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miércoles, 30 de diciembre de 2015

CORAZÓN SALVAJE

La palabra de este mes, Salvaje, ha sido explotada de una manera de lo más infame para quitarle todo su significado.


No cultivado, feroz, necio, terco, zafio, rudo… son algunas de las palabras que aparecen en su definición. Lo buscamos en Google imágenes y aparecen en la primera línea Van Damme y Shakira. Todos chenchuales y voluptuosos, mirando a la cámara como si le fueran a hacer indecencias ahí mismo. Una guarrería, lo que hace la publicidad en nosotros es eso, sexualizar todos los conceptos. Yo pienso en salvaje y me viene a la mente ese Khal Drogo


Lo salvaje nos incita a domesticar. Es curioso cómo queremos siempre llevar a nuestro terreno todo aquello que encontramos, como si nuestra forma de ver las cosas fuera la única que valiera. No tenemos respeto por las cosas que prevalecen, que están ahí. Me da la sensación de que toda cultura que encontramos la miramos por el filtro de lo que nosotros, los seres humanos llamamos progreso. Y no nos damos cuenta de que ese progreso conlleva una cantidad de sacrificios a nivel energético, y por tanto, de recursos que nos están llevando a la más absoluta ruina como planeta.

Sin embargo, lo salvaje por lo general lleva ahí cientos de años sin hacer impactos negativos en su medio, al revés, colaborando en su equilibrio y conformidad. ¿Es idiota pensar que somos la única especie en la tierra que paga por vivir aquí? ¿Por qué?

Es cierto, somos muchxs, demasiadxs en el mundo como para que cada persona viva como le dé la gana. Es cierto que la manera más válida de vivir es en comunidades autogestionadas y reguladas. Y yo me pregunto: gente, ¿¿estáis ahí?? ¿Existe un grupo de personas que quieran montar sus familias en un entorno menos hostil ?
Un sitio donde la gente pueda trabajar desde casa, para ganar el dinero suficiente para comprar aquellas cosas que no se puedan hacer. Pero en la filosofía del trabajar para vivir, no vivir para trabajar. Hacerse unas casitas estupendas con su terrenito para tener intimidad, sitios comunes donde reunirse y hacer cosas, si apetece. Un espacio donde montar una escuela libre donde crear pequeñas personitas que piensen por sí mismas, personas libres que puedan tomar sus propias decisiones, que sean libres de hacer y pensar como quieran. Que crezcan salvajes de la cultura de la televisión, la publicidad, y toda esa mierda que está envenenando nuestros corazones y nuestras mentes, convirtiéndonos en seres dependientes de una marca o de una actividad concreta. La verdad es que ése es mi sueño: encontrar un grupo de personas con el que te lleves bien para convivir. Eso es lo más difícil, conseguir gente comprometida, no hace falta que todos seamos superamigos. Pero es importante tener vecinos que entiendan la tranquilidad como forma de vida, que sean personas con las que puedas contar en un momento determinado… No sé, supongo que es volver un poco a eso que hay en los pueblos, esa confianza en tus vecinos. Esa red de apoyo es fundamental si se quiere vivir en unas condiciones sociales óptimas. No nos olvidemos de que el ser humano es un animal social.
Me encanta la idea de encargarme del huerto, de las gallinas, de ir a ver a la abuela, de contar cuentos, de jugar un ratito, de estar con mis niños y saber que son felices. Y que ese sea mi trabajo. Mientras tenga mi buena conexión a internet y pueda seguir cultivando mi mente y mi espíritu, lo cierto es que no pasa nada si no tienes un trabajo en una empresa o para alguien. Creo que debemos volver al concepto de la supervivencia. Pues nada, vámonos a hacernos casas de barro. Con todo el fontanero y electricista que hay en el paro, organizar a esas personas para que se ayuden a construir viviendas a familias que lo necesiten. O dime tú si a ti no te solucionaría la vida el no pagar tu vivienda. Hacer una casa no cuesta los 200.000€ de media que ha pagado el españolito medio. Con 50.000€ te puedes hacer una casa que lloras. Así que vamos a dejarnos de tonterías y a buscar soluciones. A mí me parece que si abriéramos los ojos y nos diéramos cuenta del potencial que tiene la independencia humana otro gallo cantaría.

No digo que todo el mundo deba volverse al campo, pero estoy segura de que todas esas familias que lo están pasando tan mal prefieren mil veces tener una casita en el campo y su huerto y sus gallinas para poder dar de comer a sus hijos que dejarlos en servicios sociales porque no tienen forma de darles de comer.

Joer, y ya me he puesto tremendista. Pero es que estoy un poco enferma de ver a la gente rendirse. El ser humano ha pasado de todo, todo tipo de cataclismos, fuerzas de la naturaleza, epidemias, pandemias… ¿¿Y nosotros nos vamos a echar para atrás porque vengan unos sinvergüenzas y se lleven todo el dinero?? Anda y que le den al dinero. No nos pueden quitar nuestras manos, nuestra energía, nuestras ganas de que a nuestra familia no le falte de nada. Siempre hay una alternativa, siempre. Hay que abrir los ojos y buscar la luz :D.

La tierra es oro en las manos del que la trabaja. Eso dicen los sufís. Unos salvajes del desierto…

Soy salvaje de corazón. Por mucho que intentan atrapar mi alma y meterla en sus cuatro paredes, mis rizomas asoman por las aristas de las juntas y salen, buscando su propio camino…


Minimol

lunes, 21 de septiembre de 2015

LA INTENSIDAD DE LOS ORGASMOS

Ilustración: Sonia R. Arjonilla

“¿Se puede medir la intensidad de los orgasmos? ¿Cabría plantearse diferencias por sexo (si son más intensos los orgasmos femeninos o los masculinos)?”.


