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martes, 9 de junio de 2015

LA DIFERENCIA ENTRE QUERER, AMAR O ESTAR ENAMORADX


Recientemente le pregunté a una persona a la que no hacía mucho que conocía y con la que supuestamente había iniciado un breve proceso de conocimiento más allá del aquí y ahora, que qué era para él estar enamorado....y he de confesar que me aterró tanto la respuesta que di gracias a las fuerzas más divinas de que no se hubiera enamorado de mi. Su respuesta fue que el estar enamorado en su caso es estar pensando ¡¡TODO!! el día en la otra persona y estar bien solo cuando se está con ella y cuando no,  pues estar mal o no estar feliz ( en ese momento de la conversación ya me había bloqueado y no podría citar textualmente lo que dijo) ...Qué idea más oscura y enfermiza del amor, pensé...pero luego comprendí que el suyo no es un caso aislado y que son muchas las personas que no distinguen entre la idea de amor romántico y la de amar en libertad plena y consciente.

Desde los entornos, lecturas y actividades feministas en las que me muevo, tenemos claros, o eso parece, conceptos tales como amor romántico o patriarcal, camaradería amorosa, apegos....pero ¿qué ocurre cuando cambiamos de entorno y lo que a nosotrxs no nos hace falta ni matizar se convierte en una disonancia indefectible?   ¿Por que desde espacios tales como este blog no nos dedicamos a reflexionar, aunque sea muy de vez en cuando, desde un punto de vista menos "elaborado" del que acostumbramos las compañeras y compañeros que llevamos años recuestionándonos el patriarcado en sus múltiples facetas?. Es difícil renunciar a tomar como referentes a lxs clásicxs Emma Goldman,   Emile Armand, Evelio Boal, a nuestra querida Coral Herrera,... pero alguna vez debemos "empezar de cero" también.



Allá vamos...

Tardé mucho tiempo en aprender la diferencia entre estar enamorado de alguien y realmente amar a esa persona. lo confieso, yo también crecí  con cuentos de hadas e historias de amor que me enseñaron a creer que enamorarse y amar a alguien eran la misma cosa. Pero esto no podía estar más lejos de la realidad.
Estar enamorado de alguien y amar realmente a esa persona son dos cosas completamente diferentes.

Mucho se ha hablado del tema de querer, amar y estar enamorado, y suelen confundirse los términos como si se tratara de lo mismo. En primer lugar, querer, amar y enamorarse son tres cosas distintas. 

Querer es un sentimiento que nos impulsa a dirigir nuestro cariño y aprecio a una persona, a un objeto, a un lugar e inclusive a una situación. 
Amar en cambio va mucho más allá del querer, es un acto, es Ser, es principalmente aceptación pura, libre de juicio, y cuando experimentamos amor, nos elevamos, nos conduce a un elevado estado de conciencia. 
Enamorarse o estar enamorado en cambio, es una obsesión que no tiene que ver con amar y muy pocas veces con querer. Enamorarse implica apego e ilusión, una proyección en alguna situación, persona o cosa, donde se hacen coincidir artificialmente características de un modelo idealizado en la mente del que sufre la obsesión o enamoramiento y el objeto real. Es por eso que erróneamente se dice que el amor es ciego. El amor no es ciego, ciego nos hace estar enamorados porque ensoñamos en lugar de apreciar. A las relaciones de parejas es a las que más se asocia el enamoramiento, aunque también podemos enamorarnos de un objeto o de una idea, es decir, obsesionarnos con un objeto al que le atribuimos características especiales.

 A diferencia del enamoramiento, cuando amamos apreciamos las cosas, las ideas o las personas tal como son, sin idealizarlas. Es diferente al querer, porque se aceptan las ideas, cosas o personas sin intentar cambiarlas o dominarlas, se aceptan con sus virtudes y debilidades. El enamorado, dada su obsesión, proyecta su ilusión en el otro, haciéndole coincidir artificialmente con las características de alguien que sólo existe en su mente (una construcción previa). Suele exacerbar los atributos que considera positivos y, justifica, niega o ignora aquellas características que obvia y pero que luego, con el tiempo, considerará “defectos”. El enamoramiento tiende a durar poco porque el rigor del día a día va desvaneciendo la niebla de la ilusión que impide ver quien lo padece, y poco a poco, al pasar la “ceguera”, empieza a percibir aquellos aspectos que siempre estuvieron allí pero que habían sido pasados por alto, aquellos que jamás observó o tomó en cuenta. 

