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viernes, 15 de enero de 2016

ENEMISTAD Y SORORIDAD: Hacia una nueva cultura feminista, por Marcela Lagarde



El feminismo constituye una cultura que, en su globalidad, es crítica de un sujeto social -las mujeres-, a la sociedad y la cultura dominantes, pero es mucho más: es afirmación intelectual, teórica y jurídica de concepciones del mundo, modificaciones de hechos, relaciones e instituciones; es aprendizaje e invención de nuevos vínculos, afectos, lenguajes y normas; se plasma en una ética y se expresa en formas de comportamiento nuevas tanto de mujeres como de hombres. Como nueva cultura, el feminismo es también movimiento político público y privado que va de la intimidad a la plaza; movimiento que se organiza, por momentos con mayor éxito, para ganar pedazos de vida social y de voluntades a su causa, y para establecer vínculos y encontrar su sitio en otros espacios de la política.

En segundo término, es preciso reconocer en la cultura feminista la diversidad de feminismos que surgen de sus distintos momentos de elaboración de acción, de sus historias y de las particularidades de las mismas mujeres que han participado en y de esta cultura vital. Definen también a los feminismos, las sociedades en que ocurren, sus formas de organización, así como la cultura política prevaleciente entre quienes la enarbolan y quienes la combaten; por cierto, el feminismo se despliega en ambientes democráticos y contribuye a crearlos.

En efecto, hoy es posible reconocer ya una cultura feminista. Es posible también distinguir en ella diversos feminismos, constituidos por las formas específicas en que se organizan el conocimiento y la sabiduría, los lenguajes, los hechos y las experiencias políticas personales y colectivas protagonizadas por las mujeres.


Nuestro feminismo se caracteriza:

a) Por ser una crítica marxista a la historia, incluso a la que han elaborado los marxistas. Y lo es, en dos sentidos: uno antinaturalista que pone en el centro el devenir de la sociedad y la cultura como creaciones sociales y analiza el surgimiento de hombres y mujeres, como productos tardíos y sofisticados en el proceso histórico. Se caracteriza este feminismo marxista, por el esfuerzo en la rehechura de la historia por las mujeres, desde su propio sitio, y devela la estadía de las mujeres en la historia misma.

b) Por ser una crítica etnológica al androcentrismo, a partir de la cual, el feminismo deviene filosofía cuyo eje recoge la diferencia (genérica, erótica, étnica, nacional, lingüística, de edad, entre otras), integra al ser mujer, y permite el análisis de sociedades y culturas genéricamente constituidas.

c) Por incorporar una crítica psicoanalítica de la cultura que considera historia sólo a la racional, a la evidente: es una concepción que devela e incorpora dimensiones psíquicas de la experiencia -como las síntesis entre lo inconsciente, lo preconsciente y la conciencia, entre lo real, lo imaginario y lo simbólico-, a la concepción de la realidad y la considera determinante en la historia.

d) A la definición clásica de lo humano, de lo cultural, por el trabajo, hemos sumado otras actividades creativas: al valor otorgado a la racionalidad, incorporamos el valor de nuestra irracionalidad; a la visión esquemática y autoritaria de la política, enfrentamos una visión de la vida toda, como política; a la separación de cuerpo y mente incorporamos la integración de dimensiones diversas en cada sujeto, que involucran el cuerpo y la mente, los afectos, las actividades intelectuales y la sexualidad erótica y procreadora: construimos sujetos multidimensionales; a la afirmación del progreso de la humanidad respondemos con la idea de la inexistencia de la humanidad debido a la enajenación de los sujetos que nos antagoniza, y a la de progreso respondemos con la demostración de que es éticamente inadecuado y teóricamente inconsistente afirmar el progreso de una humanidad que no existe, entre otros hechos, debido a la opresión patriarcal de las mujeres y a las diversas opresiones con que se combina: las opresiones de etiología clasista, étnica, nacional, religiosa, de edad, así como la no sintetizada opresión de la violencia, y las que surgen de la inminencia de la destrucción de todos por unos cuantos, o de la salvación a cambio de la obediencia.

Como estas aproximaciones a la realidad las mujeres feminizamos, de hecho, las representaciones del mundo e intentamos modificar las formas de vida. Son creaciones colectivas hechas desde el lugar que las mujeres ocupamos en el mundo y hoy son realizadas principalmente por mujeres. Sin embargo, el feminismo es un espacio abierto y se enriquece con hechos que suceden en los lugares más alejados y en los recovecos de la vida social y la cultura: los avances civiles, el desarrollo de la ciencia y la tecnología, los alcances cada vez mayores de difusión de la palabra, de la voz, de la imagen, la emancipación de otros grupos, todo ello es riqueza de la que nos hacemos cargo.


El feminismo es una voz, es palabra diferente que nombra, enuncia, devela, analiza y duda, son nuevos valores y códigos éticos, y es hedonismo cuyas raíces tienden a la síntesis vital de lo físico, de lo afectivo, de lo intelectual y de lo erótico. El feminismo sintetiza la experiencia histórica de un género en la que cuerpo y mente, cuerpo y afectos, razón y afectos, no están separados: las mujeres somos nuestros cuerpos y nuestra subjetividad.

El feminismo es, en esencia, política en acto. Es una crítica filosófica e ideológica a la cultura política autoritaria y al poder como dominio, y reivindica en acto el poder como derecho a existir, como afirmación de los sujetos por sí mismo.


Como concepción del mundo inacabada y desigual de las mujeres, el feminismo es subjetivo porque expresa sujetos particulares incrédulas de la verdad, del dogma, de la perfección y de la objetividad. Es un conjunto de concepciones con distintos niveles de integración que siempre está por ampliarse; su condición es el cambio. El feminismo incide y surge de las formas diferentes de ser mujer, en cada mujer.


De esta manera, el feminismo se perfila como alternativa a la cultura política porque, en contradicción con las teorías de la revolución, es una de esas revoluciones que en su permanente construcción - desconstrucción no estalla, no irrumpe: ocurre cotidianamente y en su devenir transforma a mujeres y hombres, a las instituciones, a las normas, a las relaciones; enfrenta y desacraliza los fundamentos de tabúes, así como los ritos y los mitos que hacen su representación simbólica.

Desde su parcialidad, el feminismo anticipa la necesaria visión sobre la condición masculina que aún no emerge de los hombres, en tanto género que no puede reivindicarse más como estereotipo de lo humano.

AdjuntoTamaño
Enemistad y sororidad.pdf148.83 KB

Texto extraído de: e-mujeres.net

jueves, 14 de enero de 2016

LECTURA OBLIGATORIA: SOLEDAD Y DESOLACIÓN, por Marcela Lagarde




La soledad es la emancipación necesaria.

Nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía, porque desde muy pequeñas y toda la vida se nos ha formado en el sentimiento de orfandad; porque se nos ha hecho profundamente dependientes de los demás y se nos ha hecho sentir que la soledad es negativa, alrededor de la cual hay toda clase de mitos.
Esta construcción se refuerza con expresiones como las siguientes ¿te vas a quedar solita?, ¿ Por qué tan solitas muchachas?- hasta cuando vamos muchas mujeres juntas-. La construcción de la relación entre los géneros tiene muchas implicaciones y una de ellas es que las mujeres no estamos hechas para estar solas de los hombres, sino que el sosiego de las mujeres depende de la presencia de los hombres, aún cuando sea como recuerdo.




Esa capacidad construida en las mujeres de crearnos fetiches, guardando recuerdos materiales de los hombres para no sentirnos solas, es parte de lo que tiene que desmontarse. Una clave para hacer este proceso es diferenciar entre soledad y desolación. Estar desoladas es el resultado de sentir una pérdida irreparable. Y en el caso de muchas mujeres, la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas, cuando alguien no llegó, o cuando llegó más tarde. Podemos sentir la desolación a cada instante.


Otro componente de la desolación y que es parte de la cultura de género de las mujeres es la educación fantástica par la esperanza. A la desolación la acompaña la esperanza: la esperanza de encontrar a alguien que nos quite el sentimiento de desolación. La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. La soledad es un espacio necesario para ejercer los derechos autónomos de la persona y para tener experiencias en las que no participan de manera directa otras personas.

Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona. Para construir la autonomía necesitamos soledad y requerimos eliminar en la práctica concreta, los múltiples mecanismos que tenemos las mujeres para no estar solas. Demanda mucha disciplina no salir corriendo a ver a la amiga en el momento que nos quedamos solas.


La necesidad de contacto personal en estado de dependencia vital es una necesidad de apego. En el caso de las mujeres, para establecer una conexión de fusión con los otros, necesitamos entrar en contacto real, material, simbólico, visual, auditivo o de cualquier otro tipo. La autonomía pasa por cortar esos cordones umbilicales y para lograrlo se requiere desarrollar la disciplina de no levantar el teléfono cuando se tiene angustia, miedo o una gran alegría porque no se sabe qué hacer con esos sentimientos, porque nos han enseñado que vivir la alegría es contársela a alguien, antes que gozarla. Para las mujeres, el placer existe sólo cuando es compartido porque el yo no legitima la experiencia; porque el yo no existe.

Es por todo esto que necesitamos hacer un conjunto de cambios prácticos en la vida cotidiana. Construimos autonomía cuando dejamos de mantener vínculos de fusión con lxs otrxs; cuando la soledad es ese espacio donde pueden pasarnos cosas tan interesantes que nos ponen a pensar. Pensar en soledad es una actividad intelectual distinta que pensar frente a otrxs.

Uno de los procesos más interesantes del pensamiento es hacer conexiones; conectar lo fragmentario y esto no es posible hacerlo si no es en soledad. Otra cosa que se hace en soledad y que funda la modernidad, es dudar. Cuando pensamos frente a los otros el pensamiento está comprometido con la defensa de nuestras ideas, cuando lo hacemos en soledad, podemos dudar. Si no dudamos no podemos ser autónomas porque lo que tenemos es pensamiento dogmático.

Para ser autónomas necesitamos desarrollar pensamiento crítico, abierto, flexible, en movimiento, que no aspira a construir verdades y esto significa hacer una revolución intelectual en las mujeres. No hay autonomía sin revolucionar la manera de pensar y el contenido de los pensamientos. Si nos quedamos solas únicamente para pensar en los otros, haremos lo que sabemos hacer muy bien: evocar, rememorar, entrar en estados de nostalgia.

El gran cineasta soviético Andrei Tarkovski, en su película “Nostalgia” habla del dolor de lo perdido, de lo pasado, aquello que ya no se tiene. Las mujeres somos expertas en nostalgia y como parte de la cultura romántica se vuelve un atributo del género de las mujeres. El recordar es una experiencia de la vida, el problema es cuando en soledad usamos ese espacio para traer a los otros a nuestro presente, a nuestro centro, nostálgicamente. Se trata entonces de hacer de la soledad un espacio de desarrollo del pensamiento propio, de la afectividad, del erotismo y sexualidad propias.


En la subjetividad de las mujeres, la omnipotencia, la impotencia y el miedo actúan como diques que impiden desarrollar la autonomía, subjetiva y prácticamente. La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posiblidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión. Se trata de hacer de la soledad un espacio donde es posible romper el diálogo subjetivo interior con los otros y en el que realizamos fantasías de autonomía, de protagonismo pero de una gran dependencia y donde se dice todo lo que no se hace en la realidad, porque es un diálogo discursivo.

Necesitamos romper ese diálogo interior porque se vuelve sustitutivo de la acción ; porque es una fuga donde no hay realización vicaria de la persona porque lo que hace en la fantasía no lo hace en la práctica, y la persona queda contenta pensando que ya resolvió todo, pero no tiene los recursos reales, ni los desarrolla para salir de la vida subjetiva intrapsíquica al mundo de las relaciones sociales, que es donde se vive la autonomía. Tenemos que deshacer el monólogo interior.

Tenemos que dejar de funcionar con fantasías del tipo: “le digo, me dice, le hago”. Se trata más bien de pensar “aquí estoy, qué pienso, qué quiero, hacia dónde, cómo, cuándo y por qué” que son preguntas vitales de la existencia. La soledad es un recurso metodológico imprescindible para construir la autonomía. Sin soledad no sólo nos quedaremos en la precocidad sino que no desarrollamos las habilidades del yo. La soledad puede ser vivida como metodología, como proceso de vida.

Tener momentos temporales de soledad en la vida cotidiana, momentos de aislamiento en relación con otras personas es fundamental. y se requiere disciplina para aislarse sistemáticamente en un proceso de búsqueda del estado de soledad. Mirada como un estado del ser – la soledad ontológica – la soledad es un hecho presente en nuestra vida desde que nacemos. En el hecho de nacer hay un proceso de autonomía que al mismo tiempo, de inmediato se constituye en un proceso de dependencia.

Es posible comprender entonces, que la construcción de género en la mujeres anula algo que al nacer es parte del proceso de vivir. Al crecer en dependencia, por ese proceso de orfandad que se construye en las mujeres, se nos crea una necesidad irremediable de apego a los otros. El trato social en la vida cotidiana de las mujeres está construido para impedir la soledad. El trato que ideológicamente se da a la soledad y la construcción de género anulan la experiencia positiva de la soledad como parte de la experiencia humana de las mujeres.


Convertirnos en sujetas significa asumir que de veras estamos solas: Solas en la vida, solas en la existencia. Y asumir esto significa dejar de exigir a los demás que sean nuestros acompañantes en la existencia; dejar de conminar a los demás para que estén y vivan con nosotras.

Una demanda típicamente femenina es que nos “acompañen” pero es un pedido de acompañamiento de alguien que es débil, infantil, carenciada, incapaz de asumir su soledad. En la construcción de la autonomía se trata de reconocer que estamos solas y de construir la separación y distancia entre el yo y los otros.


Texto extraído de: vrdelafuente

martes, 1 de diciembre de 2015

Libro completo "EL FEMINISMO EN MI VIDA,HITOS,CLAVES Y UTOPÍAS", por Marcela Lagarde.


Libro editado por el Instituto de las Mujeres del Gobierno Federal de México 


elfeminismoenmivida_marcelalagarde.pdf
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El Feminismo en mi vida, hitos, claves, y topías, abarca una selección de textos de Marcela Lagarde y de los Ríos, publicados, expuestos o enunciados en diferentes espacios y diferentes países, durante más de tres décadas. Es, pues, –como dice la propia Marcela- un recorrido por la República feminista.

Sororidad, feminismo, amor y sexualidad, ciudadanía y derechos, empoderamiento, violencia, feminicidio, ecofeminismo, igualdad, enemistad, soledad, maternidad; temas abordados desde la antropología feminista y desde la visión de nuestra entrañable Marcela.


Presentación
Instituto de las Mujeres del Distrito Federal Pág.7
Palabras de la autora Pág. 11

Capítulo 1
Las mentalidades y la cultura

• La construcción de las humanas: Identidad de género y derechos humanos Pág. 15
• Amor y sexualidad, una mirada feminista Pág. 43
•¿Qué quiere una mujer? Pág.57
• Las mujeres, el sincretismo y el tiempo Pág. 67
• Feminismo, diversidad sexual y República amorosa Pág. 79
• Mujeres, feminismo y academia Pág. 85


Capítulo 2
Ciudadanía de las mujeres

• La ciudadanía y los derechos humanos de las mujeres Pág. 91
• Claves para la ciudadanía de las mujeres y la democracia genérica. Una mirada feminista Pág. 119
• El empoderamiento y el poderío de las mujeres Pág. 129
• De la generación al género 40 años después Pág. 175


Capítulo 3
Derechos humanos de las mujeres

• El derecho humano de las mujeres a una vida libre de violencia Pág.185
• Delito de feminicidio. Código Penal en el Distrito Federal Pág.233
• Claves feministas para el empodermiento de (los cuerpos) de las mujeres Pág. 241
• Una perspectiva feminista de los derechos humanos de las mujeres Pág. 255
• Ser humanas, el más hondo deseo. Voces de mujeres en el Diálogo Pág. 269
• La belleza y la paz: democracia, género y etnicidad Pág. 275
• Una mirada feminista a la maternidad Pág.287
• En mi geografía, México y España colindan Pág. 293