Buscando investigaciones sobre la intensidad de los orgasmos, encontramos al psicoanalista William Reich, que acuñó el concepto “orgón”. El orgón es la energía vital de todo organismo, es la fuerza motora del reflejo del orgasmo. Y para hacerlo visible creó el Acumulador de Energía Orgónica, cuyo objetivo era hacer fluir la energía por el cuerpo de sus pacientes. Esta etapa de Reich fue considerada como delirante por la comunidad científica de la época, aunque actualmente… ¿quién sabe?

La intensidad de los orgasmos es difícil de medir, puesto que tiene un gran peso subjetivo. Orgasmo sólo hay uno, pero interaccionan tantos factores que ninguno nos sabrá igual. Todo ser humano es una mezcla de factores biológicos, psicológicos y sociales… ¡y en el orgasmo no iba a ser menos!

Desde el punto de vista biológico, el orgasmo es la respuesta neurovegetativa que el organismo produce a los estímulos generados en la fase de excitación (que también varían de una persona a otra y de una cultura a otra) de la respuesta sexual humana. Esta estimulación se traduce en impulsos eléctricos que llegan al centro de reflejo orgásmico, en la médula sacrolumbar, desencadenando una serie de contracciones en el suelo pélvico. Estas contracciones son las que conocemos como orgasmo. El tiempo medio de contracciones y la duración de las mismas varían de una persona a otra y en la misma persona de un orgasmo a otro.


Desde el plano psicológico, todo orgasmo tiene un enfoque subjetivo. ¡Por algo el cerebro es el mayor órgano sexual que tenemos! Cuanto más nos entreguemos al disfrute, mayor probabilidad hay de que la intensidad de nuestro orgasmo sea mayor. Cuantas más libertades nos demos y cuanto más experimentemos con nuestro cuerpo, no centrándonos sólo allí donde nos han dicho que hay más placer, sino descubriendo nuestras zonas propias de placer, más disfrutaremos de nuestros orgasmos. Nunca hay un orgasmo igual a otro. En este plano se incluye también cuánto hayamos aprendido de nuestro cuerpo y de nuestras respuestas a los diferentes estímulos.

Ilustración: Sonia R. Arjonilla
Y, por último, el plano social. Aunque disfrutemos del orgasmo en la intimidad de una habitación, traemos todo lo social, todo lo aprendido, en nuestra cabeza. De ahí lo que antes comentaba: si nos limitamos a reproducir lo que supuestamente hay que hacer, tendremos lo que siempre tenemos. Que no tiene ni por qué estar bien ni mal, pero nos quedaremos en la superficie. Una educación centrada sólo en lo reproductivo y enfocada a la prevención, limita nuestra visión disfrute. En cambio, si nuestra educación se ha centrado en el placer, tendremos más posibilidades de ampliar nuestro disfrute.

Un ejemplo de estos tres planos lo tenemos en dos casos: la potencia multiorgásmica de las mujeres y la duración de la erección de los hombres.

En el caso de la multiorgasmia, socialmente está muy bien considerada, pero lo que determinará si le gusta o no finalmente es el plano subjetivo de la mujer. Porque tal vez el centrarse en conseguir muchos orgasmos le deje la sensación de orgasmos leves y poco placenteros. O no. De ahí que cada cual busque y encuentre lo que mejor le vaya a ella como ser individual.

En el caso de la duración de la erección, culturalmente está muy bien considerado que el pene se convierta en el protagonista del encuentro, como si de un ente con vida propia se tratase. Normalmente, cuando así pasa, el poseedor de dicho pene no suele encontrarse demasiado satisfecho con el momento, puesto que le supone una constante alerta, y la intensidad del orgasmo suele ser baja. En cambio, si esta duración viene determinada porque el encuentro se centra en el placer y no en el cumplimiento, donde entran otras prácticas sexuales no limitadas sólo a la penetración, la sensación subjetiva suele ser positiva.


Por tanto, medir la intensidad, cuando hay tantos factores interaccionando, es muy complicado. Lo que sí se puede hacer es potenciar nuestro placer y nuestros orgasmos conociendo nuestro cuerpo más y disfrutando de todas sus posibilidades.

Las claves para aumentar la intensidad de nuestro placer y de nuestros orgasmos son:

– Ante todo, valorar nuestro placer y fomentar nuestro sano egoísmo. No estar con la mente en lo que le gustará a la otra persona, sino lo que a mí me gusta hacer.

– Disfrutar del camino. Que cada cosa que hagas sea un fin en sí mismo. Si ponemos la mente en el orgasmo que vendrá, nos perdemos el placer que hay en el aquí y el ahora.

– Jugar con la respiración. Y esto no incluye dejar de respirar, porque cuando se hace, disminuyen las sensaciones. Conoce cuándo aumentas la frecuencia respiratoria, cuándo la disminuyes… Y cuando lo tengas claro, juega a cambiar el orden. ¡Te sorprenderá¡

– Abandónate. Apaga las alarmas, porque ese momento es tuyo y sólo para ti. Olvida los condicionantes sociales. Juega con tus sonidos, con tu voz, y deja que tu cuerpo te guíe.

– Conoce tu suelo pélvico. En él se producen las contracciones del orgasmo y juega un papel primordial en la contribución del placer genital. Si lo mantienes con buen tono, verás cómo podrás tener más posibilidades con tu cuerpo.

– Pon tu mente en modo juego, porque desde él se vive todo desde la alegría y el placer del descubrimiento.

Y, sobre todo y ante todo, nunca vayas en busca del orgasmo. El orgasmo nunca acude cuando se le llama, sino donde escucha la fiesta.



Texto extraído de: Pikaramagazine.com

jueves, 17 de julio de 2014

EL EROTISMO DE LAS MUJERES, por Anaïs Nin


Anaïs Nin
El ensayo traducido aquí, titulado originalmente “Eroticism in Women”, de Anaïs Nin apareció en 1974 en la revista Playgirl y luego fue compilado en su libro
In Favor of a Sentitive Man and Other Essays (1976).

