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domingo, 30 de agosto de 2015

VIOLENCIA MACHISTA: ESPOSO Y PADRE EJEMPLAR EN LA CALLE, MONSTRUO EN CASA


En España unos 700.000 hombres, según la Macroencuesta de 2015, maltratan a las mujeres con las que comparten una relación. Como consecuencia de esa violencia de género, alrededor de 900.000 niños y niñas viven expuestos a ella sufriendo importantes consecuencias sobre su salud y comportamiento, al normalizar la violencia como una forma de resolver conflictos. De entre esos menores, unos 600.000 sufren además violencia directa, puesto que el padre que entiende que la violencia es una forma adecuada de resolver los problemas, también la utiliza contra sus hijos e hijas. Y la convivencia con la violencia de género es tan terrible, que en la última década cuarenta y cuatro niños y niñas han sido asesinados por esos padres violentos, y sesenta mujeres son asesinadas cada año.

Y la inmensa mayoría de estos hombres asesinos son considerados por el vecindario y sus entornos como "muy buenas personas", "muy cordiales", "muy buenos padres", "maridos estupendos", "grandes amigos", "vecinos muy atentos y considerados", "muy trabajadores"..., tal y como muestran las informaciones cuando tras un femicidio entrevistan a la gente que tenía alguna relación con los agresores.

Los maravillosos hombres, amigos, vecinos... pasan de repente a terribles criminales, cambian de ese Sr. Padre al Mr. Violento desconocido. Pero lo más grave es que esta reacción no es una anécdota, sino que forma parte de la estrategia de la misma cultura que con sus claroscuros entiende que la violencia de género puede ser normal. Cuando los hombres agresores y asesinos son presentados en sociedad como "buenos hombres", se pone en marcha una de las trampas más eficaces y extendidas para ocultar la realidad, concretamente la que lleva a interpretar que aquello que no se ve, no existe, confundiendo de manera interesada la invisibilidad con la inexistencia.

De ese modo, para el machismo, la cara oculta de la violencia de género, lugar donde transcurre el ochenta por ciento de ella, no es que no se vea, sino que no existe. Y si la violencia de género no existe, pero es denunciada, ¿cuál es la interpretación que da la cultura machista?... Muy fácil, pues que se trata de "denuncias falsas". Así todo encaja.


Algo parecido ocurre con los asesinos: si son magníficos maridos, padres, vecinos, trabajadores... y acaban de matar a la mujer o a los hijos, ¿cuál es la interpretación?... Muy sencilla también, pues que "se les ha ido la cabeza" o "les ha venido una elevada ingesta de alcohol o drogas". De nuevo todo encaja.

Ya no hay excusas, los hechos se repiten con dramática frecuencia para que se siga pensando que lo invisible no existe. La violencia de género existe y está muy cerca, ha sido ocultada en muchos hogares y relaciones bajo el argumento de la normalidad, hasta el punto de hacer que las propias mujeres que la sufren contribuyan a su ocultación, tal y como refleja la Macroencuesta de 2015 al recoger que el 44% de ellas no denuncia por que cree que la violencia sufrida no es lo suficientemente grave, o cuando el 21% afirma que no lo hace por "vergüenza".

¿Quién le dice a las mujeres que es "normal" cierto grado de violencia?, ¿quién les hace sentir vergüenza por sufrir la violencia de sus parejas?... La cultura machista es la responsable, y por ello a pesar de llevar siglos bajo esta violencia, aún no somos capaces de sacarla a la luz en toda su magnitud ni de desenmascarar a los machistas que la propician y la ejercen.

En lugar de cuestionar los casos cuando ya se han producido, lo que debemos criticar son las causas y el contexto social que da lugar a ellos antes de que se produzcan. Mientras no cambiemos las referencias de la cultura, la violencia de género seguirá existiendo.



Miguel Lorente
Texto extraído de: mujericolas

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