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viernes, 15 de enero de 2016

ENEMISTAD Y SORORIDAD: Hacia una nueva cultura feminista, por Marcela Lagarde



El feminismo constituye una cultura que, en su globalidad, es crítica de un sujeto social -las mujeres-, a la sociedad y la cultura dominantes, pero es mucho más: es afirmación intelectual, teórica y jurídica de concepciones del mundo, modificaciones de hechos, relaciones e instituciones; es aprendizaje e invención de nuevos vínculos, afectos, lenguajes y normas; se plasma en una ética y se expresa en formas de comportamiento nuevas tanto de mujeres como de hombres. Como nueva cultura, el feminismo es también movimiento político público y privado que va de la intimidad a la plaza; movimiento que se organiza, por momentos con mayor éxito, para ganar pedazos de vida social y de voluntades a su causa, y para establecer vínculos y encontrar su sitio en otros espacios de la política.

En segundo término, es preciso reconocer en la cultura feminista la diversidad de feminismos que surgen de sus distintos momentos de elaboración de acción, de sus historias y de las particularidades de las mismas mujeres que han participado en y de esta cultura vital. Definen también a los feminismos, las sociedades en que ocurren, sus formas de organización, así como la cultura política prevaleciente entre quienes la enarbolan y quienes la combaten; por cierto, el feminismo se despliega en ambientes democráticos y contribuye a crearlos.

En efecto, hoy es posible reconocer ya una cultura feminista. Es posible también distinguir en ella diversos feminismos, constituidos por las formas específicas en que se organizan el conocimiento y la sabiduría, los lenguajes, los hechos y las experiencias políticas personales y colectivas protagonizadas por las mujeres.


Nuestro feminismo se caracteriza:

a) Por ser una crítica marxista a la historia, incluso a la que han elaborado los marxistas. Y lo es, en dos sentidos: uno antinaturalista que pone en el centro el devenir de la sociedad y la cultura como creaciones sociales y analiza el surgimiento de hombres y mujeres, como productos tardíos y sofisticados en el proceso histórico. Se caracteriza este feminismo marxista, por el esfuerzo en la rehechura de la historia por las mujeres, desde su propio sitio, y devela la estadía de las mujeres en la historia misma.

b) Por ser una crítica etnológica al androcentrismo, a partir de la cual, el feminismo deviene filosofía cuyo eje recoge la diferencia (genérica, erótica, étnica, nacional, lingüística, de edad, entre otras), integra al ser mujer, y permite el análisis de sociedades y culturas genéricamente constituidas.

c) Por incorporar una crítica psicoanalítica de la cultura que considera historia sólo a la racional, a la evidente: es una concepción que devela e incorpora dimensiones psíquicas de la experiencia -como las síntesis entre lo inconsciente, lo preconsciente y la conciencia, entre lo real, lo imaginario y lo simbólico-, a la concepción de la realidad y la considera determinante en la historia.

d) A la definición clásica de lo humano, de lo cultural, por el trabajo, hemos sumado otras actividades creativas: al valor otorgado a la racionalidad, incorporamos el valor de nuestra irracionalidad; a la visión esquemática y autoritaria de la política, enfrentamos una visión de la vida toda, como política; a la separación de cuerpo y mente incorporamos la integración de dimensiones diversas en cada sujeto, que involucran el cuerpo y la mente, los afectos, las actividades intelectuales y la sexualidad erótica y procreadora: construimos sujetos multidimensionales; a la afirmación del progreso de la humanidad respondemos con la idea de la inexistencia de la humanidad debido a la enajenación de los sujetos que nos antagoniza, y a la de progreso respondemos con la demostración de que es éticamente inadecuado y teóricamente inconsistente afirmar el progreso de una humanidad que no existe, entre otros hechos, debido a la opresión patriarcal de las mujeres y a las diversas opresiones con que se combina: las opresiones de etiología clasista, étnica, nacional, religiosa, de edad, así como la no sintetizada opresión de la violencia, y las que surgen de la inminencia de la destrucción de todos por unos cuantos, o de la salvación a cambio de la obediencia.

Como estas aproximaciones a la realidad las mujeres feminizamos, de hecho, las representaciones del mundo e intentamos modificar las formas de vida. Son creaciones colectivas hechas desde el lugar que las mujeres ocupamos en el mundo y hoy son realizadas principalmente por mujeres. Sin embargo, el feminismo es un espacio abierto y se enriquece con hechos que suceden en los lugares más alejados y en los recovecos de la vida social y la cultura: los avances civiles, el desarrollo de la ciencia y la tecnología, los alcances cada vez mayores de difusión de la palabra, de la voz, de la imagen, la emancipación de otros grupos, todo ello es riqueza de la que nos hacemos cargo.


El feminismo es una voz, es palabra diferente que nombra, enuncia, devela, analiza y duda, son nuevos valores y códigos éticos, y es hedonismo cuyas raíces tienden a la síntesis vital de lo físico, de lo afectivo, de lo intelectual y de lo erótico. El feminismo sintetiza la experiencia histórica de un género en la que cuerpo y mente, cuerpo y afectos, razón y afectos, no están separados: las mujeres somos nuestros cuerpos y nuestra subjetividad.

El feminismo es, en esencia, política en acto. Es una crítica filosófica e ideológica a la cultura política autoritaria y al poder como dominio, y reivindica en acto el poder como derecho a existir, como afirmación de los sujetos por sí mismo.


Como concepción del mundo inacabada y desigual de las mujeres, el feminismo es subjetivo porque expresa sujetos particulares incrédulas de la verdad, del dogma, de la perfección y de la objetividad. Es un conjunto de concepciones con distintos niveles de integración que siempre está por ampliarse; su condición es el cambio. El feminismo incide y surge de las formas diferentes de ser mujer, en cada mujer.


De esta manera, el feminismo se perfila como alternativa a la cultura política porque, en contradicción con las teorías de la revolución, es una de esas revoluciones que en su permanente construcción - desconstrucción no estalla, no irrumpe: ocurre cotidianamente y en su devenir transforma a mujeres y hombres, a las instituciones, a las normas, a las relaciones; enfrenta y desacraliza los fundamentos de tabúes, así como los ritos y los mitos que hacen su representación simbólica.

Desde su parcialidad, el feminismo anticipa la necesaria visión sobre la condición masculina que aún no emerge de los hombres, en tanto género que no puede reivindicarse más como estereotipo de lo humano.

AdjuntoTamaño
Enemistad y sororidad.pdf148.83 KB

Texto extraído de: e-mujeres.net

viernes, 18 de septiembre de 2015

CÓMO SALIR DEL ARMARIO FEMINISTA




Ana Müshell & María Mercromina.

Hay que ser muy cobarde muchas veces para ser valiente. Si te pasas la vida aullando, nadie te escuchará cuando estés en el manicomio; como tu alarido, habrá otros tantos. Sé comedida, sé cauta, sé precavida. Sé cobarde muchas veces. Traiciona a tus agallas al menos una vez al día. Bájate la falda, no te hagas la fácil, cuídate esas uñas.

