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miércoles, 7 de diciembre de 2016

TODXS DEBERÍAMOS SER FEMINISTAS, de Chimamanda Ngozi Adichie


“Reflexión y análisis del texto: Todos deberíamos ser feministas de Chimamanda Ngozi Adichie”

   “Todos deberíamos ser feministas” es la transcripción de una conferencia impartida por Chimamanda Ngozi Adichie en 2012 en TEDxEuston, durante  un simposio anual centrado en África. El texto, que nos acerca a las experiencias vividas por la propia autora, nos coloca frente a hechos reales  que evidencian la desigualdad a la que nos enfrentamos las mujeres sólo por la condición de serlo. Y aunque su discurso tenga como base de referencia su Nigeria natal, salvo alguna excepción comparativa de la situación de la mujer norteamericana,  esos estereotipos y roles de género que denuncia y hace visibles son comunes en todas las partes del planeta. Porque con su narración Ngozi Adichie  nos muestra la permanencia de la configuración machista en la sociedad. Por muy desarrolladas que se crean algunas,  “El machismo no es sólo el pasado histórico. Es también el pasado vital, es decir, nuestra infancia, nuestro día a día... también nuestro presente”.

            Como bien señala, ¿acaso  no son demasiados los obstáculos que están ahí (en cualquier sociedad) y que, por llevar toda una vida instaurados, parecen intrínsecos a nuestra condición humana, incuestionables y no osamos a rechazar ni a abolir? Obstáculos que por otra parte fueron implantados en otro tiempo distinto y muy distante del actual por otra sociedad, pero que a día de hoy siguen vigentes por muchos siglos que pasen y por muchos Louis que nos digan “No entiendo a qué te refieres cuando dices que las cosas son distintas y más difíciles para las mujeres. Tal vez lo fueran en el pasado, pero ahora no. Ahora las mujeres ya lo tienen bien”. Porque todas tenemos algunos Louis que nos dicen ese tipo de cosas para evidenciar nuestra histeria colectiva antipatriarcal, otro de esos estereotipos que nos achacan a las feministas.

            La normalización de los mal llamados Micromachismos está establecida en demasiadas culturas que a día de hoy se creen libres de machismo solo por “permitir” que la mujer pueda estudiar, votar, trabajar…y en definitiva ser explotada doblemente por el sistema capitalista y patriarcal. Pero del tema Micromachismos ya hablaremos, porque no debemos caer en engaño, el patriarcado no solo está instaurado en los sectores conservadores, de derechas, de determinada franja de edad, no. El patriarcado“es la institucionalización del dominio masculino en TODOS los ámbitos de la sociedad “y lo de las Masculinidades conscientes o Nuevas masculinidades como que nos pilla aún muy lejos. 


            Como ella misma explicó decidió hablar  “acerca de cómo los estereotipos limitan nuestro pensamiento y le dan forma…me da la impresión de que la palabra «feminista», y la idea en sí del feminismo, también se ven constreñidas por los estereotipos….. Decidí hablar de feminismo porque es algo muy importante para mí.…”  Y si, la palabra “Feminismo” está sobrecargada de connotaciones negativas, conceptos distorsionados como el fraudulento argumento de  “El feminismo es como el machismo pero al revés” o el famoso “¿Por qué Feminismo y no Humanismo?”,  intereses socio-económicos fruto de años de patriarcado (¿Quién quiere renunciar a sus privilegios?), manipulación con términos inventados por el patriarcado tales como Hembrismo y no sé cuantas falacias más que nos hacen ser vistas a todas como lesbianas mal folladas que no se depilan, feas, gordas, amargadas y potencialmente exterminadoras de hombres, cuando no unas putas díscolas que vamos enseñando los pechos más allá de los mares sin dejar de ser unas mantis religiosas de nuevo potencialmente exterminadoras de hombres…. Vamos, que el Manifiesto SCUM se nos queda corto a día de hoy!.

Ngozi esto lo suaviza más al hablar de esos estereotipos, “Odias a los hombre, odias los sujetadores, odias la cultura africana, crees que las mujeres deberían mandar siempre, no llevas maquillaje, no te depilas, siempre estas enfadada, no tienes sentido del humor y no usas desodorante” , que van de la mano del concepto que se tiene de las feministas con el cual, ni ella, ni yo, ni muchas, nos sentimos identificadas y que le llevaron a autodenominarse irónicamente como “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”.

Por todas esas connotaciones negativas del significado de la palabra “Feminista”,  Chimamanda Ngozi Adichie  defiende que “mucha más gente tendría que reivindicar esa palabra” y aboga “por un feminismo sin complejos que incluye la naturalidad incuestionable de que hombre y mujeres deberían tener los mismos derechos y las particularidades que cada uno quiera añadir a su forma de entender los géneros. El problema del género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente”.

