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lunes, 3 de junio de 2013

BELLEZA INALCANZABLE: LA MUJER EN LA PUBLICIDAD

      La activista feminista Jean Kilbourne decía en el documental Killing Us Softly que estaba harta de oir la misma pregunta cuando hablaba de la representación de la mujer en los medios: “Se lleva hablando de este tema cuarenta años. ¿Acaso no han mejorado las cosas?” Su respuesta era que, tristemente, no sólo debía decir que no sino que, de hecho, las cosas habían empeorado. Los anuncios ya no sólo venden productos, también venden valores, imagen y conceptos sobre el amor, la sexualidad, el éxito y quizás lo que es más importante, venden una imagen de normalidad. En gran medida nos dictan no sólo lo que somos, sino lo que deberíamos ser.

Las adolescentes americanas pasan una media de 31 horas semanales viendo la televisión, 17 horas escuchando música, 3 horas viendo películas, 4 horas leyendo revistas y 10 horas navegando en internet. Esto, sin tener en cuenta toda la publicidad que nos llega pasivamente, en forma de cartelería en las calles, mensajes en la ropa, etc., hace más de 9 horas al día de consumo de mensajes audiovisuales.
En España, los anuncios de belleza se sitúan en tercer lugar por volumen de facturación con más de 500 millones de euros, según la lista de InfoAdex de inversión correspondiente a 2008. La publicidad, a la que nos vemos expuestos cada día, muestra cuerpos esculturales e irreales como sinónimo de éxito, felicidad e incluso salud. Esta presión socio-cultural, transmitida y potenciada por los medios de comunicación y la publicidad, “educa”, o más bien adoctrina a la población sobre los beneficios de la imagen y el “cuerpo perfecto”.
Y ¿qué nos cuentan los anuncios sobre las mujeres? Nos cuentan que lo más importante y primordial en nuestras vidas es nuestro aspecto físico. Pero, antes que nada, lo primero que nos enseñan las campañas publicitarias en cuál es el ideal de belleza femenino. Las mujeres aprendemos desde una edad muy temprana que debemos invertir cantidades ingentes de tiempo, energías y, sobre todo, dinero, en alcanzar este ideal y sentirnos avergonzadas y culpables cuando fracasamos.
Sin embargo, la derrota es inevitable.
El modelo de belleza que nos vende la publicidad está basado en la perfección. Las mujeres en los anuncios no tienen líneas de expresión ni arrugas, ciertamente no tienen cicatrices ni granos y, de hecho, no tienen ni poros.



Angelina Jolie antes y después de pasar por Photoshop.


Eva Longoria después de un retoque prodigioso



El secreto de la eterna juventud de Madonna


Britney Spears con el mismo aspecto que tu al salir de la cama



Naomi Watts sin rastro de pecas, granos, manchas… ni poros.

El cuerpo de Britney Spears antes y después del bisturí virtual

        Pero lo más importante de esta perfección es que es inalcanzable. Nadie tiene este aspecto, ni siquiera las propias modelos de la publicidad. La supermodelo Cindy Crawford dijo: “Ojalá tuviese el aspecto de Cindy Crawford”. No lo tenía, y era imposible que lo tuviese, porque su imagen fue creada a lo largo de los años a través del maquillaje y el retoque fotográfico.


La mejor crema: Photoshop
De hecho, nunca vemos una imagen de una mujer que sea considerada hermosa y que no haya sido drásticamente retocada con Photoshop.


La actriz Keira Knightley en el cartel de la película El Rey Arturo, antes (izda) y después (dcha) de ser retocada con Photoshop. Véase como le ha desaparecido la cintura y, sin embargo, le ha aparecido un generoso pecho.

America Ferrara en la portada de la revista Glamour. Septiembre 2007. Parece ser que su cabeza fue cortada y pegada en el cuerpo de otra mujer para la fotografía final.

Kelly Clarkson antes y después de una pasadita por Photoshop para la portada de la revista Autoimagen. Septiembre 2009.

Kourtney Kardashian, 7 días después de haber dado a luz, aparece en la portada de la revista OK. Enero 2010. Parece que hubiera perdido todo el peso ganado durante el embarazo en sólo 1 semana.
      Las niñas beben este mensaje de perfección desde una edad cada vez más temprana. Necesitan ser no sólo bellas, sino increíblemente delgadas, atractivas y sexuales. Pero a la vez, reciben el mensaje de que están condenadas a la derrota. Las niñas se sienten a gusto con sus cuerpos cuando tienen 8, 9, 10 años… pero unos años más tarde, en cuanto alcancen la pubertad, se darán de bruces con la cruda realidad. Una realidad que les impondrá un modelo de perfección física inalcanzable. Sobre las consecuencias de esta triste toma de conciencia hablaremos en otro momento.


