Estamos dando una nueva imagen al blog.

Disculpa las posibles molestias que esto pueda causarte. Danos tu opinión sobre el nuevo diseño.
Nos será de gran ayuda.
Gracias.
Mostrando entradas con la etiqueta Menstruación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Menstruación. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de noviembre de 2015

CRECIENDO EN EL PLACER

En la sexualidad también se puede crecer. Como todo, es un aprendizaje. Y las maneras para conseguirlo son múltiples: la inspiración, incluso la casualidad…

Ilustración: Martine Pop

Todo tiene un principio y el descubrimiento de nuestra propia sexualidad también. Yo no sé cómo lo recordáis vosotras, pero muchas veces cuando se crece sin que te hayan hablado mucho de ello, descubres ciertas cosas de manera casual… Y qué casualidades más agradecidas.

Hay quien se inspira viendo una película, quien lo hace por algo que ha visto en una revista, otras personas se animan tras los comentarios de sus amistades. Y hay quien, sin más, un día tonto, en la ducha o haciendo cualquier otra cosa, se roza y descubre que… uhmmm sí, esto da gustito.

by Isa
by Amanda
Da igual cómo sea el momento en el que te das cuenta de que en tu cuerpo hay ciertas zonas que te hacen sentir cosas diferentes, lo que importa es cómo lo vivimos. Mucha gente ese descubrimiento lo ha vivido con miedo o culpa porque eso “no está bien” y “eso no se hace, eso no se toca”. Otras personas lo han vivido como algo más, algo no especialmente relevante, algo normal, como el que descubre que cuando algo te pica se alivia con el rascar. También están las que lo cogieron con gusto desde el primer momento y disfrutaron de ello sin problemas.

Crecemos en el placer a medida que conocemos nuestro cuerpo, a medida que descubrimos lo que nos gusta y lo que no, a medida que vamos sumando experiencias solas o acompañadas.

La falta de una educación sexual adecuada porque “hay cosas de las que no hay que hablar, no vayas a dar ideas” ha hecho que mucha gente se sorprenda ante cosas que son habituales. 

Ilustración: Isa
Todavía recuerdo cuando una amiga me dijo angustiada que había sangrado y no sabia por qué, pero que sus padres le habían regalado unas flores porque “ya era mujer”, lo que le dejaba una sensación más extraña todavía… Yo le expliqué que era la menstruación porque, afortunadamente, mi madre ya me había hablado de ella y, aunque no la había tenido todavía, sabía lo que venía. Lo que nunca entendí era lo de las flores, yo esperaba que mis padres, llegado el día, me diesen unas compresas. Así fue. Gracias.

Cuando no se habla las cosas normales pueden parecer extrañas, como la primera vez que una chica descubre que ha mojado sus braguitas. En ese punto, que ella averigüe que la excitación viene acompañada de lubricación y que esa tarde de besos con su novio y ese sentimiento cálido que le había acompañado todo era uno, sin información es complicado.

Antes no teníamos acceso a la información que se tiene ahora (qué vieja sueno, I know) pero en el fondo era lo mismo. Descubrías las cosas por ti misma o por lo que te contaba tu grupo de amigas y ahora hay quien lo deja todo en manos de “Yahoo! Answers” o, afortunadamente, puede leer a profesionales hablando de ello.


Pueden existir dudas, puedes tardar en descubrir qué te gusta, de que manera, si así o “asá”, si aquí o allá. Disfruta del proceso, no te agobies. Entiende a tu cuerpo y lo que a él le pasa, no tengas miedo de preguntar tus dudas y tampoco tengas miedo de descubrir las respuestas sin llegar a hacer las preguntas.

No te centres en cosas como “orgasmo”, “eyaculación”, “punto G”, “penetración”, blablabla, céntrate en las sensaciones, céntrate en el placer, disfruta de cada uno de los viajes sin tener en cuenta su destino porque al final, lo que te hace crecer, es lo que descubres por el camino.




Marta G.
Texto extraído de: Proyecto Kahlo

sábado, 11 de abril de 2015

SANGRE, LECHE MATERNA Y VELLO: Los "enemigos" de las redes sociales

La imagen publicada por la artista paquistaní desató la polémica en las redes sociales por violar los términos de uso de Instagram.
 Foto: Rupi Kaur

La ciencia detrás del comportamiento de lxs usuarios en las redes sociales es, en buena medida, un misterio, aunque hay quien identifica ciertos patrones y tendencias en ello. Sin embargo, los porqués detrás de los términos de servicio de estos mismos sitios son una incógnita indescifrable. El problema comienza cuando estas reglas coartan la libre expresión de lxs cibernautas.

Ahora, en una polémica que reúne a la tecnología, el arte, el feminismo y el sexo en un mismo lugar, Instagram se encuentra en el centro de la discusión debido a la eliminación de un autorretrato de la artista Rupi Kaur que mostró una pequeña cantidad de su sangre menstrual. Algo perfectamente natural, sí; pero que al parecer violó las políticas de esta red social de fotos y vídeos.

Según publicó el diario británico The Guardian, hoy en día parece haber una fórmula previsible en las redes sociales para que las imágenes que se publican de mujeres sean similares. De esta manera senos apenas cubiertos por bikinis, así como primeros planos de traseros y genitales (también apenas cubiertos) son aceptables, siempre y cuando no haya vello de por medio. No obstante, la tolerancia se desvanece en el caso de pechos con bebés pegados a ellos o de cuerpos semidesnudos que sobrepasen la mítica talla 10.

Una de tantas fotografías que Facebook considera ofensiva y que ha sido denunciada como pornografía.
maica luis

Kaur –de origen paquistaní con residencia en Toronto– decidió mostrar momentos de su menstruación en una serie de imágenes tituladas “Period”, las cuales publicó inicialmente en la red social Tumblr sin ningún problema. Sin embargo, las complicaciones llegaron cuando decidió subirlas a Instagram.
“Algo tan natural como es el periodo femenino, causa incomodidad y se convierte en un tema prohibido”, dice la artista.
“A nadie parece importarle que aparezcan por todas partes mujeres desnudas o con poca ropa, como meros objetos sexualizados. Eso pasa en las redes sociales. Especialmente en Instagram”, agrega Kaur, quien además afirma que la serie de imágenes tenía como objetivo desmitificar la menstruación y convertirla en algo normal.