Capítulo 4
La ciudad de los derechos

• En el ombligo de la luna Pág.301
• El feminismo es un capital político Pág.319


Capítulo 5
El paradigma feminista


• Por una izquierda feminista Pág. 331
• Una mirada ecofeminista al desarrollo humano sustentable Pág. 347
• Claves feministas para la despatriarcalización Pág. 359
• En la mira de los fundamentalismos Pág. 391
• Claves éticas para el feminismo en el umbral del milenio Pág. 407
• Por la igualdad entre mujeres y hombres, para una organización social corresponsable Pág. 427
• Retos de mujeres y hombres al inicio del siglo y del milenio Pág. 435
• Ética feminista, derechos humanos y diversidades Pág. 447


Capítulo 6
Feminismo en primera persona

• Enemistad y sororidad entre mujeres: hacia una nueva cultura feminista Pág. 461
• Nostalgia del amor cabalgado Pág. 493
• Epistemología feminista para la formación de lideresas Pág. 497
• Sororidad Pág. 543
• Pacto entre mujeres, sororidad Pág. 557
• De la desolación a la soledad Pág. 571
• Sabores y sinsabores. Experiencias de una diputada feminista Pág. 577
• Sinergia feminista por los derechos humanos de las mujeres Pág. 593
• Las mujeres latinoamericanas en el umbral del milenio: diversidad cultural y encrucijadas políticas Pág. 613
• Rebeldías y alternativas latinoamericanas Pág. 635


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Extraído de: Mujeresenred

sábado, 24 de octubre de 2015

ESTAS 14 FEMINISTAS TIENEN ALGO QUE DECIRTE SOBRE EL AMOR

El amor romántico ha sido y sigue siendo uno de los temas de los que más hablan y escriben feministas del mundo entero. Ya sean africanas, europeas, afroamericanas o latinoamericanas, todas ellas son conscientes de la importancia de romper con los mitos románticos para luchar contra la violencia de género.


Estas 14 frases son de feministas que tienen algo importante que decirte sobre el amor, la pareja y el matrimonio.


1. «El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal».
(Simone de Beauvoir)


2. «“Por amor” aguantamos insultos, violencia, desprecio. Somos capaces de humillarnos “por amor”, y a la vez de presumir de nuestra intensa capacidad de amar. “Por amor” nos sacrificamos, nos dejamos anular, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestras redes sociales y afectivas. “Por amor” abandonamos nuestros sueños y metas, “por amor” competimos con otras mujeres y nos enemistamos para siempre, “por amor” lo dejamos todo… Por eso este “amor” no es amor. Es dependencia, es necesidad, es miedo a la soledad, es masoquismo, es fantasía mitificada, pero no es amor».
(Coral Herrera Gómez)



3. «En el amor seguimos siendo muy idealistas. Somos supermodernas, con todos los elementos de la modernidad -pensamiento crítico, principio de realidad, análisis concreto-, pero en el amor nos perdemos, y seguimos queriendo amar y que nos amen según los mitos tradicionales, universales y eternos que han alimentado nuestras fantasías».
(Marcela Lagarde)


4. «El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban».
(Kate Millet)


5. «Como soy una mujer, se espera que yo quiera casarme, se espera que en todas las decisiones de mi vida siempre tenga en mente que el matrimonio es lo más importante. El matrimonio puede ser una fuente de alegría, amor y apoyo mutuo pero ¿por qué se enseña a las chicas a que deseen casarse y no se enseña lo mismo a los chicos?».
(Chimamanda Ngozi Adichie)


6. «Cada una de nosotras ha estado tan hambrienta de amor por tanto tiempo que queremos creer que el amor, una vez que lo hayamos encontrado, será todopoderoso».
(Audre Lorde)


7. «Nunca ofrezcas tu corazón a alguien que come corazones, alguien que cree que la carne de corazón es deliciosa y no rara, alguien que succiona los líquidos gota a gota y que, con el mentón ensangrentado, te sonríe».
(Alice Walker)


8. «Si las mujeres pudieran contemplar con mayor serenidad la posibilidad de una vida sin pareja, sin sentirse por ello solas o fracasadas, o con una pareja mujer, sin sentirse por ello abyectas y rechazadas, no aguantarían tanto la violencia de los machos».
(Itziar Ziga)

9. «No voy a decir que haya que suprimir el amor de nuestra vida, sino que hay que introducir otras cosas en ella, para equilibrarlo. La gente dice que el amor es lo más importante de la vida, pero yo no estoy de acuerdo. Creo que la libertad es muy importante, así como la justicia, la solidaridad… Puede que el amor sea una de las cosas más importantes, pero no la única, ni la principal».
(Mari Luz Esteban)


10. «Es muy común que las mujeres piensen que soportar el maltrato y la crueldad y luego perdonar y olvidar es una muestra de compromiso y amor. Pero cuando amamos bien sabemos que la única respuesta sana y amorosa al abuso es alejarnos de quien nos hace daño».
(Bell Hooks)

11. «Es más fácil vivir a través de alguien más que convertirte en una persona completa tú misma».

(Betty Friedan)


12. «Para entender cómo funciona cualquier sociedad debemos entender la relación entre los hombres y las mujeres».
(Angela Davis)


13. «Tú piensas que si él no te ama entonces tú no vales nada. Piensas que si él ya no te quiere él tiene razón, crees que su opinión sobre ti debe ser correcta. Piensas que si él te desecha es porque eres basura. Tú piensas que él te pertenece a ti porque tú sientes que le perteneces a él. No. “Pertenecer” es una mala palabra, especialmente cuando la usas con alguien que amas. El amor no debería ser así».
(Toni Morrison)


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14 «Amar demasiado no significa amar a demasiados hombres, ni enamorarse con demasiada frecuencia, ni sentir un amor genuino demasiado profundo por otro ser. En verdad, significa obsesionarse por un hombre y llamar a esa obsesión “amor”, permitiendo que esta controle nuestras emociones y gran parte de nuestra conducta y, si bien comprendemos que ejerce una influencia negativa sobre nuestra salud y nuestro bienestar, nos sentimos incapaces de librarnos de ella. Significa medir nuestro amor por la profundidad de nuestro tormento».
(Robin Norwood)


Texto extraído de: soyunachicamala

jueves, 22 de agosto de 2013

DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS: DERRIBANDO MITOS




“La necesidad de autoengañarse con respecto a la soledad es mucho más inmediata y apremiante que la necesidad de autoengañarse con respecto a la muerte”.
Carlos Fabretti


Esta entrada surge a partir de la escucha en nuestra labor cotidiana. Amamos patriarcalmente, y eso produce un sin fin de justificaciones y naturalizaciones que pretendemos cuestionar.


La tesis desde la que partimos es que el amor romántico -considerado como el predilecto en occidente: monogámico, heterosexual y orientado a la procreación- es parte intrínseca de la subordinación femenina, desde su definición hasta las prácticas que promueve. 
Creemos que el “amor” tal y como lo concebimos y vivimos, es parte del aparato reproductor de la desigualdad de género, en tanto organiza las emociones, el deseo, la sexualidad y los cuerpos.

   Como punto de partida, tomaremos el concepto de socialización diferencial, entendido como el proceso que se inicia al momento del nacimiento y perdura toda la vida en el que se interiorizan valores, actitudes, modos de comportamientos y expectativas en función del género. A pesar de los grandes avances acaecidos en las últimas décadas, el amor en la vida de las mujeres sigue teniendo una particular relevancia y no cesa de aparecer como parte del proyecto prioritario: no es una experiencia posible, sino LA experiencia que nos define. El amor es un mandato de género. Tomando el concepto de sincretismo de género de Marcela Lagarde, creemos que en este paso de lo tradicional a lo moderno, el modelo de amor sigue anclado a lo más tradicional incluso en muchas personas con ideas progresistas.


