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jueves, 15 de enero de 2015

PRINCIPIOS Y FINALES: Cosas que se aprenden con las rupturas

Comparativamente hablando, quizás sea más interesante analizar cómo se separan las parejas que cómo se conocen. Es verdad que la gente suele hablar mucho más sobre las separaciones que sobre los principios de las uniones.


Los principios y los finales de una relación de pareja suelen estar cargados de intenciones −aunque sean de distintos tipos−. Los principios pueden ser complicados pero la ilusión consigue facilitar su devenir. En muchas novelas y películas se muestran las múltiples y variadas peripecias que tiene que superar una pareja para terminar unida. Luego de eso se dice y se supone que 'vivieron felices y comieron perdices por siempre y para siempre'. Cuando en realidad, la convivencia de la pareja es la prueba de fuego en la relación. Ésta suele determinar si va a funcionar y a sobrevivir, además de la ya cruda prueba del paso del tiempo.

Hoy en día es posible crear contactos y conocer a parejas potenciales de las formas más sencillas que ha habido en la historia de las relaciones. Los tablones de anuncios virtuales proliferan, Internet y los millones de foros que hay por el mundo hacen los principios cada vez más comunes y sencillos. Así, las formas en que 'Chico conoce a Chica' −o 'Chico a Chico', o 'Chica a Chica'− pueden ser cada vez más insólitas.

Los finales también pueden formar historias extraordinarias.



Las razones por las que una relación tiene que terminar o interrumpirse pueden ser variadas y hasta fascinantes. Sin embargo, también es cierto que no siempre los miembros de la pareja tienen una clara idea de qué es lo que pasa. A veces pueden sentir confusión acerca de cómo proceder para disolver −de la mejor manera posible− la que hasta entonces era una historia conjunta. La vida de uno de los miembros de la pareja tiene tanto que ver con la del otro, que es aconsejable que la separación se lleve a cabo cuidadosa y pausadamente. "En tiempo de lluvias no hagas mudanza", reza el dicho. Y en este caso, resulta especialmente cierto.

Desde nuestra perspectiva, creemos importante que la separación de la pareja sea amigable y que, si es posible, se lleguen a acuerdos con los que ambas personas se sientan satisfechas. Lo deseable sería que al perder la pareja no se perdiera también a la persona amiga. Hay muchas formas de terminar.

Las peores situaciones se generan cuando se deja pasar mucho tiempo antes de aceptar que llegó el final. Cuando se deja pasar tanto tiempo, los resentimientos crecen y con ellos la crispación y la ira. Y cuando la pareja está al límite, la gota que desborda el vaso, puede suponer un abrupto y triste final que esa historia de amor no se merecía.

El gran dilema universal




A veces las parejas terminan y no porque ningunx de lxs dos sea unx miserable sino porque el amor se acaba, sí, el amour no es eterno, OJO, que sí lo son otras muchas cosas, como el cariño, el respeto y los planes futuros.

Pero qué pasa cuando esos planes de futuro empiezan a suponer que uno de los dos se aburra MAZO. Las personas en esencia no cambian está claro pero sí evolucionan, y es en ese distanciamiento que se produce al evolucionar de manera diferente cuando surge el gran dilema universal, que no es elegir entre pizza o hamburguesa o cuando darse la vuelta cuando estás tomando el sol es:

CÓMO VOY A HACER ESTO A UNA PERSONA TAN MARAVILLOSA???


Llegados a este punto hay que aclarar que este dilema universal SOLO lo tiene la gente con valores, gente que merece la pena porque la forma de actuar frente al desamor clasifica a las personas en tres tipos:

1. Cobardes con valores. Lo asumen, lo aceptan y se joden. Es temporal en realidad son un tipo 2 que les falta tiempo.

2. Cobardes sin valores. Se callan, hacen como si nada y follan con otros/-as. Es calaña, gente de la que hay que huir incluso como colegas, no respetan nada y tarde o temprano te la jugarán.

