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miércoles, 15 de mayo de 2013

MIEDO AL FEMINISMO

     Tenemos la homofobia, la lesbofobia, la transfobia y no sé qué tantas fobias más. Pero ¿cómo se llamará el odio o miedo al feminismo?: ¿feminisfobia?, ¿Pro-machismo? (por aquello de que según el feminismo es lo contrario al machismo), ¿o mujerofobia? (por pensar que sólo las mujeres podemos ser feministas) o sólo ¿antifeminismo?





      Creí que había pocas opciones para nombrarnos, pero me quedé corta: "feminazis", lesbianas -como si la comparación con ellas fuera una ofensa-, "hembristas", "generocentristas", "ultras", "pro-abortistas" o algo así como que tenemos la vagina en el cerebro. Un manifiesto antifeminista que circula por internet es quizá uno de los mensajes más representativos de esa ola de odio que no tiene nombre, pero que ahí está.




       No había visto, escuchado y leído los innumerables blogs, facebooks o los you tube que hay para "combatir" a las feministas que quieren acabar con la humanidad, incluidos los hombres. Ya debería acostumbrarme a esos ataques, pero me cuesta trabajo ignorar lo que muchos y muchas llamarían basura electrónica.

     Se habla de las nuevas tecnologías y las redes sociales como poderosos instrumentos para poder confesarse y hacer penitencia sin ir a la iglesia, para promover revoluciones o dizque para generar pánico entre la población, pero parece que los y las "antifeministas" las utilizan como la Santa Inquisición del siglo XXI.

     Me dieron ganas de responder de la misma manera: con insultos, descalificaciones, patadas y trancazos, crear un movimiento "anti-antifeminista", lanzar una proclama y convocar a un foro mundial, pero corro el riesgo de que me quemen en la hoguera virtual o de que me encarcelen en el mundo real como a los tuiteros de Veracruz.



     Lo que más me inquieta son las manifestaciones de carne y hueso que me han tocado presenciar y escuchar, más allá de los recientes insultos que recibimos cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación -que más bien parece el Santo Oficio mexicano- avaló las reformas que penalizaban el aborto en Baja California y San Luis Potosí.

      Hay mujeres que niegan ser feministas porque se dicen estar en contra de los "ismos" como el nazismo, el fascismo, el racismo, el fanatismo, el alcoholismo, o el humanismo y el pacifismo. O sea, todo lo que termina así es lo mismo y malo para la humanidad, como el feminismo.

     Hay otras que aunque defienden los derechos de las mujeres, denuncian la discriminación, la violencia, el sexismo o dan talleres de perspectiva de género, les sigue dando miedo asumirse como feministas, con el argumento de que no son radicales.

      El 18 de septiembre pasado apareció en la página web www.mileniosemanal.com el texto denominado "El feminismo según las mujeres"[1], en cuya entrada se menciona que esta teoría "ha incurrido en excesos poco productivos" y que hay "grupos radicales y otros integrados a la corrección política oficial" (sic). Rogelio Villarreal preguntó a 24 escritoras, periodistas, académicas y artistas si eran feministas.

     Las que dijeron que no repitieron el mismo discurso: estoy a favor de los derechos de las mujeres, pero no soy feminista, mis enemigos no son los hombres, o que no les gusta el feminismo "extremista", "revanchista", "exacerbado" y otra vez: "radical".



     Sería conveniente que investigaran lo que ha sido el llamado feminismo radical o las propuestas radicales del feminismo, pero para mí todo feminismo es radical al proponer cambios drásticos en sociedades y culturas que matan mujeres por el sólo hecho de serlo, que son vendidas como ganado o que son utilizadas como incubadoras.




     Creo que en México no han habido feministas más radicales que las de principios del siglo XX que pelearon por la emancipación de la mujer a través de la planificación familiar, la educación y el derecho al voto -que por cierto este mes se cumplen 58 años de nuestra ciudadanía política-, aún y cuando muchas de sus ideas vistas ahora, puedan considerarse conservadoras.

     Una compañera de trabajo me comentó que en un taller que dio a mujeres jóvenes les pidió que escribieran en una tarjeta la forma en que las etiquetaban. Varias pusieron gorda, fea y otras ideas; pero una anotó "feminista", y explicó que la llamaban así porque defendía a sus amigas, pero que ese calificativo no le gustaba.

