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viernes, 1 de enero de 2016

ESTE 2016 QUEREMOS QUE LAS MUJERES SEAN LIBRES


ESTE 2016 QUEREMOS QUE LAS MUJERES SEAN LIBRES

Libres de las exigencias que pesan sobre sus cuerpos
Libres de los modelos que buscan definirlas y limitarlas
Libres del acoso y maltrato de los hombres
Libres de relaciones nocivas con otras mujeres 
Libres en su sexualidad y ensu forma de sentarse bellas
Libres de las ideas obtusas y decadentes del amor romántico
LIBRES PARA AMAR a quien o quienes quieran
Libres para ser madres y estar presentes
Libres para no serlo
Libres en el respeto y ejercicio de su naturaleza cíclica
LIBRES PARA ANDAR SU CAMINO SINUOSO Y ESPIRAL



Y que los hombres sean sus compañeros
Y que abran sus corazones
Y que se liberen de viejos conceptos
Y que estén dispuestos a ser libres


Y QUE JUNTXS SALGAMOS A LAS CALLES A LUCHAR POR LA LIBERTAD
FELIZ 2016!











viernes, 18 de diciembre de 2015

SOMOS SOLO AMIGXS...(CON DERECHOS)...


Solemos como sociedad, poner títulos a todo, al estudio, al empleo, a la comida y a las relaciones para identificar y asociar.

Hay títulos que todos conocemos, pero no todos los pronunciamos y muy pocos se atreven a vivir, o más bien, los viven pero no los nombran. Amistad para los amigos, sexo para los amantes, compromiso para el noviazgo y para una amistad con sexo pero sin compromiso: amigos con derechos.


Juan comenzó un nuevo trabajo, allí había varias niñas lindas y, al parecer, interesantes, pero entre esas no estaba Valentina, sino la hermana de esta. Juan pasó de una relación laboral a una de amistad con la hermana de Valentina. Sin embargo, llegó una noche, una noche de fiesta, esas fiestas que suelen hacer los compañeros de trabajo para ‘socializar’ (de esas donde el jefe se le declara a la secretaria o viceversa) y a la que un recién llegado jamás se puede negar. Allí, por fin, habla con Valentina…


Valentina y Juan empezaron una nueva relación al tener en común más cosas que el trabajo: la música, esa que une mundos, unió sus vidas, en medio de Gondwana, Alerta y el infaltable Bob Marley. Sus mismos gustos cinéfilos les permitían pasar toda una tarde juntos; esas tardes tan normales, excepto por una, una que incluyó un beso –ese que ambos estaban esperando, pero ninguno se atrevía a dar o pedir- pero todo se congeló ahí…Ahí perfectamente se complementaban Juan y Valentina.

Los encuentros siguieron, porque no los unía un trabajo, los unían sus gustos, su afinidad, sus deseos. Llegó, ese momento, ese donde él se declara, tal cual como en una película rosa y así hubiera podido comenzar la historia de un noviazgo común y corriente, si su pasado no hubiera estado marcado.



Marcado no estaba el silencio que necesitaba Juan, aunque para Valentina eran gritos, el pasado de Juan, ese pasado de hace tan poco, en donde tuvo una relación sentimental con la hermana de ella; con dignidad -esa cualidad que las mujeres tenemos a flor de piel- decide no meterse formalmente con el ex de su hermana, y así como el reggae: ‘relajao’ accedió a llevar una relación sin nombre, una relación no formal, una relación de “amigos con derechos”...



Derechos sexuales, Juan y Valentina disfrutaban de las salidas y pláticas como amigos, pero también disfrutaban de un buen sexo, uno al que Juan define con un “¡Huy, mejor dicho…!” (Se pierde su mirada y seguro se va a un recuerdo, o a otro…), y empieza a tararear Seal it whit a kiss. Se utilizaban sexualmente cada cuanto el uno o el otro, lo pedían, pero no había remordimientos, porque sus encuentros no solo incluían sexo, sino un compartir de sus vidas, de su intimidad....



