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miércoles, 7 de diciembre de 2016

TODXS DEBERÍAMOS SER FEMINISTAS, de Chimamanda Ngozi Adichie


“Reflexión y análisis del texto: Todos deberíamos ser feministas de Chimamanda Ngozi Adichie”

   “Todos deberíamos ser feministas” es la transcripción de una conferencia impartida por Chimamanda Ngozi Adichie en 2012 en TEDxEuston, durante  un simposio anual centrado en África. El texto, que nos acerca a las experiencias vividas por la propia autora, nos coloca frente a hechos reales  que evidencian la desigualdad a la que nos enfrentamos las mujeres sólo por la condición de serlo. Y aunque su discurso tenga como base de referencia su Nigeria natal, salvo alguna excepción comparativa de la situación de la mujer norteamericana,  esos estereotipos y roles de género que denuncia y hace visibles son comunes en todas las partes del planeta. Porque con su narración Ngozi Adichie  nos muestra la permanencia de la configuración machista en la sociedad. Por muy desarrolladas que se crean algunas,  “El machismo no es sólo el pasado histórico. Es también el pasado vital, es decir, nuestra infancia, nuestro día a día... también nuestro presente”.

            Como bien señala, ¿acaso  no son demasiados los obstáculos que están ahí (en cualquier sociedad) y que, por llevar toda una vida instaurados, parecen intrínsecos a nuestra condición humana, incuestionables y no osamos a rechazar ni a abolir? Obstáculos que por otra parte fueron implantados en otro tiempo distinto y muy distante del actual por otra sociedad, pero que a día de hoy siguen vigentes por muchos siglos que pasen y por muchos Louis que nos digan “No entiendo a qué te refieres cuando dices que las cosas son distintas y más difíciles para las mujeres. Tal vez lo fueran en el pasado, pero ahora no. Ahora las mujeres ya lo tienen bien”. Porque todas tenemos algunos Louis que nos dicen ese tipo de cosas para evidenciar nuestra histeria colectiva antipatriarcal, otro de esos estereotipos que nos achacan a las feministas.

            La normalización de los mal llamados Micromachismos está establecida en demasiadas culturas que a día de hoy se creen libres de machismo solo por “permitir” que la mujer pueda estudiar, votar, trabajar…y en definitiva ser explotada doblemente por el sistema capitalista y patriarcal. Pero del tema Micromachismos ya hablaremos, porque no debemos caer en engaño, el patriarcado no solo está instaurado en los sectores conservadores, de derechas, de determinada franja de edad, no. El patriarcado“es la institucionalización del dominio masculino en TODOS los ámbitos de la sociedad “y lo de las Masculinidades conscientes o Nuevas masculinidades como que nos pilla aún muy lejos. 


            Como ella misma explicó decidió hablar  “acerca de cómo los estereotipos limitan nuestro pensamiento y le dan forma…me da la impresión de que la palabra «feminista», y la idea en sí del feminismo, también se ven constreñidas por los estereotipos….. Decidí hablar de feminismo porque es algo muy importante para mí.…”  Y si, la palabra “Feminismo” está sobrecargada de connotaciones negativas, conceptos distorsionados como el fraudulento argumento de  “El feminismo es como el machismo pero al revés” o el famoso “¿Por qué Feminismo y no Humanismo?”,  intereses socio-económicos fruto de años de patriarcado (¿Quién quiere renunciar a sus privilegios?), manipulación con términos inventados por el patriarcado tales como Hembrismo y no sé cuantas falacias más que nos hacen ser vistas a todas como lesbianas mal folladas que no se depilan, feas, gordas, amargadas y potencialmente exterminadoras de hombres, cuando no unas putas díscolas que vamos enseñando los pechos más allá de los mares sin dejar de ser unas mantis religiosas de nuevo potencialmente exterminadoras de hombres…. Vamos, que el Manifiesto SCUM se nos queda corto a día de hoy!.