     De hecho cuando alguien quiere insultar a una mujer, exclaman: ¡Ah, es que es feminista! Y si la aludida reacciona molesta, confirman: "¡ya ves, te dije que era feminista!".

      Mi misma compañera también me dijo que en un programa de televisión por cable, un comentarista que entrevistó a una deportista que hablaba sobre la participación de las mujeres en ese medio, le advirtió algo así como que ojalá y no se convirtiera en feminista.

     Otro argumento para evitar ser identificadas como tales es cuando no les gusta la actitud de muchas feministas mala onda (¡claro que las hay!) o de aquellas que quizá distorsionan dicho pensamiento o de quienes lo utilizan para un beneficio propio.

     Pero el feminismo no vuelve buenas a las mujeres y malos a los hombres, o no les quita prepotencia. Tampoco todas las mujeres y las feministas vamos a estar agarraditas de la mano y vamos a cantar y brincar. Las diferencias no se dan sólo entre mujeres y hombres, sino entre las mismas mujeres y entre las mismas feministas.

     Siempre he pensado que con más información o con conocer la historia del feminismo se podrían combatir los prejuicios antifeministas, o se le perdería miedo o asco a la palabra, pero con la encuesta de Milenio Semanal, ya estoy dudando de eso.




     Lo que intento decir en esta radicalísima columna es que quienes promueven las ideas feministas pero que se niegan a ser identificadas así, no necesariamente deben saludar: "hola, soy feminista"; o jurar lealtad ante la biblia feminista -podría ser el Segundo Sexo, de Simone de Beauvoir-, o ir a una marcha -con su debido pase de lista- o adherirse a una organización feminista.


     Sólo pediría no deformar una filosofía-teoría y movimiento político que nos ha dado mucho a todas las mujeres, feministas o no. Ya me imagino a Hermila Galindo decirnos en esta época: "¡Vieran lo duro y cansado que es reclamar y negociar derechos!"

       De plano, yo no sabría explicar lo que es ser feminista o cómo convencer a por lo menos trescientas mil mujeres y a 78 mil 347 hombres que necesito para convocar a mi foro mundial "anti-antifeminista", pues al feminismo sólo lo llevo en mi ser -retomando a Sartre- aun cuando siga con mis defectos y virtudes, retomando a Lupita D'alessio.

      Todavía ser feminista significa, para algunas mujeres, distanciarse de los hombres, ser una mujer distinta, agresiva, amenazadora de la paz y la convivencia.


     Yendo a casa, escuché en la parada del autobús una conversación donde una mujer comentaba a su compañera lo cómoda que se sentía con los compañeros del trabajo pues estos, le trataban con mucha delicadeza. Siente que ellos le protegen y se deja aconsejar sobre el modo de hacer las cosas en el trabajo, al fin y al cabo lo hacen para facilitarle su labor. En resumidas cuentas que ante tanta atención masculina, se identifica con una niña, delicada, querida, respetada y muy femenina y ¡ojo! que no la confundiera con Feminismo.



Evidentemente, empecé a tener una conversación mental
con ella, donde respondía así de este modo;

*Verás, la tal feminidad que dices estar orgullosa de ser, es en realidad, la toda apariencia de mujer femenina pasiva, sumisa, incompetente, desvalida, quejica, coqueta, exageradamente emocional, sexualmente pasiva donde loúltimo que se espera de una mujer femenina es que sea capaz de conseguir algo por si misma.

     La masculinidad es para los hombres, un medio de definirse a si mismos como los ejecutivos agresivos, respetados, fuertes, que deben socialmente estar por encima de sus compañeros, vecinos, que bajo ningun concepto deben mostrar sus emociones, ni menos llorar en público, pues se les tacharían de hombres féminas, homosexuales o maricones.




      Es decir, masculinidad y feminidad, en nuestra sociedad son construcciones relacionales. Es lo que llamamos identidad de género, esto es una persona nace con un sexo determinado, hombre o mujer pero que más tarde tendrá que adoptar determinados comportamientos o actitudes, una serie de patrones que cada cultura adjudica a cada sexo.

     La realidad es, que la cultura en la que vivimos configura y limita nuestra imaginación, pensamos, actuamos, y sentimos de una cierta manera, de tal manera que hace más complicado o imposible que podamos actuar o sentir de una forma diferente.