Intimidad que no estaba definida solo por el sexo, sino porque compartían lo más íntimo de su ser, se compartían el uno al otro. Intimidad que se reflejaba en el refugio que encontró Valentina muchas veces en Juan: era él con quien podía hablar de lo que no podía hablar con nadie, era él quien recibía sus llamadas sorpresas, era él quien siempre la acompañaba a cine o esas tediosas compras, era él quien aguantaba su bipolaridad que afloraba cada 28 días, era él a quien le entregaba su cuerpo; cuerpo que esporádicamente se entregaba a la pasión. No necesitaban de posiciones, juegos, maneras especiales, cada experiencia sin planearla llevaba algo nuevo, algo que lo hacía inolvidable. Se rompía el esquema del reggae, con un susurro al oído “When we play pretened body is on fire” podía comenzar todo, esa entrega, ese desfogue, esos momentos suaves y salvajes, esos que solo les pertenecen a ellos y a su pasado.

Cada uno empezó a tener una relación formal y así como comenzó, terminó ‘relajao’, y hoy, en el futuro de su pasado, Juan ve que fue lo mejor. Aún sigue su amistad con ella, pero es solo eso: amistad, amistad sin derechos, sin derechos a sexo, sin derechos a besos, sin derechos a roce, porque ahora en sus ojos, en su corazón, él puede verla como una hermana.

¿Acaso después de vivir una relación que llega hasta la intimidad sexual, se puede llegar a tener una relación de amistad tan fraternal?


La libertad, esa que reina en siglo XXI, o mejor, esa por la que luchamos, la buscamos a cualquier precio, incluyendo en las relaciones. Venimos de un pasado con matrimonios de esos que ya no se ven, esos de “hasta que la muerte los separe”, seguido de matrimonios con divorcios y más divorcios, por compromisos mal hechos y el afán.



Quizá por el miedo a seguir esta tradición, se derriban argumentos “chapados a la antigua” y se han abierto relaciones sin compromiso como si fuera sinónimo de “sin heridas o daños”. Queremos amar sin entregar el corazón, queremos satisfacción sexual, sin responsabilidad, queremos entrega de otros pero con nuestra libertad, queremos disfrutar del momento sin pensar en un futuro.

Historias que se toman de ejemplo para definir lo que es una relación, pero estas lo definen en palabras, al final el nombre, el título, es lo que menos importa, la definición real, es la vivencial. ¿Qué fue esa relación? ¿Fue amistad? ¿Fue sexo? ¿Fue deseo? ¿Alteración de los sentidos y de los parámetros? ¿Todo en uno?



republicado de bakánika

domingo, 15 de noviembre de 2015

DEJA DE LLORAR POR ESTAR EN LA FRIEND ZONE, ELLA NO LLORÓ CUANDO LA METISTE EN LA FUCK ZONE

LA TRAMPOSA BONDAD DE LOS PAGAFANTAS



“Mira, cuando una chica decide que eres su amigo de repente ya no hay opción de cita. Te conviertes a sus ojos en una especie de ente no sexual. Como un hermano. O una lámpara”.

'Sólo Amigos' (Roger Kumble, 2005)

Beatriz Serrano

Si algo define a Jaimito dentro de sus amigos es sin duda que es un “buen tío”. Un Buen Tío con todas sus letras. Un Buen Tío en mayúsculas. Es el tipo que no bebe un sábado noche para dejar, uno por uno, a todos sus etílicos colegas sanos y salvos en casa. Es el tipo que siempre se ofrece a pagar la primera ronda. El tipo de amigo al que el resto de sus amigos llaman cuando tienen un problema de índole romántica. Jaimito además recicla, ama a los animales –no tiene ninguno, pero comparte muchos vídeos de gatitos -, visita a su abuela cada domingo, dona a una ONG y paga sus impuestos.

Foto: 'Pagafantas' (Borja Cobeaga, 2009)

¿Estás seguro de que eres un buen tío?