3. Gente con valores. Básicamente te quieres morir todo el rato porque no entiendes qué ha pasado para no amar a alguien tan maravilloso pero es así, no le amas y cuando crees que sí porque pasas del sí le quiero al no le quiero como mil millones de veces cada dos minutos y medio apróx. no son dudas, es miedo, lo que tiene ser mortal (si has tenido que pensar si le quieres, no le quieres)

Pues bien gente 3, el desamor como la depilación con cera, mejor del tirón. Prolongarlo solo conseguirá un desgaste emocional tremendo DE AMBOS porque una cosa os voy a decir, cuando se está con alguien “por pena” SE NOTA. Se nota que estás perdiendo a la persona que amas y esto lleva a conversaciones infinitas que no solucionan nada porque cuesta decir el “no te quiero” a quien te mira con ojos de “si me dejas me muero”. Pero ante el desamor hay que dejar sí o sí, porque él se merece quien lo ame y tú mereces amar. No hay más.

*Aclaración (2), la mierda loca esa del más me duele a mí que ti es eso, mierda loca y una mentira como un catedral, que va a ser lo mismo caerse de un bordillo que de un barranco, YA.

Cosas que se aprenden con las rupturas:


Ya seas tú la persona dejada o la ‘dejadora’, las rupturas duelen casi tanto o más que un cólico nefrítico y aún encima estas ni con Buscapina pueden tratarse. Cuando estás en plena espiral del dolor es complicado ver la luz y hay días en los que llegas a pensar que esos pinchacitos en el estómago han llegado para quedarse y jamás te abandonarán.



Tras unas cuantas semanas de montaña rusa y otras pocas semanas de tener que ir corriendo al baño de la ofi a echar unas lagrimillas, llega el ansiado momento. Esa mañana en la que te levantas y ya no hay kleenex a tu alrededor. Ese día en el que te acuestas y te das cuenta de que no has pensando en él/ella ni en la pupa que te hace durante un solo segundo. ¡Mission acomplished! ¡Prueba superada! En uno de esos procesos de duelo anoté todas esas cosillas que me han ayudado a sentirme mejor. Quizás a las que ahora mismo todavía estéis en plena vorágine de sentimientos y locura os sirvan de algo

- Tu trabajo/hobby/pasión, puede salvarte la vida. Tener obligaciones es lo mejor que te puede pasar aunque en ese momento exacto lo concibas como un coñazo. Tú preferirías quedarte en casa llorando antes que ir a trabajar, claro. Pero lo cierto es que estar ocupado es una bendición en estos casos.

- La ruptura te obligará a salir de tu zona de confort, y eso es bueno, lo creas o no. Te verás obligada a centrarte en ti misma y demostrarte que eres fuerte sin tener a nadie al lado.




- Las relaciones están formadas por dos personas y no siempre tú eres el culpable de todo. Es importante que dejes de pensar ‘y si no le hubiera dicho’, y si, y si, y si… Si habéis llegado a este punto y ninguno de los dos ha reculado, cualquier martirio posterior es innecesario.

- A la nostalgia hay que ponerla a raya. Está bien bucear entre fotos a lágrima viva los primeros días, pero no lo prolongues en el tiempo. Soy la primera a la que le gusta regodearse en su propio dolor a veces y retozarme en el lodo de los recuerdos, pero he aprendido a frenarlo cuando ya me estaba haciendo más mal que bien. Guarda las fotos, mete en caja todos sus recuerdos y deja que la vida continúe sin su presencia constante. ¡Lo agradecerás!


- A Rey muerto, Rey puesto. MENTIRA. La herida no curará si no dejas de ponerle tiritas, y más si estas tiritas son de los chinos.

- El amor no muere de un día para otro. Da igual el daño que te hayan hecho, el sentimiento positivo no desaparecerá el día que te pusieron los cuernos o te dijeron ‘hasta aquí’. Y eso, hasta cierto punto, no es malo. A mi me gusta pensar que todas esas experiencias maravillosas que un día disfrutaste con tu pareja ya te pertenecen, os pertenecen solo a los dos, y eso no habrá ruptura o broncón que te lo arrebate. En tu memoria siempre podrás acudir a ese primer beso que te robó junto a una máquina de tabaco y sonreír reviviendo las mariposas en el estómago.