            ¿Por qué algunos de los muchos roles que recaen sobre las mujeres es la dulzura, “ese toque femenino” que reclamaba uno de los subordinados de una jefa,  la falta de rabia y agresividad entendida como ambición o los cuidados del hogar? ¿Por qué nos inculcan a competir entre nosotras en vez de enseñarnos la magnitud y belleza del concepto Sororidad?, ¿Por qué si a una mujer la violan parte de culpa se le achaca a ella?: Demasiado corta, demasiado escote, ¿qué hace caminando de madrugada sola por la calle?, ¿Qué hace sola en una habitación con 4 chicos?.... ¿Acaso la calle no es tan mía como de un hombre y mi cuerpo no me pertenece? ¿Por qué el estigma de la prostitución es de la prostituta y no del cliente que paga por sexo?


Rabia, yo también tengo mucha rabia y me esfuerzo en mi día a día porque no se me note demasiado… ¿Otro rol en el que también caigo? Si, tal vez por la culpabilidad y miedo que nos es inculcado desde la cuna por nacer mujer. Miedo a nuestra libre sexualidad, a nuestra potencialidad, a nuestra inteligencia que debemos “esconder” para “conseguir” marido y no intimidar a los hombres.... Culpa y miedo, a los hombres y a nosotras mismas… ¡Qué bien se lo tiene montado el sistema!


            Siguiendo con el tema del feminismo otra cosa que me llama muchísimo la atención al  respecto, es la “percepción”, está más amable pero igual de errónea, por parte de numerosos sectores de la sociedad de considerar que ser feminista consiste exclusivamente en el reparto de tareas del hogar, o lo que es peor, en que los hombres “ayuden”, sí, “AYUDEN!!!” , en dichas tareas, porque parece ser que la suciedad, el cuidado del hogar, los cuidados en general y demás temas de ámbito doméstico y familiar vienen con nombre de mujer.

 Volviendo al tema de los mal llamados Micromachismos, la autora desde su experiencia nos muestra ciertos hechos cotidianos, que nos evidencian la normalización de los roles y estereotipos de género,  que nos llevan una concepción descafeinada y muy sutil del machismo, tanto que los podemos llegar a considerar pequeños gestos de machismo: los aparcacoches que esperan que paguen los hombres, las/os camareras/os que se dirigen a los hombres invisibilizando a la mujer, las mujeres que se ocupan de labores del hogar, dan las gracias si el hombre las “ayuda” en dichas tareas y ceden en su carrera profesional o en sus sueños para mantener “la paz en el matrimonio”, la niña que saca la mejor nota de clase porque aspira a ser delegada, pero a la profesora se le olvida matizar que sólo los niños varones pueden serlo, el llevar anillo para parecer casada y ser tomada en consideración de una manera seria en el ámbito profesional-laboral.

La autora señala  que “Si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si vemos la misma cosa una y otra vez, acaba siendo normal. Si sólo los chicos llegan a monitores de clase, al final llegará el momento en que pensemos, aunque sea de forma inconsciente, que el monitor de clase tiene que ser un chico. Si solo vemos hombres presidiendo empresas, empezará a parecernos natural que solo haya hombres presidentes de empresas”.

Y aquí es precisamente donde radica mi crítica a la palabra Micromachismo. La palabra “micro”, es un elemento compositivo que  proviene del idioma griego (‘pequeño’) por lo que es un diminutivo para asignar algo muy pequeño.  Así que para que me aclare con lo de los Micromachismos:  que “los hombres gobiernen el mundo”, como dice la escritora, sería machismo o fruto de una sociedad y mentalidad machista, ¿no?. Que nos violen y maten por ser mujeres a parte de delito sería fruto del androcentrismo imperante que se visibiliza a través del machismo y un ejercicio de poder por parte de los hombres y sometimiento de las mujeres. Pero lo de la amiga que se sacrificó por salvaguardar su matrimonio, lo de las/os camareros y aparcacoches  que piensan que el dinero proviene del hombre, o la vez en la que fue interrogada en un hotel de lujo “porque es impensable que una mujer nigeriana pueda ser una clienta que paga su habitación”, vamos, negra nigeriana igual a prostituta , eso ¿sería solo un “pequeño” machismo?...
¿Perdón?, me he perdido algo?.  En palabras de Diana López Varela, autora del libro “No es país para coños”,  ‘micro’ parece que lo hace más endeble, más pequeñito. Y al final todo es machismo puro y duro. El acoso callejero es machismo; el laboral, también. Hablamos de ‘micromachismos’ para referirnos a cosas que no son tan graves como una violación, por ejemplo, pero las mujeres vivimos empachadas de esos ‘micromachismos’. O como bien explica Alicia Murillo, “No existen los micromachismos, porque no hay violencias invisibilizadas en lo cotidiano, lo que hay son personas invisibilizadas: las mujeres. No somos tontas,  somos perfectamente conscientes y capaces de evidenciar esas violencias,  nuestras abuelas las denunciaban a diario, el problema es que sus quejas nunca  fueron escuchadas con respeto. Y así, en lugar de decir: “las abuelas fueron conscientes de ser las esclavas de la casa y muchísimas de ellas se quejaban por esta injusticia” decimos “se llama micromachismo, porque son violencias machistas pequeñas de las que nadie se da cuenta”. De esta forma la academia mata dos pájaros de un tiro, hace ver que son violencias de “poca importancia” y además deja a las mujeres en un lugar infantilizado, incapaces de evidenciar y describir su situación de abuso por sí solas.”


