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sábado, 23 de enero de 2016

BAILANDO CON LA SEDUCCIÓN


Ilustración: Sonia R. Arjonilla


Mónica Quesada Juan, Pedagoga 
especializada en sexualidad.


Qué cuesta arriba se hace cuando creemos que hay que hacer continuamente cosas para seducir y más cuando hay pocos ejemplos de cómo la seducción puede ser un juego muy divertido para todas las personas implicadas.
Lo esencial para seducir, y disfrutar haciéndolo, es revisar tus creencias. Como sabes, no vemos el mundo como es, sino como somos. Toda persona es un conglomerado de creencias andantes y éstas son las que determinan cómo nos movemos en el mundo y cómo nos relacionamos.
Centrándonos en nuestro marco referencial, nuestra cultura, las creencias sobre seducción vienen determinadas por una educación patriarcal y heterosexista basada en la idea de que el hombre es el que seduce, mientras que la mujer es el género a la espera o que seduce en la distancia.

La iniciativa es del macho y el papel de la hembra es el de hacerse desear y a su vez poner límites; da por supuesto que cuando la hembra dice “no” es que “sí” y es el macho el que ha de mostrárselo, porque las hembras no saben lo que quieren. En esta última frase no he podido evitar el macho/hembra y la entonación de Félix Rodríguez de la Fuente…y sería más gracioso si no fuese porque hace unos días leí esta explicación de alguien que se dedica al mundo de la seducción… ¡Y lo decía totalmente en serio!Porque sí, amigas y amigos, seguimos en este modelo obsoleto y limitante de seducción, donde aún mucha gente necesita creerse superior para poder atreverse a acercarse a otras personas, y otras tantas necesitan tener la sensación de que alguien las ha descubierto y viene a “salvarlas y cuidarlas”. En mis talleres de ‘Disfruta seduciendo’ me he encontrado con testimonios de hombres que, tras llevar la iniciativa y no conseguir su objetivo, se enfadan porque, encima de dar el paso, no han conseguido lo que querían, culpando a la otra persona porque no ha sabido apreciar el esfuerzo; o aquellos que se hunden porque piensan que el rechazo viene de que no son lo suficientemente hombres. Y testimonios de mujeres que se ven incapaces de dar el paso por el temor de que piensen que son unas desesperadas o unas calientapollas; o de aquellas que creen que tienen que transformarse físicamente para ser seductoras porque si no nadie se va a fijar en ellas.

Y detrás la mayoría de los testimonios subyace la creencia de que para seducir hay que engañar y mostrar lo que no se es. Ellas piensan que si se les acerca alguien es porque van a engañarlas y ellos creen que si no maquillan sus intenciones no van a ligar. Tremendo batiburrillo. Cuando escucho todo ello, me pregunto: ¿Dónde queda la diversión en un campo tan limitado y artificial, donde es necesario estar continuamente en guardia cumpliendo un guion preestablecido? ¿No sería más enriquecedor seducir desde el crecimiento personal, valorando lo que somos, sin necesidad de cosificar al resto? ¿Qué tal si ampliamos las miras y empezamos a dar un lavado de cara a nuestras creencias?


Como decía, predomina la creencia de que la seducción es engaño basado en el esquema de una parte que gana y otra que pierde. Si no, sólo hay que ver la expresión de: “Nos vamos de cacería”. En esta línea, la seducción se suele limitar al ámbito del ligoteo cuando en realidad seducimos constantemente, aún sin ser conscientes. Y si no, haz memoria: ¿Recuerdas cuando querías que aquel perro o aquella gata se te acercase? ¿Qué hiciste? ¿Así es como te comportas habitualmente? O, en el caso de acercarte a un bebé, ¿utilizas el mismo tono de voz que con una persona adulta? O cuando has hecho una entrevista de trabajo, ¿te has comportado como lo harías cuando sales de marcha? Efectivamente, en estos casos variamos nuestro comportamiento para captar la atención e intentar conseguir nuestro objetivo. Estas variaciones son también seducción… y no tienen por qué ser una cacería.

¿Qué tal si empezamos a ver la seducción como un baile? Cada cual tiene su baile. Querer bailar con otra persona no implica que tenga que cambiar mi danza, sino que le puedo aplicar otro ritmo sin dejar de disfrutar de mi baile. Imagínate que soy una experta en funky y me gusta alguien que hace danza clásica, baile del que yo no tengo ni idea, pero eso no implica que no pueda participar. Al acercarme, puedo cambiar mi ritmo para buscar puntos de conexión y, cuando ésta se produzca, habremos dado lugar a otra danza nueva creado por ambos bailes. No tengo que obligar a la otra persona a que baile mi funky ni tengo que bailar yo danza clásica: la seducción consiste en que ambos bailes fluyan porque ambas personas quieren. La clave está en conseguir que la otra persona quiera participar, y esto no se consigue ni cambiando la música, ni obligándole a bailar funky, sino haciendo deseable ese baile común.

Ilustración: Sara Fratini
Y, como baile que es, cada quien tiene su estilo único y personal. En tu mano está si quieres limitarte por los estereotipos de cómo bailan quienes practican danza clásica, funky o rock. Como sabemos, los estereotipos son atajos que tiene nuestro cerebro para interpretar el mundo. Los necesita para no perderse entre tanta información…pero no quiere decir que sean ciertos. Son cajitas donde metemos nuestras creencias de cómo son los hombres, cómo son las mujeres, cómo tiene que ser la seducción, y así hasta el infinito. Son cajitas donde hemos ido metiendo todos los aprendizajes recibidos para que nos sirvan de guion en el mundo…pero ahí estás tú para corroborar si ese guión te sirve o no.
Los estereotipos no puedes quitártelos, pero el hecho de que no dejes que actúen, ayuda a modificar la visión que tienes del mundo y a no ser un mero repetidor de errores culturales.

De hecho, apostaría todo mi reino a que tú no crees que seas 100% como la descripción de hombre o mujer que te han dado. Entonces, ¿por qué lo tiene que ser el resto? En este aprendizaje de seducción y baile, aprovecha para conocer a las personas y sus ritmos tal y como son, no como crees que son o deberían ser; déjate mover por la curiosidad y el descubrimiento y decide dónde pones el foco de atención: si en tus ideas preconcebidas o en lo que aún tienes por descubrir.

La seducción es un terreno de aprendizaje y crecimiento personal. En él, unas veces se gana y otras se aprende. No podemos pretender saber todos los pasos sin tan siquiera pisar la pista de baile. La mentalidad que mejor funciona en la seducción es la de juego, la de diversión y de aprendizaje. Y nada mejor que empezar por autoseducirse. Conocer qué pasos se te dan mejor y en cuales puedes mejorar. Empezar a valorarte por quien eres y no por quién crees que los demás creen que debes ser. Aceptar tus claros oscuros. Dale un repaso a tu autoestima y valora tus aspectos positivos, así como aquellos con los que no te sientas a gusto y, de querer modificar algo, ponerte manos a la obra. Sé consciente de que, por más que nos empeñemos en ser normales, todo el mundo es más raro que el carajo…¡y ahí está lo divertido!

Si tu autoestima es óptima, no necesitarás creerte que el resto es inferior para poder acercarte a bailar. De hecho, aquí se produce un doble efecto. Si tu autoestima es buena y te valoras, ¿crees que querrás bailar con gente a la que subestimas? ¿O preferirás compartir tu danza con gente que te enriquece?

