajes que, desde perspectivas antitautoritarias, luchaban por la liberación homosexual.

La concepción generalizada de los anarquistas de preguerra sobre la homosexualidad es que era una perversión, una inversión en los sentimientos que hacía a las pobres víctimas homosexuales sentirse atraídas sexualmente por sujetos con cuya cópula no podían procrear. El responsable de sistematizar científicamente tal extendida creencia fue el famoso doctor G. Marañón, que, además de ser colaborador asiduo de revistas libertarias, fue el primer médico del Estado en tratar con magnitud el tema, intentando con ello sustituir la homofobia tradicional de estigmatización y represión legal de los 'viciosos' por una comprensiva y caritativa que propugnaba ayudar y buscar una cura para unos pobres 'enfermos', discurso que, dado su 'progresismo' para la época (lo cual, por cierto, para mí no es un avance; simplemente una reconfiguración de la homofobia). Partiendo de esta premisa, desde la comprensión santa anarquista, había varias propuestas, entre las que destacaban dos: la represión del deseo homosexual de manera punitiva desde la infancia, en buena medida defendida por autores y redactores de La Revista Blanca (C. Berneri, F. Montseny...), y el buscar vías curativas no represivas del deseo homosexual, desde el 'tratamiento mental' en sucedáneos de manicomios (lesbianas) hasta la extirpación de testículos e intercambio por los de un hombre 'normal' (maricas), pasando, por supuesto, por que una vez realizada la revolución social, la ausencia de corruptores de menores como la Iglesia y el Capital y la autogestión de una educación heterosexista garantizarán que deje de haber 'invertidos'; éstas tesis eran defendidas sobre todo por la redacción de la revista Generación Consciente / Estudios (F. Martí Ibáñez, I. Puente, G. Marañón...). No finalizaré este apartado sin apuntar que, en plena Revolución Social, cuando la CNT se hizo con el Ministerio de Sanidad, este segundo sector, con el beneplácito del primero, estuvo a poco de crear «sanatorios de homosexuales», pero la disputa de poder en mayo de 1937 y la pérdida de las carteras ministeriales cenetistas lo abortó.

En ese sentido, ¿Existieron excepciones en el anarquismo de entonces?




* Sí, sí que las hubo. Y la existencia de estas excepciones es lo que me legitima para atacar a quienes estigmatizaban la homosexualidad por aquella época, pues, pese a que hicieran un trabajo avanzadísimo para su época, hubo personas iguales a ellos que lograron ir más allá. Además del apoyo a la homosexualidad prestado por anarquistas estadounidenses (B. Tucker, A. Berkman, E. Goldman), del grupo homosexual Der Eigen en Alemania (formado por algunos anarquistas como A. Brandt) o de los textos pro-homosexuales del francés E. Armand, en la II República española tenemos ejemplos como la co-fundadora de Mujeres Libres Lucía Sánchez Saornil, que llevaba su lesbianismo de una manera impresionantemente abierta para la época; intelectuales y literatos como Á. Retana, P. de Répide, A. de Hoyos y Vinent (muy cercano a la FAI), S. Fernández Ferro, J. Gil-Albert... que en algún momento de su vida se acercaron e incluso militaron en organizaciones anarquistas, o el inhóspito artículo de un tal 'Dr. Rutgers' publicado en 1929 en Estudios en el cual se defiende la «Ambisexualidad» (lo que hoy llamaríamos 'bisexualidad') como la más perfecta forma de relaciones sexuales. Todo ello, pese a lo citado, demuestra que en el anarquismo ibérico la homofobia no era dogma, sino que se hizo una interactuación, si bien informal, entre Anarquía y Homosexualidad, guillotinada de repente por la Guerra Civil y el Franquismo.

¿Cuándo y cómo se generaliza un cambio de mentalidad, o al menos de discurso frente a la homosexualidad?

* Durante el Franquismo, el grupo que vive en el exilio, especialmente en Francia, sigue repitiendo los tópicos homofóbicos hasta fechas recientísimas (como un artículo de N. Chozas que desató una virulenta polémica en los medios libertarios en ¡¡1996!! en el portavoz de la Regional Exterior de CNT, CeNiT). Pero el anarquismo que opera en el Estado se funde con el mayo francés, la autonomía obrera, el feminismo, los primeros movimientos de liberación gay... entre la muerte de Franco y la transformación del sistema en una dictadura parlamentaria. Y así en la prensa confederal de los últimos setenta podemos ver combates a brazo partido entre jóvenes anarquistas recién llegados al anarcosindicalismo que asumen la liberación gay como propia (incluso siendo 'invertidos' ellos y ellas mismas en más de una ocasión) y militantes de cierta edad o heteronormativos y fornidos trabajadores fornidos en su oficio que ven que las banderas de rojinegras en las primeras movilizaciones del orgullo gay, los desnudos integrales en los mítines cenetistas y el uso de la prensa confederal como vocero de sus reivindicaciones son un complot de la burguesía o «hacerle el juego al Capitalismo» para que la CNT no llegue a los obreros. El culmen serían las Jornadas Libertarias Internacionales de Barcelona en el verano de 1977, donde confluyeron exiliados de la guerra civil y sindicalistas empedernidos con espectáculos travestis, desnudistas y sexo homosexual entre los setos, dándose un aluvión de cartas, protestas y debates al respecto. Según avanzó el tiempo, abriéndose paso una nueva generación de ácratas en las dos últimas décadas del siglo XX, con la fusión con los autónomos, la okupación, la liberación animal, el ecologismo... la liberación sexual no heterosexual quedó bastante asumida en general.