No obstante, Jaimito tiene un problema: le gusta una chica. Y no debería ser un problema como tal pero para Jaimito lo es. Porque Jaimito ya ha vivido esta historia un millón de veces y es un tema habitual en su grupo de canallas: “Todas dicen que quieren a un buen tío, pero luego se van con el primer macarra que pasa”, musita mientras observa la espalda de su amada perdiéndose en la distancia encima de una motocicleta. Y ahora le gusta esta chica en concreto. Le gusta muchísimo. La ama con el latir de su corazón y el palpitar de su órgano sexual. Así que queda con ella y se van a pasear. Se van al cine y a cenar. Escucha todas sus historietas de chica y le da consejos de sabueso. Ríen. Comen helado en verano y sopas en invierno. Se dan las buenas noches por whatsapp. Jaimito además le hace regalos. Pequeñas tonterías, pero ¿qué puede hacer él si cada vez que pasa por Tiger encuentra una funda para iPhone de calabazas que le recuerda a ella?

Jaimito ahora tiene dos frentes abiertos. Por un lado su amor le está transformando en una dama dieciochesca que necesita el frío viento del norte para poder respirar. Por otro, su grupo de canallas no deja de decirle que es un Pagafantas y que se dé prisa o la tía le meterá en la Friend Zone. “Y cuando estás en la Friend Zone – dice el más cuñado de sus colegas – ya no hay forma de volver atrás porque se piensan de repente que eres SU AMIGO y van y te cuentan cosas y te hacen partícipe de toda su vida”. Una cosa que es, a todas luces, peor que un castigo en la Edad Media.

De pronto llega el Día D: Jaimito sale de su casa ready to kill. Ha quedado con la chica y se dice que esta noche es la noche. Y quedan y beben y él se lanza y ella le hace una pequeña cobra –porque le tiene mucho cariño – y le dice que no, que no siente lo mismo y que le ve como un amigo. Las alertas se disparan. FRIEND ZONE aparece con luces de neón en sus ojos, sobre el rostro de ella y por todo el bar. Y juraría que a 20 metros fuera de allí hay una manifestación donde todo el mundo lleva carteles y banderas donde pone FRIEND ZONE. Jaimito descubre que sus amigos tenían razón. Y como va un poco pedo, argumenta eso de que las tías no quieren a los buenos tíos, que qué injusta es la vida, por el amor de Dios, que entonces por qué todas esas cenas y películas y por qué lleva la funda de iPhone de calabazas. Y para ella la respuesta es sencilla: porque somos amigos.

Vamos a sostenerlo aquí por un nanosegundo: si la única razón por la que estabas siendo adorable y amable con la chica en cuestión era porque querías conseguir algo a cambio…¿estás completamente seguro de que sigues siendo Un Buen Tío, Jaimito?


No hay más preguntas, señoría.

El concepto Friend Zone es peligroso y unilateral: ¿no podría cabrearse ella porque la has metido en la Love Zone? ¿O en la Fuck Zone? La Friend Zone sostiene que si eres majo y amable con una chica, esa chica eventualmente se convertirá en tu follamiga o en tu amigovia o en tu novia formal. La Friend Zone juega en una dinámica de poder por la que una persona tiene que recompensarte por un acto –la amistad- que creía altruista. Como si tu amiga fuese una máquina tragaperras en un casino que conforme metas más monedas más posibilidades tienes de ganar. La Friend Zone otorga al interesado el papel de víctima por el mero hecho de que la otra persona no esté interesada en él del mismo modo. Cuando lo cierto es que nadie elige de quién se enamora. Y eso juega en una doble dirección. Porque en el concepto de la Friend Zone se esconde el hecho de que el poder lo tiene el interesado, mientras que la otra persona debería responder como el interesado espera –o desea- que responda. Y qué aburrida sería la vida sin sobresaltos.


Pero quizás lo más insultante de la Friend Zone es la manera en la que devalúa la amistad. Como si el llamar a alguien “amigo” tuviese poca o menos calidad que el ponerle otra etiqueta. Se valora a la otra persona por lo que puede ofrecerte y no por lo que es. Y la amistad no debería infravalorarse. Porque el amigo es el que te recoge borracho a las cinco de la mañana. El que te llevará una petaca el día de tu boda y el que te dejará su hombro en los funerales. Tu camarada, tu ángel de la guarda, tu confidente y tu centinela. Ynadie estipula que ese papel deba desempeñarlo, sí o sí, otro hombre.
Quizás te identifiques con Jaimito. Es posible que un enorme sentimiento de empatía te haga aliarte con él. Puede ser que en algún momento te hayan roto el corazón. Que alguien te haya rechazado. Y también es posible que tú hayas rechazado a alguien porque no veías a esa persona con la lente con la que te veía a ti. El rechazo es algo horrible y duele, pero va a suceder. Y eso no convierte a la otra persona en una mala persona. Es simplemente una persona a la que no le interesas. La única mala persona aquí, amigos, es el idiota de Jaimito.