Es más, cuando aprendes a autoseducirte, te das cuenta de que no hace falta hacer continuamente cosas para seducir, ni sobreactuar, tan sólo hay que dejarse llevar por el momento y buscar el disfrute. De hecho, la seducción es un mínimo de cabeza y mucho de cuerpo. Juega con tu cuerpo, déjate libre. Hay muchos pasos que pueden funcionar, pero hay que tener flexibilidad para aplicarlos…y eso se aprende bailando.

Y no olvidemos que es un territorio de ensayo donde cada quien es un mundo, y no todo el mundo querrá crear un baile conjunto contigo. Y ello no implica necesariamente que no quiera bailar contigo, sino que puede ser que en ese momento no le apetezca bailar, o tal vez tenga un baile conjunto con otra persona o personas, o simplemente tenga una lesión que en ese momento se lo impida. Es importante entonces desligar el ‘no’ del fracaso. Y no me refiero a interpretar un ‘no’ como un ‘sí’, sino a no identificar un ‘no’ con un fracaso, sino aceptar que a esa persona en este momento no le apetece bailar contigo y es tan respetable su decisión como la tuya de acercarte, no así como la tuya de insistir. Dejemos que la otra persona, en el caso de que más tarde quiera bailar, sea la que decida acercarse. Que tu autoestima no dependa de si a esa persona le apetece o no bailar.


Y, para concluir, te lanzo una pregunta: Si aplicásemos todos estos temores adultos a cuando estábamos aprendiendo andar… ¿qué habría pasado? Efectivamente, tendríamos el culo limado. Así pues, te animo a explorar desde la mentalidad de aprendizaje libre de miedos y prejuicios; esa mentalidad en la que, cuando te caías, era una parte del proceso más para aprender a andar.



Mónica Quesada Juan, Pedagoga
especializada en sexualidad,
base de la formación y castración de nuestra personalidad.
Parte de analizar la construcción actual del género como limitante de nuestra expansión.

Texto extraído de: La gran pikaramagazine.com

jueves, 26 de noviembre de 2015

CRECIENDO EN EL PLACER

En la sexualidad también se puede crecer. Como todo, es un aprendizaje. Y las maneras para conseguirlo son múltiples: la inspiración, incluso la casualidad…

Ilustración: Martine Pop

Todo tiene un principio y el descubrimiento de nuestra propia sexualidad también. Yo no sé cómo lo recordáis vosotras, pero muchas veces cuando se crece sin que te hayan hablado mucho de ello, descubres ciertas cosas de manera casual… Y qué casualidades más agradecidas.

Hay quien se inspira viendo una película, quien lo hace por algo que ha visto en una revista, otras personas se animan tras los comentarios de sus amistades. Y hay quien, sin más, un día tonto, en la ducha o haciendo cualquier otra cosa, se roza y descubre que… uhmmm sí, esto da gustito.

by Isa
by Amanda
Da igual cómo sea el momento en el que te das cuenta de que en tu cuerpo hay ciertas zonas que te hacen sentir cosas diferentes, lo que importa es cómo lo vivimos. Mucha gente ese descubrimiento lo ha vivido con miedo o culpa porque eso “no está bien” y “eso no se hace, eso no se toca”. Otras personas lo han vivido como algo más, algo no especialmente relevante, algo normal, como el que descubre que cuando algo te pica se alivia con el rascar. También están las que lo cogieron con gusto desde el primer momento y disfrutaron de ello sin problemas.

Crecemos en el placer a medida que conocemos nuestro cuerpo, a medida que descubrimos lo que nos gusta y lo que no, a medida que vamos sumando experiencias solas o acompañadas.

La falta de una educación sexual adecuada porque “hay cosas de las que no hay que hablar, no vayas a dar ideas” ha hecho que mucha gente se sorprenda ante cosas que son habituales. 

Ilustración: Isa
Todavía recuerdo cuando una amiga me dijo angustiada que había sangrado y no sabia por qué, pero que sus padres le habían regalado unas flores porque “ya era mujer”, lo que le dejaba una sensación más extraña todavía… Yo le expliqué que era la menstruación porque, afortunadamente, mi madre ya me había hablado de ella y, aunque no la había tenido todavía, sabía lo que venía. Lo que nunca entendí era lo de las flores, yo esperaba que mis padres, llegado el día, me diesen unas compresas. Así fue. Gracias.

Cuando no se habla las cosas normales pueden parecer extrañas, como la primera vez que una chica descubre que ha mojado sus braguitas. En ese punto, que ella averigüe que la excitación viene acompañada de lubricación y que esa tarde de besos con su novio y ese sentimiento cálido que le había acompañado todo era uno, sin información es complicado.

Antes no teníamos acceso a la información que se tiene ahora (qué vieja sueno, I know) pero en el fondo era lo mismo. Descubrías las cosas por ti misma o por lo que te contaba tu grupo de amigas y ahora hay quien lo deja todo en manos de “Yahoo! Answers” o, afortunadamente, puede leer a profesionales hablando de ello.


Pueden existir dudas, puedes tardar en descubrir qué te gusta, de que manera, si así o “asá”, si aquí o allá. Disfruta del proceso, no te agobies. Entiende a tu cuerpo y lo que a él le pasa, no tengas miedo de preguntar tus dudas y tampoco tengas miedo de descubrir las respuestas sin llegar a hacer las preguntas.

No te centres en cosas como “orgasmo”, “eyaculación”, “punto G”, “penetración”, blablabla, céntrate en las sensaciones, céntrate en el placer, disfruta de cada uno de los viajes sin tener en cuenta su destino porque al final, lo que te hace crecer, es lo que descubres por el camino.




Marta G.
Texto extraído de: Proyecto Kahlo

miércoles, 18 de noviembre de 2015

¿DESEAS O ERES UN TIESTO?


Dice Lagarde que, si no sabes lo que deseas, te conviertes en territorio de deseos ajenos. Y todas suspiramos sorprendidas por lo identificadas que nos sentimos con eso. Y luego nos damos la vuelta y vamos a poner una lavadora, al pediatra, a una reunión o a buscar un poco de lujuria, a ver si nos la hemos dejado en la cama.


Porque el deseo no es para nosotras, no todos los días. Es para ese día en el que tengamos tiempo del nuestro, y nos peguemos un baño largo, pongamos música suave, miremos por la ventana y nos preguntemos para dentro…¿qué deseo? Pero ese rato no llega. Y si llega, nos pilla durmiendo, o corriendo hacia el metro, o cumpliendo los recados de la lista que debíamos haber obedecido hace tiempo. Y ahí no estamos para deseos. Bueno, sí. Para deseos sí, pero no para deseos nuestros.

El sistema nos convierte en pequeñas máquinas de cumplir deseos ajenos. De niñas cuidamos bebes de goma, nos crece el cuerpo y peleamos con él para que se parezca al que desean y no al nuestro, lo prestamos para que nos enseñen a hacer lo que les gusta, y nos convencen de que nos gustaba a nosotras primero. Y llega un día en que nuestra vida es cumplir deseos ajenos. Los del mercado, los de la familia, los de la empresa, los de la casera, los del banco, los de tu pareja, los de quienquiera que entre en tu terreno y te conquiste un deseo.

Y eso es fácil, porque no sabemos lo que queremos. No sabemos lo que nos gusta, no escuchamos a nuestro deseo. Porque nos han convencido de que es un lujo, para un rato, para cuando puedas y tengas tiempo. Como si hiciera falta tiempo para hacer lo que te pide el cuerpo. Como si hubiera algo más importante, más urgente, que alimentar lo que eres por dentro.