¿Porqué amar es más que un sentimiento? 

Porque amar va más allá del querer, es una perspectiva en la que se reconoce al otro como un individuo valioso en toda su dimensión, incluyendo la que no somos capaces de apreciar. Amar implica vernos reflejados en el otro, de verlo y reconocer sus atributos, su cualidades, sus características como potencial de lo que somos. Amar implica la aceptación más allá del juicio que califica o condena. A través del amor, observamos y disfrutamos la plenitud de Ser y es el punto de comunión que nos conecta con todos y con todo. . 
Otras de las características del amor es la confianza, la Fe, la intención, la acción, el comprender y el aprendizaje. El amor nos eleva y nos hace mejores personas. Cuando se dice que el amor es sufrimiento, debemos entender la palabra “sufrimiento” como experiencia , un acto que se vive, y no confundir el término con el significado que normalmente se da a la palabra “sufrimiento”, que significa dolor y que es producto del apego o necesidad de querer poseer o dominar lo que se piensa que se tiene. 


En una relación puede darse querer y enamoramiento. En una relación como esa, el querer busca controlar al otro y el querer, dominarlo y poseerlo. El enamoramiento es lo que impulsa el deseo desmedido por querer estar con esa persona sin respetar su espacio, ya que nuestra mente supone, erróneamente, que estando con esa persona somos felices. De esta forma, el enamoramiento termina siendo un intenso apego. 
El enamoramiento y el querer también suelen venir acompañados de celos, lo cual también es nocivo para las relaciones. El querer, en su aspecto de control, busca cambiar a la pareja, o nos entristeceremos o molestaremos si no hace lo que quermos, o si se aleja físicamente, o si reclama su espacio, en fin, es otra manifestación de apego que nos impulsa por egoísmo a buscar satisfacer nuestras necesidades

Cuando estás enamorado de alguien, quieres tener a esa persona. Cuando amas a alguien, necesitas a esta persona.


Estar enamorado se trata de querer tener parte de la otra persona. Es creer que esta persona es tan maravillosa, que quieres que él o ella sean parte de tu vida. Parte de ti. Cuando te enamoras de alguien, sientes una necesidad intensa de consumir tiempo junto a esa persona.
Estar enamorado es creer que necesitas a alguien para ser feliz.
No quieres tenerlo, o más bien, no te basta con tenerlo. Necesitas a esa persona para vivir una vida feliz y saludable. Tu felicidad, literalmente, depende de eso.
Necesitas que esta persona sea parte de tu vida de una u otra forma, no porque quieras ser dueño de parte de este ser humano, sino porque quieres darle a él o a ella una parte de ti mismo: amar a alguien es sentir que valen tanto como para entregarles parte de ti.

No se trata de apropiación, se trata de querer lo mejor para esa persona: algo que, a veces, involucra dejarlos ir.

Cuando estás enamorado de alguien, tus emociones siempre están al 100%. Cuando amas a alguien, los sentimientos van y vienen


Te sientes como si estuvieses flotando sobre una nube. Te sientes así sólo con estar enamorado de esta persona, y es una sensación que no quieres dejar ir.
Nadie quiere dejar de sentir algo así, y ese es el problema: llega un momento en que te bajas de la nube.
Amar a alguien no es tanto sobre las emociones, tiene más que ver con los pensamientos.
Pensar en alguien, querer lo mejor para ellos, hacer lo que puedas para hacerlos felices y preocuparte de ellos tanto, o más, de lo que te preocupas de ti mismo: eso es amor. Las emociones que vienen con el proceso son beneficios adicionales.
Una vez que pasas la etapa de simplemente estar enamorado de alguien a comenzar a amarlos, tienes que aprender a dejar ir esta sensación de estar en una nube y aprender a vivir con emociones menos estridentes.