Para entonces, la autora vivía el pleno éxito de su obra que durante décadas fue censurada y publicada con reservas debido a su alto contenido erótico y transgresor; era la época del feminismo setentero, la liberación de la mujer y la sexualidad.

El ensayo de Nin, de hecho, refleja muchos de los problemas que el feminismo de la época enfrentaba y que ahora, en algunos países, son considerados como superados, sirva de ejemplo la postura de Anaïs en cuanto al uso de los pantalones de mezclilla que las mujeres de esa generación comenzaron a usar.

“la literatura erótica escrita por hombres no satisface a las mujeres y es tiempo de que escribamos nuestra propia literatura”

Desde mi experiencia, diría que las mujeres no han separado aun el amor de la sensualidad como los hombres lo han hecho. Ambos están combinados en la mujer: ella necesita amar al hombre que se entrega o ser amada por él. Después del acto sexual, parece que necesita asegurarse de que es amor y que el acto sexual de la posesión es parte de un intercambio que es dictado por el amor. Los hombres se quejan a menudo de que las mujeres demanden una confirmación o una expresión de amor. La cultura japonesa reconoce esta necesitad y en los tiempos antiguos era una regla estricta que, después de la cúpula, el hombre debía escribir un poema y dedicárselo a su amada antes de que ella despertara. ¿Qué es esto, sino la conexión del acto sexual con el amor?
Y llegó el día....

A mi parecer, las mujeres todavía se preocupan por una partida prematura o una falta de reconocimiento del ritual que ha tenido lugar, todavía necesitan palabras, necesitan la llamada telefónica, la carta, los gestos que hacen del acto sensual algo particular, algo que no es anónimo y meramente sexual.

Este fenómeno pudiera o no desaparecer en las mujeres modernas que decidirán poner un punto final a sus predecesoras; tal vez sí logren separar el amor del sexo que, en mi opinión, disminuye el placer y reduce la calidad intensiva del coito. Porque éste es mejorado, elevado e intensificado por las emociones. Comparen la diferencia entre un intérprete solitario y la grandeza alcanzada por una orquesta.

Intentamos quitarnos de encima todo lo falso de nosotras, lo que nos es inculcado por nuestra familia, nuestra cultura y nuestra religión.

Es una tarea enorme porque la historia de las mujeres no ha sido contada completamente de la misma forma que la de los negros.

Algunos acontecimientos han sido ocultados. Culturas como las de India, Camboya, China y Japón tienen una vida sensual accesible y popular, pero a través de la perspectiva masculina. Muchas veces, cuando las mujeres han querido revelar algunos aspectos de su sexualidad, son reprimidas.

No de manera tan obvia como sucedió con la ardiente obra de D. H. Lawrence, o la censura de Henry Miller o James Joyce, sino de una manera que es denigrante, constante y continúa por los críticos. Muchas escritoras recurrieron a los pseudónimos masculinos para evitar los prejuicios. Tan sólo hace un par de años Violette Leduc escribió la más explícita, elocuente y conmovedora descripción del amor entre dos mujeres.

Simone de Beauvoir fue quien la descubrió para el público y aun así todas las reseñas que he leído son juicios morales contra su apertura. También hubo muchos juicios morales sobre el comportamiento de los personajes de Henry Miller, sobre todo criticaban su lenguaje, pero en el caso de Violette Leduc era contra ella misma.

Leduc en La Bâtarde es totalmente libre:

Isabelle me recostó de espaldas sobre el edredón, me levantó y me sostuvo entre sus brazos: me llevaba a otro mundo que era completamente desconocido para de allí lanzarme a otro mundo que ni siquiera había imaginado. Sus labios abrieron los míos ligeramente, me humedecieron los dientes. Su lengua carnosa me daba miedo, pero su extraña virilidad no batalló para entrar en mí. Distraída y calmadamente, esperé. Sus labios recorrieron los míos. Mi corazón latía fuertemente y yo deseaba prolongar la dulzura de su huella, la nueva experiencia del roce sobre mis labios. Isabelle me está besando, me decía a mí misma. Trazaba un círculo alrededor de mi boca, encerraba el ruido, dejaba un beso frío en cada comisura, dos notas staccato en mis labios. Siguió presionando su boca contra la mía, una hibernación… Nos abrazamos, queríamos engullirnos una a la otra… Conforme Isabelle se recostaba sobre mi corazón abierto, yo quería sentirla cómo entraba. Ella me enseñó a abrirlo en flor… Su lengua, su pequeña flama, ablandó mis músculos, mi carne… Una flor abierta en cada poro de mi piel…

Tenemos que abandonar la consciencia. Las mujeres tienen que evitar copiar a Henry Miller. Está bien tratar a la sexualidad caricaturizándola con humor y picardía, sin embargo esa es otra forma de relegarla a lo casual, a las áreas ordinarias de la experiencia.

Las mujeres han sido amedrentadas para revelar su propia naturaleza sensual. Cuando escribí Spy in the House of Love en 1954, muchos críticos serios llamaron a Sabina [el personaje] una ninfómana. La historia de Sabina es la de una mujer que ha tenido solamente dos amantes y una amistad platónica con un homosexual. Fue la primera historia de una mujer que intenta separar el amor de la sexualidad de la misma forma que un hombre para poder alcanzar la libertad sensual. Incluso fue etiquetada de pornográfica cuando apareció.

Aquí uno de los fragmentos “pornográficos”:

Ambos huyeron de los ojos del mundo, de los proféticos, estridentes y ováricos prólogos del cantante. Hacia las barandas oxidadas de las escaleras del subsuelo nocturno, hacia el primer hombre y la primera mujer en el comienzo del mundo, un mundo sin genitivos para poseer uno al otro, sin música de serenatas, sin regalos de cortesía, sin torneos para impresionar y forzar una caricia, sin instrumentos secundarios, sin ornamentos, collares, coronas que sojuzgar, sólo un solo ritual, un gozoso, alegre, jubiloso y dichoso empalamiento de una mujer en el mástil de un hombre.