- Tu familia y tus amigxs son más importantes de lo que piensas. Cuando estás en plena crisis existencial, cosas tan simples como coger el teléfono pueden darte perezón. Deja que te cuiden, deja que lxs tuyxs se preocupen por ti y te traigan bolsas de chuches o se inventen findes en la sierra para airearse. Ellxs te darán el único cariño que realmente necesitas en cada momento.

- Amar es un verbo no un sustantivo. El amor es una acción, no un concepto emocional. Parece una chorrada, pero si todos lo tuviéramos claro desde el principio nos ahorraríamos tantísimos quebraderos de cabeza…

- La gente no cambia. Y si eres de las mías (una especie de adicta a las causas perdidas), tampoco. El día que asumes que ni tú ni nadie conseguirá que X se ponga en el lugar de la gente y deje ser un/a egoísta de mierda, respirarás tranquila. Créeme.

- Tu felicidad no depende de nadie que no seas tú. Condicionar tu estado anímico a tener pareja y estar bien con ella es lo peor que puedes hacer. Redescubre tus aficiones y el gustito que da disfrutar de tu soledad de vez en cuando.

- La frase de ‘hay muchos peces en el mar’ es REAL. Esa sensación que renace tras una ruptura de que eres tú y solo tú la persona que elegirá con quién estar, y que hay cientos y cientos de personas para ti ahí fuera… eso es indescriptible. Un subidón de adrenalina que te hace sentir vivo y que quizás te haga llorar, pero de felicidad.


- Nada es para siempre, pero el dolor tampoco. Te levantarás un día y por fin podrás verlo todo con perspectiva. Ya no duele y no solo eso, tendrás toda la vida por delante y un montón de aventuras nuevas por descubrir que quizás en pareja jamás habrías experimentado. Ha llegado el momento de poner en la pared ese póster que tanto te gusta: ‘the best is yet to come’.



Textos extraídos de: yofollecontigo. y weloversize.com

miércoles, 27 de noviembre de 2013

EL AMOR ROMÁNTICO COMO UTOPÍA EMOCIONAL DE LA POSMODERNIDAD



El amor en la posmodernidad es una utopía colectiva que se expresa en y sobre los cuerpos y los sentimientos de las personas, y que, lejos de ser un instrumento de liberación colectiva, sirve como anestesiante social.

El amor hoy es un producto cultural de consumo que calma la sed de emociones y entretiene a las audiencias. Alrededor del amor ha surgido toda una industria y un estilo de vida que fomenta lo que H.D. Lawrence llamó “egoísmo a dúo”, una forma de relación basada en la dependencia, la búsqueda de seguridad, necesidad del otro, la renuncia a la interdependencia personal, la ausencia de libertad, celos, rutina, adscripción irreflexiva a las convenciones sociales, el enclaustramiento mutuo…

Este enclaustramiento de parejas propicia el conformismo, el viraje ideológico a posiciones más conservadoras, la despolitización y el vaciamiento del espacio social, con notables consecuencias para las democracias occidentales y para la vida de las personas. Las redes de cooperación y ayuda entre los grupos se han debilitado o han desaparecido como consecuencia del individualismo y ha aumentado el número de hogares monoparentales. La gente dispone de poco tiempo de ocio para crear redes sociales en la calle, y el anonimato es el modus vivendi de la ciudad: un caldo de cultivo, pues, ideal para las uniones de dos en dos (a ser posible monogámicas y heterosexuales).

De este modo, nos atrevemos a afirmar que los modelos de relación erótica y amorosa de la cultura de masas están basadas en la ideología del “sálvese quién pueda”. Mucha gente se queja de que los amores posmodernos son superficiales, rápidos e intensos, como la vida en las grandes urbes. Es cada vez más común el enamoramiento fugaz, y pareciera que las personas, más que lograr la fusión, lo que hacen es “chocar” entre sí.

Creo, coincidiendo con Erich Fromm, que a pesar de que el anhelo de enamorarse es muy común, en realidad el amor es un fenómeno relativamente poco frecuente en nuestras sociedades actuales: “La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad actual”. Y lo es porque el amor requiere grandes dosis de apertura de uno mismo, de entrega, generosidad, sinceridad, comunicación, honestidad, capacidad de altruismo, que chocan con la realidad de las relaciones entre los hombres y las mujeres posmodernas.