Aprendí a decir sí a todo esto a la edad exacta en la que me di cuenta de que «fácil» y «difícil» eran dos palabras diferentes. «¡Pero si suenan igual! Di-fá-cil», pensaba. A esa edad en la que los lamentos se sobrescriben en la mente y la adolescencia se convierte en un exceso trágico donde se vive o se muere cada día. Y así todas las semanas, todos los meses, todos los años.


Tras ese amilanamiento heredado —y autoimpuesto—, un día me descubrí siendo feminista. De las de «yo creo en la igualdad, pero me gusta llevar falda». ¡Como si fuesen incompatibles! Oh, sí, horror. #YoConfieso. También tuve una etapa de cortocircuitar muy fuerte cuando pensaba: «No necesito un hombre, pero me gusta el papel de Brad Pitt en Leyendas de pasión. Qué hago». Por supuesto, para mí el feminismo era que mi madre, ama de casa, le dijese a mi padre: «Friega tú los platos», y él hiciera caso. Por supuesto, no sabía quién era Simone de Beauvoir ni había leído a Beatriz Preciado, y me parecía impensable que alguien quisiese acostarse con tíos y tías. «¡Vicio, ¡eso es vicio!».

Luego llegó la etapa de la universidad, de rebelarse —sí, eso es más de los quince, yo llego tarde a todo— y de dar lecciones. «Ay, mamá, hay que ser un poquito más feminista, un poquito más abierta, un poquito más leída». Quería ser la feminista perfecta: leerlo todo, conocer al star system, despreciar a las que decían que la comedia romántica era lo más. «¡Pero si hasta hace unos días tu película favorita era Nunca me han besado, maldita hipócrita!», gruñía una voz decrépita a la que yo canibalizaba cada vez más con frases de Judith Butler. Aquello era una droga. «Dale, mami, que estoy suelta como gabete», chillaba mi feminista intelectual interior.


Con la irrefutable sensación de haber alcanzado la verdad absoluta, la coherencia, el feminismo de acero inoxidable, me fui de la cima a la sima con la rapidez con la que pulso el botón de «posponer» el despertador cada mañana. Me retiraron mi carné de feminista. «¿No te parece que esa revista es machista? ¡Alimaña!», me vociferaba la turba tuitera. «El heteropatriarcado te tiene absolutamente comida la cabeza, formas parte del enemigo». Y mi favorita —y más reciente—: «Pienso que Manuela Carmena, Ada Colau y Mónica Oltra no son feministas».

—Pero ellas dice que sí son feministas.

—Ya, pero yo digo que no.

—Ya, pero.


[dramatización de los hechos]

Y esto me devuelve a mi madre, a sus brazos, a esa mujer a la que yo daba charlas en la cocina —como si fuese una catequista doméstica— sobre homosexualidad, y mujeres que no quieren ser conejas paridoras, y bolleras, y acoso sexual. La recordé en la cocina preparándonos la comida a mi hermana y a mí después de toda la mañana limpiando, con los labios arrugados y algo caídos como si llevase media vida despierta y la otra media, con insomnio. Pensé en ella diciéndome: «Tienes que estudiar y prepararte y ser independiente. Nunca dependas de un hombre». Los libros, de repente, me sobraron. El germen de esa revolución por la igualdad que abracé hace años era mi madre. Toda mi vida con ella y había sido incapaz de escarbar en mi memoria, de hurgar hasta quedar con las uñas llenas de tierra, de mancharme.


Por eso me molesta profundamente cuando una mujer le quita el carné de feminista a otra. Cuando decide que no es legítima y pura como para formar parte del club. Mi madre no sabrá qué es el patriarcado ni la heteronormatividad, pero no por ello es menos feminista. ¿Me parece bien que se hagan besadas lésbicas delante de una iglesia? ¡Yo digo sí! ¿Que nos enfurezcamos cuando defendemos el derecho a no tener que aguantar comentarios sexistas por la calle? ¡Adelante! ¿Que mujeres embadurnen de fluidos a otras desde un escenario para romper tabúes sexuales? ¡Viva el pornoterrorismo! ¿Que pongamos a hervir hasta la ebullición nuestras voces cuando nos dicen cómo ser mujer? ¡Contad con mi garganta! La estética, la explosividad, los fuegos artificiales: el feminismo radical, sí, pero no por ello —no siempre— más auténtico.

Me imagino el feminismo como una mujer a la que desmembramos poco a poco. «No eres feminista». Fuera una mano. «Eres machista y no lo sabes». Fuera el brazo. «¿Que el instinto maternal existe? ¡Una aliada del patriarcado!». Fuera el ojo izquierdo. Nos olvidamos de que nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras hermanas, nuestras tías, nosotras mismas formamos parte de ese cuerpo. Somos los dientes con los que morder, las uñas con las que arañar, las manos con las que arrancar cabezas, las lenguas y bocas con las que escupir cuando nos dejen sin voz. Si las descuajamos, si excluimos a todas aquellas que no nos parecen feministas y las devolvemos a ese armario del que un día decidieron salir, ¿cómo lucharemos?

Texto extraído de: latribudefrida.com

martes, 26 de mayo de 2015

EN SERIO. ¿ESTÁIS BIEN?



Lo pregunto de verdad. A las que no vais a las manis, a las que decís que no sentís la desigualdad, a las que consideráis que no hace falta el feminismo... ¿estáis bien? Porque yo no.

Me da miedo ser un día una de esas europeas de cada tres que va a ser violada o agredida a lo largo de su vida. Me da miedo haberlo sido ya y no haberme dado cuenta. Me da miedo no dejar nunca de tener miedo.

Me asusta no saber qué hacer con la maternidad. Decidirme por ella porque me lo imponen, renunciar a ella porque creo que me la imponen. Hacerlo bien y reproducirme reproduciendo lo que me han enseñado a ser, hacerlo mal porque no sé ni ser lo que me han enseñado a ser.

Me preocupa no saber querer. Me preocupa necesitar que me quieran. Me preocupa olvidarme de todo lo que digo cuando alguien me diga que me quiere, o con tal de que me digan que me quieren.


Me da miedo obedecer. Me da miedo desobedecer.


Me asusta no llegar nunca a ser la mujer que quiero ser. Me asusta más llegar a ser la mujer que quieren que sea. Y veo a mujeres que dicen que no sienten la desigualdad y me gustaría ser como ellas. Y busco a hombres que les gusten las mujeres como yo, y no los encuentro. E intento ser una mujer como las que les gustan y no me gusto. Y me paso la vida en ese intento de querer gustar o gustarme y me veo obedeciendo y desobedeciéndome y me gusto cada vez menos.

En serio, ¿estáis bien? Os lo pregunto a las que váis a las manis, a las que decís que sentís la desigualdad, a las que consideráis que hace falta el feminismo.
¿Qué hacéis con el miedo, con la rabia, con la tristeza, con el cansancio de pelear cada día con un mundo que no está hecho para mujeres como nosotras?