      El modelo de amor romántico lleva consigo mitos que aparecen como verdades absolutas. Si hablamos de mitos, hablamos de imaginario social en tanto universo de significaciones que al cristalizarse operan como organizadores de sentido y que logran su eficacia simbólica en la repetición de sus narrativas. ¿De que narrativas hablamos? De las que nos marcan como “debe ser el verdadero amor”. En este sentido Carlos Yela realiza una revisión de los principales mitos románticos que exponemos a continuación:


-MEDIA NARANJA: o creencia que elegimos la pareja que estaba predestinada para nosotros. El mayor riesgo que provoca, es el elevado nivel de exigencia y la tolerancia excesiva a la que se puede llegar porque es esa “la pareja ideal”.


-EMPAREJAMIENTO: Creencia de la pareja como algo monogámicamente natural, heterosexual y universal.


-EXCLUSIVIDAD: Marca la imposibilidad de estar enamoradx de dos personas a la vez, con los consecuentes conflictos internos y relacionales que esto acarrea.


-FIDELIDAD: Creencia de que todos los deseos deben satisfacerse con la propia pareja “si se ama de verdad”.


-CELOS: Los celos como signo de amor verdadero, usado luego como justificación de actitudes egoístas, violentas, e injustas.


-EQUIVALENCIA: Entre amor (sentimiento) y enamoramiento (estado más o menos duradero) existiría una equivalencia que impide ver las transformaciones normales de las relaciones.


-OMNIPOTENCIA: “El amor todo lo puede”.


-LIBRE ALBEDRIO: Es la creencia que nuestros sentimientos son totalmente íntimos y no están influídos por factores culturales.


-MATRIMONIO: El verdadero amor debe conducir a la unión estable de pareja. Confluencia de los conceptos de amor romántico, matrimonio y sexualidad. Es en el S XIX cuando la vinculación de estos tres conceptos se instala en el imaginario, y normativiza el amor romántico, y la satisfacción sexual pasa a ser terreno del matrimonio.



-PASION ETERNA: Creencia de que el amor y la pasión puede y debe perdurar tras años de convivencia.


      Según una investigación realizada por “Detecta Andalucía”, la clasficación total de los mitos quedaría, esquematicamente, de esta manera:





        Creemos fehacientemente en la importancia de repreguntarnos sobre los mitos, los estereotipos, las creencias y las verdades absolutas. Sostenemos que mitigar la desigualdad de género empieza por generar preguntas ahí donde existen certezas. Es un trabajo arduo, pero entendemos que un golpe producto de la violencia de género es la expresión extrema de un sistema que se sostiene en estas pequeñas certezas. Tomando las palabras de Ainoa Flecha, Lidia Puigvert y Gisela Redondo (2005 en Jimenez, J. 2011): “La violencia de género está intrínsecamente ligada a nuestro imaginario social sobre el amor, los modelos amorosos y los modelos de atractivo, a como nos hemos socializado y nos socializamos continuamente en ellos”.


         Esta idea de amor romántico se transmite en diversas narrativas: cuentos infantiles, canciones, películas, maneras de relatar las historias saturadas de estereotipos...Con este modelo se refuerza la fantasía de que “algún dia cambiará, que lo hará por amor”... “me quiere pero....”. Por “amor” las mujeres sostenemos situaciones límites de maltrato... Por “amor” buscamos príncipes azules, aunque destiñan...




 Por “amor” aguantamos insultos y maltratos...y presumimos de que “amamos demasiado”...Por “amor” dejamos nuestros deseos en un segundo plano, y nos ocupamos de los hijos, la casa, la pareja... Por “amor” competimos y peleamos con otras mujeres... Por “amor” les damos hasta nuestros ojos.. Porque el amor femenino debe ser incondicional, entregado y abnegado, porque es lo que nos completa, nos salva...

Y sino, que alguien le diga a Cenicienta que cambie el zapato de cristal por unos borcegos acordonados.



Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino



                                       



REAPRENDER A AMAR

A propósito de la no violencia en contra de las mujeres, una tarea imprescindible es la de reaprender a amar. Si no logramos convencernos de que, aun en el más grande de los amores, nadie pertenece a nadie; si no nos preparamos a soportar y cargar frustraciones, celos y pérdidas, seguiremos presenciando los mal llamados crímenes pasionales que acaban con la vida de miles de mujeres y envenenan la existencia de niños, niñas y familias enteras.
Y digo "mal llamados", porque un crimen pasional es, ni más ni menos, un homicidio y, más exactamente, un feminicidio; o sea, uno de los crímenes más viles que existen y que, con esta denominación, pretende atribuirlo a un desbordamiento de amor; es decir, a una pasión amorosa: "la amaba tanto que la mató"...
Cuántas veces hemos oído esta frase, que busca disculpar a hombres cegados ante la pérdida de un amor -una pérdida que, muy a menudo, en una cultura tan patriarcal como la nuestra, se traduce en la pérdida de control sobre una mujer-, ante una infidelidad real o imaginada, ante la imposibilidad de reconocer que el famoso "siempre tú, sólo tú y nadie más que tú" o "si no es mía, no será de nadie" son solo mitos que circulan todavía en redes simbólicas como desafortunados temas de boleros, baladas, rancheras, tangos o telenovelas, produciendo estragos incalculables.
Sí, todos y todas, nosotras y ellos, tenemos que reaprender a amar, sabiendo además que este camino de saber decir adiós a un amor, saber separarse bien, probablemente con nostalgia pero sin rabia y sin odio, es diferente para nosotras y para ellos.
Claro, para los dos, tal vez la primera lección que deberíamos aceptar es que el amor es nómada, aventurero e imprevisible. Encerrarlo, enjaularlo sirve para una sola cosa: para matarlo. El amor no se deja domesticar y el día que nos enamoramos, que tomamos este enorme riesgo de amar, deberíamos recordar que el amor existe por su mismo carácter insaciable y móvil.
Así es, y esto es justamente lo que nos embriaga cuando caemos bajo su implacable poder. Miles de novelas de la literatura universal, miles de grandes películas, miles de obras de arte están allí para recordarnos este hecho. Sin embargo, no lo hemos podido aceptar aún.
Ahora bien, en el amor, el lugar de las mujeres y de los hombres es distinto. Para las mujeres se trata de lograr ser amadas, ser deseables y así calmar y colmar todas las carencias y cobrar a la vida lo que está no pudo darles a tiempo; entonces, para ellas la pérdida de amor es una prueba desmesurada en relación con su imagen identitaria, con su narcisismo: no fue capaz de retener el hombre que ama. Y es la depresión. Las ganas de morir.
Para el hombre que encarna una masculinidad hegemónica, cuando su amor se le escapa, las ganas que tiene no son las de morir, sino las de matar, real o imaginariamente, porque durante siglos para ellos el amor y el poder han estado tradicionalmente ligados. Y cuando pierde poder, pierde el control y esto representa aun un insoportable social porque, para la cultura patriarcal, las mujeres son objetos apropiables. "Es mi mujer. Mía. Me pertenece. Soy su hombre y no puede haber otro". Y no estoy inventando nada. Son frases corrientes de hombres autores de feminicidios. Sí, urgente reaprender a amar.
Reaprender a amar sin ansias de posesión debería ser un propósito para todas, pero sobre todo para todos; tal vez así empezaríamos a bajar las aterradoras cifras de feminicidios.


* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad
Florence Thomas

LO QUE APRENDEMOS CUANDO AMAMOS



Entonces, poco a poco, vamos aprendiendo. 

Uno va aprendiendo, por ejemplo, que el cuerpo es de uno y no del otro. Que la sexualidad es de uno, y no del otro. Y que hay espacios que deben ser privados. 

Que la vida y el amor y el sexo, se comparten, pero no se entregan, porque uno siempre debe ser de uno mismo. 

Que el amor es grande... muy grande. Que el orgullo es una cosa muy fea, y que la infelicidad se deriva del prejuicio. 

Aprende uno que la libertad es bella y que el que es libre -pero libre de verdad- vuelve... o acaso nunca se va. 

Que no hay nada más hermoso y enriquecedor que HACER lo que uno SIENTE y que eso siempre es posible en tanto que abrimos nuestro corazón, somos honestos y estamos dispuestos a dar lo que recibimos. 