Ngozi esto lo suaviza más al hablar de esos estereotipos, “Odias a los hombre, odias los sujetadores, odias la cultura africana, crees que las mujeres deberían mandar siempre, no llevas maquillaje, no te depilas, siempre estas enfadada, no tienes sentido del humor y no usas desodorante” , que van de la mano del concepto que se tiene de las feministas con el cual, ni ella, ni yo, ni muchas, nos sentimos identificadas y que le llevaron a autodenominarse irónicamente como “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”.

Por todas esas connotaciones negativas del significado de la palabra “Feminista”,  Chimamanda Ngozi Adichie  defiende que “mucha más gente tendría que reivindicar esa palabra” y aboga “por un feminismo sin complejos que incluye la naturalidad incuestionable de que hombre y mujeres deberían tener los mismos derechos y las particularidades que cada uno quiera añadir a su forma de entender los géneros. El problema del género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente”.

            ¿Por qué algunos de los muchos roles que recaen sobre las mujeres es la dulzura, “ese toque femenino” que reclamaba uno de los subordinados de una jefa,  la falta de rabia y agresividad entendida como ambición o los cuidados del hogar? ¿Por qué nos inculcan a competir entre nosotras en vez de enseñarnos la magnitud y belleza del concepto Sororidad?, ¿Por qué si a una mujer la violan parte de culpa se le achaca a ella?: Demasiado corta, demasiado escote, ¿qué hace caminando de madrugada sola por la calle?, ¿Qué hace sola en una habitación con 4 chicos?.... ¿Acaso la calle no es tan mía como de un hombre y mi cuerpo no me pertenece? ¿Por qué el estigma de la prostitución es de la prostituta y no del cliente que paga por sexo?


Rabia, yo también tengo mucha rabia y me esfuerzo en mi día a día porque no se me note demasiado… ¿Otro rol en el que también caigo? Si, tal vez por la culpabilidad y miedo que nos es inculcado desde la cuna por nacer mujer. Miedo a nuestra libre sexualidad, a nuestra potencialidad, a nuestra inteligencia que debemos “esconder” para “conseguir” marido y no intimidar a los hombres.... Culpa y miedo, a los hombres y a nosotras mismas… ¡Qué bien se lo tiene montado el sistema!


            Siguiendo con el tema del feminismo otra cosa que me llama muchísimo la atención al  respecto, es la “percepción”, está más amable pero igual de errónea, por parte de numerosos sectores de la sociedad de considerar que ser feminista consiste exclusivamente en el reparto de tareas del hogar, o lo que es peor, en que los hombres “ayuden”, sí, “AYUDEN!!!” , en dichas tareas, porque parece ser que la suciedad, el cuidado del hogar, los cuidados en general y demás temas de ámbito doméstico y familiar vienen con nombre de mujer.

 Volviendo al tema de los mal llamados Micromachismos, la autora desde su experiencia nos muestra ciertos hechos cotidianos, que nos evidencian la normalización de los roles y estereotipos de género,  que nos llevan una concepción descafeinada y muy sutil del machismo, tanto que los podemos llegar a considerar pequeños gestos de machismo: los aparcacoches que esperan que paguen los hombres, las/os camareras/os que se dirigen a los hombres invisibilizando a la mujer, las mujeres que se ocupan de labores del hogar, dan las gracias si el hombre las “ayuda” en dichas tareas y ceden en su carrera profesional o en sus sueños para mantener “la paz en el matrimonio”, la niña que saca la mejor nota de clase porque aspira a ser delegada, pero a la profesora se le olvida matizar que sólo los niños varones pueden serlo, el llevar anillo para parecer casada y ser tomada en consideración de una manera seria en el ámbito profesional-laboral.