Por eso creo que el amor, más que una realidad, es una utopía emocional de un mundo hambriento de emociones fuertes e intensas. En la posmodernidad existe un deseo de permanecer entretenido continuamente; probablemente la vida tediosa y mecanizada exacerba estas necesidades evasivas y escapistas. Esta utopía emocional individualizada surge además en lo que Lasch denomina la era del narcisismo; en ella las relaciones se basan en el egoísmo y el egocentrismo del individuo.

Las relaciones superficiales que establecen a menudo las personas se basan en una idealización del otro que luego se diluye como un espejismo.


En realidad, las personas a menudo no aman a la otra persona por como es, en toda su complejidad, con sus defectos y virtudes, sino más bien por cómo querría que fuese. El amor es así un fenómeno de idealización de la otra persona que conlleva una frustración; cuanto mayores son las expectativas, más grande es el desencanto.

El amor romántico se adapta al individualismo porque no incluye a terceros, ni a grupos, se contempla siempre en uniones de dos personas que se bastan y se sobran para hacerse felices el uno al otro. Esto es bueno para que la democracia y el capitalismo se perpetúen, porque de algún modo se evitan movimientos sociales amorosos de carácter masivo que podrían desestabilizar el statu quo. Por esto en los medios de comunicación de masas, en la publicidad, en la ficción y en la información nunca se habla de un “nosotros” colectivo, sino de un “tú y yo para siempre”. El amor se canaliza hacia la individualidad porque, como bien sabe el poder, es una fuerza energética muy poderosa. Jesús y Gandhi expandieron la idea del amor como modo de relacionarse con la naturaleza, con las personas y las cosas, y tuvieron que sufrir las consecuencias de la represión que el poder ejerció sobre ellos.

El amor constituye una realidad utópica porque choca con la realidad del día a día, normalmente monótona y rutinaria para la mayor parte de la Humanidad. Las industrias culturales actuales ofrecen una cantidad inmensa de realidades paralelas en forma de narraciones a un público hambriento de emociones que demanda intensidad, sueños, distracción y entretenimiento. Las idealizaciones amorosas, en forma de novela, obra de teatro, soap opera, reality show, concurso, canciones, etc. son un modo de evasión y una vía para trascender la realidad porque se sitúa como por encima de ella, o más bien porque actúa de trasfondo, distorsionando, enriqueciendo, transformando la realidad cotidiana.
Necesitamos enamorarnos del mismo modo que necesitamos rezar, leer, bailar, navegar, ver una película o jugar durante horas: porque necesitamos trascender nuestro “aquí y ahora”, y este proceso en ocasiones es adictivo. Fusionar nuestra realidad con la realidad de otra persona es un proceso fascinante o, en términos narrativos, maravilloso, porque se unen dos biografías que hasta entonces habían vivido separadas, y se desea que esa unión sitúe a los enamorados en una realidad idealizada, situada más allá de la realidad propiamente dicha, y alejada de la contingencia. Por eso el amor es para los enamorados como una isla o una burbuja, un refugio o un lugar exótico, una droga, una fiesta, una película o un paraíso: siempre se narran las historias amorosas como situadas en lugares excepcionales, en contextos especiales, como suspendidas en el espacio y el tiempo. El amor en este sentido se vive como algo extraordinario, un suceso excepcional que cambia mágicamente la relación de las personas con su entorno y consigo mismas.

Sin embargo, este choque entre el amor ideal y la realidad pura se vive, a menudo, como una tragedia. Las expectativas y la idealización de una persona o del sentimiento amoroso son fuente de un sufrimiento excepcional para el ser humano, porque la realidad frente a la mitificación genera frustración y dolor. Y, como admite Freud (1970), “jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado o su amor”.

Quizás la característica más importante de esta utopía emocional reside en que atenúa la angustia existencial, porque en la posmodernidad la libertad da miedo, el sentido se ha derrumbado, las verdades se fragmentan, y todo se relativiza. Mientras decaen los grandes sistemas religiosos y los bloques ideológicos como el anarquismo y el comunismo, el amor, en cambio, se ha erigido en una solución total al problema de la existencia, el vacío y la falta de sentido.