Ya sabes lo que quieres y lo que no, lo que te gusta y lo que haces sólo para complacer al resto. En casa, en el trabajo, en la calle, en el sexo, con tus amigas, con los hombres, con tu familia, con quienes te venden sus deseos como lo cierto. Pues ahí, lo tienes, ¿de verdad quieres hacer algo a sabiendas de que no quieres hacerlo? ¿Seguro que prefieres hacer que no oyes esa voz que sabe lo que quieres por dentro? ¿Te sientes segura siendo el espacio donde disfruta el resto? ¿No sería mejor probar a ver qué tal se vive decidiendo, cómo sienta decir “no, eso no me gusta”, “prefiero esto”? Y ver cómo es plantar, en tu territorio, tus propios deseos


Texto extraído de: faktorialila.com

domingo, 11 de enero de 2015

SEXPROPÓSITOS PARA EL 2015


Ir al gimnasio, hacer dieta y aprender inglés. Todos los años los mismos propósitos. Harta de los convencionalismos, tal día como hoy me dije a mí misma “¿Y por qué no me propongo quererme a mí misma?”. Así, puesto que todos somos personas sexuadas, la sexualidad como aspecto biológico, psicológico y social del ser humano, cobra una vital importancia respecto a nuestro bienestar.

Con todo esto, años después y especializada en quererme mucho, he decidido compartir lo que un día me prometí y hasta el momento no he dejado de cumplir: mis Sexpropósitos.

SEXPROPÓSITO 1. Aprende más sobre tu propia sexualidad.


Así es, aprende sobre TU sexualidad. Conócete a ti misma. Conoce tu cuerpo, tus gustos y tus apetencias.

Aprende a masturbarte, averigua qué es lo que más te gusta, qué tipo de caricias son las que más te ponen a tono, qué zonas de tu cuerpo son las más erógenas además de tus genitales, qué olores te atraen o qué fantasías sexuales te gustaría realizar. En definitiva, cultiva tu deseo sexual.

Por si te atreves…

EJERCICIO “MI MOMENTO”:



Localiza una cama en un lugar en el que te sientas tranquila y cómoda. Estando sola y a una temperatura agradable, túmbate y relájate.
Cierra los ojos e intenta visualizar algo que te excite. Puedes tomarte todo el tiempo que necesites e incluso crear una historia erótica en la que la protagonista seas tú. Imagina que en esa historia aparecen escenas picantes: caricias, besos, masajes, sexo oral, penetración vaginal o anal. Puedes escoger la práctica sexual que más te guste y dar rienda suelta a tu imaginación.

Mientras creas tu historia puedes acariciar las partes de tu cuerpo que prefieras; por ejemplo el cuello, los pechos, el vientre, los muslos o los genitales. Si hay una zona específica que te guste muchísimo acariciar y no la haya nombrado, adelante, imaginar es gratis y muy sano.

Si te apetece, puedes masturbarte e incluso si te gusta muchísimo, llegar al orgasmo. Si no consigues alcanzar el orgasmo, no te preocupes, este ejercicio, además de dar placer, tiene como objetivo conocerse a una misma y conocer qué partes de tu cuerpo te producen más placer. Además, saber que ese momento es sólo para ti y las propias caricias que tú misma te brindas, ya es motivo suficiente para el disfrute. Te mereces disfrutar de ti misma y de tu sexualidad.



SEXPROPÓSITO 2. Quiérete. Quiérete mucho:


Mímate y date un capricho de vez en cuando, que un dulce al año no hace daño.
Por si te atreves…

EJERCICIO “ESPEJO”:

Mírate en el espejo (de cuerpo entero a poder ser) y observa tu cuerpo, primero con ropa y luego sin ella.


Ahora pregúntate a ti misma “¿Qué ves?” y contéstate en voz alta (tranquila, puede que al principio te sientas un poco ridícula hablando contigo misma en voz alta, pero verás los efectos tan positivos consigues al finalizar el ejercicio).

Está totalmente prohibido auto-determinarse con adjetivos descalificativos, así que nada de “es que la celulitis no sé qué o es que este michelín no sé cuantos”. Sólo te puedes permitir decir calificaciones positivas; porque sí, puede que tengas un michelín, pero mira que ojos, o que culo, que pechos, o mira que curva tan bonita hace tu sonrisa. Busca aquello que te guste de tu físico y date permiso para echarte un piropo.




SEXPROPÓSITO 3. Deshazte de los mitos sexuales y olvida que existen los tabúes.

¿Conoces el juego del teléfono en el que una persona dice una frase a otra, ésta a otra, ésta última a otra, y así hasta que el contenido del mensaje se deforma totalmente? Pues con el sexo igual. Tras haber sido durante muchísimo tiempo en Occidente el tema tabú por excelencia, no te puedes imaginar cuánto desconocimiento hay acerca del tema y cuántos mitos y leyendas divagan entre las sombras.




Porque no es lo mismo sentarte en una cafetería y, entre risas, hablar de tu vida sexual con tus amigas que leer bibliografía al respecto, te recomiendo que te informes y amplíes tus conocimientos, y que para ello leas, leas mucho.

Por si te atreves…
Te dejo una pequeñísima parte de la bibliografía que yo misma he leído y me ha encantado:

Tu sexo es tuyo. Silvia de Béjar.
Todo lo que las mujeres quieren saber sobre sexo y se atreven a preguntar. Paloma Aznar.
Psicoerotismo femenino y masculino. Fina Sanz.
Los vínculos amorosos. Fina Sanz.
S=EX2. La ciencia del sexo. Pere Estupinyà.
En el principio era el sexo. Christopher Ryan y Cacilda Jethá.

¡FELIZ SEXO!


Texto extraído de: weloversize.com

jueves, 17 de julio de 2014

EL EROTISMO DE LAS MUJERES, por Anaïs Nin


Anaïs Nin
El ensayo traducido aquí, titulado originalmente “Eroticism in Women”, de Anaïs Nin apareció en 1974 en la revista Playgirl y luego fue compilado en su libro
In Favor of a Sentitive Man and Other Essays (1976).

Para entonces, la autora vivía el pleno éxito de su obra que durante décadas fue censurada y publicada con reservas debido a su alto contenido erótico y transgresor; era la época del feminismo setentero, la liberación de la mujer y la sexualidad.

El ensayo de Nin, de hecho, refleja muchos de los problemas que el feminismo de la época enfrentaba y que ahora, en algunos países, son considerados como superados, sirva de ejemplo la postura de Anaïs en cuanto al uso de los pantalones de mezclilla que las mujeres de esa generación comenzaron a usar.

“la literatura erótica escrita por hombres no satisface a las mujeres y es tiempo de que escribamos nuestra propia literatura”

Desde mi experiencia, diría que las mujeres no han separado aun el amor de la sensualidad como los hombres lo han hecho. Ambos están combinados en la mujer: ella necesita amar al hombre que se entrega o ser amada por él. Después del acto sexual, parece que necesita asegurarse de que es amor y que el acto sexual de la posesión es parte de un intercambio que es dictado por el amor. Los hombres se quejan a menudo de que las mujeres demanden una confirmación o una expresión de amor. La cultura japonesa reconoce esta necesitad y en los tiempos antiguos era una regla estricta que, después de la cúpula, el hombre debía escribir un poema y dedicárselo a su amada antes de que ella despertara. ¿Qué es esto, sino la conexión del acto sexual con el amor?
Y llegó el día....