De acuerdo con Jessica Valenti, escritora y fundadora de la comunidad en líneaFeministing, el mensaje dado por las redes sociales a las mujeres no podía ser más claro: “Las imágenes ‘Sexxxy’ son apropiadas, pero las imágenes de cuerpos de mujeres que haciendo cosas normales de cuerpos de mujeres no lo son. O, dicho de un punto más burdo: Sólo imágenes de mujeres que los hombres quieran joder, por favor”.

Kaur ya había señalado esto, al momento del escándalo, en su cuenta de Tumblr, al decir que Instagram está lleno de fotos de menores de edad que están “objetificadas” y “pornificadas”.


“No voy a pedir disculpas para no alimentar el ego y el orgullo de la sociedad misógina que tiene mi cuerpo en ropa interior, pero no está bien con una pequeña fuga”, escribió, refiriéndose a su ropa interior manchada de sangre.


Para Valenti es difícil imaginar a mujeres que se sientan ofendidas por imágenes de lactancia materna, una línea de vello púbico descuidada o sangre del período menstrual y afirma que los gigantes de las redes sociales están “protegiendo” a los hombres que han crecido rodeados de imágenes esterilizadas y sexualizadas de cuerpos femeninos. “Hombres a los que se les ha enseñado a creer por la cultura pop, la publicidad y demás de que los cuerpos de las mujeres están ahí para ellos”, dice.

Actualmente, imágenes como las de mujeres amamantando son prohibidas por muchos servicios de publicaciones en línea. Foto: EFE
A favor de Instagram, la compañía restauró la imagen de Kaur después de las quejas. Así mismo, recientemente Facebook cambió sus normas para permitir imágenes de mujeres amamantando o que se han sometido a mastectomías. Sin duda, a pesar de lo fuerte que puedan resultar las imágenes para algunos, las compañías tecnológicas van a tener que estar en paz con las mujeres siendo plenamente humanas y no sólo reflejar imágenes de aquello que la cultura pop quiere que sean.

Facebook es una de las redes sociales que ha decidido levantar el veto impuesto a imágenes de mujeres que muestran los resultados de mastectomías.
 Foto: EFE
“Cuando tenemos el poder de crear nuestras propias imágenes en masa, tenemos el poder de crear una nueva narrativa; una que va en contra de lo que la corriente nos quiere hacer lucir y actuar”, agrega Valenti.

Por Ramiro Rivera
Texto extraído de: sinembargo.mx

lunes, 5 de enero de 2015

¿QUÉ COMES CUANDO TIENES LA REGLA?



Lo que comes cuando menstrúas es importante. Bueno, en realidad, lo que comes durante todo el ciclo es de vital importancia porque sin duda influye en nuestros niveles hormonales y en el balance de éstos, así como en nuestro ánimo debido al impacto en nuestro cuerpo físico. Sí, la comida es importante. ¿Mucho? pues sí, más de lo que imaginamos y más de lo que nos gustaría. Yo no soy nutricionista. La verdad es que tengo una rabia ancestral a las dietas, bien por salud y mucho más por estética. Nunca he podido mantener ninguna, por muchos beneficios que ésta me trajera. Salvo mi decisión de ser vegetariana (que revoqué hace 2 años) no he sostenido en el tiempo ningún hábito alimenticio estricto. Bueno, sí, comer productos de origen ecológico. Esto sí. Desde hace 5 años. Al principio nos dejábamos un ojo de la cara comprando estos alimentos pero luego aprendimos dónde comprar de calidad y a buen precio. No voy a negar que donde vivo es totalmente asequible y hay mucha oferta, porque al principio no había casi nada y era harto complicado y caro.

Bueno, la historia, la que hoy os quiero contar es lo que como cuando menstrúo y lo que dejo de comer antes de menstruar. Estas claves son para mujeres que, como yo, no toleran las dietas y les sale urticaria de sólo pensar en no poder tomar algo porque alguien lo diga.


Sí, soy una rebelde tontorrona con esto de la comida, lo confieso. Sólo tomo aquello que me apetece y que sé que me va a sentar de fenómenos. Pocas veces como aquello que me va a hacer daño, porque luego el precio es demasiado alto y no tengo ganas de pagarlo. Así que aquí va mi lista:


Aquello que NO como días antes (5 días antes de mi menstruación):


- Fritos



Ni croquetas, ni rabas, ni alitas de pollo ni pescaito frito. Cero fritos. Nuestro hígado tiene que sobre esforzarse lo mínimo pues tiene un largo trabajo en estas fases (premenstrual y menstrual).

- Carnes rojas


Y mucho menos animales hormonados. Las hormonas que inyectan a las vacas llegan a nosotras y alteran nuestro ciclo menstrual. No es una broma de mal gusto, es una realidad de esta sociedad hiperestrógenada. El consumo de lácteos y carnes ecológicas es la única alternativa posible.

- Lácteos no ecológicos


A mí no me sienta bien la leche de vaca. La de cabra la tolero mejor. Lo que ocurre es que soy más quesera que un ratoncillo de bodega. En la fase premenstrual es imposible que no tenga mono de queso. Trato de comer queso de cabra tierno con nueces y miel. Me sienta mejor y “mato el monazo” de queso.

- Alcohol


Vamos a ver. Alcohol como una birra o una copa de vino, pues como que no me la voy a quitar por nada del mundo. Además en esta fase me encanta disfrutar de mi copa de vino tinto (soy bodeguera, lo sé) pero bebidas fuertes como un Gin-tonic (de ésos estilo ensalada que tan de moda están o chupitos (puag)) pues caen mal y para cuando vamos a menstruar caen muuucho peor.

