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jueves, 8 de octubre de 2015

MANUAL-CURSO DE AUTODEFENSA FEMINISTA PARA MUJERES


Documentos adjuntos
curso_de_autodefensa_feminista_de_maitena_monroy.pdf (PDF - 2.5 MB)

Federación Estatal de Organizaciones Feministas








Manual_Curso de Autodefensa Feminista para mujeres

Maitena Monroy




ÍNDICE

UNIDAD 1:

EL GÉNERO Y LA VIOLENCIA.

1.1 Sistema sexo/género.

El sexismo como prejuicio más mantenido en el tiempo.

Causas de perpetuación y herramientas de actuación.


1.2 Tipos de violencia sexista.

Simbólica, estructural y directa.

Errores de abordaje en la violencia de “género”.


UNIDAD 2:ESTRATEGIAS DE DOMINACIÓN.

2.1 Las estrategias directas de dominación.

El cuerpo, la mirada, la definición, la intimidación, la agresión.


2.2 Los cuidados como obligación.

La/s dependencia/s emocional/es. El ideal de amor romántico,

la media naranja (concepto de complementariedad).


UNIDAD 3: PREVENCIÓN Y ACTUACIÓN FRENTE A LA VIOLENCIA.

3.1 Situaciones concretas de agresión o pre-violencia.


3.2 Estrategias de prevención y actuación.


ANEXO I

ELEMENTOS PARA ENTENDER EL CICLO DE LA
VIOLENCIA HABITUAL EN LAS RELACIONES
AFECTIVO-SEXUALES.

ANEXO II

INDICADORES ABUSO VERBAL.

ANEXO III

TEST PARA IDENTIFICAR EL MALTRATO.


2008-2015 Coordinadora Feminista



Texto extraído de: feministas.org

sábado, 12 de septiembre de 2015

CONSEJOS ÚTILES PARA NO SER UN IMBÉCIL SEXISTA



La noticia lamentable del asesinato de Daiana García y la aparición de su cuerpo semidesnudo en un descampado detonó -como suele suceder- en las redes un aluvión de comentarios reaccionarios y sexistas que atenúan la gravedad del caso. Comprometidas a combatir con esta maquinaria retórica de la pelotudez, le ofrecemos aquí una serie de consejos sencillos para evitar la contaminación ideológica de semejantes expresiones y lograr así no ser un imbécil sexista.

1. Deje de hablar de la ropa de la víctima. Primero que nada absténgase de hablar de la ropa. Muchos dicen cosas por el estilo de “así vestida cómo querés que no le pase?”. Es un razonamiento estúpido que no tiene aplicación universal: si le rayan el auto usted no dice “la culpa es mía por comprarme un Volkswagen y no un Fiat”, si le roban el celular usted no dice “la culpa es mía por andar mostrando este teléfono de cuatro lucas en la calle”. Por otro lado, tampoco nadie le avisa a los hombres que andan en cuero por Buenos Aires en verano “no salgas así que te van a empomar”. Es estúpido. Por favor, no sea un estúpido.


2. La mujer no está para satisfacerlo. Sepa, ante todo que usted vive en una cultura machista. No se alarme, tiene solución, pero primero hay que afrontarlo: nos han acostumbrado a pensar a la mujer como un objeto de satisfacción sexual masculina. Que se vistan así, que sean asa, que hagan esto y que hagan lo otro, pero que no nos digan que no. Cuando una mujer le dice que no (o cuando por inseguridad ni siquiera se anima a preguntarle) usted siente la necesidad de pensar que es una histérica o una puta o las dos cosas. Nada de eso, simplemente no es la persona que desea estar con usted. Afortunadamente hay muchas personas por ahí, no se desespere. Siga intentando y por favor, diviértase sanamente en el intento.


3. Deje de responsabilizar a la víctima. Que usted crea que una mujer corre riesgos por la forma en la que se viste puede ser más o menos acertado si nos basamos en el hecho extensamente comprobado de que los hombres maltratan a las mujeres por motivos de índole sexual.
De ahí a responsabilizar a las mujeres hay un largo trecho. Lea a continuación los siguientes enunciados y vea si puede entender la diferencia:

Enunciado A: “Entiendo que tu sentido individual de la estética te lleva a elegir esa vestimenta que, incidentalmente, va a llamar la atención de muchos hombres. No desestimes la posibilidad de que algunos de esos hombres, posiblemente mal educados, te lo hagan notar de formas más o menos violentas, humillantes y/o escandalosas.”

Enunciado B: “Puta, no mostrés el culo si no querés que te lo toquen.”

Si usted se identifica más con el segundo enunciado relea nuevamente el punto 2.

4. Canalice sus frustraciones en otro lado. 


El acoso, la violación y el asesinato, entre otros tipos de violencia son siempre 100% culpa de los que los perpetúan y no de las víctimas. Cuando culpa a la víctima de su propio asesinato por el hecho de vestirse de tal manera y sacarse determinado tipo de fotos usted participa en una forma colectiva de canalizar frustraciones producidas por la propia cultura del exitismo y la cosificación de la mujer. Usted es parte de la misma sociedad que promueve la banalización del cuerpo y que luego va y condena a las mujeres que buscan cumplir los estándares de belleza y atracción promovidos. Usted participa de esa condena simbólica que se transmite por medio de los cientos de comentarios reaccionarios y que tiene un correlato bien real y material en el hecho concreto del femicidio, ya que este se ejerce desde el mismo lugar que el comentario malicioso: el deseo de controlar y anular a la mujer como sujeto sexual. Eso está muy mal.

5. El femicidio es grave, no lo minimice.  
Se sigue de lo anterior que cualquier intento de minimizar un femicidio por las particularidades tanto de la víctima como del agresor son formas de negar el problema de fondo. Por supuesto que el secuestro y el asesinato distan de ser comportamientos mayoritarios. No infiera usted de ello que el perpetrador del femicidio es simplemente un loco, un anormal que no lo representa. Por más que sea una forma exagerada y criminal, expresa ese deseo de control de la mujer y de sanción a la negación de satisfacernos sexualmente. Digámoslo así: los femicidas son a los que silban a las chicas en la calle lo que las multinacionales a las PyMEs. Evite crecer en ese negocio.

6. Deje al concepto de femicidio en paz.  Usted cree que es muy listo cuando dice que el concepto de femicidio promueve la desigualdad de género. No celebre aún, no descorche el champagne, usted no ha refutado nada. Dejando de lado su malicioso interés por impugnar la existencia de un concepto que sirve para ampliar derechos (sabrá usted por qué lo hace, quizás es de esas personas que detestan los feriados), vayamos al hecho de que el concepto de femicidio no se basa en la condición de género de la víctima sino en el móvil del victimario. Femicidio es el asesinato a una mujer solo por el hecho de ser mujer. No hace falta ser abogado para saber que existen varias clasificaciones de homicidios que se basan en los motivos y circunstancias que le han dado lugar. Esta no es la excepción.

-¡Momento! ¿Pero con esa lógica no puede decirse que cuando una mujer mata a un hombre lo mata por ser hombre?

Añadir leyenda
Bueno, no sabía que usted tendría derecho a réplica en este texto, pero ya que lo pregunta, no. Estadísticas de la Organización Mundial de la Salud dan cuenta de que el 35% de las mujeres asesinadas en el mundo son víctimas de sus parejas o ex parejas, mientras que en el caso de los hombres sólo el 5% (en muchos casos en defensa propia ante situaciones de violencia doméstica). Esto, según la misma entidad, se considera femicidio íntimo, cuando es perpetrado por un compañero o ex compañero amoroso. Entre otras categorías también clasifican femicidios realizados en base al “honor” (cuando un miembro de la familia mata a una mujer por considerar que sus conductas sexuales efectivas o presuntas -los embarazos lideran el ranking- le da “mala reputación” a la familia) y femicidios cometidos por extraños. Esta última clase de femicidio es la más recurrente en América Latina. Específicamente aquí, el Observatorio de Femicidios en la Argentina reveló que en 2013 se cometió un femicidio cada 30 horas, 295 en total (un 16% más que en 2012).