A mi parecer, las mujeres todavía se preocupan por una partida prematura o una falta de reconocimiento del ritual que ha tenido lugar, todavía necesitan palabras, necesitan la llamada telefónica, la carta, los gestos que hacen del acto sensual algo particular, algo que no es anónimo y meramente sexual.

Este fenómeno pudiera o no desaparecer en las mujeres modernas que decidirán poner un punto final a sus predecesoras; tal vez sí logren separar el amor del sexo que, en mi opinión, disminuye el placer y reduce la calidad intensiva del coito. Porque éste es mejorado, elevado e intensificado por las emociones. Comparen la diferencia entre un intérprete solitario y la grandeza alcanzada por una orquesta.

Intentamos quitarnos de encima todo lo falso de nosotras, lo que nos es inculcado por nuestra familia, nuestra cultura y nuestra religión.

Es una tarea enorme porque la historia de las mujeres no ha sido contada completamente de la misma forma que la de los negros.

Algunos acontecimientos han sido ocultados. Culturas como las de India, Camboya, China y Japón tienen una vida sensual accesible y popular, pero a través de la perspectiva masculina. Muchas veces, cuando las mujeres han querido revelar algunos aspectos de su sexualidad, son reprimidas.

No de manera tan obvia como sucedió con la ardiente obra de D. H. Lawrence, o la censura de Henry Miller o James Joyce, sino de una manera que es denigrante, constante y continúa por los críticos. Muchas escritoras recurrieron a los pseudónimos masculinos para evitar los prejuicios. Tan sólo hace un par de años Violette Leduc escribió la más explícita, elocuente y conmovedora descripción del amor entre dos mujeres.

Simone de Beauvoir fue quien la descubrió para el público y aun así todas las reseñas que he leído son juicios morales contra su apertura. También hubo muchos juicios morales sobre el comportamiento de los personajes de Henry Miller, sobre todo criticaban su lenguaje, pero en el caso de Violette Leduc era contra ella misma.

Leduc en La Bâtarde es totalmente libre:

Isabelle me recostó de espaldas sobre el edredón, me levantó y me sostuvo entre sus brazos: me llevaba a otro mundo que era completamente desconocido para de allí lanzarme a otro mundo que ni siquiera había imaginado. Sus labios abrieron los míos ligeramente, me humedecieron los dientes. Su lengua carnosa me daba miedo, pero su extraña virilidad no batalló para entrar en mí. Distraída y calmadamente, esperé. Sus labios recorrieron los míos. Mi corazón latía fuertemente y yo deseaba prolongar la dulzura de su huella, la nueva experiencia del roce sobre mis labios. Isabelle me está besando, me decía a mí misma. Trazaba un círculo alrededor de mi boca, encerraba el ruido, dejaba un beso frío en cada comisura, dos notas staccato en mis labios. Siguió presionando su boca contra la mía, una hibernación… Nos abrazamos, queríamos engullirnos una a la otra… Conforme Isabelle se recostaba sobre mi corazón abierto, yo quería sentirla cómo entraba. Ella me enseñó a abrirlo en flor… Su lengua, su pequeña flama, ablandó mis músculos, mi carne… Una flor abierta en cada poro de mi piel…

Tenemos que abandonar la consciencia. Las mujeres tienen que evitar copiar a Henry Miller. Está bien tratar a la sexualidad caricaturizándola con humor y picardía, sin embargo esa es otra forma de relegarla a lo casual, a las áreas ordinarias de la experiencia.

Las mujeres han sido amedrentadas para revelar su propia naturaleza sensual. Cuando escribí Spy in the House of Love en 1954, muchos críticos serios llamaron a Sabina [el personaje] una ninfómana. La historia de Sabina es la de una mujer que ha tenido solamente dos amantes y una amistad platónica con un homosexual. Fue la primera historia de una mujer que intenta separar el amor de la sexualidad de la misma forma que un hombre para poder alcanzar la libertad sensual. Incluso fue etiquetada de pornográfica cuando apareció.

Aquí uno de los fragmentos “pornográficos”:

Ambos huyeron de los ojos del mundo, de los proféticos, estridentes y ováricos prólogos del cantante. Hacia las barandas oxidadas de las escaleras del subsuelo nocturno, hacia el primer hombre y la primera mujer en el comienzo del mundo, un mundo sin genitivos para poseer uno al otro, sin música de serenatas, sin regalos de cortesía, sin torneos para impresionar y forzar una caricia, sin instrumentos secundarios, sin ornamentos, collares, coronas que sojuzgar, sólo un solo ritual, un gozoso, alegre, jubiloso y dichoso empalamiento de una mujer en el mástil de un hombre.

Aquí otro pasaje etiquetado como pornográfico por los críticos:

Sus caricias eran tan delicadas que se sentían como una provocación, un reto evanescente que ella temía corresponder por temor a que se desvaneciera. Sus dedos la incitaban y se alejaban cuando la excitaban; su boca la estremecía y luego se retiraba; su rostro y cuerpo se acercaron, esposó cada uno de sus miembros para luego deslizarse en la oscuridad. Él exprimía cada curva y recoveco para extraer el placer de su fino cuerpo y después permanecía quieto, dejándola en suspenso. Cuando tomaba su boca, él apartaba las manos de ella; cuando ella respondía al placer de sus muslos, él cesaba de exprimirla. En ningún momento él permitía que aconteciera una fusión total sin saborear cada abrazo, cada parte del cuerpo de ella para luego desertarlo, como encender la llama y luego eludir el derretimiento. Un corto circuito de sentidos, provocador y tibio, trémulo y elusivo, tan móvil e incesante como era él durante el día; pero ahora aquí en la noche, con las lámparas de la calle develando la desnudez de ambos, pero no la de su mirada, ella era incitada a un casi insoportable y previsto placer. Él había convertido su cuerpo en un manojo de rosas para exfoliar el polen de cada una de ellas.

Tan postergado, tan incitado que la posesión llegó para vengar la espera con un largo, prolongado y profundo éxtasis.

Las mujeres en sus conversaciones revelan una persistente represión. En el diario de George Sand leemos el siguiente incidente: [Émile] Zola la cortejó y tuvieron una noche de amor. Por el hecho de haberse entregado sin reservas sexuales, él le dejó dinero en el buró cuando se retiró, implicando así que una mujer apasionada no podía ser sino una prostituta.

Sin embargo, si seguimos estudiando la sensualidad de las mujeres nos encontramos con que en última instancia no hay generalizaciones, que hay tantos tipos de mujeres como mujeres mismas. Hay un punto en común: que la literatura erótica escrita por hombres no satisface a todas las mujeres y que es tiempo de que escribamos nuestra propia literatura, y que hay una diferencia en nuestras necesidades eróticas, fantasías y actitudes.

Barracas explícitas o palabras clínicas no excitan a la mayoría de las mujeres. Cuando el primer libro de Henry Miller fue publicado, yo predije que a muchas mujeres les gustaría. Pensé que les gustaría la manifestación honesta del deseo, el cual estaba a punto de desaparecer en una cultura puritana; sin embargo, no hubo respuesta alguna en cuanto al lenguaje agresivo y vulgar. El Kama Sutra, el compendio de sabiduría erótica india, remarca la necesidad de acercársele a la mujer con sensibilidad y romanticismo, no ir directamente a la posesión física, sino prepararla con cortesía amorosa. Estas costumbres, hábitos y prácticas varían de un país a otro. En el primer diario escrito por una mujer (escrito en el año 900), La historia de Gengi de Murasaki [Shikibu],[1] el erotismo es extremadamente sutil, está envuelto en poesía, y se enfoca en partes del cuerpo que el mundo occidental raramente toma en cuenta, como el cuello desnudo que se muestra entre el cabello largo y el kimono.