Otro rasgo del amor romántico en la actualidad es que en él confluyen las dos grandes contradicciones de los urbanitas posmodernos: queremos ser libres y autónomos, pero precisamos del cariño, el afecto y la ayuda de los demás. El ser humano necesita relacionarse sexual y afectivamente con sus semejantes, pero también anhela la libertad, así que la contradicción es continua, y responde a lo que he denominado la insatisfacción permanente, un estado de inconformismo continuo por el que no valoramos lo que tenemos, y deseamos siempre lo que no tenemos, de manera que nunca estamos satisfechos. A los seres humanos nos cuesta hacernos a la idea de que no se puede tener todo a la vez, pero lo queremos todo y ya: seguridad y emoción, estabilidad y drama, euforia y rutina.


La insatisfacción permanente es un proceso que nos hace vivir la vida en el futuro, y no nos permite disfrutar del presente; en él se aúna esa contradicción entre idealización y desencanto que se da en el amor posmoderno, porque la nota común es desear a la amada o el amado inaccesible, y no poder corresponder a los que nos aman. La clave está en el deseo, que muere con su realización y se mantiene vivo con la imposibilidad.

Si la primera contradicción amorosa posmoderna reside fundamentalmente en el deseo de libertad y de exclusividad, la segunda reside en la ansiada igualdad entre mujeres y hombres. Por un lado, la revolución feminista de los 70 logró importantes avances en el ámbito político, económico y social; por otro, podemos afirmar que el patriarcado aún goza de buena salud en su dimensión simbólica y emocional.

En algunos países las leyes han logrado llevar las reivindicaciones de los feminismos a la realidad social, pese a que la crisis económica nos aleja aún más de la paridad y la igualdad de mujeres y hombres en el seno de las democracias occidentales. Además de esta ansiada igualdad legal, política y económica, tenemos que empezar a trabajar también el mundo de las emociones y los sentimientos. El patriarcado se arraiga aún con fuerza en nuestra cultura, porque los cuentos que nos cuentan son los de siempre, con ligeras variaciones. Las representaciones simbólicas siguen impregnadas de estereotipos que no liberan a las personas, sino que las constriñen; los modelos que nos ofrecen siguen siendo desiguales, diferentes y complementarios, y nos seguimos tragando el mito de la media naranja y el de la eternidad del amor romántico, que se ha convertido en una utopía emocional colectiva impregnada de mitos patriarcales.

Algunos de ellos siguen presentes en nuestras estructuras emocionales, configuran nuestras metas y anhelos, seguimos idealizando y decepcionándonos, y mientras los relatos siguen reproduciendo el mito de la princesa en su castillo (la mujer buena, la madre, la santa,) y el mito del príncipe azul (valiente a la vez que romántico, poderoso a la par que tierno).

Muchos hombres han sufrido por no poder amar a mujeres poderosas; sencillamente porque no encajan en el mito de la princesa sumisa y porque esto conlleva un miedo profundo a ser traicionados, absorbidos, dominados o abandonados.Los mitos femeninos han sido dañinos para los hombres porque al dividir a las mujeres en dos grupos (las buenas y las malas), perpetúan la desigualdad y el miedo que los hombres sienten hacia las mujeres. Este miedo aumenta su necesidad de dominarlas; el imaginario colectivo está repleto de mujeres pecadoras y desobedientes (Eva, Lilith, Pandora), mujeres poderosas y temibles (Carmen, Salomé, Lulú), perversas o demoníacas (las harpías, las amazonas, las gorgonas, las parcas, las moiras).