Es decir, la recurrencia con la que se asesinan mujeres en circunstancias que no son de robo, ni desde otro tipo de intereses probados que no sean los celos, el miedo al abandono o el intento de controlar y someter a las mujeres da cuenta de una tendencia que no tiene correlato ni semejanza en el caso de los hombres. El concepto es necesario, déjelo en paz.

7. No le diga “feminazis” a las feministas. 
Comparar al feminismo con el nazismo es de una ignorancia atroz que usted no quiere andar exhibiendo. El feminismo es un movimiento (o una sumatoria de movimientos) por la igualdad de hombres y mujeres en un mundo que, si usted concede algo de razón a todo lo que estamos diciendo, es considerablemente desigual entre géneros. Cierto es que se ha avanzado mucho en cuanto a asegurar condiciones equitativas para hombres y mujeres. ¡Eso es mérito del feminismo! Que usted haya conocido a mujeres que se dicen feministas y se haya sentido maltratado por ellas no es relevante. Primero lo invito a reflexionar sobre ese maltrato. Revea la situación, quizás no lo maltrataron, quizás fue usted el que se sintió violentado internamente por algo que ellas hayan hecho o dicho pero no necesariamente orientado hacia usted (si lo hicieron tiene derecho a despreciarlas ¡pero solo a ellas, no a todas!). No es raro que un hombre (o una mujer con mentalidad machista, que las hay y muchas) se sienta atacado cuando escucha hablar a las feministas. Uno suele sentirse atacado ante expresiones y visiones del mundo que contradicen fuertemente el modo en el que está estructurada nuestra vida, nuestras costumbres y valores. El machismo es exactamente eso, una forma en la que hemos estructurado nuestras vidas, las atribuciones y roles de hombres y mujeres y nuestros deseos. Es lógico que el feminismo lo violente, ahora bien, póngase usted en el lugar del otro y piense. Quizás se de cuenta de que hay mucho por cambiar para que todos vivamos un poco más contentos.

8. Córtela con los comentarios. Por último, aléjese un poco de la compu. Hay que dejar de comentar noticias por dos años, por lo menos. Debátalas con sus amigxs y allegadxs y deje de refregarle a todo el mundo lo que usted piensa en la cara. Esto no tiene nada que ver con el sexismo, pero me pareció oportuno decírselo.

Nico Canedo
Texto extraído de: orillasur

domingo, 23 de agosto de 2015

AUTODEFENSA PARA MUJERES


"Lo opuesto al patriarcado no es el matriarcado,
es la fraternidad entre géneros. 
Todas y todos somos lxs responsables 
de romper las relaciones de poder para 
encontrar un camino hacia la cooperación."



Esta publicación está escrita y pensada por y para mujeres. La información que contiene se basa en las vivencias que, como mujeres de esta cultura, nos acontecen y caracterizan.
La idea de esta publicación no es profundizar las diferencias entre géneros, sino replantearnos cuáles son las formas de reproducción del rol femenino asignado que nos limita, somete e inferioriza.
Es una invitación a la toma de conciencia y al autoreconocimiento para poder empezar a romper con todos estos años de sumisión y trabajar conjuntamente por nuestra autonomía y libertad.

A continuación tratamos de reproducir las bases y herraminetas que construimos en grupo con otras mujeres, añadiendo experiencias personales e indagando en nuestra propia historia.

Las personas que recopilamos esta información fuimos mujeres abusadas sexual y físicamente durante nuestra infancia y a lo largo de nuestras vidas, escribir esto nos hizo remover mucha mierda


¡NINGUNA AGRESIÓN SIN RESPUESTA!
¡NO MÁS VÍCTIMAS NI CÓMPLICES!

Placer y abuso son vivencias opuestas.
Placer y miedo son vivencias opuestas.
Sentirse querida y sentirse usada, son vivencias opuestas.
Sentirse dueña de sí misma y sentirse propiedad de otro/a, son vivencias opuestas

HOMBRE PÚBLICOS, MUJERES PRIVADAS

La cultura construye lo que significa ser hombre y ser mujer, transformando y profundizando las diferencias físicas en diferencias psíquicas y emocionales y borrando las similitudes. Desde niñxs, se nos imponen roles y estereotipos que generan desigualdad para las diferentes sexualidades, encasillandonos en unas y ocultándonos otras... Por ejemplo, todos los juegos de niñas siempre han estado relacionados a ser madres, ser lo más parecidas posible a muñecas de plástico, a los quehaceres domésticos, siendo educadas para dedicarnos al mundo privado, a la casa, a la tutela, a la familia… Los entrenamientos y los juegos siempre fueron más pasivos que los de los niños, por eso no nos debe resultar tan extraño que ellos hayan desarrollado más fuerza a lo largo de sus vidas que nosotras. Sus juegos y cuentos tienen que ver con el mandato que la sociedad impone al hombre: la guerra, la razón, la técnica y el mundo de lo público. De este modo es cómo, sin darnos cuenta, empezamos a reproducir los valores del patriarcado, que tienen que ver con las jerarquías y la competencia entre pares. Para determinar quién es más fuerte y mejor, imponiendo a algunxs por sobre otrxs a la fuerza, en vez de valorar lo que cada persona es capaz de dar o sentir desde sí y cooperar para que todxs podamos desarrollarnos.

¿POR QUÉ ENTRENAR NUESTRO CUERPO?

El desarrollo de la fuerza y la habilidad física siempre fueron actividades por razones culturales mayormente practicadas por hombres. Por esto, no es sorprendente que ellos tengan más fuerza que nosotras. Tal vez, si nos dedicáramos también a la albañilería y los hombres a la educación de lxs niñxs, las cosas serían muy distintas. Conocer las posibilidades de nuestro cuerpo y empezar a desarrollar los músculos (que de hecho tenemos en igual cantidad a los hombres) nos da la posibilidad de sentirnos con mayor seguridad, confianza y autonomía. Además, la actividad física en sí es generadora de salud, renueva, hacer circular la energía y nos otorga mayor equilibrio físico y mental. Romper con el mito que establece que por una cuestión biológica o innata los hombres tienen más fuerza que las mujeres, es tan simple como aprender a prescindir de ellos. Por ejemplo, a la hora de correr un mueble en vez de llamar a un hombre para que lo haga solo, llamar a una amiga y hacerlo entre las dos, es un gran paso. Tanto la fuerza como las actividades culturalmente determinadas para los géneros (masculino/ femenino) son un mito fácilmente abolible. Es tan simple para una mujer aprender a cambiar el cuerito de una canilla, como lo es para un hombre tender la cama o lavar la ropa. El aprendizaje de oficios útiles como electricidad, plomería, etc., y la destreza física aportan a la autonomía e independencia de toda persona. Un dato concreto es saber que se necesita la misma fuerza para levantar cuatro kilos de verduras, que para romper un tabique con un golpe dado en el lugar correcto. Muchas veses no es la fuerza lo que vale a la hora de defenderse, sino la confianza en una misma y la técnica bien utiliizada. Tu primer enemigo sos vos misma. El hecho de establecer vínculos dañinos es una manifestación de cómo te encontrás internamente. Casi todas las mujeres violentadas nos sentimos inseguras, vulnerables, dependientes, sentimos que no podemos solas y que necesitamos de un “otro”. Cuando superamos este sentimiento de autodestrucción e inseguridad y comenzamos a sentirnos seguras, respetándonos a nosotras mismas, construimos relaciones afectivas NO autodestructivas. Muchas veces no nos damos cuenta de lo fuertes que somos como para soportar tanto daño, creyéndonos débiles, sin detenernos a pensar que toda la energía que depositamos en una relación enfermiza, podemos utilizarla en algo que nos haga bien. A partir de esto no dejaremos que nadie que nos rodee nos trate mal, nos controle ni lastime. Ya sea una pareja, novix, amante, marido, familiar, amigx, desconocidx, etc. Hablar para solidarizarnos entre nosotras nos hace comprender que los abusos fueron y son cometidos contra millones de mujeres a lo largo de generaciones, en todas partes del mundo. Romper el silencio y el aislamiento es empezar a quebrar con una larga historia de abusos. La hipocresía, el individualismo y la incomunicación sólo ayudan a mantener y alimentar la cadena de violencia. El silencio nos transforma en cómplices. Y la complicidad con estos hechos hace que sigan sucediendo. Entonces, cuando veas o escuches que alguien está siendo agredidx, en la calle o entre vecinxs, en cualquier ámbito, trata de establecer un vínculo de confianza con la persona que está siendo agredida. Si no la conoces y estás en la calle, puedes disimular y acercarte a preguntar por el nombre de una calle, hablándole a la agredida, si se trata de una vecina puedes tocarle el timbre y pedirle una taza de azúcar. Lo importante es que la persona sepa que vos estás atenta. No deleguemos sólo en el juez de turno o en el tribunal, no esperemos a que la policía reaccione. Porque para dificultar un poco más el laberinto, si una mujer sufre un ataque y pide ayuda en la justicia, corre el riesgo de enfrentarse con algún representante de la justicia machista o con un policía que manda la causa a un archivo gigante y termina aconsejándole a la víctima que vuelva e intente recomponer la situación. Por eso es muy importante saber adónde acudir y formar vínculos de confianza y solidaridad entre mujeres.