            Respecto a la base que propone la autora para conseguir la igualdad y cerrar la brecha de géneros cierto es que cambiar la sociedad es tarea tanto de hombres como de mujeres, pero que el patriarcado renuncie a esos privilegios robados a golpe de machismo requiere una ardua tarea de educación y concienciación en la que ambos deben implicarse, y eso supone que una de las partes renuncie a dichos privilegios. Lo que si me gustaría añadir es que aunque la autora entienda que el feminismo no es cosa únicamente de mujeres, matizaría que los hombres feministas deben hacerse con sus espacios no reclamando grupos mixtos feministas sino reclamando su propio hueco dentro de los espacios masculinos. La masculinidad es una jaula muy pequeña sí, pero a los hombres compete esta tarea de abrirla…

            Sinceramente el título el texto “Todos deberíamos ser feministas” es bastante gráfico como para no tener claro que concibe una sociedad igualitaria y dado que es el Feminismo es el movimiento que aboga y lucha por esta igualdad real, resulta más que evidente que Todas y todos deberíamos ser feministas. Aunque he de reconocer que  un “Dame un motivo por el cual no ser feminista” hubiera estado muy bien también….

martes, 5 de enero de 2016

NOCHE DE REINAS MAGAS....


Si bien la historia oficial nos habla de la próxima llegada esta noche de los tres Reyes Magos, es importante recordar que han ido surgiendo otras informaciones que históricamente han cuestionado dicha versión. El periodista y profesor de la UAB, Pepe Rodriguez nos desvela en su libro Mitos y Tradiciones de la Navidad, cuestiones tales como que no han sido siempre tres los reyes magos a lo largo de la historia o que el rey Baltasar no fue negro hasta el siglo XVI. ¿Porque no pensar por un momento que pudo haber alguna reina maga…?
No sería ninguna locura, puesto que las practicas y las evidencias de determinadas épocas de la historia no ofrecen ningún dato en contra de esta idea.

Así, diversos autores helenos o latinos, mencionan a las mujeres druidas, entre las que destacaría Eponina, sacerdotisa o guardiana de su culto.


En la Bretaña continental, Pomponio Mela recoge al menos a nueve mujeres que tenían la capacidad de emitír oráculos y profetizar el futuro y la mitología egipcia también da cuenta de la presencia de diosas entre las que destaca Isis, la "Gran Maga", diosa Madre, reina de los dioses, diosa de la maternidad y del nacimiento.
Más recientemente hemos sabido de las talladoras de santos de Puerto Rico a las que se llama “santeras”, y que no sólo tallan figuras de los santos reyes sino de las “reinas magas”.

La literatura universal también ha hecho mención al papel de las mujeres en la tradición de los reyes magos. Rubén Darío se pregunta “si en algún viejo libro, o en algún empolvado centón, habéis encontrado algo que se refiera a las mujeres de los tres Reyes Magos que fueron a adorar a Nuestro Señor Jesucristo “. Consultados los sabios, el creador de armoniosos sueños le aconsejó escuchar el cuento de otras tres Reinas Magas. Crista que nació para ser coronada reina de martirio era hija de una virgen y un obrero, y la noche de su nacimiento danzaron y cantaron alrededor del pesebre cien pastores y pastoras. Una estrella apareció sobre el techo del pesebre de mi alma; y, a la luz de esa estrella, llegaron a visitar a la recién nacida tres Reinas Magas.


Venían de países muy lejanos. La primera sobre una asna blanca, toda caparazonada de plata y perlas. La segunda sobre un unicornio. La tercera sobre un pavo real. La recién nacida recibió sus homenajes. La primera le ofreció incienso. La segunda oro, la tercera mirra. Una era la reina de Jerusalén, otra la reina de Ecbatana y la tercera la reina de Amatune.


O podemos quedarnos con la maravillosa versión de Gloria Fuertes en su obra Las Tres Reinas Magas, Gaspara, Melchora y Baltasara que arrodillándose ante el recién nacido recitan a coro ofreciéndole el puchero:


Sopitas de leche 
con pan y escabeche, 
que el Niño que nace, 
verás lo que hace. 

BALTASARA 
Verás cómo ama. 

GASPARA 
Verás cómo crece. 