La autora señala  que “Si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si vemos la misma cosa una y otra vez, acaba siendo normal. Si sólo los chicos llegan a monitores de clase, al final llegará el momento en que pensemos, aunque sea de forma inconsciente, que el monitor de clase tiene que ser un chico. Si solo vemos hombres presidiendo empresas, empezará a parecernos natural que solo haya hombres presidentes de empresas”.

Y aquí es precisamente donde radica mi crítica a la palabra Micromachismo. La palabra “micro”, es un elemento compositivo que  proviene del idioma griego (‘pequeño’) por lo que es un diminutivo para asignar algo muy pequeño.  Así que para que me aclare con lo de los Micromachismos:  que “los hombres gobiernen el mundo”, como dice la escritora, sería machismo o fruto de una sociedad y mentalidad machista, ¿no?. Que nos violen y maten por ser mujeres a parte de delito sería fruto del androcentrismo imperante que se visibiliza a través del machismo y un ejercicio de poder por parte de los hombres y sometimiento de las mujeres. Pero lo de la amiga que se sacrificó por salvaguardar su matrimonio, lo de las/os camareros y aparcacoches  que piensan que el dinero proviene del hombre, o la vez en la que fue interrogada en un hotel de lujo “porque es impensable que una mujer nigeriana pueda ser una clienta que paga su habitación”, vamos, negra nigeriana igual a prostituta , eso ¿sería solo un “pequeño” machismo?...
¿Perdón?, me he perdido algo?.  En palabras de Diana López Varela, autora del libro “No es país para coños”,  ‘micro’ parece que lo hace más endeble, más pequeñito. Y al final todo es machismo puro y duro. El acoso callejero es machismo; el laboral, también. Hablamos de ‘micromachismos’ para referirnos a cosas que no son tan graves como una violación, por ejemplo, pero las mujeres vivimos empachadas de esos ‘micromachismos’. O como bien explica Alicia Murillo, “No existen los micromachismos, porque no hay violencias invisibilizadas en lo cotidiano, lo que hay son personas invisibilizadas: las mujeres. No somos tontas,  somos perfectamente conscientes y capaces de evidenciar esas violencias,  nuestras abuelas las denunciaban a diario, el problema es que sus quejas nunca  fueron escuchadas con respeto. Y así, en lugar de decir: “las abuelas fueron conscientes de ser las esclavas de la casa y muchísimas de ellas se quejaban por esta injusticia” decimos “se llama micromachismo, porque son violencias machistas pequeñas de las que nadie se da cuenta”. De esta forma la academia mata dos pájaros de un tiro, hace ver que son violencias de “poca importancia” y además deja a las mujeres en un lugar infantilizado, incapaces de evidenciar y describir su situación de abuso por sí solas.”


            Respecto a la base que propone la autora para conseguir la igualdad y cerrar la brecha de géneros cierto es que cambiar la sociedad es tarea tanto de hombres como de mujeres, pero que el patriarcado renuncie a esos privilegios robados a golpe de machismo requiere una ardua tarea de educación y concienciación en la que ambos deben implicarse, y eso supone que una de las partes renuncie a dichos privilegios. Lo que si me gustaría añadir es que aunque la autora entienda que el feminismo no es cosa únicamente de mujeres, matizaría que los hombres feministas deben hacerse con sus espacios no reclamando grupos mixtos feministas sino reclamando su propio hueco dentro de los espacios masculinos. La masculinidad es una jaula muy pequeña sí, pero a los hombres compete esta tarea de abrirla…

            Sinceramente el título el texto “Todos deberíamos ser feministas” es bastante gráfico como para no tener claro que concibe una sociedad igualitaria y dado que es el Feminismo es el movimiento que aboga y lucha por esta igualdad real, resulta más que evidente que Todas y todos deberíamos ser feministas. Aunque he de reconocer que  un “Dame un motivo por el cual no ser feminista” hubiera estado muy bien también….

jueves, 12 de mayo de 2016

EL DOCUMENTAL ‘INDEFINIDA PLURAL’ CUESTIONA A TRAVÉS DE LA FIBROMIALGIA LOS ROLES DE GÉNERO

La fibromialgia es una enfermedad de duros síntomas y difícil diagnóstico que afecta, en su mayor parte, a las mujeres. Quienes padecen esta patología tienen que luchar para afrontar con dolor el día a día además de lidiar con la incomprensión de los demás. Bárbara Boyero pone como ejemplo esta problemática en un documental que buscar romper con los límites de la normalidad asumida.