CONFIANZA Y COMUNICACIÓN BASES PSICOLÓGICAS PARA LA AUTODEFENSA


• El miedo y la rabia producen adrenalina en el cuerpo, ésta aumenta la fuerza física y si aprendemos a utilizarla puede ayudarnos a defendernos. El pánico se desarrolla a través de la falta de oxígeno en el cerebro. Para superarlo es necesario que intentes tranquilizarte y respires lentamente tomando aire por la nariz y soltándolo por la boca.

• Confía siempre en tu sensaciones por más que no haya signos explícitos de violencia.

• Toma conciencia de lo que demuestra tu actitud corporal, si no te sentís segura puede que el agresor lo perciba y tome provecho de eso.

• Establece los límites de tu espacio personal y no permitas nunca que sean invadidos.

• Los roles de víctima y de agresor son complementarios. Si te ubicas en el rol de víctima estás confirmando el rol del agresor. 


CONTRA LA VIOLENCIA Y LA OFENSA ORGANICEMOS NUESTRA AUTODEFENSA


La violencia contra las mujeres no sucede sólo en los parques durante las noches de frío. Cada día somos blanco fácil de miradas, comentarios, chiflidos, bromas pesadas, palmadas, etc. En la calle, en los bares, en las comisarías, en el trabajo, en las casas, en la tv y en cualquier lugar adonde estemos. Esta situación cotidiana es el fruto y el alimento de una propaganda cultural que educa un imaginario en el cual la sexualidad y la violencia coinciden. La violencia es un problema social y cultural. La causa radica principalmente en la educación autoritaria en sí (de nuestra cultura patriarcal) de la que todxs y cada unx somos cómplices si no nos replanteamos nuestras “costumbres”.


VIOLENCIA MIRADA, VOZ, CUERPO Y ACTITUD


Muchas son las condiciones culturales con las que nos encontramos día a día las que nos hacen reprimir nuestra voz y expresión y nos incitan a quedarnos en silencio. Trabajemos internamente para que esa voz exprese nuestra bronca, angustia y hartazgo. La voz aumenta nuestra fuerza emocional y física, y es elemental para la autodefensa. Cuantas más mujeres hablemos, gritemos, insultemos y rechacemos los abusos, menos vulnerables seremos frente al agresor. Nuestro cuerpo habla por sí mismo, la actitud corporal que adoptamos demuestra nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Por eso es necesario animarse a adoptar una actitud corporal firme que refleje lo que nos pasa internamente. Si sentimos que sí, es ¡SI!; si sentimos que no, es ¡NO!, y el otro tiene que verlo expresado en todo nuestro cuerpo. Con sólo una mirada se puede decir mucho y la actitud del otro puede cambiar de acuerdo a ella. Es importante registrar si estamos transmitiendo bien nuestros deseos como para poder también identificar cuándo NO son respetados, aún habiéndolos manifestado. Adopta siempre una actitud segura, caminando con firmeza, los hombros hacia atrás, la espalda recta, la mirada al frente, mirando a los ojos, deja que tu voz se escuche, no dudes ni te disculpes todo el tiempo. Si alguien te está molestando no pidas por favor. ¡¡Exigí respeto!!


SUTILEZAS DE LA VIOLENCIA SEXUAL


• Cuando, circunstancialmente se dá dormir con un hombre, y sin vos dar pie, se tiran el lance con una mano desubicada en alguna parte de tu cuerpo, o invadiendo tu espacio, estando despiertos o haciéndose los dormidos.

• El hecho de que a ellos no les pinte usar preservativo, sin importar tanto el embarazo indeseado como todas las enfermedades de transmisión sexual que existen, es una actitud común que demuestra su egoísmo y tu complicidad. Lo más probable es que mientras ellos disfrutan de tu cuerpo, vos estés preocupada pensando (además de disfrutando) en que no se les escape un chorrito de semen adentro, si estás en tus días fértiles, si tomaste la pastilla, si estará por acabar, etc. No pudiendo disfrutar plenamente de tu sexualidad y exponiéndote a consecuencias autodestructivas.

• Cuando actúan como si fuéramos muñecas plásticas y objetos de penetración, imponiéndonos posiciones incómodas y hasta dolorosas, manipulando nuestro cuerpo para su propio placer sin importarles el nuestro.

• Cuando nos inducen de forma abrupta y autoritaria a que les demos placer, cómo y cuándo ellos quieren.

• Cuando no tienen en cuenta su higiene y depilación corporal y sí la nuestra.

• Que tanto las pastillas como cualquier forma de prevención sean tu responsabilidad e impliquen los efectos colaterales en tu salud y no en la suya, sólo porque a él le corta el mambo o no le gusta usar preservativo. Lo que vemos como importante y trascendente es el respeto que vos misma sientas por tu cuerpo, dado que el trato que los demás tengan con vos va a depender del amor propio que vos manifiestes.

Es importante que sepas que:

• Sólo vos y nadie más que vos sos dueña de tu vida y de tu cuerpo.

• Nadie tiene que tomar decisiones por vos.

• Podés cambiar de opinión cuando lo desées y las demás personas deben entenderlo y respetarlo. Por ejemplo, si deseás intimar con alguien en un momento dado y al siguiente cambiás de opinión, la otra persona tiene que aceptarlo le guste o no. • Los golpes jamás pueden ser una demostración de amor. Quien golpea a quien ama necesita ayuda psicológica1 y eso no es algo que vos sola puedas manejar ni resolver. Si algo así te está ocurriendo intentá hablarlo con alguien de tu confianza y acercate a un centro de atención1 . Aunque ames a tu pareja profundamente, es fundamental que tomes conciencia de que tu vida (y la de tus hijas o hijos, si lxs tenés) está corriendo peligro seriamente. Elijamos relaciones de igualdad y respeto que nos hagan sentir escuchadas y donde nuestras necesidades y deseos sean tenidos en cuenta tanto como los de la otra persona.


ABUSOS


Existen diferentes situaciones de abuso hacia la mujer. Si bien no es lo mismo una mirada de deseo en la calle que un manotazo en el culo o algo tan extremo como la penetración forzada, ambas cosas implican un tipo de abuso. La persona que se siente con la libertad de decirte lo que opina sobre vos (si estás linda o no, si tu cola le gusta, si tus tetas son grandes o pequeñas, etc.) está ejerciendo una relación de poder, dando por sentado que puede decirte o hacer con vos lo que desee. No necesariamente ni en todos los casos la violencia implica fuerza física. Todo aquello que alguien ejerce sobre vos en contra de tu voluntad, sin tener en cuenta tus necesidades, deseos y gustos también es violencia.

• Abuso Gestual: miradas lascivas, gestos, mostrar el pene, masturbarse, etc.

• Abuso Verbal: piropos, chiflidos, bromas pesadas (en las que el único que se ríe es el agresor), comentarios despectivos, insultos, gritos, etc.