Cuando estás enamorado de alguien, crees que te importa esa persona más de lo que en realidad es. Cuando amas a alguien, te preocupas de esa persona más de lo que te das cuenta


Enamorarse es mucho más fácil que amar. Cuando estás enamorado, los químicos presentes en tu cerebro y cuerpo te hacen sentir como si esta persona fuera la mejor persona del mundo.
Crees que este ser humano es la persona más increíble con la que jamás te hayas encontrado. Lamentablemente, esta forma de pensar acaba cuando pasa el enamoramiento.
Es fácil reconocer cuándo estás enamorado porque te hace sentir una necesidad constante. Por otro lado, amar, no te da recordatorios tan constantes.Cuando realmente amas a alguien, dichos momentos de separación y pérdida te sobrepasan con la emoción. Muchas veces las personas olvidan cuánto aman a alguien, o a veces no se dan cuenta, hasta que la vida los obliga a recordar.

Cuando estás enamorado, puedes desenamorarte de esa persona. Cuando amas a alguien, nunca dejas de amarlo


Si puedes enamorarte de alguien entonces ya saber que puedes, igual de fácil, desenamorarte de esa persona.Estar enamorado, y todo lo que se relaciona con el amor romántico, es en su mayoría el resultado de lo que nuestra mente elabora. Nos permitimos enamorarnos al ver de manera romántica al individuo así como también a la relación. Cuando estás enamorado, la realidad no siempre es lo mismo que tú ves.
Amar a alguien es algo que te define: define quién eres. Quienes nunca nos dejan son las personas a quienes amamos.
Pueden irse, o salir debido a otras razones de nuestra vida, pero nunca se van de nuestra mente. Su recuerdo nos provoca emociones fuertes. Su presencia en nuestras vidas tiene una influencia tan importante en nosotros que, debido a ellos, somos personas diferentes.
Cuando amas a alguien, no puedes dejar de amar a esa persona, ya que requeriría dejar de amar a una parte de ti mismo.



Textos extraídos de aquí. de allá, de upsocl.com, de reflexionessenoixelfer

viernes, 2 de agosto de 2013

LAS SOLEDADES POSMODERNAS Y EL "AMOR LÍQUIDO"


¿La soledad es una invención moderna.?

En Occidente, la soledad es la gran enfermedad de los posmodernos. Fromm hablaba de la Era de la soledad, de la época en la que necesitamos emociones intensas, necesitamos comunicarnos y compartir, y sin embargo lo hacemos solos desde casa, apretando el dedo sobre las teclas de una realidad virtual.





La soledad es signo de que algo no va bien, por eso son tan importantes los amigos de los novios en las bodas. La soledad “obligatoria” nos baja la autoestima, nos produce tristeza, desesperación, miedo, y nos margina socialmente un poco, porque vivimos en un mundo de parejas. Nuestra cultura sigue promocionando el individualismo, el miedo al otro, la desconfianza a los espacios públicos que no estén vigilados por videocámaras. La solución a la soledad que nos proponen en esta era del consumo es encontrar a nuestra media naranja.




Unos dedican todas sus energías a la búsqueda, otros se conforman enseguida, unos encuentran a la persona ideal, otros se cansan rápido y cambian de pareja. Las separaciones y los divorcios son más duros cuando nos hemos aislado del mundo con la pareja; al romper nos quedamos con grandes vacíos, nos sentimos solos “de verdad”. Las parejas de alrededor se vuelcan contigo si eres la víctima, o te alejan si te consideran culpable del divorcio. Nuestras estructuras familiares y sociales caen porque todos los círculos están llenos de parejas. Uno solo desentona y desequilibra la armonía del “dúo”.

   




Por eso mucha gente busca compañía a cualquier precio y se angustia. Mujeres y hombres cuya pasión absoluta es el amor, la conquista, el sentirse querido, querer al otro, pelearse, reconciliarse. Hay gente a la que se le nota a kilómetros que se encuentra sola y necesita pareja. Gente que necesita ser amada, sentirse acompañada y protegida. Gente que mendiga el amor y se victimiza para parecer más indefensa. Gente que se infantiliza para crear ternura. Gente que se disfraza y se opera el cuerpo para obtener el triunfo social de tener un hombre o una mujer a su lado. Gente que se siente cómoda en la división de roles de género, gente que se encierra en la pareja con candado y echa la llave al Sena en París.