LAS TRES REINAS 
Llevemos al Niño 
sopitas de leche 
con pan y escabeche... 


¿Os imagináis que estas historias hubieran sido relatadas por alguna mujer que se reconociera feminista? ¿Cuánto habrían tardado los nuevos machistas en vilipendiarla, ridiculizarla o simplemente insultarla?

BEFANA, típica figura de algunas partes de Italia. Su nombre deriva de la palabra epifanía, a cuya festividad religiosa está unida la figura de la Befana. Pertenece por tanto a las figuras folclóricas, repartidoras de regalos, vinculadas a las festividades navideñas.

Feliz Noche de reyes y reinas Magas.





martes, 29 de diciembre de 2015

FEMINISMO CONTRA LA IGNORANCIA


Desde que opté por darle más cabida a las opiniones que vuelcan desconocidos a través de las redes sociales, mi fascinación por la ignorancia que habita en esta realidad paralela no ha hecho más que crecer de forma exacerbada. Cuando tenemos una mayor capacidad de acceder y disponer de información verídica y contrastada gracias al impulso de las nuevas tecnologías, nos hemos convertido en una sociedad apegada al oscurantismo de otras épocas. Una que prefiere mantener una posición soberbia ante el conocimiento, demostrando que eso de “cuanto más mejor” es solo una falacia.


Resulta que ahora es tendencia eso de declararse no feminista, rechazarlo e incluso denigrarlo, a través de plataformas como Facebook o Twitter. La problemática que enraíza esta actitud es que la mayoría de adeptos a esta nueva filosofía de negación del movimiento feminista son mujeres.

El autor alemán Goethe dijo alguna vez que “el que no sabe llevar su contabilidad por espacio de tres mil años se queda como un ignorante en la oscuridad y solo vive al día”. Algo parecido les sucede a todas estas mujeres que publican su ferviente antifeminismo sin mayor argumento que ese, negando, por lo tanto, a todas esas heroínas históricas que lucharon –e incluso se dejaron la vida- para que hoy nosotras nos beneficiemos de unos derechos que no siempre nos fueron reconocidos en igualdad de condiciones a los hombres por nacer bajo el estigma del género femenino.


Aquí van unas nociones de cultura general. 


Se define el feminismo como un conjunto de ideologías y movimientos que tienen como objetivo la igualdad de derechos entre varones y mujeres a todos los niveles de la vida. Asimismo, se erige como contrapeso ante la dominación y la violencia de los hombres sobre las féminas y la asignación de roles sociales según el género.

Si, por supuesto, en toda ideología existen facciones radicales que, o bien, desvirtúan el propio movimiento con su extremismo dialéctico, o bien, obtienen el mismo resultado por servirse de acciones contundentes cuyo objetivo rel no es otro que el de hacer visible la urgencia de seguir apostando por el movimiento ante una sociedad entumecida. Pero ambas realidades no pueden, en ningún caso, servir como excusa para generalizar. Menos aún para deformar el mensaje y objetivos germinales del feminismo: buscar la igualdad de géneros. Punto.

La altanería que define a la mujer moderna, occidental y olvidadiza roza lo grotesco. Especialmente cuando todavía hay en el mundo millones de mujeres a las que se les niegan muchos derechos fundamentales que nosotras, como ciudadanas de países "democráticos", ya hemos normalizado. Que las mujeres podamos votar, divorciarnos, trabajar, interrumpir de forma voluntaria un embarazo, denunciar a la pareja por violencia dentro del hogar o incluso ser independientes económicamente de nuestros padres o maridos son conquistas introducidas y peleadas por el movimiento feminista; por las valientes figuras que lo respaldaron ante las injusticias de un patriarcado histórico y atroz que todavía se perpetúa en cualquier país en el que nos dignemos a mirar con sentido crítico. 


Ojalá llegue el día en el que el movimiento feminista y sus reivindicaciones no tengan cabida; queden ambos obsoletos. Será el día en el que hombres y mujeres no estén condicionados por su género, sino por una única verdad: su condición de seres humanos que los hace sujetos de una dignidad irrenunciable e inalienable. Mientras tanto, me reafirmo: la ignorancia es un germen, y ante el antifeminismo iletrado e ingrato, apuesto por mi feminismo de igualdad y consecuencia.

Por: Julia Alegre*


Julia Alegre es una periodista española especializada en Cooperación Internacional y Acción Humanitaria. Actualmente desarrolla su trabajo como redactora en Fucsia.co. 
JAlegreB@semana.com

domingo, 13 de diciembre de 2015

MATADLAS A TODAS


Somos cómplices silenciosos de una plaga que nadie se atreve a llamar así.


Hay un momento en La cosa (1982, John Carpenter) en que McReady, el personaje de Kurt Russell, reúne en un círculo —bengala en mano— a todos sus compañeros. “Seguro que no todos sois cosas, algunos debéis de ser humanos porque si no ahora mismo me atacaríais”. Yo también quiero creer que ahí fuera no todos son alienígenas.