Yo quiero estar bien. Pero para eso necesito un mundo que me deje ser libre. Y que no me obligue a ser valiente u obediente.
Y para eso, os necesito a todas. A las que no estáis bien y a las que creéis que sí.


 Que llenemos la calle de gritos y de risas, de desobediencias pequeñas que, juntas, se hagan grandes. Necesito que reconozcamos que no estamos bien. Necesito que entendamos -y hagamos entender- que, por encima de todo, tenemos un derecho: el derecho a estar bien.

Venga, vamos a la calle. A gritar, a reírnos, a desobeceder.



Texto extraído de: www.faktorialila.com

viernes, 17 de abril de 2015

ALGUNAS TENEMOS COÑO



Algunas tenemos coño.
Se ve que a algunos le cuesta aceptarlo pero así es.

Algunas tenemos un coño. Unos labios menores, unos labios mayores, un clítoris, una vagina, un útero, dos ovarios…un coño, vamos.


Un coño que a muchas nos han mutilado, cortado, cerrado para demostrar nuestra virginidad, vuelto a abrir…un coño que es una herida que nunca cierra, que siempre sangra, que siempre duele y no se olvida.


Un coño sobre el que políticos se creen con el derecho de legislar. Un coño que para ellos es el cuenco que somos nosotras mismas, ya que para ellos tenemos el valor sólo como engendradoras, quedando nuestros derechos fundamentales a la libertad, la autodeterminación y el bienestar de personas aquí y ahora, subsumidos a los derechos de alguien que no está claro cuándo empieza a serlo.

Un coño que es medicalizado como un problema, rasurado como un estorbo, ocultado como una vergüenza.

Un coño que nos han violado, no sólo desconocidos sino amigos, novios, tios que nos han caído bien al principio. Un coño que, o defendemos con la muerte, o es señal inequívoca de que no ha sido violado: un coño que al parecer se identifica tanto con nosotras mismas, que dar la mano, un paseo o sonreir significa que hay vía libre de acceso. Un coño que nos han hecho sentir como algo tan ajeno que hemos visto estupefactas cómo vivía situaciones a las que no sabemos cómo hemos llegado ni cómo salir: nos han enseñado a no hablar, a callar, a mirar hacia abajo y a follar sin deseo.


Un coño por el que hemos pasado miedo: miedo a ir sola por la calle, miedo a entrar en el ascensor con un desconocido, miedo a vernos acorraladas mientras estamos tranquilamente de fiesta.

Un coño que nos ha condicionado los movimientos…”niña cierra las piernas que se te ven las braguitas”, “no te sientes así”, “no saltes con falda”, “no te cuelgues bocabajo”…

Un coño que en esta sociedad es una condena, que nos han hecho vivir como una tortura.


Somos mujeres, tenemos un coño. No somos asexuadas madres modelos o putas que van marcando para follar.

Estamos hartas de esta sociedad falocéntrica. Nos negamos a seguir viéndonos como carencia: carencia del pene que da la autonomía, carencia de la virilidad que da la posibilidad de defensa. Hemos aguantado más de lo que nunca podréis aguantar, hemos incubado más rabia de la que nunca podréis imaginar.


Somos mujeres, somos compañeras, nos vamos a defender las unas a las otras…y cuidado, porque sabemos hacerlo.


MACHETE AL MACHOTE


Texto extraído de: alasbarricadas.org

miércoles, 4 de marzo de 2015

SOY MUJER


Soy mujer
En un tiempo
en que el feminicidio
nos ha vuelto desechables.

Por supuesto,
dicen que estoy loca,
extremadamente loca.
Que soy rara, que me he vuelto extraña.
Que no tengo lugar en el mundo.



Entonces, no me queda de otra:
Tengo que darle nombre al racismo,
que señalar el desprecio,
que elegir sobre mi vida,
que armarme antipatriarcal,
que inventar la fe para dársela a mi hija,
que rebelarme contra el patrón,
que escribir por la libertad a las presas políticas.
que denunciar al imperio,
que amar mi cuerpo,
que apagar el televisor,
que mostrar mis bolsillos,
que actuar contra la misoginia,
que buscar justicia para las mías,
que demandar castigo a los asesinos.

Es por todo ello,
Que no tengo más remedio
que darles la mala noticia
a las buenas y tranquilas conciencias:
Estoy aquí.
Exigiendo a gritos,
la parte que me corresponde del mundo.
Y no voy a callarme la boca, ni a desaparecer.



Patricia Karina Vergara Sánchez (México DF, México, 1974)
en Las ideas feministas latinoamericanas, México: UACM, 2006


Poema vía Doña Ramona 


lunes, 28 de abril de 2014

CONSEJOS PARA LA MUJER FUERTE por Gioconda Belli



Si eres una mujer fuerte
protégete de las alimañas que querrán
almorzar tu corazón.
Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra:
se visten como culpas, como oportunidades, como precios que hay que pagar.
Te hurgan el alma; meten el barreno de sus miradas o sus llantos
hasta lo más profundo del magma de tu esencia
no para alumbrarse con tu fuego
sino para apagar la pasión
la erudición de tus fantasías.


Si eres una mujer fuerte
tienes que saber que el aire que te nutre
acarrea también parásitos, moscardones,
menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre
y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.
No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca
a negarte la palabra, a esconder quién eres,
lo que te obligue a ablandarte
y te prometa un reino terrestre a cambio
de la sonrisa complaciente.


Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta
a nadar contra corriente.
Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo
rodealo de fosos profundos
pero hazle anchas puertas y ventanas

Es menester que cultives enormes amistades
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres
que te hagas un círculo de hogueras


y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños.

Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Haz de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbados
y el oxido mortal de todos los naufragios.
Ampara, pero ampárate primero


Guarda las distancias
Constrúyete. 
Cuídate
Atesora tu poder
Defiéndelo
Hazlo por ti
Te lo pido en nombre de todas nosotras.


Gioconda Belli

domingo, 1 de septiembre de 2013

SENTIRSE LIBRE...LOLA LA LOCA, UNA MUJER LIBRE


Después de unos días recuperándonos de un pequeño virus fálico-informático (nunca mejor dicho) volvemos con deseos renovados estrenando el nuevo curso con toda un declaración de principios e intenciones, y más ganas que nunca de poner los puntos sobres las "i". 
Gracias a todxs lxs que nos apoyáis porque sin vosotrxs este proyecto no sería posible.






Cuando una mujer se sabe libre, cuando rompe las cadenas sociales que la atan al rebaño, cuando grita a todo pulmón que es libre y se sabe libre: asusta. Asusta a los hombres del rebaño y a las mujeres del rebaño. La miran como si fuera una extraña. Se apartan y ella, la Mujer Libre, debe volver a tejer otra red en la que se se sienta cómoda.


Cuando una mujer se libera de la rígida estructura social en la que vive y se expresa con valentía, lxs que forman parte del rebaño abren los ojos asustados y, poco a poco, van dejando que el fuego que les unía vaya apagándose  Pero sin afrontarlo con carácter. Se diluyen, se esconden, desaparecen lentamente.

