Estamos dando una nueva imagen al blog.

Disculpa las posibles molestias que esto pueda causarte. Danos tu opinión sobre el nuevo diseño.
Nos será de gran ayuda.
Gracias.

Buscame...

Cargando...

domingo, 24 de marzo de 2013

COSIFICACIÓN EN LAS RELACIONES DE PAREJA

“Si bien hoy en día la mujer tiene derecho a ser visibilizada, las construcciones sociales la visibilizan como un producto, un objeto, una cosa, y sí, es cierto, las mujeres mismas permitimos ser vista de esa manera…”

La mujer cosificada.


Cosificar significa, en este caso, convertir a la mujer en una cosa y como todxs sabemos, las cosas se compran, se usan, se gastan... y se descartan como un mueble.
Las publicidades son un reflejo bastante exacto de la cosificación de la mujer: siempre con lindo culo y un tremendo par de tetas, o bien compañera abnegada de rostro tan dulce como su voz angelical, profesional del jabón en polvo, y para algunos,un elemento más del entorno doméstico.

La cosificación castiga a la mujer en su propio cuerpo o rol en las relaciones de pareja, la obliga a construirse sobre estereotipos. No es novedad. Las modelos trabajan de modelo, son una publicidad en sí mismas, definen la ropa, el color de pelo y de ojos, el largo de piernas, lo que es lindo y, principalmente, lo que hay que rechazar. La mujer es tratada como objeto de mercado y se la valora de acuerdo a sus prestaciones. Algo apenas más sofisticado que un mueble.


Se compra, se posee, se usa y se tira, se elimina cuando ya no funciona, cuando decide tocar y bailar su propia música y desarrollar su autonomía e independencia. Incluso en las relaciones de pareja, el macho da la impresión de ver a su compañera como un elemento más de su hábitat doméstico al igual que ve el sofá de su casa o el utilitario.

                           

Puede hacer y deshacer a su antojo sin tener en cuenta las emociones de la otra persona ya que para él no es más que un mueble....y encima esto ha de ser considerado como algo bueno incluso cariñoso. Se apodera de ella como un juguete hasta que la muñeca decide por sí misma.

¿Por qué algunas personas cercanas, compañeras y/o amigas, nos hieren gratuitamente, se enfadan con nosotros, tratan de vencernos, buscan disgustarnos o intentan dañarnos de manera gratuita, por el mero placer de herir con frases sarcásticas, respuestas que nos ningunean o silencios que no son otra cosas que crueldad de guante blanco

Se ha demostrado que es extremadamente difícil alcanzar una concepción clara de lo que es la cosificación, y de hecho existe una enorme variedad de perspectivas en la literatura [véase por ejemplo Haslanger (1993), Langton (1995) y Nussbaum (1999)].

La idea más generalizada es que cosificar es tratar a personas de un modo que sería apropiado para objetos pero no para personas. Por ejemplo, se puede decir que un varón cosifica a las mujeres si no tiene en cuenta las necesidades, deseos y sentimientos de las mujeres, y las considera sólo un medio para su propia satisfacción sexual, domésica, social o psicológica.

También existen muchas acepciones a la regla, es decir, la cosificación y la objetivación social de la mujer no es un cáncer que nos consuma a todas. Algunas empezando apenas a adentrarse en una situación muy compleja tratando de resolver la disputa entre el estereotipo y la autoresignificación, otras en cambio porque contaron con la suerte de una educación diferente en su microuniverso social, a otras porque la dinámica social las llevó a un contexto que las ayudó a despertar del espejismo.


Y aunque no todo está perdido, la situación sigue siendo totalmente deprimente. En este mundo que pelea por ser incluyente, equitativo y con perspectiva de género, la mujer tiene ante sí un nuevo reto , uno que va más allá de la lucha política por la visibilización y la participación, el reto que tiene en frente , es uno de doble vía, es el más complejo que se le haya presentado en la historia, se trata de la resignificación consigo mismas; es el de ayudar a la construcción de identidad de las más pequeñas, lejos de permitirse a sí mismas o permitirse ver ante los demás como una cosa etiquetada por palabras o composiciones lingüísticas superficiales como: “bonita” “fea” callada” “dulce” “buena” “complaciente” “bonita pero rebelde” “inteligente pero fea” la lista podría ser larga.


Los discursos nos dicen que somos dueñas de nuestro cuerpo y deseo, pero seguimos produciéndonos para ser deseadas. Pensamos en cómo me ven y no en cómo me siento, con esto no quiero decir que la vanidad es mala, es mala cuando nos determina y nos dice quiénes somos, y a veces, aunque suene deprimente y horroroso, cuanto valemos.