Quiero creer que no vivo en un país de cafres, descendientes directos del neandertal, hijos de una tara neuronal que les obliga a asesinar a sus mujeres. Me consolaría saber que todos esos homicidas son una excepción, un simple fallo en la cadena evolutiva, el producto de unos antepasados con graves problemas de adaptación que acabaron transmitiendo sus genes a ejemplares fallidos, machos alfa venidos a menos.

Cincuenta y cuatro mujeres han sido asesinadas hasta el día de hoy(pos desgracia  tal vez cuando este artículo caiga en vuestras manos sean más las ASESINADAS) . Sus asesinos son presuntos, los cadáveres no. Cincuenta y cuatro víctimas en once meses. Si un grupo terrorista musulmán hubiera reivindicado cincuenta muertes en España en menos de un año no habría lugar en el infierno en el que pudieran esconderse. Aquí los agresores se esconden a plena vista: se mofan en Twitter, persiguen en Facebook, acosan por email. Algunos los justifican. Son los del «algo habrá hecho», los del «la culpa es de la ley que criminaliza al hombre», los de la jauría con vocación de piara donde uno ve los rostros de ciertos tertulianos. Los de «¿y las denuncias falsas qué?», como si un asesinato fuera el equivalente conceptual al falso testimonio. Llamamos “feminazis“ a las que nos molestan (lo que demuestra un dominio peripatético de los condicionantes históricos y del régimen nacionalsocialista en general), “maricones” a los que se solidarizan con ellas y “tontos” a los que abogan por un gran pacto de estado contra la violencia de género o simplemente protestan.

Seguimos el protocolo a rajatabla, eso sí: guardamos un minuto de silencio, ponemos la bandera a media asta, hacemos una manifestación. Y así hasta la próxima. Silencio, bandera, manifestación. Si le diéramos al fast forward eso sería todo lo que veríamos: una muerte tras otra, seguida de un silencio, una bandera a media asta y una manifestación.


Hace unas semanas vimos a tres de los presuntos responsables de las muertes por cortesía de la prensa: uno era un ricachón que abusaba de las drogas, el otro un ejemplar de gimnasio, el tercero un don nadie que se calzó un pasamontañas y unos guantes de látex para apuñalar a su mujer en plena calle. El primero ejecutó a su familia antes de pegarse un tiro; el segundo está en busca y captura después de matar a su exnovia y una amiga de esta; al tercero le cogieron en la calle, cuando ya había matado.

Ninguno de ellos, a pesar de su presunto tormento, escogió acabar con su propia vida antes de tomar la de los demás. Ninguno fue a la tienda a comprar una soga y se fue en silencio, sin molestar: todos tomaron la decisión de matar.
Porque podían. “La maté porque era mía”, dicen sin ambages. Cincuenta y cuatro mujeres han perdido la vida porque cincuenta y cuatro hombres no aceptaron que ellas podían hacer lo que les diera la gana con sus vidas. Ellas pueden dejarnos, manipularnos, amarnos o largarnos, y eso no puede ser, por supuesto, piensa el homínido, metido en un círculo de pensamiento que a veces comparte abiertamente con los colegas. Porque este es un país de hombres, de muy hombres, y no vamos a permitir que ellas hagan lo que les de la gana. ¿Qué se habrán creído? Y sí, esto no es México, ni Finlandia.

No somos seres de luz, ni espíritus libres, ni criaturas piadosas. Somos cómplices silenciosos de una plaga que nadie se atreve a llamar así. Cada vez que un hombre insinúa la responsabilidad colectiva que deberíamos asumir por el continuo menosprecio que sufre la mujer en nuestro país, una avalancha de insultos sepulta al majadero y le recuerda que aquí mandan los tipos de pelo en pecho y verbo ligero. Aquí somos muy machotes y hay que decirlo tantas veces como convenga.

Llegados al punto en que estamos ahora, donde muchas (muchas más de las que creemos) viven en el pánico más estruendoso sin que nadie mueva un dedo para aliviarlas, va siendo hora de escoger bando, más que nada para saber cuántos somos y cuántos son ellos. No hay equidistancia posible, no cuando las apuñalan, queman, disparan y humillan. No caben las contemporizaciones, , los eternos blablablá de los politicastros de turno o las excusas de baratillo que acaban resumidos en un «es que es muy complejo».


Tampoco caeré en la tentación de pensar que en otros sitios esto no pasa. Esto pasa en todas partes, pero este es el país en el que vivo, ese que presume de haber cerrado etapas y superado heridas y en el que un niño de doce años puede soltarle en la televisión pública a una niña de la misma edad “las chicas ya sabéis limpiar genéticamente” y que a todo el mundo le parezca hilarante.