Faith Hill retocada hasta las trancas en julio de 2007 para la portada de la revista Redbook. ¿El brazo derecho? Aparece misteriosamente en la portada. ¿Brazo izquierdo? Reducido al menos 1/3 de su tamaño original. Arrugas, líneas de expresión y cualquier otro rasgo de vitalidad en su cara: desaparecidos. ¿Espalda? Fileteada casi por completo. Nada más que decir.
Hoy en día es bastante habitual oir hablar sobre los efectos carniceros de Photoshop en las fotografías e incluso existen páginas web dedicadas a recopilar fotos de cuerpos que han sido mutilados por este software. Sin embargo, la atención jocosa que a menudo se presta a los desastres de Photoshop amenaza con enmascarar la preocupante realidad de que las imagenes en la publicidad son retocadas sin piedad pero se nos presentan como si fuesen reales.



Desmán en el catálogo online de la tienda Ann Taylor’s. Agosto 2010. Las caderas y muslos de la ya de por sí delgada modelo se reducen a límites insospechables, pero lo de la cintura es simplemente ridículo.


La misma modelo, distintos niveles de Photoshop en anuncios impresos REALES. Octubre 2009. Ralph Lauren respondió: “Después de investigar el caso, hemos determinado que somos responsables de una mala gestión de la imagen y retoque que resultaron en una imagen muy distorsionada del cuerpo de una mujer. Hemos tomado las medidas necesarias para que en el futuro, nuestras imagenes publicitarias representen a nuestra marca de una manera adecuada.”
Así pues, no es de extrañar que nuestra percepción de la belleza esté distorsionada. Enesta campaña de la Fundación para la Autoestima de Dove, galardonado con múltiples premios de publicidad, se puede ver la casi milagrosa transformación de una chica “mona pero normal” en la “despampanante modelo que todas querríamos ser” tras pasar por las manos de maquilladores, peluqueros, fotógrafos y retoque de imagen:



En definitiva, un proceso nada distinto del que sufre la imagen de cualquier mujer que nos es presentada en los medios. Modelos, actrices, presentadoras de televisión… todas pasan por la varita mágica de las alteraciones digitales.
Sin embargo, existen unas pocas excepciones. Kate Winslet habló mucho en los comienzos de su carrera sobre su negativa a dejarse dominar por los dictados de la industria de la imagen y controlar su peso.

La aclamada actriz no sólo es bella, sino que también tiene una sexis y voluptuosa silueta, por lo que no es de extrañar que la revista QC quisiera sacarla en su portada. Lo que sí es sorprendentre que es retocaran tanto su figura que desaparecieran por completo sus curvas. La actriz emitió entonces un comunicado de prensa declarando que el retoque fotográfico había sido realizado sin su permiso y dijo “Yo no tengo ese aspecto y, lo que es más importante, no deseo tener ese aspecto. Puedo garantizar que han reducido el tamaño de mis piernas al menos una tercera parte”.

Kate Winslet adelgazada hasta quedar casi irreconocible en la portada de la revista QC. Enero de 2003.

       La pregunta es, ¿qué podemos hacer con respecto a esta situación? Lo primero es darnos cuenta que esta realidad existe, prestar atención y aceptar que nos afecta a todo el mundo. Esta obsesión con la belleza, la perfección, la extremada delgadez es un problema de salud pública que sólo podrá resolverse cambiando el entorno que nos rodea y esclaviza.

Me gustaría dejaros con una campaña de Dove llamada “Bocetos de Belleza Reales”. En este pequeño experimento social, un dibujante forense hace un retrato robot de las distintas mujeres que se describen a si mismas sin que él pueda verlas. Más tarde, hace un retrato robot de las mismas mujeres basado en la descripción de un desconocido que ha podido verlas durante unos breves instantes. Así, se pone en evidencia la triste realidad de que las mujeres somos nuestras peores críticas y que la percepción de nuestra propia imagen está fuertemente distorsionada por nuestros inalcanzables modelos de belleza y expectativas.





Bollo sapiens para Orbita diversa

1 comentario :

  1. Bello reportaje, creo que el primer paso para ser libre es aceptar tu propio cuerpo y tu propia imagen, saludos cordiales y éxito!

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