Texto extraído de: revistagq.com

lunes, 26 de octubre de 2015

SI YO FUERA TÍO SENTIRÍA VERGÜENZA...


Si yo fuera un tío, sentiría vergüenza de género.
De que mi amiga, mi hermana, mi compañera, mi madre, mi hija, al volver de noche a casa, tengan miedo. De que se sientan aliviadas cuando, al mirar de reojo de quién son esos pasos en una calle vacía, sientan alivio al ver que no es uno de los nuestros.


Si yo fuera un tío, sentiría vergüenza de género. De que todas las mujeres tengan historias en las que uno de nosotros las forzó a hacer cosas que no querían, las tocó donde no querían, cuando no querían, como no querían. De que todos conocemos a hombres que cuentan historias de mujeres a las que forzaron a hacer cosas que no querían, cuando no querían, como no querían. De las veces que me he callado al escuchar esas historias, o he hecho como que no las estaba viendo.

Si yo fuera un tío, sentiría vergüenza de género. De saber que ellas cobran menos, que trabajan más, que ascienden menos, que se empobrecen más, que cuidan más, que -tiempo- tienen menos. Que las hemos convencido de que, para algunas cosas que no valen nada ellas valen más, pero para casi todas las cosas que valen algo, ellas valen menos.

Si yo fuera un tío, sentiría vergüenza de género. De cada vez que he impuesto mi voluntad en casa, en el trabajo, en una asamblea, en una pelea, en un espacio de decisión, en una relación, en unas vacaciones, en manifestaciones, en el sexo. De cada vez que he actuado como si desear algo es suficiente para obtenerlo. De todas las veces que he pensado algo, y lo he asumido como el único criterio.


Si yo fuera un tío, sentiría vergüenza de género. De cada vez que me he sentido atacado por una mujer que desenmascara mis privilegios, y me demuestra que los disfruto, y que es siempre a costa de sus derechos.

Si yo fuera un tío, sentiría vergüenza de género. Por no hacer nada cuando uno de nosotros viola, mata, tortura, desprecia, infantiliza o humilla a una mujer, o se burla de todo su género.

Pero, como no soy un tío, siento vergüenza de mi cuerpo, de mis ganas y de mi deseo. De mis fragilidades y de mi fuerza. De enfadarme a veces, de no hacerlo a tiempo.


Si yo fuera un tío, seguramente, sentiría que estoy donde tengo que estar y que yo, ninguna de todas estas cosas, nunca, las he hecho.



Extraído de: faktorialila

martes, 2 de diciembre de 2014

SENTIMIENTOS DESMITIFICADOS: PERDER LA TERNURA


Soy feminista, si, independiente, empoderada, mujer libre, libertaria e incluso para algunxs por ser soy hasta feminazi.. y por todo ello y alguna que otra razón que a día de hoy sigo sin conocer, se me presupone mujer que desprecia, rechaza o no necesita de caricias, besos, mimos, ternura y palabras que reconfortan y abrigan, o lo que es más sorprendente, se me imagina como mujer que ante una muestra de afecto y/o dulzura reaccionará con un "rebote de feminista", como me dijeron recientemente, tipo "si yo fuera un rancho me llamaría tierra de nadie".

Claro, voy parafraseando a Gilda a la menor oportunidad...
Uaghhhhhh!!creo que me crispé ante tanta presunción de aspereza.. ¡¡Necesito de la ternura y no por ello soy menos feminista, empoderada, libertaria...bla,bla,bla!. ¿Qué sentimientos conlleva el ser feminista?, ¿Cómo se supone que nos hemos de comportar?. ¿Ser feminista me obliga a no ser sensible o no estar receptiva a los afectos?

¿Qué ocurre con la pérdida, lenta y progresiva de la capacidad de mostrar nuestros sentimientos?.¿Es una característica de las feministas o es un problema de la sociedad en la que vivimos que nos presupone a todxs muros herméticos emocionales?