Ya no basta con decir basta y mirar de lejos, entornando los ojos. Sabiendo como sabemos que a más muertes menos sensibilización, quizás deberíamos empezar a practicar el noble arte de quitarnos de encima a todos aquellos machos que reducen el asesinato, la tortura y la persecución a un simple “vete a saber qué ha pasado en realidad”.


El asesinato es injustificable (soltar estas perogrulladas en pleno siglo XXI es ciertamente vergonzante, pero comprarse un arma para matar a tus hijos y a tu mujer porque te van mal las cosas puede que sea un poquito peor), el odio a las mujeres es repugnante y la creencia de que alguien (quien sea) es de nuestra propiedad fue abolida hace muchos lustros. Nos cargamos la esclavitud (por lo menos eso dijimos) pero la seguimos practicando. No las atamos con cadenas, nos limitamos a rociarlas con alcohol y acercarles un mechero (hace unas semanas, un chaval de veinte años, España) o a advertirles de lo que pasará si se les ocurre contradecirnos. Seguimos con “el mujer tenía que ser” y el “saliendo así vestida, ¿cómo no le va a pasar algo?”. Seguimos riéndonos con los piropos de los babosos y considerando a las mujeres por la amplitud de su escote y la extensión de su minifalda: las que follan mucho son unas putas; los que follan mucho, unos conquistadores.

Perpetuamos y empeoramos el discurso generacional que arrastraban nuestros abuelos, cuando la abuela se quedaba en casa y el abuelo se ganaba el sustento. Y lo peor de todo es que nos da igual. En general. Con poquitas excepciones. Algunas feminazis, algunos maricones y algunos tontos. Nadie ha levantado la voz. Quizás por miedo, puede que por indiferencia, chi lo sá?


El otro día, después de que El Mundo publicara una carta de una mujer, Sara Calleja, que había decidido suicidarse ante el acoso de su expareja, a uno se le caía el alma a los pies al leer los comentarios de los lectores. Ya sabemos que la narrativa de un artículo ya no se acaba con el punto final del texto sino que empieza donde arranca el primer comentario y que es ahí donde se dirime la suerte del texto. Estoy seguro de que en este, como en aquel, podremos leer un sinfín de operetas quejosas sobre lo malvada que es la fémina, la cantidad de denuncias falsas que justificarían hasta el asesinato de Ghandi, amén de descalificaciones de ligeras a gruesas y recordatorios de lo bien que tratamos a las señoras en España los días laborables. Porque eso es lo mejor: lo activos que son los perseguidores del sentido común. Si setenta u ochenta mujeres mueren al año asesinados por su pareja en nuestro país podría decirse que tenemos un grave problema estructural con la violencia de género, verdad? Si ochocientas mujeres han muerto desde 2005 incluso podríamos arriesgarnos y afirmar que no es un hecho coyuntural sino sistémico, ¿no?


Después de la mencionada carta en El Mundo, el periódico consiguió hablar con la juez del caso, una señora que afirmaba no tener ningún instrumento a su alcance para evitar finales como este. Lo mejor llegaba al final, cuando se le preguntaba si estaba satisfecha con su trabajo: «Sí. Desde el momento que nos entró la primera denuncia, Sara estuvo totalmente protegida».

Quizás ese es el problema: que fingimos ser ciegos y sordos. O —quién sabe— puede que en realidad lo seamos.

Toni García
Texto extraído de: lamarea.com

viernes, 4 de diciembre de 2015

EL DECÁLOGO DEL NEOMACHISMO O CÓMO PERPETUAR LA DESIGUALDAD DE GÉNERO SIN PARECER MACHISTA


En la web proliferan mensajes posmachistas que son una reacción patriarcal a los avances en derechos de las mujeres.

"Tiene un discurso políticamente correcto, pero es el machismo de siempre", afirman las autoras del estudio 'Neomachismo en espacios virtuales'


Uno de sus planteamientos es que existe un alto número de denuncias falsas por violencia machista, pero solo representan el 0,01% del total, según la Fiscalía General del Estado

Marta Borraz


"Ni machismo ni feminismo" o "La violencia no tiene género", algunos de los lemas de Vox al irrumpir en la marcha del 7N /
Raquel Ejerique
Suele posicionarse contra la Ley Integral contra la Violencia de Género de 2004 o el lenguaje no sexista y habla de un alto número de denuncias falsas por violencia machista. Es el llamado neomachismo (o posmachismo) que, según las personas expertas consultadas, ha aterrizado como una reacción patriarcal a los avances en derechos de las mujeres conquistados en los últimos años. "Es el machismo de siempre, pero con un discurso transformado para poder introducirse y calar en el mundo actual", según las investigadoras Trinidad Donoso y Nieves Prado.