Aquí otro pasaje etiquetado como pornográfico por los críticos:

Sus caricias eran tan delicadas que se sentían como una provocación, un reto evanescente que ella temía corresponder por temor a que se desvaneciera. Sus dedos la incitaban y se alejaban cuando la excitaban; su boca la estremecía y luego se retiraba; su rostro y cuerpo se acercaron, esposó cada uno de sus miembros para luego deslizarse en la oscuridad. Él exprimía cada curva y recoveco para extraer el placer de su fino cuerpo y después permanecía quieto, dejándola en suspenso. Cuando tomaba su boca, él apartaba las manos de ella; cuando ella respondía al placer de sus muslos, él cesaba de exprimirla. En ningún momento él permitía que aconteciera una fusión total sin saborear cada abrazo, cada parte del cuerpo de ella para luego desertarlo, como encender la llama y luego eludir el derretimiento. Un corto circuito de sentidos, provocador y tibio, trémulo y elusivo, tan móvil e incesante como era él durante el día; pero ahora aquí en la noche, con las lámparas de la calle develando la desnudez de ambos, pero no la de su mirada, ella era incitada a un casi insoportable y previsto placer. Él había convertido su cuerpo en un manojo de rosas para exfoliar el polen de cada una de ellas.

Tan postergado, tan incitado que la posesión llegó para vengar la espera con un largo, prolongado y profundo éxtasis.

Las mujeres en sus conversaciones revelan una persistente represión. En el diario de George Sand leemos el siguiente incidente: [Émile] Zola la cortejó y tuvieron una noche de amor. Por el hecho de haberse entregado sin reservas sexuales, él le dejó dinero en el buró cuando se retiró, implicando así que una mujer apasionada no podía ser sino una prostituta.

Sin embargo, si seguimos estudiando la sensualidad de las mujeres nos encontramos con que en última instancia no hay generalizaciones, que hay tantos tipos de mujeres como mujeres mismas. Hay un punto en común: que la literatura erótica escrita por hombres no satisface a todas las mujeres y que es tiempo de que escribamos nuestra propia literatura, y que hay una diferencia en nuestras necesidades eróticas, fantasías y actitudes.

Barracas explícitas o palabras clínicas no excitan a la mayoría de las mujeres. Cuando el primer libro de Henry Miller fue publicado, yo predije que a muchas mujeres les gustaría. Pensé que les gustaría la manifestación honesta del deseo, el cual estaba a punto de desaparecer en una cultura puritana; sin embargo, no hubo respuesta alguna en cuanto al lenguaje agresivo y vulgar. El Kama Sutra, el compendio de sabiduría erótica india, remarca la necesidad de acercársele a la mujer con sensibilidad y romanticismo, no ir directamente a la posesión física, sino prepararla con cortesía amorosa. Estas costumbres, hábitos y prácticas varían de un país a otro. En el primer diario escrito por una mujer (escrito en el año 900), La historia de Gengi de Murasaki [Shikibu],[1] el erotismo es extremadamente sutil, está envuelto en poesía, y se enfoca en partes del cuerpo que el mundo occidental raramente toma en cuenta, como el cuello desnudo que se muestra entre el cabello largo y el kimono.

No obstante, sí hay un punto común, que es que la zonas erógenas de la mujer están dispersas en todo su cuerpo, que es más sensible a las caricias y que su sensualidad no es directa ni inmediata como la del hombre.


Hay una atmósfera vibrante que necesita explorarse y que tiene una conexión con el último incitamiento.

La feminista Kate Millet es injusta con Henry Miller. Sea lo que sea que implique ideológicamente, ella no fue lo suficientemente atenta para ver en su trabajó, y aquí es donde yace el verdadero sentido, a Miller le preocupaba la respuesta de la mujer.

Mi pasaje favorito de El amante de Lady Chatterly es este:

Entonces, conforme él se fue convulsionando, hundido en el orgasmo inexorable, surgió en ella un nueva y extraña onda excitante en su interior. Ondeaba, ondeaba, ondeaba como delicadas flamas consumiéndose unas a otras, suaves como plumas, despidiendo pavesas exquisitas, exquisitamente derritiéndose y fundiéndose dentro de ella. Como campanas ondeando incesantemente hasta la culminación. Cayó desvanecida por los gemidos que espetó hasta el final… sintió en sus adentros los brotes de él, un extraño ritmo fluyendo hacia ella con un extraño pasmo in crescendo, hinchándose una y otra vez hasta que llenó y atravesó su consciencia, y después, una vez más, la indecible moción inamovible, remolinillos puros y profundos de sensación girando adentro y más adentro de sus tejidos y su consciencia, hasta que ella toda fue un sentimiento fluido perfecto y concéntrico. Cayó llorando, inconsciente, lloridos inarticulados. ¡La voz brotó de la profunda noche, era la vida!

Fue una desilusión, en nuestros tiempos modernos, descubrir que el cortejo entre las mujeres no adoptó necesariamente una forma más sensual y sutil de obtener placer sin proceder con la misma agresión y el ataque directo de los hombres.

Desde mi perspectiva, esto es lo que creo: el brutal lenguaje que usa Marlon Brando en El último tango en París, lejos de afectar a la mujer, le resulta repulsivo. Denigra y vulgariza la sensualidad; ofrece la mirada puritana acerca de ella como algo bajo, maldito y sucio. Es una perspectiva puritana. No provoca ninguna excitación porque bestializa la sexualidad. Muchas mujeres ven esto como una destrucción del erotismo. Entre nosotras hemos hecho una distinción entre lo pornográfico y lo erótico: lo pornográfico trata a lo sexual grotescamente para llevarla a un nivel animalesco; lo erótico incita lo sensual sin menester de lo animal. Y muchas mujeres con las que he discutido al respecto quieren desarrollar un escritura lejos de los parámetros masculinos. El cazador, el violador para quienes la sexualidad es simplemente un impulso y nada más.