- Cafeína- teína


Todo excitante y estimulante sienta como un tiro a un cuerpo que se dispone al relax. Que es lo que nos ocurre con la progesterona en la fase premenstrual. Para la medicina maya, china y ayurvédica la cafeína y teína dejan el útero frío y un útero frío tendrá problemas y dolores al expulsar el endometrio. Más allá de sus recomendaciones (muy ciertas) podéis hacer la prueba, reduciendo o eliminando el consumo de cafeína- teína (yo la dejo para la preovulatoria y ovulatoria) en la fase premenstrual y menstrual. Sentiréis como el cuerpo trabaja mejor aunque eso sí, viviréis la realidad de ir más lentas y abstractas. Hecho común que nos suele llevar a la ingesta de excitantes.

- Ensaladas, helados o cualquier comida fría


El frío es el enemigo de una menstruación plácida. De esto no tengo ninguna duda. todas las medicinas milenarias lo enseñan, sí, pero no hay nada como la experiencia para asegurarlo. El cuerpo, en esta fase de hibernación, necesita alimentos que pueda procesar fácilmente y que le mantengan en ese estado de relax que precisa para hacer el enorme trabajo de eliminar las toxinas del cuerpo y vivir el proceso de limpieza y renovación de la menstruación.


Aquello que COMO siempre en mi fase menstrual:


- Té Chai calentito


Ya en la fase premenstrual me tomo de una a dos tazas de rico chai sin té. Esta infusión lleva cardamomo, clavo, canela, jengibre y pimienta negra en grano. Da muchísimo calor que es justo lo que necesitamos para vivir una menstruación suave. El calor es indispensable y el mejor aliado de nuestro cuerpo (el frío no es nada recomendable pero yo sé que una coca cola bien fresquita es lo mejor del mundo -sí, yo también detesto a los señores de la coca cola pero me gusta un montón y vivo en ese amor- odio). Durante la fase premenstrual y menstrual el chai calentito es un remedio valiosísimo para regular la menstruación y llenar de calor nuestro cuerpo. Podéis comprar los ingredientes (cultivarlos sería lo más mejor) en la herboristería de vuestro barrio o bien comprarla ya hecha. La marca Yogi Tea tiene el Classic que es ecológico, equilibrado y está muy bueno.

- Sopa miso calentita


Para las freaks de la nutrición (mucha macrobióticas) esta sopa es mano de santa. Yo la compro ya elaborada porque no soy de cocinar demasiado (mucho menos cuando voy a menstruar pues las ganas son nulas). Es ligerita de tomar y sienta de maravilla. Alivia la sensación de pesadez y nos deja calmaditas. Suelo tomar una que lleva jengibre pues así sumo más calorcito a la ecuación (además que me vuelve loca). Viene en sobre monodosis con lo que puedo guardarla par el siguiente ciclo.

- Agua


El agua nos ayuda en este proceso. Siempre agua del tiempo, nunca fría. Ayudamos así a nuestros riñones que, junto con el hígado, son los responsables de la limpieza de toxinas que se lleva a cabo en la fase premenstrual y menstrual.

- Cacao


Hablo de cacao no de chocolate con leche y azúcar. El cacao, sobretodo el día o 2 días antes de la “regla” nos ayuda a subir el ánimo si éste está muy alterado. Nos llena el cuerpo de endorfinas y nos permite estar más optimistas si es que estamos buceando en nuestras grandes sombras y nos estamos quedando sin oxígeno. Chocolate con un 75% de cacao mínimo es lo mejor de lo mejor par estos casos. Podemos fundirlo con agua calentita o leche ecológica caliente y tomarnos una taza.

- Noodles


Sí. Lo confieso, fan de los noodles con sopita. Pero no de los noodles que venden ahora con cantidades ingentes de glutamato. Los del súper precocinados, no. Podéis comprar esta pasta oriental en el súper y hacerla con la sopita miso; o bien podéis hacerlo con espaguetis corrientes y molientes con la sopa miso. Sienta fenomenal y vamos cogiendo energía para la fase preovulatoria.

- Tortilla francesa



Es decir tortilla de dos huevos ecológicos. Podéis ponerle pechuga de pavo (si es pavo ecológico mucho mejor) o atún pero queso no es recomendable. Los lácteos en esta fase es mejor evitarlos.

Y bien, esto es lo que (no) como en éstas fases. Claro que más de una vez hago excepciones pero sé que, en mi caso, todo es más sencillo si me alimento de este modo en estos momentos. Sobretodo si voy a tener que hacer un esfuerzo que “no debiera” en estas fases, lo equilibro alimentándome mejor. Sin duda se trata de que cada una encuentre su equilibrio. Os confieso que soy de muy buen comer, con lo que en la fase preovulatoria mantengo hábitos más- menos saludables pero según avanzo a ovulatoria soy de comer contundente. Sinceramente, mis 4 mujeres tienen apetencias propias. Es cierto que en la fase premenstrual tendemos a tener apetencia por las “guarrerías”, la comida basura y demás. Es un tema hormonal que yo enfoco del siguiente modo:

Estamos tan poco acostumbradas a parar, a bajar a nuestro Inframundo, que buscamos salvavidas en los carbohidratos y en los azúcares. En lugar de lidiar con nuestra rabia y nuestras angustias nos las tragamos entre tostadas de mantequilla con queso y azúcar. Hemos aprehendido a llenarnos la boca para seguir calladas. Untamos nuestras penas y las sazonamos. Cuando cambiamos estos hábitos (cuesta mucho porque cualquier prohibición le sienta fatal a la Señora Premen) no nos queda otra que hacer algo con nuestra mala leche. Ya no nos la tragamos, ya es momento de destruir para construir lo que realmente nos hace bien.

Y hasta aquí los consejos culinarios de hoy. Ya entro en mi fase preovulatoria y vuelvo a soñar con pucheritos de lentejas


Texto extraído de: elcaminorubi.com

domingo, 16 de febrero de 2014

HABLANDO DE TABÚS: ¿POR QUÉ CAGO MÁS CUANDO TENGO LA REGLA?

Ilustración: Lulit

Hablamos de las hormonas llamadas prostaglandinas y de su curioso efecto durante nuestra menstruación… Conociendo un poco más nuestro cuerpo.