No obstante, sí hay un punto común, que es que la zonas erógenas de la mujer están dispersas en todo su cuerpo, que es más sensible a las caricias y que su sensualidad no es directa ni inmediata como la del hombre.


Hay una atmósfera vibrante que necesita explorarse y que tiene una conexión con el último incitamiento.

La feminista Kate Millet es injusta con Henry Miller. Sea lo que sea que implique ideológicamente, ella no fue lo suficientemente atenta para ver en su trabajó, y aquí es donde yace el verdadero sentido, a Miller le preocupaba la respuesta de la mujer.

Mi pasaje favorito de El amante de Lady Chatterly es este:

Entonces, conforme él se fue convulsionando, hundido en el orgasmo inexorable, surgió en ella un nueva y extraña onda excitante en su interior. Ondeaba, ondeaba, ondeaba como delicadas flamas consumiéndose unas a otras, suaves como plumas, despidiendo pavesas exquisitas, exquisitamente derritiéndose y fundiéndose dentro de ella. Como campanas ondeando incesantemente hasta la culminación. Cayó desvanecida por los gemidos que espetó hasta el final… sintió en sus adentros los brotes de él, un extraño ritmo fluyendo hacia ella con un extraño pasmo in crescendo, hinchándose una y otra vez hasta que llenó y atravesó su consciencia, y después, una vez más, la indecible moción inamovible, remolinillos puros y profundos de sensación girando adentro y más adentro de sus tejidos y su consciencia, hasta que ella toda fue un sentimiento fluido perfecto y concéntrico. Cayó llorando, inconsciente, lloridos inarticulados. ¡La voz brotó de la profunda noche, era la vida!

Fue una desilusión, en nuestros tiempos modernos, descubrir que el cortejo entre las mujeres no adoptó necesariamente una forma más sensual y sutil de obtener placer sin proceder con la misma agresión y el ataque directo de los hombres.

Desde mi perspectiva, esto es lo que creo: el brutal lenguaje que usa Marlon Brando en El último tango en París, lejos de afectar a la mujer, le resulta repulsivo. Denigra y vulgariza la sensualidad; ofrece la mirada puritana acerca de ella como algo bajo, maldito y sucio. Es una perspectiva puritana. No provoca ninguna excitación porque bestializa la sexualidad. Muchas mujeres ven esto como una destrucción del erotismo. Entre nosotras hemos hecho una distinción entre lo pornográfico y lo erótico: lo pornográfico trata a lo sexual grotescamente para llevarla a un nivel animalesco; lo erótico incita lo sensual sin menester de lo animal. Y muchas mujeres con las que he discutido al respecto quieren desarrollar un escritura lejos de los parámetros masculinos. El cazador, el violador para quienes la sexualidad es simplemente un impulso y nada más.

Ligar el erotismo a los sentimientos, al amor y a la selección de determinada persona, personalizarlo e individualizarlo, es una tarea para las mujeres. Así habrá cada vez más y más escritoras que escribirán basándose en sus propios sentimientos y experiencias.

El descubrimiento de las cualidades eróticas de las mujeres, así como la expresión de los mismos, vendrán cuando dejemos de culpar a los hombres por nuestras penas. Si no les gusta el cazador y la caza, es nuestra tarea expresar lo que sí nos agrada y revelárselo a los hombres, de la misma manera que lo han hecho las historias orientales, a los placeres de otras formas de amar. Hasta ahora, la escritura de mujeres ha sido negativa: solamente escuchamos lo que no les gusta. Repudian el rol de la seducción y el encanto para crear la atmósfera erótica con que sueñan. ¿Cómo puede un hombre enterarse de la sensibilidad corporal de la mujer cuando ella viste pantalones de mezclilla que hacen ver a su cuerpo como el de sus contrapartes y sí solamente hay una sola ranura que sirve para la penetración? Si acaso es verdad que la sensualidad de la mujer yace en todo su cuerpo, entonces la forma en que se viste hoy en día es una total negación de este factor.

Ahora bien, hay también mujeres inquietas por el papel pasivo al que son confinadas. Algunas quieren tomar, invadir y poseer al igual que el hombre. Es la fuerza liberadora de nuestra consciencia actual la que queremos renovar para que cada mujer sea un patrón individual, no uno generalizado. Me gustaría que hubiera una computadora que le otorgara a cada mujer un molde diseñado especialmente para sus propios deseos. Esta es la excitante aventura en la que nos encontramos hoy en día: cuestionar todas las historias, las estadísticas, confesiones, autobiografías y biografías para crear nuestro propio patrón individual. Para lograrlo, es menester aceptar lo que nuestra cultura siempre nos ha negado, que es la necesidad de la examinación individual introspectiva. Esta simple tarea nos permitirá saber lo que somos, saber nuestros reflejos, gustos y disgustos, y a partir de aquí podremos actuar sin culpa ni dudas para saber nuestras capacidades. Existe un tipo de hombre que busca hacer el amor igual que nosotras, y hay al menos un hombre así para cada mujer. Sin embargo, para reconocerlo, primero debemos conocernos a nosotras mismas, conocer los hábitos y las fantasías de nuestro cuerpo, los dictados de nuestra imaginación. No solamente debemos saber lo que nos mueve, nos excita y provoca, sino también cómo obtenerlo y alcanzarlo. Y, al final, la mujer debe generar su propio patrón erótico de satisfacción a través de una enorme cantidad de mitad información y mitad revelación.
El puritanismo está muy arraigado en la literatura anglosajona y esto es lo que hace a sus escritores escribir sobre la sexualidad como algo bajo, vulgar y como un vicio animalesco. Algunas escritoras han imitado a estos escritores debido a que no tienen modelos a seguir y en lo único que han tenido éxito es en dar una vuelta a los roles: sus personajes femeninos se comportan como si fueran hombres, hacen el amor y a la mañana siguiente se retiran sin decir una palabra tierna o sin una promesa de continuidad. La mujer se convirtió así en una depredadora, en una agresora. Nada cambió con esto. Todavía nos hace falta descubrir cómo siente una mujer y sobre todo va a tener que expresarlo en la escritura.

Las mujeres jóvenes de ahora sostienen reuniones para explorar su sensibilidad y disipar sus inhibiciones. Una joven profesora de literatura, Tristine Rainer, invitó a varias estudiantes de la Universidad de California en Los Ángeles a discutir literatura erótica y sobre por qué las mujeres se inhíben tanto al momento de escribir de sus sentimientos. Había un tabú muy grande. Pero apenas lograron comunicarse entre ellas sus fantasías, sus deseos y sus experiencias, la escritura, de igual forma, también fue más libre. Estas jóvenes buscan nuevos modelos porque se han percatado que imitar a los hombres no conduce a la libertad. Las mujeres francesas han sido capaces de producir bella literatura erótica porque no lidiaron con el tabú puritano, y algunas de esas escritoras voltearon la mirada hacia el erotismo sin haber sentido que la sexualidad era algo vergonzoso y que debía ser tratado con desdén.