Paralelamente, multitud de mujeres han besado sapos con la esperanza de hallar al hombre perfecto: sano, joven, sexualmente potente, tierno, guapo, inteligente, sensible, viril, culto, y rico en recursos de todo tipo. El príncipe azul es un mito que ha aumentado la sujeción de la mujer al varón, al poner en otra persona las manos de su destino vital. Este héroe ha distorsionado la imagen masculina, engrandeciéndola, y creando innumerables frustraciones en las mujeres. El príncipe azul, cuando aparece, conlleva otro mito pernicioso: el amor verdadero junto al hombre ideal que las haga felices. Pese a estos sueños de armonía y felicidad eterna, las luchas de poder entre hombres y mujeres siguen siendo el principal escollo a la hora de relacionarse libre e igualitariamente en nuestras sociedades posmodernas; por ello es necesario seguir luchando por la igualdad, derribar estereotipos, destrozar los modelos tradicionales, subvertir los roles, inventarnos otros cuentos y aprender a querernos más allá de las etiquetas.



Por Coral Herrera Gómez 
Texto extraído de:Entretantomagazine.com

domingo, 24 de noviembre de 2013

RELACIONES DE "AMOR Y ODIO"

En el inmenso prisma de las relaciones de pareja podemos encontrar muchísimos tipos y estilos. En algunos casos, la propia relación propicia el crecimiento de ambos miembros de la pareja. En otros, sin embargo, se crean dinámicas que pueden resultar bastante destructivas y dañinas. Es posible que las dinámicas sean positivas desde el principio. Pero es probable simplemente que algunos patrones de conducta se agudicen poco a poco y vaya creando dinámicas poco sanas.

El gran desafío en la relación es mantener equilibrio entre la cercanía y la independencia que sientes los miembros de la pareja. No es poco común que uno o ambos vayan cediendo y perdiendo iniciativa hasta llegar a un punto que les resulta francamente incómodo. Su sensación de libertad se va perdiendo y van sucumbiendo a la inercia de una relación dependiente −o incluso simbiótica−. Por desgracia, la percepción que tienen de lo que está ocurriendo suele ser poco clara, vaga y confusa. La mezcla de sentimientos nubla la percepción de la situación y uno −o ambos miembros de la pareja− se ve determinado más fuertemente por la emoción que por la razón.

El principal problema con este tipo de relaciones es que se van creando resentimientos. La persona siente −consciente o inconscientemente− que ha cedido demasiado, que su individualidad se ha ido perdiendo y se siente cada vez menos libre en sus movimientos. La dependencia que ha ido creando le pasa factura. Al mismo tiempo esa dependencia le impide evaluar la situación con claridad y optar por elecciones que pueden conducirle a sensaciones más agradables y a una relación más sana.

La mezcla de amor y rechazo puede causar muchísima confusión y dolor. Normalmente, hace que el devenir de la relación −para bien o para mal− sea bastante complicado. Por un lado, es posible que las personas sigan queriéndose −aunque el amor tenga tintes de egoísmo y dependencia−. Por otra parte, el resentimiento generado a causa de la sensación de pérdida de libertad produce malestar, aversión y hasta odio con respecto a la otra persona. Y así, los miembros de la pareja oscilan entre el amor y el rechazo que sienten hacia cada cual.


¿Has tenido en alguna ocasión en una relación de amor y odio? ¿Recuerdas alguna obra literaria o película que refleje este tema? ¿Conoces relaciones de este tipo?

CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN APEGO......

Lic. Verónica Figuero
Por muchos años por tradición nos inculcaron esterotipos como que "el amor es sufrimiento", "por amorse sufre", "el verdadero amor se sufre", "quien siente celos es porque ama". de esta manera se va instalando la idea del amor dependiente, posesivo, generador de miedos, relaciones insanas, insatisfacciones que dificultan la autonomía, el respeto por uno mismo y por el otro, la libertad.


La dependencia emocional es un dependencia afectiva por la que se genera una especie de "adicción" a la pareja. En la dependencia emocional, quien la padece es controlada por su necesidad de la otra persona. Su miedo por perderla y a la soledad van contaminando esa relación y la modalidad del vínculo. Se manifiesta como un vínculo ansioso, donde se siente la continua necesidad de saberse amado por su pareja, miedo a no ser querido, miedo a la pérdida del objeto de su amor, celos desproporcionados, ideas contradictorias sobre el amor, dificltad para terminar una relación aún cuando ésta se muy problemática.