¿No os ha pasado que cuando tenéis la regla os entran unas terribles ganas de ir al baño? ¿Que notáis que vuestros intestinos trabajan más de lo habitual? Con la menstruación, a muchas de nosotras (me atrevería decir que a la mayoría…) nos aumenta esa imperiosa necesidad de visitar al señor Roca… y no para hacer pis. Ya nos entendemos.

Fue una grata sorpresa para mí enterarme de que esto era de lo más normal. Que no se debía a que mi cuerpo fuera especialmente sensible al desprendimiento del endometrio, ni a que mi colon sintiera envidia de mi útero, ni nada parecido.

Ilustración Carmen Navarro

Chicas, la respuesta está en las hormonas. En dos concretamente: las prostaglandinas y la progesterona. Pese al nombre raruno de la primera (yo hasta hace poco no sabía ni que existía) os aseguro que, a partir de ahora, quedará grabada a fuego en vuestras mentes.

Pero, por partes...

¿Qué son las prostaglandinas?


Las prostaglandinas (PGs) son metabolitos del ácido araquidónico, que es un ácido graso que se obtiene de la carne o sus precursores. La síntesis de la PGs se realiza por la conocida vía COX (ciclooxigenasa). Actúan como hormonas autocrinas y paracrinas, es decir, ejercen su efecto sobre las células que las originan y adyacentes.

Las prostaglandinas deben su nombre a la glándula prostática ya que fueron aisladas por primera vez en el líquido seminal,en 1936.

Las PGs tienen un metabolismo muy corto por lo que ha sido difícil su estudio, por ello, los datos que se conocen sobre sus efectos y acciones se basan en investigaciones experimentales.

Bien, ya sabemos qué son. Y que las puñeteras no sólo afectan a las células en las que se originan sino también a las que están cerca de ellas…


¿Qué hacen las prostaglandinas?


Las acciones de las PGs, como consecuencia de su unión a un receptor determinado, pueden ser muy diferentes. Desde la inhibición de la agregación plaquetaria, efecto vasodilatador en el sistema circulatorio, regulación de la secreción y motilidad del aparato intestinal y respiratorio, contracción uterina, la ovulación, mediador de procesos inflamatorios, fiebre, hasta participar en la inmunidad, el cáncer, etc.

Me ha parecido ver algo de intestinos y útero por ahí. Creo que empezamos a atar cabos, ¿verdad? Pues atentas a lo siguiente:

Durante el ciclo sexual femenino, y por diferentes influjos hormonales (progesterona, estrógenos, LH…) los niveles de las difentes tipos de PGs aumentan y/o disminuyen a los largo del mismo favoreciendo determinadas acciones. Entre ellas las más significativas:
-ROTURA DEL FOLÍCULO OVÁRICO, (estructura que alberga al óvulo en el ovario).
-LUTEOLÍSIS, regresión del cuerpo lúteo (estructura vestigio del cuerpo folicular tras la ovulación).

Los niveles de PGs aumentan significativamente durante la menstruación. En cuanto al endometrio, son responsables de diferentes efectos como:

-Vasoconstricción de los vasos que irrigan la capa mucosa uterina
-Extravasación de sangre al espacio vascular formando zonas hemorrágicas
-Necrosis del endometrio
-Contracciones uterinas
-Al estar implicadas en la contracctilidad uterina y en el control de la hemostasia se cree que son responsables de las dismenorreas (el dolor durante la menstruación)



Las prostaglandinas tienen responsabilidad en las contracciones uterinas -y de paso de los dolores menstruales-. Y recordemos que estas hormonas no sólo afectan a las células donde se producen sino en las adyacentes. ¿Y qué hay cerca del útero? Sí. Los intestinos. AHÁ. Así que éstos se ven congraciados con la sabiduría y la acción de las dichosas prostaglandinas haciendo que, de paso que se nos contrae el útero, ellos también bailen la Macarena.
Las hormonas en el ciclo menstrual. Para que tengamos la menstruación, la progesterona cae en picado. Fuente

Si a eso le sumamos el hecho de que nuestra amiga progesterona es algo astringente y que, como vemos en la imagen, pega un bajón considerable para que tengamos nuestra menstruación, se explican muchas cosas.

El llamémosle “efecto intestinal” que tienen las prostaglandinas, puede ser algo menor en las chicas que tomáis anticonceptivos hormonales. Pero si notáis también que “algo sucede” es normal. Las pastillas anticonceptivas contienen progesterona sintética. En las pastillas del final del ciclo, que suelen ser de diferente color, no contienen esta progesterona para que puedas tener el sangrado. ¿Recuerdas lo anterior sobre la progesterona? Pues ahí lo tienes.



Por Irene y Lola C.

Bibliografía

Sánchez Gil, Mª del Mar. Prostaglandinas y función reproductiva. Clases de Residentes. Unidad de Obstetricia y Ginecología Hospital Virgen de las Nieves.

Texto extraído de: Proyecto Kahlo

sábado, 27 de abril de 2013

NO LE ECHES LA CULPA A MI MENSTRUACIÓN




Cada 28 o 30 días tengo la regla.....Me imagino que aunque no lo diga públicamente todo el mundo los sospechaba. Soy una mujer y las mujeres, durante un periodo de nuestra vida, menstruamos.


Mi menstruación supone solo una fase de mi ciclo menstrual. Menstruo porque el óvulo que se ha desprendido de mis ovarios NO ha sido fecundado.


Mi regla no huele a nubes ni a rosas, tiene un olor fuerte, muy característico. No es un olor a sucio ni a rancio, es un olor de limpieza profunda.

Cuando tengo la regla se que estoy bien, que mi cuerpo funciona perfectamente.

Los días anteriores a menstruar me siento un poco más lenta, no me apetece mucho estar con gente y descanso más de lo habitual, eso lo he aprendido con los años, nadie me ha contado que es normal sentirse así y está bien pasar unos días “antisocial” para tener más tiempo para estar conmigo misma y saber cómo me encuentro.