• Abuso de confianza: ser inducida a hacer lo que la persona abusadora quiere utilizando la confianza existente en la relación.

• Abuso Psicológico: celos, subestimación (decirte que no vas a poder hacer lo que deseás, menospreciarte), humillación, ridiculización, control, amenazas (“Si me dejás me/te mato”, “Me llevo a lxs chicxs”, etc.), culpabilizar, chantajear emocionalmente, etc.

• Abuso Físico: apretones, tirones de pelo, empujones, golpes, etc.

• Abuso Sexual: que te toquen cuando no lo deseás, que la otra persona dé por sentado que el hecho de ser tu pareja lo/a habilita para tener sexo cuando quiera, violación, etc. En muchas ocasiones los abusos también se dan por medio de engaños, mentiras o chantajes. Como cuando te tocan y no se hacen cargo o cuando lo hacen entre risas y juegos, simulando diversión cuando el único que se divierte es el abusador/a.

El violador no es pobre ya que conduce su auto importado.

• El violador no habla mal porque trabaja en una escuela.

• El violador no huele mal, porque se perfuma todos los días para trabajar en su oficina.

• El violador no viste mal porque como los ladrones de guantes blancos, también usa traje.

• El violador no siempre es desconocido porque puede ser parte de tu familia.

• El violador no es el ciruja del barrio porque usa sotana.


ROMPAMOS CON EL ESTEREOTIPO VIOLADOR = MONSTRUO



El violador tiene que dejar de ser clasificado como un hombre retardado, bruto o ciruja. Está comprobado que la mayoría de los casos de violación suceden dentro de la familia. En general, el violador es un marido, un padre, un tío, un abuelo, un novio, un hermano o hermanastro, cualquier persona capaz de establecer un vínculo de confianza o de poder. Este vínculo funciona como generador de vergüenza y culpa, sobre todo cuando todavía somos lo suficientemente indefensas o vulnerables como para poder entender y reaccionar ante lo que está sucediendo. Frente a cualquier situación de violencia lo más importante que hay que saber es que la autodefensa comienza en la relación que tenemos con nosotras mismas. La violencia, al ser parte de la cultura en la que crecemos, es naturalizada y aceptada internamente.

EN EL MUNDO


• Cada año, 2 millones de niñas sufren mutilaciones genitales.

• Por lo menos 1 de 4 mujeres en el mundo sufre maltrato doméstico.

• Cada 12 segundos una mujer es maltratada por su esposo, novio o amante.

• El maltrato ocurre en todas las culturas, edades, razas, nacionalidades y niveles socioeconómicos.

• El maltrato también se presenta en relaciones entre el mismo sexo.

• El 93% de las víctimas de violencia doméstica son mujeres.

• El 64% de todas las mujeres serán maltratadas alguna vez en su vida.

• El 60% de las mujeres golpeadas, son golpeadas en estado de embarazo.

• El 81% de los hombres que maltratan a sus parejas tuvieron padres que abusaban de sus madres.

• El 40% de las mujeres víctimas de intento de homicidio conocen a sus atacantes.

• El 80% de las niñas atacadas sexualmente han sido molestadas o agredidas por hombres tan cercanos como su padre y tan lejanos como su vecino.

• Las golpizas son la mayor causa de heridas en las mujeres -son más frecuentes que los accidentes automovilísticos, asaltos y violaciones todos juntos-. Esta es la principal causa por la que las mujeres son atendidas en las salas de emergencia.

• Sólo el 1% de las mujeres golpeadas en el hogar informa sobre los abusos sufridos.

• El 40% de las mujeres golpeadas por sus propios esposos, llevan por lo menos 20 años soportando este tipo de abusos, con las marcas físicas, emocionales y psíquicas que esto significa.

• En el ámbito laboral 1 de cada 5 días laborables que pierden las mujeres están relacionados con la violencia doméstica.

Dormir "con el enemigo" es una situación que las mujeres viven la mayor parte de las veces en silencio. El silencio habla también de la cercanía del agresor: las estadísticas delictuales revelan que la mayor parte de las mujeres que han sido violadas conocen a sus atacantes. El hogar, entonces, que debiera ser el espacio acogedor, se convierte en el lugar del peligro. ¿Dónde refugiarse? ¿Dónde acudir si todavía los funcionarios actúan según la idea de que detrás del ataque masculino hay siempre una mujer provocadora?

NO CEDER ESPACIOS, NO DEPENDER DE ACOMPAÑANTES, NO RELEGAR NUESTRA LIBERTAD


ESTAS SON ALGUNAS IDEAS PARA CUANDO CAMINES POR LA CALLE SOLA EN LA NOCHE O EN CUALQUIER SITUACIÓN Y TE SIENTAS INSEGURA



Puedes tener encima un objeto de defensa como:

• GAS PIMIENTA. Es un gas que rociado sobre los ojos provoca un enceguecimiento momentáneo. Se vende en los rezagos militares y cuesta alrededor de $ 15, viene enfrascado en un aerosol tan pequeño que podés llevarlo en el bolsillo y tiene una traba de seguridad que al correrla de lugar te permite que el gas salga o no. Su uso es bastante efectivo pero puede ser peligroso si no tomamos las precauciones necesarias para su efectividad deseada.

Cómo utilizarlo: - No lo utilices nunca en espacios cerrados, ni con el viento hacia vos, ya que el gas se expande 3 metros a la redonda y puede dañarte. - Extendé lo más que puedas el brazo para rociarlo sobre los ojos del agresor y alejate del lugar. Si tenés que mantenerte en el sitio, utilizá un pañuelo que tape tu nariz y tu boca para no inhalarlo. - No lo muestres, sacalo justo en el momento en que estés segura de que lo vas a utilizar, ya que el agresor puede utili zarlo en tu contra. - Si vas a recomendárselo a otra persona no olvides nunca pasar esta información.

• Con UN PALO o UNA BOTELLA VACIA en la mano, los automovilistas y peatones molestos temen por su seguridad y la de su auto, ya que pueden suponerte ebria.

• TRANSPORTARSE EN BICICLETA. La bici es una herramienta que brinda autonomía y salud para todas ya que no envenena el aire y te deja en la puerta de tu casa. Además existe una enorme diferencia entre atravesar un lugar de noche en bicicleta y caminando, la velocidad con la que podés andar por lugares indeseados pedaleando no es la misma que a pie.

• LAS LLAVES. Si tenés que golpear, sostené las llaves con el puño cerrado y colocá una de ellas entre el dedo mayor y anular de modo que quede una en punta hacia afuera.

• GRITAR. Que no te averguence ridiculizar al agresor exponiéndolo públicamente y dejando claro que te está molestando.

• GRITAR ¡FUEGO! Si pedimos auxilio el sentido común de la gente es bastante cruel con las mujeres y por lo general no acuden a ayudarnos, el fuego por lo general despierta mayor curiosidad en las personas y temor de que se les queme algo propio, haciéndolas acudir rápidamente.


SI ESTÁS HACIENDO DEDO EN LA RUTA O TE ENCONTRAS EN UNA SITUACIÓN DE ABUSO EN UN AUTOMÓVIL EN MARCHA:

• MANTENÉ LA VENTANILLA UN POCO ABIERTA. Ante cualquier situación de violencia podés abrir la guantera (compartimiento que está por lo general frente al asiento del/a acompañante donde se guardan papeles necesarios, documentación,registros de conducir, etc.), sacar los papeles que allí se encuentren por la ventanilla y amenazar con tirarlos. Esta documentación también puede servirte para guardar los datos del agresor y presentar una denuncia. Otro lugar donde se guardan comúnmente estos papeles personales es detrás del espejo que está frente al asiento del/a acompañante, debajo del asiento del conductor/a, y en el guardapapeles de la puerta del conductor/a. Si hacés dedo nunca salgas sin una navaja o un cuchillo bajo la manga, que para la policía puede ser tranquilamente parte de tu kit de camping.