Cuando una mujer se sabe libre ve a los demás con otros ojos. Entonces, busca el calor de los cuerpos de otras mujeres libres que sepan expresarse con la misma libertad que ella.



 Que vean y miren con los mismos ojos que ella. Que escuchen y oigan los mismos sonidos que escucha ella. Busca mujeres que utilicen sus mismas palabras, que vivan sus cuerpos con el mismo goce con el que lo vive ella. Y eso, al rebaño le asusta. Le cuesta entender que se sienta libre y se sepa libre. Que disfrute de su libertad prestando su alma y su cuerpo a otros hombres libres y otras mujeres libres.

Ser libre implica no pertenecer a nadie, más que a unx mismx. Ser libre significa reír con tu cuerpo y con el de lxs dmxs. Ser libre quiere decir luchar por la libertad de lxs que amas incondicionalmente.

Soy Mujer Libre. Me sé Mujer Libre. Me siento Mujer Libre. De la misma forma que sé que asusto a los hombres y a las mujeres del rebaño. Y que por eso muchxs se han alejado de mi. Aun así, la Vida me ha traído hombres y mujeres capaces de respetar mis ciclos, mis ritmos, mis risas y mis iras. Que me han acompañado en mis caminos. Han bailado conmigo, han gozado conmigo, han soñado conmigo. Hombre y Mujeres que anhelan la misma libertad que yo. Que luchan por la misma libertad que yo. Que rompen cadenas y construyen futuros. Así que, desde mi rincón del alma, desde dónde me expreso y me siento les hago llegar mis besos, mis abrazos, mi corazón y mi útero. Pues, aun sabiendo que somos libres y no le pertenecemos a nadie, lxs siento en mi.





Texto extraido de: destilandoletras.wordpress



Gracias Carmen Soria, Mujer Libre, Mujer Grande... Gracias por no diluirte, por no desaparecer....Gracias por ser MUJER 
con mayúsculas

viernes, 16 de agosto de 2013

MIS TETAS... ¿Y YO?




Texto de Yael Farache


Las tetas es un tema que todo el mundo quiere tocar, pero poca gente lo hace desde la honestidad. Las revistas te dan tips para sacarles partido, tus amigos se sientan a valorarlas, los políticos buscan legislar sobre la teta, las redes sociales directamente la prohíben, la asociación contra el cáncer te advierte de sus riesgos, y los cirujanos de la ley de la gravedad.

Pero las tetas son parte de una persona. Aprendemos desde pequeñas que hay que temer a nuestras tetas, y nadie nos enseña a amarlas. Podrías pensar que este artículo es simplemente una excusa para enseñar las mías, pero te puedo asegurar que al terminar de leerlo te dará vergüenza haber pensado eso.

¿Qué se siente al tener tetas? No es una pregunta que uno se plantea a menudo. Tener tetas es raro. Una niña pasa los primeros 12 o 13 años de su vida sin tetas. Después, un buen día, le salen dos objetos en medio del pecho que redefinen su relación con el mundo. No se puede estar preparado para un cambio así.

Hay niñas que se desarrollan demasiado pronto, son las primeras de la clase. Sus tetas le parecen un cartel que anuncia al mundo su condición. Las hay que se desarrollan tarde. Sus amigas tienen tetas y ella no. Se pregunta si todo está bien, si a ella también le saldrán y cómo serán. Hay otras que se quedan esperando porque nunca les salen. Y todas, independientemente del momento en el que les ocurra, sienten angustia.

Frente al espejo la niña descubre que las tetas no tienen un propósito propio. Las tetas son para el otro. 




Para amamantar a un niño en un futuro. Para ser codiciadas por un hombre. Las tetas no sirven para nada si no hay un otro. Son una expresión física de su condición femenina. De ser un ser para otro ser. Un ser que se define en el otro. Toda la injusticia de la especie se concentra para ella en su pecho. El útero también es injusto, pero odiar la regla es algo que se acepta socialmente. Para odiar las tetas tienes permiso, pero únicamente en cuanto a sus particularidades “odio mis tetas porque son así” y no en cuanto a concepto.

Después está el tema de la atracción. La niña que posee tetas descubre que no le es indiferente a la mirada de los hombres. Los ojos la siguen a donde va. Antes de tener tetas, una niña tiene culo, es cierto, pero el culo siempre se está yendo, las miradas se le pegan por detrás. Las tetas siempre están viniendo, y encontrarse de frente con la mirada del otro es una experiencia nueva. La niña se siente protagonista, pero no sabe qué sentir al respecto. No sabe si quiere o no la atracción que genera. Puede sentir que no la merece, que no ha hecho nada para conseguirla. Las tetas crecieron en ella sin su intervención.

Algunas se descubren poderosas. Yo tenía una amiga en el instituto que tenía las tetas grandes y sabía explotar su poder. Como consecuencia le pusieron de sobrenombre “la Chichi” por una canción. No hace falta mucho para ser la puta del instituto. Muchas de las niñas que tienen mala fama la tienen más por la forma de sus tetas que por su experiencia, su cuerpo las traiciona. Nadie quiere ser La Chichi.

Después del instituto las consideraciones son de otro tipo. Dependiendo del lugar en el que vives las tetas simbolizan cosas distintas. Por lo que sale en las noticias puedes pensar que en Venezuela es casi obligatorio tener las tetas operadas y enseñarlas, pero en realidad eso depende de tu círculo social. En el mío tener las tetas grandes y usar ropa ajustada es considerado de baja clase social. La gente de bien se cuida mucho de este tipo de deslices, porque a diferencia de Europa donde el orden social en la mayoría de los casos está determinado por la raza, en Latinoamérica el orden social se establece por la clase socioeconómica.

Algunas sufrimos por tenerlas grandes, otras por ser planas. A algunas mujeres no les gusta la forma de sus tetas, a otras el color. Los pelos son más comunes de lo que todo el mundo cree. Algunas tienen los pezones raros, invertidos, o demasiado grandes, o protuberantes. No hay un prototipo de teta normal, aunque todas creemos que sí. Aceptar tus propias tetas es un proceso que dura años, y cuando finalmente lo haces, se te empiezan a caer.







LAS TETAS: EL DEBATE

Yo sabía que tenía las tetas grandes, y por eso me esforzaba por ocultarlas. No quería ser una “choni”. Además me gustaba la moda con todos sus mitos. Pensaba que un componente del buen vestir era el desdén por lo sexy. De manera que pasé alrededor de 10 años con cuellos cisne, pelo corto, y una talla incorrecta de sujetador.

Hace dos años más o menos que me he liberado de los cuellos cisne poco a poco. No es que vaya en tetas por la calle, simplemente he sustituido los jerseys por camisetas de cuello abierto. Ha sido una lucha contra mis propios prejuicios, pero lo he logrado. Lo sorprendente es ver las reacciones de la gente ante mi nuevo “look”. Nada de lo que he hecho en mi vida ha generado tanta polémica. Me acusan de todo tipo de cosas. De enseñar mis tetas para ganar popularidad, de habérmelas operado, de ser machista, hasta de “venderme”.