Pero, ¿en qué se diferencia del machismo como tal? "Tiene un discurso políticamente correcto hacia los principios de igualdad y la inferioridad natural de la mujer no se acepta en esta corriente, al menos no como discurso enunciado", afirman las expertas, que han realizado un estudio sobre ' Neomachismo en espacios virtuales'. Es ahí, en la red, donde proliferan mensajes de este tipo y comentarios que pueden condensarse en estos diez.


1. "La violencia no tiene género"


Era uno de los lemas que la formación política Vox llevaba en sus pancartas al irrumpir en la marcha contra las violencias machistas del pasado 7N."Todos los seres humanos podemos ser violentos", sostiene Rubén Sánchez Ruiz, psicólogo y formador en materia de violencia machista, pero esta frase "ignora que esta es una violencia específica".

Para Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno para la violencia de género, "obvia que vivimos en un sistema patriarcal y que hay una construcción cultural que minimiza y justifica la violencia del hombre sobre la mujer", que ha provocado el asesinato de 48 mujeres en lo que va de año, según cifras oficiales. Lorente afirma que esta violencia es distinta a otras porque, entre otras cosas, "se normaliza y responsabiliza a la propia víctima".

Mensaje en Twitter de la Guardia Civil sobre violencia de género.

2. "Ni machismo ni feminismo, igualdad real"


El posmachismo suele reaccionar ante el uso de la palabra feminismo, que "a pesar de ser un pensamiento liberador, lo ve como un ataque y es producto del desconocimiento", resume Lorente, y lo equipara con el machismo para acabar concluyendo que lo que defiende es la igualdad real. Sin embargo, son planteamientos que persiguen lo contrario. Según la Real Academia Española, el machismo es "la actitud de prepotencia de los varones sobre las mujeres" y el feminismo es "un movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres".


3. Cuestionamiento de la Ley Integral contra la Violencia de Género


Muchos consideran la norma, aprobada en 2004, "discriminatoria para los varones", analizan Donoso y Prado en su investigación. De hecho, existen grupos y asociaciones "de afectados" por la ley porque "se sienten atacados por todo aquello que cuestiona su poder y se presentan como víctimas", explica Sánchez. Pero la norma, "con sus más y sus menos supuso un hito porque, entre otras cosas, intenta visibilizar esta violencia específica".


4. Un alto número de denuncias falsas?


Las expertas coinciden en que la falsa creencia de que hay un elevado número de mujeres que interponen denuncias falsas por violencia machista es uno de los argumentos estrella del posmachismo. Sin embargo, según la Memoria Anual de la Fiscalía General del Estado con datos de 2014 solo el 0,01% de las mismas lo son. Se trata de un comentario habitual que hace pocos meses utilizó el expresidente de la Comunidad de Madrid Joaquín Leguina en Twitter:


"Las confunden con las absoluciones, que demuestran que los elementos de prueba no son suficientes para la condena y persiguen potenciar el mito de que las mujeres lo hacen para beneficiarse", dice Lorente. "¿Por qué no se habla de denuncias falsas en otros ámbitos en los que son mucho mayores?", se pregunta.


5. El Síndrome de Alienación Parental (SAP)?


En 1985 el psiquiatra Richard Gardner acuñó este término para hacer referencia a la manipulación por parte de un progenitor de los hijos e hijas para enfrentarlos al otro, normalmente por parte de la madre. Con ello, se consigue el cambio de custodia en un proceso de divorcio en base a que ella "lava el cerebro" de su hijo con el objetivo de destruir los vínculos con su padre. Este supuesto síndrome carece de consenso científico y no ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud.

El peligro radica en que "se está dando en muchos casos de violencia machista y al final el hijo acaba con el agresor", denuncia Sánchez, para el que "los procesos de divorcio son complejos y puede haber manipulación por parte de los progenitores". Sin embargo, afirma, "es criminal convertirlo en un síndrome de la mujer". Según la macroencuesta de 2011, un 73,4% de mujeres víctimas de violencia de género salen de ella a través de la separación, sin interponer denuncia. Lorente califica el SAP como "trampa" porque "evita que nos preguntemos por las verdaderas causas para que los hijos muestren ese rechazo que, en muchos casos, son la violencia que han visto y vivido en el hogar".


6. El lenguaje no sexista


Burlarse del lenguaje inclusivo, que pretende romper con la forma en que lo masculino se ha impuesto como universal, es otro de los rasgos del posmachismo, según las expertas consultadas. Sánchez defiende su utilización porque "lo que no se nombra no existe", dice, "ya que el lenguaje regula el pensamiento y éste regula las actitudes". Lorente opina que se trata de "un rechazo al significado de lo que defiende este planteamiento comunicativo". Algo que demuestra que "nunca nos hemos cuestionado la utilización de 'damas y caballeros', pero sí de 'todas y todos'".