Si estoy triste mi cuerpo lo detecta y me doy permiso para llorar lo que no he llorado en todo el mes.

Si estoy cabreada, mi cuerpo lo DETECTA y entro en contacto con mi rabia.

Si estoy bien, si no tengo “cuentas pendientes” conmigo misma, simplemente me siento cansada, me relajo, paro un poquito y disfruto de momentos de soledad.
     Pero hoy tengo ganas de reírme. Estoy a unos días de la fase premenstrual y siento como se abre paso en mí una fuerza descomunal para ser como soy sin tapujos ni consideraciones (con quien no las merece, obvio!). 

Seguro que muchas conocéis a Violencia Rivas y a su gran hit "No le eches la culpa a mi menstruación"





"me ves enojada y pensas que estoy con el mes,
escuchas que te grito y pensas que estoy con el mes
porque no pensas que estoy así por lo que vos haces

si me pone nerviosa alguna situacion 
no le eches la culpa a mi menstruación
no la uses de excusa ni te justifiques
la razón de mis nervios es tu pelotudez

yo menstruo cuatro dias al mes
no me digas que eso te hace daño
yo menstruo cuatro dias al mes
y vos sos un forro todo el año"

"Fue fuerte para época ¡claro!, lo hice porque estaba harta de que supongan que cuanto una mujer menstrua se convierte en un monstruo subhumano al que le venden tampones y todo tipo de basura, porque la convencieron de que aunque se sienta como el orto tiene que seguir estando fresca y activa bella y sonriende para seguir agradandole a resto los idiotas, que seguimos bajo el chorro del sifon de bostas que manejan los hijos de puta "

Porque una se cansa ya de que le digan que tanta bronca viene de las hormonas como si el otro (otrx) estaría libre de culpa.Cuando estamos premenstruales somos más nosotras que nunca. Nuestro cuerpo no nos permite tragar y sonreír. De hacerlo, vienen las jaquecas, el hinchazón, la afonía... Estoy por sacar un ratito y escribir una canción desde las entrañas de mi premenstrualidad. La Señora Premen es una gran compositora...
¿Alguna se anima?


                                                                       



Tema controvertido: hay chicas que cuando tenemos la regla estamos más susceptibles. ¿Cuántas veces habremos escuchado eso de “déjala, tiene la regla” o cualquier otra frase para menospreciar lo que decimos durante la menstruación? ¡Cómo cansa! 




Lo que pasa simplemente es que la regla nos está ayudando a sacar todo lo que tenemos dentro, lo que hemos estado aguantando durante el resto del mes ya no lo aguantamos más, comenzamos a poner puntos sobre las íes y queremos ser escuchadas, y eso tiene muchísima dignidad. Esto también nos pasa porque se nos impone que sigamos con el mismo ritmo que el resto del mes (ese estrés que también acentúa el dolor de regla), y es un momento que muchas vivimos como más introspectivo, en el que tenemos ganas de bajar el ritmo, pero como no nos dejan, nos ponemos irritables, y con toda la razón del mundo. 


Así que no dejes que te quiten importancia o que achaquen a tus hormonas lo que estás diciendo: lo dices tú, sale de lo más profundo de ti, y si estás cabreada es porque algo te molesta, no porque tengas la regla.



Cuando sangramos debemos descansar, cuidarnos, dormir bien, tomar buena alimentación y ser respetuosas con nuestro cuerpo y nuestro ciclo; y no por el hecho de que la menstruación duele porque eso no debía ser así, Erika Irusta habla de que el 70% de los problemas menstruales tienen que ver con un cuestión cultural: si duele es que hay algún problema. Empoderarnos con y desde nuestros cuerpos pasa por no someternos a los ritmos impuestos del patriarcado.


Algunas de las cosas horribles pasan por decir que si la mujer quiere faltar al trabajo porque tiene la regla, tiene que tener un justificante médico. 


Ya es oficial, odio a la institución médica y a todxs sus fieles. Las mujeres no somos continuas menores de edad que requieran una supervisión y un papelito que les de permiso para descansar, ya sabemos muy bien nosotras cuando hacerlo.



 Claro, pero entonces la picaresca las llevará a no ir nunca a currar [Voz de señor patriarcal]. Vale, pues entonces no demos días de baja para nadie, que la picaresca es muy mala para todos. Me asombra oír el discurso del poder en la boca del obrero.


      La regla es aquello que dicen que nos hace mujeres (y yo me pregunto qué serán las pre y postmenopáusicas entonces) y que, según algunos, nos convierte en inestables emocionalmente, irritables, e incluso violentas, y a lo largo de la historia ha servido de excusa para defender que somos incapaces de hacer casi cualquier cosa, desde batir mayonesa a estudiar en la universidad.

     Se supone que el modelo de estabilidad emocional es el masculino, porque si ellos se cabrean es por razones, y si lo hacemos nosotras es por hormonas, pero ahora resulta que han descubierto que los 6 o 7 picos de testosterona que suelen tener al día afectan a su humor, lo que probablemente hará que también empiecen a venderles hormonas para estabilizarlos.

     Además a la regla hay que mencionarla en voz baja, con una sucesión interminable de eufemismos, porque estamos “malas”, “indispuestas”, “con el mes” o “manchando”, y en lugar de roja como la mía, deben hacer los anuncios de tampones con sangre de princesa, porque siempre es azul.

Reconozco que quizá puedo permitirme escribir esto porque ni me duele ni me dura demasiado (y menos desde que uso la Mooncup), pero creo que merece un descargo de tantas cosas horribles que se le acusa. Así que me voy a permitir aquí la licencia de hablar de las cosas buenas que tiene mi menstruación.

A veces cuando tengo la regla estoy más sensible, lo que quiere decir que si algo me está molestando no me voy a callar, y que si me siento triste, puede ser que llore. Teniendo en cuenta que me paso gran parte del día trabajando con personas que tienen dificultades para reconocer sus emociones y expresarlas, no me parece especialmente malo poder hacerlo con más facilidad de vez en cuando, en lugar de andar todo el tiempo contenida en aras de la racionalidad y la estabilidad.