La verdad es que es la primera vez que me toca estar de este lado del debate. No los culpo porque cubierta hasta el cuello yo también me sentía sobre una tarima moral. Yo apuntaba el dedo. Criticaba el escote ajeno. Una vez dije de una amiga que se vestía como una “secretaria porno”. Kim Kardashian me parecía una desvergonzada. Paris Hilton no. No tenía que ver con su actitud sino con el tamaño de sus tetas.


EL PACTO DE EVA


El verano pasado Israel y yo fuimos a Málaga
. Estábamos tumbados en la playa tan tranquilos, cuando de la nada salió una tía en tetas, puso su toalla en la arena frente a nosotros y se acostó a tomar el sol. No era una tía especialmente guapa, y ni siquiera estaba mirando a Israel, pero yo me indigné.

Para situaros un poco en contexto: no estoy acostumbrada a ver tías en tetas. En América es ilegal tomar el sol topless excepto en las playas nudistas. Todas se operan en Venezuela, pero nadie se quita el bañador. Así que la imagen fue algo nuevo para mí. Por otro lado, aceptar mis sentimientos negativos también era algo nuevo. No se supone que uno debe sentir indignación frente a una tía sin bañador. Pero estaba practicando la auto-aceptación, y la primera parte de la auto-aceptación es verse tal cual uno es.

Me indigné, me puse territorial. Lo que yo sentí era una traición. Pero nada había ocurrido. ¿Por qué me sentía traicionada?

Le dije a Isra: “Si ella quería venir a la playa en tetas, debería haber venido con sus amigas. Eso estaría bien. Pero ¿venir sola, en tetas, y acostarse allí frente a todo el mundo? Eso sólo lo haces si estás buscando algo” Intenté darle la vuelta a la idea: ¿qué pasaría si algo hubiese pasado? ¿con quién me enfadaría? Mi respuesta me confundió aún más: me enfadaría con mi novio. Entonces, ¿dónde está realmente el problema?, ¿cuál es la traición que ella comete? y más importante aún: ¿contra quién?

No creas que yo aceptaba estas ideas con facilidad. Sé que son súper machistas. Pero la única manera de combatirlas es permitiéndome sentirlas, para poder entender de dónde salen. Después de darle vueltas durante horas descubrí lo que sentía realmente: el acto de ir a la playa en tetas es injusto porque tienta a los hombres, incluyendo a mi novio. En ese momento escuché un eco en mi cabeza. La idea me resultaba familiar, muy familiar, de hecho. Es una idea muy antigua. Salió de la Biblia, del episodio de Adán y Eva.


Eva tentó a Adán. Adán no tiene la culpa de su pecado porque fue Eva quién lo tentó. ¿Por qué Adán no se resistió? Porque no pudo. Eva es irresistible. Su poder radica allí. Las tetas simbolizan la sexualidad feminina, son la marca de Eva. La sexualidad femenina es el pecado original, la mujer es la pecadora, y las tetas son su arma. El hombre se defiende del peligro que ella representa cubriéndola. Le hace cubrirse de la misma manera en la que Eva se cubrió después de probar la manzana.


EL LUGAR DE LA MUJER

Pero la idea de que la mujer es peligrosa no es exclusiva de occidente. La Biblia no creó esa idea, es sólo un reflejo de un sentimiento que la precede. Para estudiar este tipo de cosas, el lugar que ocupa un concepto (la idea de la feminidad) dentro de una cultura se suele estudiar usar la lingüística.

Las palabras estructuran nuestro mundo. Sus categorías lo ordenan. Agrupamos bajo una misma categoría los objetos que consideramos semejantes. El lugar de la mujer se estudia desde la categoría más amplia: el género. Se estudia, por ejemplo, el tipo de palabras que tienen género femenino y por qué se les agrupa junto a la mujer. Qué dice de la visión que tiene una cultura de la mujer cuando comparte género con ciertas cosas y no con otras. Por qué en español la casa es femenina y no masculina, por ejemplo.

No todas las culturas tienen género femenino y masculino en su lenguaje, el inglés, por ejemplo, es un idioma neutro. En el español tenemos 2 géneros: femenino y masculino. Pero en Australia existe entre las tribus aborígenes un idioma llamado Dyirbal que tiene 4 géneros diferentes: masculino, femenino, vegetales, y misceláneos. Dentro del género masculino están los hombres, los peces, las culebras, los kanguros, y las lanzas. Dentro del género femenino está la mujer, el fuego, y las cosas peligrosas (1). La mujer para ellos es fogosa y peligrosa. Un ser de cuidado.



El Dyirbal lo hace de manera explícita, pero en la mayoría de las culturas la mujer está vista de esa forma: como una criatura peligrosa, difícil de comprender, e irresistible al mismo tiempo.

(1) Women, fire, and dangerous things de George Lankoff

LA MUJER COMO EL OTRO

A la mujer se le teme también porque es “lo desconocido”. La mujer ocupa el lugar de “el otro”. El hombre se siente sujeto de su mundo, y sitúa a la mujer a su lado. Es lo suficientemente parecida a él como para poder reflejarse en ella, y al mismo tiempo también la desconoce, se le escapa. Ella es al mismo tiempo conocida y desconocida, la interrogante y la respuesta, y como es distinta de él, ella es para él su juez. Por eso un hombre de negocios le consulta sus decisiones a la mujer. Puede que ella no tenga idea del tema, pero él toma en cuenta su opinión porque ella es la juez de su mundo.

El hombre teme al poder de la mujer y al cubrirla “desaparece” su feminidad, su otredad, su amenaza. Ella acepta cubrirse siempre y cuando todas las demás mujeres se cubran con ella. Dado que la sexualidad femenina es irresistible, la mujer cree que nada puede competir contra unas tetas desnudas. No importa qué tan bella, inteligente, sensible, o apetecible ella se considere, cree que frente a unas tetas desnudas, su atractivo queda “neutralizado”. Por esa razón ella sólo acepta cubrirse si no hay otras tetas a la vista.




El pacto de Eva también es un pacto entre mujeres, y traicionarlo tiene consecuencias. Cubrir las tetas es un pacto de desarme. Muchos países tienen armas nucleares, pero hay un acuerdo tácito, un pacto, de no usarlas. Si un país amenaza con hacer uso de su poder atómico, los otros países lo condenan. Y lo mismo ocurre con las tetas.






La mujer que se exhibe traiciona ese pacto. Salir en tetas es hacer uso de tu bomba atómica cuando todos los demás guardan las suyas. Es violar un pacto que iniciaron los hombres, pero que perpetuamos todos. La mujer vigila que el pacto se cumpla, y castiga a la infractora con la burla, el rechazo, o el ostracismo. El hombre, en cambio, anhela que rompa el pacto, pero cuando lo hace la tilda de puta.