Ligar el erotismo a los sentimientos, al amor y a la selección de determinada persona, personalizarlo e individualizarlo, es una tarea para las mujeres. Así habrá cada vez más y más escritoras que escribirán basándose en sus propios sentimientos y experiencias.

El descubrimiento de las cualidades eróticas de las mujeres, así como la expresión de los mismos, vendrán cuando dejemos de culpar a los hombres por nuestras penas. Si no les gusta el cazador y la caza, es nuestra tarea expresar lo que sí nos agrada y revelárselo a los hombres, de la misma manera que lo han hecho las historias orientales, a los placeres de otras formas de amar. Hasta ahora, la escritura de mujeres ha sido negativa: solamente escuchamos lo que no les gusta. Repudian el rol de la seducción y el encanto para crear la atmósfera erótica con que sueñan. ¿Cómo puede un hombre enterarse de la sensibilidad corporal de la mujer cuando ella viste pantalones de mezclilla que hacen ver a su cuerpo como el de sus contrapartes y sí solamente hay una sola ranura que sirve para la penetración? Si acaso es verdad que la sensualidad de la mujer yace en todo su cuerpo, entonces la forma en que se viste hoy en día es una total negación de este factor.

Ahora bien, hay también mujeres inquietas por el papel pasivo al que son confinadas. Algunas quieren tomar, invadir y poseer al igual que el hombre. Es la fuerza liberadora de nuestra consciencia actual la que queremos renovar para que cada mujer sea un patrón individual, no uno generalizado. Me gustaría que hubiera una computadora que le otorgara a cada mujer un molde diseñado especialmente para sus propios deseos. Esta es la excitante aventura en la que nos encontramos hoy en día: cuestionar todas las historias, las estadísticas, confesiones, autobiografías y biografías para crear nuestro propio patrón individual. Para lograrlo, es menester aceptar lo que nuestra cultura siempre nos ha negado, que es la necesidad de la examinación individual introspectiva. Esta simple tarea nos permitirá saber lo que somos, saber nuestros reflejos, gustos y disgustos, y a partir de aquí podremos actuar sin culpa ni dudas para saber nuestras capacidades. Existe un tipo de hombre que busca hacer el amor igual que nosotras, y hay al menos un hombre así para cada mujer. Sin embargo, para reconocerlo, primero debemos conocernos a nosotras mismas, conocer los hábitos y las fantasías de nuestro cuerpo, los dictados de nuestra imaginación. No solamente debemos saber lo que nos mueve, nos excita y provoca, sino también cómo obtenerlo y alcanzarlo. Y, al final, la mujer debe generar su propio patrón erótico de satisfacción a través de una enorme cantidad de mitad información y mitad revelación.
El puritanismo está muy arraigado en la literatura anglosajona y esto es lo que hace a sus escritores escribir sobre la sexualidad como algo bajo, vulgar y como un vicio animalesco. Algunas escritoras han imitado a estos escritores debido a que no tienen modelos a seguir y en lo único que han tenido éxito es en dar una vuelta a los roles: sus personajes femeninos se comportan como si fueran hombres, hacen el amor y a la mañana siguiente se retiran sin decir una palabra tierna o sin una promesa de continuidad. La mujer se convirtió así en una depredadora, en una agresora. Nada cambió con esto. Todavía nos hace falta descubrir cómo siente una mujer y sobre todo va a tener que expresarlo en la escritura.

Las mujeres jóvenes de ahora sostienen reuniones para explorar su sensibilidad y disipar sus inhibiciones. Una joven profesora de literatura, Tristine Rainer, invitó a varias estudiantes de la Universidad de California en Los Ángeles a discutir literatura erótica y sobre por qué las mujeres se inhíben tanto al momento de escribir de sus sentimientos. Había un tabú muy grande. Pero apenas lograron comunicarse entre ellas sus fantasías, sus deseos y sus experiencias, la escritura, de igual forma, también fue más libre. Estas jóvenes buscan nuevos modelos porque se han percatado que imitar a los hombres no conduce a la libertad. Las mujeres francesas han sido capaces de producir bella literatura erótica porque no lidiaron con el tabú puritano, y algunas de esas escritoras voltearon la mirada hacia el erotismo sin haber sentido que la sexualidad era algo vergonzoso y que debía ser tratado con desdén.

Lo que tendremos que alcanzar, lo ideal, es el reconocimiento de la naturaleza sexual femenina, la aceptación de sus necesidades, el conocimiento de su variedad de temperamentos, y una actitud feliz hacia ella como parte de su naturaleza, tan natural como el brotar de una flor, las olas del mar y el movimiento de los planetas. La sensualidad como naturaleza con posibilidades de éxtasis y goce. O en palabras zen, con posibilidades de alcanzar el satori. Aún vivimos bajo la opresión puritana y el hecho de que las mujeres escriban sobre el sexo no significa que sean libres, porque lo hacen con la misma actitud vulgar y pobre que los hombres, no lo hacen con orgullo y goce.

La verdadera liberación del erotismo estriba en aceptar el hecho de que tiene miles de facetas, hay muchas formas eróticas, muchos objetos, situaciones, atmósferas y variaciones de él.


