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lunes, 20 de octubre de 2014

NUEVO FEMINISMO?, ¿ESTAMOS TONTXS O QUÉ?





Cada vez que escucho este término me ocurre como a Will Smith, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger cuando están salvando el mundo, explota una bomba y todo se queda en silencio menos un pitido, un agudo y molesto pitido.

Miro a mi alrededor entrecerrando los ojos, agachando la cabeza con una mano en el oído y la otra palpando el aire, pero al parecer soy la única que lo oye y todos me observan estupefactos. Vale, he quedado como una idiota, ¿pero es que a nadie más le chirría esta asociación de palabras?

Hagamos una prueba: "nuevo pacifismo", "nueva igualdad", "nueva democracia", "nueva libertad"... lo siento, pero no le veo el sentido.

Y es que nos encanta ponerle la etiqueta de nuevo a todo y estrenar como quien estrena zapatos o camiseta. Porque lo viejo ya no tiene valor. Pero resulta que en este caso, el de los movimientos sociales y en concreto el feminismo lo que han conseguido otras (sí esas que estuvieron antes, las antiguas) tiene muchísimo valor. Y lo digo yo que soy miss-impaciencia y miss-me-canso-de-todo, pero a Cleopatra lo que es de Cleopatra: si hoy tenemos ciertos derechos es porque otras abrieron el camino y lo hicieron muy bien y con mucho esfuerzo.

Seamos sinceros y reconozcamos que en este caso usar el prefijo nuevo es como usar Aquaplast, esa masilla que sirve para tapar un agujero y que aquello quede aparente por si vienen visitas a casa. El agujero en cuestión tiene nombre, se llama animadversión generalizada hacia la palabra "feminismo". Esa palabra que parece que tienes que decir bajito y casi disculpándote, la misma de la que reniegan las celebrities cool, también algunas políticas, periodistas y escritoras, la que te tacha en lugar de ensalzarte, la que te convierte en bruja, nazi, desquiciada y hace que te salgan músculos y pelos por todo el cuerpo nada más pronunciarla. Esa que te da pereza explicar una y otra vez en cada conversación (marchando un link gratuito a la definición de "feminismo"), la misma que hay que quitarse de encima porque te encasilla... y es que no nos importa etiquetarnos en la 38, pero si se trata de feminismo, no gracias. Que sepáis todos los que os declaráis no feministas que estáis haciendo alarde de vuestra ignorancia en público (de eso y de ser malas personas).


Dicen que la palabra tiene mala fama, mala prensa o mala cara. Todos sabemos que en cualquier movimiento hay posturas más o menos radicales, pero querer caracterizar al feminismo con la imagen de mujer amargada y resentida es como decir que futbolero es el que tira bengalas en el estadio, un poco de perspectiva por favor.

Algunos proponen inventar otro término, como si se tratara de una nueva marca de bebidas refrescantes con logotipo y todo, pero cuidado, eso significaría dar la razón a todos los que se empeñan en denostar al feminismo como algo negativo, sepultar a todas las mujeres comprometidas que levantaron el estandarte de la igualdad, invisibilizarlas a ellas y a sus logros que hoy son nuestros. Me resisto, no es justo.



Habría que inventar unos cuadernillos de caligrafía que ayuden a normalizar la palabra "feminista" o qué se yo, lanzar un concurso a diseñadores gráficos que la redibujen, a escritores y cantantes que nos devuelvan el deleite de recitarla y escucharla. Contratar al mejor departamento de marketing para que la vuelva a poner en valor, a un experto en Photoshop, o al coacher del nuevo Papa que la remonta seguro.

Aquí va un intento: feminista rima con lista, optimista, detallista y contorsionista.

Confieso que recibo emails de muchas mujeres que dicen que en mi trabajo por fin han encontrado un feminismo con el que se identifican y me halaga, pero en realidad no creo en un nuevo feminismo. Hay nuevas formas de expresión, nuevos canales y nuevos tonos. Unas se desnudan y utilizan su cuerpo como elemento activo y de protesta, otras se disfrazan para hacer visible a la mujer en determinados sectores, otras usan el grafiti, y una servidora, a través del humor y la ironía anima a las mujeres de toda España a acudir a los Registros a solicitar la propiedad de su cuerpo. Todas son formas válidas, loables y valientes. Me quito el sombrero ante cualquier mujer que desde el contexto que sea aporte de una manera activa su granito de arena a la causa (y digo activa porque quejarse desde el sofá o despotricar en las redes sociales no cuenta). Habrá quien lo haga con mejor o peor atino, quien se identifique más con unas que con otras, pero no les restemos ni un ápice de mérito porque lo tienen: se arriesgan y se exponen, hacen cosas.

Soy feminista y lo digo con orgullo. Y cada vez que lo afirmo destaco el trabajo de todas las mujeres y todos los hombres que persiguieron y que persiguen el mismo sueño: la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.


Ojalá llegue el día donde el papel de Will Smith, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger también sea interpretado por mujeres que salvan el mundo. Hasta entonces seguiremos necesitando el feminismo.

Texto extraído de: yolanda-dominguez

martes, 30 de septiembre de 2014

UNA HISTORIA (INCONGRUENTE) DE AMOR LIBERTARIO


“Respecto a la heterosexualidad (obligatoria, y ese es el problema), se programa a mujeres y a hombres para no entenderse.

Ninguna revolución que pretenda una sociedad más justa y habitable se alcanzará si no desintegramos la desastrosa cultura del amor romántico que hemos heredado”.

Itziar Ziga
“El Amor Queer es un proceso a disfrutar, no una meta a la que llegar.”