La mujer somete a la infractora a la burla para desacreditar la amenaza que representa. El hombre tilda a la infractora de puta para desacreditarla como juez. El hombre teme el juicio de la mujer fácil. Si una mujer ha estado con muchos hombres diferentes, puede juzgarlo a él, y por lo tanto, puede poner en riesgo su masculinidad. La mujer virgen no ha estado con nadie y el hombre junto a ella se siente seguro. La mujer es peligrosa para el hombre en cuanto a que lo juzga. Tildar a una mujer de puta es descalificar su argumento a priori. La mujer es peligrosa para la mujer en cuanto a que aniquila su atractivo. Tildar a una mujer que se exhibe de puta es para ambos una manera de protegerse.




Pero la castigue un hombre o una mujer, para que el castigo sea efectivo tiene que hacerse en presencia de un tercero. Por eso el castigo es siempre en público. El castigo es siempre social.


LA HERENCIA DEL MONOTEÍSMO


En el monoteísmo, ¿cuál es el papel de la mujer? Si el pacto de Eva salió de la Biblia, ¿qué otras cosas que nos afectan tienen sus raíces en la religión?

La relación del hombre con la mujer (y por lo tanto el lugar que la mujer ocupaba en su sociedad) ha cambiado varias veces a lo largo del tiempo. Por lo general está vinculado al lugar que el hombre le da a la naturaleza, y en especial al lugar que le da a la tierra.


Durante la era paleolítica el hombre era nómada y se mantenía de la caza, la pesca, y la recolección. Los viajes eran largos, el territorio difícil, el clima duro. El hombre del paleolítico empleó toda su energía en sobrevivir. Pero a pesar de que sabía construir herramientas, no sabía sembrar ni domesticar animales.

En esa cultura primitiva, la mujer no gozaba de una buena posición dentro de la jerarquía social. Movilizarse de un lugar a otro era un trabajo arduo. La mujer es más débil que el hombre según estereotipos, y por lo tanto no puede cargar mucho peso. Pero sí consume: come y bebe tanto como él. Durante varios días cada mes está indispuesta. El niño era una carga aún más pesada que la mujer porque durante 3 años no puede ni caminar. Cuando digo que no gozaba de una buena posición en la jerarquía social me refiero a que cuando no habían suficientes recursos sacrificaban a los niños y dejaban a las mujeres atrás (1).

Todo cambió con el sedentarismo hace unos 15 mil años. Por primera vez la tierra se convirtió en un recurso escaso. Los hombres querían tierra para sembrarla y para cuidar de sus rebaños. Se sentían atados a ella de una forma especial. Los sedentarios sacaban su comida de la siembra, y a diferencia del nómada, él podía administrarse. Sabía de cuánta comida disponía, podía guardarla para momentos de escasez así que los niños y las mujeres dejaron de ser una amenaza para la supervivencia y se convirtieron en una parte necesaria de la familia.





El hombre sedentario descubrió el tiempo. Aprendió a medirlo con las cosechas. Descubrió que el mundo es cíclico. Que las cosechas se corresponden con la luna, con las estaciones, con las mareas. Midió los movimientos de las estrellas en el cielo y creó un calendario. Comprendió que al igual que el universo, la mujer también es cíclica. Su fertilidad la inserta en el tiempo. Para el hombre sedentario la mujer poseía dentro de sí el secreto de la naturaleza. Así se convirtió en la encargada de la siembra ritual, su fertilidad fecundaba también a la Tierra (3).

La siembra era una actividad tan ardua como la caza o la recolección. El hombre sedentario quería varios hijos para poder distribuir el trabajo. Pero desconocía la paternidad. Creía que el embarazo era un secreto de la mujer, que los hijos brotaban de ella como brotan las plantas de la tierra. Así que además de ser la responsable de la fertilidad, la mujer era también la dueña de la vida. Daba la vida y también la quitaba. (4).

Los primeros sedentarios temían al poder de la mujer, y por lo tanto su religión adoraba a La Diosa. Ella era omnipotente, inmortal, y estaba profundamente conectada a la naturaleza. Era la responsable de la capacidad de creación, y también de la de destrucción. Su nombre variaba de acuerdo con la cultura, pero estuvo presente en casi todas las sociedades que se asentaron cerca del Mediterráneo: AstartéIshtar,Inanna, Nina, NutIsisAshtorethAu SetHathorNammu, o Ningal(5)

No es casual que todas estas diosas estén representadas por sus tetas. Las tetas eran el máximo símbolo de la fertilidad. Las tetas de la mujer eran la fuente de su poder, pero no en cuanto a que el hombre no puede resistirse a ella, sino en cuanto a que es ella quien le da la vida al hombre. 


Si la mujer es quien da la vida, y quien la quita, el hombre siempre estará sujeto a ella. El hombre es secundario. Sólo existe después de la mujer. Es en este punto en el que entiendes que el pacto de Eva no fue un pacto entre hombres y mujeres, fue un pacto entre el monoteísmo y la mujer. Al cubrirse las tetas la mujer cedió su poder al hombre. Cuando una mujer muestra sus tetas con orgullo no está traicionando un pacto, está desafiando el orden social. Está poniendo en peligro la estabilidad de la estructura patriarcal. La traición y el pecado fueron simplemente dos excusas convenientes para hacer abdicar a la mujer.





El monoteísmo borra a la mujer. En el judaísmo su papel es pasivo. Hay un par de heroínas por ahí, (Yael decapitó a un rey enemigo clavándole una estaca en la cabeza), pero en líneas generales, hay pocas figuras femeninas con las que una mujer judía se puede sentir identificada en un rol activo. El catolicismo lo reduce aún más. Dentro del catolicismo la mujer sólo puede ser María o Eva. La madre bondadosa y pura, o la mujer mala tentadora. No hay intermedios ni otras opciones. Por eso se santifica la maternidad en occidente y se repudian las otras dimensiones de la feminidad.

Como existe un sólo modelo válido a seguir (la vírgen), la única posible interacción entre mujeres es la competencia. Si sólo tienes una meta válida, todo se parece a una carrera. Todas somos versiones más o menos perfectas de lo mismo. En la carrera por la perfección el juego sucio vale: como una mujer sólo puede ser una cosa, y como Eva y María nunca se dan en simultáneo, entonces si demuestro que la que tengo al lado es una Eva, tengo menos competencia en mi carrera. Convertir a otra mujer en Eva es putificarla.



(1)
 No recuerdo en dónde leí esto, pero el artículo de la wikipedia en inglés sobre el paleolítico está bastante completo. Y también hay un artículo muy interesante en Primitivism.com donde explican el impacto de la agricultura en en el hombre, si quieres leerlo pulsa aquí.

(2)
 The Oxford Encyclopedia of Women in World History, Vol. 1

(3) Lo sagrado y lo profano de Mircea Eliade

(4) El segundo sexo de Simone de Beauvoir

(5)
 The Living Goddesses de Marija Gimbutas

Nota:
 no soy teóloga, ni arqueóloga, ni historiadora. Todo lo que sé lo aprendí de Google, descargas ilegales, y libros robados. Hay muchas teorías con respecto a las culturas primitivas. Muchas se contradicen. Yo no sé cuál es la mejor, pero estas son las que más me interesan a mí.