Primero que nada tenemos que dispensar la culpa de su expansión, después abrirnos a sus sorpresas y variadas expresiones y (aquí añado mi consejo personal para su completo disfrute) fusionarlo amorosa y pasionalmente con una sola persona, mezclarlo con los sueños, las fantasías y las emociones para que llegue a su máximo potencial. En el pasado tal vez haya habido rituales colectivos en los cuales el desfogue sensual haya sido la norma, pero ya no vivimos en una época así, y entre más fuerte sea la pasión por una persona, el ritual de sólo dos personas será más concentrado, intenso y extático.

Traducción de Francisco Serratos.

[1] Anaïs Nin pudo haber confundido el diario de Murasaki con La historia de Gengi, que es considerada por muchos críticos como la primera novela, no un diario.


Texto extraído de: zonalibreradio1

domingo, 8 de septiembre de 2013

EL DESEO ¿A LARGO PLAZO?



“Satisfaction is The End of Desire”
¿Por qué el buen sexo se desvanece tan frecuentemente aun en parejas que continúan amándose uno al otro tanto como siempre? ¿Y por qué una buena intimidad no garantiza buen sexo, contrario a la creencia popular? O, la siguiente pregunta pudiera ser, ¿podemos desear lo que ya tenemos? ¿Y por qué lo prohibido es tan erótico? ¿Qué hace la transgresión que hace al deseo tan potente?


¿Y por qué el sexo hace hijos, y esos hijos significan un desastre erótico en las parejas? Es un especie de golpe mortal al erotismo, ¿no es así? Y cuando amamos, ¿cómo se siente? Y cuando deseas, ¿cuál es la diferencia?

Estas son algunas de la preguntas que están en el centro de la exploración de Esther Perel, autora de “Mating in Captivity” y una de las psicólogas más reconocidas en sexualidad, la naturaleza del deseo erótico y los dilemas concomitantes en el amor moderno.

 Así que ha viajado por el mundo y lo que ha notado es que en todas partes donde el romanticismo ha entrado parece haber una crisis del deseo. Una crisis del deseo, como en poseer lo que se ama.
El deseo como una expresión de nuestra individualidad, de nuestra libre elección, de nuestras preferencias, de nuestra identidad; es el deseo que se ha convertido en el concepto central como parte del amor moderno y las sociedades individualistas.

Perel argumenta que es la primera vez en la historia de la humanidad en que tratamos de experimentar la sexualidad en el largo plazo, no porque queramos 14 hijos, y no porque sea un deber marital exclusivo de las mujeres. Esta es la primera vez que queremos sexo a largo plazo por el placer y la conexión que tiene sus raíces en el deseo.



¿Qué sostiene al deseo y por qué es tan difícil perpetuarlo? Y en el corazón del deseo sostenido en una relación comprometida, Perel cree que está la reconciliación de dos necesidades humanas fundamentales. Por una parte, nuestro deseo de seguridad, predictibilidad, seguridad, dependencia, confidencialidad, permanencia, todas las anclas a tierra de nuestras vidas, las cosas que llamamos hogar. Pero también tenemos una necesidad igualmente fuerte —hombres y mujeres— de aventura, novedad, misterio, riesgo, peligro, de lo desconocido, lo inesperado, de sorpresa. Así que reconciliar nuestra necesidad de seguridad y nuestra necesidad de aventura en una relación, o lo que hoy nos gusta llamar un matrimonio apasionado, suele ser una contradicción de términos. El matrimonio era una institución económica en la que nos dieron un compañero para toda la vida en términos de niños y estatus social y sucesión y compañerismo Pero ahora queremos que nuestrx compañerx aún nos dé esas cosas, y además queremos que sea nuestrx mejor amigx, sincerx confidente y apasionadx amante, y vivimos el doble tiempo. Así que escojemos a una persona y básicamente le pedimos que nos dé lo que antes toda la aldea solía dar: Pertenencia, identidad, continuidad, pero también queremos trascendencia, misterio y asombro, todo en uno. Queremos confort, límites, novedad, familiaridad, predictibilidad, pero también sorpresa. Y pensamos que sucederá naturalmente, y que los juguetes y la lencería nos salvarán.


Así que ahora llegamos a la realidad existencial de la historia, Porque Perel cree que la crisis del deseo es frecuentemente una crisis de la imaginación.

Así que, ¿por qué el buen sexo a menudo se desvanece? ¿Cuál es la relación entre amor y deseo? ¿Cómo se relacionan y cómo entran en conflicto? Porque ahí radica el misterio del erotismo.

Si hay un verbo, que acompañe a amor es “tener”. Y si hay un verbo que acompañe a deseo, es “querer”. En el amor, queremos tener, queremos conocer lo amado. Queremos minimizar la distancia. Queremos reducir la brecha. Queremos neutralizar las tensiones. Queremos cercanía. Pero al desear, tendemos a no regresar a los lugares en los que ya hemos estado. Los resultados previsibles no mantienen nuestro interés.

By Isa
Al desear, queremos una otredad, alguien del otro lado que podamos ir a visitar, con quien podamos pasar algún tiempo, que podamos ir a ver qué pasa en la zona roja. Al desear, queremos un puente para cruzar. En otras palabras, el fuego necesita aire. El deseo necesita espacio. Y cuando se dice así es bastante abstracto.


Mientras Esther visitaba a diferentes países en la gira de su libro “Inteligencia Erótica” le hacía una pregunta a sus audiencia: ¿Cuándo encuentran más atractiva a su pareja? No atractiva sexualmente, per se, sino más deseable. Y a lo largo de las culturas, las religiones, el género —excepto por uno— hubo pocas respuestas diferentes.