En nuestra sociedad, muchas personas, especialmente jóvenes, siguen viviendo su homosexualidad de forma dramática. La única salida que se les parece dar es la integración en una subcultura consumista. 


¿Qué alternativas deberían construirse?


* Los jóvenes homosexuales van al consumismo en tanto que los heterosexuales también; la única diferencia, que esta sociedad que nos divide en compartimentos estanco homosexual / heterosexual teje un ocio diferente para unos que para otros. La alternativa, creo yo, es la misma: fomentar que la gente se autoorganice sus vidas, para lo cual ya hay mucho escrito y no me enrollaré más. Lo único que puede decirse respecto a la especificidad de no ser heterosexual, pero a su vez ser asumido en prácticas y ocio por un sistema heterosexista, las alternativas podrían ser la creación de un tejido político de apoyo mutuo, con locales (okupados o no), actos más positivos que la autodestrucción del cuerpo nocturna (autodefensa, charlas, talleres de autoconocimiento, de contacto, materiales...), difundir estas ideas de una manera transversal desde el antiautoritarismo (muy importante)... En esta tarea han sido sin duda las luchas queer las que han llevado el protagonismo, tanto en los noventa con los actos antifascistas y contra la «mili» y repartiendo condones para atajar la histeria de entonces con el supuesto virus del VIH, como en la última década ofreciendo alternativas de vida al nuevo «matrimonio homosexual» o desde el transfeminismo apostando por la despatologización de la transexualidad y cuestionando el binarismo imperante en las operaciones de cambio de sexo; todo lo citado desde bases asamblearias y autoorganizadas.

Discursos como el del "lobby gay", "la homosexualización de la sociedad",... ¿Porqué están tan presentes? ¿Ocultan algo?

* Supongo que con esa pregunta os referís al libro La conspiración del movimiento gay, de Rafa Pal. Lo que está pasando es simplemente que estamos ante una nueva reconfiguración del discurso homofóbico: De penarse la 'sodomía' se pasó a patologizarla y tener compasión por ella, después a la 'tolerancia' (bonito discurso tras el cual se oculta una homofobia soterrada, y que sigue siendo el imperante) y ahora, cuando el proceso de asimilación de la disidencia sexual está muy avanzado, ha surgido la siguiente fase: la homosexualidad proviene del Estado, está atacando la heterosexualidad, es un grupo de poder... Si nos fijamos bien en la historia, es lo mismo que ha pasado con los negros (el BlackPower acusado de 'racista'...), con las mujeres (el feminismo radical difamado como 'hembrismo'...), con la liberación animal (el ALF acusado de 'violento' y la lucha vegana de querer 'imponer una dieta'...)... Si ocultan algo, es desde luego, su interés porque sigamos bajo el yugo del heteropatriarcado con un discurso 'progre' y, a veces, hasta 'antiautoritario'. Porque me preocupa bastante que personajes 'famosillos' por nuestros medios como F. Rodrigo Mora o M. del Prado Esteban Diezma estén adoptando tales premisas y propagándolas por la contrainformación antiautoritaria, en especial si además se les invita a dar charlas o se le editan libros. Gracias a la homofobia indirecta y soterrada y a la precaria asunción de las problemáticas de género como propias, existentes tanto dentro como fuera del anarquismo, estos discursos gozan de prestigio y de hasta credibilidad.

¿Podrías contarnos un poco sobre cómo se integra la lucha contra la homofobia y la heteonormatividaddentro de las luchas feministas?

