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viernes, 26 de abril de 2013

DORMIR EN PAREJA... O NO

dormir en pareja puede ser una auténtica gozada… o no.

Ilustración: Olga



Porque ¿qué hay de esos días de frío invierno en los que oyes la lluvia y el viento al otro lado de la ventana pero tu te estrujas a tu pareja bajo las sábanas, creando el calor humano necesario, y con una sonrisita piensas “no podría estar mejor”? Pero… ¿y cuando llegan las típicas noches de ola de calor, que la temperatura no baja de 28º y no sólo te sobra la ropa sino también las sábanas, el colchón y ese cuerpo humano pegado al tuyo que hace que según os rocéis salga una gota de sudor? ¿En qué momento nos hemos convertido en esponjas?

Y es que lo de dormir en pareja es muy bonito salvo que lo hagas con el/la fantástic@ “canelón”, ya sabéis a que me refiero, ¿no? A ese ser capaz de, con sutiles movimientos, ir enrollando sábana, manta, edredón y todo lo que haga falta para que te despiertes en mitad de la noche destapad@ y congelada y veas a tu lado un rollito de primavera gigante en el que ¡oh, sorpresa! duerme tu pareja plácidamente.

También está el clásico “tira y afloja”. ¡Zas! y te han quitado las sábanas pero, wahahaha tú has sido rápida y en el último momento conseguiste alcanzar una esquinita y ¡zas! tiras tú… Te duermes y ¡zas! tira la otra persona pero llegas tú y ¡zas! Un no parar, vamos, que al fin y al cabo te hace pasar la noche entretenida.



Luego está el mítico “¿hay alguien más ahí?” Son esas personas que se han acostumbrado durante mucho tiempo a dormir solas en camas grandes y su postura preferida es el aspa. Les reconoceréis porque su cadera se encuentra en el centro exacto de la cama y, sorprendentemente, cada una de sus manos llegan a las esquinas superiores de la cama y los dedillos de sus pies a las inferiores… ¿Y vosotras? Hechas un ovillo en el triangulito que dejan, diciendo “¡¡que estoy aquí!!



¿Y qué hay del “ventilador”? Una variante del anterior pero, en esta ocasión, la persona va rotando mágicamente sobre su propio eje por lo que el triangulito que dejan se va moviendo, que al final eso parece el juego de las sillas y si no encuentras tu sitio, ¡fuera!

También tenemos el “digo que si cuando quiero decir que no”. Muy fácil: “Cariño, ¿te apetece que durmamos abrazados?” “Claro que sí, nada me haría más feliz” y al cabo de 10 minutos de sueño… ¡Zas! Tirón del brazo atrapado con el consecuente latigazo en la nuca y adiós al abrazo, a Morfeo y a todo.

Claro que esto me lleva a otro tema peliagudo…¿qué hacer con “el brazo tonto”? Sí, sí… ese típico brazo que cuando abrazas a alguien se queda como inerte y absurdo entre los dos, ese brazo que querrías arrancarte para que no se interpusiese en tu camino pero no deja de salir por el medio como poseído por el espíritu de Doña Rogelia. ¡Si es que tendríamos que poder desenroscarnos al gusto, cual muñecos!

Otr@ compañer@ de cama puede ser “el/la futbolista”, ese que en mitad de la noche te hace un quiebro, intenta alcanzar un balón imaginario y ¡zas! ¡Patada en la espinilla! Tú te despiertas con ganas de estrangularle o sacarle tarjeta roja pero, como son las 5 de la mañana y tienes sueño, farfullando te quedas dormida.

También puede pasar que te toque compartir la cama con “la radio”. Vale, todos podemos hablar en un momento dado y yo te quiero, pero si gritas “¡fuego!” en mitad de la noche o me sueltas una parrafada de por qué prefieres el café con leche en vez de con hielo permíteme decirte que ¡no es el momento!

Claro, que si son palabras aún… Porque ¿qué hay de la gente que ronca? Lo siento por quienes leáis esto, no quiero ofendeos pero alguien tiene que decirlo… El ronquido hace que pases de “madre-mía-cuanto-te-quiero-te-comería-a-besos” a “te-quiero-pero-ahora-mismo-te-mandaba-a-China!” Sin acritud, pero real como la vida misma.

Otr@ especialista en la cama es “el/la rodillo”, estas personas son expertas en girar sobre si mismas y recorrer toda la cama croqueteando sin que nada se lo impida. No le para la almohada, no le para la sábana que se le enreda en las piernas y, no lo dudes, ¡no le paras tú!

Luego está el/la “pequeñ@ saltamontes”. Hay gente que gira en la cama y hay otra que salta para hacerlo, ¿por qué? Nadie lo sabe, los científicos aún están estudiándolo, pero el tema es que cada vez que esa persona se gira… ¡boing! Tiembla la cama. Cuenta la leyenda que algunas personas al saltar han lanzado a su pareja hacia el techo con tal fuerza que éstas se han quedado allí pegadas cual mosquito muerto por zapatillazo.

¿Y qué me decís del “modo silencio”? Da igual cuantas veces se levante al baño, se gire, se mueva, se tape y se destape, tú nunca notarás nada, no te enterarás, tendrás que abrir los ojos para comprobar si sigue ahí porque jurarías que ni respira… No le des vueltas, es un ninja.

El clásico “aquí he caído” también es muy habitual. Da igual como caigan en la cama, si es con las piernas cruzadas, sobre sus brazos enredados, sobre una caja de zapatos o con la mitad del cuerpo fuera, esta persona dormirá y soñará felizmente sin hacer ningún tipo de ruido o movimiento. Escalofriante.

Pero eso si, el acostarse en la cama juntos, dar un beso de buenas noches a la persona a la que quieres y despertarte a su lado no tiene precio. ¡Dulces sueños, Fridas!


Marta G. Texto extrído de:Proyecto-kahlo

1 comentario :

  1. Jajajaj Me ha encantado tu post, me he reído hasta las lágrimas!!

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