Pese a esta necesidad de “amarrar” al otro, nos atraen de las personas su libertad, su energía, su poder. Amamos a las personas en la medida en que son libres; lo curioso es que cuando nos juntamos, tendemos a querer domesticar esa libertad, apoderarnos de ella, aferrarnos con dulzura al otro para que no escape de nuestro lado.

En este mundo unos necesitan darle un nombre al tipo de relación para fijarla, para estabilizarla, para poder ser comunicada al resto, y otros tienen verdadero terror a ser fijados, y huyen espantados cuando oyen palabras que tienen que ver con esa pretensión muy humana de definir y clasificar las cosas, las situaciones, los romances. Es una forma de acabar con el idilio y empezar el compromiso; todo a través de la palabra.

En nuestra época posmoderna, la principal contradicción es, por un lado, el miedo a la soledad y la necesidad de que alguien nos asegure que va a estar con nosotros (firmando contratos matrimoniales si es preciso), y por otro, una defensa a ultranza de la libertad personal y los espacios propios. Quizás por eso nos divorciamos tanto, y por eso mismo también firmamos hipotecas que nos atan durante más tiempo del que vamos a vivir.





En el caso de las mujeres y los hombres jóvenes, creo que estamos sumidos en la contradicción entre la necesidad de libertad y la necesidad de afecto. Tenemos miedo a la soledad total, pero no queremos atarnos de por vida. Las estructuras de nuestros padres no nos sirven, y por eso estamos probando otras formas de relacionarnos, más flexibles, más cambiantes. A veces buscamos pareja, otras veces buscamos no tenerla; a veces soñamos con príncipes azules, otras veces el principio de realidad se impone y queremos a la gente tal y como es. Nos separamos, nos juntamos, nos chocamos, nos fusionamos, y todo sucede bajo una intensidad y una velocidad que asusta a nuestros abuelos y abuelas.

A pesar de que en el imaginario colectivo la soledad es sinónimo de horror y vacío, la realidad es que a todos nos gusta estar solos de vez en cuando, especialmente si tenemos una gran pasión. Disfruta muchísimo más de la soledad la gente que se dedica a crear (escritores, escultores, bailarines, pintores, videoartistas, diseñadores, cineastas, dibujantes, poetas, cantantes, músicos, coreógrafos, escenógrafos, editoras, artesanas), o la que practica deportes, que la gente que pretende rellenar sus vacíos a través del amor.




Disfrutan más de la soledad y de la compañía los que aman la lectura, los viajes, los juegos como el ajedrez o las damas, el mundo de las setas, el mundo de los pájaros, el mundo de los videojuegos, las artes marciales, el Yoga, el Reiki, o la meditación trascendental. También los que crean comunidades o se insertan en alguna: por ejemplo los activistas que trabajan en colectividad por los derechos humanos, la ciudadanía que se integra en movimientos sociales o políticos, la gente que se une a colectivos espirituales o religiosos, a grupos literarios, a grupos de ciclismo urbano, a grupos de cooperativas agroecológicas.

Hay parejas que no toleran las pasiones del otro, hay parejas que las comparten y conservan las suyas propias. Lo que es obvio, según mi punto de vista, es que la pareja no es la solución para la soledad y que todos necesitamos espacios compartidos y espacios propios.





La soledad depende mucho de cómo nos relacionamos y tejemos redes sociales y afectivas a nuestro alrededor. Por eso si nutrimos con cariño nuestras amistades es más difícil que nos sintamos solos o solos.




Tenemos que trabajar para cambiar esta sociedad individualista, al fin y al cabo, somos animales gregarios que necesitamos compañía. Sobrevivimos como especie gracias a nuestra capacidad para trabajar en equipo y para construir relaciones bonitas basadas en la cooperación y la ayuda mutua.