También es cierto que puedo tener insomnio una o dos noches antes. Pero suelen ser insomnios productivos, sobre todo para escribir o para trabajar, y si los dedico a leer, o a ver una película, como estoy “más sensible”, es probable que le saque más jugo. Además estar sensible también significa que se me agudizan el olfato, el gusto, y el tacto, y si tenemos en cuenta que en esos días también me sube bastante la libido, hacen una conjunción interesante. Y de paso disfruto más de la comida.

No negaré tampoco que a veces me duele, y que me puedo sentir más hinchada, pero si en un juego de palabras cambiamos hinchada por turgente, hay que reconocer que la regla mejora el aspecto de mi escote.

martes, 2 de abril de 2013

SANGRO, PERO NO MUERO



El desarrollo de la mujer, su libertad, su independencia debe provenir de ella
y por sí misma… Primero al destacarse a sí misma como personalidad,
y no desde un rol sexual. Segundo, al rehusarse a tener hijos a menos que ella quiera,
a rehusarse a servir a Dios, al estado, a la sociedad, al marido, a la familia, etc…
al hacer su vida más simple, pero más profunda y rica.
(Emma Goldman)




Por Beatriz Sotomayor



     Mi objetivo principal como activista es aportar a que las mujeres reimaginemos y reaprendamos nuestros cuerpos, de una manera tal que nos sintamos más cómodas habitándolos. O en otras palabras “quiere a tu cuerpo como es”, pero no es tan simple como solo tener la voluntad de hacerlo, porque es complejo imaginarse y construir una relación con nuestros cuerpos distinta, estando al mismo tiempo insertas en una cultura que nos exige un esfuerzo constante de adaptación a un estándar de belleza imposible e inhumano.
     Desde mi experiencia personal puedo decir que se requiere tomar perspectiva, reflexionar y dialogar para reevaluar y redefinir nuestra visión de nuestros cuerpos, y crear una nueva que responda a nuestros deseos y mejore nuestro bienestar. Entendiendo que las definiciones culturales que se nos ofrecen no responden a nuestros mejores intereses.
     
La menstruación es un ejemplo claro de esto, se establece una pauta de relación con el cuerpo como algo ajeno, algo que hace cosas desagradables, en que la menstruación se trata como una crisis higiénica y no como un proceso corporal normal. Y se le enseña a la joven mujer a lidiar con su cuerpo desde el consumo.

     El “voto de silencio de la menstruación” impide que pensemos en ella y tomemos perspectiva, que nos demos cuenta que la regla se define como suciedad y por ende define a nuestros cuerpos como sucios y que esto afecta nuestra autoestima.
Finalmente este voto de silencio, hace que la devastación ecológica que crea la industria de la higiene femenina pase totalmente desapercibida, y que no conozcamos las alternativas menstruales más amables y ecológicas que existen.


Mancho y no me doy asco: menstruación, tabúes y patriarcado


Por Casus Belli:

      Hace unos meses, desde su maravilloso proyecto, El Camino Rubí, Jesusa Ricoy, desde la iniciativa/Proyecto Three Colours y Belén S. Teira de Cuatro Tuercas y PrePapá, se hacían eco de la nueva campaña de Evax, en la cual se anuncia a bombo y platillo la “eliminación del olor” menstrual. A colación de esto, mujeres conscientes, feministas, menstruantes y muy indignadas apoyamos y emprendimos una contracampaña que las compañeras de Mujeres Imperfectas llamaron #MeHueleElChichiACanela.


Logo de la campaña. Por Cuatro Tuercas

     Pero lo cierto es que esta campaña ha sido la gota que ha colmado el vaso, y que estamos bastante acostumbradas a este tipo de anuncios en los medios e comunicación, como el famoso ¿A qué huelen las cosas que no huelen?. La verdad, señorxs publicistas, a nosotras no nos huele el chocho. Lo que huele es un antihigiénico trozo de celulosa sintética pegada a las bragas que se ajusta a nuestras preciosas vaginas. Eso sí huele.
 La “noticia bomba” que Evax nos quiere vender empleando a ortopédicas mujeres de la farándula la sabemos desde hace tiempo. La regla no huele. La sangre no huele, y las que usamos copa menstrual, lo sabemos bien.
No nos huele el chocho, como tampoco todas tenemos piernas kilométricas, culos prietos y brillantes, ni todas bailamos salsa, bollywood o funky con la facilidad de Terpsícore, ni cuerpos delgados y perfectamente esbeltos, ni nos sentimos más mujeres, como rezaba un noventero anuncio de Ausonia. Por no poderlo evitar, aludiré al maravilloso vídeo de La Loca de mierda, Malena Pichot, cuestionando todos estos clichés absurdos sobre la menstruación y las ocurrencias de los publicistas. Sí, los, en masculino. Porque si no son hombres, no entiendo cómo pueden mantener y perpetuar este tipo de visiones sobre esta parte del ciclo sexual de las mujeres. El vídeo no tiene pérdida, y se llamaBoludas que Menstrúan, y os juro que merece la pena.

        No quiero, no puedo dejar, que el tema de banalice. Estos anuncios no son más que un tentáculo del gran kraken del patriarcado, que, por supuesto, también intenta someter la sexualidad de las mujeres, ejerciendo un discurso falaz y contradictorio sobre su ciclo y su sangre. Paso a explicarlo, someramente, a continuación. Quien quiera, que me siga.
La menstruación sera feminista o no será

    Siglos de lucha feminista para que me venga un publicista misógino o una publicista desconcienciada a decirme que mi vulva huele mal. 


Empezamos.
Esa creencia absurda -el olor de la regla- es un mito popular. Una sensación quizás de quien está desnaturalizada con su propia menstruación, desconectada de su cuerpo, una percepción de quien no comprende los procesos fisiológicos de las bio-mujeres. Esa creencia forma parte de los últimos coletazos de un tabú antropológico judeocristiano y ancestral trasvasada a las sociedades modernas de occidente. Para Delaney, Lupton y Toth, (1988), la palabra “tabú”, posiblemente se deriva de la palabra “tupua” de origen polinesio: menstruación.