                     

   
Mucho se ha debatido alrededor de la actual posición femenina, en cuanto a la vigencia del feminismo como teoría o movimiento social –eso es otro debate–, el punto aquí es que existe la necesidad del replanteamiento y de resignificación social femenina, puesto que aún no está conclusa y es necesario que asumida y pensada por las actoras principales de la problemática, por un ser que se reconozca a si mismo realmente como mujer, como ser humano y no como una concreción fáctica enajena. La mujer no debe pensarse más, ni ser pensada, no debe verse a sí misma, ni ser vista por el mundo, como una cosa

 

La cosificación en la pareja


El proceso de cosificación comienza cuando reconocemos que hay otros seres allá afuera (de mi mismo) que demuestran cualidades similares a las mias, y que por tanto, puedo suponer que son humanos, como yo lo soy. Si ellos son humanos, y yo soy humano, yo puedo suponer que ellos quieren ser tratados como yo quiero ser tratado, que desean ser respetados igual que yo.

Pero, al relacionarme con los demás a mi alrededor, resulta que no siempre necesito verlos como humanos, sino que a veces sólo me relaciono con ellos porque puedo sacar de ellos un provecho especifico en base a sus habilidades o características.. En ese momento, dejo de verlo como humano, dejo de respetarlo como humano, y lo veo sólo como un objeto que puede satisfacer necesidades especificas mías. Lo veo como una cosa, lo cosifico.




Incluso en las relaciones de pareja existe la cosificación mutua: amo a mi pareja en la cantidad exacta para hacerla que me haga sentir amado en la cantidad que necesito, amo para que me ames, un contrato de intercambio de falso amor.
Lo interesante, pero triste, es darnos cuenta que en nuestra sociedad actual, estamos acostumbrados a las relaciones cosificantes, raramente pensamos que la otra persona aunque sea nuestra pareja, no es un objeto más. Pero, ¿Es posible encontrar una relación de verdad, honesta, sin cosificación, en la que ames y seas amado de verdad, donde haya una plenificación mutua a través del proyecto de pareja sea cual sea el concepto de pareja y unión?
En el fondo de este problema, está la definición del amor, y si el amor es una acción voluntaria o no, si se puede aprender a amar o no.
Muchas veces, caemos en procesos en los cuales la cosificación se vuelve una herramienta para mantener distancia, para mantener la propia seguridad, ante la posibilidad de amar, se cosifica a la pareja para defenderse y evitar caer en el amor verdadero, que no es el amor romántico que nos venden, sino la camaradería amorosa, el amor libre. La cosificación nos sirve como un cordón de seguridad, como una barrera. Las manifestaciones de esta forma de cosificación pueden ser muchas, desde usar a la pareja, evidentemente maltratándola para mantener la distancia, hasta mantenerse en la posición de “solo amigos”, tomando lo que se necesita del “amigo” sin comprometerse en una relación de pareja.

Incluso manteniendo una relación de pareja abierta, puede haber cosificación con el objetivo de mantener la distancia, cuando la pareja no te da lo que esperas, le exiges mas,esperando beneficios, y cuando no corresponde a las expectativas, la cosificación se vuelve más agresiva, y las exigencias, más radicales, forzando al otro a aguantarse a la cosificación o a reventar la relación. Se le cosifica, por poner un ejemplo, al esperar que acepte que intentes seducir a otra persona en su presencia ya que con anterioridad se había hablado de mantener una relación abierta. Obviamente ni el acto de seducción con una tercera persona es el problema, la libertad ante todo, ni lo hablado era de "boquilla". El problema radica en hacerlo delante de la otra persona como si ésta fuera una cosa a la que no nos une nada y que como un mueble no tiene emociones ¿por qué ha de importarle verte ligando con otrx en su presencia si ya se había hablado y es algo natural? ejem.....¿Lo natural no sería hacerlo cuando no estás con quien te sientes bien ? De pronto un día te encuentras sin tu compañer@ y conoces a alguien que por lo que sea te apetece conocer de "otra" manera. Eso es lo natural, no faltarle el respeto a la pareja. Por muy abierta que sea la relación no debemos confundir la libertad con la falta de respeto

Pero hay casos, donde la cosificación se vuelve una herramienta de venganza. La cosificación, al estilo más puramente sartriano, se vuelve una forma de agresión activa, que sirve no solo para negarse al amor, sino para desahogar la agresión de una manera más “civil”. Se mantiene la percepción del otro como un objeto, al que hay que ver fríamente, al que no hay que volver a dejar acercarse, y la distancia se mantiene cosificándolo, viéndolo como objeto, negándole cualquier reconocimiento como el humano que fue en algún momento. Se cierra el amor y se niega a sí mismo.