Que no hay nada que duela más que las mentiras y que ante todo se debe tratar al otro con respeto.

Que el alma del ser humano es honda y bella y capaz de grandes cosas. Y que si no es capaz, no es por maldad, sino por miedo. 

Que el amor se aborda tradicionalmente con desconfianza, que nos enseñan a querer poner grilletes, pero que esto es porque nosotros mismos no somos capaces de ser libres y queremos que en nuestra esclavitud, alguien nos guarde compañía. 

Que la cabeza siempre se interpone al corazón. 

Que cuando no exigimos nada, nos dan todo y si acaso no es Todo Todo, sí es siempre todo lo que el otro puede, y por eso está siempre bien.

Que la verdadera traición es el engaño. Que el amor es caprichoso, y que se mueve al vaivén del viento, pero también que sus raíces son profundas.

Que no hay ataduras para el espíritu. 

Que el sexo es hermoso y bueno -y cuando se vive sin culpa- enormemente liberador, relajante, edificante... embellecedor para el alma. 




Que podríamos y deberíamos querernos más y mejor. 




Que la capacidad de empatía no tiene límite cuando se la deja. 

Que nunca aprendemos más de nosotros mismos que cuando nos dejamos tocar verdadera y confiadamente por el otro. 




Que aunque a veces duele y es confuso, cuando hemos amado bien, aquellos que amamos estarán ahí para darnos la mano, para sostenernos cuando sintamos que desfallecemos.

Que la vida es como una rueda, que no podemos estar siempre arriba, pero que por lo mismo no tenemos que estar siempre abajo. 

Aprendemos en fin, que el amor es posible. 
Y yo amo. Y soy feliz. A todos los que amo, por la alegría infinita que traen a mi vida.



lunes, 15 de julio de 2013

AMOR Y SEXUALIDAD, UNA MIRADA FEMINISTA, Marcela Lagarde

Curso de Verano 
Universidad Menéndez Pelayo, 
Septiembre, 2008. 

Marcela Lagarde y de los Ríos




El vivir es siempre una aceleración respecto a la conciencia, 
como lo es con respecto de lo que no vive. 
La vida parece ser incontenible; 
la vida por lo pronto es un desbordarse. María Zambrano1

El sujeto simbólico del amor en diversas culturas y épocas ha sido el hombre y los amantes han sido los hombres. La mujer, cautiva del amor, ha simbolizado a las mujeres cautivas y cautivadas por el amor2Se trata del amor patriarcal y de los amores patriarcales3

En efecto, los cautiverios de las mujeres se han estructurado en torno al amor que envuelve la sexualidad erótica y procreadora. La maternidad, la filialidad, la conyugalidad, la familiaridad y la amistad, implican al amor considerado inmanente de las mujeres. Sexo, sexualidad y amor son una tríada natural asignada a las mujeres. Son la esencia del mito sobre la naturaleza femenina


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1. Zambrano, María: Los sueños y el tiempo, 68. Ciruela Madrid, 1992.
2. Lagarde y de los Ríos, Marcela: Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. UNAM, México 1989. 
3. Anna Jónasdóttir considera que “El amor es una especie de poder humano alienable y con potencia causal, cuya organización social es la base del patriarcado occidental contemporáneo. El amor hace referencia a las capacidades de los seres humanos (poderes) para hacer y rehacer “su especie”, no sólo literalmente en la procreación y socialización de los niños, sino también en la creación y recreación de los adultos, como existencias socio-sexuales individualizadas y personificadas. Jónasdóttir, Anna: El poder del amor. ¿Le importa el sexo a la democracia? Cátedra, Universitat de Valencia, Instituto de la Mujer, 13: 311, Madrid, 1993 

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        Sexualidad y amor son un binomio que contiene el proceso civilizatorio del hommo sapiens sapiens que, sobre la base del sexo construyó una sexualidad fundante del pacto social, de la cultura y la civilización, a través de pactos, tabúes y otras normas. Mitos, religiones, leyes, ideologías, arte y ciencia, han sido destinados a cincelar la sexualidad y el amor. No cualquier amor, sino el imaginado como natural entre un hombre y una mujer o entre los hombres y las mujeres, aunque desde antiguo se haya dado a veces más el amor entre hombres y, aunque en menor medida, el eros entre hombres, que de los hombres a las mujeres. Hoy, la diversidad, que empezó colándose por rendijitas, actualiza las preferencias entre hombres y se enseñorean incluso como lo mero bueno. 

       Los hombres son el sujeto del amor y del eros, de ahí su centralidad y jerarquía erótico-amorosa que es cimiento de su paternidad y de la posición suprema familiar, clánica, de linaje y comunitarias; de ahí emanan gratificaciones y cuidados afectivos, sexuales y eróticos, es vía de acceso a
trabajo personal gratuito, y es la materia de poderes personales y autoestima, de estatus, prestigio y ascenso jerárquico. Todo ello constituye un sólido soporte personal para cada hombre y para su vida cotidiana. La supremacía genérica de los hombres y su poder de dominio subyacen a cualquier experiencia. Son estructurales. 

     El amor de las mujeres a los hombres como deber ser, implica su apoyo incondicional e incrementa posibilidades de dominio personal y directo, así como genérico, de los hombres sobre las mujeres. Los hombres son el sujeto
del amor y de la sexualidad, de ahí su centralidad y jerarquía. Las mujeres son el objeto del amor de los hombres y cada vez más otros sujetos transgénero y
transexuales, también son el objeto de amor de hombres hetero, bi, trans. 

     Los hombres son amados casi siempre, las mujeres desean 
ser amadas y aman. 

     Por ende, con la posibilidad de rupturas, separaciones, divorcios y otras formas de finiquitar relaciones, para más y más mujeres aumenta como la espuma, un mal de amor: el desamor. 



     La opresión de las mujeres encuentra en el amor uno de sus cimientos. La entrega, la servidumbre, el sacrificio y la obediencia, así como la amorosa sumisión a otros, conforman la desigualdad por amor y son formas extremas
de opresión amorosa. Sin embargo, es posible observarlas como procesos y gradaciones no estables.

     Así, amor y poder han sido un continuum para la mayoría de las amorosas, una experiencia indisoluble e inevitable. Para los hombres el amor es poder en sí, una forma de incrementar megalomanías y narcisismos, así como de ejercer su dominio sobre las mujeres y sobre el mundo. Este amor contiene la desigualdad y la jerarquía como componentes sociales de género. Por ello, las parejas diseñadas para este amor son disparejas.

Amor libre 

Las mujeres son seres-para-los-hombres, escribía Simone de Beauvoir4 en 1948 al sintetizar el sentido tradicional de la vida de las mujeres de entonces, y mostraba su rechazo al matrimonio y la maternidad como búsqueda de la independencia personal y de la libertad que veía imposible en los cánones tradicionales. Su opción, el amor libre, elegido, sin exclusividad y pactado.
Sus vivencias se enmarcan en una poligamia, más que tradicional y su poliandria y poliginia novedosas, en
complejas inequidades, con actuaciones de igualdad y de realización libertarias. 

       El inmenso alarido de una mujer otrora feliz, dolida por el desamor, inunda las páginas de su relato La mujer rota5 es una lúcida develación de los estragos del amor sacrificial, la felicidad hogareña, la discapacitante dependencia del hombre que ha sido el amor de su vida y del amor de madre a una hijas que rompen con ella y, como su padre, la dejan. Sólo tras la desilusión y la desolación ella inicia un porvenir propio. En soledad y libertad. 