Ana R. Crespo. Amecopress


Fatiga extrema, dolor persistente, rigidez de los músculos, tendones y tejido blando, dificultades para dormir, rigidez matutina, dolores de cabeza o problemas con el pensamiento y la memoria son algunas de las realidades con las que conviven cada día un 4,2% de las mujeres españolas, según datos de la Sociedad Española de Reumatología (SER). Muchos autores insisten todavía en no considerar la fibromialgia una enfermedad.


El documental ‘Indefinida Plural’ plantea diversas preguntas: ¿Es obligatorio cuidar de los demás si eres mujer? ¿Sólo le ocurre esto a las mujeres que tienen fibromialgia? ¿Significa ser mujer hacer todas esas cosas? Si no las haces o ya no puedes hacerlas, ¿no eres mujer? ¿Ya no? ¿Qué eres? En el trabajo de Bárbara Boyero, tres mujeres cuestionan y superan a través de la fibromialgia roles de género y aquello que se esperaba de ellas.
Se trata de una reflexión sobre la relación social, histórica y cultural de las mujeres con la salud, el dolor, la culpa, las renuncias, los cuidados, etc.



“No quería hacer un documental sobre la fibromialgia sino descubrir cómo la definen quienes la padecen”, explica Boyero. Lo que empezó con un fin de denuncia en que las mujeres eran vistas cómo víctimas acabó siendo un “aprendizaje brutal a través de todas estas mujeres tan fuertes”. En esta obra se contemplan diversos aspectos como el paso de cuidadora a cuidada y la reacción del entorno, la culpabilidad, el maltrato médico, familiar y social o el constante cuestionamiento que sufren. Esto último era primordial para las creadoras: “No queríamos generar un cuestionamiento todavía mayor. Lo que buscábamos era la aceptación social”.

En el desarrollo del documental, las diferencias entre las mujeres que padecen fibromialgia y las que no se fueron difuminando: “Todas viviríamos mejor en una sociedad que nos escuchara y que nos educara en la igualdad”, asegura Boyero. ‘Indefinida Plural’ busca que muchas mujeres se vean reflejadas, se sientan representadas, “algo muy importante para quienes viven cuestionadas”. También pretende que quienes padecen fibromialgia reflexionen, que pasen por lo que pasó Barbara Boyero: “Este documental me removió mucho a nivel personal”. 



Además de en Youtube (en tres partes)







 el documental se puede ver también en Vimeo.

¡Ayuda a difundir este documental! 


Nota de la autora sobre las condiciones de difusión:

Después de 2 años, hemos subido el documental a internet para que pueda tener toda la difusión posible, en ese sentido, agradecemos cualquier reenvio de este mensaje, que colguéis el link del video en páginas web, blogs, redes sociales… para que toda la gente que pueda estar interesada, lo vea.

Por otro lado, es un trabajo autoproducido y por eso también buscámos fórmulas que puedan ayudarnos a ingresar algo del dinero que nos permita financiarnos otros proyectos audiovisuales. En ese sentido, intentamos llegar a acuerdos con administraciones, centros de atención, ayuntamientos, casas de la mujer, fundaciones… para organizar proyecciones remuneradas o la inclusión del documental en jornadas, debates…

También hemos hecho una tirada de dvds del documental, pero si son pedidos de 1 ó 2 sale bastante caro con los gastos de envío.

Por eso hemos decidido las 2 opciones, la visualización en internet libre y gratuita para todo el mundo y las proyecciones públicas para recuperar parte del dinero que gastamos en la realización.