     En la antigüedad era la impureza, el apartheid. Apartad de la tribu a las mujeres que menstruan, decían los patriarcas judíos. La Torá prohíbe las relaciones maritales durante los “siete días limpios” e incluso dormir con la esposa que es una Niddáh. Las madres menstruantes eran apartadas de sus criaturas lactantes para no transmitirles su impiedad mediante su leche contaminada. El Levítico también prohíbe el sexo durante el sangrado. La/el que así lo hiciera se enfrentaba a la pena de ostracismo y exilio. No se podía tocar la sangre menstrual, ni siquiera si era de una. En la Antigüedad cristiana, la mujer sangrante no podía comulgar, y estaba impía. Que no entren a las Iglesias, decía el Concilio de Nicea en el 325 d.C. En el 381, el I Concilio de Constantinopla a las mujeres bautizarse durante la menstruación. El Canon II del Concilio de Trullo de 692 prohíbe a la mujer acercarse al altar -no vaya sé que se lo coma. Manda ovarios-.

      Luego fue la filosofía. Los cuerpos femeninos, para Aristóteles, estan marcados por lo débil, lo pequeño, lo imperfecto. Los calores o humores del cuerpo son aquello que producen, en el estómago la segregación de semen, y el semen es en sí una de las bases de la diferenciación sexual entre hombres y mujeres para el pensamiento aristotélico. Por una falta de calor vital que entraña una debilidad del metabolismo, de la cocción, como dice Aristóteles, la comida que se ingiere se convierte en sangre en el cuerpo de las mujeres, por tener un interior más esponjoso y endeble. Los hipocráticos estan de acuerdo con esto. Además, retener la menstruación puede ser fatal. Nos dice El “Tratado sobre la Menstruación de las Vírgenes”: “las mujeres se vuelven locas a consecuencia de la inflamación aguda; a consecuencia de la putrefacción, sienten deseos de matar; a consecuencia de la tiniebla que se les forma, sienten terrores y miedos; a consecuencia de la presión ejercida sobre el corazón, desean estrangular y a consecuencia del deterioro de la sangre, su espíritu, agitado y angustiado, se pervierte. 



Además la enferma dice cosas terribles. (Las visiones) la mandan saltar y arrojarse a los pozos o estrangularse como si fuera mejor y tuviese algún tipo de utilidad…”. Aristóteles fue rescatado y leído por Santo Tomás de Aquino y por los filósofos y pensadores árabes, que lo tradujeron. Las ideas patriarcales sobre la menstruación son herederas de éstas, que no nos extrañe, pues, que en el islam tengan utilidad similares tabúes, que por otro lado tendrían la misma raíz semítica que las tradiciones judeocristianas.

En los siglos modernos, en Europa, se decía a las mujeres sangrantes:

Que si te acercas a la leche, se pone agria

Que si te acercas a la orilla, se arruina la pesca

Que si te acercas al ganado, se enferma

Que si te acercas al cereal, se seca

Que si te acercas al vino, se hace vinagre

Que no te puedes lavar la cabeza entera, porque te enfermas

      Apartando a las mujeres de toda la cotidianidad, y también de los objetos rituales, desde la antigüedad. La aparta del fuego del hogar, la aparta de la tierra, fuente de vida y riqueza única, la aparta de la guerra, la aparta incluso de la crianza. Así, lo masculino se apropia del mundo y nos convierte en LAS OTRAS.






Ahora, y vigentes en muchos lugares todavía como normas consuetudinarias, existen creencias populares misóginas, arraigadas cual arraigado es el heteropatriarcado, que nos dicen:

Se te corta la mayonesa

Se te mueren las plantas

Se te arruina nata montada

Se te estropea la carne

Freud dijo que el hombre castrado tenía miedo a la sangre, y eso provocaba el rechazo. Yo creo que él también nos tenía miedo. Más tarde, Simone de Beauvoir, en El Segundo Sexo, tejió una enrevesada lista, vigente en sus días. Estos son algunos de los tabúes menstruales que detalla la filósofa:



- paraliza las actividades sociales

- marchita las flores

- hace caer las frutas

- sus emanaciones ahuyentan monstruos y espíritus

- arruina las cosechas y devasta los jardines

- corrompe la carne

- echa a perder el jamón

- ennegrece el azúcar

- impide la fermentación de la sidra

- posee poderes maléficos

- provoca la ruptura de los objetos frágiles

- hace saltar las cuerdas de arpas y violines

- debilita al varón

- si mantiene relaciones en esa fecha vuelve impotente al varón

- es un equivalente del orgasmo

- da satisfacción sexual

- cuando una mujer deja de tenerla, queda inhabilitada para el placer sexual y debe clausurar su vida erótica
       Con la contemporaneidad, el capitalismo y los mass media, viene la invisibilidad la oferta y la demanda, surgen los remedios artificiales listos para llevar en el ajetreado mundo del capital, surge la supuesta comodidad, los plásticos, los materiales no biodegradables que desterrarían los días de los tenebrosos paños pegados a la vulva. En vez de paños, gasas, ahora tendremos fibras sintéticas alergénicas pegadas con stick a las bragas y que nos aplastan los labios y nos cuecen las partes. Estos productos mágicos, propios de la Mujer Moderna se venden para: “esos días”. Qué le gustan los eufemismos al patriarcado.



Otras denominaciones ha recibido el ciclo menstrual, para no ser mencionado: “el tío de la capa roja”, “La tía María”, “la regla”, “el período”.
Con la ignorancia de la comunidad masculina y científica, viene la patologización se nos llamaba “indispuestas”, “malas”, “enfermas”, y nunca menstruantes.