Cuando me encuentro ante una posible relación afectivo sexual, sea del tipo que sea: abierta, cerrada.... o la sorprendente posibilidad de encontrar frente a mi a alguien a quien me interesa conocer más, no se alimenta en mi esa emoción o interés por generación espontanea o a base de teorías intelectuales o filosóficas, sexo....



Requiere de un trabajo diario, una implicación por construir día a día un espacio de apoyo, risas....complicidad al fin y al cabo.

Si, yo necesito esa complicidad natural, no esconder un abrazo o una caricia porque hay gente delante (esa mal llamada discreción...ay!!) o por el simple hecho de no encontrarme en posición horizontal. Necesito fluir, expresarme, liberarme y soltar lo que siento. Necesito querer y que me quieran, mimar y que me mimen, cuidar y que me cuiden. ¿Soy por eso menos feminista?



...y si, también lo he decidido, si no me dan lo que necesito no lo voy a pedir, no....me voy por donde he venido porque las cosas se sienten o no se sienten...y yo me siento feminista y tierna.



Al caso del tema que me ocupa, recientemente leí un artículo que me hizo reflexionar:

SENTIMIENTOS DESMITIFICADOS: PERDER LA TERNURA


" El lunes una niña de clase, una niña de cinco años, estaba esperando conmigo que los niños vinieran y me puse a su altura para hacer tiempo y le dije: ¿ de qué te vas a disfrazar? Se encogió de hombros y negó con la cabeza, ¿ no lo sabes? le pregunté. Y entonces sonrió, me abrazó y me dio un besito. Luego volvió a reírse y yo me quedé de piedra. De piedra o de algodón, no lo tengo muy claro aún.

Ante tan sincera muestra de cariño, espontánea y preciosa, me quedé sin palabras. Me quedé desprotegida porque no es lo habitual. Yo también quiero ser más cariñosa con los demás, con las personas que quiero o aprecio. Una siempre camina con una pose tan estricta, tan cuidada y de repente, una cosa tan sencilla como un besito de alguien que te aprecia, que te lo quiere demostrar, basta que dejarte en albis. La verdad es que fue precioso. Aún no me he podido olvidar. Y no lo voy a olvidar.




Qué bonito sería que pudiéramos seguir teniendo de adultos esa capacidad. Poder ser tan cariñosos, ser tan buenos y espontáneos, repartir ternura por donde pasamos, a quien queremos. Pero de adultos es todo tan difícil. ¿ Será porque el sexo lo cambia todo? Ellxs no tienen dos caras: te quieren porque les cuidas, les proteges, les mimas, y ellxs se sientes queridos de una única forma que conocen, como pequeñinxs que se sienten queridxs y apreciadxs por personas que cuidan de ellxs. De mayores, un beso tiene muchas más connotaciones y connotaciones peores. Si yo le doy un beso a un chico que aprecio, quizá sea sólo amistad y un sentimiento tan plano como eso, pero puede que la otra persona piense que quiero algo más íntimo. Y ya te frenas.

O no sólo besos, puede que palabras. Nos cortamos ante halagos, palabras de cortesía, esas ganas de decirle a alguien que le aprecias. Y por mi parte soy incapaz de decirle nada a nadie si no sé que esa persona va a responder igual. Cuando el beso que me dieron fue porque sí. Por aprecio. Quizá yo podía haber respondido mal, pero eso a la niña no le importó cuando lo hizo. Y yo, por mi experiencia, no puedo plantearme sin que sepa que la otra persona va a pensar igual. Supongo que el mundo nos va quitando la capacidad de reproducir sentimientos hacia lxs demás. Por el qué dirán, por la mala interpretación, porque de adultos los sentimientos hacia las personas son más complejos que en la infancia. Porque hay personas que mienten muy bien y saben guardar mejor lo que sienten."


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Textos extraídos de: mujerteniasqueser

lunes, 22 de septiembre de 2014

REIVINDICANDO LA TERNURA: ¡SI NO HAY MIMOS NO ES MI REVOLUCIÓN!