      Es evidente que la concepción de amores contingentes y relaciones por encima de ellos, fue para Simone de Beauvoir y otras libertarias del siglo XX, una búsqueda explicable para no reproducir la opresión amorosa y sexual de las mujeres que veían derivar de la monogamia, la dependencia y la desigualdad.
Poco miraba Simone de Beauvoir los daños colaterales a las amadas por ella o por Sartre y a sus amados contingentes6

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4“Los privilegios económicos detentados por los hombres, su valor social, el prestigio del
matrimonio, la utilidad de un apoyo masculino, todo empuja a las mujeres a desear ardientemente agradar a los hombres. En conjunto, todavía se hallan en situación de vasallaje. De ello se deduce que la mujer se conoce y se elige, no en tanto que existe por sí sino tal y como el hombre la define. por consiguiente tenemos que describirla en principio tal y como los hombres la sueñan, ya que su ser-para-los-hombres es uno de los factores esenciales de su condición concreta”. Beauvoir, Simone de: El segundo sexo, Obras Completas, Tomo III: 163 Aguilar, Madrid, 1986.
5Ídem: La mujer rota. Sudamericana, buenos Aires, 1980.
6Roelwy, Hazle: Sartre y Beauvoir. La historia de una pareja. Lumen, Barcelona, 2006.

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Eso sustanciaba su vínculo. Al inició de su vida como profesora un amor prohibido hizo que la expulsaran acusándola de pervertir a una joven. Como si fuera intocable tampoco miraba los daños a ella misma. De esa magnitud era la valoración de su vínculo con Sartre.
En La fuerza de las cosas7, nos cuenta sus caminatas de horas y horas para enfrentar sus celos, sus carencias sexuales y su desasosiego relativo a Sartre. De noche la miramos levantarse de la cama y llorar rabias y deseos insatisfechos al vivir de esa manera la elección mutua que hicieron ella de él y él de ella. Me parece que la elegida fue ella y él impuso sus condiciones que armonizaron tanto con la admiración que ella le profesaba como con su miedo a la enajenación femenina dependiente y subordinada. 

        Simone de Beauvoir y Sartre son seres circunstanciados por la guerra y la guerra fría con sus daños y privaciones, destrucción y muerte, por la sobreideologización política, por la fama y la publicidad de la vida, pero también por la resistencia y la liberación. Ahí se encuadra entre otros, su amor erotizado por el artista estadounidense Nelson Algren8. Con él vivió apegos, asombros y maravillas, y no pudo seguir por la relación privilegiada que la ligaba a Sartre e impedía a Nelson Algren experimentar el amor como ser primordial. El le dijo que no aceptaba ser el amante de la señora Sartre. Ella se ufanaba de no serlo, de estar libre y ser libre, tanto, como para sostener con Sartre una relación más allá de la contingencia. 

Seres-para-otros, cuerpos-para-otros 

Treinta años más tarde, en los 70s y 80s, como parte de la tercera ola emancipatoria feminista Franca Basaglia,amplió el concepto de Simone de Beauvoir seres-para-los-hombres, por otro que ya no abarca sólo a los hombres como sentido y destino de las mujeres, sino además de ellos, a los hijos, las familias, incluso el trabajo, la causa y todo aquello que enajena a las mujeres al convertirlas en seres-para-otros, cuerpos-para-otros9. Esta condición de género patriarcal emana de funciones, relaciones y poderes y no podría lograrse sólo a través de la dominación opresiva y violenta, y con el ejercicio de una supremacía autoritaria. Ha contado con el amor como experiencia vivida por las mujeres capaces de vínculo y de asombro por esos
otros cuyo contenido perverso, enajenante, es la entrega sacrificial. Al sacrificio, la entrega y la capacidad de vivir-para-el-otro se les ha convertido en virtudes y en dimensiones del amor de las mujeres.

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7. Ídem: La fuerza de las cosas. Sudamericana, Buenos Aires, 1979.
8. Ídem América día a día. Diario de viaje. Mondadori, Madrid, 1999.
9. Basaglia, Franca: Mujer, locura y sociedad. Universidad Autónoma de Puebla, México, 1983
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       En la 17 Conferencia Mundial sobre el Sida realizada en México, Inés Alberdi consideró que hay dos grandes pandemias en la actualidad: la violencia y el sida y las asoció. Avanza la tendencia a la feminización de la enfermedad por parte de mujeres monógamas que por la mediación del amor, el deber sexual o el sometimiento violento, han sido contagiadas del virus por su pareja. 

       El vínculo social es la base de la conyugalidad patriarcal, así como el deber sexual y de procreación, el trabajo, a cambio de espacio, comunidad, familia y manutención. Subsiste en parte del mundo. La existencia de 30 millones de viudas en la India, mujeres que viven en la precariedad por no tener un hombre cónyuge que les de un lugar en la sociedad, expulsadas de sus familias y comunidades, mendigan o viven en asilos de la caridad como en la ciudad. Son incasables y por ende desechables. Acompañan a las 100 millones de mujeres que faltan en Asia10. También, a las millones de mujeres maltratadas
por posesión y expropiación, por amor o porcelos,torturadas y sometidas a violencia sexual, física, psicológica, económica o patrimonial en su casa, en la calle, en su comunidad, en torno de su escuela o su trabajo.
Es preciso incluir en las relaciones genéricas patriarcales a las decenas de miles de mujeres víctimas de feminicidio, llevadas a la muerte violenta por cercanos y desconocidos, por el sólo hecho de ser mujeres
11, han sido en infinidad de casos victimadas por apasionados machos. Ante esta violencia de género contra las mujeres, de manera paradójica, se afirma desde una ideología victimista en boga, que los hombres son obligados a reprimir sus emociones. Esta afirmación goza de alta credibilidad, aún entre nosotras, a pesar de que están ante nuestros ojos los estragos irreparables y el dolor que ocasionan, tanta capacidad de daño y muerte. 


     Del amor al odio hay sólo un paso en entornos machistas y misóginos donde se enseñorea la supremacía masculina. Amor y misoginia, binomio patriarcal que asegura una muerte violenta a mujeres que alguna vez vieron en su
agresor al hombre y al amor de su vida y murieron por su odio
12 con la complicidad o la omisión de personeros del Estado o murieron a manos de hombres a quienes no conocían.
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10 Informe del Secretario General a la Asamblea General de la ONU sobre Violencia contra las Mujeres. ONU, 2007. Véase también, Manier, Benedicte: Cuando las mujeres hayan desaparecido. Cátedra, Madrid, 2007.
11 Lagarde y de los Ríos, Marcela: ¿Qué es el feminicidio? Cámara de Diputados, LIX Legislatura, 2004.
12 Carmen Gallano hace una reflexión sobre el odio y el sexo “… esbozaré otra perspectiva del odio, no neurótica, sino estructural en la relación con el sexo… El hombre, cuando se basta con su satisfacción fálica no comprende nada del amor, y menos de los misterios y de las veleidades del amor femenino. Y la mujer se exaspera del falicismo masculino porque ignora que es imposible saber lo que, de su ser femenino en ella misma, es extranjero a su propia subjetividad y no sólo al hombre… En lo dispar de nuestra sexualidad, hombres y mujeres somos dos razas. Quizás el odio al otro, como sexo del que estamos separados, se acerca al odio racista, el que no tolera la extranjerizad del modo de goce del otro en el espacio que compartimos. En el odio femenino o masculino podemos interrogar la intolerancia a la extrañeza de ese otro ser en su condición de radical desconocido y el desasosiego humano de estar afectados por el sexo”. Gallano, Carmen: “La pasión estéril”. En: Castilla del Pino, Carlos, Carmen Gallano y otros: El odio, 37-53: 53 Tusquets, Barcelona, 2002
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       Son demasiados los amores pobres, empobrecidos y desgastados y los amores en la pobreza. Y, desde luego, están ahí los amores imposibles y también la imposibilidad de amor. 

Sincretismo amoroso 

       La subjetividad amorosa de mujeres tradicionales y de mujeres modernas está poblada de mitos, creencias, fantasías, idealizaciones, a través de las cuales experimentan las relaciones y las vivencias amorosas. Se trata de construcciones antagónicas que caracterizan a la inmensa mayoría de las mujeres contemporáneas quienes reúnen características de ambas condiciones de género tradicionales y modernas. Por ello son mujeres sincréticas13. A pesar de su formación moderna están imbuidas en
ideologías tradicionales, románticas y de ruptura e innovación progresista o tranasgresora, de manera simultánea Muchas experimentan un derrumbe de sus fortalezas frente al amor. Lo viven como un acto de fe. Viven relaciones frustrantes, déficit e inequidad por parte de sus seres amados y en la pareja, el trío, o cualquier figura de más de cuatro. 