De todos modos, si sabes de algún sitio que quiere ponerlo y no tiene fondos, diles que se pongan en contacto con nosotras en indefinida.plural@yahoo.es y buscamos una solución juntas.

Y por supuesto, te agradeceríamos enormemente que reenviaras el enlace a toda aquella persona o asociación que creas que puede estar interesada en verlo.

Si quieres hacer una proyección del documental, escribenos un mensaje a indefinida.plural@yahoo.es para saber dónde y para quién se proyecta, conocer el enfoque, tener una idea de la difusión y, dependiendo de las circunstancias, por tema de derechos de autora… Para su uso por parte de las administraciones y organismos públicos, televisiones, bancos, cajas, empresas o fundaciones no está permitido su uso sin permiso expreso de las autoras, póngase en contacto con ellas.

Texto extraído de: www.pikaramagazine.com

domingo, 10 de enero de 2016

RÉGIMEN FALOCRÁTICO Y NEOPATRIARCADO

La falocracia prima un órgano por encima del otro, una práctica por encima de otras, una identidad por encimas de las demás. El hetero biovarón con falo, penetrador y masculino será la materialización del neopatriarcado en el régimen falocrático.


Ángel Amaro
Sociólogo y Activista LGTBIQ


En los entresijos de la postmodernidad líquida el régimen ultraliberal redobla sus esfuerzos por presentarnos un “patriarcado soft” o, como bien apunta Alicia Puleo, un “patriarcado de consentimiento”. Un sistema sexo-género más injusto e inhumano que cualquier otro pero con mejor presencia, de cuello blanco.

Cuando la mirada masculina es el centro de lo Social estamos ante el androcentrismo. Un canon masculinista que se convierte en parámetro o vara de medir. Este androcentrismo que etiqueta y cosifica, se desenvuelve en un contexto heterosexista (presunción de heterosexualidad obligatoria), al mismo tiempo que falocrático (mirada fálica como canon y parámetro que evalúa y binariza).


La falocracia prima un órgano por encima del otro, una práctica por encima de otras, una identidad por encimas de las demás. El hetero biovarón con falo, penetrador y masculino será la materialización del neopatriarcado en el régimen falocrático. La falocracia invisibiliza ciertos órganos y empodera otros; estigmatiza unos y sobredimensiona el pene. Es la falocracia la que otorga un estatus al pene por encima de la vagina, al semen por encima del flujo vaginal, al glande por encima del clítoris, al prepucio por encima del himen y a los testículos por encima de los ovarios.

El neopatriarcado hace de la eyaculación femenina un tabú, sólo evidente para las ninfómanas; convierte a la masturbación femenina en una práctica incompatible con el hecho de tener pareja; reduce el aparato sexual de las mujeres a un aparato reproductor propenso a repesiones de legislaciones de turno y moralinas de la Iglesia. Negar el derecho a decidir de las mujeres es el mayor exponente del régimen falocrático.

La batuta coordina, el pináculo se erige, la fuente ensalza, la porra atiza, la tiza apunta, la regla amenaza, el bastón impone, la columna romana rememora… Estamos rodeados cotidianamente de formas fálicas, marketing y elementos falocráticos que los tenemos (generalmente) interiorizados como habituales o socialmente aceptados.


El Imperio Romano levantó columnas en homenaje a los emperadores y sus hazañas, la Iglesia erigió iglesias que se levantaban al cielo con el fin de alcanzar la inmesidad del Reino de los Cielos, el capitalista construye inmensos rascacielos como símbolo de su poder económico, en los parques de las grandes plazas hay potentes chorros de agua que emanan de las fuentes en posición vertical levantándose varios metros y transmitiendo poder, etc.
La falocracia históricamente atribuyó poder/control al falo del hetero biovarón y sumisión/pasividad al resto de órganos (vagina, ano y boca). Expresiones como “que te den por culo”, “que te follen”, “vamos de culo”… son el vivo ejemplo de que la falocracia estigmatiza el sexo anal y el uso sexual que se pueda hacer del ano. Asimismo pasiviza la vagina y reduce a las mujeres a meros objetos sexuales destinados a satisfacer “la infinita actividad sexual” del falo propiedad del hetero biovarón blanco, occidental, masculino y penetrador.

El porno es falocrático (de ahí la aparición del postporno y la deconstrucción crítica que se hace del mismo) porque el pene y la actividad de éste es el que marca el climax de las escenas, la ciencia es falocrática porque es androcentrista y tiene una mirada masculinista, y como no… la publicidad es falocrática porque busca legitimar el canon binarista y castrar la emancipación sexual de las mujeres vendiéndoles cortinas de humo en un manipulado contexto de “liberación sexual”.

El consumismo cae en tópicos sexistas para atraer la mirada del hetero biovarón y recordarle que tiene privilegios biológicos que legitiman cierto estatus quo. La falocracia explica por qué se ve tan mal la ninfomanía, por qué hay gente que culpabiliza a las mujeres en caso de violación, por qué hay quien defiende la trata de personas con fines de explotación sexual, por qué hay quien practica la ablación del clítoris a niñas de diez años, por qué las mujeres siempre tienen que mear sentadas, por qué los condones femeninos son tan poco comercializados, por qué las vaginas siempre están legisladas por códigos penales y los penes no, etc.


En este patriarcado de consentimiento de nada sirve subirse encima de unos tacones si la falocracia se sube en encima de ti y la llevas cargando encima de un lado para otro como una losa bien pesada.


Los valores falocráticos estigmatizan la sexualidad y cuerpos de las mujeres y algunos hombres (no nos olvidemos que los hombres que manifiestan tener actividad sexual anal también son víctimas de la falocracia por “dinamitar” e ir en contra de los “intereses” del falo del hetero biovarón masculino y penetrador).Se puede decir, muy a mi pesar, que el neopatriarcado está asentado en cimientos demasiado sólidos que dificilmente podrán ser aniquilados si no es con un trabajo latente y de largo de recorrido. Sólo una praxis feminista, desde la unidad de acción, podrá dilapidar y deconstruir los valores falocráticos, binaristas, heterosexistas y androcentristas que nutren y dan vida al neopatriarcado del presente.


http://www.diasporaqueer.blogspot.com.es/
Texto extraído de: pikaramagazine.com

viernes, 11 de diciembre de 2015

LOS LÍMITES DE LA SEXUALIDAD


Las personas somos un conglomerado bio-psico-social. “Bio” es nuestra parte biológica, nuestro cuerpo, nuestras hormonas, etc. “Social” se refiere a todo aquello que aprendemos de la sociedad en la que vivimos: pensamientos, actitudes, creencias, etc. y “psico” implica cómo integramos estos conocimientos en nuestra estructura psicológica. Estos tres aspectos son inseparables: si uno varía, los otros dos le siguen.

En nuestra sociedad aprendemos que todo se compone de dos elementos extremos que se complementan: hombre-mujer, delicadeza-rudeza, pureza-impureza… No suelen existir los términos medios. Es algo aprendido desde la infancia, y nuestro cerebro se alimenta de ello puesto que necesita esquematizar la realidad para poder aprehenderla. Eso no significa que nuestro cerebro necesite dividir todo en dos opuestos, y mucho menos que uno sea superior al otro. En cambio nuestra sociedad aboga por ello. Los roles opuestos que se asignan a mujeres y hombres hacen que no vivamos con libertad la relación con nuestros cuerpos y menos aún la relación con otros cuerpos.
La tiranía de género se hace patente en nuestra sociedad cuando no puedes (o no debes) elegir determinadas actitudes, prácticas, etc. ¿Te has planteado alguna vez por qué eliges una cosa y no otra? ¿Por qué te gusta una determinada manera de ser y no otra? Seguramente a las preguntas planteadas respondas: “Bueno, si elijo algo es porque me gusta…” A lo que yo te volvería a preguntar: “¿Pero POR QUÉ te gusta?”. Y seguiría incidiendo en esta pregunta porque habitualmente lo que se ve, ya sea en sociedad o en terapias, es que la gente no elige en función de sus preferencias, sino en base a lo que cree que se espera de ellas o han aprendido que tiene que ser así, sin más. Por ejemplo, ¿no has mantenido alguna vez relaciones sexuales cuando no te apetece porque piensas que es lo debes hacer o lo que los demás esperan de ti?, ¿o has pensado en operarte porque una parte de tu cuerpo no te gusta?, ¿o te has obligado a sonreír cuando en realidad te apetecía llorar?