Yo lo que quiero, lo que de verdad quiero, es querer. Sí, lo sé suena muy flower power y cursi y moñitas y lo que os dé la gana pero es mi deseo real y es el deseo que me incitó a trabajar en esto. Y siento que se me ha ido escapando entre los dedos desde hace un tiempo ya largo. Quizás ningunX lo hayáis podido ver. Quizás porque no llevabais tanto tiempo aquí o quizás porque no he dado espacio para hacerlo notar. Pero yo vine aquí a mimar, a hacerme cuerpo y a algo más que ya no recuerdo....


...Mi talón de Aquiles es buscar la aceptación y el cariño de todo el mundo (maaaaal) y en base a esta heridita mortal de nacimiento, he ido navegando a veces a la deriva. Esto me ha permitido conocer a personas increíbles pero ha supuesto que, para acercarme a ellas me haya forzado y quizás me mutilado un poquitín. No porque ellas me lo pidieran. Más bien fue mi complejo de tierna- suavona lo que me llevó a comportarme de manera racional, concreta, fuerte y específica. Algo que también soy, pero que me hace daño si lo soy constantemente. Desde dentro de lo que es la esencia de mi vida (llamar esencia al feminismo es un juego arriesgado) me paro para revisarlo y revisarme pues hay algo que me gustaría poder cambiar o al menos pintar en rojo para poder atenderlo, acogerlo, mimarlo.
 

Sí, he dicho mimarlo. Porque siento que al feminismo (no hay uno sólo) le faltan mimos. Le falta un espacio para la ternura, para lo suave, para el cuerpo que se derrama y no sólo con lubricante. Que sí, que sé yo que el sistema nos programó para ser blanditas y suaves, pero ¡coño!, que yo soy suavona cuando deseo y elijo; y sin lo dulce, yo muero. Cuando construimos teoría feminista lo hacemos desde diversos cuerpos y ésta es una de mis mayores pasiones. Por X motivos personales y por reconocidos motivos colectivos, escribimos desde el dolor, y la furia, y el deseo, y la nocturnidad, y la hiel, y el dolor, y el vacío pero, pero, pero apenas hay palabras que mullan los cuerpos y besen las frentes. Es como si hubiésemos tenido que renunciar a la ternura porque ella es responsable de que al final nos la acaben colando. O quizás tememos mostrar nuestra ternura porque aprendimos que ésta es síntoma de debilidad y nosotras ante todo hemos de ser fuertes. Fuertes, racionales, histéricas orgullosas, guerrilleras, irónicas, sarcásticas, zorras y maleantes SÍ, siempre y si puede ser todo a la vez, mejor; pero suavonas, mimosas, vulnerables, emotivas, blanditas…¡joder! ¡eso no! Miedo. Quizás sea miedo. Falta de práctica. Quizás comprendamos, como lo hace el sistema que nos ha domesticado, que la ternura es inútil, es estúpida, es estéril, es para “mujeres”


Ternura. Beatriz Preciado la trajo a mí esté verano en el que no he parado de ver videos y conferencias suyas. No me esperaba que alguien como él reclamará la ternura. Tenía tantas ideas preconcebidas de lo que mis compañeras hablaban de él, que le ubiqué como un enorme erudito, un ser intelectualoide al que jamás llegaría a comprender por ser una pobre mortal. Pero cuando me encerré en plena crisis estival y puse un video tras otro, no sólo comprendí, sino que me emocioné hasta el tuétano al contemplar a un ser humano con una tremenda capacidad de convocar al amor. Y es que esto es lo que yo quiero en mi revolución: amar. Amar sin romanticismos pero sin límites teóricos. No me apetece cuestionarme cada vez que se me desborda el sentimiento y valorar si estoy o no amaestrada para cuidar, mimar, acariciar.

Es que si lo estoy, de verdad, si soy un animal programado para buscar y encontrar el abrazo cálido, no me importa. Me arriesgo a vivir y a morir por ello. Sí, vale, no como dependencia- me escucho decir- pero ¡qué coño! de algo he de morir. Y al paso que voy moriré de recalentamiento intelectual. Mi cuerpo se está quedando torpe en esto de hacerse blandito y dejarse querer. Menos mal que mis hormonas hacen su trabajo y en determinadas fases (sobretodo ovulatoria y menstrual) me reclama mimar y ser mimada. De hecho, ahora que menstrúo me he decidido a hacer palabra este deseo ocultado.