     En este cuadro, hay tendencias importantes de
contemporáneas que se rebelan o se oponen a esquemas del amor para toda la vida. Algunas, cada vez en mayor número, aman a mujeres, otras han dejado de esperar al hombre o la mujer de sus sueños, muchas cuentan con varios amores en su biografía amorosa, algunos implican relaciones conyugales, encuentros breves, otros más que incluyen convivencia o hasta matrimonio y un número creciente experimenta abandonos, separaciones y divorcios, con y sin secuelas personales y sociales perdurables. Las mujeres promueven la mayoría de los divorcios en el mundo.


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13 Lagarde y de los Ríos, Marcela: Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia. Horas y HORAS, Madrid, 1996.
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      Cada vez más mujeres adultas separan amor, sexualidad y procreación, aunque en una gran parte del mundo occidental, logran hacerlo después de experiencias adolescentes y juveniles que han implicado abortos y primeros hijos o hijas. 
Aparecen, al mismo tiempo en las biografías periodos importantes, largos o con decisiones de por vida de mujeres sin pareja, sinCrelación amorosa. La sociedad cada vez las ve con mayor aceptación aunque les llama solas con un tufillo de estigma. 

Tallerear el amor 

En la tallereada del amor, que es la reunión feminista reflexiva sobre la vida y, en particular sobre el amor, constato, que para la mayoría de las mujeres modernas, incluyendo a feministas, el amor es central en la biografía y
también en la utopía
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14 Lagarde y de los Ríos, Marcela: Claves feministas para las negociaciones en el amor. En: Claves feministas
para mis socias de la vida. horas y HORAS, México, 2006.
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Constato la complejidad de hechos, anhelos deseos, relaciones, prácticas y experiencias vitales. Los cambios enormes experimentados por las mujeres contrastados con la inmovilidad ígnea de la mayoría de los hombres, han tornado más complejos, contradictorios y críticos la sexualidad y el amor, sobre todo en los procesos que marcan hitos vitales y encrucijadas. 

      Aún mujeres modernas, emancipadas y empoderadas tienen frustraciones y núcleos problemáticos marcados por la desigualdad y el poder de género en sus experiencias y sus relaciones amorosas. Autorretratos de mujeres sincréticas y diversas de diversas latitudes y países incluyen sus altas capacidades intelectuales y afectivas e importantes dosis de asertividad educativa, académica, científica, artística, técnica e incluso política. Su fuerza para enfrentar retos y superarlos. Se trata de mujeres exitosas aún en las condiciones de alta exigencia de género que la modernidad ha establecido para las mujeres idealizadas como superwoman y realizadas como sobremodernas. 
Sin embargo, el éxito se completa con el correlato de enormes dificultades en la dimensión amorosa y erótica con la persona amada, conflictos personales e interpersonales para entender y decidir qué hacer, vividos con dosis muy altas de impotencia.



En muchas mujeres, se mantiene una ceguera para mirar las experiencias amorosas y, cuando son insatisfactorias o problemáticas, las viven como incapacidades y fallas propias15. Y, en el amplio universo de la culpa, con culpa. Aunque la mayoría visualiza dificultades en los otros, insiste en cambiarlos y en que las cosas mejorarán. Se trata de mujeres que se modernizan sobre todo formalmente lo que puede incluir la estética sexual, pero no la sexualidad y el amor. Parecieran ser el reducto de lo tradicional, no se modifican sino se adaptan y actualizan para seguir pautas conservadoras que impregnan dimensiones sustantivas de su existencia. Y determinan conflictos al chocar de manera antagónica con otros esfuerzos vitales. 

       Feministas que revisan sus vidas, positivamente desilusionadas, han desmontado los mitos del amor y la sexualidad patriarcales y crean alternativas. He encontrado entre nosotras nihilistas amorosas, nuevas célibes, solas por opción, transmutadoras de amores y sexualidades de orientación bisexual, lésbica, transgénero, hasta heterosexuales. Viven períodos sin amores, sin pareja, alternados con experiencias amorosas y encuentros de todo tipo. 

     Cada vez más mujeres confirman la dificultad de encontrar a alguien, porque sus elegidos, mujeres u hombres, las prefieren convencionales. Otras son prueba de relaciones perdurables incluso amorosas. Con todo, unas y otras coinciden en que son percibidas y tratadas por potenciales parejas o por sus parejas, con una gran ambivalencia. Las aprecian y las menosprecian en la práctica, las señalan como conflictivas o egoístas, sólo porque tienen vida propia e intimidad. La competencia profesional, económica y sexual y de otros tipos marca su relación amorosa.
Hay quienes acuden al vanguardismo y reclaman libertades y mente abierta a las mujeres, para acabar haciendo lo que han hecho siempre. Sin embargo, entre feministas hay quienes han resignificado sus relaciones, el amor, el eros y la sexualidad, en busca de sentido vital.


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15 “Si las mujeres fallan en relación con la norma de feminidad vigente, la falla significa para ellas pérdida de feminidad. Al mismo tiempo repercute en aquello que la generó. Aún cuando se origina en cambios diversos se considera que las omnipotentes mujeres son sus artífices y que intervinieron su voluntad y su conciencia. De ahí que las fallas de las mujeres son consideradas transgresión de tabúes”. Lagarde, 1989: 796.
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Mismidad y amor

Una sinergia de claves de modernidad de género sostiene estos cambios, tales como la escolaridad, el trabajo remunerado, la independencia económica y la incipiente ciudadanía de las mujeres. Cambios en la movilidad, el uso del tiempo y las ocupaciones y, desde luego, el control de la fecundidad con la separación de la procreación y las experiencias sexuales y eróticas ha supuesto la aparición de la voluntad amorosa y erótica, la alianza del logos y la filia, la capacidad de elegir y también de decidir. Todo ello es sólo el inicio de la transformación de las mujeres en sujetas sexuales con la eliminación de hechos opresivos, el surgimiento de goces y placeres contenidos en la libertad
sexual y en la adquisición de poderes vitales propios. Se trata de la mismidad, de la experiencia del yo misma que se abre paso a tropezones y sustenta construcciones personales y sociales de género inspiradas en las búsquedas
feministas y en las experiencias modernas de las mujeres influidas por el feminismo.
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-------------------------------------------------------------------------------------------------------16 Lagarde y de los Ríos, Marcela: Claves feministas para la autoestima de las mujeres. horas y HORAS, Madrid, 2000.
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      Con su dosis de individualidad, autonomía e independencia, confianza y amor a una misma en libertad y la experiencia de la propia autoridad, la mismidad está en la base de transformaciones profundas del amor y la sexualidad de las mujeres, cuya clave es la ética del cuidado en primera persona, con la afirmación y el desarrollo personales, la vigencia de las libertades y la dignidad, de la vida propia con sentido y solidaridad. Con ello se genera una confluencia subjetiva que permite a las mujeres mirar con menos distorsión a cualquier otro, otra sin supremacía, con su misterio, su soledad y su condición 
mortal. Ni opuestos ni complementarios. 

      Sin embargo, mujeres de todas las edades y generaciones, y la mayoría de las más jóvenes no separan el amor y la sexualidad o viven experiencias sexuales como hitos de cambios de edad, actos de rebeldía o de autoafirmación, lo que acentúa la sexualidad riesgosa y los amores mal avenidos, frente al embarazo las enfermedades y la violencia. 

     Millones de mujeres occidentales y modernas viven una sexualidad riesgosa y acuden al aborto porque la sociedad adulta y su cultura política impide que asuman la prioridad sexual de protección y cuidado y prevalecen estereotipos de que se combinan con necesidades y fantasías, reto y desobediencia: rebeldía sexual.