* El tronco represivo del que parten tanto el feminismo como la liberación no heterosexual es el patriarcado, en primer lugar. Además, los medios desde los cuales han actuado tradicionalmente han sido los mismos (organizaciones del movimiento obrero, colectivos autónomos, centros sociales okupados...), así como los métodos (manifestaciones, difusión, acción directa...). El punto de convergencia definitivo de ambas luchas, sin querer menospreciar los enormes contactos de los años setenta, fue la aparición del feminismo autónomo radical por un lado, y del modelo queer por otro, el cual tiene un origen simultáneo en la liberación gay de los setenta-ochenta y la lucha transexual levemente posterior, y en el feminismo radical anti-institucional, y en buena parte lesbiano. Aunque desde el ámbito queer se propugne la abolición de los géneros, ello no quiere decir que la opresión específica a la mujer social no exista: existe, y por eso se han de abolir los géneros desde una perspectiva necesariamente feminista. La operatividad de ambas corrientes ha llegado a configurar una fusión bajo las letras de transfeminismo, que compagina la lucha feminista de emancipación de la mujer con la específica de las identidades trans, sufrientes en grado importante del patriarcado cotidiano fruto de su cuestión perpetua del binarismo de género. Las tesis, perspectivas, debates y prácticas políticas y sociales que están saliendo de esta unión son extremadamente interesantes y muy probablemente marquen de una manera hegemónica la lucha autónoma antipatriarcal de las décadas venideras, línea que se está tomando ahora mismo. Para quienes estamos socializados como hombres pero no actuamos como tal, la lucha feminista sigue siendo igual de transversal por ser el aglutinante actual de la lucha contra el patriarcado y el binarismo sexo-género, que nos oprime de forma muy fuerte, si bien diferente, gracias a nuestro órgano genital 'masculino'. O al menos así lo veo yo y procuro actuar en consecuencia.

Por último ¿Qué grado de homofobia se sigue percibiendo en el movimiento libertario? ¿estamos tan "limpi@s" como nos creemos o estamos al nivel del resto de la sociedad? Si antes nos referíamos a los cambios a impulsar en la sociedad ¿Qué deberíamos cambiar en nuestro movimiento?

* Dicho lo dicho, me ceñiré a lo estrictamente actual. La homofobia dentro del ámbito libertario (prefiero no usar el término 'movimiento' por ser una palabra que creo que sistematiza un conjunto de ideas, pues considero que el anarquismo es lo contrario) sigue latente y con buena salud. Pero, al igual que la homofobia de la sociedad en general a la cual seguimos perteneciendo, se ha readaptado un poco. De las palizas, los insultos y los vacíos, cosas que cada vez están más purgadas (bueno, tengo la anécdota de que al salir de una charla donde yo era ponente, un libertario de unas cuantas décadas más que yo, al ver que leía un libro sobre historia de la homosexualidad, me expresó que consideraba que eso era una enfermedad), prosiguen los roles machistas, los comentarios homofóbicos (no voy a hacer recuento; los conocemos bien), otros que no aluden a la homosexualidad directamente, pero sí a su práctica («que te den por culo», «bajarse los pantalones»...), repetir los clichés del sistema sobre las prácticas sexuales (ésta es más difícil de ver: «ah, claro, vistes con pantalones y tirantes porque como eres bollera»... o algo más habitual: entre dos maricas que follan, quien tiene más pluma es el pasivo y quien tiene menos, el activo; extrapolable a bolleras, trans...), considerar a la peña trans como «enfermos en el cuerpo de otro sexo»... Son esquemas mentales que tenemos en la cabeza, que salen de ese modo porque el contexto actual ha reducido la homofobia por intereses ajenos a los gays, y por tanto éstos prosiguen. Roles que necesitan de trabajo para evitarlos. Y, francamente, quienes los trabajamos con el suficiente ímpetu somos una ínfima minoría en comparación con el resto de compañeros.




Igualmente, tampoco quiero dejar un mensaje pesimista. El grado de trabajo dentro de grupos anarquistas comparado al del resto de la sociedad es, sin duda, aunque sea por estadística, más alto. Y si comparamos el grado interno actual con el de hace cinco o diez años, notamos importantes diferencias positivas: transversalidad del tema en multitud de grupos, jornadas, programas de radio, actos en centros sociales, visibilización, primeros colectivos y sellos editoriales «anarco-queer»... la cosa está interesante y parece ir a bien. Por ello quiero dar ánimo a quienes le 'meten caña' al género dentro y fuera del marco antiautoritario, e instar al resto a hacerlo, pues se encontrarán mejor con su mente, su cuerpo, con quienes le rodeen y abrirán algo más de camino hacia la emancipación integral, individual y colectiva.

Para finalizar, querría añadir que actualmente me hallo de «ruta» por el Estado español consultando archivos de cara a la 2.ª edición del libro, que será totalmente diferente y dejará con los esquemas rotos a mucha gente, aunque ya leyeran la primera. Ésta la podéis descargar aqui.

Si alguien quiere la referencia de algún dato de los que he citado, discutir, material, información o lo que haga falta, se me puede escribir a: distribuidorapeligrosidadsocial@riseup.net

Salud y Revolución Sexual




Artículos extraídos de: alasbarricadas.orgPerspectivadiagonal.org

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