Lo que tendremos que alcanzar, lo ideal, es el reconocimiento de la naturaleza sexual femenina, la aceptación de sus necesidades, el conocimiento de su variedad de temperamentos, y una actitud feliz hacia ella como parte de su naturaleza, tan natural como el brotar de una flor, las olas del mar y el movimiento de los planetas. La sensualidad como naturaleza con posibilidades de éxtasis y goce. O en palabras zen, con posibilidades de alcanzar el satori. Aún vivimos bajo la opresión puritana y el hecho de que las mujeres escriban sobre el sexo no significa que sean libres, porque lo hacen con la misma actitud vulgar y pobre que los hombres, no lo hacen con orgullo y goce.

La verdadera liberación del erotismo estriba en aceptar el hecho de que tiene miles de facetas, hay muchas formas eróticas, muchos objetos, situaciones, atmósferas y variaciones de él.


Primero que nada tenemos que dispensar la culpa de su expansión, después abrirnos a sus sorpresas y variadas expresiones y (aquí añado mi consejo personal para su completo disfrute) fusionarlo amorosa y pasionalmente con una sola persona, mezclarlo con los sueños, las fantasías y las emociones para que llegue a su máximo potencial. En el pasado tal vez haya habido rituales colectivos en los cuales el desfogue sensual haya sido la norma, pero ya no vivimos en una época así, y entre más fuerte sea la pasión por una persona, el ritual de sólo dos personas será más concentrado, intenso y extático.

Traducción de Francisco Serratos.

[1] Anaïs Nin pudo haber confundido el diario de Murasaki con La historia de Gengi, que es considerada por muchos críticos como la primera novela, no un diario.


Texto extraído de: zonalibreradio1

viernes, 13 de junio de 2014

MASTURBACIÓN FEMENINA: ¿TÉCNICAS E INSTRUCCIONES?...

“Es uno de los temas que menos hablamos las mujeres. Y aunque parezca increíble, muchas ni siquiera saben cómo hacerlo. Pudor, vergüenza, sentirse ridículas o preguntarse “para qué” son algunas de las razones que pueden llevar a más de alguna a probar poco o a ni siquiera intentarlo”

Sílvia Bejar


“El fenómeno humano de la masturbación ha sido literalmente deshecho, ensuciado, destrozado hasta el punto que muchas personas viven hoy este hecho humano normal y simple con todo este terror de siglos encima” 

Efigenio Amezúa
“Siéntate con las piernas cerradas”, “No te toques ahí”, “Eso es de cochinas” son algunas de las frases que ilustran el tipo de educación sexual que muchas niñas reciben desde tempranas edades. Estas representaciones de enorme poder, entre otras, actúan como sustrato en el inconsciente social reproduciendo mandatos violentos de género y dificultando el disfrute de la experiencia autoerótica de niñas y mujeres.

No es de extrañar entonces, que a pesar de que la masturbación dejó de ser considerada “parafília[1]” o “perversión” a partir de la mitad del siglo XX, todavía hoy, haya mujeres que no se atrevan a reconocer que se masturban, o peor aún, que no lo hagan por desconocimiento o tabú[2].

La finalidad de este escrito consiste en repensar el concepto de masturbación para incorporar esta práctica en el seno de una perspectiva positiva e integral de la sexualidad, así como cuestionar algunos de los mitos que la acompañan, especialmente a la femenina; insistiendo en la forma en que las creencias en torno a esta han mediado en nuestras actitudes y maneras de practicarla.


En concreto deseamos que esta sección contribuya a que cada vez más mujeres se apropien de sus cuerpos, tengan un mayor conocimiento de estos y de su capacidad de goce en la experiencia autoerótica, que ninguna mujer deje de experimentar y conocer su cuerpo de forma autónoma y liberadora. Compartiremos además muchas de las técnicas que las mujeres utilizamos para masturbarnos ofreciendo así, de forma amena, un sinfín de posibilidades para quien quiera saborear.

Las sociedades ejercen todas un control sobre la conducta sexual de sus ciudadanos partiendo del orden sexual establecido en cada una de ellas. Uno de los dispositivos más potentes es y ha sido siempre el considerar perjudiciales o patológicas aquellas prácticas e intereses sexuales que no obedecen a los dictados de una estructura sexual normativa que en este caso es coitocéntrica, heterosexual y reproductiva. La homosexualidad, la masturbación, el sexo anal y oral también fueron en su día percibidos como poco saludables, incluso como trastornos mentales. Aunque esta percepción ha cambiado bastante, sin embargo acarrea ciertos vestigios que todavía hoy soportamos.

Vicio solitario, sexo manual, amor en solitario, descargas ilegales,… o algunas más modernas, como autoerotismo, hacerse una paja, machacársela, hacerse un dedo, etc. Son algunas de las expresiones que pueden ayudar a dibujarnos la historia de la masturbación, que como podemos imaginar ha tenido diferentes miradas en distintos momentos, lo que ha modelado nuestras creencias, sentimientos y actitudes hacia ella.

Hagamos un breve repaso de la mano de Georgina Burgos antes de continuar. La escritora, resume en su libro[3] la práctica de la masturbación a lo largo de la historia desde los griegos hasta nuestros días:

Hacia el siglo II d. De C., Galeno pensaba que la masturbación era eficaz para la salud corporal ya que servía para descargar el exceso de esperma tanto en hombres como en mujeres. Se creía, idea que se mantendría hasta finales del siglo XVII, que las mujeres eran hombres incompletos. Ambos, hombres y mujeres correspondían al mismo sexo[4], siendo la mujer un hombre del revés, imperfecto, de manera que en los ovarios también se fabricaba esperma. Era común la práctica de masajes vulvares y clitoridianos para eliminar los fluidos corporales como terapia médica (obviamente el fin no era saciar el deseo sexual). Dejando de lado la medicina, los griegos consideraban la masturbación, no un pecado ni una práctica inmoral, pero si algo propio de mujeres, niñxs y en general población con escaso status y reputación social.

A lo largo de la Edad Media sin embargo, y aunque el adulterio o la sodomía eran agravios mayores, la masturbación pasó a ser pecado al oponerse a Dios y sus postulados.

El perjuicio mayor padecido por la masturbación llegó sin embargo junto a las creencias que la relacionaban con el deterioro físico y mental, con la salud del cuerpo humano. Esta nueva concepción sobre la masturbación vinculada a la enfermedad fue penetrando lentamente en la ciudadanía. La profesión médica caminó de la mano con la moral judeocristiana divulgando ideas como que la masturbación imposibilitaba las relaciones matrimoniales al causar eyaculación precoz, infertilidad o impotencia. Se habló igualmente del síndrome postmasturbatorio que afectaba al sistema nervioso de las mujeres pudiendo provocar convulsiones, melancolía e histeria[5].

Se utilizaron innumerables artilugios y sistemas para evitar la masturbación y sus consecuencias llegando incluso a métodos como la cauterización y ablación del clítoris en las niñas y mujeres. En la época en la que se creía que existía un único sexo esto hubiera sido inconcebible, no así cuando se confirma que son dos sexos distintos y que ni el clítoris ni el orgasmo femenino poseen funciones reproductoras ya que el placer femenino no era importante y se relacionaba más bien con “el pecado y la degeneración física y moral” (21, Burgos, G.). Estos inhumanos procedimientos coexistieron con la masturbación terapéutica a través de masajes manuales y vibradores como método para aliviar la histeria a lo largo de los siglos hasta incluso el siglo XX.

Más tarde con Freud y el psicoanálisis, la masturbación se transformaba en una práctica apropiada en la etapa del desarrollo sexual de lxs adolescentes. Se abandonó la idea de que las prácticas masturbatorias eran producto de enfermedades y pecados siempre y cuando no se llevasen a cabo en la edad adulta, ya que indicaba inmadurez, degeneración o alguna falla en el desarrollo sexual.