Kate Millet, en Política Sexual, nos dice:
La jerga contemporánea denomina la menstruación como The Curse (“la maldición”). Existen considerables evidencias de que las molestias que las mujeres sufren durante su período a menudo es probable que sean psicosomáticas más que fisiológicas, culturales más que biológicas, en su origen. (…) Contextos y creencias patriarcales parecen tener el efecto de emponzoñar las propias sensaciones físicas de las mujeres sobre sí mismas, hasta que a menudo esto se convierte verdaderamente en la carga que se dice que es…”

Por el desdén de los antepasados, por la lucha feminista,

Mujeres del mundo, inauguramos el #MenstruActivismo

#NoEsMiVulvaEsElPatriarcado

                                                                                     



(Audiovisual) La Visita

La Visita es un cortometraje que aborda el tema de la menstruación visibilizando los tabúes y prejuicios que sobre ella recaen y a su vez colocando sobre el tapete una necesaria resignificación del hecho de menstruar: Para poder liberarse de la opresión de una menstruación penosa, la mujer debe reconocerse en la tierra.





Ritos menstruales en la tradición histórica

Por Adriana Filgueiras


Actualmente tenemos vinculada la sangre menstrual a algo digno de ocultar, al uso de tampones de discreta y rápida eliminación, y que nos otorgan una elegante distancia y negación del hecho de menstruar, del hecho de sangrar.

Nuestra sangre es motivo de vergüenza y ocultamiento. Estamos siendo fuertemente presionadas a vivir “como hombres”, es decir de una manera lineal, esforzándonos por sentirnos todo el mes igual, sin cambios, sin sorpresas, sin ciclos, como si no tuviéramos a nuestro favor por lo menos cuatro cambios hormonales que nos afectan enteramente, tanto en nuestro rendimiento intelectual como en nuestro registro afectivo y espiritual.

     Todo el diseño de la propaganda de insumos vinculados a la menstruación nos incitan a sentirnos “igual que siempre” y a estar “siempre libres”, haciendo una alusión indirecta a no sé qué “falta de libertad” implícita en el hecho de menstruar. El colmo lo representó una propaganda difundida en estos países del sur, en la que para mostrar la absorción de las toallas femeninas se usaba un líquido azul. Y esto implica una fuerte negación, de tremendas consecuencias, de lo más rico y fuerte de nuestra naturaleza femenina: los ciclos. 

     Pero no siempre fue así, en tiempos antiguos (y aún hoy en la tradición tántrica y en algunas tribus que viven con cierto grado de aislamiento) la sangre menstrual es considerada un sacramento.
De hecho la palabra ritual proviene de RTU, que en sánscrito significa menstruación. De allí podemos inferir que tal vez la primera sangre utilizada en antiguos rituales fuera la menstrual, ya que es la única sangre que podemos obtener de un modo ético y sin provocar daño físico.
Y también podemos deducir que el hecho de menstruar es el rito más cotidiano que las mujeres “celebramos”.




     Según dice Lara Owen en su libro (recomendado en esta sección) se creía que la sangre del útero que nutría al bebé que estaba por nacer poseía “maná”, poder mágico. Y las mujeres eran consideradas un nexo de conexión con el misterio sagrado de la vida y la muerte.

    En la tradición norteamericana (sioux, lakotas, sénecas) se llamaba “período de la luna” a la menstruación ya dando cuenta de la relación entre los ciclos de la luna y los ciclos hormonales femeninos. Así como la luna afecta las mareas y el comportamiento de los líquidos, afecta los fluidos del cuerpo. Una mujer cuando menstruaba se la consideraba en su momento más poderoso física y espiritualmente. “El reposo durante la menstruación era considerado imprescindible para que la persona pueda estar concentrada en los planos espirituales adquiriendo sabiduría”. Ese reposo tiene lugar en una tipi especial llamada “la tienda de la Luna”. Allí todas las mujeres que están menstruando hacen su retiro y se dedican a hacer artesanías, cantar, rezar, meditar o simplemente descansar en busca de su visión. Para ellos durante la menstruación ocurre el despertar de la mujer. Lara Owen dice al respecto que según esta tradición “la mujer menstruando está en el auge de sus poderes y no debe desperdiciarlos en tareas mundanas, al contrario, todas sus energías deben ser dirigidas para la meditación concentrada”. Para profundizar en este tema hay un capítulo interesante en el libro “As cartas do caminho sagrado” de Jaime Sams (no sé si existe edición en castellano), que se llama justamente “La tienda de la Luna”, al que pueden consultar.

Para los indios kogis, una sociedad precolombina que sobrevive en algún lugar secreto de la Sierra colombiana, y mantiene casi incambiadas sus costumbres ancestrales el mundo fue creado por la Gran Madre mientras menstruaba: “su sangre es oro y ella permanece en la tierra, es fertilidad”. Muchas otras tradiciones toman este ritual de sangrar durante la menstruación en la tierra como símbolo de reconexión con la Madre, y donación de algo bueno y nutritivo. En la tradición egipcia la joven menstruaba sobre un poco de musgo de la orilla del río, por ejemplo.
Para los lamas tibetanos la primera menstruación de una joven era la medicina más potente de la comunidad.

     Se dice que el lunar rojo que las hindúes se pintan a la altura del entrecejo (en el “tercer ojo”) simboliza la visión que las mujeres adquirimos durante el sangrado menstrual.
De hecho en las tribus norteamericanas cuando la comunidad estaba por tomar una decisión importante a veces se esperaba que las mujeres salieran de su retiro de la Tienda de la Luna para conocer sus visiones del futuro.

     Actualmente los shuar (de la selva ecuatoriana) también mantienen un ritual que llaman “pago a la tierra”. Este es un ritual que se realiza una sola vez en la vida, idealmente cerca de la primera menstruación, aunque puede hacerse a cualquier altura de la vida, e incluso luego de la menopausia también las mujeres lo pueden realizar acompañando a alguna mujer que aún esté en su ciclo, claro que sin entregar sangre a la tierra. Es un ritual complejo, con mucha preparación y que continúa con la construcción de un altar para recordar lo sagrado de ese momento. Cuando comienza la menstruación, se dejan gotas de sangre sobre todo el conjunto de ofrendas que muy cuidadosa y detalladamente hay que recoger con determinada intención y “pedidos”.


      
Textos extraidos de: Rojo Menstrual, Algo pasa en Kamchatka