A muchas personas no les cuesta hacer cambios en su vida. Hay personas que no están bien en una relación de pareja, pero aun así, generan un apego insano con el otro y sienten una total incapacidad de renunciar a ese vínculo afectivo aunque en su interior sepan que se ha roto el amor sano. Aunque la relación limite claramente el propio desarrollo o atente contra los valores y principios más profundos, no se lo deja ir.

De esta manera se va generando un amor tóxico, donde se hace daño y se pierde la vivencia de felicidad, de sentirse a gusto con la pareja. Pero aun así, la persona que desarrolla una conducta de apego no puede terminar con esa relación. No sueltan al otro bajo ningun concepto. La persona que sufre este tipo de amor, dedica tanto tiempo al otro que se olvida de si misma, de cuidarse, de lo que le gusta, de lo que quiere, incluso se olvida de como es. Todo para el otro, para no perderle, para que no se vaya.

El perjuicio del apego afectivo es abrumante, según los expertos la mitad de las consultas psicológicas se deben a problemas ocasionados o relacionados con dependencia afectiva, y en muchos de los casos a pesar de que la relación es perjudicial, los afectados son incapaces de ponerle fin, por miedo al abandono, la soledad o la perdida afectiva.

La adicción afectiva enferma, incapacita, elimina criterios, degrada, deprime,genera estrés, asusta, cansa, desgasta y, acaba con todo residuo de humanidad posible, ya que la persona dependiente desarrolla patrones obsecivos de compartamientos, se vuelve un ser temeroso, celoso, inseguro y hace lo que sea para mantener a la persona a su lado, así sea aguantando humillación y sufrimiento en silencio, todo por no perder a la persona "amada".

Según el Psicólogo Walter Riso, el pensamiento central de la persona apegada afectivamente y con baja tolerancia al sufrimiento se expresa así:"No soy capaz de renunciar al placer, bienestar y seguridad que me brinda la persona que amo y no soporto su ausencia. No tengo tolerancia al dolor. No me importa qué tan dañina o poco recomendable sea la relación, no quiero sufrir su pérdida. Definitivamente, soy débil. No estoy preparado para el dolor".

En éste tipo de pensamiento, la ruptura se vive como imposible, se da una ilusión de permanencia típìca de la conducta de apego

"Es imposible que nos dejemos de querer. Nuestro amor es para siempre...Sólo es una cirsis, ya vamos a estar bien de nuevo...Vamos a estar juntos para siempre...para toda la vida".


Pensar de esta manera es morir en vida, es negarte la posibilidad de sentir un amor libre de ataduras, sin miedo a la pérdida y sin hacer de ti un ser humano minúsculo, incapaz de tener un verdadero y propio sentido de vida. Debemos desligarnos de amores enfermizos, y vencer el apego afectivo, así que es importante estar claros que el desapego no es desamor, sino una manera sana de relacionarse, cuyas condiciones son: independencia, no posesividad y no adicción, lo cual se consigue respetandonos, valorandonos, y que nuestro proyécto de vida no sea en base a otra persona, mas que en nosotros mismos.

Walter Riso en su libro ¿Amar o depender?, nos invita a hacer del amor una experiencia plena y saludable, libre de ataduras, presentandonos un concepto de amor real:

"Amar sin apegos es amar sin miedos. Es asumir el derecho a explorar el mundo intensamente, a hacerse cargo de uno mismo y a buscar un sentido de vida. También significa tener una actitud realista frente al amor, afianzar el autorrespeto y fortalecer el autocontrol. Es disfrutar de la dupla placer/seguridad sin volverla imprescindible. Es hacer las pases con Dios y la incertidumbre. Es tirar la certeza a la basura y dejar que el universo se haga cargo de uno. Es aprender a renunciar.

El amor está hecho a la medida del que ama. Construimos la esperiencia afectiva con lo que tenemos en nuestro interior; por eso nunca hay dos relaciones iguales. El amor es lo que somos. Si eres irresponsable, tu relación será irresponsable. Si eres deshonesto, te unirás a otra persona con mentiras. Si eres inseguro, tu vínculo afectivo será ansioso. Pero si eres libre y mentalmente sano, tu vida afectiva será plena, saludable y trascendente.