El primer grupo decía: Es más deseable para mí cuando se va, cuando está lejos, cuando nos reunimos. Básicamente, cuando entro en contacto con mi habilidad de imaginarme con mi pareja, cuando mi imaginación regresa al cuadro, y cuando puedo socavar en la ausencia y el anhelo, que es el mayor componente del deseo. 
Pero el segundo grupo es aún más interesante, decían: Mi pareja me es más deseable cuando la veo en el estudio, cuando está en escena, cuando está en su elemento, haciendo algo que le apasiona, cuando la veo en una fiesta y con otras personas, cuando la veo dirigiendo. Básicamente, cuando veo a mi pareja radiante y segura, probablemente es el elemento más excitante de todos. Radiante, como autosuficiente. “We covet what we see” decía Hannibal Lecter en “Silence of The Lams”, por cierto, en el deseo las personas raramente hablan de ello, cuando estamos mezclados en uno, a 5 centímetros uno de otro.

Pero tampoco es cuando la otra persona está tan lejos que ya no puedes verla. Es cuando vemos a la pareja a una distancia confortable, cuando esa persona que es ya tan familiar, es por momentos, misteriosa otra vez, algo elusiva. Y en ese espacio entre yo y el otro reside el impulso erótico, reside el movimiento hacia el otro. Porque a veces, como decía Proust, el misterio no es viajar a nuevos lugares, sino verlos con nuevos ojos. Y así, cuando veo mi pareja por su cuenta, haciendo algo en que está involucrada, veo a esa persona y por momentos tengo un cambio de percepción, y estoy abierto a los misterios que viven justo a mi lado.

Y entonces, más importante, en esta descripción del otro o de mí —es lo mismo—, lo que es más interesante es que no hay necesidad en el deseo. Nadie necesita a nadie. No hay cuidado en el deseo. El cuidado es muy amoroso. Es un potente antiafrodisiaco. Todavía no existe alguien que esté excitado por alguien que lo necesita. Una cosa es quererlos. Necesitarlos es un freno, y las mujeres lo han sabido desde siempre, porque cualquier cosa que lleve a la planificación generalmente disminuirá la carga erótica. Por buenas razones.

Y el tercer grupo de respuestas generalmente eran: “Me siento más atraídoa mi pareja cuando estoy sorprendido, cuando reímos juntos. Pero básicamente es cuando hay novedad. Pero la novedad no se trata de nuevas posiciones. No es un repertorio de técnicas. Novedad es, ¿qué partes tuyas vas a mostrar? ¿Qué partes de ti casi se ven? Porque de alguna manera, uno podría decir que el sexo no es algo que uno hace. El sexo es un lugar al que uno va. Es un espacio al que entras dentro de ti mismo y con otro, u otros. 


¿Así que a dónde irías en el sexo? ¿Qué partes de ti conectas? ¿Qué buscas expresar allí? ¿Es un lugar para la trascendencia y unión espiritual?
¿Es un lugar para la travesura o es un lugar para ser agresivo con seguridad? ¿Es un lugar donde puedes rendirte y no tener que asumir la responsabilidad de todo? ¿Es un lugar donde puedes expresar tus deseos infantiles? Es un lenguaje. No es solo un comportamiento. Y es la poética de ese idioma lo que nos interesa, que es por lo que Esther comenzó a explorar ese concepto de inteligencia erótica.

Los animales tienen sexo. Es el pivote, es biología, es el instinto natural. Los humanos somos los únicos que tienen una vida erótica, lo que significa que es sexualmente transformada por la imaginación humana. Somos los únicos que pueden hacer el amor durante horas, pasar un rato feliz, tener orgasmos múltiples, sin tocar a nadie, simplemente porque nos lo imaginamos. Podemos esbozarlo. Ni siquiera tenemos que hacerlo. Podemos experimentar esa cosa potente llamada anticipación, que es el mortero del deseo, la capacidad de imaginar, como si estuviera sucediendo, para vivirlo como si estuviera sucediendo, mientras que nada está sucediendo y todo está ocurriendo al mismo tiempo. Así que cuando empecé a pensar sobre el erotismo, me puse a pensar en la poética del sexo, y si lo veo como una inteligencia, entonces es algo que puedes cultivar. 
¿Cuáles son los ingredientes? Imaginación, alegría, novedad, curiosidad, misterio. Pero el agente central es realmente esa pieza llamada la imaginación.


Lo más importante, para comenzar a entender cuáles son las parejas que tienen una chispa erótica, lo que mantiene el deseo, Esther tuvo que volver a la definición original de erotismo, la definición mística, y se fue a través de ella a través de una bifurcación mirando realmente al trauma, que es la otra cara, y mirarla, mirando a la comunidad en que había crecido, que era una comunidad en Bélgica, todos sobrevivientes del Holocausto, y en su comunidad había dos grupos: los que no murieron y los que volvieron a la vida. Y los que no murieron vivieron a menudo muy atados a la tierra, no podría experimentar placer, no podía confiar, porque cuando estás atento, preocupado, ansioso, e inseguro, no puedes levantar la cabeza e ir y despegar al espacio y ser juguetón y seguro e imaginativo.



 Los que regresaron a la vida fueron aquellos que entendieron lo erótico como un antídoto a la muerte. Supieron cómo mantenerse vivos. Y cuando comencé a escuchar de la asexualidad de las parejas con las que trabajo, a veces les oigo decir, “Quiero más sexo”, pero por lo general lo que la gente quiere es mejor sexo, y lo mejor es volver a conectar con esa cualidad de estar vivo, de resonancia, de renovación, de vitalidad, de eros, de energía que el sexo solía darles o que habían esperado les diera.

Y así Esther paso a hacer una pregunta diferente. “Me apago cuando…” empezó a ser la pregunta. “Se me acaba el deseo cuando…” que no es la misma pregunta, “Lo que me apaga es…” y “Me apagas el deseo cuando…” Y la gente comenzó a decir, “No tengo deseo cuando me siento muerto dentro, cuando no me gusta mi cuerpo, cuando me siento viejo, cuando no he tenido tiempo para mí, cuando no he tenido oportunidad ni siquiera de presentarme, cuando no lo hago bien en el trabajo, cuando siento baja autoestima, cuando no tengo un sentido de ser valioso, cuando no me siento como que tengo el derecho a querer, de recibir placer”.