• INVENTATE UNA ENFERMEDAD CONTAGIOSA. Cuando te empiecen a cargosear y a hablarte de sexo, podés decir que desde que estás enferma lamentablemente no podés tener relaciones, y seguramente los prejuicios, la ignorancia y la exclusión social hacia lxs enfermxs no le permitirán seguir hablando del tema, y les dará miedo tocarte.

PARA DIFERENTES FORMAS DE AGRESIÓN DIFERENTES FORMAS DE REACCIÓN


SI CONOCÉS AL AGRESOR

• Decí NO.

• No te quedes quieta, inmóvil o en silencio mientras ocurre el abuso. Si no podés hacer nada por miedo a un golpe o porque algo internamente te paraliza, por lo menos sé consciente de lo que te está pasando.

• No te calles. Intentá expresarle al/a abusador/a, aunque sea por medio del llanto, que lo que te está haciendo te hace mal.

• Intentá buscar a alguien de tu confianza para hablar. Vos no sos culpable ni tenés ninguna responsabilidad. Lo que te ocurre no es provocado por vos, es el abusador el que debiera sentir culpa y vergüenza. Nadie merece ser abusadx. No existe ningún motivo que justifique al abusador.

• El silencio o intentar olvidar el abuso no son remedios. Al contrario, no sacarte el dolor, la bronca, la culpa o la vergüenza, sólo traen enfermedades.

• No pensés que esta vez va a ser la última, no des más oportunidades a la agresión. La violencia es un lenguaje que una vez que comienza no se termina, renunciá para siempre a comunicarte de esa forma.

SI NO CONOCÉS AL AGRESOR Y ESTÁS EN LA VÍA PÚBLICA

• Gritar fuego (muchas veces pedir ayuda o auxilio no da resultado, en cambio el fuego despierta mayor temor y curiosidad en las personas cercanas haciendo que acudan rápidamente).

• Podés tocar los timbres de las casas que estén a tu alcance, entrar en algún negocio o hacer de cuenta que conocés a cualquier persona que esté cerca acudiendo a ella con un saludo o estableciendo un diálogo.

• Si no te queda otra que golpear a tu agresor/a intentá que sea en lugares que duelan mucho, inmovilicen o desmayen. Éstos lugares son: - Los testículos (patada, rodillazo, piña,apretón, etc.) - Los ojos (piquete, clavar algo, etc.) - La carótide o nuez del cuello (codazo, piña, hundir con los dedos, etc.) - Los oídos (pegar al mismo tiempo con ambos puños cerrados, morder, etc.) - La nariz (piña de abajo hacia arriba, morder, clavar o introducir algún objeto, etc.)

Si te sentís abusada cualquier reacción es válida. Desde correr, gritar, golpear o hasta intoxicar a quien te está agrediendo. Elegí la forma que te sea más útil y con la que te sientas más cómoda. Tené en cuenta que la violencia muchas veces llega a tales extremos adonde es tu vida o la de la otra persona la que está en juego.




Para más información, sugerencias, críticas, aportes, etc., contactanos a la casilla de correo: edicionesdegeneradas@yahoo.com.ar


EDICIONES DEGENERADXS con el apoyo de Feria Nómade
Texto extraído de: nodo50.org

miércoles, 12 de agosto de 2015

NO ME PIDÁIS QUE ESTÉ TRANQUILA


Porque antesdeayer, tres de los vuestros asesinaron a las mujeres a las que decían que querían, y dos más lo intentaron. Porque me da miedo cumplir las estadísticas de violaciones y agresiones. Porque cobro menos que vosotros por hacer el mismo trabajo. Porque cuido gratis a vuestros hijos, cocino gratis vuestra comida, limpio gratis el baño en el cagáis y os cuido gratis cuando estáis enfermos. Porque he aprendido a callarme cuando habláis, a cuestionarme cuando me cuestionáis, a que ganéis cuando decís la palabra más alta.

Porque vosotros no sabéis lo que es tener miedo de andar –simplemente- por la calle. Porque no sabéis lo que son las miradas que te asquean hasta la náusea. Porque no entendéis lo que es sentir el cuerpo incómodo, los ojos pegajosos, hasta oler las babas, sólo por andar, vestir, pasear, trabajar, -simplemente- estar en nuestro cuerpo.

Porque vosotros no tenéis que regatear el condón. Porque vosotros no sabéis lo que es que no se escuche tu no. Porque vosotros no entendéis que insistir o exigir en el sexo, se parece mucho a una violación. Porque a vosotros, nuestro miedo, os parece victimismo, histeria, locura, chantaje, como mínimo, una exageración.

Porque los que no hacéis nada de esto, a veces lo hacéis, pero no queréis creerlo. Porque algunos ni lo hacéis ni vais a hacerlo, pero no tenéis la valentía, la solidaridad -los huevos- de reconocer y señalar a los que lo hacen a vuestro alrededor, de desmarcaros de ellos, de sentir vergüenza de género.

Porque no podéis negarme que lo que digo es cierto. Que a las mujeres nos violan, nos matan, nos pagan menos. Que cuidamos más, que sacrificamos más, que tenemos razones para teneros miedo.

No podéis reconocerme todo eso, y pedirme que esté tranquila. Que no grite, que no me enfade, que no la líe, que no ataque, que no me defienda, al menos.

No podéis decirme que la mitad de la gente puede ser una amenaza y pedirme que esté tranquila luego. Cambiad, protestad, rebelaos contra los que nos oprimen desde vuestro género.


Y, después, si queréis, hablamos de mis nervios.



Texto extraído de; faktorialila.com

domingo, 22 de febrero de 2015

¿ESPACIOS SEGUROS? EL RETO DE ENFRENTARSE AL PATRIARCADO EN CONTEXTOS MILITANTES

¿Qué es lo que pasa para que mujeres con experiencia política, formación teórica, sensibilidad y armas suficientes reaccionen ante agresiones sexistas precisamente como el patriarcado espera de ellas?


Nagua Alba Goveli y Lucía Alba Martínez



"Era un sábado por la noche después de una asamblea. Tranquilo. Estaba con unas amigas. En un momento dado se unió a nosotras un compañero suyo. Era simpático. Nos tomamos unas cuantas cervezas y fuimos a casa de una de ellas. Era tarde y tuvimos que quedarnos a dormir. Nos quedamos a solas. Sólo había una cama y por no parecer desconfiada acepté dormir con él. Me intentó besar. Le dije que no. Me tocó. Le dije que no. Pareció que lo asumía, pero en cuanto apagamos la luz siguió insistiendo. Le repetí que no quería. Pero hasta las cinco de la mañana no pude dormir porque cada vez que cerraba los ojos tenía sus manos encima. Me dijo que no me entendía y por fin se durmió.”
“Era un compañero al que conocía desde hacía tiempo. Compartíamos espacios de militancia y de ocio. Había tensión sexual pero nunca había ocurrido nada. Una noche no tenía donde dormir y me ofreció su casa. Acepté. Cuando llegué la cama estaba abierta y había una botella de vino en la mesilla. Él me gustaba. Pero estaba cansada y la situación me hacía sentir incómoda. Nos metimos en la cama y le dije que quería dormir. Empezó a tocarme. Le dije que no. Empezó a increparme diciendo que si no quería por qué había ido a su casa. Le dije que no necesitaba justificarme y me di la vuelta para dormir. Siguió tocándome e insistiéndome. Al final accedí. Follamos. Así me dejaría dormir tranquila.”
Resulta muy complicado denunciar a alguien en quien confiabas y en quien además todo tu entorno confía. Sabes que te van a cuestionar, y tú vas a acabar cuestionándote a ti misma.



Estos dos relatos, inspirados en anécdotas propias y de algunas compañeras, son sólo dos ejemplos de algo que vivimos demasiado a menudo. Sabemos que casi todas las mujeres hemos sufrido situaciones parecidas, pero resulta estremecedor pensar hasta qué punto estos episodios se reproducen en espacios que consideramos seguros, es decir, entornos de izquierdas y feministas.