Ya en el siglo XX, gracias a profesionales como Alfred Kinsey en los años 40-50 o como el matrimonio Masters y Johnson en los 60, las creencias alrededor de la masturbación de antaño fueron relegadas por aquellas que defendían que la actividad no era nociva en absoluto y que incluso mejoraba las funciones sexuales. Pero aunque hacia los años 60 comenzaron a defenderse ideas más saludables y abiertas sobre esta práctica, en pleno 2014 el onanismo sigue siendo tabú en la mayoría de los contextos y sigue existiendo un enorme desconocimiento alrededor de la masturbación femenina.

Si bien la masturbación antaño considerada práctica prohibida, pecaminosa y pervertida con el paso del tiempo ha ido adquiriendo un carácter más permisivo y positivo, todavía se trata de una práctica tabú y de segundo orden. Existe aún cierta negativa a tratar la masturbación abiertamente, mucho desconocimiento y falsas creencias a su alrededor, además de estar revestida de una falsa tolerancia. Se sigue considerando una práctica secundaria, propio de quienes no tienen pareja o como manifestación de rechazo o insatisfacción dentro de la pareja. Además, como sucede con otros muchas áreas de la vida, las normas sociales en cuestiones relativas a la masturbación, y a la sexualidad en general, son bien distintas aún para hombres y mujeres, siendo ésta práctica mayormente censurada en las mujeres que en los hombres. El deseo y las necesidades sexuales de las mujeres no ha sido considerado en una tradición androcéntrica que concibe la sexualidad únicamente para la reproducción.

En mi trayectoria docente con jóvenes he podido comprobar como sólo en raras ocasiones las chicas reconocen que se masturban, no así los chicos, pudiendo sentirse estos incluso ovacionados por ello; a menudo preguntan[6] las formas en las que se masturba una chica o se escuchan aseveraciones como que masturbarse es de guarras. Los prejuicios alrededor de la sexualidad femenina y, más en concreto, sobre la masturbación femenina son colosales todavía, existiendo en el discurso común cierta tendencia a pensar que “las mujeres no necesitamos masturbarnos”, que “las mujeres somos más pasivas sexualmente que los hombres” o que “tenemos menos libido”. Otro mito extendido es el de la media naranja que comprende a las personas como seres incompletos que necesitan encontrar a su otra mitad para sentirse plenas formando la pareja ideal, tan extendido y aceptado en la sociedad occidental, influye decisivamente en la manera en la que leemos las relaciones emocionales y sexuales de pareja. Creernos que tenemos una única persona predestinada con la que nos compaginaremos a la perfección una vez nos encontremos, implica suponer la idealización de realizar cada una de las actividades juntxs y un acoplamiento perfecto también en las relaciones sexuales. De la misma forma, no se concibe el disfrute sexual sin esa persona que supuestamente forma una unidad con la otra, relegando la masturbación a aquellxs que no han descubierto aún su media naranja.

A esto hay que añadirle las marcadas diferencias de género. La socialización emocional y sexual de las niñas y mujeres ha venido tradicionalmente acompañado de mensajes erróneos, machistas y negativizadores que poco han ayudado al buen desarrollo de nuestro autoerotismo. Frente a estos mitos y falsas creencias, desde aquí nos decantamos por la idea de que cada unx de nosotrxs somos ya una persona completa, autónoma. Defendemos la imagen positiva de la masturbación que nos permita disfrutarla para aprovecharnos de sus beneficios.
“Es una práctica valiosa de la vida sexual de la persona, desde los más tempranos días de la vida, hasta los últimos, pudiéndose decir que no solamente no es inocua, sino que constituye una buena manera de descubrir el funcionamiento del cuerpo y sus respuestas ante determinadas estímulos, ayudando a elaborar un concepto positivo de la sexualidad”
Mercedes Oliveira

Es necesario abandonar los estereotipos que relacionan esta actividad con la perversión, con personas con incapacidades de relación social incluso con la deslealtad a la pareja, para desterrar las culpas y los miedos que la han rodeado. Porque la masturbación, vivida libre y satisfactoriamente, es una práctica válida y positiva que potencia el autoconocimiento. Favorece el conocimiento de nuestro propio cuerpo lo que beneficia igualmente a las relaciones sexuales. Investigar con tu cuerpo, conocerlo, experimentar sus deseo y ritmos permite disfrutarse, quererse y enriquecer la vida sexual de cada unx.
Desde Gogara compartimos esta definición sobre masturbación o autoerotismo que ofrecen desde la Fundación Sexpol[7]
“ Autoestimulación corporal o mental a través de cualquier sentido y/o la imaginación con la intención de provocar placer erótico”.
Esta otra, “Autoestimulación, es decir, la obtención del placer a través de las caricias o frotamiento de los genitales u otras partes del propio cuerpo” de Félix López y Antonio Fuertes (1989) define más claramente la idea que existe en el imaginario colectivo sobre la práctica masturbatoria aunque sólo contempla el sentido del tacto dejando de lado el resto de los sentidos que igualmente son susceptibles de desencadenar placeres.
Esto no deja de ser consecuencia de una restringida tradición cultural que no atiende a que finalmente es nuestra mente quien interpreta un tocamiento o estimulación corporal siendo la imaginación y las fantasías una herramienta eficaz y habitual; y que evidentemente por medio de cualquier sentido (gusto, oído, vista, olfato además del tacto) podemos estimular nuestra pasión. De la misma manera y aunque seguramente la tendencia mayoritaria de la práctica autoerótica sea mediante el tacto con los genitales, no podemos omitir el hecho de que cualquier zona corporal es apta para sentir.



TÉCNICAS DE MASTURBACIÓN FEMENINA

Existen tantas formas de masturbarse como personas, de manera que cualquier intento de enumerar las maneras o técnicas existentes en las que las mujeres podemos masturbarnos resultará un resumen impreciso frente a la compleja y rica realidad de esta práctica, como todo en la vida vaya.

Sea como fuere, me parece divertido e instructivo señalar aquí algunas técnicas masturbatorias más comunes así como algunas propuestas menos convencionales o sonadas[8].

La estimulación del Clítoris y la vagina acariciando o frotando el clítoris y alrededores es la forma más popular de autoerotismo femenino. (El 78% de las mujeres teniendo en cuenta las cifras del Informe Hite). Generalmente se lleva a cabo con las manos, o con los dedos pero también con vibradores. Eso si, existen infinidad de variantes en posturas, preponderancias, intensidades y objetos usados.

En este vídeo sobre masturbación femenina, realizado por tres alumnas de Grado de Enfermería de la Universidad Rey Juan Carlos. 2011, podemos visualizar algunas de estas modalidades:
. Estimulación clitoriana directa.
. Sobre los labios vaginales.
. Sobre la ropa.
. Con movimiento rotativo.
. Estimulación clitoriana con penetración vaginal intermitente.
. Estimulación con penetración vaginal continua.
. Estimulación con penetración vaginal al orgasmo.
. Estimulación palmar: talón en clítoris y dedos en vagina.
. Estimulación clitórico/vulvar tumbada sobre el vientre.
. Penetración vaginal acostada acostada sobre el vientre.
. Estimulación clitoriana empujando objeto suave. Se trata de frotarse con una almohada, cojín o bulto de ropa. Acostada y con el movimiento de tus caderas de forma que el objeto suave presione tu clítoris.
. En suspensión: empujando contra objeto. Por ejemplo el brazo de un sofá o cualquier otro mueble contra el que poder restregarse.
. Estimulación del punto G. La introducción de los dedos o de un dildo en la vagina puede ayudar a ubicarlo y estimularlo.
. Estimulación clitoriana con chorro de agua. Puedes seleccionar un chorro de la ducha y dirigirlo hacia tu clítoris dejando que caiga el agua incluso alternando con diferentes temperaturas.
. Estimulación anal. El ano es igualmente una zona muy sensible que puedes estimular usando los dedos o juguetes y con ayuda de lubricante para facilitar.
. Estimulación del clítoris, la vulva o cualquier otra part de tu cuerpo con una pluma, un pincel o con tejidos u objetos de distintas texturas.
. Puedes acercarte o sentarte sobre la lavadora y aprovechar el centrifugado para estimularte.