Y entonces se empezó a formular la pregunta inversa. “Me excito cuando…” Porque la mayoría de las veces, a la gente le gusta hacer pregunta, “Me excito, lo que me excita”, y estoy fuera de la pregunta. ¿Saben? Ahora, si estás muerto dentro, la otra persona puede hacer muchas cosas por San Valentín. No hará mella. No hay nadie en la recepción. Así que me excito cuando, dirijo a mis deseos, me avivo cuando…

Ahora, en esta paradoja entre el amor y el deseo, lo que parece ser tan desconcertante es que los propios ingredientes que nutren el amor —mutualismo, reciprocidad, protección, preocupación, responsabilidad por el otro— son a veces los mismos ingredientes que sofocan el deseo. Porque el deseo viene con una serie de sentimientos que no siempre favorecen el amor: celos, posesividad, agresión, poder, dominación, malicia, travesuras.

Básicamente la mayoría de nosotros no excitamos en la noche por las mismas cosas contra la que protestamos durante el día. Saben, la mente erótica no es muy políticamente correcta. Si todo el mundo fantasea en un
lecho de rosas, no tendríamos esas conversaciones interesantes sobre esto. Pero no, en nuestra mente hay una multitud de cosas sucediendo que no siempre sabemos cómo llevar a la persona que amamos, porque pensamos que el amor viene con abnegación, y de hecho el deseo viene con una cierta cantidad de egoísmo en el mejor sentido de la palabra: la capacidad de estar conectado al propio yo en presencia de otro.

Así que quiero traer esa pequeña imagen hacia Uds., debido a esta necesidad de conciliar estos dos grupos de necesidades con las que nacemos. Nuestra necesidad de conexión, nuestra necesidad de separación, o nuestra necesidad de seguridad y aventura, o nuestra necesidad de estar juntos y de autonomía, y si piensan en el niño que está sentado en su regazo y que es acunado allí, muy seguro y cómodo, y en algún momento todos debemos salir al mundo para descubrir y explorar. Eso es el principio del deseo, necesidades exploratorias, curiosidad, descubrimiento. En algún momento dan vuelta y miran y si les dices: “Niño, el mundo es un gran lugar. Ve por él. Hay mucha diversión allá”, entonces pueden dar vuelta y experimentar conexión y separación al mismo tiempo. Pueden ir en su imaginación, en su cuerpo, disfrutando su alegría, sabiendo todo el tiempo que habrá alguien cuando regresen.

Pero si en este lado hay alguien que dice: “Me preocupa. Estoy ansioso. Estoy deprimido. Mi pareja no ha cuidado de mí en tanto tiempo. ¿Qué hay tan bueno allá afuera? ¿No tenemos todo lo que necesitamos juntos, tú y yo?”, entonces hay algunas pocas reacciones que todos nosotros podemos reconocer bien. Algunos de nosotros volveremos, regresar a hace mucho tiempo y a ese niño que regresa es el niño que va renunciar a una parte de sí mismo para no perder el otro. Perderé mi libertad para no perder la conexión. Y aprenderé a amar de una cierta manera que vendrá cargada de preocupación extra, responsabilidad y protección adicionales, y no sé cómo dejarte para jugar, para experimentar placer, con el fin de descubrir, de entrar dentro de mí. Traduzcan esto al lenguaje adulto. Empieza muy joven. Continúa en nuestra vida sexual hasta el final. El niño número dos regresa pero pareciera que sobre sus hombros todo el tiempo. “¿Vas a estar allí? ¿Vas a maldecirme? ¿Vas a regañarme? ¿Vas a estar enojada conmigo?” Y se ha ido, pero nunca están muy lejos, y son a menudo las personas que les dirán, al principio era supercaliente. Porque en un principio, la intimidad creciente no era aún tan fuerte que realmente llevara a la disminución del deseo. Cuanto más conectado estoy, más responsable me siento, menos soy capaz de irme de tu presencia. El tercer niño realmente no regresa.




Entonces pasa que, si quieres sostener el deseo, es este pedazo de real dialéctica. Por un lado deseas la seguridad para poder ir. Por otro, si no puedes irte, no tienes placer, no puedes culminar, no tienes un orgasmo, no te excitas porque desperdicias tu tiempo en el cuerpo y la cabeza del otro y no en el tuyo.

En este dilema sobre reconciliación de estos dos grupos de necesidades fundamentales, hay algunas pocas cosas que han ayudado a comprender lo que hacen esas parejas eróticas. Uno, tienen mucha intimidad sexual. Entienden que hay un espacio erótico que pertenece a cada uno de ellos. También entienden que la estimulación erótica no es algo que se hace cinco minutos antes de la cosa real. El juego erótico inicia al final del anterior orgasmo. También entienden que un espacio erótico no es sobre comenzar a tocar al otro. Es sobre crear un espacio donde dejas a tu vida cotidiana, realmente solo debes entrar a ese lugar cuando dejas de ser el buen ciudadano que cuida de las cosas y es responsable. Responsabilidad y deseo solo pelean. Realmente no lo hacen bien juntos. Las parejas eróticas también entienden que la pasión aumenta y disminuye. Es bastante parecida a la Luna. Tiene eclipses intermitentes. Pero lo que saben es que saben cómo resucitarla. Saben cómo hacerla regresar, y saben cómo hacerla regresar porque han desmitificado un gran mito, que es el mito de la espontaneidad, que es que vas a caer del cielo mientras tú estás doblando la ropa como una machina, y de hecho entendieron que todo lo que va a pasar, solo pasa en una relación de largo plazo.

Sexo comprometido es sexo premeditado. Es con voluntad. Es intencional. Es foco y presencia.


Con Info de:-Esther Perel. “Inteligencia Erótica”

Texto extraído de: Avantsex.com