Si una noche vamos por la calle y un desconocido, navaja en mano, nos pone contra una pared y nos agrede sexualmente, casi todas somos conscientes de que lo que tenemos que hacer es ir a comisaría y poner una denuncia. Sin embargo, cuando un amigo, un compañero, o incluso nuestra pareja, nos exige hacer algo que hemos dejado claro que no queremos hacer, nuestra reacción suele ser muy distinta. Lo asumimos como algo normal, le quitamos importancia, procuramos olvidarlo.
Y sobre todo, nos sentimos culpables. Doblemente culpables. Primero, porque algo habremos hecho: hemos sido simpaticas con él, puede que incluso hayamos tonteado, hemos ido a su casa, hemos bailado con el toda la noche, tal vez hasta le hayamos dado un beso. Por otro lado, cuando ha comenzado a insistirnos, no nos hemos ido, no le hemos partido la cara, no le hemos dicho todo lo que como feministas radicales le deberíamos haber dicho. Cosa que además hemos hecho mil veces con el imbécil que en el bar se arrima demasiado o con el machirulo que nos suelta un piropo que no es un halago sino una intimidación.


Y sin embargo, al día siguiente, cuando nos sentimos sucias y violentadas, resulta muy complicado tomar la iniciativa. Tomar la iniciativa de denunciar a alguien en quien confiabas y en quien además todo tu entorno confía. Sabes que te van a cuestionar, y tú vas a acabar cuestionándote a ti misma. ¿Estás segura?, ¿y por qué no te fuiste?, ¿no le darías a entender lo que no era?, ¿pero no me dijiste que te gustaba? Seguro que no fue para tanto, estábamos todos borrachos y ya sabes cómo son estas fiestas, todos nos liamos con todos y al final…
¿Estás segura? Lo estaba hasta que me lo han preguntado.¿Por qué fuiste a su casa? Tantas asambleas, tantas cañas debatiendo sobre feminismo me hicieron creer que su casa era un entorno seguro en el que se iba a tener en cuenta lo que a mí me apetecía y lo que no.¿Por qué no te fuiste? Es difícil de saber. Por miedo, por dudar de hasta qué punto yo me lo había buscado…¿Por qué no le partiste la cara? Por pensar que al no tener una navaja en la mano no se trataba de una violación, porque no quería parecer una exagerada.¿No me dijiste que te gustaba? Sí, me gustaba. Pero no así. No cuando empezó a invadir mi espacio, cuando empezó a ignorar mis negativas. Cuando se convirtió en una obligación.


Estamos seguras de que muchas nos sentiremos reconocidas en esto. La pregunta es, qué es lo que pasa exactamente para que mujeres con experiencia política, formación teórica, sensibilidad y armas suficientes reaccionen ante estas situaciones precisamente como el patriarcado espera de ellas.


Como buenas compañeras, comprensivas y solícitas, decidimos darle la oportunidad a nuestro agresor de justificarse, apelamos a su conciencia feminista y esperamos que reflexione. Su reacción suele ser doblemente patriarcal.

“Durante la violación, llevaba en el bolsillo de mi cazadora Teddy roja una navaja (…) que yo sacaba con bastante facilidad en esa época globalmente confusa. (…) Esta noche, la navaja se quedó escondida en mi bolsillo, (…) ni siquiera pensé en utilizarla. Desde el momento en que comprendí lo que nos estaba ocurriendo, me convencí de que ellos eran los más fuertes. Una cuestión mental. Luego me he dado cuenta de que mi reacción habría sido diferente si hubieran intentado robarnos las cazadoras. (…) En ese momento preciso me sentí mujer, suciamente mujer, como nunca me habia sentido antes y como nunca he vuelto a sentirme después. No podía hacer daño a un hombre para salvar mi pellejo. Creo que habría reaccionado de la misma manera si hubiera habido un único chico contra mi misma.”


Este fragmento forma parte de la narración que hace Virginie Despentes de su violación en ‘Teoría King Kong’. Y esto parece contestar a la pregunta que nos hacíamos antes: reaccionamos como se esperaría de una mujer, precisamente cuando nos agreden como mujeres. Más aún cuando esta agresión tiene lugar en un entorno íntimo y que considerábamos seguro, con las defensas bajas y desprovistas del apoyo que nos da el grupo, nuestras compañeras. Nos vemos indefensas, no sólo porque se nos esté agrediendo como mujeres, sino además porque al tratarse de un compañero nos vemos desprovistas de todas nuestras armas y aflora toda esa carga contra la que luchamos día a día y de la que es tan difícil librarse. Nos volvemos sumisas, inseguras y vulnerables, pero al mismo tiempo, compasivas, preocupadas y culpables.Y esto nos lleva al día después, cuando nos vemos en la tesitura de si contarlo, a quién y cómo. Denunciar a un compañero es muy duro. Por todo lo que ya hemos dicho antes, las dudas que suscita tu relato, las dudas que a ti misma te acaba suscitando. El riesgo de que se acabe olvidando y tengamos que convivir con la persona que nos ha agredido. Pero cuando alguna de nosotras decide darle la importancia que debe y da el paso, incluso cuando se la deja de cuestionar, salen a colación nuevos argumentos disuasorios: las consecuencias que tendría para él -pobrecito, ¿vale la pena destruirle la vida por algo así? Deberíamos tener cuidado, no tomar medidas “demasiado drásticas”-. Lo cual se parece sospechosamente al “histérica” o “exagerada” de siempre: toca enfrentarse a una nueva agresión. Al final, en algún sentido, se acaba convirtiendo al agresor en víctima.
A menudo, estos argumentos hacen mella en nosotras. Como buenas compañeras, comprensivas y solícitas, decidimos darle la oportunidad a nuestro agresor de justificarse, apelamos a su conciencia feminista y esperamos que reflexione. Pero resulta que cuando se acusa de machista a un hombre que se dice feminista su reacción suele ser doblemente patriarcal. Parece que el feminismo es una parte más de lo que constituye su ego militante masculino: se siente herido, injustamente tratado o víctima de una malvada conspiración feminazi. Y nosotras, ¡ilusas!, que pensábamos que el feminismo consistía precisamente en deconstruir tus actitudes a través de un proceso de reflexión constante, y no en una medallita que colgarse para ser el militante definitivo. Entonces nos sentimos decepcionadas, frustradas y doblemente inseguras.

Pero luego la inseguridad da paso al cabreo. ¿Por qué no podemos ser simpáticas sin que nos metan mano?, ¿por qué no podemos quedarnos a dormir sin follar?, ¿por qué no podemos denunciarlo sin que se minimice?, ¿de qué sirve construir espacios feministas si el tío que se sienta a nuestro lado en la asamblea es el mismo que por la noche nos va a insinuar que somos unas estrechas?, ¿por qué tenemos que ver cómo en nuestros espacios de ocio supuestamente liberados se reproduce toda la mierda contra la que luchamos?, ¿por qué tenemos que asumir que al ser mujeres ningún espacio es seguro?

Queremos salir, queremos bailar, queremos emborracharnos, queremos tontear, queremos tocar, queremos besar, queremos ser simpáticas, queremos poder vestirnos como nos dé la gana, queremos quedarnos a dormir sin que esto nos arrebate el derecho a decidir qué nos apetece y qué no nos apetece hacer. Queremos que cuando este derecho nos sea arrebatado, denunciar no sea motivo de más angustia sino lo justo y lo coherente. Queremos, sobre todo, que nuestros compañeros se den cuenta de que lo realmente coherente es que no sea necesaria ninguna denuncia porque no haya agresión alguna. No queremos ser lo que el patriarcado pretende que seamos: queremos ser libres y ser nosotras mismas, signifique lo que esto signifique.



Pero sobre todo, exigimos que un NO sea siempre un NO, sin interpretaciones ni ambigüedades, sin imposiciones ni exigencias. Sólo así podremos seguir construyendo espacios que se parezcan al mundo en el que queremos vivir.


Texto extraído de: Pikaramagazine.com

jueves, 9 de mayo de 2013

VUELVE LIBRE...PORQUE ES NECESARIA LA AUTODEFENSA FEMINISTA..