PUTIFICAR




Lo más peligroso del pacto de Eva es que es tácito. Desde que naces formas parte de él sin saberlo. Las mujeres lo perpetuamos sin saber muy bien por qué. A las niñas se les roba el poder desde muy temprano, toda su infancia es una preparación para él. Se les educa para seguir el pacto aún antes de que le salgan las tetas, pero no se le dan razones. Cada vez que la madre se ríe del escote de otra mujer está enviándole a su hija un mensaje velado: debes cubrirte. Y no sólo se educa en la casa, se hace en el colegio, en la tele, en internet. Facebook me quitó esta foto de mi grupo porque viola los términos y condiciones de uso:


El problema no es que Facebook haga cumplir una de sus normas. El problema es que ESA sea una de sus normas. Que consideremos la teta como algo prohibido. Que se ponga a la mujer en una posición en la que cubrir su cuerpo es una obligación. Después de recibir este tipo de mensajes durante toda tu vida, es normal que sientas ganas de repudiar a otra mujer que rompe el pacto. Pero es probable que no sepas el por qué. Es probable que, al igual que me pasó a mí, si te encuentras con una mujer que está rompiendo las reglas te sientas traicionada y que tu sentimiento te parezca irracional. Es probable que quedes tan perpleja y confundida como yo.

Si el mecanismo por el que el pacto se perpetúa en el tiempo es dañino, peor son las consecuencias concretas del pacto: el estigma social de la puta. En inglés tienen una palabra para eso: slutshaming (se pronuncia slotsheimin). 
“Slutshaming” es una palabra compuesta por dos palabras más: “slut” que significa “puta”, y “shaming” que significa “avergonzar a otro”. Pero aquí en A70 lo voy a llamar “putificar” para hacernos la vida más fácil.

Putificar significa degradar o burlarse de otra mujer por su conducta sexual. Las excusas para putificar a otra mujer son muchas. Se le putifica por usar ropa ajustada o reveladora, por disfrutar del sexo, por tener sexo con frecuencia, o con varias personas, o incluso se le puede putificar porque existe un rumor sobre ella. No siempre se le putifica implicando que es una puta. Se puede hacer de una manera más sutil implicando que por su conducta sexual es tonta, superficial, o machista, o cualquier otra cosa negativa.
Una persona que putifica a otra cree que está castigándola solamente a ella, pero dado que la putificación se hace en público, el mensaje es para todos y es el siguiente: una mujer que disfruta de su sexualidad es mala, participar en actividades sexuales es malo, la mujer debe cubrirse. O mi favorito: nadie quiere a una mujer que es una puta.



Pero si el sexo es consensuado y te sientes segura con tu pareja… entonces el sexo es bueno. Disfrutar de tu cuerpo es bueno. Expresar tu sexualidad es bueno. Lo que hagas con tu cuerpo, con tu ropa, y con tu pareja es algo privado. Nadie tiene derecho a juzgarte por eso. No, ni siquiera tu madre.

La putificación alimenta la tolerancia a la violencia contra la mujer. El pacto de cubrir a las mujeres parte de la excusa monoteísta de que su sexualidad es peligrosa. Que al igual que Adán, el hombre no se puede resistir al pecado de la mujer. Esa idea representa un grave peligro para nosotras. Si la mujer es la que tienta y el hombre no se puede resistir, entonces ¿de quién es la responsabilidad cuando ocurre una violación? Si crees en el pacto, entonces la respuesta es simple: la mujer tiene la culpa por haberse expuesto. El hombre no se puede resistir. ¿Ves el error?

Hace unos meses en Nueva York un profesor de universidad le dijo a sus alumnas que no usaran faldas cortas o shorts si no querían que las violen. Semanas después una mujer iba en bicicleta con minifalda y un policía la paró y le dijo que fuera a su casa a cambiarse de ropa si quería evitar una violación. Este tipo de cosas no se quedaron atrás. Pasan cada día a nuestro alrededor. (1)



Al mismo tiempo alimenta la idea de que está bien burlarse o degradar a otra mujer. Propaga la idea de que está bien ser violento (verbal, o físicamente) con ella si ella rompe alguna regla social. Pero ser violento nunca está bien.

La única manera de liberarnos del pacto es ver a las mujeres que nos rodean como aliadas, y no como enemigas. En vez de criticarles el escote, apláudelo. Apláudelo aunque tú no te lo pongas. Aplaude su coraje, y aplaude también su libertad de elección.





(1) Duly Noted: Scenes from SlutWalk NYC


EL FEMINISMO ¿MACHISTA?


En mi grupo de Facebook hubo una discusión sobre feminismo hace poco. Lo que me sorprendió es que mucha gente tiene una idea equivocada de lo que significa el feminismo. Algunos creen que es “como el machismo pero al revés”. Otros creen que las mujeres quieren ser exactamente iguales a los hombres. 




Entiendo que tengan esas lagunas porque en nuestra cultura el feminismo siempre se ha visto como algo extraño. Pero aquí voy a hacer un repaso veloz de lo que significa en realidad.

El feminismo es buscar activamente la igualdad entre los sexos. ¿Qué tipo de igualdad? Igualdad de derechos, e igualdad de oportunidades. Le debemos gran parte de nuestros derechos al feminismo. Gracias al feminismo podemos votar, por ejemplo. Hay muchos tipos de feminismo, y aún más tipos de feminista. Pero todos parten de las dos premisas anteriores.

Las feministas de los 70 estaban divididas en el tema sexual. Lo llamamos The Sex Wars. Los debates dividieron a las feministas en dos grupos: las anti-porno y las pro-sexo. Las anti-porno consideraban que la sexualidad masculina era la raíz de la opresión de la mujer, que el hombre ve a la mujer como un objeto sexual, y que por eso la mujer debe defenderse. Su idea de defensa era cubrirse, y prohibir la pornografía. Las pro-sexo consideraban que el sexo era algo placentero y bueno para la mujer, que el porno le devolvía algo de su poder, y que la elección le corresponde a la mujer. Al final de los 90 no quedaban ya feministas anti-porno y el tema sexual quedó zanjado con la idea de la elección individual.

Yo en lo personal encuentro el debate a estas alturas absurdo. Me parece absurdo también que el porno se siga viendo tan mal. Yo soy mujer y veo porno. Sé que muchas de vosotras también lo hacéis. Pero es probable que aunque lo hagas sientas vergüenza de hacerlo o de decirlo. Es normal. Lo que no es normal es estigmatizar en público algo que TODOS HACEMOS EN PRIVADO. No voy a proponer que se le cambie el nombre de porno al porno, porque cuando hay actrices maquilladas y cámaras y todo es tan producido es realmente una película como las de Hollywood. Pero cuando una pareja se graba en la tranquilidad de su hogar, o una mujer se hace fotos de su propio cuerpo, para mí no es porno, es sexo. Sexo y ya. Sexo delante de una cámara. ¿A que se te quita la mitad de la vergüenza viéndolo desde esa perspectiva?