Coral Herrera.
“Nos juzgamos a nosotras mismas por nuestros intentos (muchos fallidos) de vivir hoy de una manera más ética, más libre.”

Leonor Silvestri

Nos comenzamos a hablar en un conversatorio titulado “Afectos libertarios: deconstruyendo el amor romántico”. Entonces “parecía” un acuerdo mutuo indiscutible comenzar una relación ‘’abierta’’. Pero ¿qué implicaba decir relación ‘’abierta’’? Nos pensábamos independientes, libres, alejados de toda forma de control: sin ataduras, celos, aprehensión, manipulación, etc.

Al paso del tiempo, se comenzó a generar una relación del todo cariñosa, del todo feliz, con algunos percances y disgustos que poco se hablaron. Todo nos parecía evidente. Éramos, lo que comúnmente se le llama, pareja.

En realidad nunca lo hablamos mucho. Un día nos dijimos que cada quien era libre de estar con quien quisiera, pero no nos pareció importante mencionar bajo qué condiciones.


Experimentamos más por imitación que por reflexión, pensando que las cosas se irían dando naturalmente. Pasamos por alto las emociones que pueden generar estos procesos de deconstrucción del amor tal y como nos lo han enseñado, tal y como lo vemos y reproducimos todos los días en todas partes.

Nos creímos tan libertarios en nuestro afecto, que jamás se nos vino a la mente que en una noche todo lo construido en varios meses, podía desplomarse en un abrir y cerrar de ojos, jamás pensamos que las pestañas impidieron darnos cuenta lo vulnerables que llegan a ser las relaciones cuando los acuerdos no son claros y cuando das por hecho que tú amor es diferente.

Esa noche, alguien más se interpuso en el camino, alguien que no había sido pensado, que rompió con ilusiones burdas entre nosotros. Algo se quebraba dentro, algo que pensábamos fuerte, intocable e inquebrantable. A todo esto, en cuestión de segundos, el respeto y la tolerancia, se vieron trasgredidos por el enojo… No están ustedes para saberlo, ni nosotros para contárselos pero nos costó mucho recuperarnos de esa discusión. Hicimos un dramón. Nos dolió bastante, a cada uno por separado.

Pero cada quien tuvo la suficiente curiosidad para preguntar, investigar, leer, reflexionar, pedir consejos sobre lo que habíamos sentido. ¿Por qué los celos? ¿Por qué el dolor?


Como cuando somos niñxs o jóvenes y nos confrontamos con la heterosexualidad o las identidades de género predominantes, así pasa con el amor que busca ser diferente enfrentándose con el amor hegemónico. Nos perdemos en la falta de referentes. Es difícil inspirarse o aprender de relaciones poliamorosas o libertarias cuando toda la vida se nos ha impuesto una forma bastante normada y controlada de amar.

Por más que seamos críticxs, que luchemos contra el capitalismo y todas sus formas de opresión, aunque nos llamemos feministas, transfeministas o cuir, el amor romántico no se destruye de la noche a la mañana. Y por más negativos que nos parezca la posesión de otro ser, la idea de propiedad, los celos, etc., estos no dejan de dolernos cuando nos enfrentamos a ellos. Por más fuertes y preparadxs, estas convenciones ridículas pueden representar un dolor terrible de cabeza (y de estómago).

Lo más sencillo, después de aquella noche de separación, hubiera sido no volver a vernos, pero estamos convencidos de que encontrarnos de nuevo para platicar fue lo correcto. El dolor no está ahí para olvidarse con el tiempo, está ahí cuestionándonos sobre lo que sentimos y por qué lo sentimos. Hablarlo durante muchos días, expresar lo que vivíamos y cómo ello tenía relación con las estructuras de poder que nos niegan la libertad nos hizo darle sentido a ese sufrimiento, o quitarle sentido, y dirigirnos a la búsqueda de formas de amor que tuvieran sentido para nosotros.


Se hace urgente una transformación radical de las sociedades en que vivimos. La violencia se expresa y nos hace daño en todas partes y a cada momento. La transformación radical debe involucrar la vida cotidiana y las esferas más personales de cada quien. Pongamos el dedo en el tema de las relaciones y los afectos. Que el amor deje de ser incuestionable. Que el amor deje de ser un medio para despolitizarnos, aislarnos, distraernos, lastimarnos. Que el amor sea emancipador, que construya alianzas, que nos fortalezca socialmente y en nuestras luchas.

Si algo aprendimos es que las incongruencias son resultado de que el amor está muy normado y en esta normatividad hemos crecido. La educación que hemos recibido es difícil, pero necesario, desaprenderla.


Entre las enseñanzas más importantes que reconocimos está la necesidad de hablar las cosas. Los acuerdos en las relaciones son básicos, saber qué quiere la otra persona y cómo logramos que esos deseos se logren sin sufrimiento. Los acuerdos y el diálogo son parte fundamental para romper con el individualismo y pasar a la construcción de afectos que dejen cimientos para avanzar en los proyectos más amplios.

Al menos nosotros hemos escogido ese camino: el diálogo, el cuidado de lx otrx y el respeto de lo que cada unx siente. Tal vez nuestra relación parece incongruente, pero vamos trabajando desde nuestra propia lógica.


Por qué decirle al mundo cómo debe amarse, eso no nos pertenece, amemos como queramos, amemos sin odio, sin celos, sin represión. Nos gustaría dinamitar el modelo social de relacionarnos, pero lo haremos amorosamente y a nuestro ritmo.


Gerardo López Rocha y Emmanuel Álvarez Brunel.




Texto extraído de: djovenes.org