7. Uso del término "feminazi" o "hembrista"


En los últimos años se ha extendido el término "feminazi" para referirse a mujeres feministas que luchan por sus derechos haciendo alusión a que pretenden tratar a los hombres como los nazis a los judíos. El término fue popularizado por un locutor de radio estadounidense vinculado al Partido Republicano para nombrar a las mujeres que defendían el derecho al aborto. El hembrismo, por su parte, es utilizado como analogía del machismo para citar "la discriminación sexual, de carácter dominante, adoptada por las mujeres". Términos "que no responden a realidades", afirma Sánchez, y que "se usan de forma despectiva para decir que somos nosotros los intolerantes e irrespetuosos".

Un cartel aparecido este martes en una calle cercana al Juzgado de violencia contra la Mujer número 6 de Madrid

8. "La igualdad ya se ha conseguido"


"La certeza absoluta de que la igualdad real y formal de mujeres y hombres se ha conseguido" es otra de las características del posmachismo, según Donoso y Prado. Algo que lleva aparejado que "ya no es necesaria ninguna lucha feminista". En opinión de Lorente "se ha logrado actuar sobre la parte más superficial de la desigualdad, pero no sobre las causas". Las trabajadoras cobran un 23,9% menos que ellos por trabajos de igual valor y el 95% de las personas que están fuera del mercado laboral para dedicarse a los cuidados son mujeres.


9. Contra las cuotas


Existen opiniones diversas sobre la eficacia de las cuotas, incluso dentro del propio movimiento feminista. Pero el posmachismo suele posicionarse en contra porque "lo considera un ataque ya que estas iniciativas buscan modificar privilegios que la cultura les ha concedido a los hombres", dice Lorente, que considera importantes las cuotas porque "dirigir iguales acciones a quien ocupa una posición aventajada y a quien ocupa una inferior hace que avancen las dos partes, pero manteniendo la desigualdad entre ellas".

La ley de 2004 fijaba como recomendación un 40% de mujeres en el Consejo de Administración de las empresas, pero solo un 18,6% ocupa estos puestos. "Esta cifra no es una situación natural, también es una cuota, la cuota del machismo".


10. Beneficio económico del que defiende la igualdad


Este planteamiento se basa en que el feminismo utiliza la lucha en favor de los derechos de las mujeres con el objetivo de ganar dinero. Un argumento empleado por el periodista y escritor, Arcadi Espada, que el 12 de noviembre publicó un artículo en El Mundo sobre la marcha del 7N en el que aludía a que la manifestación solo buscaba "hacer negocio con el crimen". Para Lorente, es un juicio "muy efectivo en época de crisis", pero lo que no se dice es que "hay gente que lleva 30 años dejándose la piel y luchando contra la violencia machista en una situación de muchísima precariedad", añade Sánchez.

Texto extraído de; eldiario.es



domingo, 22 de noviembre de 2015

LOS INTENTOS DE DESLEGITIMAR LA LUCHA FEMINISTA SOLO MERECEN RISA.

Toa loca me quedo...

Cualquier movimiento que haya surgido en la Historia y que se atreva a cuestionar los privilegios existentes, es inmediatamente estigmatizado. Las personas o movimientos que se atreven a poner en duda el statu quo y a contrariar los intereses creados de las personas privilegiadas, encuentran una resistencia feroz. Para impedir que dichos movimientos sean capaces de llevar a la práctica sus ideas, se comienza desacreditándolos mediante teorías. Luego, se empiezan a utilizar campañas y tácticas difamatorias para deslegitimar su trabajo. Más tarde comienzan a implantar ideas, deseos, miedos y temores sobre las posibles amenazas para la sociedad. Para terminar ridiculizándolos. 


Así pasa con el Feminismo. Son muchas y muy variadas las acusaciones contra el Feminismo pero de momento solo nos vamos a detener en la acusación que se le hace de “tener posturas ideológicas donde los términos de igualdad de sexos se pervierten en pos de una superioridad de lo femenino y la discriminación del hombre”. Para eso han inventado términos absurdos como “Feminazi” “Hembrismo” o” Misandria”. Es la estrategia, mil veces usada, de empañar la imagen y la reputación de estas personas o movimientos presentándolas justo como lo contrario de lo que defienden.


¿Os extraña? .A mí no. Cuando hayamos rebatido por activa y por pasiva dichos términos se inventarán otros. De lo que se trata es de la estrategia del desgaste. Pero yo creo que estos intentos de deslegitimar la lucha feminista solo merecen risa. Y como sigo pensando que el humor es una de las armas más poderosa para luchar contra las injusticias y un instrumento revolucionario y político de primer orden, me río a carcajadas .Cuanto más fuertes y numerosas mejor. Además, viendo los numerosos intentos que hace la sociedad machista para combatirnos pienso en la frase de Goethe: «Pero sus estridentes ladridos sólo son señal de que cabalgamos».


A continuación os dejo las definiciones que hace la Wikipedia de los tres términos, pero sólo para reírnos un poco: