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domingo, 11 de enero de 2015

SEXPROPÓSITOS PARA EL 2015


Ir al gimnasio, hacer dieta y aprender inglés. Todos los años los mismos propósitos. Harta de los convencionalismos, tal día como hoy me dije a mí misma “¿Y por qué no me propongo quererme a mí misma?”. Así, puesto que todos somos personas sexuadas, la sexualidad como aspecto biológico, psicológico y social del ser humano, cobra una vital importancia respecto a nuestro bienestar.

Con todo esto, años después y especializada en quererme mucho, he decidido compartir lo que un día me prometí y hasta el momento no he dejado de cumplir: mis Sexpropósitos.

SEXPROPÓSITO 1. Aprende más sobre tu propia sexualidad.


Así es, aprende sobre TU sexualidad. Conócete a ti misma. Conoce tu cuerpo, tus gustos y tus apetencias.

Aprende a masturbarte, averigua qué es lo que más te gusta, qué tipo de caricias son las que más te ponen a tono, qué zonas de tu cuerpo son las más erógenas además de tus genitales, qué olores te atraen o qué fantasías sexuales te gustaría realizar. En definitiva, cultiva tu deseo sexual.

Por si te atreves…

EJERCICIO “MI MOMENTO”:



Localiza una cama en un lugar en el que te sientas tranquila y cómoda. Estando sola y a una temperatura agradable, túmbate y relájate.
Cierra los ojos e intenta visualizar algo que te excite. Puedes tomarte todo el tiempo que necesites e incluso crear una historia erótica en la que la protagonista seas tú. Imagina que en esa historia aparecen escenas picantes: caricias, besos, masajes, sexo oral, penetración vaginal o anal. Puedes escoger la práctica sexual que más te guste y dar rienda suelta a tu imaginación.

Mientras creas tu historia puedes acariciar las partes de tu cuerpo que prefieras; por ejemplo el cuello, los pechos, el vientre, los muslos o los genitales. Si hay una zona específica que te guste muchísimo acariciar y no la haya nombrado, adelante, imaginar es gratis y muy sano.

Si te apetece, puedes masturbarte e incluso si te gusta muchísimo, llegar al orgasmo. Si no consigues alcanzar el orgasmo, no te preocupes, este ejercicio, además de dar placer, tiene como objetivo conocerse a una misma y conocer qué partes de tu cuerpo te producen más placer. Además, saber que ese momento es sólo para ti y las propias caricias que tú misma te brindas, ya es motivo suficiente para el disfrute. Te mereces disfrutar de ti misma y de tu sexualidad.



SEXPROPÓSITO 2. Quiérete. Quiérete mucho:


Mímate y date un capricho de vez en cuando, que un dulce al año no hace daño.
Por si te atreves…

EJERCICIO “ESPEJO”:

Mírate en el espejo (de cuerpo entero a poder ser) y observa tu cuerpo, primero con ropa y luego sin ella.


Ahora pregúntate a ti misma “¿Qué ves?” y contéstate en voz alta (tranquila, puede que al principio te sientas un poco ridícula hablando contigo misma en voz alta, pero verás los efectos tan positivos consigues al finalizar el ejercicio).

Está totalmente prohibido auto-determinarse con adjetivos descalificativos, así que nada de “es que la celulitis no sé qué o es que este michelín no sé cuantos”. Sólo te puedes permitir decir calificaciones positivas; porque sí, puede que tengas un michelín, pero mira que ojos, o que culo, que pechos, o mira que curva tan bonita hace tu sonrisa. Busca aquello que te guste de tu físico y date permiso para echarte un piropo.




SEXPROPÓSITO 3. Deshazte de los mitos sexuales y olvida que existen los tabúes.

¿Conoces el juego del teléfono en el que una persona dice una frase a otra, ésta a otra, ésta última a otra, y así hasta que el contenido del mensaje se deforma totalmente? Pues con el sexo igual. Tras haber sido durante muchísimo tiempo en Occidente el tema tabú por excelencia, no te puedes imaginar cuánto desconocimiento hay acerca del tema y cuántos mitos y leyendas divagan entre las sombras.




Porque no es lo mismo sentarte en una cafetería y, entre risas, hablar de tu vida sexual con tus amigas que leer bibliografía al respecto, te recomiendo que te informes y amplíes tus conocimientos, y que para ello leas, leas mucho.

Por si te atreves…
Te dejo una pequeñísima parte de la bibliografía que yo misma he leído y me ha encantado:

Tu sexo es tuyo. Silvia de Béjar.
Todo lo que las mujeres quieren saber sobre sexo y se atreven a preguntar. Paloma Aznar.
Psicoerotismo femenino y masculino. Fina Sanz.
Los vínculos amorosos. Fina Sanz.
S=EX2. La ciencia del sexo. Pere Estupinyà.
En el principio era el sexo. Christopher Ryan y Cacilda Jethá.

¡FELIZ SEXO!


Texto extraído de: weloversize.com

martes, 8 de julio de 2014

SQUIRT: “ENTIÉNDELO Y PROVÓCALO"



Squirt, todas las mujeres soñamos con tenerlo, algunas requieren de entrenamiento y otras simplemente lo tienen en toda relación sexual. Se conoce médicamente el origen del squirt o eyaculación femenina desde el año 2001, cuando se dio a conocer el nombre de próstata femenina, el cual todos conocíamos como Punto G. La próstata femenina vendría siendo la terminación del clítoris dentro de la cavidad vaginal, es decir, el clítoris mide aproximadamente 8 cm y lo podemos estimular por dentro y por fuera.


Si se conocían aproximadamente 8000 terminaciones nerviosas el clítoris, entonces ¿Cuantas terminaciones nevosas ostenta el clítoris en realidad?, ¿De cuanto placer se esta perdiendo una mujer? Al rededor de la próstata se encuentran las glándulas de Skene, capaces de producir el liquido eyaculatorio, estas contienen canales que transportan la eyaculación por medio de la uretra, es por esta razón que la eyaculación femenina se confunde con orinar, lo que me hace pensar en aquella expresión popular: “orinar da placer”. Ok, teniendo esta información ya clara, podemos provocar un squirt.

Para lo que formule un paso a paso, basado en las técnicas propuestas por Alice K. Ladas, quien es terapeuta sexual e investigadora; Annie Sprinkle mi actriz porno favorita y Deborah Sundahl, la gurú de la eyaculación y mi escritora favorita.

1. Se debe tener las piernas bien abiertas, yo me recosté en cama, se me hizo más cómodo y fácil. Estimula el clítoris para llenarlo de sangre y poder palparlo por dentro, para esto, recomiendo el uso de aceites a base de agua, pues estos no alteran el PH de la mujer.
2. Introduce el dedo corazón, el dedo corazón y el índice o el dedo corazón y anular, con la palma hacia arriba, es decir viendo hacia el ombligo, no sumerjas completamente tus dedos, pues el Punto G se encuentra solo a unos centímetros, para se exactos se encuentra detrás del hueso púbico. (Sabes que es el Punto G, porque al mover los dedos hacia el frente, sientes un área acanalada, que al presionar sientes inmediatamente hueso púbico y da sensación parecida a la de ganas de orinar).


3. Debes hinchar el Punto G, hasta volverlo un poco mas grande que el tamaño de una almendra. Esto lo consigues masajeandolo, te recomiendo mover los dedos de manera circular, presionando un poco, da toques rápidos, detente y empuja ligera y extensamente hacia arriba, intentando tocar el hueso púbico. (Es posible que se llegue al orgasmo sin eyacular en este paso, pero es cuestión de ejercitar y entrenar el Punto G)

4. Combina los movimientos anteriores con Kegels, es decir, contrae intermitentemente los músculos pubococcígeos o PC, los músculos con los que se sostiene la orina; es de esta forma que las mujeres normalmente obtienen el orgasmo, pero el orgasmo proviene del clítoris, el nervio pudendo es quien responde y a eso vienen las contracciones y la lubricación abundante en la vagina, pero no hay eyaculación vía uretra.

5. Continua frotando el Punto G, rota el dedo, presiona y conforme se excite, levanta las caderas presionando las nalgas. Sigue y repite los movimientos.
6. Para terminar, saca los dedos o el dedo con rapidez y puja (o pídele que puje), sin dejar de contraer las nalgas y con la cadera elevada; presiona por fuera haciendo círculos con la mano sobre los labios mayores que casi cubren el clítoris, o bien, se puede estimular manualmente el clítoris externo. Si siente que la sensación inminente se escapa, repite. Se necesita de concentración, sentir es lo esencial, va a venir, va a llegar.

Lo importante es que no se piense, es importante que solo se sienta. Entregarse a la sensación y dajarla fluir. No todas las mujeres eyaculan la primera vez que lo intentan, es cuestión de conocerse sexualmente y estimularse frecuentemente.


Algunas personas preguntaran: ¿Para que sirve la eyaculación femenina? o ¿Porque no simplemente tener un orgasmo?. Pues, además de placer puro, de acuerdo al profesor de medicina patológica y forense de la Universidad de Bratislava, Milan Zaviacic, la próstata femenina tiene dos funciones: exocrina, manufacturar, almacenar y emitir el fluido eyaculatorio; y neuroendócrina, producir hormonas y serotonina. Es mas, otros estudios de la Universidad de York en Toronto afirman que su propósito es evolutivo: la uretra y la vagina comparten una pared virtual, el piso del canal uretral es el techo de la vagina, por lo tanto la glucosa de la eyaculación es absorbida por la vagina y crea un ambiente de soporte para el esperma, la reproducción.


VIDEO: ¿Cómo conseguir una eyaculación femenina o squirting?



Y recuerda...."El arte es la eyaculación del impulso".....


Texto extraídos de: amoelsexo.com
http://elsyreyes.com/squirt-room-el-paso-a-paso-para-lograr-una-eyaculacion-femenina/ 
http://www.mundiario.com/articulo/sociedad/squirt-arte-squirting-chorro-placer-orgasmo-femenino/20130907125747010275.html

domingo, 16 de marzo de 2014

LAS MEJORES POSTURAS SEXUALES PARA MICROPENES, PENES PEQUEÑOS Y PENES GRANDES



Aunque cuando nuestra pareja cuenta con un pene de tamaño normal las medidas poco importan, si nuestro chico tiene un miembro más bien pequeño o por el contrario, excesivamente grande, el tamaño sí que comienza a importar.

LAS MEJORES POSTURAS SEXUALES PARA MICRO PENES




Muchos hombres están atormentados por el tamaño de su pene, sobre todo ante el eterno dilema de si el mismo es importante o no para las mujeres. Lo cierto es que ocasiones los centímetros del falo acaban siendo una cuestión de autoestima más significativa para ellos que para nosotras mismas. Pero cuando se trata de micropenes, puede que la situación cambie un poco, y es que hay que recurrir a diversas técnicas para apuntar hacia el placer sexual y pasarla bien. 
Te explicamos cuáles son las mejores posturas sexuales para micropenes.



Un pene normal varía entre 12 y 15 centímetros en estado de erección. Si el pene es menor a 12 centímetros se considera pequeño, pero cuando en estado erecto el falo no supera los 7 centímetros, en ese caso se habla de micropene.

Al tamaño del pene debe añadirse el diámetro o grosor del mismo, un elemento que puede hacer la diferencia en el disfrute sexual. La mujer percibe sensaciones de placer en los primeros 10 centímetros del canal vaginal, por lo que si el pene mide 11 centímetros puede conseguir complacerla en la penetración.

Sin embargo más allá de la medida, el grosor resulta muy importante debido a que las chicas alcanzamos el placer mediante la fricción, por eso si un pene cuenta con un buen grosor puede ofrecer más placer.

Si tú o tu pareja cuenta con un pene considerado por debajo de la medida promedio, hay varias formas de disfrutar con él. En principio los juegos sexuales serán fundamentales para subir la temperatura y aumentar la excitación. Es importante que los juegos sexuales duren lo suficiente y que ambos trabajen por hacer que los mismos sean placenteros para ambos.

Si se cuenta con un buen previo, se disfrutará mucho más del coito más allá del tamaño del pene.

Otro aspecto fundamental para disfrutar del sexo con un pene pequeño es la postura sexual que se elige. Por un tema de inclinación hay posiciones que favorecen más la fricción, que son más profundas y que ayudan más a los chicos con penes pequeños, mientras que otras son poco convenientes de realizar si no se tiene un falo grande.

Una forma de disfrutar del sexo con un pene pequeño que agrada a muchos son las practicas anales. Las dimensiones de este tipo de penes favorecen la penetración durante el sexo anal, por lo que no es una mala idea experimentar ocasionalmente para variar y encontrar la satisfacción.

De igual modo, el sexo oral también puede ser muy placentero si se tiene una pareja con el pene pequeño, pues resulta mucho más sencillo de llevar a cabo por la chica, haciendo que ambos se diviertan durante las felaciones.

Si es tu pareja quien cuenta con un pene pequeño, es importante darle seguridad y hacerle saber que se disfruta el sexo con él (siempre y cuando sea cierto, claramente). Si los encuentros presentan fallas o no se alcanza la satisfacción, es necesario conversarlo para mejorar aquellos aspectos que puedan mejorarse.



Como en cualquier escenario sexual, es importante variar y encontrar las mejores formas de aumentar el placer y el disfrute de ambos. Por eso no teman explorar nuevas cosas para disfrutar del sexo con un pene pequeño y potenciar así sus encuentros sexuales.
Los chicos sufren importantes problemas de autoestima relacionados con el tamaño de su pene, del mismo modo que las mujeres por ejemplo nos preocupamos con nuestra figura. Por ello es muy importante que al encontrarnos con un micropene busquemos encontrar la satisfacción sexual en lugar de reaccionar negativamente.

Existen posiciones sexuales que aumentan la fricción durante la penetración o que permiten que el pene entre de forma más profunda, haciendo que se sienta de manera más intensa, lo que funciona muy bien cuando tu pareja tiene un micropene.




La cuchara o el molde es una gran alternativa cuando él tiene un micropene. Por ser una postura en la que la mujer tiene las piernas cerradas y el hombre penetra por detrás, la fricción es mucho mayor dando lugar al disfrute de la penetración. Además una de las manos del chico está libre para estimular el clítoris o los senos, aumentando la sensación de placer.




La profunda es una gran postura para hombres con micropenes. Nuevamente ella no tiene las piernas muy abiertas, lo suficiente para subirlas al cuello del chico, mientras él penetra con un ángulo que permite que el pene llegue más profundo, de allí el nombre de esta posición sexual.




Los hombres adoran el perrito, les genera un enorme placer el juego de sodomizar a su chica, por lo que esta posición sexual resultará provechosa para ambos, pues al igual que la anterior permite una buena entrada del pene hasta el fondo. Es importante que la chica no abra demasiado las piernas para no disminuir la fricción.




El tornillo aporta también una buena dosis de placer para ambos. Se aplican las mismas reglas que en la primera postura sexual: ella es penetrada lateralmente y con las piernas cerradas, sintiendo más la entrada y movimientos del pene.

Una de las grandes ventajas de los micropenes es que permiten la penetración anal sin sentir tanto miedo al dolor debido justamente a su tamaño. Por eso si disfrutas de ésta práctica, te recomendamos que pruebes algunas posturas anales para pasarla muy bien juntos.


LAS MEJORES POSTURAS SEXUALES PARA PENES PEQUEÑOS




Durante la penetración, la mujer experimenta placer en los primeros 10 centímetros de entrada a la vagina, por lo que aunque el hombre no cuente con un falo muy grande la satisfacción puede conseguirse si se sabe cómo hacerlo. Resulta importante encontrar un punto en el que ambos la pasen bien, para ello en un hemos preparado un listado de las mejores posturas sexuales para el pene pequeño, así ambos disfrutarán de cada encuentro al máximo.




Cuando el pene no es muy grande, lo importante es hacer que la penetración se sienta. Para encontrar satisfacción la mujer no requiere de una pareja con un falo de 19 centímetros, basta con encontrar una buena postura que garantice la fricción y el disfrute de ambos. La profunda es una gran alternativa, pues como su nombre indica permite una penetración más profunda haciendo que ambos disfruten más.




El perrito es un clásico absoluto cuando se sexo se trata. Es una de las posturas preferidas de los hombres pues implica algo de control y dominación, además la proximidad al ano aumenta considerablemente el morbo. También es una gran posición sexual para penes pequeños, pues permite una penetración hasta el fondo, haciendo que ambos obtengan placer.



Lo interesante de una postura sexual como la catapulta es que el pene consigue entrar en toda su profundad dentro de la vagina, pero además el ángulo de penetración permite la estimulación del clítoris, haciendo que el encuentro sea altamente placentero para ellas. Sin duda una buena opción para disfrutar al máximo mientras experimentan un poco de contacto visual.

Otra postura genial que ayuda también a estimular el clítoris durante la penetración es la siguiente: la mujer se acuesta de espaldas, colocando una almohada en la zona del vientre para elevarla un poco. El hombre la penetra vaginalmente por detrás, consiguiendo que su pene entre completamente y garantizando la satisfacción plena. Es una postura excitante perfecta para penes pequeños pero muy cumplidores.


LAS MEJORES POSTURAS SEXUALES PARA PENES GRANDES



¿Qué pasa cuando en lugar de un pene pequeño nos encontramos con un pene grande?... y es que lo que muchos no saben es que cuando se trata de falos prominentes resulta importante saber usarlo para complacer en lugar de causar molestias en la pareja.




Tener un pene grande se ha convertido no solo en el símbolo máximo de la virilidad sino en un orgullo para muchos hombres y una pesadilla para quienes sienten que no cumplen con el "debe ser". Pero lo cierto es que desde el punto de vista femenino, más que un tamaño enorme o pequeño, importan un buen grosor y una gran técnica para alcanzar el orgasmo.

Es por eso que muchas veces un pene grande lejos de generar placer provoca dolor y molestias durante la penetración, además de convertirse en una limitante para ciertas prácticas y posturas. Por eso resulta tan importante aprender a disfrutar y hacer disfrutar del sexo con un pene grande.

Para disfrutar del sexo con un pene grande es imprescindible y fundamental JAMÁS saltarse los juegos previos, pues si la mujer no está lo suficientemente lubricada, excitada y relajada el dolor durante la penetración será inevitable.

Además el juego previo es importante para que la mujer vaya disfrutando del pene, se acostumbre a su tamaño y se aleje de la idea de que el mismo le pudiera causar molestias. 





Dedícale a este paso el tiempo necesario y permite que ambos disfruten de las caricias, besos, jugueteo y sexo oral.

Hay mujeres que lubrican muy bien durante el proceso de excitación y penetración, sin embargo hay otras a las que les cuesta más o que padecen de sequedad vaginal. En estos casos, y por tratarse de penetración con un pene grande, lo mejor es usar un lubricante vaginal a base de agua para garantizar penetraciones más suaves y placenteras. De este modo se reduce la posibilidad de molestias durante el coito.

Si tienes un pene grande ¡mucha atención con el ritmo de la penetración! Aunque en ocasiones apetece un poco de sexo rápido y "duro", debes saber que al contar con un falo por encima de la media puedes causar mucho daño a tu pareja si penetras de forma violenta o acelerada.

Es importante tomar en cuenta que así como los penes tienen diferentes medidas las vaginas también, y si alguien con el pene grande se topa con una chica de vagina estrecha se debe prestar especial atención a no causar dolor en el coito. Por eso mantén un ritmo de lento a regular y acelera solo cuando ella te lo pida o cuando sepas que no causarás molestias, así ambos conseguirán disfrutar más del sexo.

En general el sexo siempre amerita su tiempo, pero en el caso de los penes grandes mucho más. El sexo rápido no es una buena alternativa por lo que se menciona anteriormente, por eso si quieres disfrutar del sexo con un pene grande deberás darle el tiempo adecuado al encuentro para que ambos lo pasen bien.

Y claro que además de todos estos trucos para disfrutar con un pene grande, no podemos dejar a un lado las mejores posiciones para evitar el dolor y conseguir que ambos se lo pasen genial.

Si quieres saber cuáles son las mejores posturas para penes grandes:
El misionero es sin duda la postura sexual más clásica, permite que durante la penetración el pene roce ligeramente el clítoris lo que proporciona un enorme placer a la mujer, además es perfecta para crear un ambiente de máxima intimidad. Pero también permite que el hombre controle hasta donde penetra durante el coito, lo que la convierte en una gran postura sexual para penes grandes.



Aunque en la postura de la fusión los besos y las caricias no son posibles, es una excelente alternativa para el sexo cuando el hombre tiene un pene grande, y es que la propia posición dificulta que el falo penetre completamente en la vagina. Además permite el control sobre el ritmo de la penetración consiguiendo generar placer en vez de molestias.




El sometido es una postura sexual muy excitante, la dificultad de contacto visual y el acceso al ano la convierte en una alternativa llena de morbo y disfrute. Ya que la mujer está arriba justamente dándole la espalda al hombre, es ella que marca el ritmo y la intensidad de la penetración, pudiendo decidir la cantidad de centímetros y la velocidad con la que el pene la penetra.




Pero si prefieres un contacto un poco más cercano e íntimo, la variante de la fusión es una buena postura sexual para un chico con pene prominente justo por las mismas razones que la anterior. De hecho mientras más inclinada esté la chica hacia adelante mejor es el efecto, además de conseguir que su pareja estimule y acaricie sus senos.




La libélula es una posición sexual muy placentera que bien hecha va genial cuando se trata de penes grandes. El hombre debe regular la penetración que puede ser media en esta postura, aunque de quererlo pudiera penetrar también profundamente. Además durante el coito puede susurrarle en el oído a su chica o besar la zona del cuello.




Aunque la catapulta luce a simple vista complicada e incomoda, es una gran postura sexual que cuenta con una enorme ventaja: solo puede ser realizada por hombres con penes grandes, y lo mejor de todo es que el falo no penetra completamente la vagina, por lo que la chica obtiene placer sin ningún tipo de molestias.




De todas las posiciones sexuales para penes grandes, la amazona es quizá la más indicada, pues aquí la mujer se agachará hasta donde desee, permitiendo de igual modo que el pene entre en su vagina hasta el punto que ella misma marque. Sin embargo es una posición que requiere de cierto control y fuerza en las piernas, por lo que es genial para iniciar el coito pero difícilmente se puede mantener hasta el final.

Fotos: Kamasutra.ms / blindgossip.com
Texto extraído de: relaciones.uncomo.com

martes, 18 de febrero de 2014

MATERNIDAD: ¿IMPOSICIÓN, PRIVILEGIO O DERECHO?


Cuando hablamos del derecho al aborto o de los derechos reproductivos, estamos asumiendo que esto incluye el derecho a no tener ningún hijo, pero se trata de algo que queda implícito, que se supone, pero no es un derecho que se explicite y mucho menos que se visibilice culturalmente no sólo en pie de igualdad, sino siquiera con algún rasgo positivo, como discurso alternativo a los discursos maternales hegemónicos.

Porque la cuestión es:

¿Se puede verdaderamente elegir algo cuando una de las opciones es prácticamente un tabú social, científico, político, etc.?

Lo cierto es que las mujeres hacen sus elecciones acerca de la maternidad en un contexto coercitivo acerca no sólo de no tener hijos sino especialmente de tener acceso a las ventajas o a la felicidad que puede proporcionar no tenerlos, así como a la ignorancia de los problemas, las desventajas o la infelicidad que puede proporcionar tenerlos. Cualquier posición, política o personal, contraria al discurso maternalista recibe una sanción social, económica o psicológica brutal. Es en este sentido de falta de alternativas en el que el discurso promaternal es totalitario.

No ser madre es una elección personal al alcance de muy pocas mujeres en el mundo y se sigue llevando con discreción, casi en soledad, y sobre la que siguen recayendo sanciones sociales.
La no-madre se pasará la vida contestando a preguntas que dan por hecho que lo normal es elegir ser madre. Pero aun cuando ese margen de elección sea muy estrecho, hay otra cuestión aún más prohibida: la de ser madre y arrepentirse. Existen múltiples barreras psicológicas y sociales para poder expresar algo como eso, para poder expresárselo incluso a una misma. La madre que lo es y se arrepiente de esa elección jamás lo confesará. Reconocerse arrepentida de la maternidad es lo mismo que reconocer que no se quiere a los hijos, o que no se les quiere lo bastante y ahí, de nuevo se entra en la categoría de mala madre. Y sin embargo, la maternidad es una experiencia tan determinante en la vida de cualquier mujer que, por supuesto, cabe la posibilidad de arrepentirse o de pensar que de haber conocido lo que verdaderamente significaba ser madre, se hubiera escogido no serlo. Y esto puede pensarse aún incluso queriendo a los propios hijos, o queriéndoles mucho, no es contradictorio.El único discurso negativo sobre la maternidad que se permite es el de la mala madre, la madre perversa, la que no quiere a sus hijos/as, la que los maltrata. Y el discurso sobre la mala madre no sirve sino para potenciar y prescribir un tipo de maternidad, precisamente la contraria, la que ejerce la buena madre. Porque la mala madre es la peor imagen que cualquier cultura reserva para algunas mujeres, las peores; nadie quiere ocupar ese lugar. Una puede asumir desde el feminismo, e incluso defender transgresoramente, que es una mala esposa, mala compañera, mala hija, mala amante, mala trabajadora, mala mujer, mala en general (Las mujeres buenas van al cielo, pero las malas van a todas partes), pero… ¿mala madre? Que la idea nos resulte tan personalmente devastadora es síntoma de lo absolutamente férreo que es el control sobre la maternidad y, por ende, sobre las mujeres. Ser mala madre es casi lo peor que una mujer puede ser.

Y podemos incluso ir más allá...

¿Puede no quererse a los propios hijos y no ser un monstruo?.

Los hijos se tienen en la completa ignorancia; nadie sabe cómo será cuando lleguen e invadan la vida para siempre, aun cuando todo esté lleno de imágenes positivas, casi celestiales, del estado maternal. Y aun así, la desilusión, o el encontrarse con sentimientos que no son los esperados no es tan infrecuente como se podría suponer: las depresiones que sufren las madres en mayor medida que otras mujeres y que los hombres pueden entenderse como un síntoma de algo inexpresado e inexpresable. Es conocido que, en contra de lo que el mito de la maternidad expande, hay muchas madres que necesitan tiempo para querer a sus bebés y para adecuarse a una nueva vida para la que nadie nos ha preparado. Por otras razones es perfectamente posible que una se separe emocionalmente de sus hijos/as cuando estos se hacen adultos. A los hijos no se les quiere por instinto, tal cosa no existe. A los hijos se les suele querer, sí, pero a veces no tan rápido como nos dicen; a veces no tanto como se nos supone; a veces también el amor cambia y se debilita con el tiempo y, finalmente, a veces, aun queriéndoles mucho, es posible pensar en que la vida hubiera sido mejor si hubiéramos tomado la decisión de no tenerlos; si alguien nos hubiera explicado de verdad lo que significan, si hubiésemos tenido acceso a una pluralidad de discursos y no a uno sólo. Y todos estos sentimientos, perfectamente humanos y tan normales como los opuestos, no convierten a estas mujeres en malas personas, ni en subhumanas. Pero no encontraremos ningún discurso, ningún personaje, ninguna historia, que ofrezca no ya imágenes positivas, sino siquiera neutras de ninguna mujer así.Porque, además, ¿es obligatorio querer a los hijos? ¿Hay una medida de amor mínimo obligatorio? La maternidad exige que se les quiera siempre por encima de todo: por encima de una misma sobre todo; el amor maternal se supone siempre y en todo caso incondicional, esa es una de sus principales características. En realidad, eso es lo que define la maternidad. Sin embargo, el amor del padre se supone mucho menos incondicional; de hecho, no existe el amor paternal como categoría. Los padres suelen querer a sus hijos, sí, pero sin que este amor esté categorizado como absoluto, como extremadamente generoso o incondicional. Más bien parece que cada padre quiere a sus hijos/as como puede o como quiere. El amor maternal, en cambio, no admite matices.

Por el contrario, ya sabemos que existen múltiples discursos y condicionamientos que conducen a ensalzar la maternidad y sabemos que esos discursos promaternales se dan desde todos los espacios ideológicos, no sólo desde los espacios conservadores. Además de los discursos promaternales propios del sexismo, lo cierto es que periódicamente y desde espacios ideológicos feministas aparecen discursos promaternales que ofrecen, supuestamente, nuevas visiones de la maternidad que terminan siendo la de siempre: visiones místicas y voluntaristas en las que se pretende despojar a la maternidad de sus antiguos significados simplemente porque se desea. De hecho, es posible que el discurso mayoritario en este momento dentro del feminismo sea el de una neomaternidad romantizada que en realidad no ha existido nunca antes, pero que se presenta como una recuperación de lo antiguo y de lo más natural. Muchas feministas descubren ahora el placer de la maternidad y lo hacen como si fuese algo novedoso, como si no lleváramos cientos de miles de años siendo madres. Todo se vende con el frescor y el aroma de lo nuevo: el parto natural, la lactancia y los placeres de la maternidad intensiva reaparecen en todos los ambientes y lo hacen con la fuerza de la conversión. Además, se presentan nuevas situaciones como las maternidades lesbianas o las maternidades mediante técnicas de inseminación como actos de rebelión contra el patriarcado, dejando a un lado lo que tienen de empeño consumista de adscripción capitalista, además de confirmar más que disentir, del rol maternal tradicional.

Cualquier discurso oculto tiene algo que merece la pena llevar a la luz; en este caso entender por qué no se (re)presenta la no maternidad como una alternativa igual de enriquecedora que la otra. Por eso creo que debemos reflexionar más sobre una institución maternal inscrita ahora en el consumo de masas y en el esencialismo naturalista; debemos reclamar, como poco, un espacio de reflexión sobre la antimaternidad. Y más aún porque nos encontramos en un momento en el que el discurso dominante se está reforzando al redefinir la maternidad a través de discursos que parecen menos patriarcales pero que no ponen en cuestión lo fundamental: que el hecho de que la mujer pueda tener hijos no explica ni justifica que quiera tenerlos; ni tampoco que tenerlos sea bueno, mejor o siquiera apetecible.

Beatriz Gimeno

MUJER Y LESBIANA: DOBLE RECORTE




Tan terrible es obligar a parir a alguien en contra de su voluntad como impedir ser madre a quien quiere serlo. Y no, no me he vuelto loca ni me he adherido al discurso del PP.

Poco queda ya por decir de la agresión retrógrada de Gallardón. Quizá sobre un efecto de esta: la enorme respuesta del movimiento feminista, lo que debería ser un motivo de alegría para nosotras. Pero a pesar de la potencia de la lucha emprendida y de las luces que brillan en la oscuridad, no dejo de tener un sabor amargo.

Mientras el movimiento feminista lo está dando todo contra esta violación de nuestros derechos reproductivos (y no es para menos), hay otro ataque frontal a estos que está pasando desapercibido: la discriminación en el acceso a la reproducción asistida en el sistema público a las mujeres sin pareja masculina (parejas de lesbianas y mujeres solas).

Si bien hubo una respuesta feminista este verano, lo que me ilusionó, ante el revés de la ley del aborto, ha quedado en segundo plano, si es que no se ha desvanecido de nuestra agenda política definitivamente.

Y creo que ambos asuntos deben ir de la mano en la reivindicación de los derechos reproductivos, pues ambos violan un derecho fundamental y tienen igual relevancia y urgencia. Ambos son, al fin y al cabo, las dos caras de la misma moneda.

El control sobre los cuerpos y la reproducción de las mujeres es función patriarcal y capitalista, pues el papel de la mujer como reproductora de la fuerza de trabajo y como madre de los hijos de los hombres, está en la base misma del sistema.

Tuve el placer de escuchar a Sivia Federici en un momento en que estaba reflexionando sobre estas cuestiones, lo que me ayudó entender diversos aspectos de este tema. Las distintas formas de ejercer este control pueden tener distinta dirección, aunque el mismo sentido. Mientras en unos países o en unos grupos sociales se persigue y controla el aborto, en otros se aplica la esterilización obligatoria. O, como está ocurriendo en el Estado español, a un sector de la población se le quiere impedir decidir abortar y a otro impedir el libre acceso a la maternidad.
El sistema necesita controlar no sólo la cantidad, sino también la forma en que se realiza la reproducción de la mano de obra. No le vale cualquier manera de reproducirse: más pobres o más gentes educadas fuera de su control, pueden ser un peligro para el status quo y no son de su agrado.

La cuestión de clase es fundamental en las medidas discriminatorias que nos ocupan. Al sacar la reproducción asistida del sistema público, se impide el acceso a ésta a las mujeres que no tienen medios suficientes para recurrir a la sanidad privada, donde un tratamiento puede costar de media entre 2000 y 8000 euros. Quienes tengan medios económicos podrán seguir abortando en condiciones de seguridad y acudir a las carísimas clínicas de fertilidad. Así pues los derechos reproductivos dejan de ser tales para convertirse en privilegios.

En la cultura occidental, desde tiempos clásicos, el padre es el dueño de la descendencia y la mujer es un mero receptáculo de la progenie. La figura del “pater familias” aún sigue siendo el centro de la familia tradicional.Federici dice también algo que me interesa mucho: que el feminismo se ha centrado más en las reivindicaciones por el derecho al aborto que en la construcción de maneras alternativas de maternidad y crianza (y creo que hay muchas formas posibles). Lo que podría ser a la larga un elemento de desestabilización del sistema patriarcal-capitalista.


Por todo esto, la discriminación a bolleras y a mujeres sin pareja masculina no tiene nada de ingenua ni de aleatoria. Que las mujeres sean madres al margen de los hombres, que se reapropien de sus cuerpos y de sus criaturas, es un asunto que no agrada a los sectores conservadores. Y por algo será, porque malos está claro que son, pero tontos no tanto.

La construcción de familias y la crianza sin hombres desde la elección y el deseo, supone una subversión radical de la estructura social. Le da una patada a la esencia misma del patriarcado: la autoridad paterna, la autoridad masculina. Al menos dentro de la familia, el agente socializador por excelencia, lo que no es poco.

Recuerda al sentido político del lesbianismo. Es una de las pesadillas para el patriarcado: mujeres que se enrollan entre ellas, mujeres que tienen hijxs sin hombres… Una amenaza para la supervivencia del papel del “macho”, del cabeza de familia, un descoloque total. Ya no es protagonista, ya no es imprescindible, nosotras hacemos lo nuestro. Con semen de donante podemos quitarnos de encima para siempre a maltratadores y a jueces fascistas, con su SAP y su custodia compartida impuesta. Un mal trago para ellos.

No obstante, de las discriminaciones que las lesbianas somos susceptibles de sufrir (y sufrimos), esta es la más flagrante que se nos ha venido encima en los últimos años, en los que se han conseguido grandes avances en materia de igualdad legal. Porque este ataque, que tanto temo pase inadvertido para la mayoría de las compañeras de lucha, legaliza una vez más la desigualdad de derechos. Y esto no lo vamos a admitir.

Por ello, el movimiento feminista debe ser capaz de responder a esta agresión aquí y ahora. Y de dar a este asunto, que atañe a las bolleras que quieren ser madres y a quienes están fuera de la monogamia heterosexual obligatoria, el lugar importante y prioritario que le corresponde.

El pasado 8 de marzo en Barcelona./ Bárbara Boyero 

La discriminación en el acceso a la reproducción asistida debe abordarse conjuntamente con la reivindicación por el derecho al aborto, pues además de ser un asunto de primer orden, forma parte de los derechos reproductivos.

Aunque entiendo que nos están atacando desde muchos frentes, que desafortunadamente no somos nosotras quienes marcamos el calendario y que no siempre es fácil articular las respuestas, no quiero dejar de apuntar la necesidad de que la agenda feminista aglutine las reivindicaciones de todos los colectivos que forman parte del movimiento, incluidas las lesbianas, lxs trans, las trabajadoras sexuales, domésticas, mujeres sin papeles, etcétera.

Es igual de prioritario y necesario que todas clamemos por el derecho al aborto como que lo hagamos por el derecho a preñarnos en la seguridad social sin un maromo al lado. Porque es la misma lucha y porque si nos tocan a una nos tocan a todas.

DESOCUPAR LA MATERNIDAD


Brigitte Vasallo

Ilustración: Emma Gascó
Feminista, bollera en ciernes, guerrera, poly-multi-amorosa y disidente por definición, se hace un silencio a mi alrededor cuando alguien observa que ese churumbel que corretea entre mis piernas es mi hijo. “Ah, pero… ¿eres madre?”. Si esa es la pregunta, la respuesta es no. Yo no soy madre. Soy madre únicamente de mi hijo y mi maternidad está definida en la relación que él y yo tenemos, únicamente. Soy su madre. Nada más. Y nada menos.

A la maternidad le hemos dado muchas vueltas, pero no hemos logrado desocuparla. Hemos luchado por desmontar la construcción según la cual no tener hijxs nos convertía en no-mujeres, en mujeres venidas a menos. Ahora nos toca también dinamitar el concepto según el cual dejamos de ser mujeres precisamente al tenerlos y convertirnos en esa cosa abstracta, despolitizada, des-sexualizada y des-socializada que es La Madre.

¿Somos madres o tenemos hijxs?


Al enunciarnos como madres (“soy madre” en lugar de “tengo hijxs”) nos afirmamos desde una categoría relacional, que nos des-hace como sujetas para re-convertirnos en sujetas-en-tanto-que, ese gran clásico del patriarcado. Cuando se nos enuncia como madres, se antepone la relación con nuestrxs hijxs a cualquier otra de las dimensiones de nuestra identidad, porque ser madre, en el fondo, es desaparecer. La maternidad se sitúa, lo queramos o no sus protagonistas, en el centro, en la única identidad definitoria, en el sujeto mismo. Las demás circunstancias se vienen a añadir a ese absoluto: se es madre trabajadora o madre soltera. Madre.

Una vez demostrada por la tesonería de las prácticas cotidianas que ser superwoman es inaguantable, descubrimos otra forma de ser madre: la criadora natural extrema, dadora de pecho a demanda durante toda la eternidad, reivindicadora de un parto, no ya desmedicalizado, sino todo lo doloroso que sea posible (porque las madres no sentimos dolor al parir, sino placer), totalmente feliz en su rol de lavadora de pañales ecológicos y compartidora de lecho, todas ellas cuestiones maravillosas pero que a la práctica solucionan el futuro del planeta y de la humanidad, pero nos complican bastante la vida a las que estamos en el proceso de criar.Todos los grandes modelos de maternidad propuestos pasan por ahí: enunciar como mujer a la madre tradicional planchadora y lavadora, cocinadora de pucheros es redundante pues, en tanto que mujer-madre sublimada se convierte en una especie de mujer-muy mujer. En “mujer de verdad marca registrada”. Con la incorporación de las mujeres al mundo de las carreras laborales nos convertimos en superwomen, la MILF (mother I’d like to fuck, definición que merece dinamita aparte), la mujer que es madre sin que se le note : sigue trabajando como si nada, teniendo un vientre plano como si nada, saliendo de copas y “dejándose follar” sin por ello perder un ápice de su esencia maternal, igualmente “mujer-muy mujer” con el añadido de “ejecutiva-muy ejecutiva” y follable. Es la criadora via nanis atravesada por la clase social, el capitalismo salvaje y la re-cosificación de las mujeres que siguen cargando con el rol tradicional, augmentado por las nuevas exigencias del espacio público.



Un regreso sospechosamente angustiante a un centro en común, perfectamente definido por Marcela Lagarde: el descuido para lograr el cuido. Desaparecer para ser madre, porque seguimos concibiendo la maternidad como una categoría antropófaga, que lo devora todo.

El falso debate entre no ser madre o desaparecer

Si tener hijos significa necesariamente ser madre y ser madre significa indudablemente desaparecer, aquí no hay debate. Tener hijos sería una estupidez que solo mujeres altamente abnegadas, angelicalmente generosas o escandalosamente afectivo-dependientes pueden querer llevar a cabo.

La maternidad feminista está en otro lugar que pasa, necesariamente por desocupar la categoría madre. Nombrándonos en tanto que mujeres o como prófugas de la categoría mujeres, como disidentes, con cualquier atributo que contenga toda la complejidad de relaciones, experiencias, pasiones, deseos, miedos y errores que somos. Y que contenga, si acaso, la maternidad, pero que no desaparezca en ella.Asisto a debates, leo artículos y posts explicando la decisión de tener hijxs sobre el falso debate de ser o no ser madre, aún construido sobre imágenes falsas y estereotipadas de una maternidad inevitablemente des-personalizadora. ¿Quién de nosotras, luchadoras, pensantes, reivindicativas, tomaría partido por un “ser madre” en esos términos de delantal y mesa camilla, aunque sea 2.0? No queremos ser madres. No lo somos. Pero los debates nunca incluyen la posibilidad de tener hijxs (de ser sus madres) sin convertirnos por ello en madres.


Desmaternalizarnos

El discurso pasa por la realidad. Desde una vivencia feminista, desocupada la categoría “madre”, tener hijxs incluye un compromiso de crianza, de cuidados de unos seres para la comunidad. Pero la comunidad no parece muy dispuesta a permitir que algunas tengamos hijxs sin convertirnos en madres. No solo la manera en que se nos define y cataloga, sino las prácticas cotidianas parecen obligarnos a escoger entre ser mujeres o ser madres. “Cuando le digo a la gente que canto en un grupo punk” – explica Yoli Rozas, vocalista de Las niñas de Rajoy – “enseguida se sorprenden y me preguntan ¿pero tú no eres madre?”

Existe una tremendo ejercicio de control social sobre nuestras maternidades a partir de la idea de “la buena madre” que, obviamente, ni canta en grupos de punk, ni sale de noche, ni viaja sola, ni liga… parece ser que tener hijxs es incompatible con seguir viviendo. Por otro lado, hay un desentendimiento colectivo respecto a tus circunstancias. Si has decidido “ser madre” y aún así pretendes seguir siendo persona, seguir estando en el mundo, tendrás que buscarte la vida. Nunca hasta el día de hoy me han ofrecido servicio de guardería cuando me invitan a dar una conferencia durante el fin de semana, por ejemplo, o a las 7 de la tarde, por mucho que las personas que me invitan sepan perfectamente que estoy criando. Hace un par de años, un festival de música que se celebraba un fin de semana me acreditó como periodista pero pretendía que pagase las entradas para mi hijo, que entonces tenía 4 años. Si “soy madre” al fin, es asunto mío y si quiero además seguir siendo yo, es mejor que la maternidad no se me note, que no moleste, precisamente para que el entorno no me vea como “madre”, y ahí vuelta a empezar. Es lo que Lagarde define como “sincretismo de género”. Escoger constantemente entre cuidar y cuidarnos.

Pues yo, personalmente, no pienso escoger. Probablemente la maternidad como concepto no tenga solución posible, unido como está necesariamente a las mujeres y, a su vez, a una concepción de mujer totalmente biologizada. Por un lado se nos está escatimando el derecho sobre nuestros cuerpos para decidir sobre nuestras maternidades, por otro se nos está escatimando el derecho sobre nuestras identidades para seguir definiéndonos de mil maneras incluso teniendo hijxs.

Como afirma Lagarde, es necesario y urgente maternalizar la sociedad y desmaternizarnos nosotras. O, parafraseando a Barrientos, es urgente y necesario renunciar al hecho mismo de “ser madres”, tengamos hijxs o no. Especialmente si lxs tenemos.

Recopilación de textos extraídos de:pikaramagazine.com