Hoy en día, volver a casa sola y tarde, se convierte en un acto revolucionario.
Transgredir todas las alarmas del "te puede pasar algo", es una reivindicación de que el miedo a la violación o la violación en si misma, no nos va a encerrar en casa.
Que somos libres de movernos en el tiempo y el espacio.


Camille Plagina, feminista norteamericana denomina la violación como un riesgo inevitable, adjunto a nuestros cuerpos leidos como mujer. Al pensar la violación así, como circunstancia política del heteropatriarcado, podemos encajarla de forma diferente en nuestro imaginario. "No sentir vergüenza por estar vivas, sino levantarnos, recuperarnos lo mejor posible; no se trata de negarlo, o de morir, se trata de vivir con"

De vivir con el hecho de que a las mujeres libres las violan por la calle, empoderémonos.

La sociedad piensa que la superioridad del violador es simplemente física, pero esto no es cierto, está avalado para cometer ese acto por esa misma sociedad.
A las mujeres no se nos prepara para defendernos, ni a golpear, ni a agredir. Se nos enseña la delicadeza, a evitar el peligro y "ser buenas chicas". Porque si eres una buena chica nunca te pasará nada malo.
Y si no lo eres, ya tienen preparado tu castigo.


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¿Por qué es necesaria la autodefensa feminista?


Escrito por Colectivo de Mujeres Autónomas (Madrid) 

"Las mujeres sufrimos diariamente la violencia en esta sociedad patriarcal y capitalista. No sólo sufrimos agresiones físicas y/o sexuales de determinados hombres, sino que el sistema nos violenta diariamente a través de la imagen que da de nosotras en los medios de comunicación, en la publicidad, a través de la educación sexista, de la religión, en el trabajo, en casa, en la calle, con los comentarios machistas que oímos diariamente, con la distribución de roles en las familias, etc. 



Existe una violencia estructural cotidiana contra las mujeres cuyas consecuencias son muy graves y en bastantes casos nos cuestan la vida (asesinatos de mujeres, suicidios...) o la salud mental y física (violaciones, humillaciones, enfermedades como la anorexia o la bulimia, depresiones...)."

LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES CUMPLE UNA FUNCIÓN MUY IMPORTANTE EN EL SISTEMA PATRIARCAL Y CAPITALISTA: PERPETUAR LA DOMINACIÓN DE LOS HOMBRES SOBRE LAS MUJERES. LA PERSISTENCIA DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES ES UN SÍNTOMA Y UNA CONSECUENCIA DE LAS DESIGUALES RELACIONES BASADAS EN LA SUPUESTA SUPERIORIDAD DE LOS HOMBRES SOBRE LAS MUJERES.

No es el producto de unas mentes enfermas, de unos pobres hombres traumatizados por haber sido maltratados de pequeños o de una pelea pasional entre iguales, como suele ser presentada en los medios de comunicación, se trata de una violencia y agresión aprendida social y culturalmente para someter a las mujeres y usa los métodos de humillación establecidos por el patriarcado. 


Su meta es degradar la autoestima de la mujer. Este método se ha usado por todo aquel sistema basado en la idea de que hay seres superiores que tienen derecho al poder sobre los otros seres que consideran inferiores.



 Se percibe con normalidad y con un cierto grado de tolerancia social.

El rol que nos han asignado a las mujeres y que ha pasado a ser parte de nuestra “identidad femenina”, perpetúa esta situación: debemos ser pasivas, delicadas, débiles, sumisas, desvalidas, sacrificadas, necesitamos que nos protejan, debemos estar a la sombra o detrás del hombre, no somos nada sin la media naranja, etc.




 Es habitual que nuestras madres y padres nos digan cuando somos adolescentes que podemos salir por la noche si nos “echamos un novio” que nos acompañe a casa, enviándonos el mensaje de que solas corremos peligro, educándonos como seres dependientes y temerosos. Sería mucho más útil para formar personas adultas, libres y autónomas que potenciaran el desarrollo de la seguridad en nosotras mismas y en nuestras capacidades o que nos animaran a apuntarnos a un curso de autodefensa para no tener que dejar de hacer cosas por miedo o porque no tengamos a nuestra vera a alguien que nos proteja.

Este discurso “de dependencia” lo asimilamos las mujeres y conduce a que sintamos miedo y seamos temerosas. Desde pequeñitas nos enseñan a tener miedo, reiterando el mensaje de que no debemos hacer nada solas: si vivimos solas, debemos tener miedo, si salimos solas por la noche, debemos tener miedo, si subimos solas con un desconocido en el ascensor, debemos tener miedo, si viajamos solas, debemos tener miedo, si vamos a un bar solas, debemos tener miedo…, haciéndonos creer que solas por el mundo corremos peligro. 


En realidad, este miedo suele ser infundado. Es más fácil que nos agreda un familiar o un conocido a que lo haga alguien por la calle, pero este miedo está construido socialmente y a quien beneficia es a los hombres. Nos mantiene bajo control, pasivas, sin iniciativas, sin ocupar muchos espacios “públicos”, siempre a la vista o a la sombra de algún hombre que nos proteja y vele por nuestra seguridad. ¡¡¡ Pobrecitas!!!!. Mejor en casita tranquilas y seguras que en la calle, donde supuestamente un clima de amenaza permanente se cierne sobre nuestras cabezas. El mensaje es claro y reiterativo: Otra vez a casa, que es donde mejor estamos.

La insistente presentación de las mujeres como objetos de las agresiones actúa como instrumento de control social. La finalidad no es protegernos sino generar y mantener un sentimiento de temor. Además, socialmente nos han enseñado sólo a agradar y a servir a los demás, nos cuesta decir NO a los demás, siempre se muestra la imagen de víctima de la mujer, siempre aparece el héroe o el superman de turno a salvarnos porque solas no podemos. La imagen que el sistema muestra de las mujeres no es la de personas adultas, dueñas de su destino, de sus cuerpos, en definitiva, de sus vidas. El mito de la condición de víctimas de las mujeres las mantiene alejadas de la calle y recluidas en casa, que suele ser el lugar donde corren mayor peligro.



 Las mujeres acabamos asumiendo como propios de nuestra identidad femenina los roles que el patriarcado ha dictado. Como mujeres se nos gratifica socialmente si adoptamos papeles y roles de sumisión o víctima. Obtenemos reconocimiento social si cumplimos los patrones impuestos por el patriarcado. Así aprendemos a conseguir una falsa autoestima a través del reconocimiento de otras personas por nuestros cuidados a los demás o por cumplir el patrón de belleza imperante.

Los medios de comunicación pulen y rematan el trabajo martilleando constantemente con su visión patriarcal y capitalista de la mujer: nuestra misión debe ser deleitar, atraer, gustar, dar bienestar, cuidar, ser dependiente, indefensa, pasiva, sin iniciativas, mostrando siempre la imagen de la mujer como objeto sexual. 


Esto es lo correcto; los sueños y las metas son la manera que tiene Satán de distraerte de hacer la cena

La del hombre será la de ser deleitado, atraído, servido, obedecido y respetado.

Además, ante la sangría y violencia machista cotidiana, de la que sólo sale a la luz un porcentaje muy pequeño de casos-los más graves y escandalosos- vemos que desde las instituciones el mensaje que se lanza a las mujeres en caso de sufrir agresiones es el de: denuncia y sal corriendo a una casa de acogida, porque desde luego si tras denunciar, las mujeres permanecen en sus hogares, lo más probable es que acaben engrosando la lista de mujeres asesinadas.

Las campañas institucionales contra “la violencia de género” plantean un enfoque dependiente, paternalista y victimista que sigue mostrando una imagen indefensa y vulnerable de las mujeres, con ojos morados, desvalidas, con sentimiento de culpa, como si sólo ellas fueran las responsables de su situación. Están dirigidas siempre a atenuar las consecuencias y van dirigidas SÓLO hacia las mujeres, cuando es un problema social, del que tod@s somos responsables. 