En otros casos, la motivación es psicológicamente aún más compleja. La persona “herida” hace una especie de transferencia entre su pareja anterior y la siguiente, y agrede a la nueva pareja a través de la cosificación. Se agrede con la cosificación a la nueva pareja, para vengarse de la pareja anterior. No solo es mantener la distancia ni evitar el amor, sino desahogar de manera inconsciente los impulsos agresivos. La cosificación como venganza desplazada.

Es difícil abrirse, es difícil superar los obstáculos emotivos, el dolor y el resentimiento. A veces, el dolor hace que nos encerremos, que nos escudemos en el trabajo, en las relaciones banales, en la ilusión de la fiesta y el alcohol. Pero también hay que pensar que vivir cosificando lleva a la soledad. No puedes estar acompañado por cosas, la única manera de salir de la soledad es reconocer al otro como ser humano.

El otro día platicaba con un alumno sobre esto… y él decía que lo difícil no era encontrar novia, sino encontrar una mujer que este dispuesta a abrirse a la posibilidad del amor…

Obviamente, se debe hacer una distinción entre la vida personal, la del otro y la vida que se tienenen común. Al formar una relación, no debemos renunciar a uno como ser individual que somos y dedicarnos exclusivamente a la otra persona. Eso, sería un gran error que no sólo nos afectaría a nosotros mismos, sino también a nuestra relación de pareja.

El respeto es el instrumento que nos permitirá no incurrir en la cosificación del otro. No debemos caer nunca en los insultos o descalificaciones, ni ridiculizar a nuestro cónyuge ni menospreciarlo, y mucho menos delante de la gente.
Dentro de determinadas parejas puede darse que el hombre interponga entre él y su pareja una frontera que no se puede franquear para "castigarla" humillarla, tratándola como un objeto carente de sentimientos..y a veces utiliza la sordera selectiva....escucha lo que le interesa, se refugia en su play,en su ordenador, la tele, ... Permanece en silencio mientras que su pareja piensa: no funciona nuestra relación, tengo que comunicarme mejor...El hombre opta por castigar con el silencio....

Debo de hacer una aclaración tocante a esto....el hecho de que tu pareja y tu dejéis de hablar unos días no significa que te esté cosificando o maltratando, ni que tú lo estés maltratando a él!! Puede ser que hayáis discutido por algo y tú o la otra persona en cuestión necesitéis un tiempo para pensar y para estar al margen. Me refiero con el párrafo anterior que lo que no sería normal es que te "castigase" con el silencio si tú no has hecho nada o por un simple encaprichamiento de no haber hecho algo que el quería o necesitaba en determinado momento.

Marie-France Hirigoyen, psiquiatra y psicoanalista describe a este tipo de hombre como alguien que nunca pierde los nervios ni eleva el tono, algo obvio si piensa que se encuentra ante un mueble más de la casa, con una una voz monocorde y plana y manifiesta una hostilidad fría que niega cuando se hace referencia a ella. Él se burla de ella pero de manera sutil, el agresor rechaza hablar de lo que no marcha, esta negativa paraliza a la mujer y le impide encontrar una solución, todo lo que se pueda decir se deforma, asi que ella siempre se encuentra despreciada y humillada.
La mayoría de las veces , (la gran mayoría) la mujer no es capaz de identificar la situación como cosificación, ya que el hombre consigue que dude de sus sentidos, de su razonamiento y hasta de la realidad de sus actos.....
Debemos cuidar que el trato que tengamos con nuestra pareja en ningún momento resulte ofensivo, evitando, entre otras cosas, ningunearl@ a golpes de silencio impuesto. En esto han de implicarse ambas partes y cuando algo no nos guste del otro (algo normal por otra parte) decirlo con naturalidad sin esperar a lanzarlo como arma arrojadiza cuando convenga. En eso radica el respeto y la naturalidad, en tener una buena comunicación, que nos ayudará a expresar nuestros sentimientos, llegar a un mayor conocimiento de nuestra pareja y del funcionamiento de la relación.



Texto extraído de: nomevistas.com, nomellames princesa, aportaciones personales...

1 comentario :

  1. excelente articulo! muy importante tenerlo en cuenta y aplicarlo, muchas gracias

    ResponderEliminar