"AMOR LÍQUIDO" para Bauman





(Damos fe, aunque carezcamos de ella, que hemos intentado por activa y por pasiva descargar el texto completo de Bauman para poder compartirlo pero nos ha sido imposible encontrarlo on-line.
 Lo sentimos.
Aún así hablaremos del concepto "Amor Líquido")





En Amor líquido Zygmunt Bauman, a través de una de las reflexiones más audaces y originales de nuestro tiempo, revela las injusticias y las angustias de la modernidad. Pero no es absolutamente pesimista, también expresa su esperanza en el hombre, convencido de que es posible superar los problemas que plantea la moderna sociedad líquida.

Nos encontraríamos ante un texto donde muestra cómo la posmodernidad no sólo ha estremecido los cimientos de las ideologías y la política, sino los de las relaciones íntimas. El libro de Bauman plantea "la fragilidad de los vínculos humanos" y las paradojas de las relaciones contemporáneas. -La primera paradoja es que aunque las personas están más conectadas por medios electrónicos y de comunicación, no necesariamente están menos solas. 
-La segunda, que aunque la lógica del consumo se ha trasladado a las relaciones, y éstas se toman o se dejan como si se tratara de ir de compras, subsiste el temor a ser "desechado".
- La tercera es que aunque la gente sigue buscando seguridad, quiere relaciones livianas, que no le cuesten demasiado esfuerzo. De todo esto está hecho el amor líquido.





 Bauman continúa con su línea de análisis de lo que él definiera como “modernidad líquida”, por oposición a los “sólidos”: mientras estos últimos perduran, los líquidos se caracterizar por estar en permanente cambio, adaptándose al recipiente que los contiene. Por modernidad líquida, Bauman se refiere a la sociedad actual, donde los valores mutan drásticamente de un día para otro, las personas y los sentimientos devienen moneda de cambio y nada, ni siquiera los vínculos humanos, ofrecen un apoyo seguro al individuo. Específicamente de este tema se trata Amor líquido. 

     El autor analiza cómo cada vez es más difícil encontrar relaciones duraderas, desde el momento en que también el amor ha pasado a medirse en relación al costo-beneficio. Bauman analiza las uniones y separaciones momentáneas, las “relaciones de bolsillo”, el amor como una “conexión” más que una comunicación, las parejas como un objeto de consumo más.




Amor fácil 

Bauman critica también la idea que enarbolan algunos de que las relaciones deben descansar sobre los hombros como un abrigo liviano para poder deshacerse de ellas en cualquier momento. Algo que Catherine Jarvie, de The Guardian, describió como relaciones de bolsillo: breves, agradables y fáciles. 

Con el amor líquido "uno pide menos y se conforma con menos", dice Bauman, pues no está dispuesto a invertir demasiado. Es un amor que no concibe la dificultad ni el sufrimiento. La gente quiere salir ilesa de esa experiencia, no correr peligro alguno ni tener secuelas. Pero el amor siempre implica riesgos. Como bien lo dice Octavio Paz, "como todas las grandes creaciones del hombre, el amor es doble: es la suprema ventura y la desdicha suprema". 

El amor líquido, en definitiva, es un signo de los nuevos tiempos. De que lo fragmentario, la incertidumbre y la inestabilidad se han instalado también en nuestra vida cotidiana. Pero eso no quiere decir que el amor romántico, duradero, que se funda en la intimidad y que tiene como contracara la posesión, la fidelidad y el esfuerzo cotidiano por construirse, no desaparecerá. Lo que pasa es que ya no está solo. No es la única manera de amar, ni quizá se considere la más 'correcta'. Porque si algo es un signo de esta época es la convivencia de todos los esquemas y modelos en una misma ciudad, en un mismo grupo, y a veces hasta en una misma persona.

   Pero Bauman no se limita a analizar el amor de pareja, sino que también dedica buena parte del libro a tratar sobre el amor al prójimo y su dificultad en una época en la cual los derechos humanos de los extranjeros son cuestionables y los pobres están completamente marginados de la sociedad.
Si bien Bauman pinta un cuadro muy sombrío, también se permite expresar cierta esperanza en que el hombre podrá superar los problemas que le plantea esta moderna sociedad líquida en la que nos estamos moviendo.