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domingo, 17 de marzo de 2013

¿FINGIR EL ORGASMO O IR A POR ÉL?


Dr. Walter Ghedin
    El orgasmo es una respuesta fisiológica, emocional y social: une el cuerpo a la capacidad de gozar y de compartir la experiencia sexual. Sin embargo, los condicionantes socioculturales han sido causa de muchas limitaciones a la hora de hacer el amor.


La mayoría de las mujeres tienen orgasmos, aunque la respuesta puede variar. Algunas tienen orgasmos por coito vaginal y por la estimulación focalizada del clítoris. También existen mujeres que privilegian el uso de vibradores al de las manos, obteniendo una buena respuesta orgásmica por este medio.

La sensibilidad del clítoris a los estímulos eróticos puede detonar el orgasmo por el simple roce con la almohada, el colchón, o el chorro de agua del bidet o la bañera. Los componentes emocionales son imprescindibles: la relajación y la entrega a la experiencia emocional, considerando el encuentro sexual como positivo y vital son fundamentales.
En todos los casos la respuesta es fisiológicamente normal, sin embargo hay mujeres que privilegian el orgasmo por penetración y creen (tanto ellas como sus parejas) que si no lo tienen son "anormales".

Fingir el orgasmo

A pesar de que muchas mujeres tienen las capacidades físicas y emocionales intactas para tener orgasmos deciden fingirlo ¿Por qué?

Dos estudios realizados en Inglaterra y en Nueva Zelanda encontraron cierta incongruencia entre las verbalizaciones de placer y el placer real. Aproximadamente un 25 % relató que emitían gemidos y verbalizaciones durante casi toda la relación sexual y un 50 % durante una parte del encuentro.

Consultadas sobre por qué necesitaban emitir gemidos y expresiones de placer, casi el 90% de las encuestadas respondió que lo hacían para aumentar la autoestima de sus parejas, y un 50% agregó a la respuesta anterior otros factores: dolor durante el coito, aburrimiento, cansancio y apuro por limitaciones de tiempo.

Con el fin de evaluar la consideración del orgasmo en su relación de pareja, casi el 68% de las mujeres respondió que no se separarían aunque nunca llegaran a un orgasmo con ellos.


El imperativo del coito

Otra hipótesis estudiada por los investigadores de Nueva Zelanda es si la relación pene-vagina seguía teniendo la misma importancia a la hora de tener un orgasmo, subestimando otras prácticas. La conclusión es que sí, el "imperativo coito" sigue ocupando un lugar privilegiado en las prácticas sexuales: "el sexo no es en realidad sexo si no ocurre la penetración pene-vagina".

Otro aspecto que aún sigue vigente es la prioridad que tiene el hombre para guiar la relación y para alcanzar su orgasmo, dejando a la mujer a la espera de otra oportunidad con mejor suerte.

Por qué fingimos
En el mundo de las relaciones sexuales, hay un verbo que se impone: “satisfacer”. Es un imperativo que cada uno asume, carga o sobrelleva como puede. Para ellos tiene implicancias de calado más hondo, ya que los obliga a “sostener” la escena sexual hasta que su partenaire da las señales de estar cabalmente satisfecha. Es decir: son puestos a prueba y su virilidad parece en constante examen. Por su parte, ellas tienen la ventaja de poder resultar siempre “perfectas” en eso de exhibirse plenas, en base a esas inconfundibles manifestaciones que no dejan dudas de “estar plenas”. Esto, que la mayoría de los hombres vive como “certificado de una buena performance”, muchas veces no es lo que parece. ¿Por qué? Porque más del 50 por ciento de las mujeres alguna vez fingió un placer que no siempre puede sentir y que, en otros casos, no han conocido nunca. Lo más llamativo es que muchas, una vez que ensayan -¿el arte?- de fingir no lo abandonan.
El show debe continuar
“Finjo mi orgasmo porque sé que nunca lo voy a conseguir, y así, por lo menos, puedo hacer que mi pareja disfrute igual. La primera vez lo hice porque él lo esperaba y yo sabía que no me iba a pasar. La segunda, porque ya lo había hecho antes”, justifica Mariel, de 32 años.
Edith Martin, médica sexóloga, describe estos comportamientos como “la reproducción de un círculo vicioso. La mujer empieza a fingir para aparentar que ella (y él) son buenos amantes, y continúa haciéndolo para evitar que él se desilusione. Y se siente atrapada”. Hay, por debajo de esta puesta en escena, un gran desconocimiento del propio cuerpo y de la sensación orgásmica real. O dicho de otro modo: exceso de ansiedad, tensión, inseguridad.”