Instrucciones para masturbarse

“Comience por deshilachar los sentidos ácidos de su camiseta. Lama pausadamente cada rincón de sus decencias y absorba todas las fragancias hasta que el decoro se convierta en caramelo y la lluvia acompase sus latidos. Aderezca su piel con feromonas y transporte esa música a lo largo de su cuello, su torso y espalda. Nutra su mirada de espejos desenfocados; y cuando desde el campanario la acústica de su matriz implore a los feligreses atención, añada tres cucharadas soperas de libidinosa tempestad. Continúe palpando espontáneamente sus entrañas sin dejar de remover los vapores que exhale. Sobretodo, no respete los consejos y apague el telediario. Ríase del porno tradicional mientras canta una nana, un irrintzi, un gregoriano, o lo que usted prefiera. Recomendamos comerse la boina y quitarse el chocolate de las uñas, para disminuir la hiperventilación y no agitar a las vecinas que riegan sus atardeceres. Con sus manos amase el flujo sanguíneo, suba el volumen, arañe la almohada, nivele la presión del agua y espolvoree sus mamas. Maúlle, brinque, escriba un par de poemas e invente dragones sin espinas. No olvide rociarse con jengibre y contornear ilustraciones labiales hasta que su pelvis rezume una sonrisa ancha. Repítalo al menos una vez por semana, antes de que la sopa se enfríe y a los ladridos se los lleve la corriente”.

Itsasne Gaubeca


Bibliografía

. Los placeres de Lola, Raquel Traba, Aguilar, 2008.
. La masturbación femenina, Georgina Burgos, Vecchi ediciones, 2012,
. Tu sexo es tuyo, Sylvia de Béjar, 2004.
. El informe Hite, Shere Hite, 2002, Punto de lectura.
. Las mujeres como agentes revolucionarios del cambio. Shere Hite, 2001, Vindicación Feminista.
. Vídeo sobre masturbación femenina, realizado por tres alumnas de Grado de Enfermería de la Universidad Rey Juan Carlos. 2011.
. Artículos de la Fundación Sexpol. Ana Irene Sierra Sánchez e Isabel Vicario Molina.
. Tuguiasexual.com[1] Una parafilia (del griego παρά, pará: ‘al margen de’, y φιλία, filía: ‘amor’) es un patrón de comportamiento sexual en el que la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en alguna otra cosa o actividad que lo acompaña. (De Wikipedia)
[2] Sobra decir que cada mujer y cada persona deberá hacer lo que más le plazca siendo igualmente legítima la opción de no masturbarse si eso le hace sentir mejor.
[3] La masturbación, de ediciones Vecchi, S.A, 2012, Barcelona.
[4] A pesar de pertenecer a un mismo sexo a los hombres y las mujeres se les asignaban roles muy diferenciados.
[5] Dedicaremos otros capítulos al tema de la Histeria.
[6] Somos conscientes de estas dudas y cuestiones de la juventud porque a partir de juegos y propuestas lxs jóvenes han podido plasmarlas libre y anónimamente.
[7] Ana Irene Sierra Sánchez e Isabel Vicario Molina de la Fundación Sexpol.
[8] Información derivada de la bibliografía que señalo en el artículo así como de la experiencia vital y colectiva como mujer.


Texto extraído de: gogaratalleres.wordpress

miércoles, 19 de marzo de 2014

¿PORNO PARA MUJERES?, ¿MÁS SEXUALIDAD Y MENOS SEXO?





79% de las mujeres afirma haber visto porno a solas... ¿Con qué objetivo y qué diferencia tiene con el que está dirigido por y para hombres?.



Cuando se explora el porno para mujeres se encuentra que hay más masajes, caricias, besos y Cunnilingus. Pero no sólo eso, en el porno para mujeres los tiempos son otros, hay mucho más tiempo para la auto estimulación vaginal, la imagen está más cuidada y los cuerpos se acercan más a la realidad. Lo que no quita que también haya pasión y morbo, pero lo que se encuentra es más contexto y, sobretodo, una visión igualitaria a la hora del sexo.


Según un estudio realizado por el Departamento de Educación Sexual de PRIME Argentina*, el 79% de las mujeres afirma haber visto películas porno sola sola.Las historias suelen ser muchísimo más creíbles, con argumentos más elaborados y no todo gira alrededor de la penetración. En el porno tradicional, el hombre es el protagonista y la mujer es una herramienta que se limita a satisfacerlo. Este es el giro que el porno femenino propone: la protagonista es la mujer.

El 33% de las mujeres cree que mirar películas porno motiva sus fantasías. También nos encontramos con que las mujeres se despiertan maquilladas, peinadas y excitadas a las 6 de la mañana, u hombres que tienen una erección desde antes de bajarse los pantalones y con miembros bastante por encima de los tamaños de la media. No deja de ser ficción, pero en general es mucho más realista.

También hay menos cachetazos, gargantas profundas, colegialas, músculos y siliconas. Puede que haya algo de todo esto, pero no en exceso, como en el porno tradicional.
El porno dirigido por mujeres y orientado al público femenino puede ser más romántico, pero siempre es más glamoroso.

Erika Lust, referente del porno femenino

Una de las directoras y productoras de cine erótico que está revolucionando la industria con su punto de vista femenino es Erika Lust, licenciada en Ciencias Políticas y autora de cuatro libros, tres cortos y cuatro largometrajes. Sus películas son más cercanas a las fantasías femeninas que las del porno tradicional.

Mirar porno femenino es una experiencia que los hombres no deberían dejar de tener, porque es una muy buena forma de  entender el punto de vista de la mujer y comprender que la sexualidad es muy distinta a lo que sugiere el porno tradicional.




El 54% de las mujeres afirma que mirar porno suma a la relación de pareja
Igualmente, es importante no caer en el clásico “el auto y el fútbol para el nene, la muñeca y la cocina para la nena”, “el porno hard para los hombres y el porno soft para las mujeres”. Lo esenciales tener opciones y poder elegir qué es lo que queremos. Un día podemos ver una película de acción, otro día una romántica, luego una porno tradicional y en otro momento una porno romántica. Seguramente podamos concluir en que en la variedad está la diversión.

En el porno dirigido y orientado a las mujeres, erotismo y pornografía se unen para acercarnos un estímulo que, además de excitarnos y darnos ideas, puede ser una gran fuente de inspiración sexual.




El autor es sexólogo del Departamento de Educación Sexual de preservativos PRIME Argentina.

*Estudio realizado por el Departamento de Educación Sexual de PRIME Argentina, sobre una base de 660 mujeres.



Por Patricio Gómez Di Leva

Texto extraído de: rouge.perfil.com