Amar sin apegos no implica insensibilizar el amor. La pasión, la fuerza y el impacto emocional del enamoramiento nunca se merman. El desapego no amortigua el sentimiento; por el contrario lo exalta, lo libera de sus lastres, lo suelta, lo amplifica y lo deja fluir sin resticciones".


lunes, 23 de septiembre de 2013

ANATOMÍA DEL HOMBRE GUADIANA...






¿QUIÉN ES EL HOMBRE GUADIANA?
Si, hablaremos en masculino porque es una práctica más común entre los machitos

Es el típico hombre que, tras un par de grandiosas citas, en algunos casos incluso durante unos meses....desaparece del mapa. Y unas cuantas semanas, meses o años después, vuelve a aparecer como si nada, pretendiendo volver a entrar en tu vida cual elefante en una cacharrería...de incógnito y como si no hubiera pasado nada. 
Se comporta igual que el famoso río de la Peninsula Ibérica...

¿CÓMO ACTUA?

Como un actor del método. Por eso es muy fácil caer en sus redes, puesto que tiene ensayado perfectamente el papel de "hombre perfecto": educado, atento y con una gran labia (muchas veces para compensar otras "pequeñeces" de su anatomía ).


Todo ficción desde el tamaño (ya quisieran...) hasta las palabras
Te adula y te dice lo que quieres oír  llegando en muchas ocasiones a simular unos sentimientos de los que carece y tiempo después incluso niega haber dicho tal o cual cosa, intentando confundirte o tratándote de taradx mental por pensar que compartisteis algo. 
También intenta impresionarte con logros económicos, laborales, deportivos e incluso a veces pseudo intelectuales.
Podríamos compararlxs con lxs políticos en época de campaña electoral, un programa muy currado, unos gestos tan amables como falsos e interesados y una vez conseguidos los polvos....digo los votos, se desmonta la farsa....durante 4 años, claro, que luego han de volver a hacer campaña electoral... 




¿CUÁLES SON SUS OBJETIVOS?

Tiene relaciones cíclicas con distintas mujeres para mantener todas sus opciones abiertas. No quiere comprometerse con una pareja estable porque eso significaría perder a las demás y cerrarse a nuevas víctimas. Pero tampoco quiere perderte, puesto que tiene una personalidad acaparadora, ególatra e insaciable. 





Por eso te mantiene en la recámara mientras se ocupa de otras piezas. 
Pero no solo se comportan así a nivel afectivo-sexual, no, también lo hacen con sus amistades, aparecen y desaparecen a su conveniencia o interés personal.

¿CÓMO DESENMASCARARLOS?

Si no estás segura de sus intenciones ponle a prueba. Corta de raíz las relaciones sexuales pero propón otro tipo de encuentros o planes. Si es un hombre Guadiana desaparecerá del mapa. Otra forma de ponerle en evidencia es presentarle a tu amiga más sexy. si le tira los tejos también a ella...¡¡Lo has pillado!!. Aunque son tan básicos que se les acaba viendo venir

¿QUE HACER?

En mi humilde opinión, los "Hombre Guadiana" deberían extinguirse, puesto que pueden hacer mucho daño a las personas, incluso algunxs disfrutan y se regodean de su actitud y otros hasta se creen libres cuando no son más prisioneros de sus prejuicios y miedos porque no se puede. Así que deja de contestar sus llamadas, mensajes, bloquealos en las redes sociales (suelen tener perfiles para mantener en la recámara los cadaveres bien calentitos)....Y SI DECIDES SEGUIR, QUE SEPAS QUE SIEMPRE SERÁS UNA MÁS



No los creas más....No cambian por mucho que intenten hacertelo creer... Son robots programados para autosatisfacerse a cualquier precio 
Aún no sabemos cómo se atreven, pero siempre se atreven, NI CASO, ¡¡A OTRA COSA MARIPOSA!! que lxs aguanten otrxs...o como he dicho que se extingan ahogándose en sus propios egos







A GOZAR TOCA CON PERSONAS NO TÓXICAS!!

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS...Y FINALES


lunes, 9 de septiembre de 2013

MUJER QUE SABE LO QUE QUIERE...SIN EXCESO DE EQUIPAJE