¿Por qué (no) me pasa?
“Una experiencia espiritual”, “el rugido del océano”, “la petit mort”. Tantos rótulos magnifican la experiencia del orgasmo que se hace difícil visualizarlo como lo que es: “un reflejo que depende del sistema nervioso e implica una sensación de placer junto con la contracción rítmica de los músculos pubococcígeos”, explica Martin. Para producir la respuesta orgásmica, se necesitan caricias adecuadas en el sitio preciso: el clítoris. Aunque abundan los mitos sobre el “orgasmo vaginal” o “combinado”, en realidad, sin clítoris no hay orgasmo. Y lo cierto es que este órgano, por su ubicación y tamaño, necesita estímulos específicos. “La penetración es un elemento secundario para obtener placer sexual. Es inusual que las mujeres alcancen el clímax sólo a través de la fricción causada por la penetración”, dice Jonathan Margolis, autor de O-Historia íntima del orgasmo.
Apenas entre un 25 y un 30 por ciento de las mujeres (cifras reconocidas en el ámbito de la sexología clínica) pueden alcanzar el clímax sólo siendo penetradas. El resto necesitará de las caricias, los besos, movimientos y estímulos directos. El factor tiempo también es clave: el orgasmo femenino es un fenómeno complejo y, como tal, requiere un juego previo, de unos 20 minutos, que permita que la región pubiana femenina acumule la sangre y la tensión necesarias para producir las contracciones. Por eso, es fundamental la paciencia y el destierro de ansiedad. El apuro en querer controlarse para “llegar” al orgasmo, desfavorece que este suceda. Según el sexólogo Rubén Pereyra “no se debe intentar controlar el orgasmo, porque el orgasmo es, justamente, la pérdida del control”.

El placer de mentir
Hablando de fingir, es imposible no evocar la escena de “Cuando Harry conoció a Sally”, en la que Meg Ryan le demuestra a su amigo Harry cómo las mujeres actúan un orgasmo “épico”, en medio de un concurrido restaurante.
Al margen de la capacidad de cada hombre, de distinguir entre un clímax verdadero de uno falso, “no todas las mujeres anorgásmicas fingen. En el caso de las que lo hacen, enfrentan dos problemas: por un lado, la disfunción orgásmica; por el otro, la necesidad de fingir. Ahora, fingir ¿reporta algún beneficio?”. Para Martin, sí. Y según la tipología femenina, serían estos:
1) Las complacientes, que buscan lograr la satisfacción de su amante. No se hacen cargo de su propio deseo y toman la actividad sexual como una obligación. Están inmersas en “la idea cultural falsa que hace responsable al hombre de llevar a la mujer al orgasmo”, describe el psiquiatra y sexólogo Andrés Flichman, y fingen para que su compañero se quede tranquilo creyendo que cumplió con la obligación de darle placer a su mujer. “Estas mujeres experimentan poco o ningún placer: para ellas es un ‘deber’, y cuanto antes termine, mejor. Es decir, que el beneficio de fingir el orgasmo es acortar el tiempo de la obligación marital”, dice la sexóloga.
2) El grupo de las frustradas. O las “jubiladas del sexo”. Ellas fingen porque creen que nunca tendrán un orgasmo, como en el caso de Mariel. Según Martin, “disfrutan, sienten placer, pero son incapaces de relajarse. Luego, cansadas de que su pareja intente estimularlas de distintas formas, lo ‘actúan’ para que el varón se sienta bien y no generarle fantasmas sobre su virilidad que lo llevan a abandonarla”.
En la actualidad, no alcanzar el orgasmo es visto como un fracaso. Y el gran error es ‘patologizar’ la anorgasmia femenina. ”El orgasmo está muy sobrevalorado en la sociedad, hay una constante presión para llamar anorgásmica a la mujer que no puede alcanzarlo fácilmente, cuando en la realidad el orgasmo femenino no es algo simple de obtener para una gran mayoría”, completa Flichman.

Los perjuicios de la mentira
“A los varones les molesta mucho más la mentira que la falta de orgasmo en sí”, dice Elda Bartolucci, psicóloga y sexóloga. ¿Por qué? Porque la segunda es mucho más fácil de solucionar, con buena comunicación, cambiando de tácticas, hablando de lo que les gusta, probando una y otra vez. En cambio la primera puede ser indicadora de falta de sinceridad y, en consecuencia, de otras mentiras en la pareja.
Por eso, para finalizar con la interminable ficción, el primer paso es reconocer el problema. Y el segundo, es desarrollar un sano egoísmo, “priorizar las propias necesidades y deseos, cosa que no saben hacer las mujeres de ninguno de los dos grupos antes citados”, reflexiona Martin. “Por eso, es imprescindible que la mujer se sincere con su pareja y que ambos concuerden en la honesta necesidad de consultar con un profesional”.
Si creen ser anorgásmicas, deben recuperar las esperanzas. “Hoy ésta es una de las disfunciones sexuales femeninas de mejor pronóstico en el consultorio sexológico, porque la mujer anorgásmica disfruta del sexo y se excita hasta las proximidades de la descarga orgásmica: solo le falta un empujoncito para llegar al clímax”, dice Bartolucci. “El tratamiento motiva a la mujer, demostrándole que nadie nace sabiendo y la ayuda a saber. El tratamiento impulsa a adueñarse del potencial orgásmico, lo que da lugar a una vida más plena y sobre todo más sincera”, finaliza Martin.



Tips para tener orgasmos verdaderos
* Disponer de tiempo suficiente para en encuentro sexual.
* Un buen juego previo ayuda a relajarte y a una buena lubricación.
* Intenta expresar lo que realmente sentís. Es un tema de los dos romper con el mito del "imperativo coito".
* Hay muchas variantes para obtener el orgasmo, no des prioridad a la penetración.
* Deja que el otro use la boca, las manos, un vibrador.
* Masturbarte durante la relación o usar un vibrador son variantes para incorporar a la relación.
* Pidelo que te gusta o lo que necesitas para lograr placer.
* No intentes dejarte de lado para complacer exclusivamente al hombre.
* La relación es de los dos, para los dos. Ninguno tiene prioridad.


 Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo y Vanina Pickholc .
Textos estraido de: www.entremujeres.com

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