Los recursos y medios que se dedican a intentar paliar esta violencia machista se invierten en resolver el problema de manera individual, no colectivamente. No hay campañas con un mensaje a toda la sociedad denunciando la ideología patriarcal como la raíz del problema, animándonos a tod@s a no mirar hacia otro lado cuando seamos testigos de agresiones, a no permitir ni un abuso, a no aguantar ni callarnos ante un comentario o broma machista o sexista, a cambiar esa idea tan extendida socialmente de que “lo que ocurra en el ámbito doméstico, dentro de casa, son cosas privadas en las que no hay que meterse”.

Viendo que los distintos organismos e instituciones no pueden o no quieren poner los medios para que acabe este genocidio contra las mujeres, nosotras decimos: MUJER, APRENDE A DEFENDERTE.

Frente al enfoque institucional que ya hemos mencionado -paternalista, de dependencia y victimista- y viendo los resultados del mismo, desde nuestro colectivo apostamos por otro totalmente contrario: el de una mujer libre, fuerte, autónoma, que use todas sus capacidades para defenderse.




 Por eso reivindicamos la autodefensa feminista. No vamos a esperar una vez más a que vengan a salvarnos (y menos instituciones tan marcadamente machistas como la policía, la judicatura, o la guardia civil), lo vamos a hacer nosotras. Y usaremos nuestra agresividad, rabia, capacidades e inteligencia para hacerlo.


¿QUÉ ES LA AUTODEFENSA FEMINISTA?

No se trata de aprender a ser violentas de manera gratuita, ni de odiar a todos los hombres e ir repartiendo leña por las calles porque sí. HABLAMOS DE AUTODEFENSA, DE DEFENDERNOS PORQUE NOS ATACAN, DE DEFENDERNOS CONTRA LA VIOLENCIA DE LOS HOMBRES AGRESORES Y DEL SISTEMA PATRIARCAL Y CAPITALISTA. 




LA AUTODEFENSA ES LA RESPUESTA A UNA AGRESIÓN PREVIA COMO MÉTODO DE SALVAGUARDAR NUESTRA INTEGRIDAD FÍSICA Y PSÍQUICA. EL DERECHO A LA DEFENSA PROPIA FRENTE A UN DAÑO O PELIGRO ES TOTALMENTE LEGÍTIMO.

A las mujeres desde pequeñas, se nos niega la rabia, la fuerza y la agresividad, parece que es patrimonio de los hombres, pero es una reacción natural ante el peligro o la amenaza. La vulnerabilidad e indefensión aprendida de las mujeres nos deja desvalidas y nos impide ser seres autodeterminados y libres, dueñas de nuestro destino. La autodefensa es todo lo que nosotras podemos hacer para tener el control de nuestras vidas y que estas sean seguras en todos los aspectos. Es invertir el rol que el sistema nos ha asignado en situaciones en las que deberíamos representar el papel de víctimas. 





La autodefensa feminista va más allá de aprender técnicas de defensa personal. Ya hemos visto que no sólo sufrimos violencia física y sexual, también sicológica y emocional de manera cotidiana. La obediencia y sumisión en la que se nos educa a las mujeres tiene unos efectos devastadores en la autoestima, que hace que nos culpabilicemos del malestar y la frustración que sentimos en nuestras vidas. Tanto si asumimos estos roles como si intentamos salir de ellos nos sentimos culpables: ahí está la trampa. Este sentimiento provoca actitudes de pasividad-victimismo y bloquea nuestra rabia, necesaria para el cambio. 




Ante esta obediencia que anula nuestra autonomía, que nos aísla e impide defendernos, la autodefensa nos sirve de herramienta para avanzar, refuerza nuestra autoestima, nos ayuda a concienciarnos sobre los roles que el sistema nos asigna y nos enseña a reconocer las múltiples maneras en que somos agredidas cotidianamente. Tiene mucho que ver con conseguir una autoestima alta, saber querernos, respetarnos a nosotras mismas, saber poner límites a la gente y no aguantar actitudes machistas.



 Los cursos-talleres de autodefensa feminista son pequeños pasos para un posible cambio personal y toma de conciencia.

A MAYOR AUTOESTIMA, MENOR ES EL PELIGRO DE QUEDAR ATRAPADA EN EL PAPEL DE VÍCTIMAS.

Tras salir de este tipo de talleres las mujeres sienten una mayor seguridad en si mismas y en sus capacidades. Por eso, en este tipo de talleres, es fundamental la defensa emocional así como la reivindicación de la necesidad de organizarse de manera colectiva.




En definitiva, a través de estos talleres o cursos de autodefensa feminista podemos conseguir distintos objetivos:

-Aprender a protegernos nosotras mismas con técnicas de defensa personal, para las que no es necesario machacarse en el gimnasio, ni ser un armario de 4 puertas; son trucos que nos pueden salvar en una situación de peligro.

-Conocer las posibilidades de nuestro cuerpo, desarrollar los músculos, realizar actividades físicas, descubrir que somos más fuertes de lo que creemos, romper con el mito de que los hombres por una cuestión biológica son más fuertes que las mujeres y son invencibles.




- Profundizar en las causas de esta opresión y violencia contra las mujeres: la sufrimos porque somos mujeres y por los roles construidos socialmente por el patriarcado y el capitalismo. Favorecer el conocimiento de los diferentes abusos, comentándolos conjuntamente. Suministrar instrumentos de lucha contra la ignorancia y para reconocer a tiempo la manifestación de agresiones sexuales, violencia física y sicológica.

-Aprender a reaccionar de la mejor forma posible ante determinadas situaciones que nos molestan, a exigir respeto, a no tener que tolerar actitudes machistas por no saber como reaccionar, por vergüenza, por miedo,.., aprender a evaluar las situaciones y a buscar la mejor manera de resolverlas.




- Aprender una actitud que nos prevenga, nos proteja y posibilite una respuesta frente a la violencia (como andamos, que refleja nuestro cuerpo al resto según caminemos, miremos, hablemos, gritemos, etc.). Reconocer el miedo y situarlo, libera la rabia y nos prepara para pasar a la acción.

- Tomar conciencia de de cómo el miedo y la sumisión se ha instaurado en nuestras vidas, y a partir de ahí poder recobrar la confianza, la autoestima psíquica y física y la seguridad que tenemos las mujeres, a nivel personal y colectivo, frente a un sistema que ignora y somete nuestras vidas a intereses patriarcales y capitalistas. 





- Crear un espacio o punto de encuentro de mujeres, compartir experiencias, practicar el apoyo-mutuo, superar el individualismo, fomentar la solidaridad entre mujeres frente al mensaje de competitividad y rivalidad entre nosotras que el sistema nos envía.




- Lanzar el mensaje y reivindicar que no necesitamos a nadie que nos defienda, que somos fuertes, que somos autónomas, que nuestro cuerpo es nuestro, que podemos ser agresivas, que somos activas, que tomamos la iniciativa, que no nos vamos a dejar pisotear, ni humillar, que no cederemos espacios o dejaremos de hacer cosas por temores o miedos. Acabar con el victimismo.

- Reivindicar la autoorganización y la autogestión de las mujeres. 



Ante la violencia cotidiana que sufrimos las mujeres, no podemos quedarnos sentadas esperando que este sistema capitalista y patriarcal o sus representantes directos (jueces, militares, policía, polític@s...) resuelvan estos problemas, cuando es el sistema patriarcal capitalista quien los provoca y estas instituciones quienes las ejercen y la legitiman. Que nos atacan, pues nos defendemos. No podemos delegar nuestra seguridad y nuestras vidas en l@s demás. Para resolver estos problemas sociales es necesario organizarse, apoyarse en las demás, dialogar con el grupo, construir espacios colectivos. La inexistencia de un movimiento feminista fuerte y potente es una de las razones de la regresión y el retroceso actual que se está produciendo en la situación de las mujeres.

¡MUJER, APRENDE A DEFENDERTE!
¡ANTE LA VIOLENCIA MACHISTA, AUTODEFENSA FEMINISTA!
¡VIVA LA LUCHA FEMINISTA!

mujeresautonomas[arroba]gmail.com

Artículos publicado en Äcidas, feministas ácidas y La haine.org