Lo masculino es; azul, corbata, agresivo, triunfador, ejecutivo, sobrio.
Lo femenino es; rosa, pendientes, pasiva, secretaria, frívola, cotilleo, utiliza armas de mujer.
De esta forma se nos inculca desde pequeñas la idea de que para hacernos valer tendríamos que tener a un hombre que cuidara de nosotras.


     Deberíamos pensar que desde que la mujer se ha incorporado al mundo laboral, estos patrones asignados, no deben ser admitidos, la mujer no es pasiva o frívola. Hoy en día, el hombre reivindica su derecho a interesarse por la moda, la decoración, el cuidarse y untarse cremas faciales anti arrugas, anti manchas sin que se le tachen de mariquitas.

     Evidentemente las diferencias son reales y variadas, pero creo que para reclamar una igualdad de derechos se debería iniciar la deconstruccion de la masculinidad y la feminidad tradicionales puesto que el desigual ritmo de los perfiles de género está dificultando nuestras vidas, entre los hombres y las mujeres, nuestras relaciones y nuestras posibilidades para desarrollarnos como individuos libres.Necesitamos hombres feministas tanto como mujeres feministas.




     Pero claro, ¿Qué es ser feminista? Una mujer feminista no quiere decir que odia a los hombres, ni por supuesto que es un marimacho o una lesbiana. Me causa mucha tristeza ver, que en el imaginario popular, una feminista es una mujer que quiere ser más fuerte que los hombres, o que quiere vivir sin hombres o que quiere ser un hombre, etc. Aclaro que ser feminista es plantearse su valía por sí misma, que desea ser juzgada como un individuo antes que como miembro de un grupo con una sola personalidad, una sola función social, que desea tener derecho a disfrutar de su propio bienestar.


     Mientras la sociedad siga dando por hecho que una mujer y un hombre deban tener comportamientos diferentes, va a ser complicado que las mujeres nos convirtamos en profesionales cualificadas, respetadas como tal y así también hacia con los hombres, porque los trabajos de secretarios, peluqueros, bailarines, enfermeros se les vetan el acceso ya quesocialmente estamos regidos por los roles de género que nos correspondan.

     Debemos ser feministas porque la discriminación laboral y el nulo apoyo a las madres trabajadoras está provocando un descenso drástico de la tasa de natalidad, esto impide nuestra libertad de acción, las mujeres se ven impedidos, forzadas por las circunstancias a posponer la maternidad, a optar por un único hijo o a renunciar a ella puesto que, los años fértiles de las mujeres son los de desarrollo y promoción en su carrera. Las mujeres suelen estar en un mercado, donde los salarios son más bajos y donde hay menores posibilidades de promoción.

     Pero el enemigo numero uno de las mujeres no son fundamentalmente los hombres, ni la sociedad en general, sino ellas mismas. La mejor amiga o enemiga de una mujer, es ella misma, los amigos, los amantes, la familia, pueden abandonarnos o morirse, pero nosotras no podemos librarnos de nuestro yo.

     Hipocresía, trivialización del propio valor, victimismo, adicción a la aprobación masculina desprecio hacia nosotras mismas y hacia nuestras semejantes, el enganche a un concepto peligroso del amor; el sacrificio, el de la amante redentora de su hombre, cuando sacrificamos nuestra autoestima, nuestra valoración, nuestro ego, nuestra estabilidad a un hombre, lloramos porque no nos llama, o porque nos deja, o porque es infiel, o porque no nos valora, y nos olvidamos de que nadie podrá estimarnos en tanto que no nos valoremos a nosotras mismas.
Luchemos por nosotras, por nuestro bienestar, por ellos. Por mí.

     Todavía hay mujeres que sienten pavor a ser ellas mismas, a expresar sus opiniones, a salir al mundo, quizás porque se sienten atacadas por el entorno y prefieren adaptarse a él, quizás porque , mantener una actitud crítica y reflexiva, luchar por la propia autonomía y desear una vida afectiva plena al mismo tiempo, no son cosas fáciles.



     Las críticas sobre el feminismo y las feministas son hoy más sutiles y más subterráneas. Estos ataques condicionan la vida personal de las mujeres y el desarrollo de sus vidas cotidianas.