En nuestra sociedad los valores otorgados tradicionalmente a la mujer son los menos valorados y se consideran de segunda categoría. Algunos de estos valores son: discreción, elegir a las parejas pensando en el futuro, responsabilidad, fidelidad, sumisión, disponibilidad o falta de iniciativa. Por otra parte, los valores masculinos (competitividad, iniciativa…) tienen la ventaja de ser considerados mejores socialmente. Pero si nos paramos a analizarlos veremos que muchos de ellos no reportan grandes beneficios. Se espera de los hombres disponibilidad sexual absoluta, se les enseña a dar poca importancia al factor afectivo y tienen que soportar la presión de ser expertos en todos los ámbitos y los responsables del placer de sus parejas.
Cuando una persona no cumple con alguna de las características asignadas a su género, de alguna manera será avisada por su círculo social y, si persiste en su actitud, se le negará reconocimiento social. Ese control sexista es cada vez más sutil, pero sigue existiendo tal y como lo planteas en tu pregunta, y más cuando ahondamos en el terreno de la sexualidad. Para verlo más claro, tan sólo tenemos que imaginar una pareja heterosexual en la que ella tenga más iniciativa y llame más la atención que él. En este caso, la mayoría de comentarios serán parecidos a los siguientes: “Pobrecito”, “Él es muy buena persona”, “A ella se la ve muy marimandona”, etc. Cuando en el caso contrario seguramente no escucharíamos apenas comentarios, puesto que socialmente es lo “normal”. Y, si ahondamos en el terreno sexual, pongámonos en el caso que él eyacula antes de lo que esperaba. El papel de la mujer suele ir encaminado a consolar o quitar importancia, cumpliendo su papel social de comprensiva. En cambio, si ella no tiene un orgasmo, surge la preocupación de él, puesto que supuestamente no cumple las expectativas de experto. En todos los ejemplos, los avisos vienen subrayados por estereotipos: “Marimandona”, “Calzonazos”, “Eyaculador precoz” y “Frígida”.


El problema no son los valores en sí, sino el hecho de no poder elegirlos. Una persona puede no tener iniciativa porque ELIGE no tenerla, pero en el momento en que se convierte en una exigencia, limita su desarrollo personal. Toda esta socialización de género va conformando nuestra sexualidad de tal manera que elegimos lo que elegimos no por libre elección, sino porque es eso lo que tenemos que elegir, sin plantearnos más opciones, porque de existir éstas, apenas las conocemos. Por ello es un proceso complicado cambiar las actitudes asociadas al género, pero no imposible.

Cuántas veces has escuchado: “¡No sé cómo lo hago, pero siempre acabo saliendo con el mismo tipo de persona!” Otra muy habitual: “¡Todos los hombres (o mujeres) son iguales!” Detrás de estas frases se esconde este aprendizaje de género.