Creemos ficciones más tiernas- le oí decir a Preciado. Y me quedé ahí, con el cuerpo magullado, tocado. Ficciones libertarias, ficciones en las que quepamos todxs, ficciones disfrutonas, ficciones suavonas. Para todo ello hace falta cuerpo y éste ha sido programado y diseñado para que sólo entienda el placer desde unos lugares y no otros (Manifiesto Contra Sexual de el mismo autor) Ahora bien ¿y qué pasa con el mimo? ¿con la ternura? ¿con el derramarse en los brazos? Yo necesito eso. Yo comencé este camino con ese sentir inexpresado pero real. Y no es la primera vez que entro en conflicto... esta necesidad que se me acusa cada cierto tiempo, sobretodo cuando ando fuera de mí, habitando mi cabezota intelectual cada día más amueblada, en la que ya no hay espacio para nadie más. Sí, tengo la cabeza con muchos trastos. Tengo muebles de diseño con las últimas ideas y críticas. Tengo tanto. Tanto que ya me he perdido....He perdido a aquella chica que sólo quería mimos y que buscaba vaciarse de conceptos para abrazar al mundo y dejarse tocar por él, por la magia que palpita en ese Todo Inconmensurable. La tengo guardada en alguna cómoda, en algún lugar. Lo sé porque la escucho gritar: ¡I D I O T A!...

 

Cada vez que me avergüenzo de ser una suavona, me estoy faltando el respeto. Nunca he sido cursi -a mí no me lo parezco- pero si así fuera para alguien, no debiera de haber mayor problema. No puedo ser lo que cada desconocida quiere que sea. Sólo puedo ser yo (esto me lo voy a tatuar en la frente). Y esta “yo” sin lxs demás, sin el mimo y los cariñines (sí, cariñines) es una idiota que va de autosuficiente por la vida y se le olvida respirar. Y cuando deja de respirar, sufro, porque muero. Para mí, para la mi mí...la vida es extraordinaria y mágica. Llena hasta los topes de posibilidades para la ternura (tendresa se dice en catalán y es una de mis palabras favoritas). Sí, en cada esquina hay una nueva posibilidad para crear un momento, un espacio dulce y cálido ¿Por qué he de dejarlo correr? ¿Por qué lo tengo que deshilachar con teorías que me impiden derramarme en mi cuerpo? Si aprieto bien mis pensamientos, si los condenso en uno sólo, no me queda otra cosa que el cuerpo que ama. Sólo eso. Cuerpo y amor. Amor como mimo. Como derramamiento, como apertura confiada a lo que no soy yo, como ligereza. Amor como cuerpo. Y sí, tengo argumentos en contra de éste pero no me permiten habitar esta vida con un cuerpo vivo, falible, vulnerable y desbordado. Así que ya no les atiendo más. Si la teoría no me permite vivir ¿Para qué la quiero? Para trascender el pensamiento, sí ¿Y qué hay del movimiento? ¿De lo que no se calcula ni pronostica?


Ficciones más tiernas.


Espacios donde quepamos, donde podamos expandirnos, donde gocemos desde la diversidad. Para este bitxin, el gozo es ese espacio donde una puede ponerse panza arriba y dejarse acariciar y mostrarse vulnerable y hacerse cuerpo suave y blandito. Lugares donde las palabras sirvan de bálsamo y no sólo de espada. Y sí, sé que necesitamos las palabras- espada pero también y con urgencia las palabras que curan, que sacan sonrisas, que nos devuelven al pecho calentito, a los besos en la frente, a las miradas cómplices. Quizás yo prefiera habitarme y crear desde aquí. Quizás este lugar en la esquina de la revolución, sea el sitio que puedo habitar y expandir. Ni que sea 12 días al ciclo. Pero lo reclamo, lo reivindico y lo traigo al feminismo, lo preño de él y a éste del primero. Si no hay mimos, si no hay derramamiento de caricias, palabras tiernas y abrazos infinitos, no es mi revolución.


Caricias, continuas, continuadas, incontenidas...

Título inspirado en el gran post de June Fernández: Si no puedo perrear, no es mi revolución
Texto extraído de: elcaminorubi.com