El amor es difícil 



     Reforzadas por el velo de la igualdad, cantidad de contemporáneas se relacionan amorosamente confiando en la igualdad entre mujeres y hombres y tienen la certeza, también, de que la igualdad es, además, un hecho entre
quienes se aman, incluso más si son del mismo sexo. Más se aman, más se igualan. Doble velo, doble riesgo. Otras más añaden a esa falsa creencia en la igualdad que omite o disminuye jerarquías reales, poderes de dominio (sujeción, control, supeditación) la creencia en que el compañerismo, la amistad y la solidaridad son posibles aunque vivan el amor y el eros en desigualdad real y de manera tradicional. Les cuesta diferenciar entre el deber ser y el amor realmente vivido. Por eso, las frustraciones son enormes. 

     Aún en condiciones de igualdad las experiencias amorosas y eróticas y las relaciones amorosas serían conflictivas porque implican expectativas, intercambio, interdependencia, cercanía e intimidad que siempre conllevan riesgo17. Sin embargo, estamos lejos de la igualdad y el amor y el eros son experiencias de poder. Por eso se complican la sexualidad y el amor, en el entramado de desigualdades que nos define -de género, de clase, de etnia, de cultura, de mundos-, cuando pretendemos equidad y satisfacción de necesidades con quienes están objetivamente apoyados en jerarquías no reconocidas y ventajas múltiples de género. Cultivamos anhelos sobre seres cuya imagen percibimos distorsionada entre velos. 

       El amor es complicado entre quienes comparten la misma lengua pero no vienen de una misma historia generacional y es más complicado entre quienes son de culturas y clases y países distintos. Gracias a esos atrevimientos tenemos mixtura y mestizaje, búsqueda de diálogo y de interculturalidad. Sin embargo, quienes los experimentan viven conflictos de adaptación sobre todo si se trata de mujeres que provienen de mundos más progresistas y se enamoran de hombres o mujeres conservadores o supremacistas. En cambio, es evidente la ganancia amorosa y erótica para mujeres emancipadas o feministas que viven en ámbitos progresistas y desarrollados que aman y son amadas por hombres o mujeres equitativos. El feminismo permite lucidez amorosa y concita la necesidad de la buena vida. 

El amor es utópico

      El deseo del amor es movilizador. Conmueve compartir con Ayaan Irsi Alí en su biografía Mi vida, mi libertad18, la incidencia en su subjetividad que tuvo la lectura a escondidas de novelas de amor occidental en el surgimiento de anhelos de género igualitaristas y libertarios y en la génesis de deseos amorosos erotizados prohibidos para ella.
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17 Para Julia Kristeva, “La experiencia amorosa une indisolublemente lo simbólico (lo prohibido, discernible, pensable), lo imaginario (lo que el Yo representa para sustentarse, para agrandarse) y lo real, (ese imposible donde los afectos aspiran a todo y donde no hay que tenga en cuenta el hecho de que yo no soy más que una parte)”. Kristeva, Julia: Historias de amor, 6 Siglo XXI, México, 1988.
18 Irsi, Alí, Ayaan: Mi vida, mi libertad, traducción Sergio Pawlowaky, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2006.
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       La experiencia me suena conocida porque las occidentales también hemos desarrollado esos anhelos a través de la literatura. Hemos leído en libros, bellos objetos del amor y visto en películas, revistas, fotonovelas, cómo ella y el se aman, se funden apasionadamente y se esfuman en la felicidad como extensión de vivencias limitadas y fugaces que, al devenir, sedimentan. Esas lecturas no han sido clandestinas. Estaban allí para nosotras, para recibir 
nuestra educación sentimental y, como Ayaan, desear vivir el amor apasionado. Para ella fueron lecturas clandestinas, aprendizajes subversivos y el descubrimiento de libertades afectivas, sexuales y eróticas inimaginables: el encuentro entre una mujer y un hombre, centro de la experiencia que une afectos, cuerpos que se tocan, bocas que se besan,
cuerpos que se encaman. 
Amor y eros unidos, entre dos amorosamente iguales,
incluso con todo y los impedimentos de las jerarquías
sociales, encuentro imposible en su sociedad y su cultura, inviable en su futuro, sólo imaginable. 

        Ayaan Irsi Alí trastocó su vida destinada, tras haber sido sometida a los cinco años a la mutilación sexual por su abuela, en ausencia de su madre, quien no quería la mutilación para sus hijas. Jovencita islamizada por predicadores fundamentalistas a pesar de ser educada y protegida por el laicismo paterno de un padre casi siempre ausente, casada por ese mismo padre con un pariente, 
matrimonio del que huyó, como huyó de su país, de la violencia y de la opresión.
 
       Mujer de allá y de acá, marcada por la violencia política, quien tras huidas, asilos, nuevo idioma y país y cultura moderna, logró su anhelo y encontró un amor a la occidental y, como amor occidental, llegó a su fin. Moderna por elección y feminista, reúne en sí la diversidad étnica, nacional, religiosa, política, sexual y de género. Proclama la urgencia de una Ilustración para el Islam. La marca la diferencia: no ser de allí donde ha vivido, no coincidir con 
su cultura y sintonizar en cambio con otra que es la del continente colonial e imperial donde, para colmo, encontró la libertad y la revolucionaria filosofía de los derechos humanos. Recorrido biográfico peligroso que le deparó el asilo, el asesinato de su amigo Theo van Gogh cocreador de la película Submission part 1. Acosada por la fatwa clánica, vive con la vida en un hilo, tras la pérdida de la nacionalidad, marcada por el ostracismo y la defenestración política vivida en Holanda, su país de adopción. ¿Qué amor o qué amores posibles habrá para una feminista somalí perseguida? 

        Después de recibir el Nóbel y a sus ochentaitantos años, Doris Lessing dedica su último tiempo y su lucidez a hurgar la construcción sexual y genérica de mujeres y hombres. En La Grieta19, con la argucia retórica del mundo al revés, nos produce escozor y desazón al nombrar a los hombres como esos seres raros, incomprensibles, mal hechos y fallidos, con sexos feos e incontrolables, quienes, tras haber sido desechados, logran sobrevivir frente a las pródigas mujeres, portentosas sexualmente, que vivían a todo dar con sus hijas en un mundo originario poblado sólo por ellas. Tras avatares y descubrimientos mutuos, unos y otras se acercan, viven conflictos por la identidad sexual y genérica sobredimensionadas. 

       Me suena conocida la sobre valoración de la diferencia entre mujeres y hombres, al mismo tiempo, la negación de la semejanza entre los más semejantes en la tierra. La grieta, metáfora sexual femenina es origen del mundo y de la vida de sus habitantes originarias, quienes engendran a otras y a otros. Todas y todos nacidos de mujer, diría con voz poética feminista 
Adrienne Rich20

      Una última reflexión sobre la sexualidad y la invención del amor inspirada en La Grieta de Doris Lessing: 

“Así entre los brazos de Marona, provisto de amor y perdón, en algún rincón de la incansable mente de Jorsa germinó un pensamiento: le contaré que he encontrado un lugar maravilloso, sí, lo haré. Ella también querrá verlos, estoy seguro. Entenderá, sí vendrá conmigo, iremos juntos, construiremos una embarcación mejor que todas las que hemos hecho y atracaremos en esa cosa y…”21



       Con esta visión, la más anciana, Doris Lessing, reitera el amor como una travesía y un lugar con alguien, el anhelo de la sintonía del deseo, la palabra y la mirada, no sobre la amada o el amado, sino sobre un mundo avisorado por compartir, un camino para andar juntos y construir, “crear algo mejor”, nos dice. 
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19 Lessing. Doris: La grieta, Lumen, México, 2007
20 Rich, Adrienne: Nacemos de mujer. Cátedra, Universitat de Valencia, Instituto de la Mujer, Feminismos 34, Madrid, 1986.
21.Lessing, Doris: 258. 
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      Me encanta. Pero algo me hace falta en esa sabia aproximación al amor. Es el 
cuerpo, son los cuerpos. La cercanía. Busco alguna voz de mi tierra que sintonice para mí amor, cuerpo, eros y sexualidad, y emerge de algún recóndito lugar la voz apapachar, del verbo papacho, en idioma náhuatl: sanar, cuidar con las manos, abrazar con todo el cuerpo. Entonces repaso a Doris Lessing: “… la travesía… compartir, un camino para andar juntos…
crear algo mejor, y añado …y apapacharnos.