     Quizás porque no se entiende lo que significa ser feminista, quizás porque a veces sólo se analizan los aspectos más externos de su lucha, sin intentar profundizar en las causas que la motivan.
     Para algunas personas, las feministas son mujeres frustradas, sexual y afectivamente, que desembocan su fracaso personal hacia un abusivo enfrentamiento entre los sexos.
     Para otras personas son mujeres que quieren imitar al “macho” y que renuncian a sus “naturales condiciones femeninas”. Hay quien piensa que el feminismo es una revancha irracional contra la supremacía masculina, una especie de “machismo al revés”.
     A lo largo de la historia ha habido pocos movimientos tan ridiculizados e incluso ignorados como el feminista. Quizás porque el feminismo cuestiona las raíces más profundas de las relaciones entre los hombres y las mujeres y apunta a una nueva manera de entender el mundo.
     El miedo al feminismo parte del desconocimiento de las causas de la opresión de las mujeres. Pero estas están ahí, son objetivas y reales, y es necesario conocerlas para llegar a comprender el por qué de la existencia de la conciencia de ser mujer desde el feminismo.

     Es la lucha por conseguir una nueva identidad humana a partir del hecho biológico de haber nacido mujer; es alcanzar, junto con los hombres, una nueva y superior categoría: la de persona.


     El feminismo es un análisis riguroso y exhaustivo del por qué de la opresión histórica de una parte de la humanidad y este análisis se expresa hoy día, a través de varias acciones políticas.
     El feminismo no implica una ruptura con el hombre como ser humano, sino con la idea creada a través de la historia de que el varón es, por definición, el ser superior y pensante, y la mujer su otra cara del espejo.



      El feminismo es una filosofía de lucha por la libertad, y este ha sido uno de los grandes motores que ha ayudado a avanzar a la humanidad. La libertad de las mujeres no implica la esclavitud de los hombres, de la misma manera que estos no pueden soñar con ser libres si siguen oprimiendo a las mujeres.
      Pero el feminismo es también una nueva concepción del mundo, visto desde el punto de vista de las mujeres. Un mundo en paz donde convivan, sin marginación y opresión de ninguna clase, hombres y mujeres.
      Y al mismo tiempo, el feminismo significa la recuperación de la palabra de las mujeres, de su propia historia, individual, colectiva, para que lleguen a reconciliarse, en suma, con su propio sexo y con el otro, sin tabúes, sin leyes restrictivas, sin miedos paralizadores.


    El feminismo parte de una visión global y profunda de la realidad, de la que vivimos hoy y de la que pertenece a la memoria histórica. El feminismo impulsa a que se desarrolle la conciencia activa de todas las mujeres que se proponen saber.
     Saber por qué, en el terreno de las ideas y en la práctica de las relaciones sociales, las mujeres han sido consideradas seres “inferiores” o, dicho de un modo “galante”, el “sexo débil.
      El análisis de la propia experiencia lleva al conocimiento más exhaustivo de la realidad femenina y, a partir de aquí, a tomas de posturas más cons cientes y solidarias.
      No todas las mujeres son iguales y van a luchar de igual forma, pero hay algo que las puede unir: el conocimiento de que su opresión no forma parte de un destino fatal, sino que hay unas causas explicables y que, al mismo tiempo, su condición es universal y específica.

      Conocer estas causas es un primer paso hacia la liberación como mujeres y como seres humanos. El feminismo, pues, defiende la razón y la vida, lucha para que la palabra libertad no sea una palabra abstracta y privilegio de unos pocos.



Fuente: Fempress. Editado por  Mujeresnet. ,Palabra de Muje, Miedo al feminismo.


3 comentarios :

  1. Felicidades por tu blog. Me encanta tu entrada. Justo el otro dia tuve una discusión sobre esto, y aunque intentaba explicarlo, la ignorancia es mucha. Que frustración.

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  2. Felicidades por tu blog. Me encanta tu entrada. Justo el otro dia tuve una discusión sobre esto, y aunque intentaba explicarlo, la ignorancia es mucha. Que frustración.

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  3. Felicidades por tu blog. El otro dia tube una discusión sobre esto y aunque trataba de explicarlo, la ignorancia es mucha. Que frustración.

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