De hecho, no vemos lo que hay, sino lo que somos. Es decir, tus gustos se definen en función de tus creencias, con lo cual siempre te fijarás en aquellas personas que reafirmen tu idea de cómo tienen que ser las cosas.
Y el mundo está estructurado en función de tus ideas, de ahí por ejemplo que mucha gente tenga que etiquetar como hombre y mujer a parejas gays y lesbianas…No conciben otra visión porque no lo han aprendido. Aún analizando y cambiando tu visión de la sexualidad, se siguen repitiendo los patrones porque algo que se ha aprendido durante toda la vida, no se puede cambiar de un día para otro. Necesitas derrumbar todas las creencias anteriores y empezar un edificio nuevo. Y siempre teniendo en cuenta que los pensamientos y actitudes cambian antes que la acción.

Pero sobre todo, para poder cambiar nuestro modelo de sexualidad hay que replantearse todas las acciones que hacemos sin pensar y ahí veremos cómo reproducimos nuestros aprendizajes castrantes hasta en los más mínimos detalles. Y si no recuerda cuando una amiga tuya te dijo cuántos polvos había echado en una noche contabilizando las eyaculaciones de él o cuando aquel amigo tuyo te dijo que pensaba en otra cosa mientras practicaba la penetración. Para generar el cambio es imprescindible aprender un sano egoísmo, es decir, pasar del esquema de: “Si yo gano, tú pierdes”, al esquema: “Si yo gano, tú ganas”. Pero de este egoísmo hablaremos más adelante…

Mónica Quesada Juan
Texto extraído de: Pikaramagazine

sábado, 28 de noviembre de 2015

EL SEXISMO BENEVOLENTE

La caballerosidad, también conocida como sexismo benevolente, es parte de nuestras costumbres. Una cosa es que un hombre te abra la puerta y no le importe si tú haces lo mismo por él; y otra es que se niegue categóricamente a aceptar tu oferta.


El sexismo benevolente, que se considera protector y caballeroso, responde a cómo la masculinidad (y, por contraste binario, la feminidad) están construidas en torno a culturas conservadoras.


El sexismo benevolente se define como "las consecuencias negativas de la actitud que idealiza a las mujeres como puras, morales, objetos dignos de la adoración, la protección y la provisión de los hombres". Mucho de esto comienza en la infancia y continúa bajo el manto que cubre la educación en la que se enseña a las niñas a ser señoritas y a los niños a ser caballeros, en lugar de seres humanos buenos y cívicos que se preocupan por los demás de igual manera. En otras palabras, es aquello a lo que muchos llaman caballerosidad o lo que implica ser un hombre de verdad. Los efectos negativos sobre las mujeres están bien documentados, especialmente en el entorno laboral.


Existen investigaciones que muestran la correlación entre el sexismo benevolente y la aceptación de las mujeres de los roles predeterminados. Por ejemplo, ten en cuenta las expresiones que se emplean para negar la diferencia de salarios. Hace poco, Phyllis Schlafly anunció que eliminar la diferencia de salarios (al menos admitió que era real) impediría a las mujeres encontrar marido. Este tipo de ideas está muy relacionado con la concepción sistémica del trabajador ideal: un hombre que es el principal sustento de su familia. Resulta un tema muy recurrente en las políticas conservadoras sobre el trabajo y los géneros.


Lo de no ver el sexismo aunque sea evidente hace que la gente con poder especule con que "el dinero es más importante para los hombres". Quiero que os imaginéis a un político diciendo que el dinero es más importante para los judíos. O para los negros. O para las personas altas. La diferencia entre el dinero que gana un hombre y una mujer a lo largo de su vida es enorme.

 Los sexistas benevolentes son hostiles al éxito de las mujeres en su puesto de trabajo. Deberíamos cuestionar esta forma de sexismo. Al fin y al cabo, podemos esforzarnos por abrir las puertas por nosotras mismas, ya que, por desgracia, no podemos concedernos un ascenso en el trabajo.(*)


Texto:Soraya Chemaly 

(*)Este artículo habla de EEUU pero en mi opinión puede ser válido para muchos países
Texto extraído de: mujericolas