Pero en realidad el cisma va más allá del porno. Es algo mucho más profundo. Es una actitud. La feminista anti-porno de esa época sigue existiendo con otra cara. Es la feminista machista de hoy en día que degrada a las mujeres por mostrar su feminidad. Creen que ninguna mujer puede disfrutar de la cocina, o de las manualidades, o de tener hijos, o de sus tetas. Consideran que todas estas cosas son producto de la educación, de la sociedad patriarcal. Y así se enfrentan a la opresión de la mujer negando la feminidad.




Si regresamos al segundo párrafo y volvemos a leer el objetivo del feminismo: la igualdad entre los sexos, la contradicción se hace evidente. Una sola cosa precede la igualdad de derechos y de oportunidades. Lo que está por debajo de todo es la libertad de elección. Sin la libertad de elección, la igualdad de derechos se convierte en una imposición de obligaciones, y la igualdad de oportunidades en un camino designado.

Esto es justamente lo que hace el machismo. El machismo tiene muchas formas, pero lo principal es que busca quitarle a la mujer su capacidad de elegir. Robarle a una persona su libertad de elección es convertirla en una víctima. El machista obliga a la mujer a quedarse en su casa, le prohíbe estudiar, o la fuerza a vestirse de una manera específica.


 Pero cada persona sólo vive en su individualidad. La mujer no existe como concepto, sólo se realiza en la singularidad de un sujeto concreto. Nadie se realiza en lo colectivo. Respetar el derecho de libre elección es la base del feminismo, y también de ser una buena persona.


EL REGRESO AL POLITEÍSMO

¿Realmente es tan difícil comprender que la feminidad tiene más de una cara? ¿Que una mujer puede ser más que Eva o María?

Es fascinante ver el cambio del lugar de la mujer en la mitología. ¿Cómo pasamos de adorar a Cibeles, una diosa que va en un carro tirado por leones, a adorar a la Virgen María? Cibeles es fuerte, aguerrida, orgullosa, y poderosa. La virgen es una mujer sumisa, silenciosa, obediente, y esclava del hombre. ¿Con qué excusa convencieron a nuestras abuelas para que cambiaran a Durga por la virgen? La excusa debió ser realmente buena, lo que no me explico es cómo seguimos dándole crédito a religiones tan humillantes.

Lo que voy a decir a continuación te va a sonar bastante New Age, pero dame un voto de confianza y léelo hasta el final porque no soy del tipo de persona que se interesa en el reiki, o en los palitos de incienso. Mi idea va por otro camino.

En el hinduismo, una religión politeísta, existe una diosa llamada Shakti. Es la diosa de la energía cósmica. Es la fuerza que mueve a todo el universo. Es también la diosa del poder creativo de la feminidad, y se le llama “La Gran Madre Divina”. Al igual que la virgen, Shakti es la gran madre, pero a diferencia de la virgen, Shakti tiene poder en sí misma. Shakti no depende de nadie, su existencia está directamente unida al universo, y es la responsable de sus cambios.

Quizás lo más interesante de Shakti es que para los hindúes ella existe dentro de cada mujer. No existe solamente como una manisfestación, no, cada mujer ES Shakti literalmente. Dentro de cada una de nosotras Shakti vive y crea, y por eso para honrar a Shakti tienes que honrarte a ti misma. Shakti no se sacrifica por el otro, ella se regocija en sí misma y conoce su poder de creación. Es una diosa digna.

Al mismo tiempo Shakti convive perfectamente con todas las demás diosas del hinduismo. Con Parvati, Lakshmi, Devi, Durga, y Kali. Cada una de ellas es poderosa, y todas son perfectas en sus diferencias. Como no hay un único modelo a seguir, sino múltiples, la mujer hindú aprende a valorar las diferencias en las mujeres que la rodean. La mujer politeísta aprende la tolerancia, la apertura, y a disfrutar de la variedad. La mujer monoteísta aprende a sincronizarse con un sólo ideal y a ver a sus semejantes en términos de competencia.

Quizás el hinduismo está muy lejos de nosotros. Nos es ajeno, pero podemos tomar como ejemplo las religiones politeístas de nuestro pasado. Las mujeres griegas, por ejemplo, también vivían en una sociedad patriarcal como la nuestra, y sin embargo en Grecia tenían 12 dioses principales: 6 eran hombres, y 6 eran mujeres.
Algunas se unían a los hombres y se desprendían de la feminidad (como Atenea, o las feministas anti-porno), otras se apartaban (como Ártemis), algunas se aislaban hacia adentro como Hestia, y otras vivían dentro de la sociedad, aceptando su rol de mujer (Hera, Perséfone, Démeter). Finalmente estaba Afrodita que vivía bajo sus propias reglas, tomando amantes por placer.

Cada una de estas diosas representa una cara de la feminidad. Pero al fin y al cabo, cada uno de esos arquetipos brota de la psique humana. Todas tenemos diferentes diosas dentro de nosotras que interactúan, se activan y se desactivan a lo largo de nuestra vida.




Existe la mujer que ama lo salvaje y que desea ser libre como Ártemis, pero también existe Hestia, la diosa del hogar, que ama su casa y la autoreflexión. Hay mujeres a las que les gusta genuinamente cocinar, bordar, tejer, y tener hijos. Es tan válido disfrutar de esas cosas como ser una mujer de carrera, una exploradora, o mujer de mundo.

(1) También puedes adoptar varios modelos diferentes. Hay mujeres que se sienten mal porque creen que su personalidad es contradictoria, pero quizás tienen varias diosas diferentes dentro de sí, y eso está perfectamente bien.

Cuando te abres a nuevos arquetipos eres tolerante con las mujeres que hay a tu alrededor. Comprendes que el mundo no es una carrera, y que no existe una sola meta. Hay muchas maneras de ser mujer, y cada una es válida. El camino de la autoaceptación comienza por la apertura mental.

(1) Estas ideas sobre los arquetipos de las diosas griegas no son mías, son de una psicoanalista jungiana que se llama Jean Shinoda Bolen. 


ACEPTA TUS TETAS


Tus tetas son tuyas. Te hacen mujer con todo lo que eso significa. Las tetas te dan tu poder. Ellas simbolizan tu fertilidad, tu conexión con la naturaleza, tu lugar en el mundo. En ellas se plasma tu poder de dar la vida. No renuncies a tu poder sin dar una buena pelea.






Cuando te mires al espejo sé gentil con tus tetas. No las critiques por sus “fallos”. Si estás descontenta con tus tetas, en el fondo es un reflejo de un descontento más profundo hacia ti misma. Aprende a querer a tus tetas y te estarás aceptando un poco más.

Ama tus tetas cada día, y siéntete orgullosa por tenerlas. Comprende a las mujeres que te rodean. Aprende también a apreciar las tetas ajenas porque después de todo, son también símbolos de tu feminidad. No juzgues a otras por su escote. Lleva tu feminidad con orgullo. Lo que quiero decir es que toda mujer debería sentir la libertad de mostrarse como quiere y cuando quiere sin ser juzgada por su elección. Si quieres usar escotes, o si quieres mostrar tus tetas, ¡hazlo! y si alguien te critica siéntete libre de hacerles un corte de mangas.



Texto extraído de: acapulco70